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Cultura-hombre-sociedad

versão impressa ISSN 0716-1557versão On-line ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.26 no.2 Temuco  2016

http://dx.doi.org/10.7770/CUHSO-V26N2-ART1075 

La esquizofrenia del desarrollo: Un análisis semántico-discursivo de las relaciones entre salmonicultura y pesca artesanal en el sur-austral de Chile

 

The schizophrenia of development: A semantic-discursive analysis of the relations between salmon-farming and artisanal fishing in the austral macro-region of Chile

 

GONZALO SAAVEDRA GALLO* ; KAREN MARDONES LEIVA** ; MARÍA PÍA TORRES ZAMORA***

*Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile

**Universidad Santo Tomás, sede Valdivia, Chile

***Universidad Nacional Autónoma de México, México


RESUMEN

Este artículo se basa en una investigación etnográfica y documental sobre la problemática relación entre las empresas productoras de salmones en cautiverio y los sistemas pesquero-artesanales emplazados en el sur-austral de Chile, en la Patagonia insular occidental. En particular, este trabajo busca elucidar qué tipo de representaciones sobre la pesca artesanal y la salmonicultura construyen sus protagonistas —actores de la «comunidad» costera— en un contexto problemático, caracterizado por las incertidumbres y las dinámicas disolutivas y des-estructurantes propias de la expansión modernizante del capitalismo tardío, o si se prefiere, transnacional y neoliberal. La investigación tiene como base metodológica una etnografía reflexivo-conversacional realizada en sucesivas experiencias de campo llevadas a cabo entre diciembre 2011 y septiembre 2014, y la aplicación de redes semánticas naturales para construir y analizar representaciones sociales. Los principales resultados de la investigación dan cuenta de las diferencias discursivas y prácticas que los actores en cuestión formulan en esa intersección espacio-territorial, revelando los sentidos paradójicos y controversiales que se entretejen en la relación industria/comunidad, en donde el «trabajo» pareciera ser el denominador conceptual común pero que adquiere una condición polisémica de notables contrastes según sea observado y/o vivenciado desde la comunidad pesquero-artesanal o desde los/ as operarios/as de la industria acuícola.

PALABRAS CLAVE

Desarrollo, pesca artesanal, salmonicultura, Sur de Chile.


ABSTRACT

This article is based on an ethnograhic and documentary investigation of the problematic relationship between the producers of farmed salmon and the small-scale, non-industrialised artisanal systems used in the extreme south of Chile, in the islands of western Patagonia. In particular, the work seeks to elucidate what types of representations about artisanal fishing and salmon-farming are constructed by the protagonists - actors in the coastal «community» - in a problematic context characterised by the uncertainties and dissolving, de-structuring dynamics proper to the modernising expansion of late capitalism; or, to give it another name, transnatio-nal, neoliberal capitalism. The methodological basis of the investigation is a reflexive-conversational ethnography carried out in successive field trips between December 2011 and September 2014, and the application of natural semantic networks to construct and analyse social representations. The main results of the investigation show the discursive and practical differences that the actors in question formulate in this spatial and territorial inter-section. They reveal the paradoxical and controversial meanings interwoven into relations between the industry and the community, in which «work» appears to be the conceptual common denominator but in fact acquires a polysemic condition of strong contrasts depending on whether it is observed and/or experienced from the angle of the artisanal fishing community or that of the fish-farming industry’s employees.

KEYWORDS

Development, artisanal fishing, salmon-farming, Southern Chile.


 

Las pesquerías artesanales en el marco de la expansión de la acuicultura industrial en el sur de Chile

La expansión de la acuicultura industrial en el sur-austral de Chile (mar interior de Chiloé y Aysén) se encuadra en una vertiginosa avanzada del mercado en los últimos treinta años. La proliferación de las industrias salmonera, miti-licultora y pesquera, ha sido paradigmática al evidenciar una notable dinámica de articulación con los sistemas artesanales de base tradicional (Comas d’ Argemir, 1998), dinámica que sin embargo no implica necesariamente —en una lectura catastrófica del capitalismo— desestructurar y socavar del todo estos sistemas de vida que persisten en estos territorios desde tiempos remotos.1

El sur-austral es, globalmente y según las estadísticas oficiales de desembarque, el más prolífico a nivel acuícola-industrial y artesanal. Se explotan aquí toda clase de pesquerías pelágicas, bentónicas y demersales, no obstante prevalece en todo el espacio económico una inquietante tendencia mono-extractiva.2 Cuestión que cabe asociar a los ciclos naturales de las pesquerías, a las reglamentaciones que regulan el acceso a los recursos y cuotean sus capturas, pero sobre todo a la demanda de los mercados nacionales e internacionales.3

La naturaleza manufacturada del salmón

En los últimos veinte años, el extenso litoral del sur chileno se ha transformado en una megafactoría de salmones en cautiverio. Si bien los primeros intentos para desarrollar cultivos de salmónidos en estas regiones ocurren a principios del siglo XX, sería en las décadas de 1970 y 1980 cuando, en el marco de un convenio de cooperación entre Japón y Chile -a través del Servicio Nacional de Pesca—, se introducen millones de ovas y juveniles en los ecosistemas del mar interior. Asimismo, se desarrolla un programa de formación de capital humano, cuyo propósito fue traer expertos japoneses al país y enviar estudiantes a Japón y a Estados Unidos.

En los años subsiguientes la salmonicultura tendría un impulso aun mayor, en especial debido al papel fundamental de las agencias del Estado chileno en el fomento de las inversiones privadas (Fundación Chile, 1990). Tal como ha sido refrendado en investigaciones críticas sobre el devenir de la industria salmonera en Chile (Tecklin, 2015; Barton y Román, 2016; Bustos-Gallardo e Irarrázaval, 2016), la expansión, el éxito pero también las crisis de la industria no se explican sólo por las fuerzas del mercado y las apuestas de los inversionistas, sino más bien en el marco de una simbiosis público-privada que ha terminado por configurar una alianza estratégica (Saavedra, 2011).

Hacia fines de la década de 1990, la industria salmonera parece entrar en una fase de consagración sin precedentes. Esto tuvo directa relación con la apertura chilena a los mercados internacionales, con el desarrollo de tecnologías de acuicultura cada vez más eficientes y con los marcos jurídico-institucio-nales que a nivel nacional favorecieron el despliegue de inversiones privadas en prácticamente todos los sectores de la economía (Amtmann y Blanco, 2001). Los tres factores decisivos de la expansión salmonera pueden sintetizarse en: unas condiciones ecológico-ambientales excepcionales que la industria encontró en los mares interiores de Chiloé y Aysén, y que en la actualidad se proyectan en la región de Magallanes (Estay y Chávez, 2015); un escenario político-institucional y legislativo que buscó fomentar las grandes inversiones privadas (Ffrench-Davis, 1999); y los intereses de diversos grupos de empresarios que vieron en tal escenario el marco propicio para configurar lo que más tarde se denominaría el clúster acuícola o salmonero (Montero, 2004; Pérez-Alemán 2005; OCDE Chile, 2009).

Respecto de las condiciones ecológico-ambientales, debe señalarse que el sur-austral comprende un espacio ideal para el despliegue de cultivos acuícolas y específicamente para producir salmónidos. Se trata de un vasto archipiélago que hacia las regiones de Aysén y Magallanes se resquebraja en innumerables canales y fiordos, algunos con notables condiciones para la instalación de jaulas de engorde.4 Ello explica que, desde hace más de una década, las empresas emplazadas en Chile sean las segundas productoras a nivel mundial, sólo superadas por las empresas noruegas (FAO, 2016).

En cuanto al escenario político-institucional y legislativo, destacaremos que la promulgación de la Ley General de Pesca y Acuicultura, en 1991, permitió en el transcurso de dos décadas consolidar una política de concesiones estratégicamente destinadas a proyectos de salmonicultura y mitilicultura empresarial (Tecklin, 2015).5 Ello ha derivado en una progresiva privatización y deterioro del espacio litoral, condición que hasta hace algunos años no había logrado activar una demanda política consistente a nivel de organizaciones locales, en especial sindicatos de pescadores artesanales (Saavedra, 2011). No obstante, a partir del año 2012 la situación comenzaría a dar un vuelco, pues se instala en parte de la base social no sólo un discurso crítico, sino también un tipo de acción colectiva capaz de movilizar, al menos coyunturalmente y de forma transversal, a las bases sociales.

Ese año, durante las protestas suscitadas en Aysén, tiene lugar —por primera vez— una interpelación directa y pública a la industria salmonera por parte de la base social movilizada. Si bien ese conflicto no se desencadena en relación a la industria, no tardaría en establecerse —por parte de sus principales dirigentes— una causalidad entre la crisis de la pesquería de la merluza austral y la proliferación las jaulas en el entorno del canal Moraleda.6

La segunda instancia en donde fue posible advertir una movilización que interpeló a la industria salmonera de forma central —y mucho más sostenida en el tiempo— tuvo lugar en Chiloé en 2016 (Barton y Román, 2016). En este caso, el establecimiento de la causalidad, a nivel social, vinculó la crisis de la marea roja7 —ocurrida en el verano de ese año— con el vertido de salmones muertos al mar por parte de la industria.

En el ámbito de la atracción de inversiones, fue decisiva la concreción de tratados de libre comercio en todo el orbe capitalista. Por cierto, hasta hace una década los principales destinos de la exportaciones de salmónidos eran Estados Unidos y Japón, y en menor medida la Unión Europea (Corfo, 2002; Salmón Chile, 2007), mientras que en la actualidad se ha abierto un importante mercado a nivel latinoamericano (FAO, 2014; Salmón Chile, 2014). Lo reseñado entronca además con los intereses empresariales y de los gobiernos chilenos que, desde fines de la década de 1990, establecieron como estrategia de desarrollo económico la articulación territorial basada en la potenciación de la competitividad, recurriendo a la fórmula de los clústeres (Pérez-Alemán, 2005, OCDE Chile 2009), modelo que si bien ha sido debatido nunca ha sido abandonado del todo.8

Debe destacarse, en este contexto, la notable capacidad de la industria para incrementar los niveles de producción y rentabilidad.9 Ello ha implicado im-portantes consecuencias medioambientales y sociales, pero también ha evidenciado limitaciones y dificultades para controlar los efectos negativos que la sobreproducción —alcanzada a fines de la década de 2000— implicó para la propia industria. En concreto, retratada en la propagación del denominado piojo del salmón o caligidosis (producida por el parásito Caligus rogercresseyi) y de la anemia infecciosa del Salmón o virus ISA, patologías que significaron una verdadera debacle de pérdidas hacia los años 2009 y 2010 (Bustos, 2012; Bustos-Gallardo e Irarrázaval, 2016), pero cuyos efectos comienzan a ser patentes en 2007 (Barton y Román, 2016).

Consecuencias en el espacio pesquero-artesanal

La producción de salmones en cautiverio en el sur de Chile es una actividad exclusivamente industrial. Por otro lado, el 100% de las especies cultivadas son exóticas (Salmo salar, Onkorhynchus kisutch, Onkorhynchus tshawyts-cha, entre otras). Únicamente en el caso de los cultivos de mejillones (Mitylus chilensis) y algas (Gracilaria chilensis) existen algunas iniciativas de acuicul-tura desarrolladas por pescadores artesanales o por campesinos del bordemar (Saavedra y Macías, 2016). Precisamente en este segmento sí se trata de especies nativas.

La industria se ha posicionado con notable incidencia tanto en el sur-austral como en otras regiones que, aun alejadas de este sistema, proveen insumos fundamentales, como harina de pescado para alimentos (Región del Biobío) o producción de alevines y smolt en pisciculturas (regiones de La Araucanía y Los Ríos). Este conglomerado de empresas ha logrado articular intereses de inversionistas con políticas de crecimiento económico impulsadas y/o fomentadas desde la agencia pública (Corfo, 2015), aunque ha tensionando y debilitado el lugar decisional de las instituciones del territorio (Román y otros, 2015). En este marco, el apoyo por parte de los gobiernos —centrales y regionales— ha sido declarado como estratégico, favoreciendo su prosperidad tanto a nivel legislativo como financiero.

Pero el éxito de la salmonicultura se debe también a las condiciones preexistentes en los territorios de expansión. En particular a sus ya señaladas cualidades geoespaciales y muy especialmente a su base social, es decir, a los pescadores que desde tiempos prehispánicos han desplegado sistemas de vida de extraordinaria adaptación marítimo-costera, cuestión decisiva —aunque nunca explicitada— en la prosperidad empresarial.

Desde un punto de vista social, la salmonicultura ha activado un dinamismo generalizado en el empleo (Outeiro y Villasante, 2013), un dinamismo susceptible a los vaivenes del mercado, particularmente en un marco legislativo de máxima flexibilidad laboral. Bajo esas condiciones, la multigremial Salmón Chile sostenía que previo a la crisis, la industria salmonera había generado 53.000 empleos —directos e indirectos—, algunos localizados en regiones vecinas a aquellas en donde se han instalado las jaulas-balsa y las plantas maquiladoras (Ganga y otros, 2010). Por otro lado, se ha constatado una notable incidencia de la industria en la fuerza laboral femenina (Amtmann y Blanco, 2001; Rebolledo, 2012; Barton y Román, 2016). Asimismo, debe destacarse la progresiva conversión de buzos mariscadores en buzos de centros de engorde, situación generalizada y cuya consecuencia ha sido una notoria formalización —precaria, debe insistirse— de la fuerza de trabajo. Por último, cabe indicar que la expansión de la industria salmonera ha implicado además la creación de una importante cantidad de negocios y emprendimientos locales de servicios, indispensables para las operaciones de los centros (Saavedra, 2015). Este último aspecto no deja de ser interesante, pues el clúster, en su concepción más convencional, tiende a derivar hacia el modelo distrital, con un sentido territorial desde abajo hacia arriba (Becattini, 2006).

Los datos de empleo y exportaciones son sustantivos, aunque debe matizarse su impacto territorial. En primer lugar, tal como sostiene Salmón Chile, esos empleos se distribuyen en al menos cuatro regiones del sur de Chile, en áreas diversas como pisciculturas (regiones de La Araucanía y Los Ríos), engorde en jaulas marinas (regiones de Los Lagos, Aysén y en menor medida región de Magallanes), buceo en centros (regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes) o maquila de salmónidos (región de Los Lagos).10 En otras palabras, el impacto real del aumento del empleo está sólo parcialmente vinculado a las regiones y zonas de importancia pesquero-artesanal. Por otro lado, si bien existe entre los pescadores la percepción generalizada de que «mucha gente se fue a la salmoneras» —se habla, subjetivamente, del 40% o 50%— tampoco deja de ser cierto que mayoritariamente los buzos mantienen la actividad de marisquería artesanal en forma complementaria.

En segundo lugar, los territorios litorales del sur-austral poseen una dinámica histórica basada en la extracción y procesamiento artesanal de recursos, forestales y marinos. Esa matriz artesanal continúa siendo la base de las economías locales tradicionales (así ocurre en las caletas pesqueras). Actividades de este tipo no aparecen registradas en las estadísticas de empleo ni cuantificadas con relación a las personas, pero se comportan como una suerte de economía de subsistencia que persiste y que, por ejemplo, en tiempos de crisis pasa a ser un soporte de productividad alternativa, silenciosa pero dinámica,11 como ha dicho uno de nuestros entrevistados: «ahora [con la crisis del salmón del 2008 y 2009] la gente está volviendo al erizo, pero el recurso descansó cuando la gente estaba en las salmoneras».12

Tal vez este ir y venir entre la pesca artesanal y la industria se deba a la incertidumbre siempre latente. Por una parte, en la precariedad/volatilidad del empleo y, por otra, en la misma lógica transnacional de la salmonicultura, dependiente de las oscilaciones tendenciales del mercado. Ambas situaciones fueron patentes en 2008 y 2009, años en los que comienza a notarse la crisis financiera internacional —derivada de los fondos subprime y las burbujas inmobiliarias en los Estados Unidos—, desencadenando una baja significativa en las exportaciones y en el empleo. Incertidumbre que además se explica en el marco de dinámicas productivas de una industria con estándares ambientales al límite, y que como explicamos más arriba opera con una escasa capacidad para gestionar sus propios riesgos.

Al respecto, Bustos-Gallardo e Irarrázaval (2016) distinguen tres contradicciones que explican en buena medida esta crisis y, en términos amplios, su vulnerabilidad. En primer lugar, el tiempo de permanencia de los salmones en las jaulas, aumentando con ello la prevalencia de enfermedades y patologías propias del hacinamiento (como el ISA o la caligidosis). En segundo lugar, la alta densidad de individuos por jaula, condición que evidentemente estuvo asociada a los flujos de contagio, pero también a la débil capacidad de resistencia de los salmones cautivos. Y, en tercer lugar, la alta concentración espacial de las jaulas en determinadas zonas del territorio, condición que también favoreció la propagación de la crisis sanitaria (este es el caso de Chiloé). Si bien estas tres contradicciones han sido enfrentadas por la industria —en alianza con el Estado—, en particular disminuyendo la densidad por jaula (Bustos-Gallardo e Irarrázaval, 2016) y proyectando el despliegue de la industria hacia las regiones de Aysén y Magallanes, con otros patrones territoriales (Estay y Chávez, 2015), debe señalarse que la condición vulnerable persiste en la medida en que su lógica de acumulación y rentabilidad, esencialmente capitalista, requiere asumir los riesgos de la maximización.

Mapa 1. Sur austral de Chile (elaborado por Zamir Bugueño)

Para retratar esta paradoja reseñemos brevemente parte del debate sobre la modernización reflexiva, en donde una condición medular de la modernidad tardía (Beck, 1999) o segunda modernidad (Giddens, 1997, 1999) es precisamente su incapacidad para administrar los riesgos; o como también nos lo advierte Bauman (1996), mientras más expansivo y dinámico es el despliegue modernizante de la civilización industrial, más evidente son sus límites para establecer orden y control.

Enfoque metodológico y teórico del estudio

Objetivos de la investigación

El objetivo central de la investigación, cuyos resultados se exponen en este artículo, fue el análisis de las representaciones sobre pesca artesanal e industria salmonera por parte de habitantes de las comunidades litorales y por parte de trabajadores externos, que permanecían temporalmente en las localidades. Para lograr tal propósito se formularon cuatro objetivos específicos, todos orientados a describir: a) las representaciones sobre la pesca artesanal elaboradas por los habitantes locales; b) las representaciones sobre la industria salmonera elaboradas por los habitantes locales; c) las representaciones sobre la pesca artesanal elaboradas por los trabajadores salmoneros externos; d) las representaciones sobre la industria salmonera elaboradas por los trabajadores salmoneros externos. De forma hipotética se construyeron cuatro representaciones de escenarios tipo, todos referidos a la intersección pesca artesanal-salmonicultura: 1) un escenario de destrucción, 2) un escenario de funcionalización, 3) un escenario de confrontación, y 4) un escenario de hibridación o de reformulación creativa.

Materiales y método

La investigación, en su etapa empírica, tuvo lugar entre los años 2011 y 2014. Se utilizó una metodología mixta de diseño en paralelo (Hernández, Fernández y Baptista, 2006), en donde los datos producidos a partir de técnicas cualitativas y cuantitativas fueron integrados para dar respuesta a los objetivos propuestos. Se aplicaron cuatro instrumentos, tres cualitativos y uno cuantitativo: entrevistas semiestructuradas, grupos de discusión, registros etnográficos y redes semánticas naturales (RSN).

El trabajo de campo se realizó en cuatro localidades del sur austral chileno, en donde la presencia de la industria es especialmente significativa y en donde, simultáneamente, la pesca artesanal es el soporte del sistema económico local, o al menos parte importante del mismo. Las localidades, de norte a sur, fueron San Antonio, en Calbuco; Quellón, incluyendo la barra de Chaiguao, en Chiloé; Puerto Melinka, en Las Guaitecas; y Puerto Cisnes, en Cisnes. Se aplicaron 30 entrevistas semiestructuradas y 4 grupos de discusión, en ambos casos se utilizó un criterio de muestra estructural (Montañés, 2005), diferenciando perfiles económico-culturales de los actores. Los principales perfiles fueron: i) buzos bentónicos locales sin participación en la industria salmonera; ii) buzos bentónicos locales empleados en la industria salmonera; iii) mujeres locales empleadas en la industria salmonera; iv) mujeres locales no empleadas en la industria salmonera; v) operarios salmoneros no locales. Para las RSN, la muestra —no probabilística— estuvo compuesta de 100 participantes, segmentados de acuerdo a su vinculación con el territorio (trabajadores industria salmonera y comunidad de pesca artesanal).

Según Valdez (1998), las RSN ofrecen un medio empírico de acceso a la organización cognitiva del conocimiento, proporcionando datos referentes a la configuración e interpretación interna de los significantes. El instrumento utilizado estuvo compuesto de dos secciones, la primera de identificación (ocupación, sexo y edad); y la segunda, de dos expresiones estímulo: «Pesca artesanal» y «Salmonicultura». Frente a cada expresión-estímulo los participantes asociaron cinco palabras y luego se les solicitó que las jerarquizaran.

El material etnográfico —entrevistas, grupos de discusión y registros de campo— fue analizado utilizando matrices de organización temática, estableciendo categorías discursivas según las recurrencias narrativas. El siguiente paso fue la codificación de las citas. Para el análisis de las RSN se consideró lo propuesto por Valdez (1998) y a partir de ello se obtuvieron los siguientes valores para cada uno de los dos grupos, Comunidad y Trabajadores de la industria salmonera: a) el peso semántico, considerando frecuencia y jerarquía de cada palabra definidora; b) las quince palabras con mayor peso semántico; c) la distancia semántica, considerando la puntuación respecto del nodo central. A partir de los valores obtenidos de distancia semántica, las quince palabras definidoras se diferenciaron en: núcleo y atributos (esenciales, secundarios, periféricos y personales). Aquella palabra que obtiene el mayor peso semántico (100%) se constituye en el núcleo de la red; aquellas palabras que se encuentran con una distancia entre 99% y 79% se les considera atributos esenciales; las que van entre 78% y 58%, atributos secundarios; aquellas entre 57% y 37%, atributos periféricos; y, por último, aquellas con 36% y menos, atributos personales. Se decidió fusionar algunas palabras, que figuran con el símbolo /, tras evaluar que referían a un mismo significado.

Perspectivas teórico-conceptuales

El concepto esquizofrenia lo tomamos de su uso habitual en psiquiatría y psicología, etimológicamente hablando está referido a dos términos griegos: schizo, que significa «división» o «escisión»; y phrenos, que significa «mente». Quien padece este trastorno presenta, en pocas palabras, una mente partida en dos (Silva y Jerez, 2014). Esta ambivalencia nos remite a otra analogía psicológica, esta vez referida al origen y naturaleza de la esquizofrenia. De acuerdo a lo planteado por Gregory Bateson (1977), una persona puede verse expuesta a ciertas condiciones que derivan en el desarrollo de síntomas esquizofrénicos. A esta situación, que debe ser sostenida en el tiempo, Bateson la llamó el «doble vínculo». En situaciones doble vinculantes los sujetos quedan atrapados en la contradicción, anulando toda posibilidad de ganar o prosperar en sus propósitos. Conceptualmente recurrimos a esta figura, únicamente para expresar el contrasentido que genera la industria salmonera en el espacio pesquero-artesanal sur-austral. Es decir, esto no implica necesariamente proyectar las dimensiones o consecuencias psicológicas del doble vínculo a nivel social.

Nuestra perspectiva sobre el desarrollo se enmarca en los postulados deconstructivos de las teorías del posdesarrollo (Escobar, 2010; Gardner y Lewis, 1998), en particular aquellas cercanas a la ecología política latinoamericana (Leff, 2002; Escobar, 2008; Ribeiro, 2007) y en más de algún sentido refrendadas previamente en los debates más sugerentes de la antropología económica sustantivista (Polanyi, 1977), neomarxista (Godelier, 1990; Comas d’ Argemir, 1998) y posculturalista (Appadurai, 2001; Escobar, 1996, 2008; Gudeman, 2000; Bourdieu, 2002; Comaroff y Comaroff, 2009). El posdesarrollo, en su mejor versión latinoamericana, formulada por Escobar, nos permite desmantelar la naturalización del orden social y económico a partir de la historización de sus significaciones expresadas con notable arraigo en prácticas y discursos institucionalizados en un nivel no consciente. Ya en este postulado trasciende una dimensión ecopolítica de notable importancia territorial y local, en donde otras concepciones y modelos de naturaleza se evidencian en la dialógica y en la dialéctica de la modernización capitalista transnacional, cuya fuerza expansiva pareciera ser contestada —con distinta y relativa suerte— desde esas subjetividades del lugar —reflexivas y conscientes— que median en ese espacio político desigual a partir de esos otros conceptos y modelos de naturaleza (Escobar, 2008). Al menos cabría rescatar entonces otras configuraciones de racionalidad (Leff, 2002; Hinkelammert, 2001) capaces de movilizar, aunque resulte utópico, otros proyectos de localidad y territorio.

Por otra parte, hay una larga tradición de pensamiento económico antropológico inaugurada a principios del siglo XX por Malinowski (1922), cuando observó en el Kula una institución que, al estilo de un hecho social total (Mauss, 2009), organiza no sólo un complejo sistema de intercambio ritual sino también la vida social en un sentido amplio. La perspectiva institucional sería posteriormente formulada por Polanyi (1977), para quien la economía está incrustada en lo social, evidenciando con ello la falacia liberal que la reduce a una relación instrumental entre medios escasos y fines alternativos, para relativizarla según cada contexto histórico cultural.

La perspectiva neomarxista de Godelier (1990) tiene un notable sello en la cuestión cultural al resolver magistralmente la dicotomía entre lo ideal y lo material, de tal forma que son inherentes de lo social y por tanto de lo económico, pero como dimensiones indisociables. En otros términos, toda materialidad es idealidad, y en ese sentido es que todo hecho o proceso económico es también cultural; para Godelier está construido en base a representaciones simbólicamente condicionadas. No cabe aquí el determinismo simplista propio de la interpretación más mecanicista del marxismo.

Sin embargo, serán los enfoques posculturalistas y posestructuralistas los que mejor permitirán explorar las dimensiones simbólicas e ideacionales de la economía. El propio Escobar (1996, 2008), a partir de los trabajos de Stephen Gudeman en Colombia (Gudeman y Rivera, 1990), va a destacar que es justamente aquella cualidad (la simbólica), la que configura la diferencia necesaria para relativizar los modelos de naturaleza, ambiente o ciertamente de economía. Nuestro análisis semántico-discursivo, situado en la interfaz pesca artesanal-salmonicultura, procura explicitar esos contenidos ideo-simbólicos que —insistiremos— expresan modelos locales de naturaleza y economía. Aspectos que a nuestro juicio son decisivos a la hora de pensar, imaginar y proyectar desarrollos alternativos al modelo que impera y que dicta la ortodoxia: articulación competitiva —suicida, dirá Hinkelammert (2001)— de los territorios locales para participar de forma parcial y subordinada en los mercados globales.

Resultados de la investigación: Las representaciones sociales en la intersección pesca artesanal/industria salmonera

Los resultados se presentan respondiendo a los objetivos específicos de la investigación. Para tal efecto se exponen los gráficos de las RSN y se contrastan con citas seleccionadas de entrevistas y grupos de discusión. Como se indicó más arriba, en cada gráfico figuran las quince palabras con mayor peso semántico, configuradoras de la red representacional. La palabra núcleo, que posee el ioo% de peso semántico, se ubica en el centro de la red, mientras que los atributos se presentan con porcentajes decrecientes (expresando su distancia semántica respecto del núcleo). Junto a cada gráfico, se presentan citas textuales de entrevistas y posteriormente se realiza una interpretación integrada de la información producida.

Representaciones de la pesca artesanal desde la comunidad local

En este apartado damos cuenta de las representaciones que la expresión «Pesca artesanal» activa en las personas interpeladas en las comunidades locales. Los datos (Gráfico 1) son reveladores de las representaciones en cuestión. Por una parte, el núcleo de la red tiene inscrita la palabra «Trabajo» pero no encontramos atributos esenciales ni secundarios. Lo anterior nos permite sostener que la representación que tiene la comunidad litoral sobre «Pesca artesanal» está condensada en un único nodo: el trabajo. Sólo en atributos periféricos aparecen las palabras Sacrificio, Riesgo/Riesgoso/Peligro, Esfuerzo y Escasez.

Gráfico 1. RSN para Pesca Artesanal desde la Comunidad. Fuente: Elaboración propia.

Los restantes atributos señalados corresponden a elementos personales y, por lo mismo, podrían considerarse estructuralmente irrelevantes. Sin embargo, cabe señalar que si relacionamos los tres atributos que siguen al núcleo —Sacrificio, Riesgo, Esfuerzo—, sería posible sostener que aluden a cualidades del «Trabajo», es decir, es un trabajo sacrificado, riesgoso y de esfuerzo. Incluso al observar las etiquetas más específicas es sencillo suponer que la pesca artesanal es, en prácticamente todas las subjetividades del lugar, un trabajo que se despliega sobre lógicas, prácticas y dinámicas favorablemente valoradas. Se advierte aquí una interpelación directa a la propia identidad y a cierto orgullo asociado.

En las entrevistas y en los grupos de discusión, los matices amplían la imagen precedente. La idea de la pesca artesanal como forma de vida —no declarada en las RSN— aparece en narrativas que aluden a variaciones como el sentido de la vida, la vida, nuestra vida, o eso es lo que somos y —bajo una lectura de lo discursivamente implícito— lo que queremos seguir siendo. Una variación menos recurrente pero similar es aquella que asocia la pesca artesanal a cultura. Ahora bien, son referencias que se aluden siempre de forma relacional-coyuntural y en particular respecto de las constricciones administrativas que condicionan esas formas de vida, tal como se retrata en el siguiente testimonio:

Somos una forma de vida y... nos [imponen] una ley que nos restringe y que [por ejemplo] nos dice «tú dedícate a esto [y a nada] más». Entonces, más encima, [todo eso] después del sacrificio que significa ser pescador, te restringen y te dicen que «no puedes pescar más que pulpo porque [sólo ese recurso] te vamos a dar...» (Grupo de discusión, Calbuco, marzo 2012).

Los discursos hilvanan con mayor consistencia las representaciones reseñadas, articulando narrativamente los atributos secundarios y periféricos de las RSN, tal como puede advertirse en la siguiente expresión: «[Cuando yo] pienso en el buzo mariscador y en su sacrificio, [tal como] dicen mis compañeros, llego a la conclusión de que la pesca artesanal es vida» (Grupo de discusión, Calbuco, marzo 2012).

Algunos matices, que en las redes semánticas aparecen como atributos secundarios e incluso personales, en la conversación grupal y en las entrevistas adquieren un relieve distinto, logrando articular otros sentidos y significados constitutivos de la identidad pesquero-artesanal. Así lo advertimos más al sur, en el archipiélago de Las Guaitecas, donde un pescador nos describe la relación entre pesca artesanal y libertad:

La pesca artesanal para mí es una independencia, una libertad de que tú trabajas cuando quieres, vas cuando quieres, llegas cuando quieres, te embarcas cuando quieres y vas de acuerdo a tus necesidades (Entrevista gru-pal, Puerto Melinka, enero 2013).

Esta imagen, breve pero discursivamente recurrente, no deja de ser paradójica. Lo es porque simultáneamente los pescadores suelen poner en evidencia las constricciones que les aquejan, casi siempre —como se ha destacado antes— de orden jurídico-administrativo. Dicho de otro modo, la paradoja estriba en sentirse libres al pensarse como pescadores artesanales, pero al mismo tiempo sabiéndose cada vez más limitados y atrapados en decisiones sobre las que no tienen incidencia real. En el grupo de discusión de Calbuco encontramos una declaración que nos permite ilustrar este punto de vista: «[Como pescadores] siempre estamos defendiendo nuestro espacio, [como] cuando nos vemos atropellados por las leyes [o por otras] situaciones, [siempre] estamos recuperando nuestro territorio» (marzo de 2012). Como veremos más adelante, la paradoja de la identidad libertaria de la pesca artesanal vuelve a expresarse, con mayor fuerza, en la interface pesca artesanal/salmonicultura.

Una mirada de síntesis nos indica que la pesca artesanal, al interior de la propia comunidad litoral, es socialmente representada como un trabajo de esfuerzo y sacrificio que provee sentido a la vida. Bajo esta consideración podríamos reseñar, en primer término, una definición sustantiva de lo económico (Polanyi, 1977), en donde la pesca artesanal es la base del sustento para la reproducción material de la vida. Pero necesariamente debemos ir más allá para sostener, en segundo término, que esa forma de reproducción comprende además una dimensión de ideas y significaciones que dan sentido a esa materialidad (Godelier, 1990; Gudeman, 2000). Esta segunda consideración ha sido advertida, en un contexto similar, por Arturo Escobar (2008), quien en la zona del Pacífico colombiano constata que el territorio —base de su economía— es representado como vida y cultura por parte de sus propios habitantes, distanciándose de las concepciones instrumentales que prevalecen en el capitalismo. En esta perspectiva, sostenemos que la pesca artesanal —representada por su comunidad— revela un sentido que trasciende pero que incluye su materialidad: vida y libertad.

Representaciones de la industria salmonera desde la comunidad

El Gráfico 2, presentado en este apartado, retrata la red representacional de las comunidades locales sobre la «Salmonicultura». Se advierte aquí que el núcleo reside, como ocurre en la red anterior, en la palabra «Trabajo», pero con una distancia semántica reducida —a nivel de atributos esenciales— respecto de las palabras «Contamina» y «Contaminación» (analíticamente fusionadas). A partir de allí, las restantes palabras son atributos personales, distanciándose considerablemente del núcleo. Por lo tanto, esta red aparece condensada en dos palabras: Trabajo y Contamina/Contaminación, conceptos que revelan la tensión y la ambivalencia que provoca esta actividad en la comunidad costera. La representación narrativa del perjuicio parece quedar refrendada en algunos atributos secundarios que, bajo una perspectiva más amplia, también podrían fusionarse, tales como Daño, Extinción y Explotación. Algo similar ocurre con aquellas expresiones que asocian la Salmonicultura a Desarrollo, Bienestar y Oportunidades. Es decir, en esta representación se evidencia la paradoja, socialmente esquizofrénica, de la industria del salmón como fuente valorada de trabajo, pero al mismo tiempo reconocida como contaminante y destructiva.

La exploración discursiva de esta visión oscila entre esas dos lecturas que fueron reseñadas en el análisis semántico, y que son parte del mismo relato: la salmonicultura como oportunidad de empleo e ingresos y la salmonicultura como fuente de contaminación y destrucción del espacio costero y pesquero-artesanal. Ahora bien, los testimonios varían dependiendo del lugar relacional que el entrevistado tenga al respecto. Mayoritariamente los (hombres) pescadores declaran que la industria permanecerá en los territorios, no obstante requiere límites y regulaciones. El siguiente relato expresa una posición moderada y tangencialmente crítica de la flexibilidad del empleo generado:

Jamás he estado en contra de las salmoneras porque [éstas] vinieron a crear empleo, vinieron a crear nuevas culturas, pero hay que aprender las lecciones para que ese trabajo sea permanente [y no] momentáneo. Nosotros podemos convivir entre pesca artesanal y salmoneros durante muchos años, pero siempre y cuando se les coloquen las restricciones correspondientes, pues no podemos permitir que se instale una salmonera sobre un banco natural (pescador entrevistado, Quellón, 2013).

Gráfico 2. RSN para Salmonicultura desde la Comunidad. Fuente: Elaboración propia.

Ahora bien, en las comunidades costeras de pesca artesanal en donde se realizó el trabajo de campo, predominan —al menos como respuesta inmediata— los testimonios de denuncia o que de forma directa acusan el impacto más negativo de la industria en los territorios locales, en particular en el medio marino: «Acá el marisco tampoco se puede sacar porque ellos [los salmoneros] se han instalado en los bancos naturales y hoy día está todo contaminado» (pescadora y dueña de pescadería, Puerto Cisnes, 2013). En el caso de Puerto Cisnes, en donde hay un predomino de capturas demersales, los pescadores de merluza comparten estas percepciones:

Desde que entraron los salmoneros se vio perjudicada la parte de lo que es la pesca artesanal, la biomasa se fue perdiendo con el tema del salmón, [se] fue perdiendo todo lo que [...] es pesca de róbalo, por las contaminaciones puede ser que se haya ido perdiendo eso, nos van quitando espacio a nosotros... se están adueñando de todo lo que es las costas... (pescador de merluza, Puerto Cisnes, 2013).

El siguiente testimonio vuelve a expresar la ambivalencia que, insistimos, es predominante en los discursos locales. La entrevistada es una vecina de San Antonio, en Calbuco, quien alterna la recolección de orilla con el empleo temporal en la maquila de salmones:

Entonces por un lado es bueno, pero por otra parte ellos no están cuidando nuestro medio ambiente. ¿Y el futuro de nuestros hijos? Si ellos algún día quieren ir a buscar un marisco no lo van a encontrar porque va a estar todo contaminado (San Antonio, Calbuco, 2012).

Puede advertirse en estos testimonios una tensión latente, pero que podría estar incluso más allá de la «presencia» de la industria salmonera en los territorios, con todo lo que ello implica en términos objetivos. En particular, cabe pensar en el futuro sin pesca artesanal, en este caso se alude a la desaparición o al exterminio de los recursos, es decir, de las pesquerías. Sin embargo, en el trasfondo está la imagen de una comunidad costera o de tradición pesquera artesanal, pero sin posibilidad de asegurar la realización de esa tradición, en otras palabras, simbólicamente la industria presupone desde el punto de vista local una amenaza a la cultura, a la forma de vida.

En estas representaciones es en donde con mayor claridad se expresa la escisión discursiva, ambivalente y doble vinculante de la industria salmonera en las comunidades de base pesquero-artesanal. Insistimos en que el uso del concepto esquizofrenia es sólo metafórico, sin embargo es evidente que la industria detona sentimientos contradictorios en la comunidad. Aquí es necesario establecer una distinción entre los actores locales, pues dicha ambivalencia aparece como elemento distintivo en aquellos que trabajan, que trabajaron o que se ven directamente «beneficiados» por la industria. Sin embargo, en términos sociológicos, sus consecuencias afectan a toda la comunidad y a su territorio, y aquí sería pertinente preguntarse si acaso los cuerpos sociales se comportan como los individuos respecto de algunas trayectorias en la patología. En particular, considerando que otro aspecto recurrente en los casos de esquizofrenia es el mal pronóstico (Silva y Jerez, 2014).

Tal vez podamos encontrar una clave de respuesta en la problematización política que cabría formular desde la teoría de modernización reflexiva (Beck, Giddens y Lash, 1997). En esta perspectiva, la capacidad colectiva de escrutar el desfase entre un momento clásico de la modernidad y uno tardío, permitiría a los actores configurar acciones colectivas transformadoras basadas en la superación de esas contradicciones. A retos similares llegaríamos desde el enfoque del posdesarrollo (Escobar, 2010), puesto que en las subjetividades del lugar reside la experiencia y la capacidad creativa para construir un orden social diferente al que impone el capitalismo neoliberal. En este sentido, la esquizofrenia no deja de ser una metáfora, puesto que no neceriamente las sociedades locales están atrapadas en un callejón estructural sin salida.

Representaciones de la pesca artesanal desde la industria salmonera

El Gráfico 3 muestra las representaciones de los trabajadores de empresas salmoneras sobre la pesca artesanal. Puede advertirse que la palabra «Trabajo» vuelve a aparecer en el núcleo de la red semántica, y en forma relativamente cercana se encuentra el atributo secundario Sacrificio. Más atrás, los atributos periféricos a destacar son Cultura, Desarrollo y Esfuerzo. Cabe indicar, en esta red representacional, la cercanía entre el núcleo y el primer atributo secundario, esto implica que para los trabajadores de las empresas salmoneras presentes en las comunidades locales la pesca artesanal es esencialmente un trabajo sacrificado. Esto parece refrendarse al observar que «Esfuerzo» es un atributo similar e incluso equivalente a «Sacrificio». Lo anterior podría explicarse por al menos tres razones que permitiría la visualización de esa cualidad: i) por la convivencia en el mismo territorio con el sistema de pesca artesanal, pudiendo observar de cerca las condiciones extremas en que tiene lugar esta actividad en el sur-austral de Chile; 2) por provenir, muchos de estos trabajadores, de comunidades de pesca artesanal e incluso porque en algunos casos muchos de ellos o ellas han sido pescadores o han tenido un familiar pescador; y 3) por compartir en su mismo lugar de trabajo —centros de cultivo o empresas de servicios— con pescadores que se emplean temporalmente en la industria.

Gráfico 3. RSN para «Pesca Artesanal» desde la industria salmonera.
Fuente: Elaboración propia

Una condición de la pesca artesanal, que se advierte en los discursos salmo-neros, es la incertidumbre del oficio. Incertidumbre definida por las oscilacio-nes extractivas, estacionales y de comercialización, particularmente en escenarios de alta constricción de mercado. La estacionalidad incierta de la pesca artesanal es relatada por un jefe de centro en la comuna de Quellón:

...los erizos que duran hasta octubre, me parece, o sea la gente tiene de marzo a octubre con el tema de erizo, [y] que no es un ingreso económico como en [una] salmonera porque [...] la pesquería del erizo depende del tiempo, porque si hay mal tiempo los buzos no pueden trabajar, entonces no hay erizos, entonces de repente en la semana trabajan [sólo] dos días... (Quellón, abril de 2013)

Otro atributo recurrente que a nivel discursivo aparece asociado a la pesca artesanal es el liderazgo y, asociado a éste, el compromiso con el territorio (la comuna). Es decir, los trabajadores de las empresas salmoneras perciben que entre los pescadores artesanales hay dirigentes muy activos en la vida política de las comunidades. Ahora bien, esa visión está presente, sobre todo, en personas que trabajan en la industria salmonera o que prestan servicios pero que pertenecen a las comunidades. En parte esto explica la valoración positiva que se hace al respecto. Es la impresión que tiene la dueña de un hospedaje destinado a empleados de centros de cultivo: «Ellos [los pescadores] en realidad son los que se han preocupado por presentar proyectos de mejoramiento de la comuna». O como señala un empleado en un centro de cultivo, residente en Melinka hace más de veinte años, al destacar que «sobre todo son los pescadores los que como que mueven más las cosas, son los cabecillas como se podría decir» (Melinka, febrero de 2013).

Al cotejar este atributo con la visión que tienen algunos empresarios instalados en las localidades, y que conviven diariamente con los pescadores, aparece un contraste muy notorio para designar algo en sentido inverso: la visión de los dirigentes es excesivamente crítica con la industria salmonera, sostienen los emprendedores. Es lo que nos relata un inversionista asentado en Puerto Cisnes:

[Mis trabajadores son pescadores], son gente con mucha experiencia, gente que a uno lo conoce, se adecúan muy bien, se adaptan muy bien. el vínculo entre nosotros y ellos yo creo que anda bien. El problema está en que la visión de los dirigentes de la pesca no es la correcta hacia la industria (empresario local, Puerto Cisnes, enero de 2013).

Otra visión contrastante se advierte en la percepción que los trabajadores de la industria tienen de la pesca artesanal en cuanto a la sustentabilidad de sus prácticas o, como se señala en el siguiente testimonio, en cuanto a la consciencia ambiental en su propio oficio:

Pero no todos tienen conciencia de eso, porque al momento la gente cuando va a mariscar la luga, los mismos buzos la sacan con piedra y todo y al secarla ahí muere la semilla de la luga (trabajadora en centro salmonero de maquila, Calbuco, 2012).

Testimonios como el citado son frecuentes, aunque discursivamente secundarios, en personas que viven en las comunidades y que no siendo pescadores son parte del sistema social de la pesca artesanal; por ejemplo, mujeres empleadas en la industria salmonera. Hay una tensión interna que la industria, al permitir ver a la pesca artesanal desde fuera, evidencia respecto de los modos locales tradicionales de extracción y manejo de recursos. Es decir, pescadores que no respetan los acuerdos tácitos de extracción y prácticas de sobreexplotación. En cierto modo revela una racionalidad instrumental compartida entre unos y otros, esto más allá de cualquier idealización.

Una imagen discursiva latente, hasta cierto punto transversal —aunque no del todo explícita— es aquella que compara la pesca artesanal con la salmoni-cultura —desde la perspectiva de la industria— y observa a la primera como alter ego de la segunda. En particular esto se advierte en la tensión entre lo tradicional y lo moderno, poniendo de relieve no sólo la condición de la pesca artesanal como actividad depredadora, como puede advertirse en los testimonios citados, sino también como forma de vida arcaica y atrasada. Este discurso, que podemos calificar de mesiánico, es particularmente explícito en los niveles directivos de la industria y suelen aparecer en los medios de comunicación, por ejemplo, a propósito de circunstancias en las cuales los inversionistas han debido defender el gran proyecto expansivo de la industria.

Es fácil constatar cómo estas representaciones tienen un fuerte sesgo modernizante, en donde es patente un «relato de éxito moral» (Wolf, 1987), occiden-talizante (Godelier, 1990; Escobar, 1996), que se manifiesta políticamente en esa interfaz entre pesca artesanal y salmonicultura. Reseñemos, por ejemplo, a un clásico como Rostow (1961), para quien únicamente el impulso exterior (estatal preferentemente) podría activar una secuencia de etapas de progreso que tarde o temprano terminarían por transformar las arcaicas estructuras —incluidas las mentales— en dispositivos eficientes, capaces de sostener el despliegue moderno y capitalista de la (ex)sociedad tradicional. Es evidente entonces la distancia de este enfoque con los planteamientos críticos que aquí hemos propuesto; sin embargo creemos, por otro lado, que a nivel empírico la tendencia es hibridacional (García-Canclini, 2000) o tal vez de ensamblajes complejos (Latour, 2008), más que de exclusiones, propio de una concepción estanca de lo social.

Para el caso del despliegue salmonero en Chiloé, esta perspectiva también ha sido planteada por otros autores (Barton y Román, 2016), pero también en Aysén, aunque bajo otras nomenclaturas (Blanco, Arce y Fisher, 2016). Sin embargo, en nuestro caso el principal énfasis estriba en las capacidades de resistencia creativa que los actores locales desarrollan como respuestas de prosperidad frente a las oportunidades y amenazas que genera la industria salmonera.

Representaciones de la industria salmonera desde la industria salmonera

El Gráfico 4 resume la red representacional que poseen los trabajadores salmo-neros sobre la «Salmonicultura». Tal como sucede en los tres casos anteriores, la red se encuentra condensada en la palabra «Trabajo», situada en el núcleo de la imagen gráfica. De manera distante le siguen los atributos periféricos: Contaminación, Daño, Destrucción y Desarrollo. A partir de allí, la red se abre hacia los atributos personales como Oportunidades, Incertidumbre, Desigualdad, Crecimiento, Capacitaciones, Explotación, entre otras. Se evidencia que frente a «Salmonicultura» la tensión entre lo que podríamos llamar los beneficios y los costos de la industria en los territorios locales también es patente. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con las representaciones emanadas desde la «comunidad pesquero-artesanal», en este caso la distancia es mayor. En otras palabras, la observación por parte de los trabajadores de la industria sobre las consecuencias de la misma en el espacio local son secundarias. Sin embargo, no debe soslayarse que su evidencia —y expresión— por parte de los trabajadores de la industria, que está condicionada además por el hecho de que parte importante de estos trabajadores provienen de zonas costeras y, en ese sentido, son sensibles a los impactos de la industria en el espacio marino-costero.

Gráfico 4. RSN para Salmonicultura desde la Salmonicultura. Fuente: Elaboración propia.

Es notoria la autorreferencia mesiánica —citada en el apartado anterior—, en donde la industria se percibe próspera, dando oportunidades de desarrollo, en particular a través de la generación de empleo. Sin embargo, en paralelo, aunque tangencialmente, se alude al efecto contaminante y destructivo en el ambiente. Por otro lado, no deja de advertirse de que se trata de un escenario de prosperidad relativamente incierto, como si el futuro quedara sujeto a las mismas coyunturas del pasado reciente. Hay, sin lugar a dudas, una tensión entre crecimiento económico e incertidumbre (asociada a la precariedad laboral y al riesgo sanitario). El relato de una operaria de planta en Quellón es revelador (aunque no es explícito):

...dicen que se viene fuerte otra vez, se viene el crecimiento porque ya hay leyes establecidas, ya hay cosas que se han ido mejorando, yo creo que se vienen por harto tiempo los salmones. Que la gente tenga trabajo estable, que tenga una proyección más a largo plazo. Si una empresa trabaja continuamente todo el año, la gente no tendrá esa incertidumbre de tener que estar buscando trabajo constantemente, eso, de hecho, le hace bien a la gente (Quellón, abril de 2012).

Sobresale, entonces, la narrativa del trabajo como oportunidad para mejorar su condición social y material, en particular se destaca la estabilidad y las perspectivas sobre el futuro. A continuación se cita la percepción de una mujer trabajadora en control de calidad de salmones, en la comuna de Quellón. Su referencia es en respuesta a la pregunta por la imagen de la industria en la comunidad local:

Yo creo que lo han entendido en la forma en que tienen más trabajo... por ese lado lo encuentran bien, [porque] hay más posibilidades de conseguir un buen sueldo (empleada en control de calidad, Quellón, 2013).

La imagen percibida, desde fuera, es en primer término una imagen instrumental, en donde se admite que la industria trae beneficios que los sistemas tradicionales no contemplan (un contrato de trabajo y un sueldo). Es lo que retrata el siguiente testimonio: «Cuando llegaron los salmones acá, se abrieron bastantes oportunidades de trabajo, de hecho Quellón cuenta con cinco plantas de proceso» (jefe de turno en planta procesadora de salmones, Cailín, Quellón, 2013).

Se advierte, por un lado, una tendencia discursiva, generalizada, en este tipo de entrevistados, a soslayar o bien a dejar en un lugar secundario los daños que la industria salmonera produce en el medioambiente; y, por otro lado, la evidencia de un discurso que recuerda en parte el mensaje mesiánico de los industriales salmoneros en cuanto a verse a sí mismos (y a la industria en su conjunto) como los salvadores de unos territorios inmersos en el retraso y la tradición. Esto se advierte en el diálogo sostenido con un trabajador de una empresa de servicios en Puerto Cisnes:

Aquí lo que cambió el pueblo en sí fue la salmonera Los Fiordos, ésa fue la que empezó a dar trabajo y la gente de ahí empezó a tener lo que antes no tenía. Cisnes antes no era el que es hoy día, ha crecido en cuanto a los comerciantes, los negocios, las cabañas que la gente tiene. (Puerto Cisnes, 2012).

Incluso esto puede constatarse en el contraste que los trabajadores hacen con la pesca artesanal, y que de paso revela la imagen sobre la economía tradicional: «Bueno [los pescadores] ya están resignados porque saben que está muriendo el pescado y están saliendo las empresas salmoneras adelante. Le están dando mucha pega a la gente pescadora igual» (trabajador salmonero, Puerto Cisnes, 2012).

Ahora bien, las consecuencias perversas de la modernización salmonera (polución de la columna de agua y de los fondos marinos, dilapidación de la fauna nativa, trabajo precario, etcétera) también aparecen mencionadas en los discursos de las personas entrevistadas, en especial en las personas que residen o pertenecen a las comunidades. La valoración de los habitantes locales vinculados a la industria, es particularmente diferenciada cuando se trata de mujeres. Esto es así porque la industria ha implicado para ellas oportunidades sustancialmente más transformadoras, o al menos en un sentido que para los hombres casi no se advierte. Esto puede resultar paradójico, pero la industria ha generado un sentimiento de independencia y emancipación en muchas mujeres que, trabajando directa o indirectamente, han encontrado un espacio productivo remunerado que en el sistema tradicional, particularmente de la pesca artesanal, les dejaba en un lugar muy secundario. Los siguientes tesimonios, ambos recabados en la localidad de Quellón, son notoriamente reveladores:

Ha sido positivo para la mujer porque uno ya no depende de un hombre para que tener las cosas de la casa por ejemplo, o comprarte algo. Para tener tu independencia la única forma es trabajando, teniendo tus ingresos. [Por eso] cuando empezaron a haber más plantas había más oportunidades y las mujeres empezaron a salir a trabajar. Antes la mujer estaba en la casa, Chiloé era muy machista antes, la mujer era de la casa, la casa, la casa y los hijos, o sea no trabajaba, pero con el tema de las salmoneras para todas las mujeres fue como un tremendo desarrollo personal y de oportunidades (exoperaria en centro salmonero, Quellón, abril de 2013).

Llevo dos años y medio trabajando. Trabajar significa libertad, tener lo que tú quieres lo puedes tener, o sea trabajar te da dinero y dinero es lo que mueve a toda persona, independiente que sea poco, que sea mucho, te da una cierta libertad, y eso para mí es lo más importante y no tengo mayor preocupación de estar manteniendo a otra persona, sino que mantenerme a mí y con eso ya me conformo (operaria en planta maquiladora, Quellón, abril de 2013).

Las representaciones de la industria salmonera al interior de la propia industria expresan matices y diferencias significativas dependiendo de la vinculación territorial de los actores. Puede sostenerse que quienes pertenecen a las comunidades —aunque sin vínculos directos con la pesca artesanal— valoran la importancia del empleo en tanto factor decisivo en la construcción de sus proyectos de vida. Este tipo de visiones o representaciones son especialmente explícitas entre las mujeres.

Cabe añadir también que, al margen de la condición precaria del empleo flexible, testimonios como los citados ponen en entredicho el pesimismo mo-dernizante bajo el sello liberal del capitalismo, en donde el trabajo asalariado es una forma de esclavitud moderna. En el caso de las personas que tienen un sentido de pertencia hacia la comunidad y su entorno pesquero-artesanal, se observa una mayor disposición crítica hacia la industria, aun cuando ésta provee el empleo. De todos modos, en ninguno de los casos constituye el eje principal del relato.

Tal vez el factor de mayor difenciación no sea territorial sino de clase. Al menos en los testimonios recopilados, la crítica —en distintos grados— ha sido transversal, cuestión que asociamos a la condición de habitantes costeros de origen popular o tradicional de la mayoría de los entrevistados. Las percepciones cambian cuando los testimonios proceden de profesionales o jefes de centro (en general no aceptaron ser entrevistados), quienes tienden a destacar las bondades de la industria: oportunidades, trabajo, desarrollo. Desde una perspectiva teórica, en estas representaciones vuelve a ser patente la impronta modernizante comentada en el punto anterior: la industria salmonera como un vector de transformación estructural que incide en múltiples órdenes y dimensiones de la vida económica y social de los territorios.

Reflexiones finales

Los antecedentes retratan una evidente relación de articulación entre un sistema de producción local de base tradicional y uno de tipo industrial, fundado en el despliegue de capitales transnacionales. Una lectura estructural-conven-cional nos impele a observar la funcionalización dependiente y asimétrica de las economías locales a la expansión de la industria salmonera. Esto implica no sólo la generación de empleos —locales y extralocales—, o la transformación del territorio para satisfacer las «necesidades» utilitarias de las empresas; también supone la degradación medioambiental —polución de la columna de agua y del lecho marino (Niklitschek y otros, 2013)— y la eventual desestructuración o «alteración» de sistemas de vida «tradicionales» (Mansilla, 2007; Ther, 2011). Algo de eso hay, no obstante debemos matizar esa relación visualizando también las dinámicas no destructivas que han derivado en «respuestas» de prosperidad creativa, de naturaleza endógena. En particular, nos referimos a las iniciativas de empleo y servicios locales que se han desarrollado aprovechando la «oportunidad» salmonera en las caletas de pesca artesanal.

Debemos preguntarnos, entonces, qué cambia en la vida social del lugar —de los territorios costeros de base tradicional— fuera de lo materialmente evidente. ¿Qué cambia, entonces, en esa dimensión ideacional que, según Go-delier (1990), condiciona toda materialidad? ¿Cómo inciden estas transformaciones en eso que, siguiendo a Gudeman (2000) y a Escobar (2008), hemos denominado modelos locales de economía y de naturaleza? La respuesta, no del todo convincente aunque provisoria y analíticamente útil, podría ser la hibridación, pero tal vez habría que explorar otras formulaciones con mayor consistencia heurística (por ejemplo, la noción de ensamblajes). La modernización, aun en sus expresiones materialmente destructivas, como ocurre en el caso de la salmonicultura en los territorios de pesca artesanal, deriva en nuevas configuraciones económico-culturales que nunca dejan de persistir en contenidos previos basales, pero que, simultáneamente, devienen en tensiones con aquellos que irrumpen desde universos de sentido ajenos.

La paradoja del desarrollo salmonero —o de la modernización acuícola— en todo el sur de Chile no es sólo trabajo versus destrucción. Aun más inquietante es aquella que designa al presente próspero para algunos y precario para otros. Esta tensión anticipa que ese deslumbramiento por el presente próspero es, al mismo tiempo, la incertidumbre de un futuro que se desdibuja.

La salmonicultura es trabajo y contaminación, creación de empleos (precarios, volátiles) y dilapidación de las fuentes de la riqueza. Hinkelammert (2001) le denomina eficiencia fragmentaria porque destruye de paso esas mismas fuentes, o, como sostiene metafóricamente, estamos sentados sobre la misma rama del árbol que estamos cortando. Es oportunidad para los hombres y en especial lo es para las mujeres. Para ellas representa la posibilidad de obtener ingresos parcialmente estables y sobre todo la posibilidad de ser independientes en la construcción de sus biografías familiares. Se advierte, sin duda alguna, otra paradoja del desarrollo: lo que emancipa —en un registro clave de la modernidad— al mismo tiempo socava el espacio eco-material e ideo-material del territorio tradicional.

La esquizofrenia es tan sólo una metáfora. Lo es porque no se trata estrictamente de una condición social sino individual. Sin embargo, nos ofrece una imagen que resalta lo que no siempre es patente: la profunda contradicción que escinde al cuerpo social, contradicción que por otro lado es también una oportunidad para reflexionar y, sobre todo, para configurar acción colectiva desde la base social. Es exactamente lo que ocurrió a principios de 2016 en Chiloé; no obstante, aun no está claro qué grado de profundidad pudo tener ese proceso de reflexión colectiva ni hasta dónde podría proyectarse la movilización social —de base local— por la transformación de las condiciones relacionales del espacio pesquero-artesanal con la industria salmonera.

El concepto que mejor define el escenario retratado en los testimonios es la incertidumbre. Por cierto, parece encuadrar con alguna precisión en lo que Beck (1999) y Giddens (1997) acusaron como el desajuste entre la primera y la segunda modernidad. Lo anterior da cuenta de una cuestión sensible y que podríamos sintetizar en dos interrogantes: ¿La expansión de la industria salmonera implica objetivamente, en las condiciones en que ocurre actualmente, una amenaza de exterminio de los recursos de la pesca artesanal? ¿Es posible que la industria implique, simultáneamente, un proceso de merma de la actividad pesquero-artesanal al «ofertar» otro sistema de vida a las nuevas generaciones?

No lo sabemos, no a ciencia cierta al menos. La interpelación, más que hidrobiológica o tal vez antropológica, pareciera ser política. El mesianismo salmonero es circunstancial; en realidad es inherente a todo proceso de modernización o de expansión capitalista en territorios de enclave —permítasenos usar aquella expresión—, sin embargo el reto es político —en rigor es ecológico y político— pues, como acabamos de señalar, se trata de saber qué futuros podrán construir las comunidades desde esos modelos de economía y de naturaleza que definimos como hibridacionales o de ensamblaje. En el marco de este desarrollo ezquizoide, que se basa en las paradojas antes reseñadas, ¿es posible que desde la base social se construyan otros desarrollos? Dependerá ciertamente de las capacidades reflexivas locales y no sólo de las adversas condiciones estructurales del capitalismo neoliberal.

Agradecimientos

Este artículo ha sido elaborado en el marco del proyecto Fondecyt de iniciación 11110542, «Escenarios del desarrollo pesquero-artesanal en el contexto de la expansión salmonera. Antropología de las dinámicas económico-culturales en las costas del sur-austral chileno» y del programa de Becas Complementarias de Conicyt para estudios de posdoctorado en el extranjero 2015.

Agradeceremos sinceramente la valiosa colaboración de los pescadores y trabajadores entrevistados y entrevistadas en Calbuco, Quellón, Puerto Me-linka y Puerto Cisnes. A los evaluadores de revista CUHSO. Un especial reconocimiento a Guadalupe Valencia García, directora del Centro de Investigaciones Interdisplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM, México, por acogernos durante 2016.

Notas

1La tradición bordemarina y canoera nos remonta a la época prehispánica en que pueblos originarios, como los huilliche y los chono, ya realizaban prácticas de recolección de orilla y de apnea o buceo libre para obtener recursos bentónicos del fondo marino (Martinic, 2005).

2Las regiones australes de Chile (Los Lagos, Aysén y Magallanes) constituyen un territorio comparativamente significativo en cuanto a capturas bentónicas, alcanzando en 2014 el 26% del total nacional. A nivel demersal, en estas regiones se captura el 100% de la merluza austral (Sernapesca, 2015). Ésta es la zona del país con mayor presencia de pescadores al concentrar el 39% de los 94.164 inscritos en el Registro Pesquero Artesanal o RPA (Sernapesca, 2015). A nivel bentónico existe, en los últimos veinte años, un predominio de capturas de erizos, almejas y algas, mientras que en el ámbito demersal es la merluza austral el principal foco del esfuerzo extractivo.

3La Ley General de Pesca y Acuicultura (LGPA), promulgada en 1991, fue decisiva en la transferencia de lógicas y modelos de eficiencia para la acción productiva de los actores locales. Se regionalizó el sistema de capturas, se determinaron regímenes generales de acceso y se estableció el Régimen Artesanal de Extracción (RAE), entre otras medidas relevantes.

4El Servicio Nacional de Pesca registra que cerca del 60% de la producción acuí-cola nacional, correspondiente a 1.214.439 toneladas, se realizó en la región de Los Lagos, mientras que el 36,8% se realizó en la región de Aysén (Sernapesca, 2014).

5Los intereses de las empresas e inversionistas quedaron explícitamente manifiestos en los artículos y títulos de la Ley General de Pesca y Acuicultura que reglamentaron la obtención de concesiones de acuicultura para uso privado (por ejemplo, el artículo 2 del Título I, el artículo 74 del Título VI, o el artículo 69 del Título VI), fundamentales en el despliegue industrial de las últimas dos décadas.

6El movimiento de Aysén tuvo, a poco andar, varios matices y vectores de tensión —desde la demanda por el aislamiento, los altos costos de la vida, las fuentes de empleo, la oposición a las centrales hidroeléctricas, hasta la crisis de las pesquerías en el litoral—, no obstante uno de los focos iniciales fue precisamente la crisis de la pesquería de la merluza austral. No es casualidad que el principal líder del movimiento haya sido un dirigente de los pescadores merluzeros, el actual diputado Iván Fuentes.

7Incremento extraordinario de las floraciones algales nocivas, que contaminan temporalmente a los mariscos filtradores, base de las economías bentónicas de pesca artesanal.

8Citamos textualmente los conceptos señalados por Luis Felipe Céspedes, ministro de Economía de Chile, en el Primer Congreso Nacional de Iniciativas Clúster de Bogotá, Colombia, celebrado entre el 24 y el 26 de noviembre de 2016: «La política de clústeres debe ser una alianza entre lo público y lo privado. La única forma de tener una política que permanezca en el tiempo, es que sea fruto del trabajo entre ambos. Por eso, nos hemos sentado junto a las universidades y las empresas para definir hojas de ruta, acciones concretas para desarrollar a nuestro país en ciertas áreas como la energía solar, la minería, industrias inteligentes, el turismo, alimentos saludables, pesca y salud, entre otros» (23 de noviembre de 2016).

9Si en 2009 las toneladas netas exportadas llegaron a 368.992 y en 2010 a 296.903, en 2012 repuntaron a 488.124, en 2013 alcanzaron las 527.700 para llegar a las 590.208 en 2014. (Sernapesca, 2015).

10Véase Quiénes Somos en el sitio web de Salmón Chile, disponible en http://www.salmonchile.cl/es/quienes-somos.php.

11Las actividades económico-productivas tienen un nivel de formalización deliberado, establecido desde la agencia pública. En la pesca hablamos del Registro Pesquero Artesanal (RPA) y de las autorizaciones y cuotas de captura. Esto implica que no todos los pescadores artesanales lo son jurídicamente o no todos tienen autorización para extraer determinadas pesquerías.

12Entrevista a pescador artesanal y prestador de servicios de transporte a la industria salmonera, febrero 2012, Puerto Melinka.

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RECEPCIÓN: 31/07/2016 • ACEPTACIÓN: O3/12/2O16

Sobre los autores

GONZALO SAAVEDRA GALLO es académico del Instituto de Estudios Antropológicos de la Universidad Austral de Chile, Valdivia. Su correo electrónico es gonzalo.saavedra@uach.cl.

KAREN MARDONES LEIVA pertenece a la carerra de Psicología de la Facultad Ciencias Sociales de la Universidad Santo Tomás, sede Valdivia. Su correo electrónico es karen.mardones.leiva@gmail.com.

MARÍA PÍA TORRES ZAMORA es alumna del Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su correo electrónico es ma.piatorreszamora@gmail.com.

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