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Cuadernos de historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.46 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432017000100010 

RESEÑAS

 

José Manuel Azcona Pasto y Víctor Guijarro Mora
La utopía agraria. Políticas visionarias de la naturaleza en el cono sur (1810-1880)

Consejo Superior de investigaciones científicas, Madrid, 2015, 271 pp. ISBN 978-956-244-341-2

 

José Manuel Azcona Pastor, profesor de historia del mundo contemporáneo y Víctor Guijarro Mora profesor de historia de la ciencia, ambos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, suscriben este sugerente libro. Conocedor el primero de migraciones hispanas y de la historia cultural el segundo, abordan los ideales de la élite en los países conosureños, desde los inicios de la vida independiente en Suramérica hasta el evidente cambio de modelo económico adoptado por estas repúblicas, en la década de los ochenta del siglo decimonónico.

Los autores irrumpen en el campo de las ideas e intentan develar los propósitos fundacionales de los hombres que tuvieron en sus manos inventar y representar el futuro de las nacientes repúblicas hispanoamericanas. Su premisa inicial refiere a lo que denominan "mitología de la refundación", que reniega del pasado español y vislumbra "un mundo de representaciones utópicas" A juicio de los autores, la llamada "utopía agraria" llevada a la práctica a través de los conocimientos y prácticas de la ciencia y de la técnica conduciría a estos países inevitablemente al progreso y la felicidad. Para tales planes, los imagineros debían hacer efectiva la apropiación del territorio, sin la concurrencia del nativo y sí con participación de una numerosa inmigración europea.

A nuestro entender, para sustentar sus argumentos y propuestas, los autores se introducen y embeben de un mundo que han conocido a través de las innumerables páginas escritas desde que el europeo tuvo su primer contacto con las tierras americanas hasta cuando las circunstancias políticas franco-hispanas llevaron a las colonias a soñar con un proyecto de vida independiente. Intentan superar la idea de ese mundo natural paradisíaco que se había forjado el europeo de este continente, por otra, "la concepción de la tierra como recurso, como una fuente de riqueza sin la cual difícilmente podían cumplirse en su totalidad los propósitos que se pretendían con la emancipación, esto es, la libertad, la justicia y la igualdad"1 Cuestión que estaría contenida en la llamada utopía agraria.

Efectivamente, en el ámbito de los imaginarios el propósito de los padres fundadores fue soñar el modelo de nación que fruto de la independencia debían consolidar. Éste reunía desde la normativa constitucional hasta un tema tan relevante como el de la población, disminuida por los largos años del dominio colonial, pasando por los mecanismos económicos que darían sustento a la comunidad imaginada soñada2.

Visto desde el sur americano, la independencia dio la oportunidad de nuevos proyectos, los cuales leídos desde estas latitudes, aunque coincidentes con las premisas sustentadas por Azcona y Guijarro, se observan matices diferenciadores, no en tanto a la validez de la utopía agraria sino en razón de que los imagineros americanos obviaron esa idea de paraíso terrenal sustentada por españoles que vinieron o que leyeron acerca de estas nuevas tierras y sus gentes, y que imaginaron estos parajes como el paraíso terrenal. Por el contrario y sin desconocer esa mirada bucólica, los fundadores de las nuevas repúblicas tuvieron claro que era necesaria la incorporación de los pueblos a la vida republicana, del mismo modo que el desafío de disponer de brazos para poner en producción tierras, cuyos frutos respondieran a la fuerte demanda de los mercados internacionales ávidos de trigo, carne, algodón café, que, entre otros, Europa y los Estados Unidos estaban demandando. Para ello había necesidad de brazos y la preferencia por la venida de población europea fue evidente. La idea suscrita por intelectuales criollos era que estos países –Argentina, Uruguay y Chile– no eran más que un trozo de Europa en América, con menosprecio, por cierto, de la población nativa.

En siete apartados, los autores dan cuenta de su mirada en la que se puede observar la conformación de una utopía, para luego dar paso a un tema, a nuestro juicio de fondo: la conformación de un imaginario de la emancipación cimentado en las ideas ilustradas de la filosofía europea, cuestión que, desde este lado de Atlántico, se lee más bien como la gestación de un pensamiento propio, en donde la idea de madurez y de la inaplazable separación de la metrópoli se venía fraguando desde el siglo anterior3.

Los siguientes tres capítulos entran de lleno en la conformación de ese imaginario fundado en la valoración del espacio, de la tierra, en la que se centra todo el futuro del país. En tanto que en los apartado siguientes, quinto y sexto, se aborda específicamente la premisa del imaginario de la civilización y la reafirmación del valor del territorio en esa tarea civilizadora. Asimismo, cómo en la realidad los márgenes o las fronteras se van ampliando. Un elemento adicional que se pone en comento es el de la educación práctica, los avances tecnológicos necesarios y complementarios de las visiones educativas y de progreso.

Concluye el relato con un tratamiento efectivo de lo que es esa utopía agraria, la que, a juicio de los autores, reúne y pone en acción todos elementos anteriores, territorio, habitantes, aportes técnicos para luego dar forma a esa concepción de "utopía agraria" con la que han jugado los ensayistas. En nuestra opinión, esta sección es relevante pues concilia todo los antecedentes anteriormente descritos, en un refundido lúcido de lo que los países de los confines de la América del Sur conjeturaban poder realizar llevar a cabo en esa larga centuria.

De mucho interés resulta el bien logrado y original capítulo de los valores tecnocráticos en el amplio campo de la utopía. Efectivamente, en estas nuevas sociedades los hombres que habían tomado en sus manos el hacer y construir nuevas repúblicas eran hombres de letras, con fuerte formación en la filosofía republicana. Sin embargo, avanzado el siglo se fue haciendo patente la importancia de la educación práctica para entrar en la era del progreso y del adelantamiento tecnológico que, otros países, como los Estados Unidos de Norteamérica, estaban consiguiendo. Los autores son claros en mostrar ese tránsito de un imaginario centrado en los valores libertarios a otro conducente al progreso. La práctica científica llevaría al hombre tras la senda del progreso y la felicidad. "La ciencia aportaba el orden y la tecnología era contemplada como la forma más eficaz de dominio de la naturaleza y de crear riqueza".

Para la intelectualidad del momento fue vital el tema de la educación, donde la capa social que había logrado una formación de nivel avanzado era escasísima. La gran masa de la población no había tenido acceso ni siquiera a las primeras letras y, por cierto, la gran masa de la población no se había incorporado al proyecto civilizador. De modo que pasado el medio siglo, la preocupación estuvo, además de la necesaria alfabetización, empeñada en proporcionar educación práctica a la población. Toman los autores como ejemplo la creación en Chile, de la Escuela de Artes y Oficios en 1849. Coincido en que el alcance de esta enseñanza fue limitado para los desafíos y demandas del país en esas décadas. No obstante, las distinciones obtenidas por este centro de formación en exposiciones nacionales e internacionales no son menores y, sus estudiantes se fueron posicionando como artesanos y técnicos en las diferentes especialidades que ofrecía ese centro educativo4.

Vuelvo a insistir en el abordaje que los autores dan a este apartado, pues han sabido captar con toda claridad el tránsito de estos países hacia un ideario de modernidad o de "segunda utopía agraria" como la denominan. Mejor ejemplo no podía haberse encontrado que la incorporación y desarrollo temprano del ferrocarril en estos países, particularmente en Chile, donde su geografía lo permitía con mayor desenvoltura. En este ámbito de la reflexión, la inclusión del desarrollo del ferrocarril en estos países fue vital para responder a la utopía soñada. Así como la guerra de Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay retrasó los avances tecnológicos en el primer país mencionado, la guerra de Chile contra Perú y Bolivia avivó el desarrollo urbano-industrial del país.

Mención especial merecen las fuentes utilizadas por los autores, las que además de abundantísimas son pertinentes. Por su parte, la bibliografía complementaria resulta a toda luz contundente y atingente. Indudablemente esta fortaleza está dada por el amplio dominio que desde la academia europea se tiene de estos temas y, muy particularmente, de los autores. Es este sustento ideológico que se acopia y comenta, el que sirve de fundamento para sustentar la hipótesis central del escrito.

Es este un libro a todas vistas pensado y escrito con cuño europeo, desde donde los tiempos y las distancias son leídas con parámetros mucho más comprimidos que la realidad. Del mismo modo que las ideas son interpretadas acordes a los imaginarios que desde la propia Europa y tempranamente se forjaron sobre América.

Tanto para el desarrollo de la disciplina histórica cuanto para los países que conforman el cono sur de América, estudios como éste resultan una aportación explicativa de conjunto, de gran valor, considerando que los países en comento presentan características diferentes, sean de la vertiente atlántica o del Pacífico; de grandes extensiones territoriales como Argentina o de reducida superficie como Uruguay o Chile.

No quisiera dejar de dar la razón y valorar el aporte de esta obra, la que resulta enriquecedora por ser una mirada de conjunto. Señalo esta característica, pues quienes escriben historia hoy, mayoritariamente evitan las miradas de conjunto. Los estudios sintéticos y puntuales han copado la academia y son cientos los artículos, valiosos por cierto, que abordan temas puntuales, muchos de gran interés. Sin desconocer que, a veces son éstos, precisamente, los que permiten construir las grandes síntesis. Digo que esta otra opción no debe haber resultado fácil a los autores Azcona Pastor y Guijarro Mora, desde el momento que, desde cada país en estudio, surgirán preguntas, alcances y críticas por no incorporar elementos catalogados como relevantes, insustituibles y fundamentales.

La utopía agraria, aunque se han dado otras lecturas más bien referidas a la siempre presente idea de atraer inmigrantes para el cultivo de las tierras, a la vez que elementos que contribuyeran al anhelado progreso, esta propuesta resulta una interesante mirada, pues su valor reside en la lectura del acontecer suramericano decimonono desde otra claraboya.

 

Carmen Norambuena
Universidad de Santiago de Chile

 

Notas

1 José Manuel Azcona y Víctor Guijarro Mora. La utopía agraria. Políticas visionarias de la naturaleza en el cono sur (1810-1880), 2015, p. 11.         [ Links ]

2 C. Norambuena, "Imagen de América Latina en la Exposición universal de París de 1889". Dimensión Histórica de Chile N° 17-18. 2004;         [ Links ] "Las capitales mundiales del modernismo y del progreso en el siglo XIX". Revista Espacio Regional Revista de Estudios Sociales, Osorno, Vol. I, Año 3, 2006.         [ Links ] Jorge Pinto R. "Proyectos de la elite chilena del siglo XIX" I y II. Alpha: Revista de artes, letras y filosofía, Nº 26, 2008.         [ Links ]

3 Alejandra Contreras Gutiérrez. Ilustración y enciclopedismo en Chile y el área andina: Eugenio de Santa Cruz y Espejo, Sebastián Díaz y Juan Antonio de Navarrete. Tesis doctorado Estudios Americanos. Santiago, 2014.         [ Links ]

4 Eduardo Castillo, EAO, Escuela de Artes y Oficios, 2015.         [ Links ]

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