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Cuadernos de historia (Santiago)

On-line version ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.46 Santiago June 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432017000100006 

ESTUDIOS

"Et eamus ad regem legionis et faciamus eum regem super nos et dominum et amicus nostrum, quia, sicut ero noui, ipse dominatibur terre sarracenorum". Alfonso VII de León y Zafadola rex sarracenorum*

"Eamus ad regem canabae et faciamus super eum regem et us et dominum nostrum amicus et, quia sicut ero noui, ipse dominatibur sarracenorum terre". Alfonso VII of León and rex sarracenorum Zafadola

 

Ángel G. Gordo Molina**, Diego Melo Carrasco***

** Doctor en Historia Medieval por la Universidad de Salamanca, Académico invitado de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Departamento de Ciencias Históricas. Universidad de Chile, Santiago de Chile. Correo electrónico: griphon65@hotmail.com

*** Doctor en Historia Medieval por la Universidad de Salamanca, Académico de la Facultad de Artes Liberales. Departamento de Historia. Universidad Adolfo Ibáñez. Santiago de Chile. Correo electrónico: diego.melo@uai.cl


Resumen

Las relaciones peninsulares en la época del emperador de León Alfonso VII estuvieron marcadas por las luchas y relaciones entre los reinos de fronteras, tanto las intestinas, como las externas contra el islam. El presente artículo busca recrear las estratagemas de alianza sobre líderes musulmanes para avanzar en el proceso de establecer su jurisdicción por medio de la ocupación del espacio a costa de las taifas. Este será el caso de las vinculaciones que establecerá con Sayf al-dawla, el Zafadola de las crónicas cristianas.

Palabras clave: monarquía hispana, Alfonso VII de León, reinos de taifas, Islam peninsular, zona de fronteras, al-Andalus, Zafadola.


Abstract

Emperor Alfonso VII of Leon’s peninsular relations were shaped by the relationship and struggles between both, the Christian realms of the inner borders, as well as those in the external borders against Islam. This paper aims to recreate the stratagems of alliance and jurisdiction over Muslim leaders in order to develop and establish jurisdiction through the use of space at the expense of the Taifa of al-Andalus. This is the case of the links established with the sovereign Sayf al-Dawla, the Zafadola of the christian chronicles.

Key words: Spanish Monarchy, Alfonso VII of León, frontier zone, al-Andalus, Zafadola.


 

Introducción

La frontera peninsular hacía el siglo XI es, a la vez, espacio de violencia y también de encuentro; de hombres viejos y nuevos que han decidido vivir allí, para hacerse un nombre allá, al otro lado. En torno a lo anterior el tema es largo y sinuoso, sin embargo, en el presente trabajo queremos presentar algunos aspectos relacionados con uno de estos hombres, el Zafadola de las crónicas cristianas, que es el resultado de estas dimensiones que reviste la frontera, pero que, a la vez, es manifestación de su época, un tiempo de convulsiones en la historia de al-Andalus. Momento de ruptura y de intereses personales que remiten a una historia plagada de grandes momentos, en el período del Califato de Córdoba. Un musulmán, que ve y vive en su época el germen de la discordia, producto de la separación y escisión de la unidad interna, expuesta a acciones de restablecimiento, en manos de un invasor externo, los almorávides, que aunque correligionarios, no siempre amigos. Entre el descalabro que produce la retirada de estos y la aparición de los almohades media un tiempo, una época de ajustes y desajustes, un momento de "anarquía" en al-Andalus; ese tiempo denominado "Segundas Taifas" es el de Zafadola.

 

Antecedentes: Alfonso VII y al-Andalus

Entrados ya en el siglo XII, el imperio legionense ha logrado consolidar los vastos lazos políticos, junto con aquellos de dependencia personal y colectiva que unen a los distintos grupos sociales del reino, reconociendo de esta manera la supremacía jurisdiccional del monarca de León, Alfonso VII, quien de esta forma se orientó a ejercer la potestas de su oficio1.

A partir de lo anterior, las relaciones alfonsinas con sus pares peninsulares seguirán la tónica a la que los monarcas leoneses, rex-imperator a la vez, estaban ya acostumbrados: las alianzas, pactos, demostraciones de poder por medio de sociedades paralelas abiertas o secretas, movimiento de tropas, enfrentamientos, concertación de matrimonios, intermediarios extranjeros, entre muchas otras prácticas, esencialmente señoriales y tendientes siempre, a la obtención de mayores protecciones, garantías, cuotas de poder e independencia de cada una de las partes involucradas.

Para Alfonso VII, igual de importante que asegurar los territorios y las fronteras de los otros reinos cristianos, fue ganar terreno a al-Andalus. La Chronica Adefonsi Imperatoris (CAI) señala claramente que en un primer momento el soberano de León y Castilla no se aventuró en ir a tierras ocupadas por musulmanes a causa de las luchas con sus pares cristianos2. Como en tiempos de su abuelo Alfonso VI, y coincidiendo con las divisiones internas del islam peninsular, el emperador aprovechó la falta de cohesión almorávide para presionar y sacar provecho de la debilidad de algunos reyes de taifas ofreciendo protección de aquellos que querían expandir sus territorios a costa de otros. Junto a lo anterior y, a la vez relacionado, se debe considerar como causa de la aceptación de la potestas leonesa en ciertos príncipes musulmanes: el descontento de la población andalusí contra los almorávides3. Es a raíz de esto, que es posible comprender las causas de la sumisión de algunos soberanos musulmanes a Alfonso VII4, cumpliendo, este último, con el objetivo de expandir su potestas frente al enemigo musulmán, aprovechando sus fracturas e, incluso, generando condiciones para atraer a los soberanos descontentos con la situación en la península y que se esforzaban más en sus intereses particulares que en la gloria del islam.

 

Alfonso VII y Zafadola: Los orígenes de la dinastía Hudí

En estas dinámicas se enmarca la vinculación entre Zafadola y Alfonso VII. Saif –al-Dawla (el Zafadola de las crónicas cristianas) era descendiente de la dinastía Hudí de Zaragoza, fundada por Abu Ayub Sulayman ibn Hud5. Esta familia procedía de un árabe que entró en la Península ibérica en la conquista del siglo VIII6. Este Sulayman había destacado en las luchas civiles del siglo XI desplazando a los tuyubies7 de Zaragoza (1038-39); estos últimos se habían afincado allí desde temprano, ocupando la marca superior y estableciendo una cierta autonomía con respecto de Córdoba desde el siglo IX en el Valle del Ebro. Una vez instalado allí, Sulayman situó a sus hijos en los principales enclaves del territorio: A Yusuf en Lérida, a Lubb en Huesca, a Mundir en Tudela, a Muhammad en Catalayud y a su primogénito, Ahmad, en Zaragoza. Una vez muerto, en 1046, le sucedió Ahmad, no sin la negativa de sus hermanos a quienes terminó por reducir a la obediencia. Sin embargo, todas estas luchas intestinas costaron alto a la taifa, en beneficio de sus vecinos cristianos. Un episodio importante es aquel que se refiere a su participación en la recuperación de Barbastro que había caído en poder de los cristianos en 10648. El rey aragonés intentó avanzar por esa línea tomando Alquézar en 1065. Ahmad se alió con el navarro Sancho de la Peñalén (1039-1076). En 1076 ocupó Denia y a partir de 1081 el Cid prestó su ayuda militar a la taifa de Zaragoza9, siendo recibido por Ahmad en su corte. Todo esto se debe a que, como la mayoría de los reyes de taifas, no podía sino vivir apoyado o sometido a algún príncipe cristiano10.

Desde el año 1081, cuando enfermó gravemente, dos de sus hijos tomaron el poder: Yusuf11 en Zaragoza y Mundir en los territorios orientales –Lérida, Tortosa y Denia–, quienes tuvieron querellas animadas y aprovechadas por Alfonso VI. En estas luchas intervino el Cid al lado de Yusuf y Sancho Ramírez, y Berenguer Ramón II el Fraticida, conde de Barcelona, al lado de Mundir, quienes no hicieron más que sufrir frente a la defensa del Cid12.

A la muerte de Yusuf asumió su hijo Ahmad al-Musta’in quien gobernó durante veinticinco años (1085-1110), quizás los más complejos de este período, luego del avance de Alfonso VI y el sitio a Zaragoza por este último. También fue derrotado por los cristianos aragoneses en Alcoraz y perdió definitivamente Huesca en 1096. Como consecuencia de este desastre, Pedro I puso sitio a Zaragoza13. Además de lo anterior, al-Musta’in debió hacer frente a la amenaza almorávide que rondaban las fronteras de Zaragoza y que en el año 1102 habían ocupado, entre otras Valencia y Tortosa. Trató de congraciarse con cristianos y almorávides, sin embargo la situación se hacía más compleja, su reino se comienza a ver turbado y amenazado por el norte, debido al avance de Sancho Ramírez, Pedro I y Alfonso I, que extienden la reconquista del somontano aragonés. Al-Musta’in se sintió con fuerzas para emprender la guerra contra los cristianos, falleciendo en un enfrentamiento en Valtierra14. A él le sucedió su hijo Imad al-Dawla, el cual para frenar la llegada de los almorávides recurrió a la protección de los cristianos pagando fuertes parias15. Finalmente, sus súbditos se inclinaron por los almorávides y les abrieron las puertas de Zaragoza el 31 de mayo de 1110. Sin embargo, poco más de ocho años pudieron conservar esta plaza, ya que las acometidas de Alfonso I el Batallador acabaron por desmantelar completamente la marca superior de al-Andalus16. Los banu Hud, por su parte, ayudados por los soberanos de Aragón y de Castilla, resistieron casi medio siglo más, primero en Rueda de Jalón17, luego en Castilla, para reaparecer con Zafadola.

 

Un musulmán entre cristianos

¿Qué hace que un soberano musulmán establezca una vinculación con otro cristiano? Sin duda, la respuesta se encuentra definida por las condiciones históricas del momento peninsular, particularmente, la situación por la que atravesaba al-Andalus y que se manifestaba con la fragmentación de los almorávides y el advenimiento de las denominadas "segundas taifas". Todo esto establece un "paso por alto" de Zafadola, respecto a establecer una alianza con el "enemigo" cristiano.

Una explicación a lo anterior se encuentra en el hecho de que desde comienzos del siglo XII se desarrollarán diversas manifestaciones contrarias a los almorávides. Estas se manifestarán a través de reacciones religiosas que, además, incorporan reivindicaciones políticas junto con aquellas sociales y económicas. Entre otras cosas, la aplicación rigurosa de la doctrina maliki además de su impotencia a la hora de aglutinar las diversas corrientes ideológicas18.

La consecuencia de lo anterior fue la división de al-Andalus en taifas, al mismo tiempo que los almohades hacían su aparición en el norte de África. Lo anterior provocó un abandono sostenido de los cuerpos militares almorávides desde la Península y los andalusíes comenzaron a levantarse contra las autoridades y soldados que allí quedaron19. Esta reacción comenzó a manifestarse, aún controlada y no generalizada, en los últimos años del emirato de Ali b. Yusuf (1106-1143), pero fue agravándose durante el breve emirato de su hijo Tashufin (1143-1145), hasta que la dinastía desaparece en 1147. Sin embargo, antes de esa fecha casi todo al-Andalus se había retirado del poder centralizado almorávide, sustituyéndolo por poderes locales, con algún rescoldo de dominio en la persona de Yahya b. Ali b. Ganiya20.

La aparición de varios señoríos independientes fue la manifestación más palmaria de la nueva situación que vivía al-Andalus. Estas segundas taifas durarán solo un promedio de tres o cuatro años, pues en 1145 o 1146 se empieza a reconocer en algunas zonas obediencia al califa almohade21.

Ante esta debilidad manifiesta de la unidad islámica en la Península, la reacción de Alfonso VII se manifiesta en la expansión de las fronteras del reino leonés, y es aquí que cobra importancia la figura de Zafadola, quien no será ni el primero ni el último de los gobernantes musulmanes que veremos estableciendo tratativas con los cristianos.

 

Alfonso VII y Zafadola: Los vínculos de dependencia

Así entonces, frente a este panorama, Zafadola, acompañado de sus hijos, decide reconocerse "milites regi" de Alfonso VII, dándole homenaje a la vez que le prometió servicio y ayuda por toda la vida22. Además le entregó al leonés el castillo de Rueda como señal de sumisión23. La CAI señala que la actitud del príncipe musulmán se debió primordialmente al temor de ser absorbido por las fuerzas almorávides, recurriendo a la grandeza y la potencia que se le atribuía al emperador de León24. El monarca cristiano le dio como tenencias a su nuevo vasallo una serie de fortalezas en la frontera toledana, extremeña y en la zona del Duero. Obviamente, este era un pacto vasallático en toda regla, similar al establecido entre el emperador y otros monarcas cristianos peninsulares en la misma época25.

Alfonso VII, además, garantizó a Zafadola protección, ayuda militar contra los norteafricanos, y "(...) convertirle en gobernante de los musulmanes de al-Andalus, bajo la tutela y protección del reino castellano-leonés"26. De tal modo, la política alfonsina imperial se extendía a sus nuevos vasallos musulmanes al igual que a los pares cristianos. Zafadola es denominado "Rex Zafadola Sarracenorum" por la CAI, descubriendo la nueva dignidad y el importante rol que jugaba en la visión y genio político de Alfonso VII, quien lo consideraba una pieza clave en la nueva política leonesa en territorios andaluces, la cual buscaba establecer un bloque andalusí que erosionase la estabilidad del gobierno almorávide27.

Para lograr lo anterior, Alfonso VII pensaba que presionando las fronteras y apoyando a su protegido, podía estimular, entre la población andalusí, un sentimiento antialmorávide, aglutinando los descontentos en torno de la figura de Zafadola, esperando, tal y como lo afirma García Fitz, que la "combinación de las agresiones militares cristianas y las resistencia interna del Islam de al al-Andalus sirviera para acabar con el poder del Imperio norteafricano a este lado del Estrecho"28. Si esto funcionaba, su control sobre al-Andalus sería a través de su vasallo y, por tanto, indirecto, de carácter protector y, tal vez, cercano al tipo de señorío que podía pretender ejercer en los dominios del resto de los gobernantes peninsulares que se reconocerían más adelante como vasallos suyos29.

Es por lo anterior que la documentación y la cronística castellano-leonesa confirma la idea de que Alfonso VII pretendía convertir a Zafadola en rey de los musulmanes de al-Andalus, pues aparece entre los confirmantes del fuero de Guadalajara como reinando "sobre los moros antelucinos"30, mientras que en la ceremonia de coronación imperial de Alfonso VII, en mayo de 1135, por tanto antes de que ejerciera soberanía alguna sobre territorios islámicos, el cronista lo presenta como "rex…Sarracenorum"31.

 

Los planes de Alfonso VII para Zafadola

La idea que rondaba en la cabeza de Alfonso VII era convencer a los andalusíes de que únicamente en sus manos estaba la garantía de la paz y del respeto hacia las formas de vida andalusíes, y que ninguna de estas era posible con la presencia de los almorávides en la Península. Para eso debía persuadirles para que se convencieran de que entre la dominación de los almorávides o la de él, por medio de Zafadola, la segunda alternativa era la más viable y mejor para ellos32.

Para lograr lo anterior, las estrategia fue utilizar la guerra de desgaste, primero, en la defensa de la zona del Tajo y luego, en una consecutiva oleada de incursiones a territorios sevillanos, destinada a golpear de forma sistemática las bases materiales de la población de al-Andalus, logrando ocupar muchas nuevas zonas. De esta manera la quincena que va desde 1030 hasta 1045, fue una de las más violentas de las relaciones entre castellano-leoneses y musulmanes33.

La fidelidad y el compromiso del juramento del nuevo soberano vasallo leonés se comprobaron pronto. Zafadola y el mismísimo Alfonso VII en el mes de mayo se internaron conjuntamente con su ejército en al-Andalus, con el objetivo de "[…] fomentar las disensiones entre los andalusíes y los almorávides, la imposición de Zafadola como interlocutor entre los primeros y Alfonso VII, y su conversión en caudillo de la resistencia antiafricana"34. La expedición castigó la totalidad del valle del Guadalquivir, desde Córdoba hasta Jerez. Los musulmanes de Sevilla, Córdoba y Carmona fueron capturados y hechos prisioneros; la muerte inmediata a cuchillo fue lo que encontraron los norteafricanos35.

El hostigamiento constante, la cruenta intolerancia ante los enemigos almorávides, sumada a la casi nula capacidad de los musulmanes para contrarrestar los ataques leoneses hicieron que los gobernantes de las taifas enviaran mensajes secretos a Zafadola para que éste interviniera ante el emperador cristiano a fin de recibir protección y para que finalmente les liberase de los norteafricanos36. A cambio, los líderes de las taifas ofrecieron pagar a Alfonso VII tributos mayores que los que sus antepasados habían otorgado a los monarcas leoneses. Por último, prometieron entregar su inquebrantable fidelidad y servicio por medio del reconocimiento de Zafadola como su rey37. No obstante lo anterior, habría que tener cautela y no generalizar, pues los testimonios que nos otorgan las fuentes árabes nos dan a entender que no todos le rendían obediencia y fidelidad, porque temían que si se sometían a él, el enemigo cristiano los dominaría38. En este sentido, como afirma F. García Fitz, "no todos los sectores musulmanes, ni siquiera los que no tenían reparos en aceptar a Zafadola como rey o aquellos otros con más decisión se levantaron contra los almorávides, estaban dispuestos a aceptar el dominio cristiano"39.

Con todo, la política alfonsina, centrada en la figura del príncipe musulmán, estaba cumpliéndose. El soberano de León, por medio de su dignatario, transmitió a los andalusíes que el primer paso para liberarse de los almorávides tenía que ser tomado por ellos mismos por medio del acoso y toma de numerosas posiciones estratégicas, fortalezas y alcázares para minar la red defensiva que estaba montada. Una vez que los habitantes de al-Andalus declararan la guerra a los magrebíes en todos los sitios y por todos los medios, el rey entraría con todo sus hombres a completar la actividad. La estrategia alfonsina iba más allá, ahora se dedicaba a minar el poderío musulmán desde el interior y por medio de los propios correligionarios musulmanes.

 

Alfonso VII y Zafadola: El fin de las relaciones

Los años posteriores vieron cada vez más incrementadas las cabalgadas de desgaste de los reinos andaluces de Sevilla o Córdoba. Toledo fue el punto de partida de esas expediciones que, dependiendo de los sucesos propios del reino de León o en sus relaciones con sus vecinos, serían de mayor o menor intensidad. No pretendemos hacer un recuento de todas las campañas ni de sus vicisitudes al estar lo suficientemente registradas en el Libro Segundo de la CAI, que se dedica principalmente a esta tarea.

Hacia 1143 se realizaron las expediciones más significativas de Alfonso VII por el reforzamiento de las vías de expansión leonesa. Tras desmantelar las fronteras defensivas del Tajo, las huestes alfonsinas dieron rienda suelta a las depredaciones, las que llegaron una vez más hasta el valle del Guadalquivir40. En septiembre de 1144, Alfonso VII y sus hombres se reunieron en Toledo para avanzar por las zonas duramente castigadas en jornadas anteriores, agregándose en el recorrido ataques y devastaciones en Úbeda, Almería, Baeza y Granada41.

Paralelamente a las correrías cristianas en el sur y levante peninsular, se producían insurrecciones contra el dominio almorávide que fueron auxiliadas por Zafadola. Los levantamientos comenzaron en Mértola, continuaron por la costa levantina y finalizaron en Granada y Almería42. La estructura defensiva y política de los norteafricanos era atacada en los frentes internos y externos, tal cual había sido concebida por el Imperator. Aun cuando luego los almorávides lograron recuperar algunas plazas como Granada y Murcia durante 1145, la situación en al-Andalus era confusa y variaba constantemente; se hacía complicado distinguir entre amigos y enemigos en una frontera inestable, fluctuante y peligrosa43. En esta situación enmarañada se inserta la desaparición de Zafadola. Las fuentes musulmanas narran que Alfonso VII beneficiándose de la situación políticamente inestable andaluza, se abalanzó contra las regiones levantinas sometidas a la potestad de su principal vasallo musulmán, y que éste encontró la muerte en su intento de neutralizar tal acción44.

La CAI entrega otra interpretación en la que Zafadola pidió auxilio a su señor, ya que Úbeda y Baeza se negaban a entregar las cargas que correspondían al emperador. Una vez sometidas las ciudades y cancelados los tributos, el rey musulmán solicitó la devolución del botín que los cristianos retenían del castigo a las poblaciones andalusíes. La discusión entre el emperador y el monarca musulmán desembocó en un enfrentamiento armado, la denominada "Batalla de Albacete", que concluyó con el asesinato de Zafadola por los caballeros llamados pardos45. En un texto conservado en la Real Academia de Historia de Madrid, se presenta algún antecedente más. El documento se denomina: "Noticia de la muerte del rey moro de Córdoba, Zafadola, en batalla con los Fitas y Pardos" (1145 (1183)), y es un manuscrito perteneciente a la colección Salazar y Castro, 1854. El texto establece: "Sabido por el emperador mando al conde D. Manrrique de Amengol, y al conde D. Ponce, y a Martín Fernandez valeroso alcaide de Hita, que con gente de armas vinieren luego en favor de Zafadola, y ficieren crueil guerra. Ordenaron los condes el viaje y juntando un buen ejército entraron por el Andalucía destruiendo cuanto era de la parcialidad de Abenfandi, en que hicieron tanto daño, que los moros viéndose consumir llamaron a Zafadola ofreciéndole el Reyno, el quel vino […] Zafadola restituido al Reyno, se hizo presto enemigo de los condes, y pelearon con él y fue muerto en la batalla por unos soldados que llamaban los Pardos y muerto este quedaron competidores de Cordova Abenfandi y Abengamia, y enbio el emperador contra Abengamia a Fernando Yañez de Limia" R.A.H, Signatura 9/125, f° 36.

Finalmente, su muerte, en 1146, coincide con la formación de un fuerte núcleo musulmán en el oriente peninsular que irá desde el Ebro hasta los lindes de Almería, incluyendo Valencia y Murcia. Territorio que posteriormente quedará en manos de Ibn Mardanis46. En términos políticos, la muerte de Zafadola no beneficiaba al rey de León quién debió buscar nuevas alianzas en la zona. Tanto en Ibn Hamdin, jefe militar cordobés que había entregado esa ciudad a Zafadola, Ibn Ganiya, gobernador almorávide de Valencia, que ante el avance almohade en el norte de África había quedado desasistido, como en Ibn Mardanis, el emperador hispano encontró apoyo para recuperar Córdoba y las zonas del extremo oriental de Andalucía. Se puede pensar que con esta última adquisición alfonsina ya se planeó la conquista de Almería como salida natural a las costas del Mediterráneo. Calatrava, conquistada a comienzos de 114747, fue la causa más manifiesta e inmediata del desbarajuste gubernativo que se vivió en al-Andalus luego de la muerte de Zafadola.

Al igual que en los territorios cristianos, la jurisdicción de Alfonso VII se quiso consolidar en al-Andalus. La doctrina del emperador como un rey de reyes hispánicos no distinguió entre cristianos y musulmanes; por lo mismo se apuntó al carácter territorial y patrio de los hispano musulmanes, como componentes del mismo proyecto de engarce de reinos unidos por el Imperator Legionense.

 

Notas

* El presente trabajo es producto de la Investigación FONDECYT REGULAR N° 1120224.

1 Gordo Molina, Ángel, "Estructuras regias en el reino de León. La praeparatio en la elevación al trono imperial de Urraca I y Alfonso VII. Factores diferenciadores y de estabilidad en el gobierno". En José Manuel Cerda (Ed.), El mundo medieval. Legado y alteridad, Santiago de Chile, Ediciones Universidad Finis Terrae, 2009, pp. 155-179.         [ Links ]

2 "Finito autem bello regis Aragonensis, surrexit aliud bellum in Castella, regis Garsie Pampilonensis et Adefonsi, regis Portugalensium, qui pugnabat contra Galletiam, sicut desuper iam diximus. Et propter supradicta bella imperator non ibat in expeditionem in terram Sarracenorum et Sarraceni ideo preualebant in terram Christianorum". Maya Sánchez, Antonio Chronica Adefonsi Imperatoris. Corpvs Christianorvm. LXXI. Chronica Hispana Saecvli XII:I. Brepols, Turnholti Typographi Brepols Editores Pontificii. 1990. II, 20. En adelante, CAI.

3 García Fitz, Francisco. Relaciones políticas y guerra La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2002, pp. 82-84.         [ Links ] Especialmente representativas de la situación entre andalusíes y Almorávides fueron las revueltas de Córdoba en 1121.

4 Cabe preguntarse ¿Por qué Zafadola calzaba en los intereses de Alfonso VII? Al respecto una posible respuesta es la que advierte Felipe Maíllo cuando afirma que lo que buscaba Alfonso VII era "la integración del país islámico peninsular dentro de la construcción política castellana, que se quiere es multirracial y multiconfesional. El medio de lograrlo es valerse como agente de Ahmad ibn Hud, único magnate andalusí de linaje prestigioso e independiente de los almorávides". En Maíllo Salgado, Felipe, "Algunas noticias y reflexiones sobre la "Historia de al-Andalus" de Ibn al-Kardabus", Studia Histórica. Historia Medieval, nº 2, Salamanca, 1984, p. 171.         [ Links ]

5 Este llegó a reunir en sus manos a toda la frontera superior, o sea: Zaragoza, Huesca, Lérida, Tudela, Catalayud y sus respectivos territorios. Antes de morir hizo testamento a favor de sus cinco hijos, a Ahmad dio Zaragoza, a Yusuf Lérida, a Muhammad dio Catalayud, Huesca a Lubb y a Mundir le donó Tudela y su comarca. Véase: Navascués Palacio, Pedro, "Tudela bajo el dominio del Islam", Conferencia en homenaje a Benjamín de Tudela, pronunciada en la ciudad de Tudela el sábado 4 del mes de marzo del año 1961, p. 11.         [ Links ] Véase tb. Boch Vilá, Jacinto, "El reino de Taifas de Zaragoza: Algunos aspectos de la cultura árabe en el valle del Ebro", Separata de Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, Zamora, 1960, pp. 15-17.         [ Links ]

6 Viguera Molins, María Jesús, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes (al-Andalus del siglo XI al XIII), Madrid, Edit. Mapfre, S.A., 1992, p. 62.         [ Links ]

7 Acerca de los tuyubíes véase, Bosh Vila, 1960, op. cit., pp. 13-15.

8 Algunos aspectos de este episodio son narrados en Kitab ar-rawd al-mi’tar: "Los reinos [musulmanes] de al-Andalus se unieron con la mira de recuperar Barbastro-Ahmad b. Sulaiman Ibn Hud, príncipe de Zaragoza y de las regiones dependientes, concentró los contingentes de las Marcas (at-Tugur) y se puso en camino hacia esta ciudad a la cabeza de un importante ejército compuesto de soldados enérgicos y resueltos. Con la ayuda de Allah –¡El sea glorificado y exaltado!– Ibn Hud se apoderó de ella a viva fuerza: los miembros de la guarnición fueron muertos, las mujeres y los niños reducidos a cautividad […] la reconquista de Barbastro por Ibn Hud tuvo lugar el 8 de gumada I de 457 (17 de abril de 1065). Para conmemorar su victoria, ese príncipe tomó desde entonces el título honorífico de al-Muktandir billah. La duración de la ocupación de esta plaza por los cristianos había sido de nueve meses […]". Duque Martín, Ángel (Traducción y comentario), "Aragón y Navarra según el Kitab ar-rawd al-mi’tar,", Argensola: Revista de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, N° 27, Zaragoza, 1956, p. 250. Véase Bosh Vilá, Jacinto; "Al-Bakri: dos fragmentos sobre Barbastro en el "Bayan al-Mugrib" de Ibn Idari y en el "Rawd al-Mi’tar" de Himyari", Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, III, Zaragoza, 1947-1948, pp. 242-261.

9 Viguera Molins, op. cit., 1992, p. 63.

10 Bosh Vila, 1960, op. cit., p. 18.

11 Un capítulo interesante en relación con Yusuf al-Mu’tamin dice relación con sus talentos matemáticos. Tanto él como su padre, Ahmad, fueron grandes científicos. Así queda expresado en la carta que escribe Abu l-Walid al Shaqunti a Abu Yahya ibn al-Mu’allim al-tanji que es recogida por al-Maqqari: "Tienen ustedes en astronomía, geometría o filosofía un rey como al-Muqtadir ibn Hud de Zaragoza? El es un milagro en todo aquello". Al respecto véase: Hogendijk, Jan., "Discovery of an 11th-Century geometrical Compilation: The istikmal of Yusuf al-Mu’taman ibn Hud, King of Saragossa", Historia Mathematica, N°13, Ginebra, 1986, pp. 43-52.

12 Bosh Vila, 1960, op. cit., p. 19.

13 Ibídem, p. 21.

14 Ibídem, p. 22. También nos da cuenta de este suceso: Ibn al Kardabus: "Y en ese año Enrique e Ibn Ramiro con ejércitos, innumerables por su multitud, se dirigieron con al-Musta’in ibn Hud, entonces él salió al encuentro de ellos dos, pero el enemigo lo engañó y fue muerto como mártir en Cámara", Bosh Vila, 1960, op. cit., p. 143.

15 Al respecto nos comenta García Fitz: "(…) Alfonso VI y el llamado régimen de parias resultan paradigmáticos. No pocas veces, la red de relaciones establecida entre reinos cristianos y musulmanes a lo largo del siglo XI –desde la desintegración del califato de Córdoba hasta la imposición de los almorávides–, ha sido considerada como un sistema de "protectorado" en virtud del cual los núcleos cristianos del norte daban amparo militar a los reinos de taifa frente a todo tipo de enemigos, recibiendo en contrapartida enormes cantidades de dinero. Esta política y, sobre todo, el consiguiente drenaje de recursos económicos –las parias–, ha sido comparada o puesta en paralelo con los mecanismos utilizados por la aristocracia para exigir y cobrar rentas a la población campesina, de tal manera que aquel régimen habría de interpretarse como la translación al ámbito de las relaciones entre estados del modelo feudal". En García Fitz, Francisco. "¿Una España Musulmana sometida y tributaria? La España que no fue", Historia, instituciones, documentos, N° 31, Sevilla, 2004, p. 236.         [ Links ]

16 Viguera Molins, op. cit., 1992, p. 184.

17 Ibn al Kardabus nos refiere lo siguiente: "Y cuando él (Alfonso), maldígale Dios, entró en ella (zaragoza) Imad al-Dawla ibn al-Musta’in ibn Hud huyó a Rueda, que era una fortaleza cercana a Zaragoza equiparable a los extremos visibles del cielo, extremadamente inaccesible y elevada. La había dispuesto y construido al-Musta’in ibn Hud y la había pertrechado con medios de subsistencia y armas. Excavó en ella un pasaje subterráneo hasta el río, que construyó hábil y sólidamente –sus escaleras pasaban cuatrocientos escalones–, por lo que no le fueron [jamás] interceptadas la bebida ni la senda. El permaneció en ella años, inabordable para los politeístas, hasta que murió, Dios tenga misericordia de él". En Ibn Al Kardabus, Historia del al-Andalus (Kitab al-Iktifa’), Barcelona, Ediciones Akal S. A., 1986, pp. 144-145.

18 Codera y Zaidín, Francisco, Decadencia y desaparición de los Almorávides en España, Pamplona, Urgoiti Editores, S.L., 2004, p. CXII.         [ Links ]

19 Viguera Molins, op. cit., 1992, p. 189.

20 Codera y Zaidín, op. cit., p. CXIII. Viguera Molins, ídem.

21 Ídem.

22 Véase Codera y Zaidín, op. cit., que afirma: " Zafadola, descendiente de los reyes de Zaragoza, de cuyo dominio sólo conservaba el castillo de Rota (Rueda de Jalón, ó el futuro Monasterio de Rueda), oídas las victorias del rey Alfonso VII, al decir de la Crónica de este Emperador, llamó á sus hijos y mujeres y les propuso entregarse á Alfonso: conformes todos en ello, envío legados; prometiendo presentarse personalmente, si por alguno de sus magnates le enviaba salvo-conducto, como así lo hizo". Vid. tb. Catlos, Brian, The Victors and the Vanquished, Christian and Muslim of Catalonia and Aragon, 1050-1300, New York, Cambridge University Press, 2004, p. 75.         [ Links ]

23 "Como resultado de las conversaciones mantenidas, al-Mustansir cedió al Sultanito la fortaleza (hisn) de Ruta (Rota)". En Ibn Al-Atir, Al-Kamil fi ta’rij, Beirut (Ed.), Tornberg, reed., 1979, X, p. 33.

24 CAI. op. cit., I, 27-29.

25 CAI, Ibídem, I, 63, 179. Véase tb. García Fitz, 2004, op. cit., p. 238.

26 García Fitz, 2002, op. cit., p. 87.

27 Ibídem, p. 108.

28 García Fitz, 2004, op. cit., p. 238. Véase tb. el texto de, que complementa lo anterior afirmando: "Luego yo [Alfonso VII] saldré contigo personalmente, con mis ejércitos y mis héroes y dominaré contigo a esos territorios. Tú los invitarás (a los musulmanes) a que te obedezcan, y a quien esté conforme contigo y entre en tu comunidad, le dejarás personas de tu confianza junto a él y nombrarás a tus gobernadores sobre el; mientras, yo le protegeré de los ataques cristianos, pues seré para ellos (para los musulmanes) como el padre solícito y compasivo. Espero que nadie se abstenga de aceptarle, pues ya los almorávides les han hecho gastar los más intensos castigos y todos los aborrecen, y su deseo es que su rey, que está postrado, se manifieste. Y si ellos (los almorávides) pusiesen mano sobre ti, no quedaría un [solo] hombre en su asamblea, pues a ellos (a los andalusíes) no les ha quedado de los descendientes de sus reyes uno, excepto tú". Ibn Al Kardabus, 1986, op. cit., pp. 145-146.

29 García Fitz, 2002, op. cit., p. 108.

30 "Fecha fue aquesta firme carta en Era de mil y ciento y setenta y una, cinco dias andados de las nonas de Mayo. Reinava el rey D. Alfonso y el conde Remon y Doña Urraca fija de la reina y la reina Doña Verenguela, cuando se tornó a Zafra y adunó consigo Zefadolan de Methadoler que reinaba en España sobre los moros antelucinos". En Muñóz y Romero, Tomás, Colección de fueros municipales y cartas pueblas de los reinos de castilla, León, Corona de Aragón y Navarra, Madrid, Imprenta de Don José María Alonso, 1847, p. 511.         [ Links ]

31 García Fitz, 2004, op. cit., p. 239.

32 García Fitz, 2002, op. cit., p. 109.

33 Ídem.

34 Ibídem, p. 89.

35 En CAI. op. cit., I, 35-26 se cuentan las correrías de las tropas alfonsinas y sus vasallos por Andalucía, pero respecto al trato diferenciado entre los musulmanes hispanos y los norteafricanos se dice: "Sed et omnis exercitus castra metatus est in terra Sibilie et quotidie exibant de castris magne turbe militum, quod nostra lingua dicimus algaras, et ibant a dextris et a sinistris. Et predauerunt totam terram Sibilie et Cordube et Carmone et miserunt ignen in totam illam terram et in ciuitates et in castella, quorum multa inueniebantur absque uiris, omnes enim fugerant. Et captiuationis, quam fecerunt, uirorum et mulierum non erat numerus, sed et predationis equorum et equarum, camelorum et asinorum, boum quoque et ouium et caprarum non erat numerus; frumenti, uini et olei abundantiam in castra ferebant. Sed et omnes synagoge eorum, quas inueniebant, destructe sunt. Sacerdotes uero et legis sue doctores, quoscumque inueniebant, gladio trucidabant, sed et libri legis sue in sinagogis igne combusti sunt. Predantes uero milites a castris regis octo dietas progrediebantur diebus octo cum preda reuertentes ad castra". CAI, ibídem, I, 36.

36 García Fitz, 2002, op. cit., p. 111. También Dozy, Reinhart, Historia de los musulmanes de España II, Buenos Aires, Emecé Editores, S.A., 1946, p. 477.         [ Links ]

37 "Hoc uidentes principes Agarenorum secrete mittebant nuntios regi Zafadole dicentes: ‘Loquere cum rege Christianorum et cum eo libera nos de manibus Maobitarum. Et dabimus regi Legionensi tributa regalia amplius quam patres nostri dederunt patribus suis et recum securi seruiemus illi et tu regnabis super nos et filii tui". CAI, ibídem, I, 41. Según Codera: "Nada sabemos de los resultados prácticos de las pláticas iniciadas en el año 1133, ni aún si siguió gestionando o preparando el terreno para una sublevación general: probablemente no se consiguió más que fomentar el descontento contra los almorávides", Codera y Zaidín, op. cit., p. 74.

38 "[Zafadola] no llegó a un sitio que no se le excluyese como a un desarraigado o contrario, y nadie le prestó obediencia, ni hubo nadie que se alegrase en una aldea por él, ni se divulgó [su novedad].

Porque temía, si se sometían a él, que el enemigo los dominaría y obraría como dueño y señor de ellos, o los mataría y haría perecer. No obstante estar todos ansiosos de él, no se adhirieron a él con sus personas." Ibn Al Kardabus, 1986, op. cit., p. 146.

39 García Fitz, 2004, op. cit., p. 240.

40 "Videntes autem Moabites et Agarren, qui erant in Aluat, quod capta esset Coria, magno timore perterriti sunt et abeuntes reliquerunt castellum uacuum. Venerunt autem uiri Christiani Auile et Salamantice et destruxerunt illud usque ad fundamentum. Et in subsequeti anno uir bellicosissimus predictus Munio Adefonsi, quem Toletanum alcaydem supra diximus, elegit sibi nongentos milites ex fortissimis Toleti et aliarum ciuitatum Toletanorum et Auile et Secobie et mille pedites electos et, sicut erat assuertus, ascendit cum eis in mediam campaniam Cordube et fixere ibi sua tentoria accepitque aurum et argentum et opes magnas fecitque magnam captiuitatem et fecit magnus cedes per totam campaniam Cordube. Et euasit quidam captiuus Sarracenus et fugit et abiit ad regem Azuel Cordube et ad Auencera, regem Sibilie, qui erant in unum congregati et querebant consilium, quomodo facerent bellum in terra Christianorum et uenirent Tolerum, sed non inueniebat illud consilium opportunum. Et subito superuenit ipse Sarracenus, qui fugerat a Christianis, et nuntiauit in conspectu eorum omnia quecumque fecerant Christiani in terra eorum". CAI, op. cit., II, 67.

41 CAI, ibídem II, 92.

42 CAI, ibídem II, 94. Según Codera: " Y efectivamente, en aquello mismo año se hizo general la sublevación que en Mértola había iniciado Ahmed Abencasi, probablemente sin conexión con estas tendencias; pero si Zafadola no fue el primero ni el más afortunado de los que se levantaron contra los almorávides, fue indudablemente el de más nombradía y prestigio entre los musulmanes españoles, y su autoridad fue reconocida en varios puntos, bien que de un modo poco duradero, pues probablemente no merecía el prestigio de que gozaba, más por su ascendencia y edad que por sus méritos propios", Codera y Zaidín, op. cit., p. 78.

43 García Fitz, 2002, op. cit., p. 97.

44 Ibídem, p. 98.

45 Todas las vicisitudes en CAI, op. cit., II, 96-98. "Ninguna de las dos versiones aclara, en términos políticos, la muerte de Zafadola. Sólo un accidente o un malentendido, razón que subyace en las dos narraciones, podría explicar un asesinato que en nada beneficiaba a los planes de Alfonso VII. Desde luego, desconocemos que existieran diferencias de criterio entre el Emperador y su vasallo, y ningún indicio permite sospechar que las relaciones entre ambos se hubieran deteriorado. Quizás por ello la declaración de inocencia que el cronista atribuye a Alfonso VII cuando éste supo la noticia, tenga tintes de sinceridad". García Fitz, 2002, op. cit., p. 98. Codera, por su parte, afirma: "No aparecen claras las circunstancias de la batalla en la que Zafadola pierde el trono y la vida: Abenalabar dice que á las pocas noches de haber hecho entrega de los negocios en poder de Abeniyad, se dirigieron ambos á Jativa, á donde ya se les había delantado, con el ejército de Valencia, Abdala Abensaad: había éste salido en persecución de los cristianos, que talaban la comarca: eran éstos los soldados del tirano Alfonso (VII), y cuando se encontraron ambos ejércitos, después de haberse unido las tropas de Valencia y Murcia, trabada la batalla, murieron Abenhud y Abensaad, salvándole Abeniyad.

Esta batalla perdida por los muslimes se dio en el lugar conocido por Alloch, en la llanura cerca de Chinchilla, el 5 de febrero de 1146, aunque se dice que fue el sábado siguiente: algunos autores le llaman la batalla de Albacete, y por haber muerto en ella Abensaad, es conocido por el de (la batalla de) Albacete".

En los Anales Toledanos se hace mención de esta batalla y de sus resultados con estas lacónicas palabras: "Lidió Çahedola con los Christianos é matáronlo en el mes de Febrero, Era 1184": fecha que concuerda perfectamente con la que hemos tomado de Abenalabar". Codera y Zaidín, op. cit., p. 78, pp. 86-87.

46 Caruana Gómez de Barrera, Jaime, "Cómo y porqué la provincia de Murcia pasó a ser de reconquista castellana", Miscelánea Medieval Murciana, N° VII, Murcia, 1981, p. 42.         [ Links ]

47 Ante la conquista de Calatrava, Alfonso VII donó a la Iglesia de Toledo la mezquita mayor de esa ciudad con todas sus heredades y posesiones para que fueran dedicadas al culto cristiano. De igual manera, el Arzobispado toledano se benefició del diezmo de todos los derechos reales en esa población. García Luján, José Antonio, Privilegios Reales de la Catedral de Toledo (1086-1462). Formación del Patrimonio de la S.J.C.P. a través de las donaciones reales, Toledo, Tomo I, Estudio. Caja de Ahorros, 1982, Doc. 18 (13 de febrero de 1147).

 


Recibido: enero 2016
Aceptado: noviembre 2016

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