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Cuadernos de historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.45 Santiago dez. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432016000200009 

DOCUMENTOS

Noveno Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile (1933): nómina de los asistentes

Ninth national congress of the communist party of Chile (1933): list of attendants 

 

Alfonso Salgado Muñoz1

 1 Doctor en Historia por Columbia University. Correo electrónico: as3918@columbia.edu


Resumen

El documento transcrito es una nómina parcial de los asistentes al Noveno Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile, realizado a inicios de 1933, en base al registro de ingresos diarios de la Cárcel Pública de Santiago. La nómina incluye rica información socio-demográfica de cada uno de los congresales. Entre los detenidos se encuentran miembros del Comité Central y secretarios regionales; en total, más de setenta líderes comunistas.

Palabras clave: Partido Comunista de Chile, comunismo, Comité Central, dirigencia comunista.


Abstract

The document herein transcribed is a non-exhaustive list of the participants in the 9th National Congress of the Communist Party of Chile, based on documentation from Santiago’s Public Prison. The list includes personal information of each of the detainees. The document lists leaders of the party’s national and regional bodies –all in all, more than seventy communist leaders.

Key words: Communist Party of Chile, Communism, Central Committee, Communist leadership.


 

Introducción 

El Noveno Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile (PCCH), también conocido como IX Congreso o Congreso de Lo Ovalle, ocupa un lugar destacado en la memoria histórica de dicha colectividad política, no tanto por los acuerdos que en él se adoptaron, sino por el lugar en que este tuvo lugar: la Galería Nº 15 de la Cárcel Pública de Santiago. Este congreso estaba programado para realizarse entre fines de marzo e inicios de abril de 1933 en una casaquinta ubicada en Santa Elisa 84, en la comuna de Lo Ovalle (hoy La Cisterna), propiedad del escultor Florencio Aravena, donde se alojarían alrededor de ochenta congresales. El congreso comenzó a sesionar el domingo 26 de marzo, algo más tarde de lo planeado, debido al retraso de dos delegaciones del norte. Los asistentes, que por medidas de seguridad tenían prohibido abandonar la propiedad, fueron sorprendidos por la policía de investigaciones entre la noche del jueves 30 y la madrugada del viernes 31, mientras dormían. Tras una breve estadía en la Tenencia de Lo Ovalle y en la Sección de Investigaciones de Santiago, los detenidos fueron trasladados a la Cárcel Pública. El Noveno Congreso adquirió carácter épico ya que los congresales decidieron continuar sesionando dentro de la cárcel, en vistas que se hallaban todos juntos en la misma galería, como orgullosos lo recordaron Carlos Contreras Labarca, Juan Chacón Corona y José Vega Díaz, y como lo ha documentado el historiador Iván Ljubetic Vargas2.

Características del registro

El documento que aquí se transcribe es una nómina parcial de los asistentes a dicho congreso, en base al registro de ingresos diarios de la Cárcel Pública de Santiago, que se conserva, en precarias condiciones, en el Archivo Nacional de la Administración3. En los registros carcelarios de aquellos años se acostumbraba anotar no solo el nombre del detenido y la causa de su detención, sino también una batería de datos personales (edad, profesión, estado civil, etc.), y esta ocasión no fue la excepción. Se trata, entonces, de una nómina que permite conocer con cierto detalle la composición social de la dirigencia comunista.

El Partido Comunista de Chile

El primer lustro de los años treinta fue un período difícil para Chile y para el PCCH en particular. La Gran Depresión golpeó con fuerza a nuestro país, generando una ola de descontento social. El dictador Carlos Ibáñez del Campo fue la primera, pero no la última víctima de los estallidos sociales de aquellos años. Tras su caída, en julio de 1931, se sucedieron una serie de gobernantes y conatos de golpe. El PCCH vio en esta crisis el derrumbe inminente del capitalismo, confirmando los presagios de la Internacional Comunista, o Komintern, y con su retórica revolucionaria aportó una cuota no menor de inestabilidad a la caótica situación reinante. El partido apoyó, por ejemplo, el levantamiento de la marinería en agosto de 1931, intentando radicalizar el movimiento, y militantes de base tuvieron cierta participación en el frustrado asalto al cuartel del regimiento Esmeralda, en Copiapó, a fines del mismo año. La encendida retórica ultra-revolucionaria del PCCH se hizo también sentir en junio de 1932, durante la fugaz República Socialista, cuando los líderes comunistas llamaron a desoír a la Junta de Gobierno y formar soviets. Los partidos de derecha y los gobernantes de turno amplificaron el discurso tremendista del PCCH, justificando así la represión. Todo ello contribuyó a que el PCCH viviera en un estado permanente de semi-clandestinidad durante la primera mitad de la década4.

 El Congreso Nacional de 1933

El Noveno Congreso puede ser considerado un hito de mediana importancia en el tortuoso proceso de bolchevización del PCCH, ocurrido a fines de los años veinte e inicios de los treinta. Por bolchevización debe entenderse no solo “la sustitución de la estructura asambleísta del partido por una de células”, sino también “la intervención directa del Secretariado Sudamericano [del Komintern] en la definición de la línea política del partido y en la conformación de sus órganos directivos”5. El Secretariado Sudamericano, organismo creado en 1926, empezó a intervenir activa y frecuentemente en el PCCH hacia 1929, frustrado por la independencia del partido chileno y el caudillismo de sus líderes. La creación de una dirigencia nacional monolítica y dócil a los designios del Komintern no se completó sino hasta mediados de 1933, tras una serie de purgas. La Conferencia Nacional de julio de 1933 es por lo general considerada el hito final de este proceso, para algunos incluso “el hito refundacional del comunismo”6, ocupando el Noveno Congreso el sitial de congreso preparatorio de la conferencia en cuestión o el de iniciativa refundacional original, eventualmente frustrada por la detención de sus asistentes7.

La decisión de realizar un congreso nacional en marzo de 1933 fue, en cierto sentido, una respuesta apresurada de la dirigencia comunista al desafío lanzado por un grupo de exmilitantes liderados por Manuel Hidalgo Plaza. Tras su expulsión a inicios de la década del treinta, los “hidalguistas”, como se conoce a este grupo de disidentes, llamaron constantemente a la reunificación del comunismo chileno, emplazando a la dirigencia a medir fuerzas en un congreso nacional. La dirigencia comunista, liderada entonces por Carlos Contreras Labarca y Elías Lafertte Gaviño, no estaba mayormente interesada en convocar a un congreso nacional, menos aún en los términos planteados por los hidalguistas. De hecho, en los primeros meses de 1933, la atención de la dirigencia estuvo concentrada en la organización de otros dos torneos, ambos de menor importancia: una Conferencia Nacional contra la Guerra y un Congreso Nacional de la FOCH. Pero la situación cambió en marzo de 1933, cuando los hidalguistas tomaron la iniciativa y convocaron ellos a un congreso nacional, invitando tanto a los disidentes como a quienes militaban en el PCCH. Este congreso tuvo finalmente lugar el 19 de marzo, en un local de la calle Andes, en Santiago, y no fue interrumpido por la policía. Dicho congreso dio nacimiento a la Izquierda Comunista, que se adhirió a la Oposición de Izquierda Internacional, liderada por León Trotski. Demás está decir que al congreso del 19 de marzo asistieron solo hidalguistas, así como al Congreso de Lo Ovalle asistieron solo “lafertisttas”, como se conoce a quienes apoyaban al grupo dirigente8.

La pugna entre hidalguistas y laferttistas databa de fines de los años veinte, cuando Hidalgo pasó a formar parte de un Comité Central Provisorio, que tenía por tarea reorganizar al PCCH, muy golpeado por la dictadura de Ibáñez. Hidalgo era de la idea de aprovechar los resquicios existentes y crear un partido legal de carácter instrumental, evitando así el aislamiento político. El Secretariado Sudamericano del Komintern se opuso a esta decisión, empeñado como estaba en promover la bolchevización de los partidos comunistas de la región y la confrontacional línea del frente único. Vittorio Codovilla, a cargo del Secretariado Sudamericano, buscó entonces desautorizar a Hidalgo y desplazarlo de la dirigencia, lo que finalmente logró en agosto de 1930, cuando por primera vez se formó un Comité Central afín al Secretariado Sudamericano, si bien aún no adicto. Hidalgo y sus seguidores fueron expulsados poco después, pero el conflicto siguió latente por algunos años, al menos hasta 1933, pues tanto la dirigencia comunista, liderada por Contreras Labarca y Lafertte, como la fracción disidente, liderada por Hidalgo, reclamaban para sí el nombre de Partido Comunista de Chile9.

La importancia de la dirigencia comunista que emerge a inicios de los años treinta, y que se consolida hacia 1933, no es menor. Esta dirigencia, purgada de disidentes, le otorgó al PCCH estabilidad, facilitando la solución de conflictos sin quiebres significativos. Tras su ascensión a la secretaría general en 1931, Contreras Labarca permaneció en el cargo por una década y media, con el respaldo tácito de los viejos líderes de extracción obrera (v.gr., Lafertte) y de los nuevos cuadros empoderados por el Komintern (v.gr., Galo González). Todo ello contrasta con la inestabilidad de los liderazgos comunistas en los años veinte y con la lucha fratricida que desgarró al partido a inicios de los treinta. Esta nueva dirigencia llegó a ser, en palabras del historiador inglés Andrew Barnard, “un grupo relativamente unido y cohesionado, cuyos miembros ocuparon posiciones prominentes en el Partido durante una generación y más”10, lo cual permitió proyectar, en palabras de la historiadora ruso-chilena Olga Ulianova, “una continuidad ideológica y orgánica de larga duración, sustentada en un difícil pero logrado equilibrio entre la identidad kominterniana y la cultura política chilena”11.

El documento transcrito abajo contiene información correspondiente a 73 individuos, todos varones, acusados de transgredir la Ley de Seguridad Interior del Estado. Estos individuos fueron listados consecutivamente en el registro carcelario de ingresos diarios, el 1º de abril de 1933, con números identificatorios que van del 2319 al 239212. Otras fuentes hablan de 80 o más detenidos. Por ejemplo, en sus reminiscencias de aquellos años, Juan Chacón Corona recuerda que “[m]ás de ochenta delegados” se reunieron en Lo Ovalle y José Vega Díaz que la policía cargó en cuatro camiones a “los 82 delegados”13. Por regla general, la prensa de la época habla de 80 detenidos. Sin embargo, en el registro en cuestión no me ha sido posible hallar más que a 73 individuos detenidos por el motivo indicado en la fecha señalada. Mi impresión es que la prensa hablaba de 80 detenidos pues era una cifra más concisa y llamativa, pero que el número de detenidos era en realidad algo menor. De hecho, algunas noticias mencionan setenta y tantos detenidos, no ochenta14. El número exacto de detenidos es difícil de determinar. Las listas de detenidos publicadas en la prensa15, que me han servido para contrastar datos, tampoco permiten zanjar el asunto, pues en ellas hay omisiones y reiteraciones. Lo que es seguro es que al menos 77 asistentes al Noveno Congreso fueron detenidos, pues, fuera de los 73 detenidos identificados en el registro carcelario y cuyos nombres se transcriben en el documento, fueron también detenidas tres mujeres (Edelmira Farías, Ana Gutiérrez Sandoval e Inés Aravena Villalón, esta última hija del dueño de casa) y el diputado José Vega Díaz. Las mujeres fueron trasladadas a otros recintos penitenciarios: dos de ellas a la Casa Correccional y otra a la Casa de Menores. Vega Díaz, por su parte, fue dejado en libertad mientras la Corte Suprema resolvía sobre su desafuero.

No es posible conocer el cargo partidario de cada uno de los 73 detenidos, pero entre ellos hay “integrantes del Comité Central y secretarios regionales, además de algunos integrantes del grupo estudiantil ‘Avance’: Tomás Chadwick, Arturo Sepúlveda, Luis Hernández Parker, Raúl Alvarado y Soria”, como recuerda Vega Díaz en sus memorias16. “Raúl Alvarado” es en realidad Roberto Alvarado, en ese entonces Presidente de la Federación de Estudiantes de Chile, y “Soria” es César Soria, un estudiante universitario de origen colombiano17. Luis Hernández Parker era no solo miembro del grupo Avance sino también secretario general de la Federación Juvenil Comunista, y como tal acostumbraba a participar en las sesiones del Comité Central y del Buró Político del PCCH18. Fue expulsado por traición en 1934, aunque después fue reincorporado y vuelto a expulsar19. Tomás Chadwick y Arturo Sepúlveda fueron expulsados en la Conferencia Nacional de julio de 1933, acusados de simpatías hidalguistas20. En último término, el PCCH decidió prescindir del grupo Avance, cada vez más influenciado por el trotskismo21.

En lo que respecta al resto de los detenidos, no siempre es fácil saber con certeza si se trata de miembros del Comité Central o de secretarios regionales. Hay algunos, que por su relevancia pública (como es el caso de Carlos Contreras Labarca) o su rol protagónico en la orgánica interna (como es el caso de Galo González Díaz y Braulio León Peña) se pueden incluir con cierto grado de certeza entre los miembros del Comité Central, pero estos son los menos. El Comité Central estaba en ese entonces compuesto por treinta individuos –acostumbraba a ser más pequeño, pero había sido expandido en febrero de 193222. Mi impresión es que la mayoría de los miembros de dicho comité se hallaban presentes al momento de la detención y se encuentran por lo tanto en la lista abajo transcrita. Sin embargo, hay ausencias notables: Elías Lafertte, Salvador Ocampo, Andrés Escobar, Marcos Chamudes, etc. Algunas de estas ausencias son explicables. Lafertte se encontraba viajando de manera clandestina a Montevideo, pues había sido elegido delegado a un congreso continental y en Chile había además una orden de detención en su contra; de hecho, según la prensa, la casaquinta de Lo Ovalle fue allanada en búsqueda de Lafertte23. Ocampo, al parecer, había sido detenido por la policía con anterioridad24. Otras ausencias son solo motivo de conjetura. Es probable que algunos líderes relevantes del PCCH no hayan asistido al congreso por encontrarse realizando tareas clandestinas o por resguardar la integridad de la organización. En sus memorias, por ejemplo, Vega Díaz señala que “miembros del Comité Central que actuaban en la ilegalidad organizaron la realización de los actos del Primero de Mayo con vista a liberar a los detenidos”25.

Decidí transcribir todos las columnas que aportan información relevante respecto a los detenidos, excluyendo las columnas con información que dice exclusiva relación con la detención en sí misma (v.gr., la fecha de entrada del detenido, el delito del que se le acusa, la autoridad que decretó la detención) y las columnas que no aportan datos relevantes por no haber sido completadas (v.gr., la religión del detenido) o haber sido completadas de manera desprolija (v.gr., el grado de instrucción del detenido). No es fácil saber por qué algunas columnas fueron completadas (v.gr., estatura) y otras similares no lo fueron (v.gr., peso), pero mi impresión es que esto se debió a las prácticas habituales del llenado de registros carcelarios de la época y a la disponibilidad de tiempo de los encargados. Según las instrucciones para el llenado del registro, la mayor parte de los datos debían completarse en base a lo indicado en la orden de detención o la copia de la sentencia (que, en este caso, no fue expedida sino hasta varios meses después), o, en su defecto, en base a lo que dijere el detenido al ingresar a la cárcel. Es imposible saber con certeza de dónde proviene exactamente cada pedazo de información registrada, pero lo cierto es que algunas columnas contienen información más fiable (v.gr., nombre propio, edad, nombre de los padres) que otras (v.gr., filiación, número de hijos).

El documento original está en letra manuscrita. He hecho lo posible para transcribirlo fielmente. En las poquísimas ocasiones en que no he podido descifrar la escritura con certeza lo he indicado mediante el símbolo de interrogación, entre corchetes. Para facilitar la lectura del documento, he decidido agregar comas y tildes; completar nombres propios y términos abreviados; corregir errores ortográficos; y, ocasionalmente, invertir el orden de nombres y apellidos. Además, me he tomado la libertad de sintetizar la información de algunas columnas: aquella que informa de la cantidad de veces que el detenido ha estado preso, ya que, en el documento original, la información en cuestión estaba dividida en cinco columnas distintas; y aquella que informa de la edad del detenido, puesto que, en el documento original, dicha información está dividida en nueve columnas distintas, de acuerdo a distintos tramos etarios.

 

Listado





 

Notas

2 Ljubetic, Iván, El Partido Comunista de Chile. Un joven de más de cien años. Ensayo de historia política y social de Chile. Volumen 1, Santiago: Ediciones Horizonte, 2015, pp. 173-178;         [ Links ] Varas, José Miguel, Chacón, Santiago: Imprenta Horizonte, 1968, pp. 86-88;         [ Links ] Vega Díaz, José, “Aprendiz de comunista. Capítulo III”, Principios 133 (Santiago), febrero-marzo 1970, pp. 95-96. Los recuerdos de Carlos Contreras Labarca están incluidos en Chacón. Para la escritura de este primer párrafo y del estudio crítico en general, también me ha sido de utilidad la información publicada en El Diario Ilustrado (Santiago), El Mercurio (Santiago), La Opinión (Santiago) y La Nación (Santiago).

3 “Registro Carcelario”, Cárcel Pública de Santiago, Volumen 332, fojas 94-95, Archivo Nacional de la Administración (en adelante, ARNAD).

4 La información de este párrafo y de esta sección está principalmente basada en: Barnard, Andrew, “The Chilean Communist Party, 1922-1947”, tesis doctoral, University of London, 1977, pp. 112-163;         [ Links ] Barnard, Andrew, “El Partido Comunista de Chile y las políticas del tercer período, 1931-1934”. En Ulianova, Olga, Manuel Loyola y Rolando Álvarez (Eds.), 1912-2012. El siglo de los comunistas chilenos, Santiago: Instituto de Estudios Avanzados, 2012;         [ Links ] Furci, Carmelo, El Partido Comunista de Chile y la Vía Chilena al Socialismo, Santiago: Ariadna Ediciones, 2008, pp. 58-65;         [ Links ] Massardo, Jaime, La formación del imaginario político de Luis Emilio Recabarren. Contribución al estudio crítico de la cultura política de las clases subalternas chilenas, Santiago: Lom, 2008, pp. 36-56;         [ Links ] Muñoz Carrillo, Gabriel, “Disputa por el comunismo en Chile: estalinistas y oposicionistas en el partido de Recabarren”, tesis de licenciatura, Universidad de Chile, 2014;         [ Links ] Ulianova, Olga y Alfredo Riquelme, eds., Chile en los archivos soviéticos, 1922-1991. Tomo 1: Komintern y Chile, 1922-1931, Santiago: Ediciones de la Dibam, 2005;         [ Links ] Ulianova, Olga y Alfredo Riquelme, eds., Chile en los archivos soviéticos, 1922-1991. Tomo 2: Komintern y Chile, 1931-1935, Santiago: Ediciones de la Dibam, 2009;         [ Links ] Urtubia Odekerken, Ximena, Hegemonía y cultura política en el Partido Comunista de Chile: la transformación del militante tradicional, 1924-1933, Santiago: Ariadna Universitaria, 2015;         [ Links ] Vega Jara, Mariano, “¿Hidalguismo versus lafertismo? Crisis y disputa por la representación del comunismo en Chile”. En Ulianova, Loyola y Álvarez (Eds.), op. cit., 2012.

5 Ulianova, Olga, “El PC chileno durante la dictadura de Ibáñez (1927-1931): Primera clandestinidad y ‘bolchevización’ estaliniana”. En Ulianova y Riquelme (Eds.), Chile en los archivos soviéticos… Tomo 1, pp. 257-258.

6 Muñoz Carrillo, “Disputa por el comunismo en Chile”, p. 109. Véase, en esta misma línea argumental, Barnard, “El Partido Comunista de Chile”. p. 163; Furci, El Partido Comunista de Chile, p. 63; Ljubetic, El Partido Comunista de Chile; Ulianova, Olga, “República Socialista y soviets en Chile. Seguimiento y evaluación de una ocasión revolucionaria perdida”. En Ulianova y Riquelme (Eds.), Chile en los archivos soviéticos… Tomo 2, pp. 193-194; Urtubia Odekerken, Hegemonía y cultura política, p. 20; Vega Jara, “¿Hidalguismo versus lafertismo?”, p. 113.

7 Ljubetic, El Partido Comunista de Chile, pp. 173-178; Muñoz Carrillo, “Disputa por el comunismo en Chile”, p. 110; Vega Jara, “¿Hidalguismo versus lafertismo?”, p. 113.

8 Muñoz Carrillo, “Disputa por el comunismo en Chile”, pp. 125-129; Vega Jara, “¿Hidalguismo versus lafertismo?”, pp. 112-113; La Opinión (Santiago), 1 de abril de 1933, pp. 1 y 5, “Porque celebraban sesión secreta fueron detenidos 80 comunistas”         [ Links ]. Véase, además, Partido Comunista, En defensa de la revolución. Informes, tesis y documentos presentados al Congreso Nacional del Partido Comunista a verificarse el 19 de Marzo de 1933, Santiago: Ediciones Luis E. Recabarren, 1933.         [ Links ]

9 Vega Jara, “¿Hidalguismo versus lafertismo?”.

10 Barnard, “El Partido Comunista de Chile”, p. 168.

11 Ulianova, Olga, “Una crisis escuchada como la obertura de la revolución”. En Ulianova y Riquelme (Eds.), Chile en los archivos soviéticos… Tomo 2, p. 25.

12 Solo se ha excluido de la nómina al individuo identificado con el número 2368, pues este fue detenido por razones que no vienen al caso.

13 Varas, Chacón, p. 86; Vega Díaz, “Aprendiz de comunista”, p. 95.

14 Véase, por ejemplo, El Diario Ilustrado (Santiago), 31 de marzo de 1933, p. 8, “Se allanó el Congreso Comunista”         [ Links ]; El Diario Ilustrado (Santiago), 2 de abril de 1933, p. 5, “La Corte aprobó por unanimidad el desafuero del diputado José Vega”         [ Links ]; La Nación (Santiago), 1 de abril de 1933, p. 10, “Los miembros del congreso comunista ingresaron a la cárcel”         [ Links ]; La Nación (Santiago), 2 de abril de 1933, p. 27, “Continúan en la cárcel los delegados comunistas”         [ Links ]; La Nación (Santiago), 7 de abril de 1933, p. 8, “Los comunistas detenidos”         [ Links ]; El Mercurio (Santiago), 2 de abril de 1933, p. 23, “Más de quince horas de abrumadora labor significó el interrogatorio a los comunistas”         [ Links ].

15 La Nación (Santiago), 1 de abril de 1933, p. 10, “Los miembros del congreso comunista ingresaron a la cárcel”         [ Links ]; La Opinión (Santiago), 1 de abril de 1933, pp. 1 y 5, “Porque celebraban sesión secreta fueron detenidos 80 comunistas”         [ Links ]; El Diario Ilustrado (Santiago), 1 de abril de 1933, p. “A la cárcel ingresaron los delegados comunistas”         [ Links ].

16 Vega Díaz, “Aprendiz de comunista”, pp. 95-96.

17 Sobre Roberto Alvarado, véase La Opinión (Santiago), 17 de abril de 1933, pp. 1 y 4, “Desde la Cárcel, el Presidente de la Federación llama a los estudiantes a una Convención Nacional”         [ Links ].

18 Véase, por ejemplo, “Protocolo de la reunión del Buró Político del PCCH”. En Ulianova y Riquelme (Eds.), Chile en los archivos soviéticos… Tomo 2, pp. 288-294.

19 Barnard, “El Partido Comunista de Chile”, p. 161.

20 Muñoz Carrillo, “Disputa por el comunismo en Chile”, pp. 67 y 111.

21 Barnard, “El Partido Comunista de Chile”, p. 155.

22 Barnard, “El Partido Comunista de Chile”, p. 159.

23 La Opinión (Santiago), 1 de abril de 1933, pp. 1 y 5, “Porque celebraban sesión secreta fueron detenidos 80 comunistas”         [ Links ]; La Opinión (Santiago), 16 de abril de 1933, p. 1, “Los agentes buscaban nuevamente a Lafertte y allanaron la Federación de Maestros”         [ Links ]. Sobre el viaje de Lafertte y su posterior detención en Montevideo, véase: Elías Lafertte, Vida de un comunista (páginas autobiográficas), Santiago: n.p., 1961, pp. 255-270; El Mercurio (Santiago), 18 de abril de 1933, p. 10, “Elías Lafertte estaría detenido”         [ Links ].

24 Su nombre aparece en algunas listas de presos políticos publicadas en la prensa de la época. La Opinión (Santiago), 18 de abril de 1933, p. 2, “Quince presos políticos están enfermos de gravedad”         [ Links ]; La Opinión (Santiago), 3 de mayo de 1933, p. 1, “Cuarto día de huelga del hambre cumplen hoy los presos políticos”         [ Links ].

25 Vega Díaz, “Aprendiz de comunista”, p. 96. Ljubetic cita una conversación que tuvo con el mismo Vega Díaz sobre el Noveno Congreso, quien le dijo: “Yo asistí a esa reunión, por derecho propio, por ser uno de los dos diputados que tenía el Partido. El otro, Andrés Escobar, no asistió, no sé por qué. Y se libró”. Ljubetic, El Partido Comunista de Chile, p. 174.

26 Otras fuentes lo identifican como “César Soria Galvarro”.

27 Se trata, en realidad, de “Juan Chacón Corona”. La información personal del registro correspondiente a Chacón no es fiable.

28 Otras fuentes lo identifican como “Guillermo Kitto Saavedra”.

29 Otras fuentes lo identifican como “Carlos Zapata Neira”.

 


Recibido: agosto, 2016
Aceptado: septiembre, 2016

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