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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.36 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432012000100009 

CUADERNOS DE HISTORIA 36
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS
UNIVERSIDAD DE CHILE JUNIO 2012: 169 - 172

RESEÑAS

 

Sergio Grez Toso

Historia del Comunismo en Chile: La era de Recabarren (1912-1924) Lom Ediciones, Santiago, 2011, 387 páginas. ISBN 978-956-00-0251-8.

La Historia del Comunismo en Chile: La era de Recabarren (1912-1924), de Sergio Grez Toso, es un libro que se presenta como el segundo de una trilogía sobre los orígenes de la izquierda y los partidos obreristas en Chile. Esta obra enorme está compuesta por el ya editado Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de la "Idea" en Chile (18931915) (2007) y una historia del Partido Democrático, pronta a terminar.


En general, y al igual que en otras obras del autor, como De la Regeneración del pueblo a la Huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890) (1998, primera edición), la obra se inserta en una historiografía política y social, que de cuando en cuando resurge de los olvidos impuestos por los nuevos énfasis temáticos que se han instalado como renovación académica. En este prisma, existe una tarea emprendida como principio por Grez, y es la de mirar la lucha política en la historia del movimiento obrero, como su campo central y constituyente. En lo específico a este volumen, el esfuerzo por reconstruir y narrar la historia de los comunistas chilenos, durante el siglo XX, se produce como fragmento de una unidad mayor en la historia de los chilenos, a saber, la de los elementos organizados y originales del movimiento popular.

Durante la mayor parte del siglo XX, la historia del Partido Comunista fue una tarea realizada desde la oficialidad orgánica del mismo partido. Desde allí, en una línea conformada por autores como Hernán Ramírez Necochea, Jorge Barría Serón o Julio César Jobet, la elevación historiográfica de los elementos conscientes y más politizados del proletariado industrial moderno era vista como un escalón ineludible en el devenir revolucionario perfectamente delineado por el catecismo. En esta historiografía, la emergencia y desarrollo del comunismo en Chile se verificó como inextricable del desarrollo mismo de las clases trabajadoras. Para ello, el uso acrítico del marxismo de manual y cierto idealismo economicista habrían llevado a forzar las interpretaciones sobre la realidad histórica, lo que sumado a un cierto desconocimiento material del desarrollo socioeconómico del Chile del siglo XX, dio como fruto la adaptación de los orígenes de la Izquierda a la visión etapista del bolchevismo clásico. Según esta tesis, todo esfuerzo de organización pre política de la clase trabajadora tendía al devenir de un partido único de este grupo social, una etapa de lucha economicista en la legalidad burguesa y una definición de las contradicciones políticas definitivas.

Posteriormente y tras la derrota del socialismo revolucionario chileno en 1973, la aparición de la Nueva Historia Social como referente renovador en la historia del campo popular, hacia fines de los años 80 del siglo pasado, generaría un olvido más o menos intencionado del elemento organizado del movimiento popular. Su reemplazante temático fueron las mismas prácticas e identidades declaradas pre políticas por el marxismo clásico, ahora elevadas desde una mera "etapa" a una situación idealizada. De esta forma, la historia del campo popular tuvo por centralidad las rebeldías primitivas o los estallidos supuestamente inorgánicos o espontáneos. Con estos cambios de énfasis entre los historiadores de lo popular, la historia del Partido Comunista chileno y sus militantes pasó de la exaltación teleológica y dogmática a la negación de su carácter o incluso existencia, como conducción política del obrerismo chileno.

Esta situación cambiaría hacia fines de los años 90, con el resurgimiento del estudio del comunismo chileno, ahora, casi libre de dogmatismos o negaciones y con la calma analítica que paradójicamente otorgó la pérdida de incidencia política del partido con los gobiernos civiles. En manos de autores como Manuel Loyola, Jorge Rojas F., Olga Ulianova, Alfredo Riquelme, Julio Pinto, Carmelo Furci, Rolando Álvarez, Jaime Massardo, Augusto Varas, entre otros, la investigación sobre los orígenes y desarrollo del comunismo en el país retomó el interés de la historiografía, centrándose en sus relaciones internacionales, la vida y obra del fundador Luis Emilio Recabarren y los años de la dictadura de Pinochet y la posterior transición. En este renovado impulso faltaba un estudio profundo de los orígenes del Partido Comunista, de su periodo como Partido Obrero Socialista, y es ese el objetivo que logra el trabajo de Sergio Grez.

El libro comienza, al igual que la mayoría de los textos del autor, con un balance de lo hecho hasta ahora en la materia, el estado del arte, donde después de criticar las perspectivas marxista clásica y de la Nueva Historia Social para el objeto, afirmará los lineamientos gruesos de su trabajo. Grez también justifica aquí el problema científico detrás de su obra, indicando que "El acervo de conocimientos y fuentes disponibles hacía necesario -y posible- un avance cualitativo que permitiera superar muchas de las limitaciones y lagunas historiográficas (...) La 'era de Recabarren' en la historia del socialismo y del comunismo chilenos es una unidad de tiempo histórico lo suficientemente indeleble como para justificar plenamente este corte cronológico"1.

La obra se desliza desde allí hacia sus dos grandes partes. Una, desde los orígenes de la corriente socialista en el Partido Demócrata, su fraccionamiento hasta la fundación del Partido Obrero Socialista (POS) y sus primeros años como partido. La otra, desde la adscripción al comunismo internacional con sede en la Rusia revolucionada, hasta la muerte de Recabarren. En la primera parte, el lector encontrará definiciones sobre viejos dilemas del tema, como la fecha exacta de fundación del POS y los orígenes de las diferencias entre los autores al respecto, también una fría descripción de la dispersión e inactividad del Partido como organización nacional en sus primeros años. Grez revisa con profundidad la relación del POS con la Federación Obrera de Chile (FOCH) y como esta fue cooptada por los comunistas sin mayores traumas, para de ahí afincarse hacia la mayor prueba de madurez de la novel organización, las elecciones de 1920 y la masiva movilización popular de apoyo a Alessandri. Se puede sostener que esta parte del libro es fundamental en la comprensión de los procesos de politización del obrerismo socialista chileno, así como también en su tránsito desde el anti capitalismo cándido de las primeras corrientes de reforma social, nacidas a fines del siglo XIX, hacia la frialdad de la lucha de clases comprendida como motor de la lucha por el poder, tan propia del siglo XX y descrita con claridad en el último capítulo de esta sección, "La última disyuntiva del POS: ¿Partido único de la clase obrera o Partido Comunista?".

La distancia que cobra Grez con las dos interpretaciones de la historia de lo popular antes citadas es importante de destacar. Primero, estableciendo la naturaleza real de la relación entre el POS y la FOCH, con las complejidades y avatares propios de la relación entre revolucionarios y sindicalistas que el marxismo clásico no notaba. Asimismo, es capaz de defender con solidez la relevancia crucial que tuvo el POS, como partido y referente, en la construcción clasista del obrerismo chileno.

La segunda parte es más breve en la extensión temporal del periodo que revisa, pero mucho más intensa en la práctica política del ahora Partido Comunista de Chile. El relato documentado del proceso de crecimiento e institucionalización de la organización se verá en las dos vías de avance. Una, su inserción potente entre las filas del movimiento obrero, desde los ya clásicos feudos socialistas en las salitreras del norte, a la cuenca carbonífera del sur -donde se echa luz en la disputa con los demócratas por la dirección de los trabajadores-y, como segunda línea, el incipiente trabajo hacia los campesinos tras la crisis del salitre. Esto último resulta fundamental en tanto aporta a desmentir el mito del campesinado como un grupo social genuinamente despolitizado y aislado hasta el proceso de Reforma Agraria en los años 60.

Esta es una historia que es tan del Partido como de su imbricación con la FOCH y su propio devenir como sindicato rojo. En esta parte de la obra, la pluma de Grez se encamina a describir el periodo de la organización como comunista, pero aun pre-bolchevique, poniendo el acento en aquellas fuentes que muestran las resistencias a abandonar las "provincianas" prácticas del comunismo chileno. De la misma manera, echa luz sobre el problema de las presiones de Moscú para la bolchevización real e internacionalización del Partido Comunista de Chile, así como en el afianzamiento de las jerarquías, la ideología y la estrategia oficial en la organización. Como bien se explaya el autor, que el libro termine con la muerte de Recabarren no es por el mero fetiche del héroe y tampoco es la antigua práctica de la hagiografía. Más bien es comprender el origen del comunismo chileno, desde ser una pequeña fracción demócrata, a la conversión leninista del primer partido obrerista y revolucionario de importancia. Es una unidad de tiempo y acontecimientos, determinada por la profunda voluntad de su líder y el círculo fundador original de conducción, en que se busca obsesivamente alcanzar la revolución social, la cual necesitaba un relato desapasionado para la comprensión de su peso histórico.

El objetivo, cumplido con creces, es el de documentar un periodo y tema del cual se disponían más mistificaciones que verdades, más reflexiones dogmáticas que interpretaciones fundamentadas, y, por sobre todo, una infravaloración del elemento organizado del movimiento obrero y popular en la historiografía contemporánea. Quienes busquen en esta historia profundas reflexiones sobre la importancia histórica de las organizaciones permanentes en el movimiento obrero, no las encontrarán en este libro. El autor ha realizado ya esa obra en otros momentos2 y no era necesario volver a ello. Tampoco es una obra que abunde en interpretaciones generales al proceso o que decaiga en el ensayo. No parece ser necesario ante la abundancia documental que el volumen ofrece, y esa tarea queda para los lectores e investigadores que se sirvan de sus aportes. La Historia del comunismo en Chile, y de la misma forma la trilogía de la que es parte, es sin duda un trabajo que establece una base de fuentes y relatos de envergadura para la historia política y social del país, una importante pieza en la reconstrucción del periodo denominado de la "cuestión social", y un valioso aporte a la historicidad de los dominados.

 

Luis Thielemann H.
Programa de Doctorado en Historia Universidad de Chile
Becario Conicyt

Notas

1 Sergio Grez Toso, Historia del comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924), Santiago, Lom Ediciones, 2011, p. 19.         [ Links ]

2 Sergio Grez Toso, "Escribir la historia de los sectores populares. ¿Con o sin la política incluida? A propósito de dos miradas a la historia social (Chile, siglo XIX)" - Política, otoño, año/vol. 44 -Universidad de Chile. Santiago, Chile. págs. 17-31. en http://www.revistas.uchile.cl/index.php/RCH/article/viewArticle/10512/10566 y en la Introducció         [ Links ]n a De la "regeneración del pueblo" a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890, Santiago, RIL editores, 2007, 2a ed., pp. 39-49.         [ Links ]