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Cuadernos de historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0719-1243

Cuadernos de Historia  no.36 Santiago jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0719-12432012000100004 

CUADERNOS DE HISTORIA 36
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTÓRICAS
UNIVERSIDAD DE CHILE JUNIO 2012: 85 - 117

ESTUDIOS

 

LA CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE AMÉRICA LATINA EN LA HISTORIOGRAFÍAOBRERA. 1938-1963*

THE CONFEDERATION OF WORKERS IN LATIN AMERICA IN THE WORKING CLASS HISTORIOGRAPHY. 1938-1963

 

Patricio Herrera González**

** Magíster en Historia. Becario Conacyt, doctorando en Historia, Centro de Estudios Históricos, El Colegio de Michoacán, Zamora, México. Correo electrónico: herrerapb@colmich.edu.mx


Resumen: Entre 1938 y 1963, la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) fue la organización sindical más numerosa y de mayores vínculos continentales e internacionales que se tenga registro. La historiografía obrera desarrolló durante la segunda mitad del siglo XX una investigación superficial y acrítica sobre la CTAL. Este trabajo recoge gran parte de esos trabajos, llegando a la conclusión de que hay muchas sombras y pocas luces del histórico protagonismo que le cupo a esta organización sindical en un periodo de suma trascendencia, como fueron la posguerra y los prolegómenos de la Guerra Fría. Para avanzar es necesario dirigir las perspectivas hacia nuevos derroteros.

Palabras clave: CTAL, historiografía, obreros, sindicalismo, comunismo, Guerra Fría.


Abstract: Between 1938 and 1963 the Confederation of Latin American Workers (CTAL) was the largest union and with more international links that have being registered. Labor historiography on the CTAL developed an superficial and uncritical work during the second half of the twentieth century research. This articles reviews many of these studies, concluding that there are many shadows and few lights of the historic role that of this organization in a period of great importance, as were the postwar period and the eve of the Cold War. To advance the prospects need to be directed toward new directions.

Key words: CTAL, historiography, workers, trade unionism, communism, cold war.


Introducción

Los estudios históricos sobre el movimiento obrero latinoamericano han descuidado, por lo general, la influencia que la situación internacional ha ejercido sobre la clase obrera. Sin desconocer que las condiciones internas de cada nación latinoamericana son determinantes para explicar en lo esencial el sistema de dominación, creemos que es indispensable salir de los estrechos márgenes nacionales para comprender la historia de la clase obrera en su conjunto.

La Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), a pesar de sus limitaciones, constituyó el intento más acabado de unificación del movimiento obrero de la región, compartió estrategias con las confederaciones obreras nacionales para solventar las contradicciones estructurales, confiadas en desarrollar su propia "vía revolucionaria" en el continente.

Instituida en el mes de septiembre de 1938, la organización sindical del continente representó a 6.000.000 de trabajadores, hacia 1946. Hoy sabemos que la CTAL colaboró, activamente, en la formación de al menos una decena de confederaciones obreras de la región, en cuyos congresos constituyentes estuvo su presidente, el dirigente Vicente Lombardo Toledano e integrantes del comité central; elaboró informes técnicos sobre la situación laboral de los trabajadores del continente y redactó numerosos estudios sobre la situación económica de la región como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial1; también presentó un proyecto fundamentado sobre la industrialización del continente, con la intención de conseguir la autonomía económica y sacudirse definitivamente del colonialismo e imperialismo2; se preocupó por la situación política de cada país, pero su atención estuvo acentuada en lo sucedido en Argentina, Bolivia, Brasil y Centroamérica; no vaciló en estrechar la mano a los enemigos de la democracia en el continente o de los dilapidadores de las riquezas nacionales, pues el fortalecimiento de la unidad obrera y su bienestar fueron la prioridad de sus consignas; comprometió alianzas con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con los trabajadores de Estados Unidos y Europa; y finalmente concluyó su "misión histórica", en diciembre de 1963, como resultado de la Guerra Fría.

El Departamento de Estado del gobierno de Harry S. Truman, desde 1946, se dispuso a congelar sus relaciones continentales e internacionales, infiltrando a miembros de la American Federation of Labor (AFL) en las confederaciones obreras nacionales, pues su influencia era una amenaza para el reordenamiento de las fuerzas del capitalismo mundial.

Las representaciones historiográficas de la CTAL por sus contemporáneos

La CTAL tuvo una historia que se entrelazó con escenarios nacionales, continentales e intercontinentales, todo lo cual ha quedado desplazado en la historiografía del movimiento obrero local y regional, pues los estudios históricos reconstruyeron el conocimiento desde el acontecer nacional, además existió un profundo desconocimiento, por parte de los especialistas, del rol sindical y político que emprendieron la CTAL y sus dirigentes en las naciones de América Latina y el Caribe.

Una aproximación a las fuentes de primera mano, como memoranda, resoluciones y comunicaciones entre los países; los estudios sociales, laborales, económicos y políticos; los viajes de Lombardo Toledano y los dirigentes por el continente; la vinculación con la Organización Internacional del Trabajo y la Federación Sindical Mundial (FSM) nos conducen a identificar el impacto que tuvo la CTAL en el continente, realidad histórica que aún exhibe un sinnúmero de vacíos, omisiones y distorsiones en las escasas investigaciones desarrolladas entre los años 1946-2009.

¿Cómo explicar que después de 70 años de distancia desde la fundación de la CTAL, en 1938, exista todavía una escasa problematización historiográfica sobre su influencia en la sindicalización obrera del continente y su protagonismo en contextos técnicos, laborales y políticos?

Una lectura atenta sobre las historias obreras, nacionales y regionales nos proporcionan algunas respuestas que exhiben la superficialidad en la investigación sobre la CTAL y su influencia en el movimiento obrero latinoamericano.

Moisés Poblete Troncoso, en su obra El movimiento obrero latinoamericano, del año 1946, publicó un apartado dedicado a la CTAL. Es importante puntualizar que se trató del primer esfuerzo de un autor por esbozar una historia del movimiento obrero de la región, en este sentido estamos frente a un trabajo pionero en su tipo.

La Confederación de Trabajadores de América Latina, que se fundó en el año 1938, fue bien valorada por Poblete Troncoso en su estudio, pues la consideró como parte de la madurez histórica del movimiento obrero y un modelo en la organización sindical de los trabajadores del continente. El autor presenta, a ocho años de la creación de la CTAL, un perspectiva completa de su ideario político y sus reuniones, con tal precisión que establece las discusiones y resoluciones de sus congresos ordinarios, celebrados hasta 1944, y las reuniones efectuadas por su comité central, así como los viajes realizados por su presidente Vicente Lombardo Toledano a los países de la región.

Para S. Fanny Simon, historiadora norteamericana, Poblete elaboró una interpretación profunda sobre la CTAL y sus logros, hasta 1945, pues la información, a juicio de ella, se la habría proporcionado el mismo Lombardo Toledano. Incluso la investigadora va más allá en su señalamiento, pues puntualiza que el conjunto de la información contenida en la obra de Moisés Poblete fue concedida por los informes que la CTAL poseía sobre el movimiento obrero. Al respecto S. Fanny Simon señaló:

The general approach to his subject-matter appears to have been influenced by the war and by his admiration for the CTAL and its leader Lombardo Toledano. Much of the information about the recent labor movements comes almost exclusively from CTAL sources and reflects its point of view3.

Poblete reconoce en su obra el impulso de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) para aglutinar a los obreros del continente en una gran organización, que fuese capaz de construir un nuevo régimen social, con justicia y una democracia inclusiva. En este sentido, el investigador destaca la aspiración de la CTAL para concretar una verdadera autonomía política y económica de cada nación latinoamericana, con ello pretendió, puntualiza el autor, superar las limitaciones estructurales de la región.

Importante aspecto, destacado por Poblete, fue la colaboración que la CTAL manifestó con la OIT. Así lo expresó en la obra:

El congreso constituyente de la C.T.A.L. aprobó una importante resolución sobre sus relaciones con la Organización Internacional del Trabajo, declarando que colaborará activamente con ella, con el principal propósito de obtener la extensión y aplicación de la legislación del trabajo en los países de América Latina4.

También Poblete Troncoso subrayó la importancia de los estudios sociales y económicos elaborados por la CTAL, que buscaron conocer con estadísticas oficiales y de elaboración propia, además de testimonios de hombres y mujeres de la clase obrera, la situación social, económica y laboral de los trabajadores del continente. Para el autor, estos estudios reflejan la convicción que tuvo la CTAL sobre la democracia y la justicia como pilares de la organización social y política. Por esta razón, señaló Poblete, la CTAL tuvo una encomiable actuación al oponerse al fascismo, pues fue una amenaza real en las aspiraciones de soberanía en el conjunto de la sociedad a nivel mundial.

El autor expuso el interés de la CTAL por las materias educativas, campesinas e indígenas, considerando que para los años treinta y cuarenta fueron aspectos descuidados por las políticas de intervención social, pública y privada en la región. Además, elogió la comprensión que tuvo la organización sindical con respecto a la situación continental, lo que otorgó confianza en sus diagnósticos, métodos y fines como movimiento sindical continental, y colaboró en su unidad y fortaleció su capacidad de negociación con las instancias estatales y organismos internacionales. En palabra de Poblete, la CTAL logró

producir la unidad en el movimiento obrero latinoamericano, defender con altura de miras, con un exacta compresión de los problemas económicos, sociales, políticos y culturales del Continente Americano, los intereses de la clase trabajadora. La C.T.A.L. ha logrado conquistar no sólo prestigio, sino que ha contribuido eficazmente a la defensa de la estructura democrática de nuestros países, contra las fuerzas regresivas del nazifascismo, ahora derrotado5.

Poblete identifica que todo lo anterior se expresó en los vínculos que la CTAL estrechó junto a los obreros de Estados Unidos, Canadá y Europa, que tuvo como objetivo promover una política pública, por parte de los Estados, de mayores beneficios sociales y laborales en la clase trabajadora de Occidente.

El enfoque de Moisés Poblete no fue gratuito, dado su rol como funcionario de la OIT; eso explica su valoración positiva por el tipo de sindicalización instaurada por la CTAL y el protagonismo de su presidente, Vicente Lombardo Toledano. Pero convengamos, que su perspectiva nos conduce a reconocer que se trata de un movimiento obrero que se articuló en torno a demandas históricas, antiguas y nuevas, pero donde las estrategias para conquistar sus objetivos ya no fueron las mismas de antaño. La negociación, el consenso y la relación con las clases gobernantes sería menos porosa y amenazante, lo que para algunos investigadores -posteriores a la obra de Poblete- ha sido la excusa para omitir en un registro histórico el acontecer de la CTAL, mientras que para no pocos estudiosos fue solo una organización sindical continental manipulada por la III Internacional en defensa de los intereses de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Al menos hasta 1946, Poblete no tuvo esos miramientos e identificó a la CTAL como una organización sindical que estaba construyendo historia, paso a paso, junto a los obreros del continente.

Robert Alexander, investigador norteamericano, publicó varias obras entre los años 1947 y 20096 que aludieron al rol que protagonizó la CTAL en la sindicalización de los obreros del continente. Reconoce el mérito que tuvo Lombardo Toledano para congregar a la clase obrera, pero le restó relevancia en el impacto que tuvo en las conquistas laborales y sociales para los trabajadores, pues consideró que su presidente encaminó a la organización sindical a pactar con el comunismo internacional para defender los intereses de la política soviética. Para Alexander, la dirección de los partidos comunistas durante la Segunda Guerra Mundial se incrementó, trazando el itinerario de la cruzada antifascista y encauzando los marcos de acción en los que se desenvolvió la CTAL. En 1947 se refirió en estos términos a esta situación:

Communist influence in the CTAL also increased greatly during the war because they made giant strides in the separate Latin American labour movements. The Communists were rapidly gaining force in the Argentine labour movement before the military dictatorship was established in 1943. They were by 1943 or 1944 the majority group in the Chilean labour movement; they and their sympathisers were of great importance in the Mexican labour movement; they dominated the Cuban CTC more or less completely; they dominated the Colombian CTC with facility though actually a small minority in that organisation; they dominated the Peruvian CTP so long as the dictatorship was in power in that country and they worked with it. As a result of all this, the Communists gained representation from these various national organisations on the council of the Confederación de Trabajadores de America Latina7.

Resulta interesante esta caracterización del autor por dos razones. Primero, porque sus evidencias de la presencia comunista al interior de la dirigencia de la CTAL son una demostración de su infiltración en el movimiento obrero de la región, pues la precisión de los datos y la seguridad exhibida para afirmar sus dichos así los confirman. Segundo, es innegable que la AFL necesitó de la CTAL para controlar el movimiento obrero en la región. Robert J. Alexander conoció de su prestigio y el alcance de su voz en la representación de la causa proletaria, por eso estuvo al tanto desde un principio sobre las actividades de la CTAL y el proceder de su presidente, Vicente Lombardo Toledano. Cuando Alexander llamó la atención sobre el protagonismo que comenzaron a tener los comunistas en la organización fue consciente de lo que eso representó. Si uno de los objetivos prioritarios de la AFL, desde que Estados Unidos ingresó militarmente a la Segunda Guerra Mundial, fue tutelar el proceder de la CTAL, la presencia del comunismo obstaculizaría su misión. Esta situación la dejó plasmada en una temprana descripción:

However, there is a strong desire among the anti-Communist union leaders of Latin America to try to conquer the CTAL, oust Lombardo Toledano and take over the organisation. The supporters of this tactic point out that the Confederation de Trabajadores de America Latina has established a reputation, that its representatives are accepted as the spokesmen for Latin American labour, and that it is more advantageous to capture a going concern than to create a new one. And they point out that it is distinctly possible that such a conquest could be achieved. They cite the fact that Peru, Ecuador, Venezuela, perhaps a majority of Cuba, as well as one or two of the smaller groups are now in the anti-Communist camp and that if they work in a concerted, organised manner they might well be able to dislodge the Communists. If this proves impossible, these elements believe it will then be time enough to discuss the formation of a new confederation8.

Robert J. Alexander, con el correr de los años, no modificó su perspectiva sobre la CTAL, sustancialmente mantuvo su posición de presentar a la organización sindical dirigida por el comunismo soviético. En su reciente obra lo expuso sin vacilaciones:

The Confederación de Trabajadores de América Latina was the one organization of Latin American organized labor that, for a short while, had within its ranks most of the trade unions of Latin American. However, within half a dozen years, due to the growth of several national central labor groups under Communist control, the withdrawal of one of its major affiliate the Confederación General del Trabajo of Argentina, and the split of several others into Communist-controlled organizations and those controlled by other political groups that also withdrew from CTAL, the confederación came to be almost completely an organization of Communist-dominated trade unions9.

La única diferencia importante que registró su última obra, publicada el año 2009, con respecto a las primeras es que el sustento de su investigación está en algunos folletos publicados por la CTAL, entrevistas a dirigentes que abandonaron la organización sindical a partir de 1947 y algunas investigaciones doctorales o profesionales que se hicieron a partir de los años sesenta y setenta. Sin embargo, los argumentos transversales de su obra siguen estando enraizados en sus observaciones e informes de primera mano, resultado de sus innumerables viajes a distintos países de la región por encargo de la AFL y el Departamento de Estado de su gobierno.

La obra de Alexander permeó gran parte de los trabajos de los investigadores del movimiento obrero latinoamericano. Tanto los detractores como los adherentes a los resultados de su trabajo no han analizado el contenido de sus afirmaciones, existiendo respuestas superficiales hasta el día de hoy para debatir sus argumentos.

Paradójicamente, la CTAL y sus vínculos con el comunismo internacional han contribuido para que ambas posturas sigan desestimando a la organización sindical en sus estudios. Mientras que para un grupo de investigadores la presencia del comunismo internacional no le otorgó autonomía o vida propia a la CTAL, asociando sus actividades a propósitos exclusivamente foráneos, para otros estudiosos la CTAL nació con una debilidad endógena, pues la presencia comunista en su alta dirigencia no consiguió unificar al movimiento obrero latinoamericano, ello provocó disidencias desde un primer momento en su comité central, lo que en un corto periodo contribuyó a un sentimiento anticomunista de varias organizaciones sindicales de la región, dividiendo a la CTAL a partir de 1948 con la creación de la Confederación Interamericana del Trabajo (CIT).

En retrospectiva, el efecto producido por la obra de Alexander en el campo de la investigación histórica ha sido el total descuido de los avances y retrocesos del movimiento obrero latinoamericano entre 1938-1963. Por tanto se necesita una investigación histórica que reconstruya una comprensión más próxima de la situación de los trabajadores, integrando la realidad regional e internacional.

Alberto Hurtado Cruchaga, sacerdote jesuita chileno, preocupado desde joven por los temas sindicales y la cuestión obrera en su país, publicó un interesante estudio intitulado Sindicalismo. Historia, teoría, práctica, en el año 1950. Según Hurtado Cruchaga, el mundo de posguerra dio origen a un nuevo orden social y los obreros fueron protagonistas de esa realidad. El autor identificó en su obra que la redención de los proletarios en el mundo solo se lograría con una organización sindical fuerte y madura, obra de la propia clase obrera. Puntualizó que la sindicalización de los trabajadores fue el camino indicado para superar las exclusiones sociopolíticas, miserias y abusos, identificando a la clase patronal y al Estado como los responsables de los padecimientos del proletariado.

El autor elaboró un recorrido histórico, cronológico e interpretativo a través de las principales corrientes y acontecimientos que forjaron las organizaciones de los trabajadores en occidente. De entrada reconoció que el movimiento sindical en América Latina, hacia 1940, fue incipiente, no representando una fuente de amenaza y desestabilización del orden social.

Al referirse a la CTAL, muchas de las informaciones fueron proporcionadas por su amigo Moisés Poblete, la consideró como una organización sindical fuerte y con principios claros hacia la defensa y promoción de la clase proletaria del continente. Hurtado señaló explícitamente que la CTAL, como organización sindical continental, propugnó por mejores condiciones laborales, el respeto de la legislación laboral y el concurso de los obreros para terminar con el analfabetismo, además de promover la inclusión inmediata de los indígenas a la sociedad. Sus reflexiones las expresó en los siguientes términos:

La Confederación pide en sus principios que sean reconocidas a todos los obreros de América Latina las conquistas sociales de los trabajadores civilizados: derecho de asociación, huelga, de libertad de prensa, de contratos colectivos de trabajo, extensión de los seguros sociales, incorporación del indio a la vida económica y cultural de la nación. Otro acuerdo de la Confederación urge a los sindicatos a que organicen campañas en pro de la alfabetización y de la industrialización de América Latina, como medio indispensable para levantar el nivel económico de estos países y para consolidar las instituciones democráticas10.

El autor también destacó el compromiso de la organización sindical con la implementación de la democracia efectiva en cada uno de los países de la región, garantía de una consolidación de los derechos sociales y laborales, con base en un orden social justo. El aspecto que más cuestionó Hurtado Cruchaga de la CTAL fue su excesivo apego a las directrices del comunismo internacional y su fuerte tendencia prosoviética, restándole méritos a su estrategia sindical para impulsar exclusivamente los intereses de los trabajadores de América Latina. Al respecto señaló:

La Confederación ha hecho reiteradas declaraciones de no tener concomitancia alguna con el comunismo. Sin embargo, Lombardo Toledano, que representa en la F.S.M. a los trabajadores de América Latina, tomó clara posición junto a los representantes soviéticos; la tendencia dominante en las federaciones que forman la C.T.A.L. es marxista11.

Sin desconocer las reflexiones del jesuita, es necesario precisar que su interés fue favorecer un sindicalismo socialcristiano, de ahí su cuestionamiento hacia las tendencias ideológicas de la CTAL. Además, aunque solo escribe cuatro años después de que lo hiciera Poblete, está influenciado por el contexto de los inicios de la Guerra Fría, por esto no resultó extraño que su estudio identificara a la Confederación Interamericana de Trabajadores (CIT) como una representación sindical más plural que la CTAL. Al cabo de unos cuantos años, para desdicha del sacerdote, la realidad demostró lo contrario, pues la investigación histórica expuso el carácter sedicioso de la CIT, patrocinada por la AFL.

Moisés Poblete Troncoso y Ben G. Burnett publicaron en el año 1960 The Rise of the Latin American Labor Movement. Los rasgos que presentó el estudio sobre el movimiento de trabajadores del continente no se apartó de los ya identificados por Poblete hacia 1946. Los autores remarcan la consolidación de la organización sindical, presentando a la CTAL como un movimiento de trabajadores fuerte y diverso en su composición laboral e ideológica.

Poblete y Burnett acentúan su análisis en los anhelos democráticos e industrializadores que la CTAL proyectó para el continente, fuente de un bienestar social y protección estatal hacia los trabajadores.

Por tratarse de un libro escrito al iniciar la década de los sesenta, los autores tienen mayores antecedentes para evaluar lo acontecido con la CTAL en los años cuarenta y cincuenta. En esta obra, los autores manifiestan que la CTAL exhibió una inclinación hacia el ideario comunista, estableciendo que la dirigencia, así como su presidente Vicente Lombardo Toledano, tuvo compromisos con la política soviética. A raíz de esta relación con el comunismo estalinista, Poblete y Burnett determinan que desde los años cincuenta se inició la decadencia de la CTAL como organización sindical, pues, según ellos, abandonó sus estrategias políticas en pro de los trabajadores para apoyar los planes de José Stalin y el comunismo internacional; al respecto precisaban:

CTAL declined rapidly in the following years in spite of efforts to find issues which would attract the Latin Americans [...] but that Lombardo Toledano and the Communists who gained possession of the executive committee had perverted these ends to suit Stalin's plans for totalitarian expansion [...] This view was repeatedly substantiated. An out-and-out Communist central near the end of World War II, CTAL held on for a few years more; but by the 1950's it had no effective trade-union basis in the Americas12.

Para los autores, el ocaso de la CTAL fue asociado a su marcado apego al comunismo mundial, pero también al surgimiento de nuevos liderazgos en la región. Específicamente se refieren a Juan Domingo Perón en Sudamérica, quien inauguró una nueva central obrera internacional denominada Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS).

Hay que puntualizar que en ningún momento Poblete y Burnett registran las referencias o testimonios para relacionar a la CTAL con el comunismo soviético. Sí existe una acotada referencia a Robert Alexander, ojos y oídos de la AFL en el continente, quien fue señalado como un activo detractor de Lombardo Toledano y la CTAL. Alexander y la AFL fueron los principales instigadores en la campaña anticomunista desarrollada en México durante 1948. Financiados por el gobierno de Estados Unidos, dedicaron sus mayores esfuerzos a dividir a las confederaciones obreras de la región.

Finalmente, los autores excluyen en sus análisis a la OIT y su colaboración con la CTAL, acotando sus comentarios solo a precisar que hubo miembros de la OIT en los congresos ordinarios de 1938 y 1944. Llama la atención esta omisión, pues Poblete fue testigo, y celebró en su oportunidad, la disposición que tuvo siempre la CTAL para cooperar en la organización de las conferencias regionales del trabajo de los estados americanos (La Habana 1939; Ciudad de México 1946; Montevideo 1949), apoyar sus resoluciones y suscribir los convenios internacionales patrocinados por la OIT en América Latina.

La CTAL y su reconstrucción histórica (1964-2009): estereotipos, omisiones y desafíos

En diciembre de 1963, Vicente Lombardo Toledano dio por finalizada la "misión histórica" de la CTAL como organización sindical continental, luego de que se agudizara la división de su dirigencia a nivel continental y nacional, como consecuencia de la infiltración de la política anticomunista de Estados Unidos en los tejidos laborales y las presiones del comunismo soviético para apoyar su causa. Fue en este contexto que los investigadores tuvieron mayores antecedentes para evaluar el real impacto de la CTAL en la esfera continental e internacional.

Víctor Alba, en su Historia del Movimiento Obrero en América Latina, publicada en 1964, puntualizó con respecto a la CTAL que la organización obrera colaboró activamente en la consolidación del sindicalismo continental y le reconoce el éxito de haber generado en la clase patronal y los gobernantes de la región la idea de que los trabajadores tenían que formar sindicatos y encauzar sus luchas por una vía legal y de organización. Este aspecto lo expresó con la siguiente sentencia: "acostumbró al patronato y a los gobiernos latinoamericano a aceptar como rasgo normal de la sociedad, el funcionamiento de los sindicatos"13.

Alba atribuyó las acciones que emprendió la CTAL a la influencia del comunismo internacional y su apego irrestricto hacia la política soviética. En todo momento, desde sus orígenes hasta su declinación, el autor identifica que los principios ideológicos y las estrategias políticas de la CTAL, y específicamente su presidente Lombardo Toledano, estuvieron encaminados a favorecer las políticas estalinistas:

La CTAL, pues, unificó el movimiento sindical, en un momento en que a la URSS le convenía -cuando la amenaza hitleriana-, y luego lo dividió, cuando a Moscú le ha convenido -durante la guerra fría- y ha procurado sin lograrla, la destrucción de todas las fuerzas obreras que no se mostrasen dispuestas a seguir sus consignas14.

Para ello se vale de muchos ejemplos, varios de los cuales no tienen ninguna referencia documental ni tampoco testimonial. Hay juicios de valor y apreciaciones que le restan méritos a su trabajo, provocando confusión y distorsión de la realidad:

La CTAL, naturalmente, apoyó todas las campañas comunistas, especialmente la llamada del manifiesto de Estocolmo, y colaboró en la estrategia comunista establecida para América Latina. Es significativa la oleada de huelgas que estallaron en Chile y en Brasil durante 1951. La influencia comunista se ocultaba muy bien. Se hacían demandas deliberadamente excesiva sin esperanza de que pudiesen ser satisfechas. Sin embargo, los comunistas fracasaron en su principal objetivo de causar graves trastornos industriales15.

Víctor Alba presentó una perspectiva anclada en su militancia anticomunista, lo que explica, a nuestro entender, el desarrollo de una investigación superficial y manifiestamente inclinada a negar la historicidad de la CTAL. Creemos que puntualizar este aspecto es trascendente, considerando que por décadas la investigación de Alba fue un referente obligado para estudiar la evolución del movimiento obrero en la región, circulando profusamente en las universidades del continente. Esto quiere decir que fueron muchos los historiadores y cientistas sociales que aprendieron a reconstruir la historia del proletariado de América Latina desde las concepciones del académico español.

El autor omitió en su trabajo las contribuciones de la CTAL, evidentes para 1964. En ningún pasaje de su obra estableció las líneas de trabajo económico, social y cultural de la CTAL; nada señaló sobre sus estudios de salario en la región, condiciones de vida de los obreros y la situación sociopolítica en Bolivia, comparaciones de las condiciones laborales entre trabajadores de toda América; no mencionó las propuestas y alianzas para consolidar el movimiento obrero de la región; acentuó arbitrariamente el apoyo explícito de la CTAL a algunos gobiernos autocráticos del continente, cuando en realidad se trató de garantizar un nuevo marco laboral o sencillamente ampliar los derechos de la clase obrera; no se refirió a la infiltración que sufrió la CTAL16 y fue superficial para señalar el ocaso de la organización sindical: "A esta bancarrota de la CTAL han contribuido no poco las dos centrales democráticas creadas en América Latina después de la segunda guerra mundial"17. Por supuesto, Alba no explicó que esas dos centrales democráticas, la CIT y la Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT), fueron reclutadas y financiadas por la AFL y el Departamento de Estado del gobierno de Truman, conocido episodio ya en los años que está escribiendo su investigación el autor, lo que da cuenta de que su militancia política se yuxtapuso al investigador social.

Boris Goldenberg publicó en el año 1964 un estudio intitulado Los sindicatos en América Latina. Para este autor, la sindicalización promovida por la CTAL fue exitosa, en la medida en que logró agrupar a un frente unitario de trabajadores en procura de un objetivo modesto, pero congruente con la realidad continental, tal como fue acceder a mejores condiciones laborales y sociales. Pero el rasgo que el autor subrayó es la identificación con el comunismo y la promoción de la "doctrina" soviética por los miembros de la CTAL y Lombardo Toledano, a tal punto que Goldenberg llega a determinar que el dirigente fue el máximo representante del "comunismo mundial en el movimiento sindical latinoamericano"18.

El autor reconoció que el pináculo de la CTAL fue resultado de la unidad de las fuerzas obreras que concentraron todas sus energías en colaborar contra el fascismo, que contó con el apoyo de varios gobiernos de la región. Pero, según Goldenberg, al concluir la guerra, cuando se instalaron muchos gobiernos anticomunistas en la región, la CTAL inició una declinación sostenida que se agudizó por la Guerra Fría, la ausencia de independencia con respecto a la IC y la desafiliación de numerosas confederaciones obreras, a tal punto, advierte Goldenberg, que hacia 1957 solo quedaban cinco países afiliados con sus organizaciones sindicales menores:

El periodo de 1947 a 1958 está caracterizado por la pérdida de fuerza del comunismo en América Latina y la rápida decadencia de la CTAL. Surgen organizaciones rivales como la ORIT, órgano regional de la CIOSL, el ATLAS peronista, y la CLASC socialcristiana [...] Empieza por entonces la "guerra fría" [y] en la mayoría de los países pasan los partidos comunistas por más o menos tiempo a la ilegalidad y los Gobiernos apoyan a los anticomunistas dentro del movimiento sindical [...] A partir de 1960 se puede considerar a la CTAL como fallecida19.

Goldenberg entregó una acotada perspectiva sobre la CTAL, donde priorizó la tensión que provocó la presencia del comunismo al interior de la organización. Pero no produce ningún avance con respecto a sus predecesores, por tanto su investigación resulta una demostración del peso en las orientaciones de autores como Alba, Alexander y, en menor medida, Poblete. Síntoma de una acriticismo que se registrará en otros autores y sus obras.

Harvey A. Levenstein publicó en 1980 en español su obra Las organizaciones obreras de Estados Unidos y México. Historia de sus relaciones. Es un interesante estudio que buscó establecer las conexiones entre las organizaciones obreras de ambos países. Su pormenorizado estudio establece las bases políticas y laborales que llevaron a los principales movimientos de trabajadores, separados por el río Bravo, a constituir alianzas cada vez más estrechas y peligrosas para el orden establecido por las políticas de los gobiernos de ambos países. Con respecto a la CTAL, reconoció la significación de la organización sindical, pues la consideró numérica y políticamente la más importante que tuvo América Latina:

[La] CTAL era una organización mucho más fuerte e influyente que lo que había sido la Federación Panamericana del Trabajo [...] Al participar en su convención fundadora, la CIO estaba otorgando su bendición a una organización que clamaba por profundos cambios sociales en Latinoamérica20.

Levenstein analizó el actuar de Lombardo Toledano y su posición estratégica para conseguir las lealtades de importantes dirigentes sindicales, políticos y empresariales norteamericanos, quienes le cooperaron activamente en consolidar su movimiento de trabajadores en la región. El autor acentúa en su perspectiva los vínculos que Lombardo Toledano obtuvo en figuras tan relevantes como Franklin D. Roosevelt o Nelson Rockefeller, lo que, según Levenstein, a largo plazo sería más perjudicial que ventajoso para el propio dirigente obrero y la CTAL.

Aunque sus registros sobre la CTAL y su funcionamiento no son muy detallados, reconoció que esta organización sindical consiguió alterar a las fuerzas conservadoras del imperialismo, expresadas en el empresariado industrial y particularmente en la AFL, pues éstas infiltraron desde 1944 las filas del proletariado de la región para quebrar a la CTAL, tal como los puntualiza el autor:

A principios de 1944, el comité central de la CTAL atacó a la AFL por tratar de sabotearla, alegando que la AFL maniobraba para romper la unidad de la CTAL al tratar de establecer contactos directos con sus organizaciones miembros, haciendo a un lado a la CTAL y su presidente [...] En 1946, Serafino Romualdi fue designado representante de tiempo completo de la AFL en Latinoamérica [y] se le otorgaba la formidable tarea de destruir a la CTAL y de construir una nueva confederación de trabajadores de Latinoamérica dirigida por la AFL21.

El mérito del trabajo de Levenstein fue que sostuvo cada uno de sus argumentos con una base documental copiosa, esto le otorga rigurosidad a sus interpretaciones y a la vez pudo profundizar en aspectos centrales de su investigación.

María Lourdes Quintanilla Obregón realizó la investigación, hasta la hora presente, más interesante y acabada sobre la CTAL. Su primer esbozo lo presentó el año 1980 en las Memorias del encuentro sobre historia del movimiento obrero; aquí estableció que:

El papel jugado por la CTAL en la unificación de los trabajadores fue de singular importancia, pues logró impulsar sus organizaciones no sólo en el seno de cada país y a nivel internacional sino también en el intercontinental. La Confederación tuvo sus éxitos y sus fracasos. Sin embargo, es indispensable hacer un análisis de este intento organizativo que todavía no ha sido estudiado22.

Luego, en el año 1982, publicó su libro Lombardismo y sindicatos en América Latina, investigación que fue resultado de su tesis de maestría en ciencia política, defendida en el año 1980, presentada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Esta obra se transformó en la base informativa de muchos investigadores que han problematizado históricamente a la CTAL, posterior a esa fecha.

Esta investigación enfatizó la figura de Lombardo Toledano en la articulación de un movimiento sindical regional. Es la obra que aportó más antecedentes y pormenores en el desenvolvimiento de esta organización sindical. De entrada, la autora reconoce la ausencia de estudios sobre la CTAL, al respecto comentó:

no conocemos ningún estudio sobre la CTAL. Algunas referencias solamente a la central obrera, que, a pesar de sus limitaciones, constituyó quizá el intento más acabado de unificación [...] La actuación de la CTAL debe ser necesariamente contemplada dentro del estudio de las formaciones sociales latinoamericanas23.

Para Quintanilla Obregón, la razón fundamental de la inexistencia de estudios históricos, de consideración, sobre la CTAL, lo atribuyó a una perspectiva historiográfica que dominó a la esfera continental, excesivamente enmarcada en investigar los movimientos obreros desde un punto de vista nacional y desvinculado de sus relaciones con las agrupaciones obreras de la región o internacionales. La autora afirma que la propia clase obrera, a raíz de su influencia eurocéntrica, optó por recrear el paisaje de la organización y resistencia proletaria del exterior, más que reflexionar sobre sus propios métodos y acciones para encauzar la realidad a sus propósitos y reivindicaciones.

En este sentido, Quintanilla Obregón desarrolló un estudio que privilegió tanto las condiciones internas como las externas que favorecieron el desenvolvimiento de la CTAL. Reconoció que un estudio de esta naturaleza exige una mirada teórica y práctica, predominando en su trabajo el discurso sobre la acción. Su interés lo focalizó en establecer la relación ideológica y política de la CTAL. Para ello decidió estudiar las coyunturas más importantes entre 1938-1948, entre ellas: la política de nacionalización del presidente Lázaro Cárdenas, la economía regional y sus alianzas con el capitalismo, la Segunda Guerra Mundial y el fascismo, el discurso de la CTAL ante la guerra, las declaraciones de la CTAL durante la postguerra y los inicios de la Guerra Fría en América Latina.

La autora insistió, de principio a fin, en señalar que el proyecto de Lombardo fue sujeto a los planes del comunismo internacional, lo que obstaculizó el accionar de la CTAL, limitando su autonomía política y condicionando a la organización en su capacidad de modificar sus estrategias para pugnar por mejores condiciones laborales, sociales y de integración a la vida cívica para los obreros del continente.

En su investigación, estableció que la CTAL se desvinculó de los problemas laborales de la región, lo que menguó la credibilidad entre sus miembros y como consecuencia debilitó su potencial influencia para oponerse al imperialismo capitalista. Paradójicamente, subraya Quintanilla, Lombardo Toledano, máximo referente del proletariado continental, terminó por fortalecer lo que pretendió debilitar: las relaciones del capitalismo estadounidense con los gobiernos populistas y autocráticos de Latinoamérica. Por tanto, según la autora, la vía nacionalista revolucionaria se ajustó como alternativa continental, pero con tintes capitalistas y anticomunistas.

Aunque la investigación de Quintanilla Obregón es consistente e importante, ésta careció de una perspectiva continental, pues destacó el papel de México y el liderazgo de Lombardo en la CTAL, quedando desplazado el rol de otros dirigentes obreros y países de la región, aunque señala algunas situaciones específicas no existe un tratamiento acabado. Creemos, que la autora con su investigación buscó provocar una ruptura en el pensamiento de la izquierda mexicana más que en analizar, desde una perspectiva histórica, los caminos trazados por la CTAL; de hecho expresamente al respecto puntualizó:

el estudio de la izquierda en su pasado inmediato resulta fundamental para comprender sus posibilidades actuales de participación en los procesos políticos y sociales. Pensamos que la izquierda debe autocriticarse severamente si quiere superar sus planteamientos políticos. En efecto, la herencia del lombardismo y la CTAL es parte integrante de la misma, así como la herencia de la IC en los partidos comunistas, han impedido formular alternativas nuevas y creadoras para los enormes problemas a los que se enfrentan los países latinoamericanos24.

El trabajo de Quintanilla se descentró paulatinamente, debido a su disposición por exhibir el liderazgo de Lombardo Toledano como inapropiado para las exigencias históricas del proletariado continental. Parafraseando a la autora, el dirigente sindical mexicano hizo transitar al movimiento sindical latinoamericano por los caminos y callejones sin salida que le había determinado la Internacional Comunista. Es en este sentido que la autora privilegia en su investigación el accionar de Earl Browder, líder del PC de Estados Unidos; Franklin D. Roosevelt y su política de "New Deal"; William Green, líder de la AFL; Bernardo Ibáñez, dirigente socialista de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH), que cooperó con la AFL para dividir a la CTAL convirtiéndose en el primer presidente de la CIT, en 1948. En suma, la autora demostró con estos testimonios que la CTAL, y específicamente su presidente Lombardo Toledano, carecieron de un proyecto original y a favor de los intereses de la clase trabajadora de la región, lo que desencadenó la debilidad en la capacidad de negociación del movimiento obrero dado su control vertical por la clase gobernante y la influencia del sindicalismo de la AFL en la región, a través de la ORIT, al menos desde 1948 en adelante.

Si consideramos que la autora hacia 1980 tuvo una distancia temporal y testimonial relevante con los acontecimientos estudiados, que le permitió decantar mejor los planes trazados por Lombardo Toledano y la CTAL, nos llama la atención su restringido marco interpretativo y utilización de acervos documentales. Basándose en algunos pocos folletos de la CTAL, actas de sus congresos y resoluciones de las comisiones de trabajo, la autora reconstruyó una historia de la organización sindical que nos dice muy poco sobre sus problemas laborales, sociales y culturales que la CTAL diagnóstico, problematizó y se propuso remediar; además señaló superficialmente la perspectiva particular de los países de la región con respecto a la CTAL y sus estrategias políticas; menos aún se refirió a los contactos entre dirigentes de la región.

Todo lo anterior fue trascendente para las investigaciones posteriores sobre la CTAL, pues los estudios históricos van a prefigurar sus objetos de investigación en los márgenes determinados por Quintanilla Obregón, lo que condicionó la explicación del acontecer de la CTAL -inevitablemente- como una organización sindical que se privó de una vida propia, pues tuvo que subordinarse a los designios de la Internacional Comunista.

Pablo González Casanova, reconocido investigador, coordinó en 1984, la Historia del movimiento obrero en América Latina. En cuatro volúmenes se elaboró una síntesis de los grandes procesos sociopolíticos que involucraron a los obreros y campesinos en relación con los partidos políticos, el Estado y la ciudadanía.

La historia presentada en la obra es una suma de las particularidades de cada uno de los países de la región; no hay conexión entre los procesos y se hace una síntesis por cada país, sin detenerse a vincular propósitos, relaciones internacionales o afiliaciones regionales por parte de los obreros.

La CTAL tuvo un mínimo desarrollo en el contexto de la obra y fue relacionada con la política de internacionalización que sufrió el movimiento obrero, como respuesta a la Segunda Guerra Mundial y el avance del fascismo en el continente.

En el capítulo sobre México, cuyo autor es Raúl Trejo, se exhibió un absoluto desconocimiento sobre la temática, estableciendo que la CTAL fue un proyecto secundario para la política obrera latinoamericana. A pesar de lo importante que fue para el país, pues gran parte de las actividades de la organización sindical se coordinaron desde México y su líder se consideró como uno de los dirigentes más renombrados del país y la región, se señaló al pasar que la "CTAL organiza varios congresos durante los siguientes años y mantiene su sede en la ciudad de México hasta que, posteriormente, la decadencia de la corriente encabezada por Lombardo en la CTM le resta fuerza a la central latinoamericana"25.

Si consideramos que el autor se propuso actualizar el conocimiento sobre la trayectoria del movimiento obrero, resulta reprochable académicamente su ignorancia, pues la misma CTM, desde su nacimiento y al menos hasta 1948, tuvo una particular misión para impulsar la unidad de los obreros del continente, ya sea por pragmatismo o por convicción.

En el caso cubano, Aleida Plasencia tuvo un centenar de páginas para establecer su punto de vista. A pesar de aquello, al igual que en el caso mexicano, la autora solo enuncia los vínculos de la CTAL con la realidad obrera de la isla. Sabemos, por las diversas fuentes que existen sobre la temática, que durante el congreso constituyente de la CTAL las agrupaciones obreras cubanas se comprometieron a unificar las fuerzas del proletariado cubano, tal como lo registra la autora:

El Congreso de constitución de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), celebrado en México en septiembre de 1938, contribuyó a la fundación de la CTC. Este congreso continental se proponía lograr la unificación del movimiento sindical latinoamericano en una sola central y promover la unidad del movimiento obrero en cada país y en el plano internacional26.

A pesar de este reconocimiento, no existe ninguna otra referencia sobre la CTAL en su texto. Nuevamente existe una omisión de información importante, pues el movimiento obrero cubano fue un eje articulador para las relaciones del proletariado continental. Sus dirigentes tuvieron una activa presencia en el comité central de la CTAL y contribuyeron entusiastamente a fortalecer las relaciones obreras continentales e internacionales.

Otro país que se vinculó activamente a la CTAL fue Colombia. La realización del segundo Congreso ordinario en Cali, en diciembre de 1944, lo situó como un punto estratégico para la organización sindical continental y sudamericana. Lamentablemente, Enrique Valencia, autor del texto sobre Colombia, no profundizó sobre el protagonismo que tuvo la CTAL en el fortalecimiento del movimiento obrero colombiano, aunque reconoció que la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) fue duramente perseguida durante los inicios de la Guerra Fría, al respecto Valencia puntualizó:

El marco político de la guerra fría, plenamente vigente al iniciarse los cincuenta, igualmente ayudó a debilitar al movimiento obrero colombiano y a su más importante órgano gremial. Las relaciones con los comunistas se convirtieron entonces en el principal motivo de combate contra la CTC. Él asumió además, la forma de una lucha contra la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), acaudillada por Lombardo Toledano. Al ordenar el Directorio Liberal Nacional a los líderes obreros liberales la desafiliación de la CTC de la Confederación latinoamericana27.

Ante tal reconocimiento, hecho por el autor, nos queda claro que se hace necesario un estudio profundo de las alianzas entre la CTAL y las confederaciones obreras nacionales, pues no podemos seguir considerando que los análisis se agoten con las perspectivas nacionales.

Recapitulando hasta aquí, Historia del movimiento obrero en América Latina, obra coordinada por Pablo González Casanova, presentó un enfoque inamovible de la clase trabajadora de la región, como si cada organización sindical dependiera de sí misma para explicar sus avances y retrocesos frente a los embates del capitalismo mundial. Sin embargo, por momentos breves se registran acontecimientos que dan cuenta de las proximidades entre las agrupaciones obreras en un espacio regional donde circulan ideas, proyectos, dirigentes y estrategias de contención sobre el capitalismo nacional e internacional.

En el caso particular de Venezuela, los obreros necesitaron del apoyo de la CTAL para conquistar su anhelada unidad, que desde 1936 se postergó a causa de la persecución de la clase obrera realizada por el general Gómez Contreras. Luego de superar las dificultades políticas y conseguir el apoyo de gran parte de los obreros del país:

En 1944 se reúne en Caracas una convención sindical integrada por representantes de todos los trabajadores organizados. Cuantitativa y cualitativamente es una reunión de mayor significación que el congreso de diciembre de 1936. Asiste como invitado especial Vicente Lombardo Toledano, presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CETAL) 28.

Al igual que en Venezuela, los trabajadores de Ecuador carecían de una gran organización sindical que representara la defensa de sus intereses. El viaje que realizó Lombardo Toledano, como presidente de la CTAL, en el último trimestre del año 1942 por varios países de la región, con el objeto de conocer de primera mano las condiciones sociales, económicas y políticas de cada uno de ellos, lo llevó a reunirse con varios dirigentes de sindicatos ecuatorianos una vez que arribó al país29.

En la reunión de octubre de 1942, con la presencia de Vicente Lombardo Toledano, presidente de la CTAL, y de Guillermo Rodríguez, vicepresidente de la misma, se resolvió la convocatoria de un congreso de fundación de la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE) 30.

La dictadura de Arroyo del Río no permitió la pronta institucionalización de la confederación obrera, y hubo que esperar hasta el 9 de julio de 1944 para ver nacer a la CTE, que desde un primer momento se unió a las fuerzas democráticas del país para derrocar al dictador. No se puede desconocer que la influencia de la CTAL fue esencial para sostener la iniciativa de la unidad sindical ecuatoriana, y regional, pero sigue sin ser afrontada con una investigación rigurosa.

Los miles de kilómetros que separaban a los obreros en el continente, las semanas o meses que transcurrían en cada uno de los viajes para estrechar los lazos entre los dirigentes, los problemas sindicales locales y los ataques de los gobiernos nacionales, no fueron un obstáculo para garantizar la unidad de la CTAL. Al contrario, su influencia entre los obreros de la región se fue multiplicando, tal como lo acentúa Denis Sulmont:

Apristas y comunistas, tras el "Pacto sindical de Santiago", realizado en 1943 y propiciado por la Confederación de Trabajadores de América Latina, coordinaron esfuerzos para constituir un frente sindical nacional que se concretó el 1° de mayo de 1944 con la creación de la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP). El gobierno de Prado, presionado por los Estados Unidos y la CTAL, toleró la nueva central31.

La referencia anterior, reafirma que la CTAL convocó a las fuerzas obreras y políticas más heterogéneas para favorecer un frente unido y amplio de la clase trabajadora del continente, pero queda en deuda emprender una investigación que determine los alcances temporales e ideológicos de dichos pactos, lo que no resuelve Sulmont.

Chile, a pesar de su localización, fue una de las confederaciones obreras más entusiastas que colaboró en la concreción de la unidad sindical de la región. Estuvo presente en cada una de las convocatorias de la CTAL y varios de los dirigentes 32 de la CTCH formaron parte del comité central de la organización sindical continental. Incluso, un primer quiebre de la CTAL fue resultado de la infiltración que la AFL hizo en la CTCH, en 1946, cuando su dirigente Bernardo Ibáñez se comprometió a formar una nueva confederación continental, la CIT en 1948.

Frente a este evidente protagonismo de la fuerza obrera chilena, resulta insuficiente -por decir lo menos- señalar que el "compromiso frente-populista de la CTCH tuvo también su vertiente internacional. En 1938, concurrió a la fundación de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), liderada por Vicente Lombardo Toledano"33. Creemos que Witker no solo ignoró el impacto de la CTAL en el movimiento obrero de Chile sino que además contribuyó a seguir analizando la historia continental desde un acontecer parroquiano. Además, alimentó con sus indefiniciones a propagar la idea de que el sindicalismo obrero chileno avanzó en sus conquistas laborales, exclusivamente, en función de la evolución de la clase política.

Julio Godio, en su tercer volumen de la Historia del movimiento obrero latinoamericano, publicado en el año 1985, dedicó un número de páginas considerables a la CTAL. Su hipótesis central fue que la CTAL subordinó al movimiento obrero latinoamericano a intereses externos, particularmente a la Internacional Comunista y la defensa monolítica al régimen de José Stalin.

El autor analizó las estrategias de los partidos comunistas en algunas realidades de América Latina; fueron los casos de México, Cuba, y específicamente de Venezuela, pues en sus métodos se sustentaron los principios de sujeción externa.

Godio estableció que la política de la CTAL de formar frentes de unidad policlasistas reforzó a las burguesías locales, lo que debilitó al tradicional sindicalismo clasista y revolucionario. Esto favoreció a largo plazo las hegemonías nacionalistas populares, gobiernos autoritarios y una recomposición política de las oligarquías. En este contexto, puntualizó el autor, se explica que los procedimientos políticos de la CTAL

se correspondía plenamente con la estrategia de los partidos comunistas latinoamericanos de oponerse a la "guerra interimperialista" iniciada, llamando a la lucha por la paz; esto es, impedir la continuación de la matanza y un posible ataque de las potencias del Eje contra el primer país socialista34.

Todo esto se agudizó por las presiones de Estados Unidos en la región, a partir de 1948, cuando Harry S. Truman impuso a los gobernantes latinoamericanos la misión de reprimir, legal e ilegalmente, al sindicalismo procomunista, considerado una amenaza para el orden e intereses que proyectó el gigante del norte en el continente.

Estos aspectos, acentuados por Godio, son de suma importancia para avanzar en un estudio integral de la CTAL. Pero convengamos en que el autor centró su atención en la ausencia de un programa nacional de acción revolucionaria en los partidos comunistas de la región y la debilidad, numérica y políticamente, que manifestó la sindicalización de los trabajadores durante estos años.

Creemos que esto no coadyuvó a comprender las políticas promovidas por la CTAL en la región, pues se descuida su colaboración en varias líneas de acción, tales como: la instauración de confederaciones obreras (Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Honduras Nicaragua, Panamá, Costa Rica, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia); el establecimiento de leyes sociales, laborales e implementación de códigos laborales en varios países de la región, y la formación de una clase obrera unificada a nivel continental como nunca antes en su historia.

Además el autor, junto a otros, distorsionó los hechos cuando se refirió al llamado que realizó Lombardo Toledano a los trabajadores del continente para que renunciaran a efectuar huelgas, pues se suprimió en ese señalamiento que había un énfasis para agotar todas las instancias de conciliación y en último caso hacer uso de ese recurso legal. Por tanto, en ningún caso el presidente de la CTAL quiso inhibir a los obreros para que utilizaran este procedimiento legal para defender sus intereses. Consideramos que un estudio específico de las huelgas efectuadas durante en ese tiempo nos dará mayores antecedentes para evaluar el impacto de la solicitud del presidente de la CTAL.

Godio omitió los estudios sociales, laborales, económicos y políticos de la CTAL; las relaciones estrechas que la OIT sostuvo con Lombardo y la CTAL y la colaboración prestada a los obreros de la región para establecer sus confederaciones. Además, es importante puntualizar que el sustento del trabajo del autor está en algunos pocos folletos de la CTM y de la CTAL, pero su base argumentativa está íntegramente asociada al estudio histórico de Lourdes Quintanilla.

La originalidad de la investigación de Godio fue su análisis de las estrategias de la CTAL y el PC de Venezuela, entre 1936-1946, demostrando empíricamente que hubo un desacierto en supeditar los intereses de los trabajadores de la región a la Internacional Comunista, a la política de "buen vecino", impulsada por el gobierno de Roosevelt, y en concentrar todas las actividades de la organización sindical en defender a la Unión Soviética, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Así lo afirmó al finalizar su estudio de caso:

Las conclusiones generales de la experiencia sindical venezolana también son válidas, como hemos dicho, para un conjunto de naciones latinoamericanas. La pérdida de posiciones políticas y sindicales fue el precio pagado por muchos partidos comunistas para aportar en salvar a la URSS. La CTAL también tuvo que pagarlo [...] pagaría el precio de ir "demasiado lejos" con los sindicatos soviéticos cuando la AFL y las misma CIO resolvieron, en alianza con el sindicalismo moderado latinoamericano, que era hora de volver a las "tradiciones panamericanas" y a dar la batalla al comunismo35.

En suma, una obra que no avanzó lo suficiente con respecto a sus predecesores; por el contrario, siguió acentuando sus puntos de vista sobre el comunismo internacional y menos en los aportes de la CTAL.

Ricardo Melgar Bao, desarrolló un apartado sobre la CTAL en su libro El movimiento obrero latinoamericano. Historia de una clase subalterna, publicada en el año 1988, investigación que es fruto de sus tesis doctoral en la UNAM.

Melgar consideró en su investigación que la CTAL nació en un contexto histórico de alta complejidad como fue el ascenso del fascismo y la Segunda Guerra Mundial que condicionaron los principios y planes de acción de la CTAL, al menos durante una década.

El autor enfatizó en su análisis la alianza entre trabajadores y Estado, estrategia que subordinó los intereses de la clase trabajadora a los beneficios económicos que los gobiernos, y la burguesía nacional, obtuvieron del capitalismo internacional. El objetivo primordial de la colaboración buscó encauzar las luchas obreras y procurar la conciliación antes que la ruptura; en palabras de Melgar:

En América Latina, a partir de 1941 la CTAL se había convertido en el principal vehículo de conciliación entre el capital y el trabajo bajo las banderas de la lucha antifascista [...] Las fronteras entre revolucionarios y reformistas que habían desgastado a la izquierda latinoamericana durante el interregno entre las dos guerras, habían sido borradas de un plumazo36.

Melgar, al igual que varios autores ya reseñados, reafirmó que existió una alianza entre el comunismo norteamericano, liderado por Earl Browder, y el sindicalismo de la CTAL, presidido por Lombardo Toledano. Otorgó una importancia fundamental a la política antifascista defendida por la CTAL, pues, según él, condicionó gran parte de sus actividades en la región, tal como fue el decidido patrocinio a la conciliación y el arbitraje del Estado en los conflictos del capital-trabajo, que consiguió establecer el control vertical sobre los sindicatos. A mediano plazo, esta intromisión en las prácticas sindicales transformó a los movimientos obreros del continente en débiles estructuras políticas y carentes de principios ideológicos propios, dado que todos sus antagonismos, entre 1938 y 1945, se dieron en oposición a la amenaza fascista.

En síntesis, para Melgar, la CTAL se equivocó al promover un movimiento sindical con un fuerte componente multiclasista; aquello le impidió transformarse en una estructura sindical monolítica. Eso explica su vertiginoso desmoronamiento, y la ambivalencia, después de 1948, en el discurso de Lombardo Toledano que supo acomodarse a las circunstancias históricas para no provocar una caída en picada de su organización y liderazgo. Tal como lo puntualizó Ricardo Melgar:

El lombardismo de la posguerra se aferró intransigentemente a buscar un nuevo pacto interamericano, al margen del Plan Clayton, que promovió la administración Truman. Las banderas estatalistas y desarrollistas del nacionalismo económico de Lombardo Toledano constituyeron una traba para el reordenamiento de las relaciones interamericanas, comparable a las posiciones asumidas por los comunistas europeos frente al Plan Marshall. Para los Estados Unidos, la posición de la CTAL debería ser caricaturizada y satanizada en lo ideológico. Los fantasmas de la guerra fría pronto se encargarían de ello37.

El principal aporte de la investigación de Melgar es el análisis con respecto a la declinación de la CTAL, donde combinó factores internos y externos, otorgando un peso específico al desempeño que le correspondió al gobierno de Estados Unidos en la infiltración de organizaciones obreras adheridas a la CTAL, particularmente por medio de la AFL. Desde 1946, afirmó Melgar, se planteó la necesidad de deslegitimar a Lombardo como su natural líder y dividir a los miembros de la organización sindical con el firme propósito de fundar nuevas confederaciones obreras, financiadas y apoyadas logísticamente por la AFL en representación de la Casa Blanca. Al respecto, el autor identifica que en los primeros meses de 1946 el presidente de la CTCH, Bernardo Ibáñez, había contactado con

Serafino Romualdi y otros líderes de la FAT, interesados en cooptar sindicalistas latinoamericanos que avalaran su proyecto de construir una central alternativa. El rol que le cupo a la CTCH en la desestabilización de la CTAL fue el de jugar el papel de polo de concentración de las fuerzas no comunistas de orientación reformista (socialistas y populistas) en los campos políticos y sindical38.

Estas indicaciones, sobre el faccionalismo que provocó la AFL, junto al gobierno de Truman en el movimiento obrero continental, son un avance sustancial que nos presenta Ricardo Melgar, pero al igual que otros autores está en deuda con respecto a la materialización del proyecto integral de la CTAL.

En la obra de Melgar hay silencios historiográficos -como en gran parte de las investigaciones reseñadas en este recuento- al omitir los estudios de la realidad regional y nacional que desarrolló la CTAL; desestimó la fluida relación, técnica, política y gremial entre la CTAL y la OIT; no reparó en las preocupaciones de la CTAL por el campesinado, los indígenas o la educación; presentó visiones fragmentadas sobre los movimientos obreros de la región y sus contactos. Todo lo anterior, si se coloca a un primer nivel de significación en las investigaciones ayudará a esclarecer el aporte de la CTAL en la planeación de un proyecto común. Como ya hemos afirmado, todas estas perspectivas dan cuenta de procesos históricos que fueron estructurales y menos coyunturales.

En consecuencia, será importante situar los planes estructurales de la CTAL para acceder con mayor propiedad a identificar sus estrategias y reales contribuciones a la historia del movimiento obrero latinoamericano.

Jon Kofas, en su libro The Struggle for Legitimacy: Latin American Labor and the United States39, desarrolló una investigación que tuvo como objetivo identificar las principales motivaciones, acciones y consecuencias de la intervención del gobierno estadounidense en el movimiento obrero latinoamericano, particularmente en el contexto del periodo de la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría. El autor dedica dos capítulos a la CTAL, donde elabora una sinopsis muy apretada de los antecedentes, congresos y resoluciones de la organización sindical, reproduciendo más que innovando en esta materia, para luego profundizar en la campaña anti-CTAL que se fraguó desde el poder ejecutivo de Estados Unidos, utilizando a la AFL y a varios infiltrados para desarticular al movimiento obrero continental.

La contribución de Jon Kofas es trascendente para comprender el rol del gobierno norteamericano en el quiebre de la CTAL, pues gran parte de la documentación utilizada proviene del Departamento de Estado, El Consejo de Seguridad Nacional y la CIA. Cada documento exhibe la infiltración y la campaña hostil que padeció la CTAL desde 1945 y que se incrementó luego de 1948. La perspectiva de Kofas viene a sumar nuevos antecedentes externos a la declinación de la CTAL, que junto a los proporcionados por Godio y Melgar permitirá en el futuro investigar con mayores detalles los alcances de la política anticomunista, implementada entre el New Deal y la Alianza para el Progreso, en el movimiento obrero latinoamericano. Su investigación reafirma la relevancia política y sindical que tuvo la CTAL en el continente, dada la vehemencia con la que actuó el poder político, empresarial y sindical estadounidense en contra de la autonomía y la unidad de los obreros latinoamericanos.

Leslie Bethell publicó en 1994, en su calidad de editor, la Historia de América Latina. En el volumen 12 hay dos capítulos que se refieren a la CTAL. En el primero de ellos, su autor, Alan Angell, hace una escueta referencia a la organización sindical, puntualizando su carácter procomunista y el liderazgo del "marxista" Lombardo Toledano. Además, reconoce que luego de 1948 los gobiernos de la región se volvieron anticomunistas, persiguiendo duramente a los sindicatos filocomunistas vinculados a la CTAL; al respecto comenta:

Se emprendió una ofensiva contra la procomunista Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), fundada por Lombardo Toledano en 1938. En 1948 los líderes anticomunistas se habían adueñado del poder en muchos sindicatos y lograron que estos se dieran de baja de la CTAL, aunque no sin que antes hubiera enconadas disputas40.

El otro estudio, desarrollado por Ian Roxborough, destaca también el marcado carácter comunista de la CTAL, aunque le reconoce una importancia fundamental en la articulación de un frente sindical amplio y poderoso, lo que se confirmó según él, cuando el Departamento de Estado, del gobierno de Estados Unidos, promovió un quiebre al interior de las confederaciones obreras afiliadas a la CTAL, a tal punto que el autor identificó a la AFL como la principal instigadora para dividir a la CTAL. Todo ello financiado y aprobado por el gobierno de Truman: "El Departamento de Estado norteamericano veía con preocupación la fuerza de la CTAL y su proyecto [...] que se consideraba un sindicalismo excesivamente 'político' en América Latina"41.

Ambos autores realizan un tratamiento superficial y descuidado sobre la temática, reduciendo, con su ignorancia, los aportes de la CTAL en la clase obrera del continente. No utilizan ninguna fuente ni referencia bibliográfica para avalar sus afirmaciones. Es censurable que una investigación, signada por connotados historiadores, que tiene como objetivo presentar un punto de vista actualizado y fundamentado sobre América Latina, termine por reproducir un escenario histórico consabido.

Recientemente, la investigadora Daniela Spenser publicó un artículo sobre la participación de Vicente Lombardo Toledano en los debates internacionales sobre las cuestiones obreras. Aunque su objeto de estudio es Vicente Lombardo, su trabajo destaca el rol que le cupo a la CTAL en la representación del proletariado latinoamericano.

Spenser establece que la CTAL descuidó sus principios sindicales y dispuso todas sus energías en conformar una fuerte oposición a las potencias del eje y el fascismo. De este modo practicó la "buena vecindad" con los gobiernos autoritarios de la región y defendió, cuanto pudo, las políticas de Roosevelt. Para la autora eso explica que "Lombardo Toledano concibió la CTAL como un instrumento político más que sindical"42.

La autora no descuidó la relación de la U.R.S.S. con la CTAL, que para ella implicó renunciar a ocuparse exhaustivamente de los asuntos laborales y gremiales. Ella fija su atención en la inexistencia de un proyecto democratizador y sindical de la CTAL, que al igual que otras organizaciones obreras regionales, como la CIT o la ORIT, fueron incapaces de instaurar un nuevo modelo de relaciones laborales e impulsar una ciudadanía inclusiva, partícipe de un proyecto comunitario, que en el largo plazo consiguiera disipar el imperialismo capitalista en la región. El punto de vista de Spenser se manifiesta con precisión, cuando establece que:

En ocasiones, La CTAL y la ORIT se encontraban del mismo lado de la barricada defendiendo los derechos humanos, sindicales y la libertad contra los dictadores militares. Finalmente, hasta los funcionarios de la ORIT caían en la cuenta que el anticomunismo y la democracia eran antinomias, mientras que los sindicalistas aprendían que luchar contra la Unión Soviética y el comunismo, no necesariamente promovía la democracia43.

En el futuro, las investigaciones debieran avanzar en esta dirección, ya emprendida por Spenser, para estimular una renovación de la historia del movimiento obrero latinoamericano.

Finalmente, no quisiéramos dejar de señalar que existen algunas investigaciones que han reseñado brevemente algún aspecto de la CTAL44, general o específico, pero que no dan cuenta de vinculaciones o reflexiones más acabadas. En muchos casos se trató solo de referencias y reproducciones de ideas ya dichas por algunos de los investigadores que han trabajado la temática.

También, en este recuento, queremos puntualizar que el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales "Vicente Lombardo Toledano" (CEFPSVLT) ha publicado en estos últimos años algunas memorias de sus congresos internacionales conmemorativos de la CTAL45. Se trata de una contribución interesante pero desde una perspectiva política y militante que no guarda relación con un debate académico.

Conclusiones

Creemos que es necesario un estudio profundo, analítico y crítico sobre la CTAL, en sus 25 años de trayectoria institucional, que proporcione nuevos argumentos que permitan superar los numerosos vacíos y (pre)juicios, muchos de ellos sin sustento. El desarrollo de un trabajo historiográfico con peso específico debe considerar los ámbitos nacionales, regionales y continentales. No podemos obviar el hecho de que la CTAL fue una organización de repercusión continental, por tanto reconstruir su historia implica analizar el alcance de su trabajo sindical, político y técnico, lo que supone observar a distintas escalas los efectos de ese programa, para de esta manera ver las continuidades y las rupturas de la organización en el espacio público continental e internacional.

Realizar una reconstrucción histórica de la CTAL, contemplando todos sus años de actividad, debe considerar trabajar en sus principios, liderazgos, misiones sindicales y políticas, sus vínculos continentales e internacionales, sus logros y fracasos, los ataques recibidos por el gobierno de Estados Unidos y su declinación. Avanzar en cada unos de estos contextos, permitirá superar las limitaciones que aún existen en los estudios históricos sobre la CTAL.

En segundo lugar, será importante actualizar las interpretaciones sobre el movimiento obrero continental. Entre 1938-1963, existe una serie de transformaciones políticas, económicas y socioculturales, por tanto será de suma importancia evaluar el impacto de esas modificaciones en las estructuras organizativas de los obreros de la región. La CTAL supo leer los nuevos signos de los tiempos y proporcionó a los trabajadores utillajes para afrontar los desafíos de una formación social en ciernes, como fue el capitalismo global. Analizar los mecanismos de control de la mano de obra en un periodo de codificación laboral; evaluar la relación salarial en correspondencia a la capacidad de compra del obrero; o la ampliación de la seguridad social en proporción a la estabilidad del empleo son todos temas que deben ser incorporados en un estudio que pretenda visualizar las continuidades y rupturas en las prácticas e identidades de la clase obrera.

Por último, una propuesta revisionista debe considerar avanzar sobre los efectos de la Guerra Fría en los obreros sindicalizados, y también opositores a la CTAL. Como se ha reseñado, la Guerra Fría involucró a los obreros y sus organizaciones laborales. Sin duda, la más asediada fue la CTAL, pues al momento de iniciar el conflicto, entre capitalismo y comunismo, la organización sindical agrupaba a 6.000.000 millones de trabajadores, que pertenecían a 18 países del continente, con la excepción de Brasil y Argentina.

Además, será necesario evaluar la influencia del comunismo internacional en la CTAL, tan estereotipada y asentada en las investigaciones puntualizadas y que desafortunadamente ha coadyuvado a distorsionar la historia de la organización sindical y la propia experiencia comunista en la región46.

Avanzar en esta dirección será un desafío mayúsculo pero pertinente, pues los silencios de la historiografía deben dar paso a las voces de los trabajadores que hicieron de su historia una experiencia social y política que debe ser narrada y registrada.

 

Notas

1 A continuación se señalan algunos estudios laborales, sociales y políticos que elaboró el comité central de la Confederación de Trabajadores de América Latina o su presidente Vicente Lombardo Toledano. Cada uno de ellos posee una detallada descripción de los problemas tratados, estadísticas actualizadas y proyectaban soluciones concretas a los problemas identificados: C.T.A.L., Primer Congreso Indigenista Interamericano, México, Ediciones de la C.T.A.L., 1940;         [ Links ] C.T.A.L., Los salarios en América, México, C.T.A.L., 1941;         [ Links ] C.T.A.L., Los principales problemas de la agricultura y de la economía del continente americano, México, C.T.A.L., 1942;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, Bolivia Mártir, México, Universidad Obrera de México, 1943;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, Cuáles son las tareas urgentes de los pueblos de América Latina, México, 1944;         [ Links ] C.T.A.L., Balance de la Conferencia Interamericana de Chapultepec, México, 1945;         [ Links ] C.T.A.L., El peligro de los monopolios y la manera de combatirlos, México, C.T.A.L., 1946;         [ Links ] C.T.A.L., Amistad y alianza eternas entre México y Guatemala, México, C.T.A.L., 1946;         [ Links ] C.T.A.L., Libro blanco y azul: en defensa del pueblo argentino y en contra del régimen fascista que ha sojuzgado al país hermano del sur, México, C.T.A.L., 1946;         [ Links ] C.T.A.L., Guía política de América Latina, México, 1948;         [ Links ] Jean Pierret, América Latina: condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores de la industria del cuero, calzado y peletería, Paris, F.S.M., 1953.         [ Links ]

2 La Confederación de Trabajadores de América Latina presentó una profunda convicción, en cada uno de sus congresos generales y del comité central, para luchar por la emancipación política y económica del continente. Al respecto desarrolló numerosos llamados a los trabajadores y a los agentes políticos para no dejarse amedrentar por los poderes económicos y las amenazas del totalitarismo ítalo-alemán: C.T.A.L., En defensa de América y el mundo, México, 1942;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, Prolegómenos para una nueva América, México, 1942;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, Qué queremos para la postguerra, México, Universidad Obrera de México, 1943;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, La educación política del proletariado, México, Universidad Obrera de México, 1943;         [ Links ] ¿Qué es la C.T.A.L.?, México, Universidad Obrera de México, 1944;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, Posición de C.T.A.L: frente al imperialismo, nazi-fascismo y las huelgas, Montevideo, Ediciones Unidad, 1944;         [ Links ] C.T.A.L., Segundo congreso general de la Confederación de Trabajadores de la América Latina, Cali, C.T.A.L., 1944;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, Cuáles son las tareas urgentes de los pueblos de América Latina, México,1944;         [ Links ] C.T.A.L., Presente y futuro de la América Latina, México, C.T.A.L., 1945;         [ Links ] Vicente Lombardo Toledano, La C.T.A.L. ante la guerra y ante la posguerra, México, Universidad Obrera de México, 1945.         [ Links ]

3 S. Fanny Simon, reseña al libro El movimiento obrero latinoamericano de Moisés Poblete T., publicada en The Hispanic American Historical Review, 26:4, 1946, p. 550.         [ Links ]

4 Moisés Poblete Troncoso, El movimiento obrero latinoamericano, México, Fondo de Cultura Económica, 1946, p. 264.         [ Links ]

5 Ibídem., p. 276.

6 Robert J. Alexander (1918-2010), fue consultor de la AFL y la AFL-CIO para los asuntos del movimiento obrero organizado en América Latina y el Caribe, ello le permitió realizar numerosos viajes a los países del continente desde mediados de los años cuarenta, entrevistándose con líderes sindicales, secretarios de Estado e intelectuales. En 1961, a solicitud del presidente John F. Kennedy, integró la comisión de trabajo sobre América Latina, que recomendó la creación de la Alianza para el Progreso. Entre las numerosas obras de Robert J. Alexander podemos mencionar: Labour Movements in Latin America, London, Fabian Publications, 1947; Communism in Latin America, New Brunswick, Rutgers University Press, 1957; Organized Labor in Latin America, New York, Free Press, 1965; International Labor Organizations and Organized Labor in Latin America and the Caribbean; A History, Santa Barbara, Praeger/ABC-CLIO, 2009.

7 Robert J. Alexander, 1947, op. cit., p. 20.

8 Ibídem., p. 21.

9 Alexander, 2009, op. cit., p. 94

10 Alberto Hurtado Cruchaga, Sindicalismo. Historia, teoría práctica, Santiago, Editorial del Pacífico, 1950, pp. 187-188.         [ Links ]

11 Ibídem., p. 188.

12 Moisés Poblete Troncoso y Ben G. Burnett, The rise of the Latin American labor movement, New York, Bookman Associates, 1960, pp. 138-139.         [ Links ]

13 Víctor Alba, Historia del Movimiento Obrero en América Latina, México, Libreros mexicanos unidos, 1964, p. 467.         [ Links ]

14 Ibídem., p. 468.

15 Ibídem., p. 469.

16 Hay evidencias que identifican a la AFL como la principal conspiradora para producir quiebres al interior de las confederaciones obreras de los distintos países de la región. Es conocido que R. Alexander, S. Romualdi, B. Ibáñez, fueron activos colaboradores de la AFL y parte de su financiamiento para viajar y participar en las reuniones de los obreros del continente fueron otorgados por el gobierno de Harry Truman y su consejero Rockefeller.

17 Alba, 1964, op. cit., p. 470.

18 Boris Goldenberg, Los sindicatos en América Latina, Hannover, Friedrich-Ebert-Stiftung e Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales, 1967, p. 176.         [ Links ]

19 Ibídem., pp. 178-179.

20 Harvey A. Levenstein, Las organizaciones obreras de Estados Unidos y México. Historia de sus relaciones, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1980, p. 209.         [ Links ] La edición en inglés fue publicada bajo el título Labour Organizations in the United States and Mexico. A History of their Relations, New York, Greenwood Publishing Company, 1971.

21 Ibidem., p. 247.

22 Lourdes Quintanilla Obregón, "La Confederación de Trabajadores de América Latina, 1938-1948 (Ideología y política)", Memorias del encuentro sobre historia del movimiento obrero, tomo II, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, 1980, p. 169.         [ Links ]

23 Lourdes Quintanilla Obregón, Lombardismo y sindicatos en América Latina, México, Distribuciones Fontamara, 1982, pp. 19-21.         [ Links ]

24 Ibídem., p. 20.

25 Raúl Trejo Delarbre, "Historia del movimiento obrero en México, 1860-1982". En Pablo González Casanova (ed.), Historia del movimiento obrero en América Latina, tomo I, México, Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y Siglo XXI editores, 1984, p. 43.         [ Links ]

26 Aleida Plasencia Moro, "Historia del movimiento obrero en Cuba". En González, 1984, op. cit., tomo I, p. 136.

27 Enrique Valencia, "El movimiento obrero colombiano". En González, 1984, op. cit., tomo III, p. 67.

28 Rodolfo Quintero, "Historia del movimiento obrero en Venezuela". En González, 1984, op. cit., tomo III, p. 175.

29 Al respecto véase Lombardo, Prolegómenos, op. cit., 1942.

30 Elías Muñoz Vicuña y Leonardo Vicuña Izquierdo, "Historia del movimiento obrero del Ecuador". En González, 1984, op. cit., tomo III, pp. 225-226.

31 Denis Sulmont, "Historia del movimiento obrero peruano". En González, 1984, op. cit., tomo III, p. 286.

32 Bernardo Ibáñez, Salvador Ocampo, Bernardo Araya, Juan Vargas Puebla, Juan Briones fueron activos dirigentes chilenos que se comprometieron por la causa de la unidad del proletariado latinoamericano. Varios de ellos formaron parte del comité central de la CTAL e incluso recibieron asilo político en México, ayudados por Vicente Lombardo Toledano, luego de la promulgación de la Ley n.° 8.987, de Defensa Permanente de la Democracia, conocida también como la "Ley maldita", promovida por el presidente de Chile Gabriel González Videla (1946-1952), la cual entre sus resoluciones proscribía a los comunistas del sistema político.

33 Alejandro Witker, "El movimiento obrero chileno". En González, 1984, op. cit., tomo IV, p. 110.

34 Julio Godio, Historia del movimiento obrero latinoamericano, tomo III, San José, Editorial Nueva Sociedad, 1985, pp. 52-53.         [ Links ]

35 Ibídem., p. 83.

36 Ricardo Melgar Bao, El movimiento obrero latinoamericano. Historia de una clase subalterna, Madrid, Alianza Editorial, 1988, p. 334.         [ Links ]

37 Ibídem., p. 342.

38 Ibídem., p. 343.

39 Jon Kofas, The Struggle for Legitimacy: Latin American Labor and the United States, 1930-1960, Tempe, Arizona State University, 1992.         [ Links ]

40 Alan Angelí, "La izquierda en América Latina desde 1920". En Leslie Bethell (ed.), Historia de América Latina, volumen 12, Barcelona, Cambridge University Press y Crítica, 1997, p. 97.         [ Links ]

41 Ian Roxborough, "La clase trabajadora urbana y el movimiento obrero en América Latina desde 1930". En Bethell, 1997, op. cit., p. 150.

42 Daniela Spenser, "Vicente Lombardo Toledano envuelto en antagonismo internacionales", Izquierdas, 3:4, (2009), 7, http://www.izquierdas.cl/html/numero_4/spenser.pdf (consulta 30 de septiembre de 2010).         [ Links ]

43 Ibídem., p. 19.

44 Guillermo Lora, Historia del movimiento obrero boliviano, 1933-1952, La Paz. Editorial "Los Amigos del Libro", 1967;         [ Links ] José Rubio, Las internacionales obreras en América, Madrid, Zix, 1971;         [ Links ] José Rubio, Dependencia y liberación en el sindicalismo iberoamericano, Madrid, Sala Editorial 1977;         [ Links ] Carlos Rama, Historia del movimiento obrero y social latinoamericano contemporáneo, Barcelona, Editorial Laia 1976;         [ Links ] Francie Chassen de López, Lombardo Toledano y el movimiento obrero mexicano (1917-1940), México, Editorial Extemporáneos, 1977;         [ Links ] VVAA, Las clases y la lucha de clases en la sociedad neocolonial cubana, volumen 1, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1980;         [ Links ] B. Koval, Movimiento obrero en América Latina, 19171959, Moscú, Editorial Progreso, 1985;         [ Links ] Mario Trujillo Bolio, Historia de los trabajadores en el capitalismo nicaragüense (1850-1950), México, UNAM, 1992;         [ Links ] Leslie Bethell e Ian Roxborough, Latin America between second world war and the cold war, 1944-1948, New York, Cambridge University Press, 1992;         [ Links ] Laura Muñoz y Felícitas López Portillo, Movimiento obrero en América Latina, México, UNAM, 1995;         [ Links ] Luis Fernando Álvarez, Vicente Lombardo Toledano y los sindicatos de México y EE.UU, México, UNAM, 1995;         [ Links ] José Urquijo, El movimiento obrero de Venezuela, Caracas, OIT, Universidad Católica Andrés Bello e INAESIN, 2000;         [ Links ] José del Pozo, Historia de América Latina y del Caribe, 1825-2001, Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2002;         [ Links ] Carlos Malamud et al. Historia contemporánea de América Latina, volumen 4, Madrid, Editorial Síntesis, 2003;         [ Links ] Mario Magallón y Roberto Mora, Historia de las ideas: repensar la América Latina, México, UNAM, 2006;         [ Links ] Elvira Concheiro, Massimo Modonesi y Horacio Crespo (ed.), El comunismo: otras miradas desde América Latina, México, UNAM, 2007.         [ Links ]

45 Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales "Vicente Lombardo Toledano", Cincuenta aniversario de la Confederación de Trabajadores de América Latina, 1938-1988, México, CEFPSVLP, 1991;         [ Links ] Marcela Lombardo (ed.), Vicente Lombardo Toledano y el movimiento obrero: testimonios de destacados dirigentes, México, CEFPSVLT, 2005;         [ Links ] Marcela Lombardo (ed.), Lombardo, la C.T.A.L. y los problemas de la clase trabajadora y los pueblos, México, CEFPSVLT, 2009.         [ Links ]

46 Véase Manuel Caballero, La Internacional comunista y la revolución latinoamericana, 1919-1943, Caracas, Editorial Nueva Sociedad, 1987.         [ Links ] Llama la atención que el estudio de Manuel Caballero no mencione a la CTAL y menos sus vínculos con el comunismo regional o mexicano. Consideramos que, aún con limitaciones, es una de las investigaciones más contundentes sobre la presencia de la Internacional Comunista en América Latina. Existe la necesidad de avanzar en estudios que despejen las dudas sobre la influencia del comunismo en la región; en este sentido ya existen investigaciones que están avanzando en esa dirección, por ejemplo Elvira Concheiro et al., op. cit., 2007; Daniela Spenser, "Unidad a toda costa". La Tercera Internacional en México durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, México, CIESAS, 2007;         [ Links ] Daniela Spenser, Los primeros tropiezos de la Internacional Comunista en México, México, CIESAS, 2009.         [ Links ]


* Este artículo forma parte de la investigación en curso de la tesis de doctorado en Historia intitulada: La Confederación de Trabajadores de América Latina y su lucha por la emancipación del continente (1938-1963). Una historia de encrucijadas entre comunismo y capitalismo. Agradezco los comentarios y sugerencias en una versión preliminar de este trabajo a los historiadores: Dra. Verónica Oikión Solano, Dr. Martín López Ávalos, Dr. Sergio Grez Toso y Dr. © Juan Carlos Yáñez.

Recibido: enero 2012
Aceptado: mayo 2012