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Boletín de filología

versão On-line ISSN 0718-9303

Boletín de Filología vol.52 no.1 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-93032017000100347 

Reseña

Reseñas de libros

Cristian Rojas1 

1 Universidad de Chile. Chile.

Escandell Vidal, María Victoria. La comunicación: Lengua, cognición y sociedad. Madrid, Akal, 2014. 154 páginas, ISBN: 978-84-460-3958-7.

El libro “La comunicación: lengua, cognición y sociedad”, de la catedrática María Victoria Escandell Vidal, que aquí reseñamos, se presenta como una propuesta teórica coherente y bien fundamentada en torno al (complejo) problema de la comunicación humana. En sus páginas se despliega una concepción tripartita de la actividad comunicativa, entendida desde lo lingüístico, lo social y lo cognitivo, y, más específicamente, articulada en el cruce de estos tres dominios. Toda vez que la pregunta por la comunicación no encuentra respuesta en estos niveles por separado, la autora desarrolla una exposición que justifica la adopción de un tratamiento integrado, holístico y multidisciplinar del fenómeno en estudio. Lo anterior se sustenta, principalmente, en las ideas que han venido planteando, en relación con la comunicación, disciplinas como la pragmática, la psicología o la inteligencia artificial -entre otras-, las que confluyen en el ámbito de las ciencias cognitivas. Desde tales perspectivas se ha insistido, y con justa razón, en las insuficiencias de la comprensión tradicional de la comunicación como una operación mecánica que se agota en el código lingüístico. En esta línea, el trabajo de Escandell Vidal, organizado en seis capítulos, tiene por objeto la identificación de aspectos regulares y generales que subyazcan a la interacción comunicativa, siempre a caballo entre “lo individual y lo colectivo, la cognición y la cultura, lo biológico y lo institucional” (p. 9).

“¿Qué es comunicarse?” es el nombre del primer capítulo. En él se refieren los esquemas clásicos de la comunicación de autores como Bühler (1934), Shannon y Weaver (1948) y Jakobson (1960), los que coinciden en conceptualizar la comunicación humana como un proceso monolítico reducido únicamente al conocimiento de un código. Los constreñimientos que esta perspectiva ha impuesto a la comunicación son también el puntapié inicial para aquellos enfoques cuya mirada se despega de lo estrictamente lingüístico para dar cabida a consideraciones de índole contextual y pragmática en la elaboración de matrices explicativas respecto de la comunicación. De este modo, conceptos como los de “intencionalidad” y “propósito” se muestran como cruciales y definitorios para dar cuenta de la actividad comunicativa humana, en tanto praxis social situada.

En línea con este entendimiento de la comunicación como un proceso intencional, en el capítulo 2, “La respuesta cognitiva”, la autora desarrolla un modelo de raigambre cognitiva que otorga jerarquías y estatus diferenciados a los distintos componentes que toman parte en la comunicación. Así, distingue un nivel conductual -el de los componentes directamente observables o “entidades”, a saber, emisor, señal y destinatario- y otro cognitivo que engloba el conjunto de representaciones (respecto de la situación, de la relación social entre los interlocutores, entre otras) y procesos (de codificación y descodificación, por un lado, y de ostensión e inferencia, por otro) que activan los hablantes en un acto de comunicación. La integración de ambos niveles cristaliza en la propuesta de un nuevo enfoque de la comunicación vista como una forma de comportamiento intencional (p. 51).

En el capítulo 3, “La situación y el medio”, Escandell Vidal profundiza en la idea de las representaciones derivadas de los factores extralingüísticos. En concreto, se hace eco de la tripartición terminológica de “esquemas” “marcos” y “guiones” en la argumentación respecto de cómo la experiencia de mundo y las prácticas humanas propias de cada cultura, representadas como situaciones, van construyendo formas de conocimiento estructurado desde donde se interpreta la realidad extralingüística que cruza cada manifestación de lenguaje en acción. Tales formas de conocimiento explican, en última instancia, la eficacia del procesamiento humano, en general, y la relevancia con la que los hablantes se comunican y se reconocen como parte de un universo de representaciones compartidas. Asimismo, la naturaleza de cada situación tendrá como correlato la elección, por parte del hablante, de determinados registros o variedades diafásicas posibles de ser ubicados en un continuum estilístico que oscila entre las situaciones privadas (en donde se espera el uso de registros informales o íntimos), por un lado, y situaciones altamente ritualizadas (donde predomina típicamente el empleo de registros solemnes), por otro. En cuanto al “medio”, es interesante la postura antiesencialista que la autora sostiene en relación con cómo se ha leído tradicionalmente la dicotomía oralidad y escritura. Así, ilustra con elocuencia la debilidad de aquella asociación descontextualizada que vincula el plano oral con la improvisación y con la total informalidad, y al escrito con la planificación y la formalidad, sin más, sobre todo, considerando la emergencia de nuevos espacios comunicativos propios de la informática. En cualquier caso, lo importante parece ser la explotación intencional que los hablantes hacen del medio en pos de comunicar las representaciones adecuadas (esto es, comunicativamente intencionadas).

“La representación de los interlocutores” es el nombre del cuarto capítulo. En él, se examinan las relaciones entre la distancia social y el comportamiento comunicativo, y, en particular, la manera en que la percepción de la primera da lugar a formas de socialización específicas. En consecuencia, la autora pasa revisión a las dimensiones de la distancia social (jerarquía y familiaridad) y de cómo estas van modelando formas de interacción específicas, a la vez que configuran expectativas comunicativas culturalmente determinadas respecto de los interlocutores y sus roles en el intercambio mismo.

Uno de los factores de mayor relevancia en la actividad comunicativa, cual es la intención comunicativa, es teorizado en el quinto capítulo, “Los objetivos comunicativos”. Esta queda definida como “un tipo de estado mental, de representación interna, que guía la actividad comunicativa e influye decisivamente en las elecciones lingüísticas” (p. 89). Enseguida, la autora revisita una serie de nociones de larga tradición en la pragmática lingüística, tales como las de actos de habla (Austin 1962), fuerza ilocutiva (y sus componentes) y tipos de actos ilocutivos (Searle 1969 y 1975, respectivamente). En este punto, destaca la profusa ejemplificación con la que se ilustra la relación entre las fuerzas ilocutivas y la estructura gramatical (y la idea de que no puede establecerse una relación constante entre ambas dimensiones de la comunicación), así como el modo en que los objetivos comunicativos impactan en la ordenación textual y en los tipos de texto.

Por último, en “Procesos semánticos y procesos pragmáticos”, sexto capítulo del libro aquí reseñado, Escandell Vidal desarrolla, desde nuestra lectura, uno de los nudos temáticos más atractivos de su estudio, a saber, la confluencia y la interdependencia de la gramática y la pragmática en el entendimiento de la actividad comunicativa: la primera, por un lado, permite explicar el modo en que los hablantes, por intermedio de procesos semánticos, asocian arbitrariamente determinadas representaciones fónicas con representaciones conceptuales; la segunda, por otro, se encarga de los procesos de interpretación que subyacen a la comunicación de mensajes codificados ostensivamente para ser descodificados inferencialmente.

En suma, Escandell Vidal lleva a cabo una contribución significativa a la comprensión contemporánea del fenómeno comunicativo, que destaca por articular una perspectiva integradora que pone de relieve la naturaleza compleja de la comunicación. Con un estilo que facilita la comprensión y a través de una ejemplificación abundante y siempre clarificadora, la autora cumple con presentar un modelo coherente y autosuficiente de lo que ella denomina “la manifestación más sorprendente de la actividad humana” (p. 145).

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