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Boletín de filología

versión On-line ISSN 0718-9303

Boletín de Filología vol.45 no.2 Santiago  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-93032010000200013 

Boletín de Filología, Tomo XLV Número 2 (2010): 325 - 333

RESEÑAS

Juan Luis Jiménez Ruiz
Metodología de la investigación lingüística
Publicaciones de la Universidad de Alicante, España
2007, 210 páginas
ISBN 978-84-7908-903-0.

Con 13 capítulos y un corolario, este libro presenta un estudio teórico sobre la actividad de la lingüística y los productos que resultan de ella, en los niveles sincrónico y diacrónico, pues -según el autor- ambos planos deben estar presentes en estas reflexiones. Lo mismo aduce sobre la complementariedad de los acercamientos idealista y realista al lenguaje. Todo ello, en aras de cumplir con el objetivo de su propuesta metodológica: el conocimiento cada vez más amplio y profundo de la naturaleza y del objeto lingüístico.

1. Introducción

El autor reconoce una serie de dificultades que han impedido lograr uniformidad de criterios para abordar el estudio del lenguaje y determinar su esencia; por ejemplo, acercamientos parciales al objeto de estudio que han derivado en captaciones fragmentadas de éste y desacuerdos en la concepción de lo que es el lenguaje y en la forma de estudiarlo. Se trata de un problema filosófico científico complejo, pues el lenguaje es una entidad mental y social que amerita un acercamiento interdisciplinario. La tesis del autor es que el objeto lingüístico es de conocimiento glotológico, en la medida en que es construido por el lingüista investigador. Por ello, los tres pilares que sustentan este trabajo son el objeto de estudio, el método de aprehensión de éste y la reflexión sobre el proceso cognoscitivo. Asimismo, esta problemática debe abordarse desde el ámbito generalizador de la epistemología, como reflexión de la metodología de la investigación lingüística.

2. Desarrollo

El capítulo I, "Fundamentos y criterios de demarcación crítica en el ámbito metodológico de la investigación lingüística", plantea la correlación entre la metodología de la investigación que se aplica en la lingüística y la concepción epistemológica que se adopte para tal efecto. Jiménez entiende la epistemología como la teorización que origina un cuerpo de saber expresamente formulado sobre cierta disciplina. Se trata de establecer las bases del conocimiento que, aunque pueda ser verdadero o falso, es siempre infalible; por ello, la epistemología busca el fundamento válido sobre el cual construir el conocimiento.

Tras un examen prolijo de las diversas definiciones y alcances de la epistemología, el autor asevera que se trata de un conjunto de reflexiones, análisis y estudios sobre los problemas suscitados por los conceptos, métodos y teorías de las ciencias. De entre las disciplinas que existen, es la epistemología o filosofía de la ciencia la responsable de la metodología que se aplique en la investigación que se realice.

En el capítulo II, "Propuesta de ubicación disciplinaria", Jiménez continúa con su análisis del ámbito epistemológico que le concierne a la lingüística y concluye que la orientación que interesa a la investigación lingüística es la que se relaciona con el conocimiento crítico racional, que debe estudiar la naturaleza de los fenómenos lingüísticos y los procedimientos metodológicos de investigación para poder aprehenderlos, reconstruyendo los sistemas nocionales producidos por las escuelas y corrientes de la lingüística actual en sus distintas teorizaciones (en el ámbito realista) y modelizaciones (en el ámbito idealista).

En el capítulo III, "Objetivos de la metodología de la investigación lingüística", se plantea que el principal objetivo de la lingüística es "conocer el lenguaje natural humano, considerándolo como algo universal y constitutivo de la propia esencia del hombre, y para ello elabora una serie de dispositivos teóricos más o menos complejos (2007: 41).

Las ideas consignadas hasta ahora permiten colegir que el objetivo de la metodología de la investigación lingüística es conocer profundamente la naturaleza del objeto lingüístico, teniendo en cuenta que este conocimiento no emana solo de los hechos lingüísticos, sino también de los propios dispositivos -teóricos y modélicos- elaborados, atendiendo a las propuestas de los paradigmas realista e idealista, respectivamente.

Para realizar un acercamiento coherente desde un prisma epistemológico a un objeto de estudio hay que tener un amplio conocimiento de éste y el más indicado es el lingüista. Entre los objetivos de la investigación, cabe citar: 1. el lingüista debe reflexionar sobre el propio proceso cognoscitivo para ver cómo se da en su propia experiencia lingüística; 2. debe tener en cuenta la estructura global de dicho proceso, analizando la metodología propia de la ciencia y del idealismo, para reconstruir sus pasos y establecer un simulacro de su propio comportamiento intelectual; 3. debe observar empíricamente cómo se manifiesta este conocimiento en el ámbito lingüístico, sin implicarse. Así, la metodología de la investigación en cuanto reflexión epistemológica habrá contribuido a la lingüística explicitando su carácter empirista e idealista.

El capítulo IV, titulado "Conocimiento ordinario y conocimiento epistemológico del objeto lingüístico", plantea que el objeto lingüístico está constituido por hechos empíricos observables, por los conocimientos metateóricos de la lingüística, por el conjunto de conocimientos adquiridos y que requieren la reflexión globalizante. Esta relación entre observación de hechos lingüísticos empíricos y su reflexión teórica es la que realza la conversión del lenguaje objeto en lenguaje sujeto, que trae aparejado un nuevo modo de concebir el lenguaje, pues éste adquiere el rango de sujeto trascendente y necesita la inmanencia de objetos lingüísticos con los cuales hacerse patente y existir. Por ello, el conocimiento del objeto será reflexivo y se someterán al control de la reflexión crítica los datos de las experiencias lingüísticas que organizan el mundo exterior y el proceso de organización cognoscitiva de la lengua que la razón y la conciencia realizan en el mundo interior.

El capítulo V, "La filosofía de la ciencia como vertiente sincrónica de la metodología de la investigación lingüística: propuestas de caracterización", postula que la lingüística dispone de tres vías para acercarse, sincrónica y diacrónicamente, al conocimiento de su objeto: la teoría del lenguaje, la teoría de la lengua y la teoría de la gramática. El lenguaje es una facultad humana que consiste en una realidad plural que no se puede percibir por los sentidos y que, por ello, permite su estudio idealista desde los planos social, simbólico y neuropsicológico, entre otros. Todos ellos conforman la Teoría del lenguaje. La lengua es un objeto empírico que se puede percibir por los sentidos y que posibilita su estudio realista, mediante las posturas descriptiva, histórica y tipológica, que conforman la Teoría de la lengua. En la Teoría de la gramática se contempla el proceso que explica cómo se puede producir este conocimiento (métodos, enfoques, teorías, etc.). Se trata, pues, de una reflexión glotológica o metateórica con dos vertientes posibles: 1. La investigación sincrónica (filosofía de la ciencia); 2. La investigación diacrónica (historiografía lingüística).

En el marco de la epistemología, el objeto es todo aquello que es pensado, distinto del acto de pensar y del sujeto que lo piensa. La teoría es toda concepción racional (conjunto de hipótesis) que intenta dar una visión sobre cualquier asunto. El método es el modo ordenado de proceder para lograr la resolución de problemas.

La tarea de la filosofía de la ciencia será precisar tanto el método que recorre el saber científico para llegar al conocimiento del objeto real mediante la producción de entramados teóricos, como la técnica que aplica el saber ideológico en el ámbito lingüístico para llegar desde los datos de las experiencias lingüísticas al conocimiento del objeto ideal (sujetual), mediante la producción de entramados modélicos.

En el capítulo VI, "La historiografía como vertiente diacrónica de la metodología de la investigación lingüística: propuestas de caracterización", el autor señala que dos niveles de análisis decidirán las razones que posibilitan un cambio teórico y modélico en la investigación: 1. cinemático: análisis centrado en la descripción de las entidades involucradas en el cambio; 2. dinámico: análisis de los factores que determinan los tipos de cambio. Hay también un doble acercamiento para analizar estos cambios: 1. opositivo: derivado del análisis cinemático, fija momentos de crisis y de esplendor y un período de tránsito hacia nuevas crisis y el comienzo de otro ciclo similar; 2. lineal: derivado del análisis dinámico, permite relacionar los momentos de crisis, esplendor y en tránsito de los ciclos, en el marco de una reelaboración lingüística evolutiva.

Con respecto a la reflexión epistemológica de la historia de la lingüística, esta es vista como un "proceso estructural de diferentes ciclos en los que distintos programas de investigación realistas e idealistas se oponen a partir de una serie de bases ontológicas sobre el lenguaje subyacentes" (2007: 71-72).

El acercamiento opositivo busca explicar el fenómeno de identidad a través del cambio (cambio intrateórico). El acercamiento lineal explicará el fenómeno de la continuidad a través de la ruptura (cambio interteórico), cuyo fin es relacionar los momentos de los ciclos establecidos, para comprender la reelaboración lingüística evolutiva de los distintos programas de investigación.

Las concepciones sobre el objeto de la lingüística son heterogéneas, lo que ha permitido programas de investigación de variada índole, que constituyen el sustento de la historia de la lingüística; por ejemplo, nominalistas, racionalistas, empiristas, criticistas, formalistas, etc. Pero solo el realismo y el idealismo han logrado el rango de paradigmas y han posibilitado una doble lectura de los hechos lingüísticos.

El capítulo VII, "La problemática de la identidad a través del cambio: acercamiento opositivo transcrónico", precisa los programas de investigación lingüística, relacionándolos dialécticamente en el interior de diferentes ciclos epistémicos, a través de un acercamiento opositivo transcrónico. Cada ciclo histórico estudiado se divide en los paradigmas realista e idealista y en dos programas de investigación que los implementan en cada momento histórico. El centro de cada ciclo es el fundamento ontológico sobre el lenguaje que sirve para establecer el ciclo. Con esta metodología, el autor analiza la historia de la lingüística, desde la Antigüedad, siguiendo con la Edad Media, la Edad Moderna y la actualidad. Finalmente, señala que la gran ventaja del doble acercamiento opositivo y lineal es que evita el reduccionismo propio de la aproximación epistemológica a la lingüística, establecido por patrones solo cronológicos y secuenciales.

El capítulo VIII, titulado "La actividad epistemológica teórica de la lingüística realista", presenta las actividades epistemológicas que realiza el lingüista que adscribe a este paradigma y que son: la definición y construcción del objeto lingüístico; la elaboración de teorías deductivas y racionales para llegar a su conocimiento a través del método científico y el proceso de verificación de las teorías lingüísticas.

Con respecto al punto inicial, el autor señala que la construcción del objeto lingüístico presenta varias etapas. Primero, es necesario considerar su naturaleza sensorial. Luego, su ontologización, es decir, la asignación de un contenido a los sonidos inteligibles. Finalmente, la glotologización del objeto lingüístico, esto es, la consideración de su naturaleza metalingüística. No obstante, el objeto de este paradigma de investigación no se agota en estas tres dimensiones, pues es fruto de la síntesis entre conocimiento sensorial, lingüístico y glotológico.

En el segundo punto, el autor explica que las teorías lingüísticas son los elementos del paradigma realista que tratan de describir la faceta empírica del mundo lingüístico. Son un conjunto de proposiciones ordenadas lógicamente, encargadas de producir y formular las reglas formales y conceptuales que van a configurar la materia transformándola en sustancia lingüística.

Por último, las teorías se verifican a través del método científico, que es un procedimiento regular, repetible y explícito para lograr un fin determinado. Consiste en suspender todas las preconcepciones, comenzando una búsqueda imparcial de hechos, mediante una serie de pasos que permiten comprobar la corrección y la eficacia de la experimentación científica. Esta última es vital para el desarrollo de la actividad realista, pues dentro de este ámbito no basta con suponer que las unidades serán de determinada forma, sino que hay que comprobar en el mundo lingüístico observado que esto es así.

El capítulo IX, "La problemática de la continuidad a través de la ruptura: los cambios interteóricos en los programas de investigación realista de la lingüística", presenta un acercamiento dinámico y lineal a la historia de la lingüística, presentando los cambios intermodélicos en los programas de investigación realista.

Los orígenes de esta investigación se remontan a Aristóteles, para quien el principio está en la observación, y la descripción solo es posible cuando se puede dar razón de los hechos o fenómenos. Luego se sitúa el Nominalismo medieval, cuyos máximos representantes son Santo Tomás y De Ockam. Su objetivo es lo particular y lo probable, en oposición a las generalizaciones del formalismo especulativo idealista. Consideran la lógica como subordinada a la gramática y a ésta como anterior a las lenguas. La Modernidad, en tanto, comienza con las gramáticas particulares del Renacimiento, continúa con las gramáticas descriptivas del empirismo y termina con las propuestas criticistas de fines del siglo XVIII. En este período se sostiene que el conocimiento es una actividad mental por la que el hombre se apropia de algo del mundo exterior. Se produce una concepción del mundo más funcional y mecanicista donde se sustituyen las preguntas del porqué y el para qué por el cómo se producen los fenómenos y cuáles son sus consecuencias.

El paradigma realista que, aplicado a la epistemología de la investigación, tiene como consecuencia el arribo a una concepción inmanentista del conocimiento, se traduce al ámbito lingüístico en una epistemología centrada en la investigación inmanente del lenguaje, cuyos principales representantes fueron los lingüistas histórico-comparados y los neogramáticos, durante el siglo XIX; el conductismo aplicado a la lingüística (propuesto por Skinner) y el distribucionalismo norteamericano durante el siglo XX. El autor plantea que los cuatro movimientos comparten, además del inmanentismo, un afán cientificista basado en la descripción exclusiva de los fenómenos observables, lo que los liga a los movimientos positivistas de ambos siglos.

En el capítulo X, "Los productos lingüísticos de la actividad epistemológica teórica", se señala que estos productos son la teoría lingüística, las proposiciones y los conceptos. Las teorías son formulaciones abstractas que describen la estructura lingüística y concretas que describen el sistema lingüístico. También, constituyen un constructo representacional con tres niveles epistemológicamente distintos, pero relacionados: el de los fenómenos o de los datos concretos, que componen el mundo exterior; el de los elementos lingüísticos y de los conceptos, que fundan los enunciados de las teorías concretas sobre el sistema de la realidad lingüística, y el del constructo teórico o conceptores, que conforman los teoremas de las teorías abstractas que explican la estructura del mundo lingüístico previsto.

Para poder realizar una descripción adecuada de los productos de la actividad epistemológica realista, es necesario diferenciar entre las teorías abstractas y las teorías concretas. Las abstractas están formadas por los conceptores, que se combinan para dar lugar a los teoremas, constituyente central de estas teorías. Las concretas están formadas por los conceptos, que se combinan según las reglas gramaticales de cada lengua para obtener los enunciados, constituyentes centrales de estas teorías.

Las proposiciones están formadas por los enunciados de las teorías concretas y los teoremas de las teorías abstractas y son la parte más importante del paradigma realista, pues son ellas las que se someten a contrastación empírica en la realidad, ya que su valor de verdad depende de que efectivamente ocurran o no los hechos que mencionan. Los conceptos, que dan origen a las proposiciones, son la unidad específica del discurso científico de la lingüística objetual. Se definen como la configuración intelectual que precede a su realización en una palabra y que, por ende, estarían antes del lenguaje.

El autor concluye que el problema de la lingüística realista es que tanto la actividad como los productos epistemológicos se refieren solo al mundo lingüístico previsto, por lo que tienen la necesidad de ampliarse con los presupuestos que aporta la lingüística idealista sobre el mundo lingüístico preferido.

En el capítulo XI, "La actividad epistemológica modélica de la lingüística idealista", se explica que la idea central del paradigma idealista es que el mundo accesible a la cognición no es considerado la verdadera realidad, porque esta resulta ser una construcción del pensamiento, por lo que los modelos, elementos propios del discurrir idealista de la lingüística, tratan de explicar la faceta trascendental del mundo lingüístico, es decir, incorporan al sujeto -en tanto creador y fuente del conocimiento- al objeto lingüístico. Por ende, la intuición lingüística, dimensión eminentemente sujetual, adquiere gran relevancia, tanto para la construcción del modelo como para la evaluación de su validez. Ahora bien, la importancia de la intuición tiene como consecuencia la pérdida del isomorfismo del modelo con respecto a la realidad lingüística. Pero esto no representa un problema para el modelo, pues su validez no se evalúa de acuerdo con la exactitud con que represente la realidad, sino según la eficacia con la que opera en el proceso de investigación.

Además, los modelos deben encontrar la técnica que los construya en la propia realidad lingüística, a partir de un proceso de saltos imaginativos que vayan de lo real a lo ideal. Esta técnica es la criticista, que compara las tesis de los datos con las tesis de valor, provocando la consonancia mediante la producción de nuevas tesis de datos adecuadas a los valores, por lo que, en el criticismo, las tesis de valor son más fuertes que las de los datos. En conclusión, un buen modelo no es el que explica la realidad empírica, sino el que permite la realización de una realidad potencial preferida, gracias a la adopción de la técnica criticista.

En el capítulo XII, "La problemática de la continuidad a través de la ruptura: los cambios intermodélicos en los programas de investigación idealista de la lingüística", el autor plantea un acercamiento dinámico y lineal a la historia de la lingüística, presentando los cambios intermodélicos en los programas de investigación idealista. El origen del pensamiento idealista se remonta a Platón, quien señala que la palabra es distinta a la cosa que designa (concepción simbólica del lenguaje). En la Edad Media existe una identificación de las categorías lógicas con las lingüísticas que, junto a la supremacía del latín, da una índole universalista al idealismo. En la Edad Moderna se valora al lenguaje como creador del hombre mismo y al conocimiento como reconocimiento del hombre en el hombre. En el Renacimiento se desarrollan gramáticas universales basadas en el rasgo universal de las categorías lógicas, las que se identifican con las lingüísticas y, además, se deslegitima la experiencia como única fuente de conocimiento, pues la razón se considera la fuente de la realidad, lo que justifica la posibilidad de obtener conocimientos universales. Finalmente, en el idealismo alemán se reconoce que en el proceso de conocer no solo existen el objeto y la conciencia que conoce, sino también el conocimiento acerca del objeto, surgiendo la conciencia de la síntesis cognoscitiva.

Con respecto a la importancia que tuvieron los paradigmas idealistas en la investigación trascendente del lenguaje, el camino es inaugurado por Humboldt (primera mitad del siglo XIX), quien señala que el lenguaje no es ni una visión de mundo ni una concepción de él, sino un intermediario, sujeto constitutivo de la realidad inmediata. Esta idea es continuada por Gadamer y el trascendentalismo lingüístico, posterior a la Segunda Guerra Mundial, y por el mentalismo lingüístico (primera mitad del siglo XX), cuyos principales expositores son Sapir y Whorf, que reconocen una identificación entre lenguaje y pensamiento, lo cual origina la famosa hipótesis del relativismo lingüístico. Finalmente, el prototipo de paradigma idealista de la lingüística lo constituye el generativismo chomskiano, que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XX.

El capítulo XIII, "Los productos lingüísticos de la actividad epistemológica modélica", expone que estos productos son: los modelos lingüísticos, los juicios de valor y las categorías. Los modelos son elaborados para explicar el sistema y la estructura lingüística. Están compuestos por tres niveles epistemológicamente distintos, pero relacionados: el nivel de los noúmenos o de los datos concretos, que constituyen el mundo interior; el nivel de los elementos lingüísticos y de las categorías, que constituyen los postulados de los modelos sobre el sistema de la idealidad lingüística, y el nivel del constructo modélico o los categoriales, que constituyen los modelemas de los modelos abstractos que explican la estructura del mundo lingüístico preferido.

El autor considera necesario diferenciar entre modelos concretos, formados por las categorías que se combinan según las reglas gramaticales de cada lengua para obtener los postulados, y los modelos abstractos, formados por los categoriales que se combinan para dar lugar a los modelemas, que tienen un papel análogo al desarrollado por los postulados.

Los juicios de valor están formados por los postulados de los modelos concretos y por los modelemas de los modelos abstractos de la lingüística y son claves en el desarrollo de la actividad idealista, pues tienen más gravitación que las tesis de los datos y, por tanto, tienen el peso de la verificación de los modelos.

Una categoría lingüística es lo que representan todas las expresiones de los términos de la lingüística sujetual que puedan sustituirse entre sí; por lo tanto, no son objetos empíricos y se deben considerar como uno de los elementos constitutivos del mundo lingüístico, que expresa el conocimiento subjetivo que el lingüista tiene de las experiencias lingüísticas que se dan en el mundo interior.

El análisis de los productos de esta actividad epistemológica acerca al lingüista a la esencia del quehacer investigador, proporcionándole la determinación y la precisión necesarias para conocer la naturaleza de su objeto y situar los niveles observacional y modélico en los planos que corresponde.

3. Corolario final

El autor asevera que en el ámbito general de las ciencias humanas y, en particular, de la lingüística, no se ha llegado a un consenso sobre la fundamentación teórica y metodológica de sus investigaciones, lo que implica la inexistencia de una teoría unificada de la investigación o epistemología. El origen de esta disputa se remonta a las dos grandes tradiciones científicas: la aristotélica y la platónica. En la actualidad, el rechazo de los exclusivismos hace que la concepción de la investigación se flexibilice, dando paso a la complementariedad. De acuerdo con ello, la epistemología lingüística aquí desarrollada permite arribar a una visión globalizante del objeto de estudio, que permita superar la visión parcelaria de la actividad científica, gracias a la conciencia adquirida sobre el carácter mediador del lenguaje. Lo anterior se produce porque la epistemología lingüística añade un tercer elemento a la investigación tradicional, basada ya sea en la reflexión empirista del paradigma realista o en la reflexión criticista del paradigma idealista: se trata de un componente creativo que contemple la generación de nuevas tesis que recojan la relación entre el mundo exterior y el interior, generando así un triángulo metodológico, a partir de los datos de la experiencia (el mundo lingüístico observado), la intervención de la razón (mundo lingüístico previsto) y la intervención de la intuición (mundo lingüístico preferido). Todo lo anterior permitirá comprender tanto la realidad lingüística empírica (habla) como la potencial (lengua) a partir no solo de la propia realidad lingüística, sino también de la visión que se tiene de esta realidad desde el prisma organizador del lenguaje.

4. Conclusión

Consideramos que este libro representa un valioso intento por resolver el problema de la visión parcelaria de los objetos de estudio de la actividad científica, lo que hoy representa una enorme dificultad no solo para la lingüística, sino también para la ciencia en general. Además, la empresa de realizar una síntesis dialéctica de los principales programas de investigación lingüística, fundamentada en un profundo conocimiento del devenir histórico del objeto en cuestión, resulta muy provechosa para los estudiantes de lingüística que pueden sentirse abrumados por la multiplicidad de enfoques para abordar el lenguaje. Ahora bien, de acuerdo con lo anterior, creemos que el título de esta obra no da cuenta fiel de su contenido, pues más que la metodología de la investigación lingüística, estudia y revisa la historia de la epistemología que reflexiona filosóficamente sobre ésta, pero que no expone técnicas y prácticas para guiar la investigación científica en concreto.

 

Felipe Hasler y Haydée Correa Sánchez
Universidad de Chile