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Byzantion nea hellás

versão On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.35 Santiago nov. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712016000100025 

RESEÑAS


CÉSAR GARCÍA ÁLVAREZ: Diccionario. Conceptos fundamentales de la cultura griega. Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos "Fotios Malleros". Universidad de Chile. Santiago. 2016. 352 pp. ISBN 978-956-362-455-7.

 

Sergio González A.



Un lector desprevenido pasando frente a una librería podría fácilmente formarse una idea errada acerca del contenido de esta obra a partir de su título y portada: un diccionario de conceptos fundamentales de la cultura griega y la imagen de unas ruinas arqueológicas. Probablemente acudirían a su mente los nombres de Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles, Esquilo, Pericles y algún otro, asociándolos quizá con palabras como polis, idea, theoria, katharsis, tragedia, logos, cosmos. Algo de un pasado muy lejano, sin duda. Todo esto, claro está, si es que el paseante supera por lo menos la treintena y cursó su formación básica y media cuando los sucesivos ministros de educación aún no habían prácticamente borrado de un plumazo siglos de historia cultural para hacernos venir al mundo con el romanticismo decimonónico ex nihilo.

Pero nada es lo que parece a primera vista en este manual, término ajustado a sus dimensiones, pues se trata de un pequeño y útil vademecum. Para empezar, no es un diccionario si esperamos encontrar en él definiciones breves y redactadas desde la más gélida razón. La extensión de las entradas suele oscilar entre las dos y las seis páginas o más, catorce en un caso, y cada una de ellas es en realidad un breve ensayo sobre el término en cuestión, situándolo en su contexto histórico, cultural, literario, religioso, filosófico, e ilustrándolo con citas clásicas y modernas también. Por ejemplo, la entrada dedicada a la belleza comienza por Homero y Platón, pero se proyecta fluidamente a Thomas Mann, Heidegger y Fray Luis de León. Particularmente recurrentes son las referencias a poetas y novelistas en lengua castellana, lo cual no es de extrañar, pues durante aproximadamente tres décadas el profesor César García enseñó literatura a futuros profesores de castellano de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, y es así que los conceptos son comentados de manera persuasiva, con la pasión por lo helénico que caracteriza al autor, y siempre teniendo en mente (aunque no de manera exclusiva) al lector que se acerca por vez primera al legado griego, pues se advierte a lo largo de sus páginas la intención pedagógica de relatar una vez más el mito del origen, volver a las fuentes de la civilización europea que, inspirándose en modelos griegos, hizo posible las obras de Shakespeare, Goethe, Cervantes, Dante, Montaigne, Hume, Kant, Dostoyevsky, Vivaldi, Mozart, Da Vinci, la idea de democracia, república, derechos humanos y tantas otras.

Precisamente por esta proyección de Grecia al mundo más allá de la oikumene alejandrina y más allá de Bizancio, tampoco son conceptos de la cultura griega lo que contiene este diccionario, si es que pensamos que ellos deberían remitirnos (y restringirnos) a un mundo del cual nos separa un abismo infranqueable de siglos, de creencias y, en definitiva, de cultura. Muy al contrario, ya que lo griego funda para occidente lo humano (que el autor muestra a manera especular en sus reflejos desde otras lenguas, otros siglos, otras latitudes), el límite, concepto tan caro a los griegos, es constantemente desbordado hacia el orbe romano, hacia la cristiandad, hacia el existencialismo moderno, entre otros, y en un nuevo reflejo, lo otro más allá del limes, allende el akron, se vuelve e ilumina a la Grecia que le dio la luz. Por otra parte, tampoco se trata de conceptos stricto sensu, y en buena hora, pues de ser ese el caso habríamos sido privados de entradas como las dedicadas a notables personajes, ya históricos, ya literarios, como Medea o Helena, Heráclito u Homero, o las asignadas a obras como el Fedón, eventos como la Guerra del Peloponeso y un largo etcétera. Las entradas remiten unas a otras como si de una red de Indra se tratase, en cada uno de cuyos vértices se halla una joya que en sus múltiples caras refleja a todas las demás joyas, de manera que indiferentemente de cuál sea el acceso inicial, pronto todas las entradas se retroalimentan orgánicamente. Al final de cada una de ellas se ofrece una pequeña bibliografía en la cual pueden aparecer consignados desde artículos en revistas especializadas hasta las obras de nombres clásicos como los de Jaeger, Otto, Eliade, Arendt, Campbell, Kerenyi, Vernant, Festugière, Dodds, Jung y muchos otros con los cuales el lector podrá extender y profundizar su provechosa lectura. Por otra parte, si se piensa no ya en una lectura privada, sino en su uso como herramienta pedagógica, este diseño conceptual del diccionario permite, además, la discusión en aula de términos vinculados, explicitándolos, ilustrándolos, contrastándolos y, en definitiva, dialogando, a la manera griega, con lo cual el profesor dispone de un valioso material con el cual organizar sus clases y guiar a sus alumnos en el ascenso al Parnaso helénico.

La imagen de la portada captura el Odeón de Herodes Ático, en la Acrópolis de Atenas, cuyas graderías se encuentran apretadamente ocupadas por espectadores atentos a lo que ocurre en la escena, donde un fuego incandescente ilumina la cávea y el muro con anaranjados colores ilustrando, como llama inextinguible, el acervo que pervive en las obras helénicas y también en aquellas otras que las toman como inspiración, lo cual ya había advertido Isócrates cuando afirmó, hace cerca de 2.600 años, que griegos son los que participan de la educación griega. ¿Es el Odeón una ruina? Por cierto, pero una ruina sobre la que se construyó la cristiandad y la sociedad secular, el medioevo y la modernidad, Europa y América. Un ruina, por lo tanto, que merece nuestra atención y cuidado.

La última sorpresa de esta obra lo constituye el hecho de que mientras las universidades empujan a sus académicos a publicar artículos en revistas especializadas, de lectura intra muros y, lo más importante, indexadas para competir en los rankings, el profesor García escriba un libro. Decía Chesterton que en una época de heterodoxia, lo heterodoxo es volverse ortodoxo, y esto es en cierta manera lo que hace el autor al recuperar la tradición multisecular de constituirse en un puente de comunicación entre la torre de marfil y la comunidad ávida de conocimiento, de arte, de belleza, de humanidad, que cada vez más les son negadas por una academia que goza escribiendo en una jerigonza críptica, no apta para (nada menos que) la mayoría de la población. El lector cínico podrá sospechar que el autor escribe este libro cuando se encuentra al final de su carrera, y no debe ya doblegarse ante las exigencias del mercado académico, pero afortunadamente ni es este el primero ni, esperamos, el último de sus libros.

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