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Byzantion nea hellás

versão On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.35 Santiago nov. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712016000100006 

ARTÍCULOS GRECIA ANTIGUA

 

UNA LECTURA EN TORNO A LA ANÁBASIS DE ALEJANDRO. ARRIANO DE NICOMEDIA Y LOS DIOSES.

A READING ABOUT THE ANABASIS OF ALEXANDER. ARRIAN OF NICOMEDIA AND GODS


LESLIE LAGOS ABURTO

Universidad de Concepción. Chile

Correspondencia:


Resumen: Esta investigación intenta exponer diversos aspectos de la "religión" griega que aparecen en la Anábasis de Arriano, y que generalmente no se les presta la atención que merecen por no ser una obra de carácter religioso. Sin embargo, Arriano a lo largo del texto fue presentando sus opiniones y reflexiones en torno a las divinidades y las expresiones propias de su culto, cuestión que conecta con las conquistas de Alejandro.

Palabras clave: Arriano de Nicomedia, Anábasis, Historiografía griega, religión griega, Segunda Sofística.



Abstract: This paper tries to expose various notions about the Greek "religion" that appear in the Arrian’s Anabasis, and generally they are not a work of religious nature. Nevertheless, throughout the text Arriano was exposing his opinions and reflections about the divinities and their own expressions of worship, which is an issue connected to Alexander’s conquests.

Key words: Arrian of Nicomedia, Anabasis, Greek historiography, Greek religion, Second Sophistic.


 

1.- Arriano y la divinidad

Es innegable que uno de los grandes factores de unidad del helenismo (cultura griega) fue la religión, aunque no existió en griego antiguo un término entendido como tal, se comprende que existió una forma de expresión "religiosa" en las ciudades que se manifestó a través del respeto y devoción por las divinidades, como asimismo, con las diversas festividades en donde se veneraba a una o varias deidades. En el siglo II d.C. las ciudades griegas presentaron un complejo panorama religioso, en vista de que la religión tradicional griega y la helenística incorporaron a la figura del princeps como parte de sus rituales, sin embargo, a éste se le rendía culto ante todo como benefactor en vida. Al igual que los otros intelectuales griegos, Arriano no abandonó a la religión, cuestión casi imposible, pues ésta fue segmento de las manifestaciones propias de la identidad de los griegos, los dioses eran parte de lo doméstico y de la vida ciudadana.

En cuanto a las referencias de dioses griegos, Arriano nombró a: Zeus, Atenea, Artemis, Dioniso, Poseidón1 y Asclepio2, y a los héroes Heracles y Aquiles. Es posible que estos hayan sido importantes para él mismo, no obstante, es notorio en el texto el favoritismo por Zeus y Atenea dado sus sentimientos hacia la ciudad de Atenas. Además, las fiestas, juegos, festivales, entre otras celebraciones, se realizaron en honor a los dioses nombrados, incluso muchas de las ofrendas fueron enviadas a Atenas para honrar a la diosa protectora de la ciudad, pero la imagen de Zeus fue más importante por ser el dios padre y todopoderoso. Es indiscutible la significación para Arriano y para el helenismo la imagen de Zeus, ya en el libro I de la Anábasis el autor dejó ver que para la unidad del mundo griego era necesario reafirmar la identidad religiosa, pues la conquista de Persia tuvo un trasfondo divino y Arriano adjuntó a la figura de Alejandro a Zeus, su padre3 y el los griegos, lo que confirmó la importancia de este último para la armonía de las ciudades griegas, por lo que la Anábasis sirvió para propósitos propagandísticos del helenismo en materia religiosa. El texto es indiscutible en este sentido:

"Tenía Alejandro la idea de construir sobre la ciudadela un templo a Zeus Olímpico y levantar un altar"4.

Estas ideas fueron fundadas en la Vida de Alejandro por Plutarco, quien siguió a Calístenes como fuente y quienes percibieron, aunque en épocas muy distantes, el mismo pensamiento de Arriano acerca de Zeus como padre de Alejandro y de los griegos:

"suplicándoles que si él era hijo de Zeus, protegieran y dieran ánimos a los griegos"5.

Zeus representaba el equilibrio, "es el principio de la soberanía legal, que une en sí la justicia y actúa como garante universal del orden del mundo y de la sociedad gracias a su potencia suprema"6, es por ello que Arriano manifestó en reiteradas ocasiones la importancia del dios para las acciones de Alejandro, que a su vez era el hegemón de los griegos y el vengador del helenismo. No pretendemos decir que Arriano tuvo la idea de que haya existido intervención divina, en lo absoluto, no advertimos intentos semejantes en la Anábasis, pues lo que se observa es que hay un fuerte apego por la divinidad que se traduce en devoción, creer en los dioses sin abandonar la racionalidad, y lo más importante, no dejarse llevar por la superstición.

Arriano fue muy crítico de la superstición e indicó que Alejandro se transformó en supersticioso cuando comenzó a gustar de las costumbres bárbaras. Esto se distingue detalladamente en la narración de los últimos días de la vida de Alejandro, relatado en VII, 24 de la Anábasis.

Evidentemente la información de Arriano es valiosa para establecer debates en torno a las causas de la muerte de Alejandro, pero hay que ir más allá de las opiniones del mismo autor, quien explicó que desde antes de la muerte del macedonio habían surgido una serie de presagios que provocó que éste se aferrara a los rituales y sacrificios estrictos. Por lo tanto, existió una convicción racional de la divinidad por parte de Arriano.

Para el autor de la Anábasis, la religión era parte de la vida de los hombres, pero ¿era Arriano un hombre religioso? Si buscamos en el texto es difícil encontrar rasgos acerca de su filosofía en materia religiosa, el caso de Plutarco, por ejemplo, es mucho más perceptible. En la Anábasis, en cambio, se aprecian sólo algunas ideas dispersas que hay que reunir para alcanzar una panorámica en cierta medida aceptable.

No obstante, hemos hallado en la Anábasis la importancia de las procesiones en honor a los dioses tradicionales griegos7, pero la información del texto sigue siendo insuficiente: Sacrificio a Asclepio8 y a Heracles9, procesión en aplauso a Heracles10 y fiestas a Dioniso11. Eso es todo.

A pesar de las escasas menciones de autoridades religiosas y opiniones personales acerca del papel o función de las divinidades en la Anábasis, Arriano poseyó la fuerte convicción que la religión era un elemento fortificador del helenismo, sobre todo en las provincias orientales del imperio romano12. Pero esta visión positiva del rol de las divinidades, manifestada en las expresiones festivas, debió ser abordada en Arriano como un griego del siglo II d.C. que defendió la religión griega tradicional y helenística, y dioses propios, tales como Zeus, Artemis, Dioniso, entre otros, aún en tiempos de Arriano eran altamente adorados13. Sin embargo, como heredero de la tradición helenística, Arriano también advirtió características del mundo creado tras las conquistas de Alejandro, por lo tanto, poseyó la perspectiva que no tuvo Alejandro ni sus sucesores en cuanto a lo que significó lo que nosotros llamamos mundo helenístico, es decir, tuvo conciencia de las dimensiones de la herencia del imperio de Alejandro.

En la Anábasis se mencionan además, a Isis y a Serapis, pero desde matices propias de la época de Arriano:

"El número de templos y de dioses que en ellos se veneraban (en Alejandría), incluyendo no sólo a los griegos, sino también al egipcio Isis"14.

"… estuvieron de guardia toda la noche en el templo de Serapis para preguntar al dios si era conveniente y mejor traer a Alejandro al templo de la divinidad y suplicar su curación"15.

La diosa Isis fue muy venerada tanto en el oriente helenístico como en Roma16, por lo que no era una divinidad extraña para los romanos, así que más que un "producto de exportación" egipcio fue griego, ya que los mismos griegos de Alejandría y Atenas17 la honraron, y las reinas Lágidas a partir del año 101 o 100 a.C. se asociaron a la diosa. A Arriano, que vivía en un mundo misceláneo dominado por Roma, no le eran ajenas las divinidades orientales ni el sincretismo. Lo que pretendió en el texto era mostrar que los dioses griegos convivieron en perfecta armonía con los foráneos gracias al sincretismo, ya que fue un método para proteger a la religión griega, pues era más "sano" asociar divinidades que disminuir su influencia, por eso para él eran importantes las festividades religiosas como medio de resguardo y difusión.

El caso de Serapis fue similar al de Isis, su instauración fue posterior a los tiempos de Alejandro, así que la fuente de Arriano pudo haberlo confundido con otro dios. Estos dioses, como asimismo otros, fueron apreciados por griegos y romanos18, y Arriano no fue la excepción. Para comprender su actitud hay que advertir ante todo que provenía de una ciudad helenística, Nicomedia, además, un factor relevante fue la actitud romana de permitir a las provincias orientales conservar sus tradiciones, y por lo tanto, el comportamiento religioso de Arriano fue un reflejo de la idiosincrasia de la parte oriental del imperio. El pronunciarse acerca de Isis, Serapis y Asclepio era producto de la tradición helenística propia de las provincias orientales a la cual estaba sujeto por nacimiento, educación, costumbres, sin embargo, esto no quiere decir que haya renunciado a los dioses tradicionales, al contrario, las alusiones a Zeus, Dioniso y Atenea principalmente, eran muestras de la vigencia de los dioses característicos. El problema proviene más bien de la historiografía moderna que denominó al período helenístico como origen de la "crisis de la religión griega" que se proyectó hasta la consolidación del cristianismo, pero esta posición ha sido ampliamente cuestionada por Maurice Sastre cuando explicó que:

"Uno de los lugares comunes de la historia de la religiones es el anuncio del declive de los cultos griegos tradicionales en la época helenística cuyo signo visible sería el éxito de los dioses de salvación. Esta opinión muy extendida se apoya sobre dos a priori igualmente falsos. En primer lugar, el declive de la ciudad iría acompañado por el de sus dioses, en segundo término, la aspiración a una religión más personal provocaría el disfavor para con los antiguos dioses entre la masa de los fieles. Ciertamente, a partir del final del siglo IV, al divinizar los atenienses a Demetrio Poliorcetes, lamentaban que sus dioses estuviesen lejos, que no se preocupasen de los humanos o que fuesen incapaces de auxiliarles. Pero semejante actitud no atacó realmente el prestigio de los dioses cívicos y no cuestiona su papel en la comunidad"19.

Lo anterior indica que no hubo tal decadencia, pues la pólis continuaba siendo el gran centro neurálgico del sentimiento religioso griego y los dioses tradicionales constituían una parte de las actividades comunes de los ciudadanos de la ciudad, por lo que un agravio a los dioses locales era "cuestionar los fundamentos sólidos de la comunidad cívica"20. Arriano, como ciudadano ateniense debió participar en las festividades de la ciudad, incluso es probable que conociera las celebraciones de los Misterios de Eleusis21 y haya asistido a las procesiones. En la Anábasis se indica que éstas fiestas eran las más importantes y que todos los atenienses participaban, además, no encontramos ideas de repudio a ninguna fiesta mistérica22, en vista de que para Arriano eran parte de la expresión identitaria de los griegos.

Sin embargo, existe un dato acerca del sentimiento religioso helénico de Arriano muy importante, que no aparece en la Anábasis pero que está muy relacionado con las creencias de éste, se trata de un epigrama encontrado en Córdoba (Corduba) en la provincia romana de Bética, cuyo resultado de estudio fue publicado en 1971 por Antonio Tovar23. No existe unanimidad en los especialistas en que se trate de Arriano de Nicomedia, el historiador, quien haya sido el autor de tal inscripción, pues aún no se han encontrado pruebas fehacientes que comprueben tal suposición. Sin embargo, consideramos que no es una coincidencia superflua o literaria que un Arriano, procónsul, haya dejado una muestra de su devoción por Artemis en Bética, además, el Cinegético y la misma Anábasis apuntan en igual dirección, dejar en evidencia la piedad griega. No nos apresuramos en sostener que el Arriano del epigrama de Córdoba sea el de Nicomedia, pero a pesar de ello, tenemos nuestras dudas, pues el autor en la Anábasis describe Bética y aunque la historiografía actual critica los errores geográficos que cometió en el texto nos llevó a preguntarnos ¿qué objeto tiene describir, aunque escuetamente, un lugar fuera de los límites de las conquistas de Alejandro? ¿Por qué Arriano insertó tal explicación que encajó dentro del contexto del asedio de Tiro? ¿Fue un medio para poder salirse de la narración y contar que estuvo en Bética y que conoció la región del antiguo reino de Tarteso?24. Esto último no es una novedad en Arrriano, en varias ocasiones agregó comentarios a los márgenes de su narración, sin embargo, la arqueología tampoco ha podido avanzar en la identificación del autor del altar de Córdoba.

Desde su descubrimiento, la pieza ha sido estudiada con esmero por su impecable estado, y los estudios la datan del siglo III d.C., así que perfectamente puede ser una copia. No obstante, el ara también encierra otro problema, la traducción satisfactoria del texto y que los filólogos en general han propuesto que el escrito es un poema a la diosa Artemis que manifiesta la forma correcta de ofrendarla.

El texto escrito en griego y cuya traducción es la siguiente:

 

Mejores para ti que el oro y la plata (son) dones inmortales, eligió y que la caza mucho mejores de las Musas los dones que yo, cabeza enemiga, ofrendo: pues a una diosa no es justo (ofrendar) los que destruyen a otros. – Arriano. Procónsul25.

La inscripción del altar dedicado a Artemis nos interesa porque también nos permite explicar la relación entre Arriano y el helenismo. No es menor que esté escrito en griego, y siguiendo el hilo conductor del tema que estamos tratando responde a la pregunta que nos habíamos formulado ¿era Arriano un hombre religioso? Sin duda lo era. Artemis era venerada por los cazadores y el mismo Arriano gustó de la caza26 como muchos hombres de su época, pero su devoción por la diosa de los bosques se tradujo con la construcción de un altar cuya inscripción es un poema. El problema para nosotros es que en la Anábasis sólo se hacen dos menciones a la diosa27, pero su significado revela que fue ofrendada por Alejandro a causa de la liberación de Jonia, celebrando una gran procesión en la cual participó todo el ejército armado. Aunque en el texto Arriano no desarrolló abiertamente sus ideas religiosas, existe conexión entre éste y el epigrama de Córdoba, ya que fueron escritas dentro del contexto de una misma época, entre el 129 y 130, y el deseo de publicitar la cultura griega está presente, recuérdese, y no es un detalle menor, que la inscripción está escrita en griego. Además, su idea quizá fue dejar en el extremo occidental del imperio una manifestación material de la devoción a Artemis, y asimismo, el héroe de la Anábasis estaba enlazado a la diosa por una cuestión de tradición mitológica. Según Plutarco, el día en que nació Alejandro, el templo de Artemis en Éfeso fue consumido por un incendio y que un tal Hegesias de Mileto dijo, a modo de broma, que la diosa no había podido socorrer el templo porque estaba asistiendo el parto28. Ciertamente Arriano no contó la anécdota, pero se había percatado del respeto.

Plutarco es quien nos entrega más información sobre las conductas religiosas de Alejandro, pues su propósito era emitir juicios acerca de la vida de éste con un fin educativo. En cambio, el fin de Arriano no era tal, pero por su acercamiento al estoicismo observamos algunos comentarios similares a los de Plutarco en cuanto a comportamientos y acciones de Alejandro como representante del helenismo y nos proporciona mucho más referencias que la Vida de Alejandro acerca de la religión griega y sus características propias. Lamentablemente, no podemos establecer una comparación acabada entre Arriano y Plutarco en cuanto a la realización de los juegos gimnásticos por orden de Alejandro en Asia, ya que los datos que extraemos de la Vida de Alejandro no son suficientes, son casi inexistentes. Ambos autores coincidieron en la importancia de las fiestas dedicadas a Heracles después de la conquista de Fenicia, no obstante, Plutarco se remitió a un relato breve de las celebraciones religiosas en general, aunque no deja de ser útil, dentro de ciertos parámetros, para nuestra investigación y la confrontación con la Anábasis de Arriano.

En cierta medida, Plutarco compartió los mismos sentimientos de Arriano concerniente a la propaganda del helenismo en un mundo romano y sin alterar la paz lograda por las políticas de integración de los príncipes. El texto de Plutarco, escrito antes que la Anábasis, fue desarrollado dentro del contexto de, por un lado, admiración por Roma, y por otro, el sentimiento orgullo por la cultura griega, y es seguro que Arriano haya leído las Vidas como parte de su educación estoica.

2.- Los juegos gimnásticos en la Anábasis

En tiempos de Arriano aún se celebraban tres de los cuatro juegos panhelénicos: los de Olimpia, los del Istmo y los Píticos. Así que para él no era incomprensible la relevancia de éstos para la cultura griega.

En la Anábasis, Arriano no constituyó una mención afinada de éstos juegos, sólo algunas alusiones que nos indican que éstos eran todavía en el siglo II d.C. importantes para los griegos, ya que mantenían unida la identidad helena en un mundo dominado por Roma. Además, los romanos participaron en los juegos panhelénicos auspiciados por la autoridad máxima del imperio, sobre todo en época de Adriano29, y sin duda los más importantes fueron los de Olimpia, pues el mismo Arriano lo expresó en los siguientes párrafos:

"…y Dionisodoro, un vencedor de Olimpia (…)30 dijo (Alejandro) que dejaba en libertad a Tesalisco por respeto a su familia, que era de la nobleza tebana, y a Dionisodoro por su victoria en Olimpia"31.

Alejandro, según Arriano, liberó a estos griegos acusados de traicionar la causa helénica por su cualidad compasiva, pero el texto nos indica que un triunfador de los juegos de Olimpia era superior al resto de los ciudadanos. Esta mención quedó opacada por las acciones de Alejandro aunque su importancia para nuestra reflexión es notable. Arriano debió estar presente en algunos de estos juegos como ciudadano ateniense, pues en el mundo griego a partir del período helenístico se acercaron a la isopoliteia y por lo tanto, su significación para la identidad griega seguía siendo indiscutible. Pero esta es la única mención a un vencedor de Olimpia, por lo que no podemos extraer información ampliada sobre esto, sin embargo, sí se refiere a los juegos olímpicos propiamente tales en el libro I:

"Después de todo esto, regresó Alejandro a Macedonia e hizo a Zeus Olímpico el sacrificio que habría instituido Arquelao, y estableció en Egas un concurso de juegos como en Olimpia; otros dicen que celebró un certamen en honor de las musas"32.

Arriano primero vinculó a los reyes de Macedonia con Zeus Olímpico. En el Olimpo residía el padre de los cielos y que a su vez de él descendía la dinastía macedonia, pues Heracles era su hijo. Zeus era el dios más importante y por ende Arriano lo vinculó con Alejandro, además, éste planteaba que era su hijo producto de las relaciones con su madre Olimpia con el dios. Arriano prestó mucha atención en esta historia y dedicó varias páginas a la visita de Alejandro al santuario de Siwa33.

El carácter religioso de los juegos era la esencia misma de éstos, Arriano tenía pleno conocimiento de que eran manifestación propia de la religiosidad griega, así que en la Anábasis expuso que Alejandro era partícipe de las creencias griegas en esta materia. Pero, no es la religiosidad de Alejandro lo que nos compete en esta reflexión, sino las visiones de Arriano, sin embargo, éste usó la figura de Alejandro para enaltecer los ideales griegos, así que la enunciación de que la celebración de juegos antes de la partida al Asia nos indica que existió en Arriano un deseo de sobreponer al helenismo frente a los orientales, pues de alguna medida la expedición a oriente fue encomendada a los dioses, principalmente a Zeus.

Por otra parte, Arriano señaló deliberadamente a Arquelao en el texto. Este rey gobernó en Macedonia entre el 413 y 399 a.C. Amante de las artes, protector de artistas, entre ellos Eurípides, por lo que creemos que no fue fortuito nombrar a Arquelao en la Anábasis, ya que se le consideró, y aquí hay una alusión a Tucídides, el mejor rey de Macedonia34. Esto no quiere decir que Arriano negó a Filipo y Alejandro, en lo absoluto, lo que ocurre es que Arquelao, en vista de Tucídides, helenizó Macedonia, por lo que nos hace pensar que hay una fuerte veneración por Zeus a partir de este período como resultado de estas políticas helenizantes.

Además, Arriano hizo mención a una celebración a las Musas35 que tal vez organizó Alejandro antes de partir al Asia, por lo que las referencias estarían dirigidas a Apolo y los juegos Píticos. Arriano no estaba seguro de esta información, pero lo que si conocemos es un dato que entregó Plutarco sobre Alejandro y Delfos, pues según el moralista antes de regresar a Macedonia y después de convocar una asamblea en Corinto, pasó Alejandro al santuario a consultar al oráculo acerca de la guerra contra Persia36.

Ni en Arriano, ni en Plutarco, hallamos informes de la celebración de juegos gimnásticos en Delfos, pero a lo largo de la Anábasis hay muchas menciones a estas festividades, que si bien es cierto que tenían un carácter religioso, eran parte de la idiosincrasia griega y Arriano fue contrastando las costumbres helénicas con las orientales, entre las cuales sobresalen las fiestas con juegos gimnásticos en honor a Zeus, Dioniso y Heracles.

La primera vez que Arriano durante la narración de la expedición a Asia se refirió a los juegos fue cuando Alejandro llegó a la localidad de Solos en Asia Menor: "celebró una carrera de antorchas e instituyó un certamen gimnástico y literario"37.

Para Arriano fue indudable la importancia de los juegos como manifestación de la religiosidad griega. La gran forma de rendir culto a los dioses era por medio de fiestas acompañadas de juegos gimnásticos y en la Anábasis en reiteradas ocasiones se hace mención a ellos. Con los ejemplos siguientes confirmamos que lo que pretendía Arriano era enaltecer los certámenes de éste tipo por ser algo propio de los griegos y que se había logrado conservar hasta su época. Además, para él, la presencia del helenismo en Asia se fortaleció con estas celebraciones:

"cruzó el río (Nilo) para llegar a Menfis, donde ofreció sacrificio a todos los dioses, y de modo especial a Apis, y celebró certámenes gimnásticos y musicales, a los que concurrieron los especialistas más famosos de Grecia"38.

"Se celebró además un certamen gimnástico y una carrera de antorchas en el templo (de Heracles en Tiro)"39.

"Por lo que organizó de nuevo sacrificios y juegos gimnásticos y musicales en honor a Heracles"40.

"Celebró Alejandro sacrificios en Susa de acuerdo a la tradición,y organizó una carrera de antorchas y unos juegos gimnásticos"41.

"Allí se detuvo por quince días, sacrificando a los dioses según la tradición, y, celebrando una competición gimnástica"42.

"Organizó sacrificios a los dioses según el ritual y celebró un certamen ecuestre y gimnástico"43.

"Dispuso (en Taxila) la celebración de unos juegos gimnásticos e hípicos"44.

"Alejandro honró debidamente a los muertos en el combate, y celebró luego sacrificios en honor de los dioses, según era tradición tras una victoria, así como un certamen gimnástico e hípico sobre la ribera del Hidaspes"45.

"Alejandro ofreció sacrificios en Carmania como agradecimiento por sus victorias sobre los indios, y en nombre de su ejército, por haber cruzado Gadrosia sanos y salvos, e instituyó un certamen musical y gimnástico"46.

"Celebró Alejandro en Ecbatana un sacrificio, según tenía por costumbre tras algún buen evento, y organizó un certamen gimnástico y musical"47.

Habíamos advertido que Arriano pretendió legitimar los juegos por ser parte de la tradición griega y no sólo tenían una razón ritual o de celebración religiosa multitudinaria, sino que además, existía la utilización de éstos para instrucción militar. Lo que nos dice los textos de la Anábasis es que no se les negó la posibilidad a los soldados del ejército de Alejandro participar como atletas en estos juegos, como observamos claramente en la Anásbasis no fueron excluidos de los certámenes.

La intencionalidad de Arriano era revelar que las competiciones gimnásticas eran ante todo un medio para publicitar la cultura griega y cómo ésta se extendió por oriente aludiendo al proceso de helenización, como asimismo, a la de Roma, por eso aún en el siglo II los juegos seguían organizándose, además, a Adriano las póleis le confirieron una serie de títulos y celebraron fiestas y juegos en su honor48, lo que confirma que existió por parte de Roma un deseo de no desarticular estas actividades desde hacía mucho49.

La helenización de Roma acarreó una serie de dificultades para la cultura griega. A pesar de que muchos romanos se "helenizaron", las costumbres griegas fueron fuertemente atacadas por los grupos conservadores. En tiempos de la Segunda Sofística aún se mantenían ánimos críticos hacia el mundo griego, y a pesar de las políticas de integración del orbe que se venían ejecutando desde Augusto, los grupos tradicionalistas romanos persistían en descalificar a la idiosincrasia griega, aunque estas acciones no se llevaron a cabo de forma tan agresiva como en época de Catón el Viejo. Para Arriano era imprescindible exponer a los romanos que el helenismo podía estar a la altura de la virtus romana. Por ello intentó demostrar que los juegos gimnásticos y las otras festividades religiosas no eran manifestaciones inmorales, sino al contrario.

Arriano en todas sus menciones a estos certámenes declaró que eran manifestaciones del helenismo, pero lo más importante es que eran testimonio de la fuerza física y de la inteligencia del hombre griego, ya que estaba vinculado al ideal o espíritu agonal característico de la cultura helénica. Entonces, lo que pretendía no sólo era exaltar a la cultura griega a través de los juegos gimnásticos, sino explicar que Alejandro motivaba el sentimiento agonal en oriente, la confrontación en igual condición, sana, sin violencia, es decir, racional.

Por último, en el texto Arriano quiso señalar que el panhelenismo no era una cuestión propia del siglo IV a.C., sino que también de los griegos del siglo II, además, su idea estaba muy lejos de romper con la dominación romana. Insistimos en que la Anábasis fue escrita para un sector concreto, no fue una obra pensada para las masas, pues pretendía mostrar a la autoridad romana que la cultura griega le debía agradecimiento, y que Grecia y Roma eran pueblos comunes. Notoriamente, como hemos advertido, en la Anábasis existen elementos comparativos entre el mundo griego y el romano, entre el helenismo y la romanidad. Conjuntamente, pretendió Arriano enseñar la cultura griega a los romanos a través de la figura de Alejandro, quien, además, tenía muchos seguidores dentro de la elite romana, lo que favorecería a la conservación del helenismo en un orbe romano.

3.- Los dioses y la helenización: El caso de Dioniso.

Que Arriano era un hombre religioso es perceptible en la Anábasis. Ya hemos reflexionado acerca de la importancia de las divinidades en su pensamiento, pero existe una mención especial de Dioniso en el texto y su significación para la proyección de la cultura griega en oriente. Según el mito, era el dios un viajero que llegó hasta la India enseñando a cultivar la vid. No obstante, aquellos menesteres no fueron de importancia para Arriano, pues la real trascendencia del dios es otra, la de difundir la paideia. Por lo tanto, ahora nos concentraremos estrictamente en las menciones de Dioniso en la Anábasis.

Si revisamos la narración de la fundación de Nisa50, la función del dios aquí es determinante, aunque advertimos que Arriano al comienzo tuvo suspicacia con el relato:

"Llegó Alejandro a la región situada entre el río Cofén y el Indo, donde se encuentra la ciudad de Nisa, fundada, según dicen, por Dioniso. La había fundado Dioniso tras haber sometido a los indios, aunque no entro yo en decir quién fuera este Dioniso, ni cuándo ni de dónde vino en expedición contra la India, ya que no me es posible constatar si el Dioniso tebano vino contra los indios frente de su ejército desde Tebas o desde el Molo (en la Libia) cuando atacó a tantos pueblos belicosos y desconocidos por entonces para los griegos, y de los que no consiguió dominar más que a los indios"51.

Arriano exteriorizó al dios como un guerrero, pero más adelante aparece como un civilizador, así que la versión que expuso en primera instancia corresponde a la supuesta conquista del dios de los pueblos de la India. Además, el Dionioso del cual se refirió Arriano es el tebano, pues nos lo confirma el mito y él mismo autor.

Las dudas de Arriano sobre la veracidad de la fundación de Nisa por el dios fueron expuestas desde un principio. Según los habitantes de ésta ciudad sus orígenes databan de la visita de Dionioso a la India. Arriano no cuestionó algunas costumbres griegas de los habitantes de Nisa ni la estadía del dios en la región, sino que no dio crédito a la historia fundacional de dicha ciudad. Sin embargo, estos datos no empañan la función de Dionioso para el helenismo en oriente, pues en palabras del mismo Arriano, Alejandro se alegró al saber que los nisios continuaban la tradición dionisiaca y había aceptado la procedencia, en cierto modo, griega de la ciudad52, por lo tanto, lo que agradó a Arriano es que Nisa no negó su origen heleno y que a la llegada de Alejandro era una ciudad de alguna manera helenizada.

La expresión del helenismo en Nisa fueron las celebraciones a Dioniso:

"Marchó, pues junto con la caballería de los compañeros y el ágema de infantería hacia el monte Muslo, que ante sus ojos se alzaba cubierto de yedra y laurel, entre bosquecillos sagrados. Advirtió que era lugar muy umbroso, donde abundaban animales de caza de todas las especies. Los macedonios, que no habían visto la yedra desde hacía tiempo, se alegraron grandemente al verla aquí (efectivamente, en ningún lugar de la India crecía la yedra, ni siquiera en las zonas de viñedo). Con gran diligencia se pusieron a fabricar coronas de yedra, con las que se ceñían sus frentes, entonando cantos a Dioniso e invocando cantos a Dioniso e invocando al dios bajo sus diversos nombres"53.

Era importante la conservación del helenismo a través de la religión y en la Anábasis hemos encontrado una gran cantidad de hechos que lo confirman, pero creemos que el caso de Dioniso es el mejor retrato de los sentimientos religiosos de los griegos en oriente, además, este fue el dios griego que mayor fama tuvo en el mundo helenístico, por lo que Arriano pronunció sus emociones como heredero de esta tradición. Sin embargo, no pretendemos decir que era fiel discípulo del dios y sus fiestas, pues hemos advertido en páginas anteriores que era un hombre religioso, respetuoso de la divinidad y seguidor de Artemis. Pudo haber conocido estas manifestaciones báquicas en algunas ocasiones, en vista que el culto a Dioniso fue muy popular en las ciudades helenísticas, así que Arriano expuso que el dios fue un benefactor para el helenismo, pues con su itinerario en la India llevó la cultura griega y con el ejemplo de Nisa lo presentó no como un viajero, sino como un helenizador, por lo tanto, podemos designar a este suceso como helenización divina.

Asimismo, existe otro párrafo que ratifica lo anterior:

"Los indios, ya se sabe, son un pueblo muy amante del canto, más que ningún otro, y los más amantes de la danza desde que Dioniso y sus acompañantes recorrieron el territorio de la India"54.

En el tratado India, Arriano continuó dando importancia a Dioniso y a la helenización divina, por ende, resaltó que muchas de las prácticas de los indios fueron aprendidas durante su permanencia en Asia. El texto es revelador ya que nos muestra con poca aprensión la significación de esta divinidad:

"Por lo que la expedición de Dioniso concierne, han quedado como recuerdos nada desdeñables la propia ciudad de Nisa, así como el nombre del monte Muslo, y la yedra que en la región crece; también la costumbre india de ir al combate tocando tambores y címbalos, amén de su variada vestimenta a usanza de los adoradores de Dioniso"55.

Lo que pretendió además Arriano, fue establecer comparaciones entre Alejandro y Dioniso, ya que el macedonio había sido el primer hombre en llegar a los mismos confines que el dios, y además aludió a Dioniso y su paso por la India como civilidad frente a la barbarie cuando escribió que:

"… y como los indios nunca habían visto caballos embarcados por el río (ya no se acordaban siquiera de que la expedición de Dioniso a la India había sido también en barco), los bárbaros se quedaron atónitos al contemplarlos"56.

En consecuencia, lo que nos llamó la atención es que Plutarco también vinculó a Alejandro con Dioniso y reforzó la religión como elemento imprescindible para la conservación del helenismo, como asimismo, la reafirmación de éste como cultura superior:

"Pues imito a Heracles y emulo a Perseo y siguiendo las huellas de Dioniso, dios fundador de la familia y antepasado mío, quiero que los griegos vencedores dancen otra vez en India y que reaviven el recuerdo de las fiestas báquicas entre los salvajes montañeses del otro lado del Cáucaso"57.

En vista de lo anterior, distinguimos que Arriano no dejó de construir asimilaciones entre la visita a la India de Dioniso y Alejandro, ya que en otro párrafo mencionó el conocimiento de los pueblos indios acerca de la estadía del dios por aquella región. Por último, Arriano postuló, siguiendo la versión de Plutarco, que Dioniso era un dios afamado entre los pueblos bárbaros58, así que es comprensible que pusiera más atención en él que en los otras divinidades, pues se ajustaba más a su propósito como historiador de Alejandro, mostrar al macedonio como un rey viajero y helenizador. Además, insistimos en que este dios era ampliamente popular en la población helenística y su culto fue considerablemente difundido en el orbe romano, lo que indica que para Arriano los dioses también fueron parte de la helenización, tanto en oriente, como en Roma.

Consideraciones finales

Arriano presentó un profundo respeto y vinculación con las divinidades, especialmente con Artemis, Heracles y Dioniso. Con este último, estableció una conexión interesante entre el helenismo y la función de la divinidad para su protección, pero la intención también era elogiar la ocupación de la deidad como portador de la civilidad.

Por otra parte, no pretendió instituir a la religión como el gran mecanismo identitario del helenismo, sino que era apoyada por la pólis misma, pues los griegos necesitaban la religión para sentirse unidos, les garantizaba armonía sin discusiones o desavenencias, pero no era la más significativa, pues el culto a los dioses estaba vinculado a la ciudad por lo que tampoco estaba separada de la política, y de acuerdo a la lectura del texto, la religión era el único elemento transversal, pero no el más importante. Por consiguiente, Arriano dio cuenta en la Anábasis de esta relación con numerosos hechos y evidenció la necesidad del hombre griego por la religión para preservar la unidad del helenismo.

Pero, el discurso posee una sutileza, pues a nuestro parecer apuntaba sólo a los habitantes libres de las pólis del orbe, es decir, al ciudadano, y por lo tanto, la preocupación de Arriano por los dioses obedeció tanto a cuestiones personales como políticas.

El texto no es un tratado religioso, en lo absoluto, pero dentro del contexto arrianeo para mantener la preciada unidad cultural del helenismo, el sofista del siglo II se veía en la necesidad de insertarse en las actividades de la pólis dado su función social y política y a su condición de mediador entre la ciudad y el Princeps.

 

NOTAS

1 Anáb., I, 11, 6-7.

2 No obstante, sólo aparece en II, 5, 8; Para la importancia de los dioses griegos ver BREMMER, J., Greek Religión, Oxford, 1994. Zeus y Atenea, p. 16, Artemio, p. 17, Dioniso, pp. 19-22.

3 El papel de Olimpia fue fundamental en la religiosidad de Alejandro, FREDRICKSMEYER, E., "The ancestral rites of Alexander the Great", en Classical Philology, vol. 61 (julio 1966), pp. 179-180.

4 Anáb., I, 17, 5.

5 Plut., Alej., 33, 1-2.

6 VEGETTI, M., "El hombre y los dioses", en VERNANT, J-P., El hombre griego, Alianza, Madrid, 1995, p. 302.

7 Acerca de las procesiones y festivales, BREMMER, J., Greek Religión, pp. 39-50.

8 Anáb., II, 5, 8; Cfr. La negación de Alejandro frente al dios en VII, 14, 6: "Alejandro se encontró, cuando iba camino de Babilonia, con varias legaciones de griegos, entre los cuales venían algunos embajadores de Epidauro. Alejandro les dio todo lo que ellos le pidieron, además, del encargo de que llevaron a Asclepio una ofrenda y el siguiente mensaje: AUNQUE EL COMPORTAMIENTO DE ASCLEPIO NO ME HA SIDO BENÉVOLO, AL NO SALVAR A MI AMIGO, A QUIEN MÁS QUE A MÍ MISMO APRECIABA".

9 Anáb., II, 16, 1.

10 Anáb., II, 24, 6; Plut., Alej., 29, 1.

11 Anáb., V, 2, 6; Plut., Alej., 2, 7.

12 Hay que considerar que Alejandro llevó la religión de los griegos a oriente y privilegió ésta a pesar de sus deseos de fusión cultural. Para ver este problema ver en FREDRICKSMEYER, E., "The ancestral rites of Alexander the Great", p. 181.

13 El culto al Dioniso griego o Baco era uno de los más populares en la Roma imperial, ver FOUCHER, L., "Le culte de Bacchus sous l`empire romani" en ANRW, II, 17, 2 (1972), pp. 684-702.

14 Anáb., III, 1,5; BAYET, J., Histoire politique et psycologique de la Religion romaine, Payot, París, 1969, pp. 205-206, además: "Longtemps, en dehors des rares grands cultes exotiques officiellment reçus à Rome et fiers de la pureté de leurs céremonies (ceux de Cybèle, d`Isis), on se représentera les puissances religieuses de l`orient come travaillant d`abord certains mileux de farçon obscure", p. 209.

15 Anáb., VII, 26, 2.

16 Se ha dicho mucho sobre este tema en la historiografía a partir de los 60’, ver BAYET, J., Histoire politique et psycologique de la Religion romaine, p. 209: "La religion orientale de son côté, si propre qu`elle fût à répondre d`ensemble aux nouvelles aspirations de l`occident, se répandait de façons si diverses, taritôt avec une pureté agressive, tantôt consentant à l`hellenisme ou touchée même d`influences romaines, qu`elle ne pouvait se propager qu` irrégulièrement", p. 209.

17 HENRICHS, A., "Graecia Capta: Roman views of greek culture", en CPh, vol. 97 (1995), p. 257.

18 Es sabido del acercamiento de algunos emperadores hacia los cultos de oriente. Además, existía veneración de Serapis como dios protector del emperador, ver en MONTERO, S., "Trajano y el serapeum de Alejandría", en MARCO SIMON, F., PINA POLO, F., REMESAL RODRÍGUEZ, JOSÉ; Religión y propaganda política en el mundo romano, Universidad de Barcelona, 2002, pp. 128 y 131.

19 SARTRE, M., El oriente romano: provincias y sociedades provinciales del Mediterráneo Oriental, de Augusto a los Severos (31 a.C.-235 d.de C.), Akal, Madrid, pp. 498- 499.

20 Idíd., p. 499.

21 Anáb., I, 10, 2.

22 BAYET, J., Histoire politique et psycologique de la Religion romaine, pp. 210-213.

23 TOVAR, A., "Un nuevo epigrama griego de Córdoba: ¿Arriano de Nicomedia, Procónsul de Bética?", pp. 403-412; BELTRAN FORTES, J., "Arriano de Nicomedia y la Bética, de nuevo", en Habis Nº 23 (1992), pp. 171-196; Ibíd., "Sobre la cronología del ara cordobesa del procónsul Arriano", en Mainake, 10 (1988), pp. 91-100; FERNANDEZ GALIANO, M, "Sobre la nueva inscripción griega de Córdoba", en Emérita, 40, (1971), pp. 47-50; GIL, J., "Sobre la inscripción cordobesa del procónsul Arriano", en Actas del V Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 1978, pp. 797-801; PLACIDO, D., "Intelectuales orgánicos y cultos locales. (A propósito del epigrama de Córdoba dedicado a Artemis por el cónsul Arriano, con una hipótesis de lectura)", en Habis, 27 (1996), pp. 117-122.

24 Anáb., II, 16, 4.

25 TOVAR, A., "Un nuevo epigrama griego de Córdoba: ¿Arriano de Nicomedia, Procónsul de Bética?", p. 407; BELTRAN FORTES, J., "Arriano de Nicomedia y la Bética, de nuevo", p. 175.

26 Importante es el Cynegeticus; BOSWORTH, A.B., "Arrian’s literary development", en CQ, vol. 22, Nº 1 (mayo), pp. 62-64.

27 Anáb., I, 17, 10; I, 18, 2.

28 Plut., Alej., 3, 5-7.

29 GORDILLO HERVÁS, R., "La organización adrianea de los certámenes panhelénicos", en CORTES COPETE, J., MUÑIZ, E., y GORDILLO, R., Grecia ante los imperios. V reunión de historiadores del mundo griego, Universidad de Sevilla, 2011, pp. 337-341.

30 Anáb., II, 15, 2.

31 Anáb., II, 15, 4.

32 Anáb., I, 11, 2.

33 Anáb., III, 3-4; BOSWORTH, A.B., "Arrian, Megasthenes and the making of the myth", en J.A. López Férez (ed), Mitos en la literatura griega helenística e imperial, Ediciones Clásicas, Madrid, p. 305.

34 Tucid., II, 100, 2.

35 Diod., XVII, 16, 3-4: "ofreció en Dio de Macedonia extraordinarios sacrificios a los dioses y celebró los certámenes dramáticos en honor de Zeus de las Musas que su predecesor Arquelao había organizado por primera vez. La celebración de las fiestas duró nueve días, dando a cada día el nombre de una de las Musas".

36 Plut., Alej., 14, 6: "Quería obtener del dios un oráculo sobre su expedición, por lo que marchó a Delfos".

37 Anáb., II, 7, 8.

38 Anáb., III, 1, 4.

39 Anáb., II, 24, 6.

40 Anáb., III, 6, 1.

41 Anáb., III, 16, 9.

42 Anáb., III, 25, 1.

43 Anáb., IV, 4, 1.

44 Anáb., V, 3, 6.

45 Anáb., V, 20, 1.

46 Anáb., VI, 28, 3.

47 Anáb., VII, 14, 1.

48 BIRLEY, A., Adriano, Península, Barcelona, 1997, pp. 235-244.

49 Recuérdese el texto de Pol., XVIII, 24-26: "Precisamente en esa época llegaron de Roma los diez próceres que debían manejar la situación de Grecia; llevaban consigo el decreto del senado acerca de la paz con Filipo. El contenido del decreto era el siguiente: "Todos los demás griegos, tanto los de Asia como los de Europa, serán libres y se regirán por sus leyes propias, pero Filipo entregará a los romanos los hombres que les estaban sometidos y las ciudades que ocupó con sus guarniciones; la entrega se efectuará antes de los juegos ístmicos…".

50 HAMMOND, N.G.L., Sources for Alexander the great: An analysis of Plutarch’s lives and Arrian’s Anabasis Alexandrou, Cambridge, p. 251.

51 Anáb., V, 1, 1-2; Plut., Alej., 58, 5-6; DIODORO, XVII, 84-104; BOSWORTH, A.B., A historical Commentary on Arrina’s History of Alexander, vol II, Clarendon, 1980, p. 202.

52 Anáb., V, 2, 1: "Agradó a Alejandro oír todas estas cosas, y dióle crédito a los que se contaba sobre los viajes de Dioniso. Admitía que Nisa era fundación de Dioniso, lo que le llevaba a afirmar que él mismo había llegado en su expedición hasta donde lo había hecho el dios".

53 Anáb., V, 2, 5-6; BOSWORTH, A.B., Commentary II, pp. 211-212, los macedonios cantaban en honor a Dioniso; Cfr. Sófocles, Antígona, 1115.

54 Anáb., VI, 3, 5.

55 Arr., Ind., 5, 9.

56 Anáb., VI, 3, 4.

57 Plut. Mor., 332 B.

58 Anáb., VII, 20, 1: "Se cuenta la historia de que Alejandro había oído que los árabes sólo veneran a dos dioses: Urano y Dioniso (…) y a Dioniso por la fama que había adquirido gracias a su expedición hasta la India".

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


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Recibido: 17.06.15 - Aceptado: 30.07.15

Correspondencia: Leslie Lagos Aburto.

Email.: llagos@udec.cl

Dra. en Historia. Facultad de Humanidades y Arte, Departamento de Ciencias Históricas y Sociales. Universidad de Concepción. Chile.

Dirección: Edmundo Larenas 240 Barrio Universitario. Tel.:– 41 220 72 03.

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