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Byzantion nea hellás

versão On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.34 Santiago out. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712015000100016 

RESEÑAS

Eleni Samios-Kazantzaki: La véritable tragédie de Panait Istrati. Texte presenté par Anselm Jappe suivi des correspondances de Panait Istrati avec Victor Serge et Nikos Kazantzaki. Nouvelles Éditions Lignes.Imprimé en Europe 2013, 344 pp.

Miguel Castillo Didier


Con el texto establecido por los profesores Anselm Jappe yTeresa Rica, con presentación y notas de A. Jappe y nota bibliográfica de Daniel Léraud, finalmente, después de 75 años de haberse sido publicada en Chile, en 1938, por Ercilla (y a 76 años de haber sido terminada), aparece en el idioma original la obra de Heleni Samíu La verdadera tragedia de Panait Istrati.

Heleni Samíu (1903-2004) colocó su firma al final de su libro al cumplirse dos años de la muerte de Panait Istrati (1884-1935). Pero su obra no encontró editor en Francia pese a los denodados esfuerzos de Renaud de Jouvenel (1907-1982), intelectual de izquierda, escritor, gran admirador tanto del escritor griego Nikos Kazantzakis (1983-1957), como del rumano Istrati. El mismo año 1937, o quizás muy a comienzos de 1938, Renaud de Jouvenel viajó a Santiago y se entrevistó con el escritor peruano Luis Alberto Sánchez (1900-1994), entonces exiliado político en Chile, quien era uno de los directivos de Editorial Ercilla. Esta casa editora había publicado la novela Toda-Raba de Nikos Kazantzakis y la Vida sagrada de Mahatma Gandhi de Heleni Samíu (y editará luego la novela El jardín de las rocas del escritor griego). Luis Alberto Sánchez acogió con entusiasmo la idea de la publicación de la obra y la tradujo rápidamente, pues la edición apareció en el mismo año de 1938. Varias décadas después hubo intentos de publicar el libro en Francia. Prueba de ello es el hecho de Heleni Kazantzaki redactó un "Epilogue", firmado en Ginebra en 1978, y que escribió variantes respecto del texto editado en español en Chile. Esas tentativas en vida de Heleni fracasaron.

Ahora, gracias a los esfuerzos del profesor Jappe, ha podido materializarse por fin la edición del original francés. Pero el texto que logró conseguir no coincide completamente con el que fue traducido por Luis Alberto Sánchez. Como hemos visto, Heleni Kazantzaki revisó su texto e introdujo algunas variantes, agregando y suprimiendo algunas frases y hasta breves párrafos. El manuscrito que tradujo Luis Alberto Sánchez no pudo ser ubicado. Por ello, los editores consignaron las variantes dentro del extenso cuerpo de sus notas, colocadas después del texto. En cada página, con otra numeración, se presentan las notas del original.

La edición de la obra de Heleni se complementa con el "Epilogue" de la autora, escrito en 1978; con un extenso "Postface" del profesor Jappe. En este postfacio, se evocan las figuras de Panait Istrati, de Víctor Serge y de Nikos Kazantzakis, y se rinde homenaje al escritor rumano por su consecuencia al no vacilar en denunciar la injusticia y la falta de libertad que se habían vuelto parte del sistema instalado por Stalin. Como es sabido, la posición de Istrati le valió una feroz campaña de denuestos y calumnias en su contra y el que se cerraran para él puertas de editoriales que antes le habían publicado sus obras.

Este libro contiene, además, dos materiales de gran interés para quienes estudien los temas relativos a Panait Istrati. Son las cartas de Víctor Serge y de Nikos Kaantzakis a Istrati. Las del primero van de 1929 a 1931 y las de Kazantzakis van de 1932 a 1935. La última está fechada en Tokio el 22 de abril de 1935, seis días después de la muerte del escrito rumano. Víctor Serge fue detenido en 1933 y sólo fue liberado en 1936, lo que explica la interrupción de sus cartas a Panait Istrati.

El libro de Heleni Samíu, más tarde Heleni Kazantzaki, tiene importancia tanto para los estudiosos de Kazantzakis como los de Panait Istrati. Es una especie de crónica del viaje a través de la Unión Soviética que realizaron en 1929 los dos escritores y sus parejas, Heleni Samíu y Marie-Louise Baud-Bovy, apodada Bilili. La autora presenta la personalidad cautivadora de Istrati, de natural espontáneo, generoso, apasionado, inquieto, gran admirador del régimen soviético, el cual, para él, hasta los comienzos de la travesía, encarnaba un conmovedor esfuerzo colectivo por construir una sociedad justa y humana. Conocemos sus diálogos con Kazantzakis y sus distintas reacciones ante lo que ven en el país que recorren. Pero la visión de Istrati se desmorona al conocer la hostilidad de que es víctima su admirado amigo Víctor Serge (1890-1947), gran luchador, anarquista en sus comienzos, intelectual y escritor de grandes méritos, defensor del régimen soviético, pero crítico a las características que le estaba ya imponiendo Stalin con su poder absoluto. En 1928, Panait Istrati había intervenido por la libertad de Serge, quien estuvo encarcelado por 45 días. Una atroz injusticia cometida con el suegro de Serge, Roussakov, terminó por provocar una reacción desesperada de Istrati, el cual, después de fracasadas sus gestiones en favor de las víctimas, se marchó de la Unión Soviética y no vaciló en denunciar la injusticia y la falta de libertad que había visto, en las páginas del primer tomo del libro Vers lautre flamme. Una feroz campaña de calumnias se desató en su contra, por parte de quienes lo habían admirado y habían contribuido a sus grandes éxitos literarios. "Desde Romain Rolland [quien lo había descubierto y apadrinado como escritor] hasta Madelaine Paz [...] - todos consideraron más cómodo arrojar la piedra contra nuestro Istrati y apartarlo como a un apestado [...]. Su patria intelectual, Francia, le cerró las puertas que tanto le gustaba a él cruzar. Entonces Panait se refugió en los brazos de su patria corporal. Estaba enfermo, pobre, tenía necesidad de mimos. Y como la muerte lo apremiaba [su tuberculosis avanzaba a grandes pasos], su mirada ardorosa y desencantada se fijaba en los niños que lo rodeaban. Y en adelante dirigió sus palabra, cálida de vida y amor, a los niños".

Heleni terminó su libro en 1937 con estas palabras, según la edición chilena: "Yo creo que en el fondo de su corazón, Panait conservó siempre idéntica amargura. Él era medio oriental y conocía el proverbio: "Si hablas mal de tu casa, ella se desplomará sobre tu cabeza. Su casa fue siempre, antes de que naciera y después de muerto, Rusia. Habló mal de ella. Y ella se desplomó sobre su cabeza y lo enterró entre sus escombros. Tal fue la verdadera tragedia de Panait Istrati". Este final del libro deja dudas sobre el verdadero juicio que tenía Heleni de lo ocurrido a Istrati. Porque el escritor no habló mal de Rusia ni del socialismo, sino del régimen instaurado por Stalin. Cuarentiséis años después de haber redactado ese final para su libro, en 1983, en unas líneas entregadas para el número especial de la revista L’Arc, Heleni Kazantzaki resume su pensamiento definitivo sobre el escritor rumano: "Istrati avait raison".

 

 

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