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Byzantion nea hellás

versão On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  no.34 Santiago out. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712015000100001 

ARTÍCULOS GRECIA ANTIGUA

 

LA PSICOLOGÍA DE CLITEMNESTRA. Mito y significación en Esquilo

CLYTEMNESTRA PSYCHOLOGY

César García Álvarez

Universidad San Sebastián. Chile.

Correspondencia:


Resumen: El autor estudia la psicología de Clitemnestra propuesta por Esquilo en la Orestíada. Tras analizar la perversión femenina de Clitemnestra, advierte las intencionalidades de Esquilo en favor de la situación de la mujer en la Grecia de su tiempo.

Palabras claves: Esquilo - Mujer - Clitemnestra - El género-Orestíada


Abstract: The author studies the psychology of Clytemnestra given by Aeschylus in the Oresteia. After analyzing the female perversion of Clytemnestra, warns the intentions of Aeschylus in favor of the status of women in the Greece of his time.

Keywords: Aeschylus -Women - Clytemnestra - Gender - Oresteia


El Guardián llama a Clitemnestra, "mujer de masculina audacia"1. La primera conversación de este Guardián con el Corifeo la muestra ya mujer áspera, sin matices, autoritaria, resentida, que dice alegrarse con la victoria de Troya, pero que son solo palabras, pues, al referirse a Troya habla de troyanos abatidos y aqueos, los suyos, avaros2. Clitemnestra es inteligente, sabe lo que hace, se sabe toda la geografía que recorrió la antorcha, con detalles3; si obra mal, es la suya una maldad pensada. Es reflexiva, ella misma lo dice4. Hay doblez en sus palabras, habla de "aurora"5 6 que nace para Micenas, sin embargo, cuando llegue Agamenón, será noche oscura; dice de Agamenón, siguiendo la misma doblez: "Mi marido", "esposo venerado"6 (se lo dice al Heraldo), y pronto lo va a asesinar; al mismo Heraldo le señala: "Grito de alegría al recibir el aviso de la antorcha(...) hasta ser tenida por loca por todo el palacio"7. Clitemnestra es mujer de hipocresía pocas veces mejor pintada que en esta declaración suya:

"Para que pueda apresurarme a recibir del mejor modo a mi esposo venerado que vuelve- ¿qué luz hay más dulce de ver que esta para una esposa, abrir la puerta para el marido que regresa de una campaña preservado por Dios? Anúnciale a mi esposo que venga cuanto antes, pues la ciudad le ama; que halle en su casa a su esposa fiel cual la dejó, perra guardiana benigna para él...no conozco el placer de amor ni aun los rumores maliciosos que me unan a otro hombre..."8.

Clitemnestra expresa el llamado "Complejo de Clitemnestra"; quien exhibe el complejo de Clitemnestra, tiene la psicología llamada del "cazador", camina hacia la presa -Clitemnestra sale de palacio para esperar a Agamenón; luego la acecha- ve a su marido en el carro junto a Casandra, disimula que lo va a cazar, lamenta su ausencia, se lo dice; prepara el arma, -coloca la alfombra roja, solo dedicada a los dioses; para quien la pisa, el arma de la muerte se descarga-; finalmente, dispara: "Este es Agamenón, mi esposo, hecho cadáver por mi mano"9.

"El complejo de Clitemnestra degenera en un Síndrome de Infidelidad Compulsiva (S.I.C) y/o en adicción sexual, cuando se practica en más de una ocasión. Las mujeres afectadas por dicho síndrome son fóbicas al amor y recurren a la infidelidad para interrumpir los lazos afectivos que se establecen y crecen dentro de la pareja. Habitualmente, la fobia a sentir amor se debe a los malos tratos paternos recibidos por parte de la mujer adúltera durante su infancia y juventud. Se han dado casos de mujeres que de niñas fueron violadas o forzadas sexualmente por sus progenitores. El maltrato es, generalmente, la causa del resentimiento y del miedo o fobia al amor"10. Clitemnestra traía esta marca desde el vientre materno de Leda, su madre; Leda, la infiel que se entregó a Zeus y a la vez a su esposo Tindaleo, naciendo de ella dos polos de la Guerra de Troya, Clitemnestra y Elena. No sabemos dónde está enterrada Elena, los cuerpos de la reina de Micenas junto a Egisto, se dice estar exiliados fuera de las murallas de Micenas, en una tumba exterior que se muestra, de estructura cupular y datada en el siglo XIII a.C., conocida como "Tumba de Clitemnestra"11.

Mujer fría es Clitemnestra, resentidamente vengativa, sale a escena y dice: "Estáis probándome, como si fuera una mujer irreflexiva. Pero yo os hablo con corazón impávido, vosotros lo sabéis, y me es igual si queréis elogiarme o condenarme. Este es Agamenón, que es cadáver por obra de esta mi mano diestra, justo artífice. Así es esto"12.

Finalmente es una mujer esquizoide, pues se lamenta de la muerte de Ifigenia y a su vez destierra a Orestes y maltrata a Electra. Esquilo se muestra en esto muy incisivo, se aparta de la tradición que veía a Clitemnestra presenciando la muerte de su hija Ifigenia, para mostrarnos en ella más que el dolor, el clamor de la mujer postergada y oprimida en Grecia13.

En el momento de recibir muerte por mano de Orestes, Clitemnestra, hábil sobre toda habilidad, extrae el argumento de su maternidad: "Te amo, quiero envejecer contigo, recuerda que te amamanté..."14; lindas palabras que hacen dudar a Orestes, pero Pílades le dirá: "Haz que juraste" y Clitemnestra, esta psicología singular, cae muerta15. El Coro canta, entonces, el estribillo: "La luz puede verse, fue la gran cadena rota del palacio. Arriba la casa, demasiado tiempo yaciste en el polvo"16.

Marguerite Yourcenar en "Clitemnestra o la muerte, la hace comparecer ante un tribunal", y se defiende de esta manera:

"Señores jueces, vosotros lo conocisteis ya ajado por la gloria, envejecido por diez años de guerra, convertido en una especia de ídolo enorme desgastado por las caricias de las mujeres asiáticas, salpicado por el barro de las trincheras. Sólo yo estuve con él en su época de dios. Pasaban los días uno tras otro por las calles desiertas como una procesión de viudas; la plaza del pueblo parecía negra con tantas mujeres de luto. Yo envidiaba a aquellas desgraciadas por no tener más rival que la tierra y por saber, al menos, que su hombre dormía solo. Yo vigilaba en lugar del mío los trabajos del campo y los caminos del mar; recogía las cosechas; mandaba clavar la cabeza de los bandidos en el poste del mercado; utilizaba su fusil para dispararle a las cornejas; azotaba los flancos de su yegua de caza con mis polainas de tela parda. Poco a poco, yo iba ocupando el lugar del hombre que me faltaba y que me invadía. Acabé por contemplar, con los mismos ojos que él, el cuello blanco de las sirvientas. Egisto galopaba a mi lado por los eriales; tenía casi la edad de ir a reunirse con los hombres; me devolvía la época de los besos entre primos perdidos en el bosque, durante las vacaciones de verano. Yo lo miraba menos como un amante que como a un niño que hubiera engendrado en mí la ausencia; pagaba sus gastos de guarnicioneros y caballos. Infiel a mi hombre, seguía imitándolo: Egisto no era para mí sino lo equivalente a las mujeres asiáticas o a la innoble Arginia. Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de la fidelidad. Si yo engañé a alguien fue con toda seguridad al pobre Egisto. Lo necesitaba para percatarme de que hasta qué punto el que yo amaba me era irremplazable. Él tenía por costumbre tomar un baño caliente antes de irse a acostar. Subí a preparárselo: el ruido del agua que salía del grifo me permitía llorar en voz alta. Calentábamos con leña el agua del baño; el hacha que utilizábamos para cortar los troncos se hallaba tirada en el suelo; no sé por qué la escondí en el toallero. Durante un instante, pensé en disponerlo todo para simular un accidente que no dejara huellas, de suerte que la lámpara de petróleo cargara con las culpas. Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta que la lámpara de petróleo cargara con las culpas. Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta de que yo no era una cosa sin importancia que se puede dejar o ceder al primero que llega. Llamé a Egisto en voz baja: se puso pálido cuando abrí la boca. Le ordené que me esperara en el rellano. El otro subía pesadamente las escaleras; se quitó la camisa; la piel, con el agua del baño, se le puso toda violeta. Yo le enjabonaba la nuca y temblaba tanto como el jabón que continuamente se me resbalaba de las manos. El estaba un poco sofocado y me mandó con rudeza que abriese la ventana, demasiado alta para mí. Le grité a Egisto que viniera a ayudarme. En cuanto entró cerré la puerta con llave. El otro no me vio, pues nos daba la espalda. Le dí torpemente un primer golpe que sólo le hizo un corte en el hombro; se puso de pie; su rostro abotargado se iba llenando de manchas negras; mugía como un buey. Egisto, aterrorizado, le sujetó las rodillas, acaso para pedirle perdón. El perdió el equilibrio y cayó como una masa, con la cara dentro del agua, con un gorgoteo que parecía un estertor. Entonces fue cuando le dí el segundo golpe que le cortó la frente en dos. Pero creo que ya estaba muerto: no era más que un pingajo blando y caliente. Se habló de rojas oleadas: en realidad, sangró muy poco. Yo sangraba más cuando di a luz a mis hijos. Después de morir él, matamos a su amante: fuimos generosos, si ella lo amaba.

Sé que mi cabeza acabará por rodar en la plaza del pueblo y que la de Egisto caerá cortada por el mismo cuchillo. Es extraño, señores jueces, se diría que ya me habéis juzgado otras veces. Pero tengo la experiencia suficiente para saber que los muertos no permanecen en reposo: me levantaré, arrastrando a Egisto tras de mí como a un galgo triste. Y erraré por las noches a lo largo de los caminos, a la búsqueda de la justicia de Dios. Volveré a hallar a ese hombre en algún rincón de mi infierno y gritaré de nuevo con alegría con sus primeros besos. Luego, me abandonará para irse a conquistar alguna provincia de la Muerte. Ya que el tiempo es la sangre de los vivos, la Eternidad debe de ser la sangre de las sombras. Mi eternidad, la mía, se perderá esperando su regreso, de suerte que me convertiré en el más lívido de los fantasmas. Entonces volverá, para burlarse de mí, y acariciará ante mis ojos a la amarilla hechicera turca acostumbrada a jugar con los huesecillos de las tumbas. ¿Qué puedo hacer?...".

Clitemnestra, dentro de esta psicología anormal planteada, encierra otras complejidades, no es demoníaca total, si fuese así, nadie soportaría ver solo a una loca en escena, a Esquilo tampoco le interesaría una psicología así: ¿qué otra cosa guarda esta personalidad? La mujer era vista en Grecia como prototipo de la lascivia, lo fue Elena, Safo, Fedra, Medea; los vasos no tenían el menor pudor en representar a la mujer como objeto sexual. La mujer en Grecia estaba sometida al "eros", y debía satisfacerlo. La esposa, no gozaba ya de esta sexualidad, se casaba y quedaba postergada; decían los griegos: "Tenemos a las concubinas para que nos den placer, a las esposas para que nos den hijos y a las esclavas para los quehaceres de la casa". Pero como la sexualidad pertenece no solo a la antropología del hombre, como creían los griegos, sino también a la de mujer, ella sentía herida esta parte de la femineidad.

Clitemnestra nunca sintió placer con Agamenón: no lo buscó para marido, y si no lo buscó, tampoco lo quiso; hay ocasiones en que esto sucede y el amor nace después, lo que no ocurrió en este caso. Ella fue una esposa impuesta por las costumbres sociales. Cuando ve que su marido llega con una concubina, Casandra, no le parece mal, era natural para la época. Clitemnestra busca entonces la liberación erótica, y no la encuentra sino en Egisto. Además, la muerte de su hija Ifigenia, ella, la madre, lo percibe como un maltrato más al hecho de ser mujer. Esquilo denuncia en el personaje Clitemnestra, el maltrato a la mujer y adivina la suerte que en el futuro debe tener, que sea más libre como persona. Esquilo nos da en Clitemnestra "lo femenino hollado", que cuando no discurre por los cauces normales, se expresa en esta psicología anormal, que hemos descrito. Eurípides hará lo mismo con Medea. Esquilo es el primer feminista de la historia, el segundo Eurípides.

Esquilo fue, por otra parte, un gran visionario: 1) Supera el helenocentrismo y adhiere al panhelenismo en Los Persas (Oriente), Danaides (Africa), el Etna (Occidente), Orestiada (Grecia). 2) Al acentuar la psicología anormal de Clitemnestra, pregunta a los griegos sobre el porqué de ella; la mujer se casaba a los 15 años, sin amor, tampoco rehabilitó el amor, pues Agamenón se fue a la guerra de Troya. Esquilo dice a los griegos, si seguimos afirmando que "Tenemos a las concubinas para que nos den placer, a las esclavas para trabajar y a las esposas para que nos den hijos", pensémoslo, destruye a la propia mujer; Clitemnestra tuvo poderosos motivos excusantes; debemos liberar a la mujer, era su intencionalidad; 3) Esquilo en Los Persas hace aparecer la sombra de Darío, da una gran importancia los sueños de Atosa, Clitemnestra persigue como sombra a Orestes, con ello Esquilo se adelanta en siglos, visionariamente, al surrealismo. 4) En Prometeo liberado acerca los dioses y los hombres, anunciaba, también como precursor, el cristianismo, religión en la que Dios se hace hombre. 5) Esquilo toma el mito de Atreo, pero no lo le da estatuto de verdad, como hacen las leyendas prehoméricas, tampoco lo funcionaliza para entregar la virtud de la "arete’ a la aristocracia de su tiempo, como hace Homero, sino que lo pone al servicio de la democracia, cuyo fundamento es el estatuto jurídico o el Areópago.

II. Clitemnestra tras la muerte de Agamenón

Esquilo, a la mujer de tanta audacia, no le permite gobernar Micenas ni un solo día, le da muerte en el acto siguiente en "Las Coeforas". Sin embargo, hemos de distinguir entre tiempo histórico y tiempo dramático; desde el punto de vista dramático, el ritmo de las trilogía pedía "ojo por ojo y diente por diente", acción pronta, que es la forma dramática elegida por Esquilo; desde el punto de vista histórico, parece razonable haya de darse cumplimiento a la promesa de Egisto:"Nadie nos moverá de aquí"; parece ser así, pues la historia da tiempo a Clitemnestra y Egisto hasta de tener una hija, Erígone.

Tras la muerte de Clitemnestra, su sombra se alarga persecutoria tras su hijo Orestes: va tras él y, dormidas la Erinias vengativas, las despierta instándolas a que sigan en la persecución de Orestes. Clitemnestra, su sombra, va esparciendo el olordesangrequeanima a las Erinnias tras el rastro de Orestes. Con la elección de los jueces:"Consejo incorruptible, venerable, ardoroso, guarnición de la tierra’17 -palabras de Atenea- la sombra de Clitemnestra se sepulta en el Hades para siempre, quedando como testimonio de ella y de Egisto, solo esa tumba exiliada fuera de los muros de Micenas.

 

Notas

1 Usamos aquí la traducción de Francisco Rodríguez Adrados (1966). Esquilo. Tragedias. Tomo Segundo. Biblioteca Clásica Hernando. Madrid, pág. 9. El nombre Clitemnestra es una deformación de época bizantina que tiene que ver con el verbo "mnaomai" (lamentar), así la Orestíada, ed en Loeb Classical Library.

2 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 22.

3 Esquilo. Tragedias. O. cit. págs. 20-21.

4 Esquilo. Tragedias. O. Cit. pág. 65.

5 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 19.

6 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 32.

7 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 32.

8 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 33. En Odisea, III, 256, Egisto sedujo a Clitemnestra convirtiéndola en su amante.

9 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 65.

10 Véase "Complejo de Electra", Internet.

11 Elisavet Spazari y Kelli Petropoloudan cuenta de ello al referirse al espacio "Círculo de tumbas B.

12 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág. 65

13 ¿Murió en realidad Ifigenia? Para Esquilo no hay duda, cuenta el hecho en su Agamenón; que haya habido una "sustitución", refrendaría el falso lamento de Clitemnestra.

14 Esquilo. Tragedias. O. cit. pág.118.

15 Pseudo-Apolodoro. Epítome VI, 26-25. El texto de Esquilo, por razones dramáticas, sugiere la muerte Clitemnestra, acto seguido de la de Agamenón, el Epítome VI sugiere que Clitemnestra y Egisto gobernaron durante varios años en Micenas y fueron asesinados más tarde por Orestes; pero esto es salirnos de la obra de Esquilo.

16 Esquilo. Tragedias. O. cit, pág. 121.

17 Esquilo. Tragedias. O. cit, pág. 157.

 

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Recibido: 07.01.2015 - Aceptado: 03.03.2015

Correspondencia: César García Álvarez bizantinoscesar@gmail.com

Doctor en Filosofía con mención en Literatura. Tel. (56-2) 222693878

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