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Byzantion nea hellás

versión On-line ISSN 0718-8471

Byzantion nea hellás  n.29 Santiago  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-84712010000100006 

Byzantion Nea Hellás 29, 2010: 89-98

BYZANTINA GRAECIA

 

Bizancio en la Crónica Universal de san Isidoro de Sevilla

BIZANTIUM IN THE UNIVERSAL CHRONICLE OF SAINT ISIDORO OF SEVILLA

 

José Marín R.

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Correspondencia a:


Resumen: En este artículo, el autor analiza el Chronicon de San Isidoro de Sevilla, para demostrar que no es neutro desde el punto de vista de la narración, sino que, al contrario, su disposición y argumentos nos revelan claramente la marcada intencionalidad ideológica de su autor, quien busca mostrar la debilidad bélica y moral de Bizancio para resaltar la grandeza del Reino Visigodo, baluarte del catolicismo y la romanidad.

Palabras claves: Isidoro de Sevilla, Chronicon, Visigodos, Bizantinos.


Abstrae: In this article, the author analyzes Isidore's Chronicon to demónstrate that it is not neutral from the point of view of the narrative, but on the contrary his disposition and argumente reveal clearly his ideological intention. His author seeks to show the weakness of Byzantium to highlight the greatness of the Visigothic Kingdom, refuge of Catholicism and Romanity

Keywords: Isidore of Seville, Chronicon, Visigoths, Byzantium.


 

A la memoria de Héctor Herrera Cajas (193011997), en sus 80 años.

 

San Isidoro de Sevilla (c.560-636), fue sin duda una de las personalidades más notables del Reino Visigodo de Toledo, y su influencia se hizo sentir a lo largo de toda la Edad Media, gracias a una de sus obras más relevantes: las Etimologías1. Se trata de una verdadera enciclopedia de temas selectos de la más diversa índole, desde las artes liberales hasta los edificios, naves y vestidos, sin olvidar capítulos tan notables e interesantes, como los que dedica a los monstruos. Es un cuadro variopinto que recoge la cultura clásica, cristianizándola, para proyectarla al mundo medieval en formación y que, por otra parte nos permite hacernos una idea de la imagen del mundo propia de un hombre culto de la época.

No deja de ser curioso constatar que la obra más relevante y universal del Hispalense sea, precisamente, la que le ha merecido más críticas. A menudo se considera a San Isidoro como un mero recopilador de obras antiguas, sin un aporte relevante. Es una verdad a medias: aun siendo un compilador—y la compilación era un género muy popular y cultivado en su tiempo—, San Isidoro supo seleccionar y ordenar coherentemente el conocimiento de su época, logrando una síntesis valiosa y un ponderado equilibrio entre las culturas clásica y cristiana, constituyéndose en un eslabón clave en el tránsito del mundo antiguo al medieval2. La negativa noción de una compilación vacía debe ceder ante la idea de una síntesis creadora3. Ciertamente, basta recordar los aportes que, en la materia, debemos al incansable trabajo de casi medio siglo, de Jacques Fontaine4.

En las Etimologías San Isidoro se preocupa del problema del tiempo y de la historia en cuanto narración del pasado, género que lo fascinó y que llegó a cultivar aun sin ser lo que podríamos llamar un historiador profesional. Con todo, hay quienes consideran a San Isidoro como un verdadero pilar fundante de la historiografía española. En el libro primero de las Etimologías, dedicado a la gramática, se refiere a la historia, señalando que es "la narración de hechos acontecidos" hecha por testigos, precisando que "las cosas que se ven pueden narrarse sin falsedad". San Isidoro integra la historia como género narrativo dentro de la gramática, pues, nos dice, "a las letras se confía cuanto es digno del recuerdo"5. Así, la historia se caracteriza por la veracidad del hecho acontecido y narrado, por un lado, y también, por otro, porque el que narra es testigo, aunque bien puede el relato abarcar muchos años y épocas, según dice el mismo Isidoro6.

En el libro quinto de las Etimologías, Isidoro se refiere a la Crónica, haciendo hincapié en el origen griego de este vocablo que significa, en definitiva, "sucesión de tiempos", y pone como ejemplo la crónica de Eusebio de Cesárea que luego tradujo al latín san Jerónimo7. Teóricamente —porque en la realidad la diferenciación no siempre es del todo clara8—, las historias relatan con minuciosidad hechos acotados en el tiempo y observados por testigos, mientras que las crónicas, como el modelo de Eusebio, son de carácter universal, y su cronología comienza con la creación del mundo o la dispersión de los pueblos después del Diluvio, o algún otro acontecimiento de carácter universal. En la crónica universal se puede encontrar una visión sincrónica, abreviada pero global, de los hechos protagonizados por los distintos pueblos del Mundo Antiguo. En cuanto a la narración misma —cuyo fin es exponer más que explicar9—, es paradójico que la historia, aunque abarque menos tiempo, normalmente es mucho más extensa que una crónica, pero es ésta última —a pesar de su breuitas— la que otorga el marco temporal global en el que la historia particular se inscribe y sin el cual ella pierde su sentido, que se resuelve en lo que podríamos llamar el camino de la redención. Estamos, pues, frente a dos características típicas de la concepción histórica cristiana, que plantea la linealidad del decurso histórico, por una parte, así como también que la única forma de concebir la historia es desde una visión total, o sea, universal.

En fin, si la definición y diferenciación anotada en las Etimologías entre historia y crónica no se mantuvo entre los historiadores medievales10, lo cierto es que al menos San Isidoro sí se mantuvo fiel a sus postulados, y escribió tanto una historia como una crónica, esto es, tanto una narración particular como una universal. Curiosamente Ildefonso de Toledo, en el escueto capítulo octavo de su De Viris Illustribus, no menciona las obras históricas del Hispalense, probablemente porque no les asignaba valor moral alguno11; no obstante, San Isidoro sí otorgaba a la narración de los tiempos pasados el valor de "enseñanza del momento presente"12.

La obra historiográfica del Hispalense comprende dos textos de desigual extensión y valor, que San Braulio, a diferencia de San Ildefonso, sí incluye en su noticia biográfica conocida como la Renotatio Isidori13. Primeramente, en orden de importancia, mencionemos la Historia de los Godos, cuyo título original habría sido De Origine Gothorum, complementada con dos apéndices acerca de la historia de vándalos y suevos14. Esta obra constituye un trabajo de gran aliento y, claramente, la obra cumbre de San Isidoro en la materia. Las historias las concluye el autor, en su versión definitiva, el año 626 cuando los bizantinos ya han sido expulsados del sur peninsular, y tiene un tono marcadamente "nacional" —o patriótico, si se prefiere—, de exaltación del Reino Visigodo toledano15 que, finalmente, ha logrado unificar política, religiosa y socialmente a la Península Ibérica. La "Alabanza a Hispania" que abre la historia de los godos, así como la "Alabanza de los Godos" que la cierra, sintetizan la visión del Hispalense, que ve en el Reino Hispano Godo el refugio de la romanidad, pues el Imperio no sólo se trasladó a Oriente sino que, peor aún, parece estar sumido en una crisis de carácter terminal. Así, pues, para Isidoro son los godos los llamados a rescatar la tradición imperial en el futuro, pues constituyen el único polo visible en el Mediterráneo, aparte de Constantinopla.

En segundo lugar debemos mencionar la Crónica Universal o Chronicon16, que ha llegado hasta nosotros en dos redacciones, una dedicada al rey Sisebuto, y otra al rey Suintila; la primera, o versión breve, está fechada en el año 615, y la segunda, o versión larga, en el 62617. Si bien desde la edición de José Carlos Martín del año 2003, se ha despejado toda sombra de duda respecto de las fechas de composición y edición de la obra, la verdad es que el primero en editar correctamente ambas versiones fue Theodor Mommsen. Ediciones anteriores, especialmente la del abate Migne, fundieron los textos de la versión larga y de la breve, generando una serie de confusiones cronológicas. Las ediciones de Migne y Flórez —que se remiten a la de Loaisa (1593), ya sea través de la edición de Grial de 1599 o de la de Arévalo de 1803— si bien son importantes y tuvieron amplia difusión, carecen de un aparto crítico riguroso18.

La crónica de San Isidoro, no sólo es mucho más breve que la Historia de los reyes godos, sino que representa una visión distinta del devenir histórico, marcadamente universal; escrita originalmente unos diez años antes que la Historia -aunque revisada más tarde—, le sirve a ésta de marco y contexto, pues en la perspectiva de la historiografía cristiana, como hemos dicho ya, sólo es posible comprender el sentido de una historia particular insertándola en una historia universal del mundo19. Es eso y no otra cosa lo que explica la proliferación del género de la crónica universal durante la Edad Media. Desde la creación del mundo hasta su presente han transcurrido seis edades, según San Isidoro, en torno a las cuales se articula el decurso de la historia20. La división de la historia en seis partes, que Isidoro toma de San Agustín, dice relación con los seis días de la Creación, así como con las seis edades del ser humano21. Es lógico, pues, que el santo hispalense haya incluido en este opúsculo hechos relevantes de la historia del Mediterráneo, más allá de su singularidad ibérica.

En efecto, en la Sexta Edad, que abarca desde el imperio de Augusto hasta los años del propio San Isidoro, se pueden identificar numerosas noticias relacionadas con el oriente del Mediterráneo, esto es, el Imperio Bizantino; así, si consideramos sólo desde la época de Justino II (565-578), podemos contar al menos ocho noticias referidas al Imperio de Bizancio, incluidos los asuntos italianos, y otras tantas respecto del Reino Visigodo, concentrándose éstas entre los años 578 (inicios del Imperio de Tiberio ) y 626, cuando finaliza la obra, con siete entradas (siempre sin considerar las referencias generales de orden cronológico). Como veremos luego, ello tiene una evidente justificación argumental en la obra.

Pues bien, precisamente en el Chronicon, y hacia el final de la obra, el Hispalense recoge varias noticias respecto del Imperio Bizantino, cuya lectura nos llevó a descubrir una especial característica que tiene el relato isidoriano, y que consiste en que después de una historia universal que involucra a muchos pueblos, la visión se concentra en sólo dos (el Reino Visigodo de Toledo y el Imperio Romano de Constantinopla) que se disputan el protagonismo histórico, en una verdadera trama "bipolar", por llamarla de algún modo. Pendularmente, Isidoro oscila entre uno y otro polo, pero progresivamente se inclina con decisión hacia el polo occidental, es decir, el Reino Visigodo, que debería, teóricamente, asumir el relevo histórico de la Roma Imperial constituyéndose en refugio de la tradición latina.

San Isidoro, como ha señalado Jocelyn Hillgarth, es frustrantemente lacónico22, lo cual es ciertamente algo propio de la crónica en cuanto tipo de relato, una obra (iliteraria y, por tanto, como afirma Pedro Galán, "se trata de una imposición del género cronístico cultivado, no de una carencia personal del autor"23. El carácter de la narración cronística es, precisamente, seco y escueto, plano, esquemático y breve24. El mismo san Braulio en su Renotatio Isidori, pasando revista a la obra del Hispalense, dice que escribió también "una Crónica en un libro, desde el comienzo del mundo hasta su tiempo, dispuesto con concisión inimaginable"25. En efecto, la Crónica de San Isidoro responde perfectamente a todos los cánones del género, incluido el universalismo de su contenido, el tono providencialista y, lo que ahora comentamos, la concisión de estilo26. Así, no es extraño que San Isidoro no nos entregue ni precisiones ni información adicional respecto de las noticias que incluye en su obra: se limita a informar, pero sin narrar ni explicar. Precisamente por esos silencios del Hispalense es que sus palabras han generado tanta controversia, llevando a los estudiosos a citarlas sin hacer mayores comentarios —tal vez por prudencia—, o a rechazarlas completamente. También hay que reconocer que algunos historiadores han tomado el texto con cierta ligereza. Como señala Manuel Díaz y Díaz, "el estilo de la crónica es decepcionante para quien espera información histórica: frases sueltas, esqueléticas, derivadas en su mayor parte de Jerónimo y Víctor de Túnez, así como de Eutropio [...], constituyen una serie que difícilmente podemos nosotros denominar histórica"27.

La Crónica Universal, por otra parte, nos proporciona un interesante cuadro "argumental", que justifica la inclusión de las noticias sobre el oriente romano, y que termina dándole sentido a su narración. En efecto, si bien la Crónica tiene un marcado acento universalista, en la medida que el relato se aproxima a la época del propio San Isidoro, los asuntos godos adquieren mayor relevancia, y su obra asume, en la última parte, un tono local y nacional. "La Crónica isidoriana nos presenta una visión universal y providencialista de la historia en el marco de la cual se ensamblará la historia particular y nacional de los godos"28. En este punto en particular diferimos de la postura de Pedro Galán, para quien la Chronica no manifiesta ningún atisbo de nacionalismo godo, el que habría quedado ensombrecido completamente por la perspectiva universalista de su autor29; ciertamente que el puro argumento cuantitativo (las noticias sobre los visigodos no representan más que el 1,5% de la obra) no es concluyente, pues más que el número de entradas, interesa el tenor de las mismas y su contexto. Es claro, por otra parte, que no es comparable el acento del Hispalense en los asuntos peninsulares con el tono abiertamente ideológico de la Historia de los Godos, cuyo prólogo es un verdadero manifiesto de patriotismo godo30. Es preciso apuntar que Pedro Galán no pondera para nada positivamente la Crónica isidoriana, llegando a decir que "la Crónica de Isidoro no aporta apenas nada a la historiografía, ni desde el punto de vista formal, ni desde el punto de vista del contenido, ni desde el punto de vista ideológico"31.

Ciertamente que en lo formal el Hispalense no innova; no obstante, desde el punto de vista del contenido divide las edades de modo original, a la vez que incluye noticias que no se encuentran en otras obras. Por último, desde el punto de vista ideológico, y en esto nuestra opinión se acerca más a la de José Carlos Martín Iglesias32, la obra persigue los mismos fines que la Historia de los Godos (sin mencionar el epílogo de carácter escatológico que cierra el relato).

Para San Isidoro de Sevilla, así, la historia de la humanidad se articula por la sucesión de diversos reinos; después de los cinco primeros —el de los judíos, el de los persas, el de Alejandro, el de los Ptolomeos y el de Roma—, debería comenzar el sexto, el de su querida Hispania33. En tal esquema, el autor incorpora información acerca de los problemas y reveses del Imperio Bizantino en Oriente, no por el puro gusto narrativo ni la exactitud histórica, sino para resaltar por contraste los éxitos, especialmente los militares, de los reyes visigodos en Occidente34. Veamos un ejemplo ilustrativo:

"Año 5803 [580]. Mauricio reinó veintiún años.
Los suevos son sometidos a los godos por el rey Leovigildo.
Los godos, por iniciativa del religiosísimo príncipe Recaredo son convertidos a la fe católica.
Por este tiempo, el obispo de Sevilla, Leandro, se destaca por su ciencia y su fe"35.

 

 

 

En la versión original, que no mencionaba a San Leandro, figuraba a continuación una referencia a los avaros, enemigos de los bizantinos, "rechazados gracias al oro más que a las armas". En la versión final se añadió la noticia sobre el hermano de San Isidoro completando entonces una visión triunfal del reino godo, tanto en lo político, como en lo religioso y cultural. Integrar en la narración que el Imperio logró contener a los avaros, opacaría los éxitos de los godos, por lo que se hizo necesario eliminar el pasaje. Así, en el texto citado si bien no se exaltan las derrotas bizantinas, el imperio es suprimido de la narración. Al emperador Mauricio apenas se le nombra para establecer una referencia cronológica.

El pasaje siguiente es mucho más claro, y demuestra cómo el recurso retórico que estamos comentando, va in crescendo a medida que nos acercamos al final de la obra:

"Año 5811 [602]. Focas reinó ocho años.
Este, tras convertirse en emperador gracias a una revuelta militar,
hizo asesinar a Mauricio Augusto y a muchos nobles.
Los "Verdes" y los "Azules" luchan en una guerra civil
en Oriente y
Egipto.
Los persas atacan terriblemente a los romanos. Éstos, tras sufrir
duras derrotas en manos de aquéllos, perdieron algunas regiones
de
Oriente. "Año 5813 [626]. Heraclio cumple el decimosexto año de su gobierno.
Al inicio de éste, los eslavos quitaron Grecia a los romanos,
y los
persas Siria, Egipto y muchas provincias"36.

Como podemos apreciar, el Hispalense concentra su atención en el Imperio Romano, pero sólo para destacar la disolución interna (las guerras civiles que aparecen por todas partes) y las derrotas en sus fronteras, tanto occidental (Grecia) como oriental (Siria y Egipto). Así, si desde el año 580 sólo se registran reveses para el Imperio; por otra parte solamente se anotan victorias para los godos. Después, el cronista vuelve a centrar la mirada en el Reino Godo, y con evidente satisfacción, narra cómo Sisebuto combate victoriosamente contra el ejército romano, terminando gloriosamente la tarea su sucesor, Sisebuto, quien, en palabras del Hispalense, "inició la guerra contra las restantes ciudades romanas y con una rápida victoria obtuvo el primero la monarquía de todo el reino unificado de Hispania"37. Toda la narración anterior, como podemos apreciar, se ordena en el relato isidoriano para exaltar el glorioso reinado de Sisebuto con el cual concluye la crónica. El recurso retórico utilizado —mostrar la debilidad bizantina para exaltar la fortaleza visigoda— puede parecer poco elegante, pero es efectivo. Así, entonces, es claro que la crónica universal de San Isidoro no es, como se ha dicho tantas veces, neutra desde el punto de vista de la narración, sino que, al contrario, su disposición nos revela claramente la marcada intencionalidad ideológica de su autor, quien busca resaltar la grandeza del Reino Visigodo, baluarte del catolicismo y la romanidad. Considerando que San Isidoro provenía de una familia de Cartagena, desplazada a causa de los estragos causados por la invasión bizantina en época de Justiniano38, y teniendo en cuenta el detalle con que narra los desastres que aquejan al Imperio de Oriente a fines del siglo VI y comienzos del VII, bien podríamos aplicar a su forma de escribir el mismo calificativo que utilizáramos hace un tiempo para la obra de Liutprando de Cremona: la retórica del desquite39.

Notas

1 Hemos consultado tres versiones: Sancti Isidori Hisp. Etymologiarum, en: MPL, t. LXXXII; San Isidoro de Sevilla, Etimologías, Trad. de Luis Cortés y Góngora, BAC, 1951, Madrid. Por cierto, resulta muy útil la edición bilingüe de 2004, con texto latino y traducción de J. Oroz R. y M. Marcos C, también publicada en Madrid por la BAC; si no se indica otra cosa, normalmente citaremos esta última edición.        [ Links ]

2 v. Cruz Hernández, M., "San Isidoro y el problema de la cultura hispano-visigoda", en: Anuario de Estudios Medievales, N° 3, 1966, pp. 413-423.        [ Links ]

3 v. Antelo Iglesias, A., "Sobre el magisterio isidoriano en la Ata Edad Media. Notas de historia literaria y cultural", en: Hispania, N° 38, 1978, p. 57.        [ Links ]

4 Véase a título de ejemplo, su reciente obra: Fontaine, J., Isidoro de Sevitta. Génesis y originalidad de L· cultura hispánica en tiempos de los visigodos, Trad. de M. Montes, Ed. Encuentro, 2002 (Brepols, 2000), Madrid, véase el capítulo 11, pp. 162-177, para el tema de las obras históricas de San Isidoro, que abordamos en las líneas siguientes.        [ Links ]

5 Etím., 1,41, 1-2 (p. 349).

6 Etim., 1, 44, 4 (p. 349). v. Mauskopf, D., "Introduction", en: Mauskopf, D. (Ed.), Historiography in the Middle Ages, Brill, 2003, Leiden, pp. 3 y s.        [ Links ]

7 Etim., V, 28 (p. 527). v. Mauskopf, D., "Introduction", op. cit., p. 5.

8 De interés puede resultar la lectura de: Guenee, B., "Histoires, annales, chroniques. Essai sur les genres historiques du Moyen Age", en: Annahs. Histoire, Sciences Sociales, Vol. 28, N° 4, 1973, pp. 997-1016, esp. pp.998-1002.

9 Véase Orcástegui, C, y Sarasa, E., La Historia en la Edad Media. Historiografía e Historiadores en Europa Occidental: siglos V-XIII, Cátedra, 1991, Madrid, p. 29.         [ Links ]

10 Ibid., p. 27.

11 Ildefonso de Toledo, de Viris Illustribus, VIII (Ed. de C. Codoñer, Salmanca, 1972, p. 129). Véase tb. la completa "Introducción General" de Manuel DÍAZ Y DÍAZ, a la ya citada edición de las Etimologías, p. 97.        [ Links ]

12 Etim., 1, 43 (p. 349).

13 Una versión bilingüe en Fontaine, J., op. cit., pp. 305-309; tb. en Díaz y Díaz, M., op. cit., p. 115.

14 v. Las Historias de los Godos, Vándalos y Suevos de San Isidoro de Sevitta, Estudio, Ed. Crítica y Trad. de C. Rodríguez Alonso, Archivo Histórico Diocesano de León, 1975, León.

15 Ibid., pp. 18 y ss. Tb. Sánchez Salor, E., "El Providencialismo en la historiografía cristianovisigótica de España", en: Anuario de Estudios Filológicos, N° V, 1982, Cáceres, p. 184; Martínez, J., "Ethnic and National History ca. 500-1000", en: Mauskopf, D. (Ed.), op. cit., pp. 57 y ss.        [ Links ]

16 Ibid., pp. 18 y ss. Tb. Sánchez Salor, E., "El Providencialismo en la historiografía cristianovisigótica de España", en: Anuario de Estudios Filológicos, N° V, 1982, Cáceres, p. 184; Martínez, J., "Ethnic and National History ca. 500-1000", en: Mauskopf, D. (Ed.), op. cit., pp. 57 y ss.        [ Links ]

17 v. Ibid. pp. 14* y ss. Tb. Martín, J., "La transmisión del saber durante la Edad Media y la labor filológica", en: Cuadernos del Marqués de San Adrián, N° 1, 2001 [http://www.uned.es/ca-tudela/revista/n001/art_2.htm]; Collins, R., La España Visigoda (409-711), Trad. de M. García, Ed. Crítica, 2005 (2004), Barcelona, p. 169. Cf. con las fechas proporcionadas por Fontaine, J., San Isidoro de Sevilla. Génesis y..., op. cit., p. 165, donde anota los años 615 y 631, o la p. 169, cuando se refiere a los años 616 y 629, y también p. 310, Apéndice II, en que anota, correctamente ahora, los años 615 y 625. Si los años 629 ó 631 estuviesen correctos, sería en verdad muy raro que el Hispalense no incluyera una referencia al asedio de Constantinopla por los avaros en el año 626.        [ Links ]

18 Véase para más detalles, la "Introduction General" a la edición ya citada de J. Martín para el CCSL, especialmente la "Quatriéme Partie: L'Édition Critique du Texte", pp. 245* y ss.

19 Martín, J., "La Crónica Universal. ..,op. cit., pp. 202 y s. Véase tb. Galán, P., El género historiográfico de L· chronica. Las crónicas hispanas de época visigoda, Servicio de Publicaciones de la U. de Extremadura, 1994, Cáceres, pp. 175 y ss., y tb. p. 189, donde el autor explica que parte de la originalidad de la Chronica de San Isidoro es, justamente, introducir el esquema de las seis edades, por vez primera, en el género cronístico; sobre el universalismo, v. pp. 200 y ss. Véase tb. acerca de las dos obras del Hispalense, Orcástegui, C. y Sarasa, E., op. cit., pp. 78 y ss.        [ Links ]

20 v. Galán, P, op. cit., p. 178 y s. Tb. Allen, M., "Universal History 300-100: origins and Western developments", en: Mauskopf, D., op. cit., pp. 32 y s.        [ Links ]

21 Véase Fontaine, J., op. cit., p. 166.

22 Hillgarth, J. N., "Spanish Historiography and Iberian reality", en History and Iheory, Vol. 24, N° 1, Feb. 1985, p. 26; v. tb. Merrit, P., "The use of History in the Chronicon of Isidore of Seville", en: History and Iheory, Vol. 15, N° 3, Oct. 1976, pp. 278 y ss.; Reydellet, M., "Les intentions idéologiques et politiques dans le Chronicon d'Isidore de Séville", en: Mélanges d'Archéologie et d'Histoire, Vol. 82, N° 1, 1970, pp. 363 y s.        [ Links ]         [ Links ]

23 Galán, P., op. cit, p. 181.

24 Id., y tb. pp. 188.

25 Díaz Y Díaz, M., op. cit., p. 115. Véase nota 13, sufra.

26 Martín, J., "Introduction General" a la edición ya citada del CCSL, p. 22*. Tb. Allen, M., op. cit., p. 36.

27 DÍAZYDÍAZ,M.,op. cit.,p. 139.

28 Rodríguez Alonso, C, op. cit., p. 19.

29 Galán, P., op. cit., pp. 202 y ss.

30 v. Sánchez Salor, E., op. cit., p. 184.

31 Galán, P., op. cit., p. 207.

32 Martín, J., "La Crónica Universal..., op. cit, pp. 200 y s.        [ Links ]

33 Reydellet, M., op. cit., p. 398. Cf. Galán, P., op. cit., pp. 176 y ss.

34 v. Fontaine, J., "Isidoro de Sevilla frente a la Hispania Bizantina", en: Actas de h V Reunió de Arqueología cristiana hispánica (Cartagena, 1998), Monografíes de la Secció Historico-Arqueológica (VII), 2000, Barcelona, p. 33. Tb. Martín, J., "La Crónica Universal...", op. cit., pp. 201 y ss. Juan de Biclaro, cuyo relato continúa San Isidoro, optó por la posición contraria: si bien recoge información de las guerras que enfrenta el imperio, "a medida que avanza la Crónica, vamos asistiendo a la resolución de todos y cada uno de estos problemas. Prácticamente en todos los casos se pasa de la guerra y desunión a la paz y el orden imperial restablecido. (...) Se trata, en suma, del relato de una época de caos y de guerras que al final desemboca en el orden y la paz". Galán, P, op. cit., pp. 130 y s.        [ Links ]

35 Chronica 2, 406-409. (Ed. CCSL, pp. 199-201; para la versión en castellano: Martín, J., "La Crónica Universal...", op. cit., p. 235).

36 Chronica 2, 410-414. (Ed. CCSL, pp. 201 y ss.; para la versión en castellano: Martín, J., "La Crónica Universal...", op. cit., p. 235 y s.).

37 Chronica 2, 415 y 416b (Eá. CCSL, p. 205; para la versión en castellano: Martín, J., "La Crónica Universal...'', op. cit., p. 236).

38 Fontaine, J., y Cazier, P., "Qui a chasse de Carthaginoise Severianus et les siens? Observations sur l'histoire familiale d'Isidoro de Seville", en: Estudios en homenaje a don Claudio Sánchez-Albornoz en sus noventa años, Instituto de Historia de España, 1983, Buenos Aires, vol. I, pp. 349-400.        [ Links ]

39 Véase Marín, J., "Liutprando de Cremona en Constantinopla. La retórica del desquite", en: Byzantion Nea-Hellás, n° 24, 2005, pp. 63-90.        [ Links ]

Recibido: 16.09.2009 -Aceptado: 02.11.09.

Correspondencia: Dr. José Marín Riveros
jmarin@ucv.cl
. Profesor en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y de Chile e Investigador del Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos de la Universidad de Chile.