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Andean geology

versión On-line ISSN 0718-7106

AndGeo vol.38 no.2 Santiago jul. 2011

 

Andean Geology 38 (2):245-267. July, 2011
formerly Revista Geológica de Chile
www.andeangeology.cl


La Formación Los Llantenes en la Precordillera de Jagüé (La Rioja) y la identificación de un episodio de extensión en la evolución temprana de las cuencas del Paleozoico superior en el oeste argentino

The Los Llantenes Formation in the Precordillera of Jagüé (La Rioja Province) and the recognition of a rifting stage in the early evolution of the late Paleozoic basins in western Argentina

 

Ricardo A. Astini1, Federico Martina1 y Federico M. Dávila1

1 Laboratorio de Análisis de Cuencas, CICTERRA, CONICET-UNC, Av. Vélez Sarsfield 1611, X5016GCA, Córdoba, Argentina. raastini@efn.uncor.edu; fmartina@efn.uncor.edu; fmdavila@efn.uncor.edu


 

RESUMEN. En la región septentrional de la Precordillera, al NW de La Rioja, en el centro occidental de Argentina, afloran más de 4.000 m de rocas sedimentarias del Paleozoico superior entre las que se destaca una unidad basal psefítica, no descrita con anterioridad y cuyo análisis permite identificar un importante episodio de extensión cortical. El potente conglomerado (>1.000 m) de color morado, que proponemos denominar Formación Los Llantenes, se dispone en no concordancia sobre el basamento de la Precordillera Septentrional y por debajo del primer nivel con clara impronta glacigénica, asociado a la glaciación gondwánica. Mientras que su gran espesor y escasa distribución areal indican subsidencia localizada, la estratofábrica cruda, la mala selección granulométrica y la presencia de bloques superiores al metro indicarían que se trata de depósitos de abanicos aluviales de alto gradiente, dominados por flujos de gravedad. Su composición y granulometría gruesa revelan procedencia local, resaltos topográficos pronunciados y fuerte compartimen-tación paleogeográfica. Una compleja historia glacial sucede a la Formación Los Llantenes sobre la que se han labrado profundos paleovalles en forma de 'U' que alojan tilitas y diamictitas glacigénicas, pertenecientes a la Formación Cerro Tres Cóndores de edad viseana (Misisipiano Medio). La edad de los conglomerados de la Formación Los Llantenes, de naturaleza preglacial, quedaría acotada entre el sustrato del Devónico Medio, aflorante inmediatamente al sur de la región estudiada en sierra de Las Minitas, y el Misisipiano Medio (Formación Cerro Tres Cóndores), pudiendo parcialmente constituir un equivalente de la Formación Agua de Lucho (Tournaisiano-Viseano) que, en la región del Río del Peñón, también subyace a los niveles glacigénicos de la Formación Cerro Tres Cóndores. La expresión cartográfica con limitada extensión areal y el gran espesor que presentan las psefitas de la Formación Los Llantenes, sumado a la procedencia local, permiten interpretar el desarrollo de depocentros asociados con un marco tectónico extensional o transtensivo, conclusiones importantes para reconstruir la historia de la cuenca.

Palabras clave: Formación Los Llantenes, Conglomerados inmaduros, Tectónica extensional, Carbonífero Inferior (Misisipiano), Precordillera septentrional.


 

ABSTRACT. In the northern part of the Argentine Precordillera, northwestern La Rioja, the Upper Paleozoic is over 4,000 m thick. Very coarse conglomerates from the basal section have not been described nor adequately interpreted. This work analyses this unit in the context of a stratigraphic revision of the upper Paleozoic of the region, and interprets the conglomerate as a rift deposit. The thick (>1,000 m) and coarse purple conglomeratic succession, herein named 'Los Llantenes Formation', non-conformably rests on the basement rocks of the region and underlies deposits of the first glacial record associated with the Gondwanan glaciation. While its great thickness and restricted areal extent indicate localized subsidence, the crude stratification, poor sorting and abundance of >1-m boulders indicate an origin related to high-gradient, low-efficiency alluvial fans. Their composition and coarse-grained size indicate local provenance, abrupt relief and incipiently developed drainage systems and a highly compartmentalized and abrupt paleogeography. A complex glacial history generated deep 'U'-shaped paleovalleys in the Los Llantenes Formation, developing paleovalleys that accommodated basal lodgment tills and glacial diamictites with sedimentologic features comparable to the Cerro Tres Cóndores Formation (Visean in age) exposed to the south. The age of the conglomerales of Los Llantenes Formation, clearly preglacial, can be stratigraphically bracketed between the Middle Devonian substrate cropping out to the south in the sierra de Las Minitas and the Middle Mississippian, age of the Cerro Tres Condores Formation. Consequently, Los Llantenes Formation may partly correlate with the Agua de Lucho Formation (Tournaisian-Vissean) that in the area of Río del Peñón, immediately to the south, underlies the glacigenic Cerro Tres Condores Formation. Mapping relationships with limited areal extent, together with the great thickness of Los Llantenes Formation and the local provenance, allow interpreting accommodation in extensional or pull-apart depocenters, conclusions that are relevant in order to reconstruct the history of the basin.

Keywords: Los Llantenes Formation, Immature conglomerates, Extensional tectonics, Lower Carboniferous (Mississippian), Northern Precordillera.


 

1. Introducción

El Paleozoico superior del centro-oeste de Argentina (~29°S) ha sido explicado a través de distintos modelos, incluyendo cuencas intracratónicas (e.g., Salfity y Gorustovich, 1983), sistemas de 'pull-apart' (e.g., Fernández Seveso y Tankard, 1995) y marcos de antepaís (e.g., López Gamundí et al., 1994; Astini et al., 2005). Su origen estaría vinculado a la propia evolución del margen protoandino de Gondwana como parte del orógeno Terra Australis que bordeó el continente desde el Cámbrico y por ~300 Ma (Cawood, 2005). Durante el Paleozoico superior, la sedimentación tuvo lugar en dos dominios diferentes (López Gamundí et al., 1994): 1. uno occidental, donde predominan depósitos de origen marino, conocido como la cuenca de Río Blanco (abarcando la región de Precordillera Occidental y Cordillera Frontal) y 2. un dominio oriental, con rellenos esencialmente continentales, coincidente con la denominada cuenca de Paganzo, abarcando la región del actual antepaís fragmentado. De acuerdo con el registro estratigráfico, durante el Carbonífero Inferior (Misisipiano), la subsidencia habría estado limitada al dominio occidental, donde el relleno se caracteriza por un intervalo continental psefítico, seguido de una sucesión transgresiva (Pazos et al., 2005; Astini et al., 2009). Sobre este intervalo basal se apoyan unidades marinas con vestigios de influencia glacial hacia el tope (Azcuy et al., 1999; Limarino et al., 2006). La depositación en el dominio oriental, en cambio, comienza en el Carbonífero superior con el labrado de una paleosuperficie glacial (López Gamundí et al., 1989, 1994) representada por paleovalles dirigidos hacia el oeste y expuestos

actualmente, entre otros, en la sierra de Los Llanos (Andreis et al., 1986; Sterren y Martínez, 1996), en el Famatina (Ezpeleta y Astini, 2005; Astini, 2009) y en la terminación austral de la sierra de Velasco (Ezpeleta et al., 2003). Luego de la historia glacial, los depocentros orientales gradualmente se aridizaron, pasando por una etapa templada húmeda con desarrollo de sistemas fluviales y palustres asociados (López Gamundí et al., 1992). Ambos dominios engranan lateralmente mediante sistemas depositacionales de transición (Bossi y Andreis, 1985; Pazos, 2002).

Las sucesiones neopaleozoicas que afloran en la Precordillera de Jagüé, al NW de La Rioja (Fig. 1), pertenecen al dominio occidental de la cuenca de Paganzo (López Gamundí et al., 1994; Astini et al., 2005), constituyendo el extremo norte de la subcuenca de Río Blanco (cf. Azcuy et al., 1999). La importancia de su estudio en esta región radica en que el registro estratigráfico neopaleozoico es uno de los más completos de Sudamérica, incluyendo espesas sucesiones del Misisipiano (Fig. 2), ausentes en el dominio oriental de la cuenca de Paganzo y en el ámbito de la Precordillera Central de San Juan. Rocas de este sistema afloran principalmente a lo largo de la quebrada del Río del Peñón (Fig. 2), sobre el perfil de la Ruta Internacional 76, donde desarrollan más de 4.000 m de espesor. En comparación, los afloramientos en la región de cabecera del río Bonete (RB) y el distrito minero Los Llantenes (DL) (Fig. 2) afloran en facies distintas, con predominio de conglomerados y brechas gruesas, lo que ha permitido interpretar que esta región se comportó como borde de cuenca durante el Paleozoico superior (Aceñolaza et al., 1971; Martina, 2009).


En esta región, la estratigrafía neopaleozoica desarrolla un registro psefítico excepcional (Fig. 2), no reconocido en los afloramientos del Río del Peñón y sierra de Las Minitas, que sirve de sustrato al conjunto de unidades neopaleozoicas de la región (Fig. 3). Para ella se propone la denominación de Formación Los Llantenes y su reconocimiento y descripción resultan de importancia, no sólo a los efectos de completar el cuadro estratigráfico de la región, sino para comprender la evolución tectónica de las cuencas neopaleozoicas tempranas del oeste argentino, que durante mucho tiempo se ha sobresimplificado. Su análisis constituye el objetivo central de este trabaj o y permite reconocer una etapa de extensión cortical a partir de argumentos estrati-gráficos y sedimentológicos, complementados con evidencias de cartografía regional y estructurales.


2. Marco geológico y estratigráfico

La Precordillera de Jagüé (Aceñolaza et al., 1971) constituye un cinturón orográfico de orientación norte-sur, comprendido entre el bolsón de Jagüé y la Cordillera Frontal, en Argentina en la provincia de La Rioja (28°31'S-68°30'W; Fig. 1). Está formada exclusivamente por rocas precámbricas y paleozoicas que, hacia el norte, se hunden por debajo de sucesiones volcánicas cenozoicas pertenecientes al dominio de la Puna Catamarqueña. Si bien inicialmente se pensó que estos afloramientos pertenecían al sistema de sierras Pampeanas, la presencia de importantes cuerpos calcáreos y restos fósiles ordovícicos (Aceñolaza et al., 1971) asociados con basaltos almohadillados (Kay et al., 1984) permitieron incluirla dentro del ámbito de la Precordillera.

El basamento de la región aflora en el bloque comprendido entre la quebrada de Los Llantenes y el cauce del río Bonete (Figs. 2, 3) y está formado por una serie de metamorfitas y granitos milonitizados de edad precámbrica-paleozoica inferior (Martina y Astini, 2009a) sobre las que se apoyan basaltos almohadillados y sucesiones alternantes de areniscas y pelitas marinas pertenecientes a la Formación Chuscho, asignadas al Ordovícico Superior sobre la base de graptofaunas y dataciones radiométricas (Astini et al., 2000; Fauqué y Villar, 2003). Estas unidades sirven de sustrato al conjunto de unidades del Paleozoico superior que se analizan en este trabajo (Figs. 2, 3). El Paleozoico superior se apoya en discordancia regional, angular y fuertemente erosiva sobre el basamento. En cambio, hacia el sur (en sierra de Las Minitas, Fig. 2), las sucesiones del Paleozoico superior descansan sobre un sustrato devónico plegado, pobremente estudiado (Formación Quebrada Escarabajo, Coughlin, 2000), en una relación similar a la que ocurre en sierra de La Punilla en la Provincia de San Juan (Cingolani et al., 1990; Caminos et al., 1993; Astini y Ezpeleta, 2008).



FIG. 3. Columnas estratigráficas sintéticas, enfatizando la estratigrafía neopaleozoica de la zona de estudio. A. Sección clásica sobre el río del Peñón (modificada de González y Bossi, 1986) y B. distrito Los Llantenes (este trabajo). La correlación se realiza sobre la base del primer nivel glacigénico con continuidad cartográfica entre ambas regiones.

2.1. El Paleozoico superior en la Precordillera de Jagüé

Si bien las sucesiones neopaleozoicas de la Pre-cordillera de Jagüé expuestas sobre el curso del Río del Peñón han sido estudiadas por numerosos autores (e.g., Aceñolaza et al., 1971; Scalabrini Ortiz, 1973; González y Bossi, 1986; Coughlin, 2000; Gutiérrez y Limarino, 2006, entre otros), no existe consenso sobre la denominación formal del conjunto, ni respecto a las relaciones estratigráficas entre las unidades y el significado que tienen las discordancias limitantes. Este estudio, realizado en la región de cabeceras del río Bonete y en el distrito minero Los Llantenes, permite resolver algunas de estas controversias por cuanto se observan los contactos entre algunas unidades, no preservados en regiones de más al sur.

Una revisión estratigráfica de los depósitos neo-paleozoicos de la Precordillera de Jagüé realizada por Azcuy et al. (1999) reconoce cuatro unidades que de base a techo son: 1. Formación Agua de Lucho, compuesta por areniscas y pelitas de edad tournai-siana; 2. Formación Cerro Tres Cóndores, formada esencialmente por conglomerados gruesos de composición polimíctica de edad viseana; 3. Formación Punta del Agua, constituida por volcanitas bimodales y depósitos volcano-sedimentarios, presumiblemente del Carbonífero medio, y 4. Formación Río del Peñón, compuesta en su base por arcosas blanquecinas seguidas de un espeso conjunto areno-pelítico asignado a complejos deltaicos (Scalabrini Ortiz y Arrondo, 1973). Esta última unidad es pensilvaniana y contiene el límite Carbonífero-Pérmico en el tope de su sección inferior (Cisterna y Simanaukas, 2000; Sterren, 2000; Gutiérrez y Limarino, 2006). La sedimentación neopaleozoica en la región se completa con depósitos de areniscas rosadas y rojas del Pérmico, cartografiadas en la región como Formación Patquía e interpretada como equivalente de la Formación De la Cuesta o La Colina en el dominio oriental de la cuenca de Paganzo (Aceñolaza et al., 1971; López Gamundí et al., 1989; Caminos y Fauqué, 2001; Azcuy et al., 1999).

Las formaciones Agua de Lucho y Cerro Tres Cóndores se agrupan dentro del Grupo Angualasto (Azcuy et al., 1999), definido originalmente por Limarino y Césari (1993) en sierra de La Punilla (Precordillera Occidental en la Provincia de San Juan). Según estos autores, una discordancia angular lo separa de las sucesiones devónicas subyacentes,

habiendo reconocido la presencia de intervalos glacigénicos en su desarrollo. En la Precordillera de Jagüé, sobre el perfil tipo del Río del Peñón y zonas adyacentes, la base del Grupo Angualasto no aflora, mientras que hacia el sur, en la sierra de Las Minitas, el mismo está ausente. En esta última región, conglomerados y volcanitas de la Formación Punta del Agua apoyan en discordancia angular sobre sucesiones devónicas plegadas (Coughlin, 2000; Astini y Ezpeleta, 2008).

La Formación Agua de Lucho en la Precordillera de Jagüé incluye areniscas y pelitas y fue interpretada como depósitos de plataforma fangosa con participación esporádica de capas de tormenta (González y Bossi, 1987). En su parte superior, la unidad incluye lentes gravosos y paquetes arenosos afectados profusamente por deformación sinsedimentaria ('slumping') (González y Bossi, 1987). La suprayacente Formación Cerro Tres Cóndores está esencialmente compuesta por paquetes de conglomerados gruesos y diamictitas que representan depósitos de deltas gravosos. Estas psefitas verdes y grises oscuras contienen numerosos clastos estriados y facetados, con forma de 'plancha' y 'bala', que indican un origen glacial, tal como lo sugirieran Fauqué y Limarino (1990). En la localidad de Agua de Lucho ambas unidades se encuentran dispuestas con marcada angularidad (González y Bossi, 1987) y el conjunto subyacente posee intensa deformación plástica de naturaleza sinsedimentaria ('slumps' y colgajos en almohadilla). La angularidad entre el paquete dominantemente fino (Formación Agua de Lucho) y el paquete psefítico (Formación Cerro Tres Cóndores) alcanza localmente los ~40° y disminuye gradualmente de este a oeste. Estudios de campo permitieron reconocer que dicha discordancia lateralmente se disipa y representa el avance de una plataforma gravosa proglacial sobre una asociación de facies marina de frente deltaico y prodelta (Fig. 3). Superpuesto a la profusa deformación sinsedimen-taria, detectada también a lo largo de todo el zócalo pampeano hacia el sur (borde oeste de las sierras de Maz y Valle Fertil), el Grupo Angualasto desarrolla un clivaje penetrativo que fue interpretado como asociado a una etapa de importante soterramiento y plegamiento (Astini et al., 2005). Dado que todo el conjunto paleozoico superior se encuentra afectado por este plegamiento se interpreta que la deformación sanrafaélica ha sido particularmente importante en la región. Este episodio de deformación es bien conocido en otras localidades de la Precordillera de San Juan y Mendoza y en la Cordillera Frontal (López Gamundí et al., 1994; Azcuy et al., 1999; Ramos, 1999).

En la región de Jagüé también ha sido reconocida una cuña volcano-sedimentaria (Remesal et al., 2004; Astini et al., 2005) denominada Formación Punta del Agua que localmente supera los 1.500 m de espesor (Figs. 2 y 3). Tanto su posición estrati-gráfica como su origen son bastante discutidos, pero estudios recientes permiten interpretar sobre la base de datos geoquímicos una génesis asociada a extensión (Martina et al., 2011) y sobre poblaciones de circones detríticos (Ezpeleta et al., 2009), una edad de sedimentación de ca. 337 Ma (Misisipiano) para la actividad volcánica, correspondiente al promedio del pico más joven con significancia estadística. Si bien no existen claros contactos de base para esta unidad, las relaciones cartográficas (Fig. 2) permiten interpretar que la misma se apoya sobre el Grupo Angualasto.

En ambos flancos del sinclinal de Rincón Blanco la Formación Río del Peñón se apoya en notable discordancia erosiva (Fig. 3) sobre la Formación Punta del Agua (Coughlin, 2000). Esta discordancia elimina un registro estratigráfico localmente >500 m de espesor en el sector norte del flanco oriental del sinclinal (Fig. 2), donde la angularidad cartográfica alcanza los 10°. La superficie del contacto describe a macroescala importantes geometrías incisas, formando paleovalles labrados sobre la Formación Punta del Agua. Sobre esta superficie descansan diamictitas macizas y estratificadas, parcialmente deformadas y portadoras de abundantes clastos estriados, pulidos y facetados, que localmente superan los 150 m de espesor (Ezpeleta y Astini, 2008), pudiendo estar cubiertas por pelitas negras indicativas de series desarrolladas en paleofiordos. Estos depósitos glacigénicos contribuyen a nivelar la topografía labrada con anterioridad al desarrollo de arcosas amarillentas con estratificación cruzada que caracterizan la base de la Formación Río del Peñón y fueron denominadas Miembro de areniscas blanquecinas por Scalabrini Ortiz y Arrondo (1973). Este episodio glacial es independiente y posterior al registrado en la Formación Cerro Tres Cóndores que subyace a la Formación Punta del Agua, y puede correlacionarse con el episodio namuriano (Powell y Veevers, 1987; López Gamundí, 1997; Gulbranson et al., 2008), de amplio registro en el oeste argentino.

Además de la estratigrafía neopaleozoica reconocida, hacia el norte de la región del Río del Peñón, en las proximidades del distrito minero Los Llantenes y en la región de cabeceras del río Bonete (Figs. 2 y 3), aflora un conjunto de espesos conglomerados morados con características litológicas distintivas, cartografiados y denominados en este trabajo como Formación Los Llantenes. Esta unidad se apoya discordantemente sobre el basamento plegado y metamorfizado, incluyendo dentro de éste, tanto el Complejo Metamórfico Río Bonete del Mesoprote-rozoico-Cámbrico como metaturbitidas y volcanitas básicas del Ordovícico. Por su estratofábrica, color, madurez textural y composición, esta unidad contrasta con el resto de los conglomerados del Paleozoico superior de la región.

3. La Formación Los Llantenes (nom. nov.)

Se propone el nombre de Formación Los Llantenes para designar una potente sucesión de conglomerados gruesos y morados que localmente supera los 1.000 m de espesor y aflora en la margen sur de la quebrada Seca (28°29'25"S-68°37'36"W) en el distrito minero Los Llantenes (Fig. 2). En esta región, la unidad se expone en varios filos y en cerros elevados con cumbres redondeadas y mostrando patrones de estratificación grosera y altos ángulos de manteo. Afloramientos menores se observan sobre la quebrada del río Bonete y del Ciénaga Grande, donde constituyen claramente la base del conjunto neopaleozoico (Fig. 2) y poseen menor espesor. Cabe agregar que en las imágenes satelitales de la región, la unidad se corresponde con las litologías más oscuras en la zona, con pobre desarrollo de bandeado interno y aspecto notablemente rugoso (véanse flechas en Fig. 1 de la Imagen Aster). Asimismo, en las imágenes satelitales de buena resolución puede observarse el patrón característico de la estratofábrica cruda de los conglomerados gruesos.

3.1. Antecedentes

En trabajos previos (Aceñolaza et al., 1971), estos depósitos fueron incluidos junto con otros conjuntos litofaciales dentro de la Formación Guandacol. Estos estudios destacaron la similitud litológica que presentan algunos niveles de diamictitas, pelitas y ritmitas aflorantes en la quebrada Seca con los de la sección clásica del perfil de Huaco en la Precordillera de San Juan. La descripción original de esta unidad incluía además los conglomerados aflorantes en el cerro Punta Negra y aquellos ubicados al sur del cerro Chuscho (cf. Aceñolaza et al., 1971, Fig. 2), que actualmente son referidos a la Formación Cerro Tres Cóndores que se diferencia por su color dominantemente verde y una posición estratigráfica por sobre pelitas fosilíferas del Viseano-Tournaisiano (González y Bossi, 1986,1987). Los conglomerados que proponemos aquí denominar Formación Los Llantenes, además de ser morados, más homogéneos y de mayor granulometría promedio, forman el conjunto basal del Paleozoico superior y son cubiertos por sucesiones de diamictitas y pelitas verdes y grises oscuras en fuerte discordancia erosiva. Cravero et al. (1984) fueron los primeros en separar el conglomerado morado del conjunto verdoso-grisáceo superior y propusieron para este último el nombre de Formación Quebrada Seca. Estos autores destacaron las diamictitas de origen glacial, anteriormente descritas e interpretadas por Ramaccioni y Olsacher (1960). Sin embargo, sobre la base de las relaciones cartográficas, Cravero et al. (1984) sugirieron una edad ordovícica para los conglomerados morados, que se sobreponen a las pelitas graptolíticas de la quebrada El Chuscho (Fig. 2). Más recientemente, Caminos y Fauqué (2001) cartografiaron parcialmente los depósitos conglomerádicos, aquí denominados Formación Los Llantenes, como parte de la sección basal de la Formación Río del Peñón o, alternativamente, como un equivalente de la Formación Punta del Agua y le asignaron una edad carbonífera superior a pérmica.

3.2. Descripción y yacencia

En general, la Formación Los Llantenes mantea con ángulos altos (~60°) y se caracteriza por sus tonalidades moradas oscuras y granulometría gruesa que permiten individualizarla y diferenciarla del resto de las unidades neopaleozoicas de la región. Los criterios para su separación son tanto cartográficos como estratigráficos. El espesor calculado, superior a 1.000 m, representa un valor mínimo, por cuanto el tope está truncado por falla o por erosión en los principales asomos (Fig. 2). La base de la unidad, en cambio, aflora en la margen oeste de la quebrada Seca, donde se apoya sobre las volcanitas ordovícicas de la Formación Chuscho (Fig. 4a). Esta misma relación se observa en las cabeceras de las quebradas El Chuscho y Los Árboles, afluentes del río Bonete (Fig. 2). En cambio, al norte del distrito minero Los Llantenes y en la zona de las cabeceras del río Bonete, al norte de Las Juntas, se apoya directamente sobre el basamento meta-mórfico del complejo Río Bonete y es solapado por las formaciones Cerro Tres Cóndores y Punta del Agua (Fig. 4b). Esta última es la única región donde ha podido constatarse una relación de tope y donde, al conjunto psefítico, le suprayace un conjunto volcánico-volcanoclástico, comparable con la Formación Punta del Agua (Fig. 4b).


La relación estratigráfica de superposición de las diamictitas glaciales y pelitas que se apoyan en contacto neto erosivo sobre el conglomerado de la Formación Los Llantenes, puede observarse claramente en la desembocadura de la quebrada Seca (Fig. 5). Esto es lo que permite concluir taxativamente que se trata de una unidad preglacial. Además, en esta zona, el conjunto está truncado por un conglomerado amarillento más joven, con bloques exclusivamente de basamento cristalino con dominio de metamor-fitas de alto grado y granitos milonitizados, similar a aquel intercalado en la base de la Formación Río del Peñón. Las relaciones estratigráficas entre estas unidades sólo se observan en la región de Los Llantenes, ya que hacia el sur (zona de Agua de Lucho y Río del Peñón) las principales estructuras pierden rechazo por lo que esta estratigrafía basal y el propio basamento cristalino de la región no afloran, al menos con las características distintivas con que se reconocen dentro del bloque Llantenes (Fig. 2), de donde el conglomerado toma su nombre.


En ambas márgenes de la quebrada Seca se observan diamictitas glaciales portadoras de abundantes bloques estriados, rellenando paleotopografías de valles en 'U' con paredes verticalizadas (Fig. 5) labradas tanto en los basaltos almohadillados como en los propios conglomerados de la Formación Los Llantenes. En ocasiones estos contactos son tan verticales y netos que han sido confundidos y cartografiados como fracturas. Sin embargo, en el campo, estas superficies presentan estrías glaciales y son cubiertas por espesores variables de diamictitas con enormes bloques (>5 m) con superficies aplanadas y estriadas que permiten interpretarlas como tilitas de fondo o tilitas de alojamiento ('lodgement tills'). Las tilitas glaciales están, a su vez, cubiertas por depósitos de pelitas verdes y grises oscuras con macrofauna marina y espesores localizados que superan el centenar de metros y lentes de limolitas calcáreas de color amarillento. Dado que el relleno fiórdico de estos 'valles incisos' es más fácilmente erosionable que la subyacente Formación Los Llantenes, se genera en la región un particular relieve invertido, donde las unidades más antiguas forman los altos topográficos (Figs. 2 y 5) a manera de terrazas relícticas o montes islas. En algunos sectores de la región cartografiada (Fig. 2) el Conglomerado Los Llantenes sobresale del conjunto de litologías, permitiendo interpretar morfologías de incisión glacial excepcionalmente preservadas (paleonunataks), representando altos relictuales entre valles glaciales convergentes. Así, la erosión glacial sobrepuesta brinda un aspecto relativamente discontinuo a los afloramientos de la unidad, que en la parte norte de la región cartografiada (Fig. 2) poseen mayor expresión cartográfica. La incisión glacial implica necesariamente una caída relativa del nivel de base que estaría asociada con una etapa de alzamiento, ocurrida entre la depositación de la Formación Los Llantenes y la etapa glacial. Este levantamiento sería además responsable de la generación de la discordancia entre las formaciones Los Llantenes y Cerro Tres Cóndores (Fig. 5).

A la mesoescala la Formación Los Llantenes está compuesta por conglomerados gruesos y muy gruesos, dominantemente clastosoportados, dispuestos en bancos amalgamados de metros a decenas de metros de espesor (Fig. 6a). Presentan una estrato-fábrica pobremente desarrollada, pero localmente, la presencia de delgadas cuñas arenosas o paquetes areno-conglomerádicos discontinuos le confiere una estratificación grosera (Fig. 6a). En menor medida, se han reconocido también intercalaciones lenticulares de areniscas moradas y verdosas. Internamente, los conglomerados son macizos o describen sutiles gradaciones normales y algunos intervalos poseen estratificación cruda, resaltada por la existencia de agrupamientos de bloques, o conjuntos débilmente imbricados. Alternan niveles de conglomerados gruesos y muy gruesos con fábrica clastosoportada y texturas intersticiales polimodales arenosas, con otros niveles portadores de bloques angulosos suspendidos y matriz-soportados. Los colores morados dominantes están dados por la tinción general de la matriz y la existencia de delgadas cubiertas de pátinas oxidadas en los granos de tamaño arena.


El conglomerado posee en general mala selección. Los clastos y bloques varían entre muy angulosos y subredondeados (Fig. 6b) y los tamaños máximos con frecuencia superan el metro, aunque los tamaños máximos promedios están en el orden de 0,5 m. La composición es polimíctica, predominando los clastos de esquistos verdes, anfibolitas, mármoles grises, metaareniscas verdes y volcanitas básicas, afaníticas, verde oscuras u ocre (Fig. 6b). Conteos de clastos permiten estimar proporciones similares de estos componentes dominantes. Subordinadamente, se observaron clastos de granitoides, con texturas equigranulares o con fábricas bandeadas, en cintas o en ojos (milonitas), en proporciones siempre menores al 1%.

Los bloques de mayor tamaño son de metagrauva-cas petrográficamente comparables con la subyacente Formación Chuscho, mientras que los de volcanitas básicas afaníticas verdes corresponden a los basaltos presentes en la misma unidad (Fig 3b). Algunos de estos bloques (~1 m) presentan forma de almohadilla (estructuras de 'pillow lavas'). El resto de las litologías metamórficas, incluyendo los mármoles asignados a las 'calizas Las Damas', poseen una fuerte identidad con el conjunto de rocas representadas en el Complejo Metamórfico Río Bonete, sobre el que también apoya la unidad.

3.3. Interpretación

El tamaño de los bloques del conglomerado, las texturas en general angulosas, la mala selección y la abundancia de matrices polimodales indican que los procesos sedimentarios fueron poco selectivos. Esto sumado a la pobre estratificación del depósito, su estructura interna maciza o ligeramente gradada, los tamaños máximos involucrados y el tamaño máximo promedio en el rango de bloques, al igual que el gran espesor de los cuerpos individuales, es común de depósitos de flujos de gravedad, con gran capacidad y competencia de transporte. Los escasos intervalos lenticulares con menor granulometría y fábricas clastosoportadas son comunes de etapas de retrabajo a partir de escorrentía superficial y corrientes diluidas que habrían logrado agrupar e imbricar algunos clastos. La ausencia general de buena organización interna y texturas polimodales indica un dominio de procesos de baja eficiencia, típicos de abanicos aluviales de alto gradiente, dominados por flujos gravitacionales o hipercon-centrados (Bluck, 1967; Schulz, 1984; Blair y McPherson, 1994). El análisis composicional de los conglomerados, el tamaño máximo de bloques y las formas con pobre redondeamiento indican, a su vez, una procedencia cercana, restringida al basamento subyacente, y transporte por gravedad a partir de elevados gradientes. Esto es compatible con un desarrollo pobre de las redes de drenaje y fuentes muy proximales, que habrían posibilitado la escasa organización interna y la inmadurez general del depósito. Depósitos psefíticos con estas características son comunes en ambientes tectónicamente activos, asociados a relieves inmaduros y con fuertes contrastes topográficos. En ambientes con alto gradiente, como los interpretados para esta unidad, el potencial de preservación de términos finos es muy bajo.

La estratificación grosera y tendencia en ciclos decamétricos de espesor creciente y decreciente es común en depósitos de abanicos aluviales (Steel et al., 1977; Glopeen y Steel, 1981). El arreglo vertical agradacional y la granulometría gruesa del depósito sugieren un marcado potencial de preservación de sectores apicales con dominio de procesos gravi-tacionales. La acumulación de potentes espesores sin variar el arreglo interno (agradación) indica un sostenido equilibrio entre la generación de espacio de acomodación (hundimiento) y el aporte sedimentario. Esto se puede explicar a través de la generación sostenida de escarpas de falla que permitieron mantener un elevado gradiente en el sistema depositacional. Esto habría permitido que las paleopendientes se mantuvieran altas, favoreciendo el desarrollo frecuente de flujos de gravedad como se observa en la unidad.

De acuerdo a la composición localizada y los grandes espesores del conglomerado de la Formación Los Llantenes y sus relaciones de yacencia, es evidente que el basamento actuó como sustrato y fuente de los conglomerados. Esto permitiría interpretar un estilo particular de bloques elevados y hundidos y sugeriría que el basamento, en partes directamente solapado por el conglomerado, estuvo involucrado en la deformación, actuando, a su vez, como área positiva.

3.4. Edad y correlación estratigráfica

L a ausencia de flora y fauna fósil como así también de niveles volcánicos fechables impide conocer la edad de la Formación Los Llantenes con exactitud. Sin embargo, su edad puede acotarse sobre la base de la cartografía regional y de las relaciones estratigráficas observadas tanto en la quebrada Seca como sobre el río Bonete al norte de Las Juntas (Fig. 2). En la quebrada Seca y en afluentes del río Bonete, la Formación Los Llantenes se ubica claramente por debajo de los niveles de diamictitas glaciales (Formación Cerro Tres Cóndores, Figs. 4a, 5) que se apoyan en discordancia erosiva sobre ella. En esta región, el conglomerado de la Formación Los Llantenes descansa en discordancia sobre las volcanitas de la Formación Chuscho (Fig. 4a) de conocida edad ordovícica tardía y afectada por suave metamorfismo. Al contrario, en sierra de Las Minitas, ubicada inmediatamente al sur (Fig. 2), aflora una espesa estratigrafía devónica fuertemente plegada (Formación Quebrada Escarabajo, Coughlin, 2000), comparable con las unidades del Devónico Inferior y Medio de la Precordillera (Astini y Ezpeleta, 2008). Estas unidades poseen un variado registro fósil que certifica su edad devónica (Vaccari et al., 2008), lo que permite sostener que la Formación Los Llantenes sería más joven. Asimismo, es también conocido que a nivel regional existió un importante evento de deformación contraccional devónico (fase diastrófica Chánica), bien representado inmediatamente al sur de esta zona (sierra de Las Minitas), asociado con alzamiento regional (Ramos et al., 1986; Astini, 1996) que excluye la posibilidad de que estos conglomerados sean devónicos.

Las primeras evidencias de influencia glacial reconocidas en la región corresponden a aquellas señaladas en la Formación Cerro Tres Cóndores, de posible edad viseana tardía (Astini et al., 2005; Limarino et al., 2006; Césari et al., 2007) que fueron descritas en la introducción. Las diamictitas preservadas en la base de la artesa glacial de la quebrada Seca, parcialmente labrada en la Formación Los Llantenes, podría representar un equivalente lateral de esta unidad. Esta interpretación es consistente con lo observado sobre la quebrada del río Bonete, donde la Formación Los Llantenes subyace a conglomerados verdes más redondeados similares a los de la Formación Cerro Tres Cóndores, cubiertos a su vez por volcanitas de la Formación Punta del Agua (Fig. 4b). Esta correlación permitiría acotar la edad mínima de los depósitos de la Formación Los Llantenes al Carbonífero Inferior y ubicarla como la unidad basal de la Serie neopaleozoica en la Precordillera de Jagüé.

3.5. Discusión sobre el significado y la posición estratigráfica

El hecho de que los conglomerados de la Formación Los Llantenes representen depósitos de abanicos aluviales proximales y, además, se encuentren incididos por la acción glacial (previo al relleno glacigénico de la Formación Cerro Tres Cóndores), indica su estrecha vinculación con un marcado pa-leorrelieve y una posición estratigráfica preglacial. Si bien incisiones glaciales del orden de centenares de metros se registran en intervalos de tiempo cortos (e.g., 100.000 años en el Cuaternario), la Formación Los Llantenes muestra claras evidencias de haber estado litificada (indicado por su tendencia a formar altos relícticos) con antelación a la depositación de las tillitas misisipianas, razón por la cual se interpreta un hiato importante entre ambas unidades. Durante este intervalo la unidad psefítica se habría soterrado, litificado y vuelto a exhumar. Los valles incisos, paleofiordos en 'U' y montes relícticos se habrían esculpido sobre el nuevo relieve y como producto del modelado glacial.

Considerando estos aspectos, puede interpretarse que la unidad constituye la respuesta a una estructuración tectónica que favoreció la creación repentina de espacios de acomodación localizados, donde se acumularon los conglomerados, que en una etapa posterior fueron levantados y labrados por acción glacial. De acuerdo con esta interpretación, los Conglomerados de Los Llantenes constituirían la unidad basal del 'ciclo gondwánico' (sensu Ramos, 1988, 1999) característico del Paleozoico superior.

Por su posición estratigráfica el Conglomerado Los Llantenes podría representar un equivalente lateral de la Formación Agua de Lucho (de edad tournaisiana, Carrizo y Azcuy, 1997), que subyace en discordancia a la Formación Cerro Tres Cóndores inmediatamente hacia el sur (Fig. 2). Como se describió en la introducción, en la región del Río del Peñón, la Formación Cerro Tres Cóndores presenta los primeros vestigios de influencia glacial. Lamentablemente, el contraste litofacial entre la Formación Los Llantenes y la Formación Agua de Lucho impide establecer una correlación litoestratigráfica confiable, aun cuando puedan representar equivalentes temporales en un marco con topografías complejas. En este sentido, es posible que la 'estratigrafía encajada' preservada en la región de Los Llantenes (depósitos fiórdicos y de paleovalles), tenga equivalentes arquitecturales y litofaciales muy diferentes en la región de desconfinamiento. Así, las tillitas de alojamiento y delgados espesores de diamictitas apoyados sobre la superficie erosiva de los paleovalles en la región interna (distrito de Los Llantenes) pueden ser equivalentes a los grandes espesores de diamic-titas y conglomerados con clastos estriados de la Formación Cerro Tres Cóndores depositados como sistemas de fan deltas gravosos terminoglaciales. En esta alternativa, podría utilizarse el intervalo glacial como horizonte de correlación, dejando del mismo lado a los Conglomerados de Los Llantenes y la Formación Agua de Lucho, como expresiones estratigráficas preglaciales. A partir de las relaciones estratigráficas de estas dos unidades con respecto al horizonte glacial suprayacente podría concluirse que la Formación Los Llantenes, truncada por erosión glacial, es equivalente o más antigua que la Formación Agua de Lucho, y que ambas se encontraban por encima y por debajo del nivel de base, respectivamente, al momento de la glaciación. Lo que resulta evidente, a partir de las geoformas relictuales (valles en 'U' y montes isla) preservadas en la región cartografiada, es que la actividad glacial en la región del distrito minero Los Llantenes fue fuertemente erosiva, hecho que remarca la interpretación de esta unidad como preglacial.

La posición estratigráfica del episodio glacial representado en la Formación Cerro Tres Cóndores es claramente previo al registro de la glaciación namuriana que volvió a ser de gran magnitud en la región, como lo demuestra la superficie de labrado glacial que afecta a la Formación Punta del Agua en el tope y la separa de la Formación Río del Peñón (Ezpeleta y Astini, 2008; Gulbranson et al., 2008). La magnitud de este segundo episodio glacial tiene escala regional y ha sido reconocido en el ámbito de las sierras Pampeanas y en toda la extensión de Precordillera (López Gamundí, 1997; Astini, 2009). En el distrito minero Los Llantenes este segundo episodio se superpone con el evento misisipiano (Fig. 5).

3.6. correlación regional

Considerando su posición estratigráfica en la base de la serie paleozoica superior, el paleoambiente interpretado y la edad sugerida, la Formación Los Llantenes podría ser, a nivel regional, parcialmente equivalente a la Formación del Ratón (Quartino et al., 1971), aflorante en la Precordillera de San Juan, a la latitud del río San Juan. Ésta ha sido descrita como una unidad esencialmente conglomerádica, morada a verde, con areniscas subordinadas, de aproximadamente 800 m de espesor, dividida en dos ciclos granoestratodecrecientes (De Rosa, 1983). La Formación del Ratón se habría depositado en un ambiente de abanicos aluviales proximales a distales, sin influencia glacial (De Rosa, 1983; Sessarego, 1988; Sessarego y Cesari, 1989). Su contenido fosilífero sugiere una edad Tournaisiana-Viseana (Scalabrini Ortiz, 1973; Sessarego y Césari, 1989; Césari y Gutiérrez, 2000) y estudios palinológicos recientes (Amenabar y Di Pasquo, 2008) han permitido confirmar una edad viseana temprana por encima de la sección basal. Esto permitiría sostener un origen común con el sugerido en este trabajo para la Formación Los Llantenes.

La Formación del Ratón ha sido incluida en el Grupo Angualasto, junto a las formaciones Malimán y Cortaderas (Limarino y Césari, 1993), esta última con impronta glaciomarina. Recientemente, Pazos et al. (2005) describieron dentro de la Formación Malimán una sección basal de origen continental que también posee similitudes con el Conglomerado Los Llantenes. Sin embargo, de acuerdo con nuestras observaciones no sería conveniente incluir la Formación Los Llantenes dentro del Grupo Angualasto, dada la evidente discordancia erosiva que la separa de las suprayacentes, y que implica un hiato de magnitud considerable asociado con actividad glacial en la región de estudio.

4. Implicancia tectónica del marco sedimentario de la Formación Los Llantenes

Las evidencias presentadas en este trabajo sugieren que la Formación Los Llantenes y unidades equivalentes, aun cuando tengan alguna diferencia temporal, comparten un marco tectónico común, constituyendo una tectofacies particular, que se desarrolla con anterioridad a la impronta glacial carbonífera. Esto sugiere una estructuración regional responsable de la generación de relieves y depocentros localizados que habrían contribuido a desarrollar sistemas de abanicos aluviales, dando origen a mosaicos de facies gravosas con procedencia local (Astini, 1996). En consecuencia, es posible interpretar que la Formación Los Llantenes y unidades similares del ámbito precordillerano representan un intervalo de importancia tectosedimentaria regional, que habría dado inicio al ciclo de sedimentación neopaleozoico en el centro-oeste de Argentina (Astini et al., 2009).

En sucesiones conglomerádicas, las relaciones entre la tasa de suministro y el grado de selección y la tasa de creación de espacio de acomodación son, en definitiva, las variables que controlan la composición y geometría a gran escala (Paola et al., 1992). Estas dependen directamente del marco tectónico e indirectamente del clima (Heller y Paola, 1992). El marco tectónico determina el particionado de la deformación que influye particularmente en la distribución espacial, la geometría y el espesor de las cuñas gravosas (Jo et al., 1994; Heller y Gordon 1994), al igual que la cinemática de las fallas de borde de cuenca (Leeder y Gawthorpe, 1987) y la rigidez flexural de la corteza (Flemings y Jordan, 1990). Estos factores repercuten en la tasa de relleno y velocidad de progradación de tal manera que, en el largo tiempo, la creación de espacio de acomodación se relaciona inversamente con la movilidad lateral de los cinturones gravosos (Gordon y Heller, 1993).

El espesor localizado del Conglomerado Los Llantenes, su arreglo agradacional y la limitada extensión areal inferida a partir de las relaciones cartográficas, junto a su procedencia local desde bloques de basamento, permiten sugerir un marco tectónico extensional, asociado con estiramiento mecánico y ruptura del zócalo cristalino. Este mecanismo habría facilitado la formación de depo-centros de tipo grábenes o hemigrábenes (Leeder y Gawthorpe, 1987; Schlische, 1991; Prosser, 1993; Frostick y Steel, 1994), asegurando el espacio de acomodación de las series sefíticas de miles de metros de espesor. Los rasgos descritos son distintivos de cuencas extensionales que tienden a generar una fuerte compartimentación del registro estratigráfico, expresado en frecuentes cambios litológicos, cierta diacronía de las facies y hasta discontinuidad areal del registro (e.g., López Gamundí y Astini, 2004), características todas que permiten diferenciarlo de un marco tectónico de cuenca de antepaís (Tabla 1). El gran espesor de la unidad permitiría, asimismo, descartar una extensión asociada con flexión dentro de la zona de domamiento periférico en un contexto de antepaís (e.g., Dávila et al., 2007).

Dada su extensión areal reducida, una alternativa es que el marco tectónico corresponda a extensión en una zona transcurrente con dominio de mecanismos transtensivos de rumbo (e.g., 'strike-slip o pull-apart' de Nilsen y Silvestre, 1995). Esto es consistente con la deformación temprana que comúnmente afecta al relleno de este tipo de cuencas (Christie-Blick y Biddle, 1985) y explicaría el alzamiento requerido para permitir la posterior incisión glacial que afecta a la unidad (Fig. 5).

Otros rasgos que pueden utilizarse como discriminantes en favor de un marco tectónico extensional (o transtensional) (a diferencia de uno de antepaís) están dados por la procedencia, composición y características de los conglomerados (Tabla 1). Los marcos sinorogénicos en cuencas de antepaís presentan una mayor diversidad composicional (mayor área de cobertura de las redes de drenaje), y mayor variabilidad vertical (fuertes tendencias granulométricas, comúnmente granocrecientes). Asimismo, las series de cuencas de antepaís comúnmente incluyen clastos canibalizados de series conglomerádicas recicladas durante el avance de la cuña orogénica (e.g., Colombo, 1994; Thomas y Astini, 2007), dando como resultado la presencia de conglomerados policíclicos. El Conglomerado Los Llantenes, en cambio, es de primer ciclo, de acuerdo con la angulosidad de los clastos y bloques, la falta de evidencias de reciclado de cubiertas sedimentarias y la ausencia de clastos de conglomerados indicativos de canibalismo. Esto resulta consistente con el marco tectónico de grábenes que se sugiere para estos conglomerados.



Desde un punto de vista de la geometría y arquitectura general de los depósitos conglomerádicos, existe una diferencia de primer orden entre depósitos psefí-ticos de 'sinrift' y de cuencas de antepaís (Tabla 1). Esto se debe a que los mecanismos que operan en la generación del espacio de acomodación son de corta longitud de onda en el caso de depocentros por extensión (e.g., Gibson et al., 1989; Schlische, 1991) y de larga longitud de onda en el caso de las cuencas flexurales (Flemings y Jordan, 1990). Esto genera no sólo una diferencia composicional importante, sino una diferencia geométrica y de ordenamiento interno, ya que la extensión areal de los depósitos de 'sinrift' es siempre más restringida y la subsi-dencia más fuerte y localizada (véase contrastes en Rosendahl, 1987; Blair y Bilodeau, 1988; Heller et al., 1988, 2003). En este sentido, vale remarcar que los Conglomerados Los Llantenes, ni ninguna de las unidades estratigráficas correlativas, aparecen en los bloques ubicados al este. Mientras que los depósitos conglomerádicos asociados con fallas normales y desarrollados al pie de fallas maestras se encuentran normalmente localizados y drenan áreas reducidas, los depósitos de antepaís poseen gran extensión areal, cubren diversidad de sustratos y presentan suaves cambios de facies en la escala del centenar de kilómetros, en relación con el mecanismo flexural que genera el espacio de acomodación (Tabla 1). Asimismo, desde un punto de vista composicional las cuencas de antepaís se conectan con redes de drenaje extensas, lo que asegura mayor cobertura areal y reciclado. Esto contrasta con los depocentros localizados, capaces de preservar grandes espesores sedimentarios de conglomerados poco maduros y mal organizados, que muestran procedencia local y mosaicos de facies vinculados con la distribución de bloques rotados en contextos fuertemente com-partimentados, propios de ruptura por extensión (Heward, 1978; Glopeen y Steel, 1981; Leeder y Gawthorpe, 1987; Nichols y Daly, 1989; Hamblin y Rust, 1989; Schlische, 1991). Éstas son justamente las características que muestra el conglomerado de la Formación Los Llantenes.

El hecho que la Formación Los Llantenes se apoye sobre el mismo basamento que actuó como fuente detrítica indica que el episodio de deformación que le dio origen involucró basamento. La presencia de bloques de anfibolita y mármol de gran tamaño como de metagrauvacas y basaltos dentro del Conglomerado Los Llantenes indica que el basamento que actualmente se expone entre el río Bonete y el cerro Las Damas (Fig. 2) constituyó parte de los bloques exhumados que actuaron como fuente de suministro y permitieron, a la vez, acomodar la estratigrafía psefítica.

Estas características sugieren un marco tectónico particionado, capaz de generar relieves importantes (Leeder, 1991, 1995), drenajes localizados (Leeder et al., 1988; Leeder y Jackson, 1993; Jackson y Leeder, 1994) y depocentros profundos a partir de sistemas con bloques rotados, como ocurre en ambientes extensionales (Schlische, 1993; Prosser, 1993; Gawthorpe y Leeder, 2000).

Si bien no puede descartarse que los conglomerados de la Formación Los Llantenes hayan sido generados en un contexto de bolsones intermontanos de carácter compresivo (Dávila y Astini, 2003), el marco extensional es más compatible con la evidencia estratigráfica, geométrica y cartográfica (Tabla 1). Aunque algunas de estas características pueden también encontrarse en depósitos de bolsones en marcos de antepaís fragmentado (Dávila y Astini, 2003), la rapidez con que ocurren estos procesos, expresados en la geometría, composición y arreglo interno pueden constituir una clave para diferenciarlos. En el caso de la Formación Los Llantenes, el depósito habría ocurrido en un corto lapso de tiempo y como respuesta rápida a la tectónica. Desde un punto de vista teórico, la expresión estratigráfico-sedimentológica en marcos tectónicos donde la acomodación es por flexión cortical contrasta con aquella propia de marcos extensionales, donde la subsidencia diferencial influye como factor limitante en la preservación de cuñas conglomerádicas (Heller et al., 1988; Blair y Bilodeau, 1988; Burbank et al., 1988; Heller y Paola, 1992; Gordon y Heller, 1993). Mientras que en cuencas de antepaís la acumulación de conglomerados es progresiva y surge como consecuencia de la generación de un relieve y un espacio de acomodación de mayor longitud de onda, en casos de ruptura por extensión la respuesta estratigráfica es inmediata y los sistemas sedimentarios, de mayor gradiente, tienden a generan depósitos más localizados. El carácter agradacional de los conglomerados de la Formación Los Llantenes indicaría que las fallas de borde de cuenca permanecieron activas incrementando el espacio de acomodación en su adyacencia y la preservación de esta unidad. Éste parece ser un registro más compatible con mecanismos de falla-miento normal (o transtensivo) que inverso, dado que, incluso ignorando el acortamiento involucrado en este último caso, el sentido del salto de falla y la subsidencia más lenta contribuirían a generar una mayor movilidad lateral de las cuñas gravosas en el largo tiempo (Gordon y Heller, 1993).

Aun cuando no queda claro cuál es el verdadero potencial de preservación a escala geológica de los depósitos de bolsones intermontanos en ambientes compresivos, puede especularse que las series relacionadas con marcos extensionales tienen un mayor potencial de preservación al vincularse con adelgazamiento litosférico. En contraste, los marcos de antepaís fragmentado sometidos a contracción implican engrasamiento de la litósfera y, en consecuencia, alzamiento que, en el largo plazo, provocará la erosión del registro y el vaciamiento de los bolsones al quedar por encima del nivel regional. Esto implica que si bien desde un punto de vista geomorfológico puedan existir similitudes entre ambos marcos (Dávila y Astini, 2003), resulta difícil encontrar potenciales ejemplos en el registro fósil que puedan corresponder a marcos tectónicos de antepaís fragmentado (Ezpeleta et al., 2008).

Una progresiva influencia marina en la estratigrafía neopaleozoica (formaciones Agua de Lucho y Cerro Tres Cóndores) sugiere, independientemente, un sostenido adelgazamiento cortical, compatible con un modelo de extensión litosférica. Además, como evidencia adicional en favor de este modelo, corona el Misisipiano un profuso volcanismo de naturaleza bimodal que irrumpe en toda la región (episodio representado por la Formación Punta del Agua y otras volcanitas equivalentes en Precordillera y en la Puna catamarqueña) (Martina y Astini, 2009b; Martina et al., 2011), completando el conjunto de evidencias típicas de columnas estratigráficas características de 'rifting' (Astini et al., 2009; Astini y Martina, 2010).

Algunas consideraciones adicionales que surgen del análisis cartográfico y las relaciones de campo permiten apoyar una inversión tectónica positiva (cf. Coward, 1994) en la región de Los Llantenes, asociada con los afloramientos del conglomerado y del basamento sobre el que se apoyan, aun cuando no puede discriminarse cuándo ocurrió dicho proceso (deformación sanrafaélica, andina o ambas). La inversión tectónica y extrusión parcial o total de estratigrafías de 'rift' es común en zonas que con posterioridad a un proceso de adelgazamiento cortical, fallamiento normal o transtensión son sujetas a una tectónica contraccional (Giambiagi et al., 2003; Turner y Williams, 2004; Butler et al., 2006). Esto puede ocurrir con frecuencia en marcos orogénicos con tectónica alternante (e.g., Scisciani et al., 2001; Collins, 2002; Kato et al., 2006) o en cuencas de 'pull-apart' (Christie-Blick y Biddle, 1985; Nilsen y McLaughlin, 1985; Xie y Heller, 2009). Entre las evidencias en favor de un proceso de inversión se mencionan: 1. la presencia de fallas compresivas con alto ángulo que involucran el basamento y son consideradas como retrocorrimientos en relación con la típica vergencia andina en la región y podrían corresponder a estructuras de inversión; 2. los altos ángulos de manteo que caracterizan al conglomerado (Fig. 2), asociados con grandes anticlinales en la pared superior de los retrocorrimientos que podrían interpretarse como generados durante inversión y extrusión; 3. el desarrollo de un dominio estructural en la región del distrito Los Llantenes-Río Bonete con ejes de acortamiento NW-SE diferente del rumbo regional andino (E-W); 4. plegamiento apretado y localizado, mostrando estilos compatibles con los de tectónica de contrafuerte ('buttressing') (e.g., expuesto sobre el curso del río Bonete NE Fig. 2), y 5. importantes variaciones locales de los espesores del Conglomerado Los Llantenes (entre 100 y >1.000 m), indicando fuertes variaciones de la acomodación diferencial, compatibles con los modelos de subsidencia durante la estructuración de fallas normales de 'rifts' o sistemas transtensivos (Gibson et al., 1989; Schlische, 1991).

5. conclusiones

En la región de Los Llantenes, al NW de Jagüé, se reconoció en la base del conjunto neopaleozoico una nueva unidad de más de 1.000 m de espesor compuesta esencialmente por conglomerados gruesos a la que se propone denominar Formación Los Llantenes. Su pobre madurez textural y estratofábrica cruda permiten interpretarla como depósitos de abanicos aluviales de alto gradiente y dominados por procesos de flujos de gravedad. Las relaciones estratigráficas y cartográficas permiten acotar su edad entre el Devónico Medio, aflorante en la sierra de Las Minitas, inmediatamente al sur de la región de estudio, y el Carbonífero Temprano (Misisipiano temprano). El análisis sedimentológico y estratigráfico permite sugerir que esta unidad es de naturaleza preglacial y representa el inicio de la historia sedimentaria en la región. Un primer registro glacial trunca esta unidad con marcados efectos incisivos que dejan relictos de la Formación Los Llantenes como montes isla. Este episodio de labrado glacial viseano se correlaciona con los depósitos glacigénicos de la Formación Cerro Tres Cóndores.

Dada las relaciones cartográficas y su yacencia sobre el basamento de la región, la Formación Los Llantenes constituiría el relleno basal del ciclo Neopaleozoico en la región de la Precordillera Septentrional. Similitudes litofaciales y posiciones estratigráficas comparables permiten correlacionarla con otras unidades psefíticas del ámbito precordillerano, también de naturaleza preglacial (e.g., Formación del Ratón). El gran espesor que presenta el Conglomerado Los Llantenes, su arreglo agradacional y su limitada extensión areal, inferida a partir de las variaciones cartográficas, junto a su procedencia local desde bloques de basamento, permiten sugerir un marco tectónico extensional, asociado con estiramiento mecánico y ruptura del zócalo, que habría facilitado la formación de depocentros de tipo grábenes o hemigrábenes. Estos rasgos son distintivos de cuencas extensionales o transtensivas que tienden a generar una mayor compartimentación del registro estratigráfico, expresado en frecuentes cambios litológicos, cierta diacronía de los cinturones de facies y hasta discontinuidad areal del registro, características que permiten, a su vez, diferenciarla de una cuenca de antepaís fragmentado. La progresiva influencia marina en la estratigrafía neopaleozoica junto al desarrollo de un profuso volcanismo de naturaleza bimodal que irrumpe en toda la región, sumado a evidencias de inversión tectónica, apoyan la existencia de un episodio de notable adelgazamiento cortical. Estas consideraciones permiten interpretar que la Formación Los Llantenes y unidades similares del ámbito precordillerano representan una sedimentación asociada con extensión, constituyendo un intervalo de importancia tectosedimentaria regional que habría dado inicio al ciclo de sedimentación neopaleozoico en el centro-oeste de Argentina.

Agradecimientos

Agradecemos el apoyo económico de subsidios de FONCYT PICT N° 33630 y CONICET PIP N° 112200801 03265 que favorecen nuestras investigaciones en el oeste argentino y las discusiones con M. Ezpeleta (Universidad de Córdoba) y P. Pazos (Universidad de Buenos Aires) sobre aspectos de sedimentología y relaciones estratigráficas que ayudaron a precisar nuestras conclusiones. Especialmente agradecemos también a los árbitros T. Sempere y T. Jordan por sus constructivas sugerencias que permitieron mejorar el trabajo.

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Manuscript received: December 29, 2009; revised/accepted: November 11, 2010; available online: March 23, 2011.