SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.14 número2La clase media clasifica a las personas en la sociedad: Resultados de una investigación empírica basada en juegosLa construcción social de las mujeres inmigrantes en los discursos de la academia índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Psicoperspectivas

versión On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.14 no.2 Valparaíso mayo 2015

http://dx.doi.org/10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL14-ISSUE2-FULLTEXT-369 

Vivienda social y subjetivación urbana en Santiago de Chile: Espacio privado, repliegue presentista y añoranza

 

Social housing and urban subjectivism in Santiago de Chile: Private space, sense of withdrawal and nostalgia

 

Carolina Besoaina, Marcela Cornejob

a Universidad Alberto Hurtado, Chile
b Pontificia Universidad Católica, Chile

Dirección para correspondencia


RESUMEN

Las políticas de vivienda en Chile han sido una de las vías principales para la “superación de la pobreza” desde el retorno a la democracia y han transformado el rostro- material y social- de la ciudad de Santiago. Esta investigación indagó procesos de subjetivación de pobladores que experimentaron el tránsito desde el campamento a la vivienda social en distintos barrios de la ciudad de Santiago de Chile, marcados por el surgimiento de nuevas formas de marginalidad y fragmentación. A partir de un diseño exploratorio/comprensivo y desde una metodología cualitativa, se analizaron narrativas biográficas de 20 pobladores de vivienda social provenientes de comunas pobres de la ciudad de Santiago de Chile, que fueron beneficiarios de la política habitacional entre 2000 y 2009. Los resultados muestran una privatización de la lucha por la vivienda, que da curso a una oscilación entre la celebración de la nueva intimidad y la añoranza de una relación menos temerosa con la alteridad. Se argumenta que este proceso se instala en un régimen ético-político que extrema la visibilidad de la capacidad individual y eclipsa el espacio social y político donde son producidas sus condiciones, haciendo que los pobladores desarrollen una ciudadanía donde prima el consumo privatizado, manteniendo procesos de fragmentación social.

Palabras clave: subjetivación urbana; política de vivienda social; nuevas marginaciones; capitalismo tardío


ABSTRACT

Housing policy in Chile has been one of the main routes to “overcome poverty” ever since the return to democracy and have transformed the face of the city both in material and social terms. This research investigated processes of subjectivism of dwellers which underwent the transition from camp to social housing in different neighborhoods of Santiago, a process marked by the emergence of new forms of marginality and fragmentation. Based on an exploratory/comprehensive design and following a qualitative methodology, we analyzed the biographical narratives of twenty social housing dwellers from poor communes of Santiago, who were beneficiaries of the housing policy between the years 2000 and 2009. Results reveal a privatization process in the struggle for housing, followed by an oscillation between the joy of having intimacy and the nostalgia of a less fearful relationship with a mutating identity. We note that this process settles in in the midst of an ethical and political regime that exaggerates the visibility of individual capabilities and eclipses the social and political space that produce their condition, leading dwellers to develop a kind of citizenship that promotes private consumption, thus preserving social fragmentation processes.

Key words: urban subjectivism; social housing policy; new marginality; late capitalism


 

A lo largo del siglo XX las políticas de vivienda desarrolladas para dar respuesta al déficit habitacional de la ciudad de Santiago de Chile fueron protagonistas de la construcción de su espacio urbano y social. La vivienda social, bajo sus diversas conceptualizaciones y formas, se consagró como vía de habilitación a la ciudadanía y de integración de los migrantes y los sin techo a la sociedad urbana de Santiago. Tal como sugiere Skewes (2006), el éxodo masivo desde asentamientos irregulares a viviendas sociales tomó la forma de una verdadera transición entre mundos de vida, un tránsito hacia la modernidad.

La situación actual de los pobladores de vivienda social en la ciudad de Santiago se inscribe en el marco de transformaciones económicas, políticas y sociales que afectan a las sociedades del capitalismo tardío en su conjunto y que dialogan con elementos particulares de la historia local. En el caso chileno, los procesos vinculados al déficit habitacional se han visto considerablemente afectados por procesos económicos iniciados en la dictadura militar (1973-1989) y continuados en las últimas dos décadas de democracia. Con respecto a la política de vivienda, la ciudad de Santiago ha experimentado profundas transformaciones, dentro de las cuales destacan como hitos centrales la liberalización del mercado del suelo urbano, la creación del subsidio habitacional, la incorporación de empresas constructoras privadas y la reformulación de la vivienda como un bien al que debe accederse mediante esfuerzo y ahorro familiar (Hidalgo, 2005).

La profunda liberalización económica impuesta en dictadura magnificó la iniciativa privada en sus distintos registros, provocando una diversificación y privatización de los modos de vida. La vivienda social constituye un caso ejemplar respecto de dichas transformaciones para el caso de Chile. Desde hace algunos años, la cuestión urbana y el déficit habitacional chileno parecen encontrarse en una tensión que ha introducido nuevas complejidades a la comprensión del espacio urbano y sus subjetividades. Así lo han informado, con distintos énfasis académicos, autores como Bengoa (1995), Sabatini, Cáceres y Cerda (2001), Tironi (2003), Márquez (2003, 2004), Rodríguez y Sugranyes (2004) y Skewes (2006), denunciando el surgimiento de un nuevo tipo de pobreza en las ciudades chilenas, la cual es distinta a la pobreza tradicional asociada al subdesarrollo y vinculada estrechamente a los procesos de “modernización económica” y transformación sociocultural que ha experimentado Chile los últimos años.

El objetivo de esta investigación fue comprender los procesos de subjetivación en nuevos barrios de vivienda social de la ciudad de Santiago, inscribiéndoseen los estudios del sujeto y las subjetivaciones en el Chile contemporáneo. Las ciencias sociales, y la psicología en particular, han ido desarrollando un creciente interés por procesos de subjetivación que ocurren en la actual escena social chilena y latinoamericana desde perspectivas que, distanciándose de supuestos cartesianos y representacionales, comprenden la subjetividad, identidad, subjetivación como procesos cuya naturaleza es social, procesual y discursiva (Sisto, 2008; Sisto & Fardella, 2008; Araujo & Martucelli, 2012). Estos estudios se han volcado a la indagación de las transformaciones de las identidades y subjetividades a través del estudio de las narrativas individuales, asumiendo el discurso como el lugar donde surge el sujeto como respuesta a otras narrativas, voces valorativas y/o discursos sociales disponibles.

En esta investigación, se presentan elementos relativos a voces, valoraciones y movimientos discursivos que se despliegan, al modo de escenas, para caracterizar el tránsito de los pobladores a la vivienda social.

Marco de Referencia

Déficit habitacional y política de vivienda chilena

Los problemas de habitación popular en Chile han existido en gran parte de su historia. A lo largo del siglo XX, la cuestión habitacional fue haciéndose visible progresivamente, primero como problema social y más tarde como problema político. Luego de la primera gran toma de La Victoria[1], las iniciativas para erradicar las poblaciones callampa se aceleraron desde el Estado[2]. Sin embargo, las necesidades y demandas de los pobladores fueron a un ritmo más acelerado que el de las políticas estatales, por lo que pusieron en marcha sus propias estrategias de desarrollo y de integración a la ciudad y a la política nacional (Garcés, 2002).

Hacia fines de la década del sesenta, los pobladores de Santiago empezaron a implementar masivamente la toma de terreno para hacer frente a su problema habitacional. Solo entre 1968 y 1970 se realizaron 155 tomas de terreno en la capital y 251 tomas a nivel nacional. En1970 tomar un sitio se había vuelto una acción legítima para los pobladores sin casa, dado que la vivienda fue conceptualizada como un derecho irrenunciable que no podía ser objeto de lucro y cuya provisión debía constituir una de las principales responsabilidades del Estado.

El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 desarticuló la institucionalidad democrática y reprimió fuertemente a amplios sectores disidentes de la sociedad, siendo la organización poblacional un foco particularmente golpeado. Se desmantelaron todas las instancias institucionales de procesamiento de las demandas populares (Valdés, 1986), negándose la condición de derecho a la vivienda. Durante la dictadura militar se pusieron en marcha medidas que transformaron los modos que el Estado había venido conceptualizando y dando respuesta al problema habitacional las décadas anteriores. En 1978 comenzó a implementarse el Programa de Subsidio Habitacional a la Demanda, que dio al ahorro familiar un lugar central para la obtención de la vivienda. Además, se puso en marcha la liberalización total del mercado del suelo urbano y de la vivienda. Así, el objetivo de la política estatal sería, por un lado, el fomento y mejoramiento del mercado inmobiliario privado y, por otro, premiar el esfuerzo de los ciudadanos (Iglesias, 2011).

Con estas transformaciones se dio inicio a la política de radicación y erradicación sistemática de las tomas de terreno y poblaciones marginales, principalmente bajo criterios económicos vinculados al precio del suelo (Hidalgo, 2005; Iglesias, 2011). De esta manera, los habitantes de la ciudad de Santiago se fueron distribuyendo en el espacio en relación a ingreso familiar y capacidad de ahorro. Es así como la nueva política de desarrollo urbano terminó de institucionalizar la segregación social y la fragmentación física de Santiago (Iglesias, 2011).

Con el restablecimiento de la democracia y la llegada de la Concertación[3] al gobierno, se instaló en Chile un nuevo escenario social y económico. La cuestión de la superación de la pobreza estuvo en el centro del debate sobre los objetivos de las políticas sociales de los años noventa. La inversión del sector público en el campo de la vivienda social fue cuantiosa, realizándose un aumento del 53% en materia habitacional en esos años (Hidalgo, 2005). Los gobiernos de la Concertación dieron continuidad a la lógica subsidiaria del Estado, basada en el ahorro familiar. Sin embargo, la definición de la vivienda fue ampliada, conceptualizándola como un hecho dinámico o conjunto de servicios o atributos más allá de la mera vivienda, a conseguir en un proceso a través del tiempo. Esta nueva conceptualización dio cabida a nuevas modalidades y programas, tales como el Programa Chile Barrio (1997-2005), cuyo objetivo fue otorgar más participación a las familias en el diseño y ejecución de sus soluciones.

La política de vivienda chilena de aquellos años se tradujo en una producción masiva de viviendas que logró reducir importantemente el déficit acumulado (Rodríguez & Sugranyes, 2004; Ducci, 1997). Las metas de construcción se cumplieron y superaron pero, a pesar del éxito cuantitativo que significó este período y su amplio reconocimiento en diversos sectores sociales, los últimos años de los noventa ya se comienzan a escuchar voces críticas. Varios investigadores vinculados al urbanismo denunciaron problemas relacionados a la creciente segregación residencial de la ciudad de Santiago, así como a la calidad y tamaño de la construcción de viviendas sociales (Ducci, 1997; Hidalgo, 2005; Rodríguez & Sugranyes, 2004; Sabatini, 1997; Sabatini et al., 2001).

En un esfuerzo por hacer frente a dicha crítica, durante la administración de Michelle Bachelet, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) generó el año 2006 la llamada Nueva Política Habitacional. Esta significó la formalización de la entrada del mundo privado a la política de vivienda, ya no solo para la construcción de las viviendas, sino como actores relevantes para la gestión social y comunitaria de los postulantes a la vivienda pertenecientes a los grupos más pobres. La política promovía la postulación colectiva de estos grupos; y los Comités para la Vivienda comenzaron a ser asesorados por Entidades de Gestión Técnico Social (EGIS), organismos privados, con o sin fines de lucro, encargados de guiar y respaldar a los grupos postulantes en el proceso de compra o construcción de su vivienda. A pesar de los esfuerzos, para el año 2010 el déficit habitacional era todavía importante. A este se sumaban las crecientes problemáticas sociales y urbanas que la ciudad de Santiago había empezado a reconocer en la construcción de conjuntos habitacionales segregados.

Hoy la ciudad de Santiago experimenta importantes transformaciones relativas tanto a las consecuencias sociales y urbanas de la política de vivienda de las últimas décadas como a los procesos que se están desarrollando en el conjunto de las sociedades occidentales contemporáneas. Lo urbano, su paisaje material, político y social ha visto nacer nuevos fenómenos y problemáticas en el siglo que comienza. Tanto en Latinoamérica como en Europa y EE.UU., la emergencia de nuevos tipos de marginalidad en las grandes ciudades ha causado preocupación. Esta marginalidad es distinta de la pobreza urbana tradicional y ha sido vinculada a las nuevas dinámicas del capitalismo tardío y a los cambios culturales de lo que se ha comenzado a llamar la era posmoderna (Harvey, 1990/2008). Se trata de una precarización de carácter social y laboral, principalmente caracterizada por aumentos en la segregación residencial y social, la flexibilidad y precariedad laboral y la violencia y el miedo en el centro de la experiencia urbana. En este nuevo escenario, muchos autores europeos (Castel, 1997; Wacquant, 2010), norteamericanos (Wilson, 1990, 1997) y latinoamericanos (Katzman, 2001; Saraví, 2004; Svampa, 2010; Winchester, 2008) han denunciado una vinculación entre la emergencia de nuevas formas de marginalidad en las grandes ciudades y las transformaciones económicas, políticas y sociales del nuevo régimen de acumulación flexible, descrito por Harvey (1990/2008), así como su filosofía neoliberal.

En Latinoamérica, la discusión acerca de las nuevas marginaciones se ha orientado hacia la constatación de la diversificación de la tradicional pobreza estructural y del agravamiento de los mecanismos de exclusión urbana que afectan a los pobres (Saraví, 2004). En el caso de Chile, la pobreza urbana está desarrollando características diferentes a la de la tradicional pobreza estructural. Para Skewes (2006) el tránsito del campamento a la vivienda social en la década de los noventa hizo posible la incorporación de los pobres urbanos a la mercantilización de las relaciones sociales, dejando atrás sociabilidades fundadas en el valor de uso. A través de la recomposición espacial y el rediseño de sus asentamientos, la política habitacional ha conseguido la incorporación de los marginados a la sociedad moderna en una regularización del entorno urbano que redunda en un mayor control sobre las personas y su incorporación compulsiva a una economía monetarizada. Así, se habría conseguido poner la fuerza de trabajo a disposición del mercado, pero en condiciones que no garantizan su reproducción y que condenan al endeudamiento, la delincuencia o la dependencia. Asimismo, Márquez (2004) denuncia que la política habitacional durante los gobiernos de la transición democrática generó una sociedad territorial fragmentaria que se traduce en un levantamiento de murallas internas o fronteras dentro de la ciudad como sustento de una dinámica relacional que presenta como fin la relación con un igual y el distanciamiento del distinto. Para Márquez (2003) estas fronteras apuntan al desarrollo de una ciudadanía privada y de relaciones sociales altamente diferenciadas y segmentadas.

En Chile, las transformaciones políticas y sociales vinculadas al capitalismo tardío y su fase de acumulación flexible no se reducen al ámbito de la vivienda, desarrollándose una creciente tendencia hacia la privatización de las políticas sociales que enfatizan la responsabilidad individual (Bengoa, 1996). Al respecto, Sisto (2009) propone que los discursos individualizantes, que apelan a la libertad y a la satisfacción de los propios deseos, han invadido el espacio cultural chileno contemporáneo. Estos se han articulado con políticas que transfieren al individuo antiguas responsabilidades del Estado, dejando la acción individual, y no la colectiva, como el eje de lo social. Estos discursos están actuando como una fuerza naturalizante que transforma los problemas sociales en problemas personales que, por tanto, demandan soluciones personales, no colectivas ni políticas, e implican una transformación ideológica respecto de la cuestión social.

Subjetivación urbana y narración

El estudio de los procesos de subjetivación urbanos tiene la virtud de hacer visible las complejas relaciones entre las transformaciones sociales, materiales y culturales y los modos de la experiencia individual. Así lo han entendido los enfoques narrativo discursivos sobre la identidad, tales como la psicología discursiva (Wetherell, 2007) y la psicología cultural (Hammack, 2008). En esta investigación se realizó una indagación sobre los procesos de subjetivación de pobladores de vivienda social desde una perspectiva narrativa discursiva, inspirándose particularmente en las propuestas sobre el lenguaje de Bajtín (1979/2003, 1979/2008, 1981/2004) y la identidad narrativa de Ricœur (1985/2009, 1990/2008).

El lenguaje, desde una perspectiva bajtiniana (1979/2003), es un otro ajeno que determina la posibilidades del acontecer del sujeto. El discurso es una cadena dialógica de posiciones valorativas y socio-históricas al interior de la cual se configuran el pensamiento y la conciencia, entendidos como discurso interno. La propuesta bajtiniana sobre el lenguaje y la subjetivación supone para Arfuch (2002) la aceptación que lo interno está poblado de lo externo y lo propio es hablado por los otros. No habría posición subjetiva esencial originaria o más verdadera, sino un entramado de posicionamientos simultáneos que puede contener fisuras y que está sujeta a vicisitudes socio-históricas.

Desde esta perspectiva, el yo, como marca de nacimiento de un sujeto en el discurso, siempre se define en relación a voces y posiciones, previas y venideras que acontecen en aquella cadena de enunciados. La subjetivación acontece, entonces, siempre de cara a otros sujetos, los que constituyen para Bajtín (1975/1989) tomas de posición valorativas que co-habitan el lenguaje. El yo es definido por la relación que establece con una otredad, que es, para Bajtín, tesoro de palabras ajenas, herencia viva de posiciones valorativas.

De esta manera, es posible pensar los procesos de subjetivación como un movimiento entre las múltiples voces o posiciones que llegan al decir en la narración bajo la marca de la primera persona. Estas voces emergen de las valoraciones y categorías sociales de cada época, organizando la diversidad que compone la experiencia subjetiva en torno a un eje articulador que, siguiendo a Goffman (1959), permite la elaboración de las pautas sociales esperadas para la posición social en la cual está dispuesto el sujeto. Y tal como sugiriera Gubrium y Holstein (1998), este proceso entrega legitimidad al sujeto según las versiones deseables y aceptables de cada época. Las identidades toman así el carácter de un proceso situado y performativo que ocurre de cara a un repertorio de voces, narrativas y valoraciones disponibles en una época para hacer sentido de la propia experiencia. Proceso que acoge la multiplicidad y simultaneidad de voces y asume la subjetivación como movimiento permanente entre posiciones en tensión y conflicto (Sisto & Fardella, 2008).

Ahora bien, la subjetivación encuentra en la narración la posibilidad de acceder a la experiencia de la temporalidad y, con ello, la posibilidad de una tregua con la diferencia y el cambio. Para Ricœur (1985/2009) relatar la historia de una vida origina una temporalidad que hace posible la articulación de cierta identidad, no definitiva por cierto, pero que permite responder a la pregunta por el agente de una acción, tal como señalaba Arendt (1958/2010).Una identidad que tiene el sentido de una categoría práctica: la respuesta a la pregunta por el agente solo puede producirse desde la historia narrada.

La identidad narrativa (Ricœur, 1985/2009) se sujeta, así, al juego del devenir dialógico, al abrirse al cambio y la multiplicidad cada vez que la historia de una vida es re-figurada por todas las historias que un sujeto cuenta sobre sí mismo. La subjetivación, desde esta perspectiva, será comprendida como un proceso interminable que acontece en la historia narrada y su temporalidad, encontrando allí la posibilidad de una tregua con la multiplicidad, sedimentando temporalidades, voces y movimientos que permiten conocer las vicisitudes de un narrador para hacer sentido frente al tesoro vivo de voces socio-históricas de la época y contextos que habita. Así, la identidad es comprendida como un proceso de compromiso individual con el discurso social, construido y reconstruido a lo largo de la vida y guionizado en y a través de la interacción social. De este modo, y siguiendo a Hammack (2008), el proceso identitario constituye el lugar de encuentro entre el self y la sociedad, siendo el espacio para la reproducción o la resistencia de los intereses dominantes. Por lo tanto, la pregunta por la identidad tiene toda relevancia cuando se trata de cuestiones relativas a la transformación social.

Método

Esta investigación se situó bajo las lógicas de la investigación social cualitativa (Cottet, 2006; Sandoval, 2013), asumiendo la palabra como evento dialógico y contextual, en la que se articula el sentido y el significado (Cornejo, Besoain & Mendoza, 2011). Desde estas premisas, se construyó un diseño de carácter exploratorio y comprensivo, inspirado en las propuestas del enfoque biográfico (Rhéaume, 2000; Cornejo, 2006; Cornejo, Mendoza & Rojas, 2008). Desde este marco, la narración autobiográfica cobró un lugar protagónico para la construcción de conocimiento, siendo concebida como lugar de articulación entre los procesos sociales y la experiencia subjetiva. El objetivo general de la investigación fue comprender los procesos de subjetivación desplegados en la narración de la historia del tránsito hacia la vivienda social, vivido por pobladores de vivienda social de la ciudad de Santiago que recibieron su vivienda entre los años 2000 y 2009.

Participantes

Los participantes de esta investigación fueron 20 pobladores de vivienda social, 19 mujeres y un hombre[4], entre 25 y 56 años con un promedio de 39 años. Se realizó un muestreo intencionado a través de informantes clave, así como del procedimiento de bola de nieve (Patton, 2002). Los informantes clave fueron voluntarios y ex voluntarios de la Fundación Techo[5], y antiguos funcionarios del Programa Chile Barrio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo[6].

De los 20 participantes, 17 provenían de campamentos de la Región Metropolitana. Tres participantes provenían de una situación de allegamiento, pero fueron incorporadas a comités para la vivienda compuestos y liderados por habitantes de campamento. Pertenecen a cuatro zonas del Gran Santiago: sur, norte, oriente y poniente.

Estrategias de Producción de Datos

Para la producción de datos se diseñó un dispositivo inspirado en los relatos de vida, del modo en que es utilizado por el enfoque biográfico (Cornejo, 2006). Se realizaron doce relatos de vida y dos entrevistas grupales a miembros de ex-comités de vivienda, en las que participaron tres y cinco pobladoras mujeres cada vez. En este artículo se presentarán los resultados del análisis de los doce relatos de vida.

Específicamente, la narración fue provocada bajo la consigna: “Cuénteme la historia de cómo fue que llegó a esta casa”. Se realizaron dos encuentros con cada participante, de 1 hora promedio de duración cada uno, realizados en el momento y lugar que cada narrador escogiera, el que generalmente resultó ser el living de su casa. Los relatos fueron producidos durante los meses de mayo de 2010 y febrero de 2011.

Procedimiento

Para resguardar la voluntariedad de participación, se realizaron procesos de consentimiento informado, los que culminaron con la lectura y firma de documentos antes de iniciar la producción de los datos. Los participantes fueron contactados a través de dirigentes sociales de su comunidad. Fueron invitados a través de una visita a su casa y su interés fue confirmado telefónicamente.

Los relatos fueron audio-grabados y transcritos íntegramente por un equipo de transcriptores/interanalistas, tres psicólogos y una socióloga, con quienes se firmaron contratos de confidencialidad. Como un modo de resguardar el rigor de la investigación y hacer más denso el trabajo analítico (Cornejo & Salas, 2011) se realizaron Cuadernos Reflexivos del Investigador y del Transcriptor (Cornejo et al., 2011).

Análisis de datos

Inspirado en las concepciones del lenguaje y la identidad desde un enfoque narrativo dialógico, apoyado en las propuestas de Bajtín (1975/1989, 1979/2003, 1979/2008) y Ricœur (1985/2009, 1990/2008), el análisis de datos se orientó en diversos niveles de lo dicho y de su alteridad, es decir, en el tejido de voces y tomas de posición que sostienen aquello que se dice y hacia quienes está respondiendo. Para ello, en el análisis se atendió tanto a los contenidos del discurso como a su materialidad y puesta en escena (ritmo, tonalidad, silencios, quiebres). Siguiendo a Arfuch (2002) se buscó, mediante distintas herramientas, desarrollar una escucha plural que enfatizara el acontecimiento del decir y la producción dialógica del sentido, y no meramente el contenido de los enunciados, para reconstruir tramas de sentido a través de la confrontación de voces y relatos simultáneos, presentes tanto en el discurso como en los silencios.

Respecto del procedimiento analítico, inspirado en la propuesta de Cornejo et al. (2008), se adoptó en un primer momento, simultáneo a la fase de producción de datos, una lógica singular, de caso. Luego, una lógica transversal, la cual permitió la reconstrucción de tramas de sentido, a través de la confrontación de voces y relatos (Arfuch, 2002). Sobre la base de estos principios generales, se sistematizó, bajo la forma de escenas, los principales modos en los que el yo tomó la palabra a lo largo del relato del tránsito hacia la vivienda social. Estas articularon particulares experiencias del tiempo -temporalidades- que, siguiendo a Benveniste (1966/2010) y Ricœur (1985/2009), la narración hizo nacer. Cada escena recreó, de este modo, un ensamblaje particular de relaciones entre las voces que habitaron el relato de la historia del tránsito hacia la vivienda social, dando cuenta de los principales movimientos del yo y del universo valorativo en el que hizo aparición[7].

Resultados

Una lucha privada contra enemigos internos

La lucha es un significante insistente en las narraciones de los participantes respecto del tránsito hacia la vivienda social, en particular, en relación a la experiencia de participación en los comités para la vivienda. Esta lucha se teje en tramas que tienden hacia la interioridad; es una lucha que releva la centralidad de un esfuerzo y sacrificio individuales, afectados a un espacio muy privado, cercano al cuerpo y del orden de la supervivencia. Así, la llegada del proyecto de vivienda va tomando en los relatos la forma de una lucha privada, que instala como interlocutores enemigos de un carácter afectado a la corporalidad: son las necesidades del cuerpo, propias y las de las vecinas, a quiénes es preciso vencer para conseguir la vivienda social.

‘¡Oh esa lucha! Quedamos hasta sin comer, necesitábamos, me acuerdo, nos pidieron plata (…) decía ‘chuta de donde saco plata' (…) entonces yo igual le dije a mi pareja, le dije ‘sabís qué' le dije yo, ‘aunque quedemos sin comer, yo quiero esa plata ahí, la quiero ahí porque esa plata es pa' la casa' (Verónica, A, 52[8]).

El tránsito hacia la vivienda social se va configurando entonces como una lucha contra sí mismos, librada contra enemigos internos. Esta lucha instala los relatos y la vida contadaen un determinado universo de valoración. La lucha y el sacrificio configuran una ética del mérito y del esfuerzo individual, que tiñe el ámbito de los afectos y es el lugar desde el cual se hacen los juicios y distinciones sobre la propia vida y la de otros. En este escenario valorativo, la llegada a la vivienda social es significada como un momento de triunfo personal. Adviene el orgullo, remitido a la propia capacidad de sacrificio.

‘Yo por eso le digo, el orgullo mío fue sacar su casa a mis hijos, y lo logré. Logré también que mi hijo saliera de cuarto medio [se le quiebra la voz, emocionada]. Logré tener mi casa, pintarla, ponerla monona, tenerle algo calientito a mis hijos. Es un orgullo bien [se emociona] aunque a uno le cuesta, pero lo saca' (Amelia, A,58).

Asimismo, la vivienda social instala la noción de proyecto y abre paso al futuro en la narración, dando a la propia vida un sentido de dirección y orientación hacia adelante hasta entonces ausente.Es marca recurrente en los relatos cierta referencia a una experiencia de cambio, que se enlaza con la figura de la vivienda y con la participación en los comités. Una transformación desde significantes cuyo significado alude a una cierta pasividad o falta de agencia, hacia otros que marcan una experiencia de dirección enérgica, de determinación con sentido de finalidad.

“Es que de primera era como bien así, como bien como, no loca tampoco, pero era como que todo me daba lo mismo, era bien así como atontonada, como apavada, hasta que ya no más, ya como que se pone las pilas y empieza como a reaccionar y a ver la vida de los niños, de los hijos, que tienen que no pasar, que no pasen lo mismo que pasó uno” (Verónica, B, 8).

La narración cambia, en este momento, de estilo y de ejes configuradores. Desde las tramas de la vida en el campamento, marcadas por un presente permanente y cerrado, sin planes ni proyectos, hacia la apertura de la temporalidad en un disparo hacia el futuro, que entrega dirección, sentido de ascenso y de progreso a la propia vida. El héroe de la historia sufre transformaciones, desde uno que circula en una vastedad de instantes que se comandan a su propio ritmo, a otro que se inscribe en un plan de progreso y confía en la capacidad transformadora de su propia voluntad.

De esta manera, va instalándose, en el campo de voces que soporta la enunciación de los beneficiarios de la política de vivienda social, la privatización de las responsabilidades, así como el tributo a la autonomía, a la libertad y al mérito. Estos aparecen en los relatos entrelazados con las tradicionales configuraciones de género y maternidad. Los hijos son el significante en el que se anida y cobra sentido toda la ética del mérito moderna que la vivienda social pretende instalar. A la vez, constituyen la vía regia para la privatización de las responsabilidades por la propia vida. Así, el tránsito hacia la vivienda social aparece agenciado por el deseo individual, en una lucha contra enemigos internos que, en ocasiones, implica el desarrollo de una relación paradojal con el propio deseo. La privatización del deseo por la vivienda en esos términos hace difícil de comprender y tolerar cualquier malestar vinculado a la nueva casa, el que se regula a través del mandato de la maternidad sacrificial.

“Porque a lo mejor el día de mañana tú no vai a estar, pero no tenís grandes cosas pa' dejarles a tus hijos, pero sí un techo, sí un techo. Porque esto no es pa' mípoh (…) es pa' mis hijos” (Elvira, A, 205).

La cuestión del habitar y sus conflictos parece quedar así restringida a la gesta heroica de madres que luchan contra las propias necesidades para conseguir a sus hijos la casa propia. Un nido privado que es señal del triunfo individual y herencia para los míos.

Subjetivación en la vivienda social: entre el repliegue y la añoranza

La llegada a la vivienda social marca el comienzo de un nuevo modo de relacionarse consigo mismo y con los otros. Junto con los muros y el suelo, nace un novedoso sentido de propiedad y autonomía, en el que se despliegan nuevas configuraciones subjetivas y relaciones con la alteridad. La vivienda inaugura un límite, sus muros dibujan una frontera, dando al yo una particular arena donde hacer aparición. A diferencia de la fluida flexibilidad entre regímenes materiales y sociales, propia del campamento, se instala la dupla adentro/afuera como el eje sobre el que se construye la subjetivación en la vivienda social.

Al interior de los muros de la vivienda se configura un mundo-el adentro-que aparece marcado por una búsqueda de bienestar, de goce, de disfrute. Hacia allá se dirigen muchas de las prácticas y decisiones de la cotidianidad. La era de los sacrificios parece desaparecer para dar paso a la búsqueda del placer, uno cotidiano, discreto, que se saborea entre el amoblado, las cerámicas, el aseo y el té:

“Prefiero estar aquí. Y me dice mi mami ‘te vai a ir a encerrar a tu casa'. Ni importa, pero es mi casa. Y uno quiere hacer algo, hace cualquier cosa en su casa, en otra casa ajena que uno no puede hacer na'poh. Así que no, le digo ‘me voy'. Yo de que me vine aquí, a los cinco años, he ido como cuatro veces, de los cinco años” (Luisa, A, 171).

El arribo a la vivienda social está implicado en el desarrollo de claras fronteras entre el yo y el otro, dando paso tanto a un novedoso sentido de soberanía sobre ese espacio interior, como a un poderoso sentimiento de responsabilidad por los destinos de la propia vida. La vivienda social permite, así, el despliegue de yoes que se narran como soberanos de una intimidad privada y que participan de una progresiva diferenciación entre los ámbitos de lo propio y de lo ajeno, entre lo privado y lo público. Tras culminar la lucha, y adhiriendo intensamente a la ética del mérito y el esfuerzo individual, las pobladoras de vivienda social celebran enérgicamente las libertades y autodeterminaciones de su vida cotidiana.

‘Libre [risas leves], libre poh [tono risueño]. Uno después empieza que a ser, pucha que bacán poh, que ahora mande yo, que todo es mío y que no tenga que darle cuentas a nadie' (Carmela, B, 64).

Ahora bien, tras el paréntesis futurista del proyecto de vivienda, los pobladores vuelven a sumirse en una temporalidad presentista, en un proceso que, tras al culminar la lucha por la vivienda, toma un curso singular. Persisten como voces importantes de sus relatos el tributo a la autonomía, a la propiedad, a la libertad y al mérito, instalados en la lucha privada, pero en una situación de repliegue y precariedad de recursos individuales que da un nuevo curso a la subjetivación. Desligada de proyectos colectivos, la búsqueda de la autonomía y la libertad deviene en un proceso de estetización. En un contexto de escasos recursos y vínculos individuales, y de creciente temor por aquello que ocurre en el espacio del afuera, la modernización subjetiva se torna goce de las autodeterminaciones más cotidianas, siendo el espacio privado y su estrecho margen de detalles estéticos el único lugar en el que se hace posible experimentar el re-arraigo moderno. Se trata, entonces, de una libertad cuyos alcances son las tazas de té, los colores de los muros, el ir y venir de los ritmos cotidianos.

‘Mira, ahora yo soy una, paso encerrá aquí. No quiero salir pa' ningún lado (…) Antes en el campamento salía, fin de semana, ahora no. Busco cualquier cosita pa' hacer. Supongamos tomamos tecito, me pongo a correr las sillas, me pongo a hacer el aseo, pongo la música. Mi marido me dice ‘guatona ¿vamos a la plaza?‘ ‘No, vayan ustedes no más'. Pero es como un nido para mí esto, es mi, mi realidad, mi vida. Qué decir, ah, pa' qué voy a ir si tengo mi casa. Pa' que voy a salir si puedo estar aquí haciendo cualquier cosa. Ya me siento bien aquí poh, ya nadie me saca de aquí' (Amelia, A, 56).

Así, la política de vivienda contemporánea participa en el desarrollo de subjetividades que, gozosas de la intimidad privada que nace con la vivienda social, se vuelcan a una búsqueda de placer estético en el estrecho margen de sus recursos y vínculos individuales. Placer que se despliega en el gozo de saberse singulares, agentes y soberanos de los detalles de la vida privada, en una experiencia presentista de la vida.

El miedo y la imprevisibilidad se toman el territorio de todo aquello que exceda los límites del espacio interior –el afuera- y, frente a ellos, se responde con más repliegue, con la resignación de quién sabe que el futuro no está en sus manos y solo le queda disfrutar de lo único de lo cual se siente soberano: el presente de su espacio privado.

‘No, aquí no poh, aquzí nosotros llegamos aquí adentro todo lindo, todo bien, quiero, amo mi casa, pero en la calle igual pasan cosas a veces. Sí, hay peleas, que andan no sé poh, gente con trago. Es lo que no me gusta de aquí. Del portón pa' allá no me gusta, no me gusta el ambiente (…) El ambiente de afuera, de la calle. Yo trato que no salgan. Cuando estoy aquí no salen' (Elvira, A, 275- 277).

Ahora bien, la subjetivación en la vivienda social no se agota en el repliegue y la celebración presentista y estetizada del espacio privado. La incomodidad por las nuevas fronteras del yo acompaña y amenaza la celebración. Incomodidad por la rigidez de los límites entre los espacios del adentro y del afuera, así como de las fronteras entre el yo y los tú frente a quiénes acontece. Esta incomodidad da lugar a una añoranza que deviene fantasías de huida, la posibilidad de marcharse a otro lugar, donde recuperar la comodidad y bienestar perdidos. Este otro lugar toma en los relatos dos formas. Una de ella es la figura de la parcela, que es promesa de un afuera más amable, menos peligroso, menos amenazante, donde, sin embargo, se ve asegurada la propiedad privada conseguida. Se trata entonces de una huida desde un mundo privado urbano amenazado e incómodo hacia la seguridad del mundo privado rural, huida que tiene tintes de un regreso mítico al antes de la migración campo-ciudad.

‘Y a ti ¿qué te gustaría? / Irme / ¿Irte a dónde? / A una parcela, a dónde tener caballo, a donde tener todo, gallina, de todo, donde fueran varios espacios para que los niños salieran a jugar ahí' (Dolores, B, 74).

Este otro lugar toma en ocasiones la forma del retorno al campamento, el que aparece como la posibilidad de regresar a una materialidad más precaria, pero en una flexibilidad de fronteras que promete la liberación de la soledad que ha comenzado a amenazar la nueva intimidad. En aquellos relatos, la libertad antes celebrada se torna carga pesada, difícil de llevar y la autonomía deviene en una profunda y tristísima soledad. Así, el retorno al campamento aparece como una alternativa, a través de la cual se busca recuperar una relación con la alteridad y con el espacio más fluido y amable y asegurar cierta experiencia de unión y compañía.

‘Porque allá mismo [campamento]yo tengo más gente que estaría conmigo, no estaría tan sola poh, que paso tanto sola aquí (…) Yo podría conversar con ellos, o ir yo a la casa de ellos, sentarme así, hablar de [pausa], que ellos me preguntaran a mí, Diana, ¿qué te pasa? De repente, eh. ¿Cómo te encontrai? Eso, eso me gustaba a, encuentro que allá sería más, es más bonito por esa parte' (Diana, B, 87).

La añoranza, tanto sea en su forma de huida o de retorno, tensiona el protagonismo del repliegue hacia el espacio privado y la celebración de las nuevas libertades cotidianas y estéticas. Introduce una fisura en la subjetivación dominante, dando lugar a una escena que, a ratos, lucha por quitarle el protagonismo. Así, la subjetivación en la vivienda social está atravesada por la oscilación entre el repliegue celebratorio y la añoranza.

Discusión y Conclusiones

Los resultados de esta investigación muestran a la política de vivienda chilena como participante de un proceso de transformación subjetiva en el sentido de facilitar, mientras se realiza el tránsito hacia la propiedad privada, ciertos modos para la emergencia del yo. Se trata de yoes que han visto nacer nuevas fronteras y nuevos universos de valoración, donde la ética del mérito, esfuerzo y sacrificio individual, anclada en narrativas de género y maternidad, toman centralidad. Una centralidad que, podemos hipotetizar, los dispone excelentemente para la fase de acumulación flexible del capitalismo (Harvey, 1990/2008) en la que los deseos, ganas y anhelos individuales se han convertido en la principal fuerza de sus operaciones (Bauman, 2000/2010).

Asimismo, los resultados señalan que, una vez en la vivienda el futuro vuelve a desaparecer del horizonte temporal, instalándose un presentismo que hace recordar las propuestas de Maffesolli (2000/2005) respecto del regreso a una sensibilidad trágica en las sociedades posmodernas, que disloca el proyecto moderno tradicionalmente volcado hacia el futuro y la utopía. Se genera así un presentismo, en el que se celebran las nuevas libertades y autonomías inauguradas en la nueva vivienda las que, volcadas hacia el mundo privado, parecen acercarse a la espectacularización de la intimidad cotidiana que señalaran Sibilia (2008) y Arfuch (2002), signado por el interés  –posmoderno-         de hacer de la vida cotidiana una obra de arte (Featherstone, 1991). En este escenario, tal como señalara Harvey (1990/2008), la casa se torna un museo privado que entrega protección ante la pérdida de sentido de futuro propia de la posmodernidad, en un repliegue hacia aquellos artefactos que encarnan los lazos generadores de cierto sentimiento de pertenencia e identidad. De esta manera, la vivienda social se inscribe en el despliegue de aquella respuesta cultural como un artefacto privilegiado.

Estos procesos de subjetivación suman a los pobladores de vivienda social a un reparto de lo sensible (Rancière, 2000/2009) que, extremando la visibilidad de la  capacidad individual, el agenciamiento y la autodeterminación, deja en lo invisible todo aquello que lo excede, esto es, el espacio social y económico donde son producidas las condiciones de la vida individual. El Estado es el gran ausente, ya que no aparece como interlocutor en las narrativas del tránsito hacia la vivienda social. Lo anterior, confirma aquello que Sisto (2009) ya había denunciado para las políticas públicas chilenas contemporáneas, ubicando en la acción individual, y no en la colectiva, el eje del cambio social.

La fase de acumulación flexible (Harvey, 1990/2008), a la que Chile se sumó de un modo autoritario y radical durante la dictadura militar, ha modificado nuestra organización social y la subjetivación de los pobladores de vivienda social ha tomado también un curso singular. Podemos hipotetizar que, para la política de vivienda chilena, este curso tiene como consecuencia algo similar a lo que Wacquant (2010) denunciaba para el trabajo; la vivienda social –como el trabajo-pudiera volverse fuente, y no cura, para la fragmentación y precariedad, al incorporar a los individuos a la soledad de un proyecto que se ubica mucho más allá del alcance de sus propios recursos y vínculos. Tras la incorporación de los pobladores a la ética de esfuerzo individual y, con ello, al proyecto de individualización moderno ─que transforma la propia vida de algo dado en una tarea ─la subjetivación deviene en un repliegue presentista, celebrante de la libertades cotidianas, que pudiese terminar colaborando con la fragmentación y marginación urbanas.

Los resultados expuestos en esta investigación ponen en evidencia que la subjetivación en la vivienda social contemporánea está implicada en complejos procesos discursivos, en los que antiguas y nuevas narrativas canónicas (Gubrium & Holstein, 1998) se entrelazan. La maternidad sacrificial, narrativa ancestral vinculada tanto a las concepciones de género hegemónicas, como al poderoso marianismo chileno y latinoamericano, se entrama con la ética del mérito y el esfuerzo individual que la profunda liberalización económica chilena instaló como régimen ético-político.

Una de las consecuencias más inquietantes en la subjetivación que la política de vivienda estaría facilitando, es el profundo distanciamiento con todo aquello que quede por fuera de los límites de la intimidad privada. En la vivienda social, el ámbito de encuentro con otros se reduce al espacio interior de la intimidad familiar, desplegándose un proceso de diferenciación y extrañamiento con el afuera, que es amenazante y temido. Este proceso deja el terreno preparado para los discursos sociales de la inseguridad y podría estar facilitando los procesos de fragmentación social y marginalización denunciados por los estudiosos de lo urbano a lo largo de todo el mundo del capitalismo tardío. Así, a la segregación residencial alimentada por la política habitacional de los últimos 30 años (Sabatini et al., 2001; Márquez, 2003), se le sumaría una tendencia hacia más repliegue y diferenciación al interior de los barrios, agenciada por sus mismos habitantes. Hay que admitir con Foucault (1975/2008) que los pobladores no son solo oprimidos por los procesos de marginalización: el poder “los invade, pasa por y a través de ellos mismos” (p. 36).

Estos resultados quieren ser un aporte para la revisión reflexiva y crítica de los modos y criterios que están organizando la política de vivienda social chilena. Constituyen una invitación a reflexionar respecto del sentido de sus modalidades. El ahorro familiar implicado en la postulación pareciera estar garantizando el establecimiento de una ética particular, más allá de su contribución al financiamiento. Así, el reparto de lo sensible (Rancière, 2000/2009), que estas prácticas definen, deja fuera, en silenciosa invisibilidad, la dimensión de derecho implicada en el tránsito. Facilitando, de esta manera, el repliegue hacia el mundo privado y el progresivo abandono del espacio de lo público. La ausencia del Estado como interlocutor, como figura, o voz a la cual dirigirse, pedir, reclamar o denunciar, obtura la dimensión de derecho del tránsito y lo transforma en una lucha privatizada.

Al respecto, recuperar la política en el tránsito hacia la vivienda social se perfila como algo central. Recuperación que, con Rancière (2000/2009), podemos comprender como la introducción de la posibilidad del disenso, la posibilidad de ver lo que no tenía razones de ser visto y de dar lugar a las voces, hasta ahora silenciadas, de todos los otros implicados, perturbando el arreglo del actual reparto, interviniendo sobre aquello visible y enunciable. En el caso del tránsito hacia la vivienda social, la recuperación de la política parece traducirse en traer a lo visible la dimensión de lo público. Una recolonización del espacio público que, en palabras de Bauman (2000/2010), implica traducir los problemas privados a problemáticas públicas, no para cercenar la libertad individual sino para, justamente, conseguir la emancipación.

Es imprescindible reflexionar respecto de las maneras en las que será posible incorporar la dimensión de lo público y la ética de derecho en los dispositivos de la política de vivienda social contemporánea. La privatización de las responsabilidades, a pesar de sostenerse en un aparente tributo a la libertad, ha terminado quitando a los individuos buena parte de la posibilidad de que sus esfuerzos produzcan los frutos esperados. Así, en la actualidad, toda liberación verdadera demanda, y en esto coincidimos con Bauman (2000/2010), más, y no menos, poder público. Es preciso avanzar hacia condiciones materiales y sociales que perturben el actual arreglo privatizador, sino difícilmente la autonomía y la libertad inauguradas en el tránsito hacia la vivienda social saldrán de los estrechos márgenes de la autodeterminación del consumo privado y estético. Y, difícilmente, se desplegarán subjetividades que no sean ya cómplices de la reproducción de su propia marginación, sino agentes para su emancipación.

Notas

[1]La Victoria fue la primera gran toma de terreno la ciudad de Santiago de Chile y el primer triunfo del movimiento de pobladores, quienes tras las frustraciones provocadas por el fracaso del primer Plan de Vivienda del gobierno de Carlos Ibáñez y los reiterados incendios ocurridos en el Zanjón de la Aguada, se organizaron para tomarse la Chacra la Feria en octubre de 1957 (Garcés, 2002).

[2] Denominación que recibieron el Chile los asentamientos informales ubicados en el Zanjón de la Aguada y la ribera del río Mapocho. La palabra callampa alude a la rapidez con la que se reproducían. A partir de la década de los setenta los asentamientos generados por las masivas tomas ilegales de terrenos fueron llamados campamentos, cuyo nombre representaba, para Hidalgo (2005), el carácter de la operación que involucraba la ocupación, que transitaba desde la organización de los grupos sin casa, hasta la asignación de los predios dentro del terreno ocupado.

[3]Coalición de partidos políticos de centro izquierda que gobernó Chile tras el regreso a la democracia, desde el 11 de marzo de 1990 hasta el 11 de marzo de 2010.

[4] En un principio, el proyecto contemplaba la realización de relatos de vida a hombres y mujeres, en una proporción equivalente. Sin embargo, el trabajo de campo hizo evidente que son en su mayoría pobladoras mujeres las beneficiarias de la política de vivienda y las protagonistas del trabajo en los comités para la vivienda.

[5]La Fundación Techo nace en 1997 vinculada a la Compañía de Jesús y se dedica al voluntariado universitario con familias que viven en campamentos, construyendo mediaguas para las necesidades urgentes de techo y apoyándolos en el proceso de postulación a los diferentes programas estatales de vivienda. Con la Nueva Política Habitacional del año 2006 la fundación adquiere el estatus de Entidad de Gestión Inmobiliaria Social.

[6] El Programa Chile Barrio, creado en 1996, fue una de las últimas iniciativas puestas en marcha por el MINVU durante los noventa. Este no solo se formuló para dar soluciones de vivienda, sino también para dar mayores y mejores oportunidades para elevar la calidad de vida y los ingresos mensuales, mediante la capacitación y otros programas de ayuda.

[7] Para más detalles sobre la propuesta analítica ver Besoain (2012).

[8] Se incluirán viñetas provenientes de los relatos de los participantes. En paréntesis se indica el seudónimo del participante, el número de encuentro (A o B) y los párrafos correspondientes.

Referencias

Araujo, K. & Martucelli, D. (2012). Desafíos comunes. Retrato de la sociedad chilena y sus individuos (Tomos I y II). Santiago de Chile: LOM.         [ Links ]

Arendt, H. (1958/2010). La condición humana. Buenos Aires: Paidós.         [ Links ]

Arfuch, L. (2002). El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.         [ Links ]

Bajtín, M. (1975/1989). Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus.         [ Links ]

Bajtín, M. (1979/2008). Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Siglo XXI.         [ Links ]

Bajtín, M. (1979/2003). Problemas de la poética de Dostoievski. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.         [ Links ]

Bajtin, M. M. (1981/2004). The Dialogic Imagination: Four Essays. Austin: University of Texas Press.         [ Links ]

Bauman, Z. (2000-2010). Modernidad líquida. Buenos Aires: Paidós.         [ Links ]

Besoain, C. (2012). Vivienda social y subjetividades urbanas en Santiago: Espacio privado, repliegue presentista y añoranza (Tesis de Doctorado no publicada) Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.         [ Links ]

Benveniste, E. (1966/2010). Problemas de lingüística general (Tomo I). Buenos Aires: Siglo XXI.         [ Links ]

Bengoa, J. (1995). La pobreza de los modernos. Temas Sociales SUR, 3, 1-7.         [ Links ]

Bengoa, J. (1996). La comunidad perdida. Ensayos sobre identidad y cultura: Los desafíos de la modernización en Chile. Santiago de Chile: SUR.         [ Links ]

Castel, R. (1997). La metamorfosis de la cuestión social: Una crónica del salariado. Buenos Aires: Paidós.         [ Links ]

Cornejo, M. (2006). El enfoque biográfico: Trayectorias, desarrollos teóricos y perspectivas. Psykhe, 15(1), 95-106.         [ Links ]

Cornejo, M., Mendoza, F. & Rojas, R. (2008). La investigación con relatos de vida: Pistas y opciones del diseño metodológico. Psykhe, 17(1), 29-39.         [ Links ]

Cornejo, M., Besoain, C. & Mendoza, F. (2011).Desafíos en la generación de conocimiento en la investigación social cualitativa contemporánea. Forum: Qualitative Social Research, 12(1), Art. 9.         [ Links ]

Cornejo, M. & Salas, N. (2011). Rigor y calidad metodológicos: Un reto a la investigación social cualitativa. Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, 10(2), 12-34.         [ Links ]

Cottet, P. (2006). Diseños y estrategias de investigación social. El caso de la ISCUAL. En M. Canales (Ed.), Metodologías de Investigación Social (pp. 185-216). Santiago de Chile: LOM.         [ Links ]

Ducci, M. (1997). Chile: El lado oscuro de una política de vivienda exitosa. EURE, 23(69), 99-115.         [ Links ]

Featherstone, M. (1991). Cultura de consumo y posmodernismo. Buenos Aires: Amorrortu.         [ Links ]

Foucault, M. (1975-2008). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI.         [ Links ]

Garcés, M. (2002). Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago, 1957-1970. Santiago de Chile: LOM.         [ Links ]

Gobierno de Chile (2009). Nueva Política Habitacional. Recuperado de www.gobiernodechile.cl        [ Links ]

Goffman, E. (1959).The presentation of Self in everyday life. Buenos Aires: Amorrortu.         [ Links ]

Gubrium, J. & Holstein, J. A. (1998).Narrative practice and the coherence of personal stories. The Sociological Quarterly, 39(1), 163-87.         [ Links ]

Hammack, P. (2008). Narrative and the cultural psychology of identity. Personality and Social Psychology Review, 12, 222-247.         [ Links ]

Harvey, D. (1990-2008). La condición de la posmodernidad. Buenos Aires: Amorrortu.         [ Links ]

Hidalgo, R. (2005). La vivienda social en Chile y la construcción del espacio urbano en el Santiago del siglo XX. Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Pontificia Universidad Católica de Chile.         [ Links ]

Iglesias, M. (2011). Rompiendo el cerco. El movimiento de pobladores contra la dictadura. Santiago de Chile: Ediciones Radio Universidad de Chile.         [ Links ]

Katzman, R. (2001). Seducidos y abandonados: El aislamiento social de los pobres urbanos. Revista de la CEPAL, 72, 171-189.         [ Links ]

Maffesoli, M. (2000-2005). El instante eterno. El retorno de lo trágico en las sociedades posmodernas. Buenos Aires: Paidós.         [ Links ]

Márquez, F. (2003). Identidad y fronteras urbanas en Santiago de Chile. Psicologia em Revista, Belo Horizonte, 10(14), 35-51.         [ Links ]

Márquez, F. (2004). Márgenes y ceremonial: Los pobladores y las políticas de vivienda social en Chile. Política, 43, 185-203.         [ Links ]

Patton, M. (2002). Qualitative Research and Evaluation Methods. Thousand Oaks, CA: Sage Publications.         [ Links ]

Rancière, J. (2000-2009). El reparto de lo sensible. Estética y política. Santiago de Chile: LOM.         [ Links ]

Rhéaume, J. (2000). El relato de vida y el sujeto social complejo. Temas Sociales SUR, 30, 1-6.         [ Links ]

Ricœur, P. (1985/2009). Tiempo y narración. El tiempo narrado. Madrid: Siglo XXI.         [ Links ]

Ricœur, P. (1990/2008). Sí mismo como otro. Madrid: Siglo XXI.         [ Links ]

Rodríguez, A. & Sugranyes, A. (2004). El problema de vivienda de los “con techo”. EURE, 30(91), 53-65.         [ Links ]

Sabatini, F. (1997). Liberalización de los mercados de suelo y segregación social en las ciudades latinoamericanas: El caso de Santiago de Chile. Santiago de Chile: Instituto de Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile.         [ Links ]

Sabatini, F., Cáceres, G. & Cerda, J. (2001). Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción. Revista EURE, 27(82), 5-24.         [ Links ]

Sandoval, J. (2013). Una perspectiva situada de la investigación cualitativa en Ciencias Sociales. Cinta Moebio, 46, 37-46.         [ Links ]

Saraví, G. (2004). Segregación urbana y espacio público: Los jóvenes en enclaves de pobreza estructural. Revista de la CEPAL, 83, 33-48.         [ Links ]

Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.         [ Links ]

Sisto, V. (2008). La investigación como una aventura de producción dialógica: la relación con el otro y los criterios de validación en la metodología cualitativa contemporánea. Psicoperspectivas, 7, 114-136.         [ Links ]

Sisto, V. (2009). Transformaciones sociales, individualización y subjetividad. Una mirada desde Iberoamérica a los cambios que están marcando nuestro tiempo. Psicoperspectivas, 8(2), 1-11.         [ Links ]

Sisto, V. & Fardella, C. (2008). Narrándose en la flexibilidad. Un análisis narrativo discursivo de la identidad en tiempos de flexibilidad laboral. Revista de Psicología, 17(2), 59-80.         [ Links ]

Skewes, J. (2006). De invasor a deudor: El éxodo desde los campamentos a las viviendas sociales en Chile. En A. Rodríguez & A. Sugranyes (Eds.), Los con techo. Un desafío para la política de vivienda social (pp. 103-124). Santiago de Chile: SUR.         [ Links ]

Svampa, M. (2010). La sociedad excluyente. La argentina bajo el signo del neoliberalismo. Buenos Aires: Taurus.         [ Links ]

Tironi, M. (2003). Nueva pobreza urbana. Vivienda y capital social en Santiago de Chile, 1985-2001. Santiago de Chile: PREDES.         [ Links ]

Valdés, T. (1986). El movimiento poblacional: La recomposición de las solidaridades sociales. Programa Flacso 283. Recuperado de http://www.memoriachilena.cl/602/w3-propertyvalue-141651.html        [ Links ]

Wacquant, L. (2010). Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio. Buenos Aires: Manantial.         [ Links ]

Wetherell, M. (2007). A step too far: Discursive psychology, linguistic ethnography and questions of identity. Journal of Sociolinguistics, 11(5), 661-681.         [ Links ]

Wilson, J. (1990). The truly disadvantage: The inner city, the underclass and the public policy. Chicago: The University of Chicago Press.         [ Links ]

Wilson, J. (1997). When work disappears: The world of the new urban poor. New York: Vintage Books.         [ Links ]

Winchester, L. (2008). La dimensión económica de la pobreza y precariedad urbana en las ciudades latinoamericanas. Implicaciones para las políticas del hábitat. Revista EURE, 24, 27-47.         [ Links ]


Correspondencia: La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida al autor. Universidad Alberto Hurtado, Chile, cbbesoai@uc.cl (Carolina Besoain)

Investigación realizada en el marco de la tesis doctoral “Vivienda social y subjetividades urbanas en Santiago: Espacio privado, repliegue presentista y añoranza” financiada por el programa de Formación de Capital Avanzado CONICYT.

Agradecimientos: A todas las personas que han participado y colaborado en esta investigación. Un especial agradecimiento al equipo de investigación compuesto por Ariel Berezin, Pilar Cuevas, Carolina Godoy y Catalina Mekis. Agradecemos también a Leonor Arfuch, Vicente Sisto y Andrea Jaramillo por su dedicada y comprometida colaboración e importantes aportes.

Recibido: 17 de noviembre 2013

Aceptado: 2 de septiembre 2014

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons