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Psicoperspectivas

versión On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.11 no.1 Valparaíso  2012

http://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol11-Issue1-fulltext-184 

Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 11, No. 1 (2012), Págs.: 82-107
doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol11-Issue1-fulltext-184

ARTICULO

 

Aspectos Psicológicos de los Problemas de Organización de Base y su Relación con Dilemas Sociales en una Comunidad Rural de la Costa Norte del Perú

Psychological Aspects of Organization Problems and Their Relation to Social Dilemmas in a Rural Community of the Peruvian Northern Coast

 

Pedro La Barrera
Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú

Agustín Espinosa
Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú

Rosa María Cueto
Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú

Juan Romero
Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú


Dirección para Correspondencia


RESUMEN

El estudio es un diagnóstico de los aspectos psicológicos asociados a los problemas de organización que acontecen en una comunidad  rural de la costa norte peruana. Para tal fin, se elaboró una investigación de índole cualitativa, donde a través de entrevistas grupales e individuales, se indagó sobre la problemática general de la comunidad. Los resultados muestran poca capacidad en sus agentes para implementar tareas que supongan una acción social coordinada  al interior de la misma. Las deficiencias organizacionales descritas son consecuencia de una historia de fracasos en los esfuerzos cooperativos que han incidido negativamente en la constitución de la identidad social y que afectan el clima emocional, apreciándose entre los miembros de la comunidad un clima generalizado de desconfianza.  Lo anterior ha promovido la desarticulación social y ha servido para instaurar una serie de prácticas sociales y productivas de índole individualista que han afectado diversos bienes sociales y públicos, afectando la calidad de vida de los pobladores.

Palabras clave: identidad social, interdependencia, clima emocional, confianza, dilemas sociales


ABSTRACT

This study is a psychological diagnosis of some aspects related to organizational problems within a rural community from the Peruvian northern coast. To accomplish this objective, a qualitative research was elaborated. The main community problems were inquired through collective and individual interviews. Results showed that social community agents were unable to develop tasks demanding coordinated social interactions among them. Lack of organization was a consequence of a history of failures in cooperative efforts that have negatively affected the social identity and the emotional climate –expressed in a strong climate of distrust- of its inhabitants. This situation has promoted the social dislocation and enhanced a set of individualistic social and productive practices that affect several social and public goods, mitigating quality of life of the community settlers.

Keywords: social identity interdependence, emotional climate, trust, social dilemmas


Introducción  

La identidad social tradicionalmente ha sido vista como un concepto puente entre fenómenos colectivos, la cognición social y el comportamiento individual (Hogg y Ridgeway, 2003; Hogg y Abrams, 1988; Tajfel, 1982). Debido a que se ha documentado la asociación entre este concepto y el trabajo colaborativo (Brewer y Schneider, 1990), su estudio puede ayudar a entender la interacción entre los pobladores de una comunidad rural de la costa norte del Perú.

La identidad social es definida como “aquella parte del auto-concepto que se deriva del conocimiento de un individuo sobre su pertenencia a un grupo social y del significado valorativo y emocional ligado a dicha pertenencia” (Tajfel, 1982, p. 24), de tal manera que los atributos que definen al grupo son términos que sirven al individuo para construir su auto-conceptualización (Hogg y Abrams, 1988; Tajfel, 1982).

Tanto la identidad social como las dinámicas intragrupales tienen una función adaptativa, pues la identificación del individuo con el grupo y el mantenimiento de éste, persiguen el incremento de las posibilidades de alcanzar una meta valorada y concurrente a todos los miembros, que son interdependientes entre sí (Silva, 1994; Brewer, 2007; Hogg y Abrams, 1988; Swann y Bosson, 2010). Las expectativas de cooperación y seguridad promueven una atracción positiva hacia los otros miembros del endogrupo, motivan la adhesión a las normas vigentes en él e incentivan comportamientos que permitan al individuo ser reconocido como buen integrante del mismo (Brewer, 2007). Estudios en este campo encontraron que las imágenes y expectativas positivas relacionadas con los miembros del grupo sustentan el proceso de identidad social y convierten a ésta en una fuerza poderosa de cohesión y lealtad grupal (Van Vugt y Hart, 2004).

Páez, Ruiz, Gailly, Kornblit, Wiesenfeld y Vidal (1996) señalan que la identidad social, expresada a través del autoconcepto y de la autoestima colectiva, dependerá de las condiciones sociales en las que estén inmersos los integrantes de un grupo; es decir, del clima emocional imperante. Diversos estudios han confirmado la relación entre la identidad y el clima emocional (Espinosa, 2011; Basabe y Ros, 2005). Por ejemplo el trabajo de Espinosa (2011) sobre los vínculos entre ambos fenómenos en Perú, encontró que hay una relación entre la proporción de personas que muestran altos niveles de identificación con el endogrupo nacional (y de auto estereotipos positivos y alta valoración asociados a éste) y la percepción de emociones colectivas de alegría, confianza, orgullo, seguridad y solidaridad.

Clima emocional  

El clima emocional puede definirse como un estado de ánimo colectivo, relativamente permanente que se construye en la interacción social de las personas sobre sucesos o circunstancias que afectan a gran parte de los miembros de un grupo (Ruíz, 2006). Indicará el agregado de las percepciones de los individuos sobre las reacciones afectivas de la mayoría de las otras personas frente a una situación determinada, y generará una serie de representaciones sociales acerca del estado actual y futuro de la sociedad (De Rivera, 1992; De Rivera y Páez, 2007).

El clima emocional está enmarcado en una situación social específica, basada en lo económico o lo político, y refleja la percepción compartida sobre las acciones de los agentes sociales del grupo (De Rivera, 1992). Se aprecia una dimensión evaluativa pues el clima emocional surge de la comparación entre las reacciones afectivas actuales predominantes en el grupo y una serie de experiencias y opiniones personales sobre cómo se debería actuar y sentir en dicha situación (Techio, Zubieta, Páez, De Rivera, Rimé y Kanyangara, 2011).

De Rivera (1992) ha reconocido climas emocionales que pueden ser percibidos como positivos o negativos. Climas positivos son aquellos que comunican seguridad, confianza o solidaridad. En un clima de seguridad los miembros del grupo sienten que pueden interactuar y deliberar con libertad, obtener fácilmente la colaboración de los demás y que es posible reconocer las intenciones de la mayoría de los miembros por propiciar el bienestar de los otros. El clima de confianza implica que las personas del grupo evalúan de forma positiva la situación política o económica de su medio y se espera una mejoría futura. Esto disminuye la tensión social y se confía en los distintos agentes sociales. El clima de solidaridad supone que las personas se identifican con categorías sociales y esto dispone a los individuos a realizar sacrificios en pro del grupo significativo para su auto-percepción. Este tipo de clima suele durar menos tiempo que los anteriores y es proclive a deteriorarse en situaciones amenazantes.

Son estados negativos del ánimo colectivo los siguientes: el clima de miedo, el de inseguridad, el de enojo y el clima de tristeza. De Rivera, Kurrien y Olsen (2007) describen estos tipos de estados de ánimo colectivos. El clima de miedo se relaciona con la preocupación frente a la ocurrencia de eventos no deseados y la repetición de sucesos negativos y hechos violentos. El resultado de este clima es el aislamiento de los individuos y el entorpecimiento de la organización y la expresión pública de opiniones. El clima de inseguridad surge cuando las normas sociales pierden su fuerza; esto lleva a que se difumine la distinción entre lo bueno y lo malo, generándose inestabilidad y expresiones descontroladas de violencia. El estado colectivo de enojo se genera cuando sectores de la población experimentan descontento al no obtener lo que creen merecer, o cuando enfrentan contradicciones a su sistema de creencias y reaccionan de manera hostil para defenderlo. El clima de tristeza se vincula con el sentimiento de las personas de poseer poco poder y muy escasas posibilidades de mejorar esta situación; implica comparaciones con otros grupos, a los que se perciben como causantes de la pérdida irreparable de bienes, vidas u oportunidades. Techio y cols. (2011) afirman que el clima de tristeza impacta en la percepción de auto-eficacia personal y lleva al cuestionamiento de logros pasados y de planes de acción.

Así, se evidencia que existen mecanismos socio-psicológicos que favorecen la organización de un grupo en pos de metas que benefician a todos sus integrantes. Sin embargo, estos procesos psicosociales son obstaculizados por estructuras socio-económicas y sistemas de creencias que premian la búsqueda preferente del bienestar individual. Ambos tipos de fuerzas configuran tendencias contrapuestas que obligan a muchas personas a encarar dilemas sociales frente a los cuales es necesario tomar decisiones.

Dilemas sociales, interdependencia y cooperación  

El tratamiento de los dilemas sociales se realizará a partir de la referencia de Garling, Biel y Gustafsson (2002) sobre el paradigma de la interdependencia humana (PIH). Este es un sistema de creencias que se emplea de manera progresiva, en campos tales como la psicología ambiental y de la conservación de los recursos naturales, para enmarcar la relación entre los hombres y de éstos con la naturaleza.

El PIH propone que las decisiones que toman las personas se ven afectadas por las elecciones de otros y, a su vez, influirán en éstas. La incertidumbre sobre el resultado final del sistema de conductas interrelacionadas vuelve relevante la coordinación entre los distintos actores implicados. Si los recursos disponibles, tales como la organización, los bienes naturales y los bienes generados por el hombre (Parkin, 2001) son limitados o han sido dañados, la falta de coordinación de las personas llevaría a disminuir aún más las probabilidades de desarrollarse en un entorno complejo y cambiante (Banco Mundial, 2003). Entonces, un paso esencial para estudiar las relaciones entre un conjunto de seres humanos consiste en conocer sus percepciones sobre una interdependencia que de hecho ocurre, pero que puede ser negada o asumida de tal forma que se generan condiciones sociales que dificultan la obtención de metas para todos deseables.

Para analizar una entidad social en términos de su organización para el manejo de los bienes compartidos, se hace necesaria una perspectiva teórica que considere simultáneamente los aportes de las ciencias sociales y de las ciencias naturales (Berkes, Feeny, McCay y Acheson, 1989). Resultarán adecuados para tal fin los estudios realizados sobre los dilemas sociales, que involucran a conjuntos de personas que emplean bienes compartidos.

La literatura describe como un bien compartido, o un recurso de propiedad compartida, a cualquier bien de carácter finito que se posee de forma comunal y que es consumido por todas las personas que viven en una zona determinada (Berkes y cols., 1989; Turner, 1993; Parkin, 2001). Además, este tipo de bien puede ser extraído o explotado por cualquier habitante de la zona, ya que resulta problemático controlar o negar el acceso que tienen a él los potenciales usuarios. El recurso compartido puede haberse reconocido como tal de forma explícita, puede no ser percibido así dentro de la comunidad, puede no ser habitual tratarlo en esos términos o, finalmente, puede no resultar conveniente para las personas considerarlo como un bien común para no verse obligadas a cambiar los patrones de utilización del mismo (Corral Verdugo, 2001) .

Con respecto a los dilemas sociales, siguiendo a Brewer y Schneider (1990), se denominará así a las situaciones de interdependencia colectiva en las que las consecuencias de las conductas egoístas generan un desastre colectivo. Los científicos sociales han estudiado preferentemente los siguientes dos tipos de dilemas sociales: de los comunes (o de los bienes comunes) y de los bienes públicos. En los primeros los beneficios de los comportamientos egoístas revierten en quienes los ejecutan, pero el costo de los mismos afecta a todos los miembros del colectivo. Los dilemas de los bienes públicos son situaciones en las que los beneficios de los recursos compartidos llegan a todos los miembros del colectivo, pero los costos de preservar tales bienes deben ser asumidos sólo por algunos individuos.

Brewer y Schneider (1990) informan que estos dilemas suponen dos tipos posibles de decisiones. El primer tipo implica que los individuos pueden tomar ventaja y sobre-explotar el bien compartido mejorando su situación debido a que obtienen mayor número de unidades del bien, o porque no destinan recursos personales para mantener el recurso público que los beneficia. Corral Verdugo (2001) señala que con cada nueva persona que tome este tipo de decisiones se incrementa el deterioro del recurso y esto impacta negativamente en el conjunto de usuarios del mismo. Esta elección supone ganancia individual en el corto plazo y perjuicios colectivos en el mediano o largo plazo.

Corral Verdugo (2001) también señala que la degradación de los bienes compartidos se hace patente cuando el número de sobre-explotadores de los recursos comunes aumenta gracias a que se produce una racionalización de las conductas nocivas en términos de la lógica económica de la búsqueda de beneficios individuales. Es posible que los primeros explotadores egoístas se den plena cuenta de las consecuencias de la generalización de sus acciones pero sólo les interese obtener una ganancia mayor a la aconsejable para el mantenimiento del bien. Si la respuesta de sobre-explotación se convierte en norma social, los bienes compartidos se van destruyendo a una velocidad mayor que la necesaria para su regeneración. Para que ocurra este desenlace negativo, no deben existir formas efectivas y sostenibles de sanción contra aquellos que optan por la apropiación egoísta del recurso compartido.

El otro tipo de decisión llevará a la persona que la implementa a renunciar a una ganancia concreta y rápida. Se produce una restricción personal para contribuir con la conservación de los recursos de libre acceso y los bienes públicos. Estas acciones buscan el bienestar colectivo en vez de las ganancias personales. En este caso se hace obligatoria la norma de la protección del recurso, los miembros del colectivo perciben que la mayoría de ellos acata esta regla y, por estas razones, se incrementa la probabilidad de que cada individuo conserve el recurso.

Brewer y Schneider (1990) observan que los dilemas sociales representan una confrontación entre el interés propio y el interés colectivo. Sin embargo, la identidad social puede llevar a los individuos a conservar los bienes comunes. Si elementos centrales del auto-concepto son función de la pertenencia a categorías sociales significativas, entonces se debilita la distinción entre el bienestar personal y el bienestar grupal. Sin embargo, aun cuando la identificación social exista y sea significativa, parece haber una tendencia humana por resolver la tensión entre las necesidades de diferenciación personal y de pertenencia de la siguiente manera: buscar la inclusión en grupos relativamente pequeños y que se distingan con claridad en el conjunto de la sociedad. Esto obstaculiza la construcción de identidades más inclusivas como las que pueden ser necesarias para estructurar organizaciones que conserven los bienes compartidos y alcancen metas de amplia cobertura social. Entonces, un colectivo conformado por personas interdependientes podría ser asumido por sus integrantes como un endogrupo (diferenciado de otros colectivos interdependientes), un colectivo con grupos diferenciados en su interior o un colectivo de individuos. Las decisiones de las personas frente a un dilema social estarían influidas por el nivel de identificación con respecto al colectivo, es decir, por el papel que la identidad social juegue en la construcción de su auto-concepto.

Del mismo modo, el clima emocional juega un rol primordial en esta dinámica. La percepción del endogrupo con respecto al estado de ánimo colectivo moldea las relaciones que se establecen entre las personas y ello influye en las decisiones que las personas puedan tomar frente a los dilemas sociales. Más aún, en la comunidad estudiada, los factores contextuales son poco favorables para el establecimiento de la organización social, por ello la necesidad de conocer con mayor detalle los procesos de identidad, el clima socio emocional y el impacto de ambos en los dilemas de los comunes.

Las comunidades de la costa norte del Perú  

Si el colectivo es ya una comunidad, el trabajo por la consolidación de la identidad sería menos arduo, pero los miembros de un ente social no necesariamente constituyen una comunidad. Se puede decir que la comunidad está constituida por un grupo específico de personas que ocupan un ámbito geográfico definido y que comparten valores, normas, han configurado una organización (desarrollada a lo largo del tiempo pero mutable debido a procesos internos), exhiben conciencia de su identidad como grupo y comparten necesidades y compromisos para satisfacerlas de manera conjunta (Restrepo, 2000).

Los problemas económicos y sociales experimentados en Latinoamérica motivaron la aparición de organizaciones sociales de base, que sirvieron para enfrentar los retos mencionados. Diversas fuentes definen las organizaciones sociales de base como agrupaciones localizadas en un territorio específico que no buscan ganancia monetaria, que brindan servicios, movilizan intereses, alientan la autonomía y actúan como promotoras de mejoras en la calidad de vida y las oportunidades de los ciudadanos (Forni, 2001; Busto, 2010; Pérez, Arango y Branch, 2008). Son de base en tanto los miembros de la organización se constituyen en beneficiarios directos de estas acciones de promoción o integran a la comunidad beneficiada. Se esperaría que la organización de base sea el grupo más pequeño y más relacionado con los ciudadanos.

Entre las décadas de los años 70, 80 y 90, la mayoría de agricultores de la costa norte del Perú, experimentaron el fracaso del proceso cooperativo, el debilitamiento de la organización de base, el endurecimiento de las condiciones de producción y la destrucción paulatina del tejido social (CEDEPAS, DEJEZA y CESDER, 1995; CEDEPAS, 1994). Lo anterior originó la implantación de una serie de prácticas productivas y de convivencia que podrían ser calificadas como individualistas (Gonzáles de Olarte, 1997), lo que afecta el desarrollo de los agricultores, en el sentido amplio del término, y los torna más débiles frente al número creciente de retos que deben encarar, de forma colaborativa, con miras hacia el futuro.

Luego del fracaso del proyecto cooperativo, el individualismo no fue contrapesado por agentes gubernamentales que hubiesen hecho cumplir normas para la adecuada gestión de los bienes comunes y la consecución de metas colectivas (Zegarra, 2001). Se puede decir que no se concretaron mecanismos colectivos que contribuyeran con el nacimiento o construcción de una comunidad con la cual identificarse hasta tal punto que puedan hacerse concesiones personales para mantener su vigencia.

Este cuerpo teórico servirá para describir el estado de la organización social existente en una localidad ubicada en la costa norte del Perú, específicamente en la parte baja de la cuenca del río de Jequetepeque, Distrito de Pueblo Nuevo, Provincia de Chepén, Región La Libertad. La comunidad con la que se trabajó cuenta con aproximadamente 200 hogares y muchos de sus habitantes se dedican principalmente al cultivo del arroz en pequeñas parcelas agrícolas de su propiedad o arrendadas. Los cambios tecnológicos, sociales, económicos y ambientales generan una fuerte demanda por parte de los agricultores de dicha comunidad, los cuales no cuentan con los recursos y apoyo necesario para hacerles frente. Además, otro de los problemas identificados está relacionado con el progresivo deterioro de los recursos naturales, lo cual trae serias consecuencias para la productividad global de los sistemas económicos (Gonzáles de Olarte, 1997) y genera resultados perjudiciales para el conjunto de la comunidad en el mediano y largo plazo. Asimismo, no existe un regulador que sancione la sobre-explotación ni que promueva la planificación concertada del uso de los recursos naturales. Del mismo modo, tampoco existe un organismo que defienda los intereses de los agricultores al momento de comercializar sus productos.

Método  

La presente investigación tiene como base un enfoque cualitativo, ya que lo que se busca es entender los eventos en su forma natural, a partir de la visión particular de los sujetos y tomando en consideración la cultura y el contexto en el que estos se desenvuelven. Según Gonzáles Rey (2007), los datos cualitativos son necesarios ya que es preciso conocer el contexto en el que se desarrolla la vida de los informantes, pues solo así podrá entenderse la expresión de la subjetividad de éstos.

Participantes  

Los participantes de este estudio fueron habitantes de la comunidad descrita en el apartado anterior. Se realizaron cuatro (4) entrevistas individuales y diez (10) grupales. En las entrevistas individuales se contactó a tres hombres y a una mujer. El número de asistentes a las entrevistas grupales fue variable a lo largo de las sesiones, presentándose un rango donde el número máximo de participantes por entrevista fue de treinta y el mínimo de dos. En la siguiente Tabla se detalla la distribución de los

Tabla 1
Distribución de participantes por entrevista grupal

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Se considera que fueron aproximadamente unas 20 personas las comprometidas sistemáticamente con el proyecto, de las cuales la mayoría eran mujeres.

Finalmente, en cuanto a los datos sociodemográficos, éstos se presentaron de manera heterogénea. Si bien la mayoría de participantes contaban con educación secundaria, algunos de ellos no presentaban estudios o habían culminado solo la primaria.

Herramientas de recolección de información  

Los datos fueron recogidos a partir de entrevistas grupales y entrevistas individuales. Para aprovechar al máximo la posibilidad de interacción natural y fluida entre el equipo de investigación y los pobladores, estas entrevistas tuvieron un formato abierto, contando con una guía general de contenido. De esta manera se brindaba al entrevistador la suficiente flexibilidad para ahondar en los aspectos que se mostraran como relevantes, con el ritmo y preguntas que parecían las más convenientes, de acuerdo a la interacción social que se experimentara (Hernández, Fernández-Collado y Baptista, 2006). Estas entrevistas trataron los siguientes temas:

- Problemas de la comunidad en general.
- Problemas de la organización de base.
- Causas y consecuencias asociadas a los problemas identificados.
- Posibles soluciones a los problemas identificados.

Procedimiento  

En julio del año 2009 se estableció contacto con autoridades y miembros de la comunidad y es ahí donde se propone comenzar un proyecto de diagnóstico social. Una vez acordados los términos del trabajo con la comunidad, a partir de marzo del 2010 se inician una serie de visitas a la zona de estudio.

En dichas visitas se convocó a los pobladores a reuniones en distintos locales del centro poblado. En estas reuniones los investigadores trataron de conocer con mayor profundidad la situación de la comunidad en relación con su modo de vida, principales problemas, disposición para la organización, estrategias y mecanismos de afrontamiento, percepción de posibilidades y capacidad de solución de problemas, entre otros.

Asimismo, con el objetivo de profundizar los datos obtenidos mediante las entrevistas grupales, se realizaron también entrevistas individuales. Éstas se llevaron a cabo en las respectivas viviendas de cada uno de los entrevistados.

Cabe resaltar que durante todo el proceso de recojo de información se respetaron las consideraciones éticas, a través del uso de un consentimiento informado expresado de manera oral, en el que se detallaban los objetivos y ventajas del presente estudio, así como que la participación era voluntaria y anónima.

Finalmente, es importante mencionar que durante las entrevistas grupales e individuales, distintos miembros del equipo de investigación tomaron registro escrito de todo lo conversado, siendo estos registros el insumo que permitiría el posterior análisis.

En la etapa de análisis, se utilizó la técnica de análisis de contenido, la cual sintetiza el discurso de los participantes en categorías, con el fin de darle un orden y secuencia lógica a la información (Vieytes, 2004). Dichas categorías contienen conceptos e ideas afines que se diferencian de aquellas que conforman otras categorías. (Hernández, Fernández-Collado y Baptista, 2006). De esta manera, el análisis de contenido permite contar con una descripción profunda de lo que estas categorías significan en base a lo reportado por los propios miembros de la comunidad.

Resultados  

A partir de la información brindada por los participantes se observan estados de ánimo colectivo negativos que afectan las relaciones entre los habitantes de la comunidad estudiada. Está presente la sensación de inseguridad ya que las normas sociales que deberían estar plenamente vigentes, como el cumplimiento de los compromisos públicos, no necesariamente permitirán predecir los comportamientos de vecinos llamados a ejecutar una labor o cumplir un papel que redunde en el bien común. Así, se aprecia la negativa de los agricultores a formar nuevas agrupaciones productivas debido a que en el pasado han experimentado el incumplimiento de pagos de cuotas por parte de miembros de estas asociaciones, a pesar de que ellas habían sido previamente acordadas por todos cuando constituyeron la agrupación.

Dilema Social 1: el problema de la gestión de desperdicios en la comunidad  

Nuevas reglas propuestas para coordinar acciones frente a problemas cotidianos, a pesar de suponer una oportunidad razonable y asequible para solucionarlos, no tienen garantizada su consolidación. Es ilustrativo que todos los participantes estén descontentos con la acumulación de basura en las afueras del pueblo, pero las propuestas de solución son lanzadas y gestionadas sólo por determinados vecinos, tales como amas de casa implicadas consistentemente en la consecución de pequeñas mejoras comunales. Ellas, quienes actúan cuando creen tener el apoyo de alguna autoridad o agente externo, impulsaron acuerdos para enfrentar el problema. Éstos buscaban evitar que se arroje basura dentro del poblado o en zonas muy cercanas y pedían acumular deshechos empaquetados dentro de las casas hasta el arribo del servicio de recojo (que se pensaba operar gracias a una pequeña contribución monetaria de los propios vecinos, con miras a instituirse como una prestación continúa, desligada de la voluntad del alcalde del núcleo urbano del que dependen administrativamente). Las amas de casa invirtieron tiempo y esfuerzo para que las nuevas reglas de comportamiento se establezcan, pero sólo una parte de los pobladores cumplieron con el compromiso expresado en las reuniones comunales o, se adhirieron a las reglas propuestas.

Lo anterior ocasionó que la gestión local de la basura no se concretara, a pesar de que los habitantes reconocían las amenazas que suponían para la salud y de que contaran con los pequeños recursos económicos necesarios para implementar la solución: “No hacemos mucho porque la comunidad no apoya, porque desconfía. Lo que pasa es que nosotros podemos escuchar acá pero no tomamos conciencia, dejamos la basura tirada nomás. Se limpia y al poco tiempo todo está de nuevo sucio.” Ama de casa de la comunidad.

Aún hoy se sigue confiando en la buena disposición de las autoridades distritales para asegurar el recojo de los desperdicios de las casas, a pesar de que antes ha fallado, que no es diario y que no soluciona el crecimiento de los cúmulos de desperdicios en las riberas del pueblo.

Dilema Social 2: el problema de la acción social coordinada en la esfera productiva  

En el ámbito de las actividades agrícolas, no se cuenta con la colaboración de otros productores. Los agricultores asumen sus actividades económicas como un campo de decisiones y habilidades individuales. Ellos consideran poco conveniente la asociación para realizar operaciones productivas:

No estoy de acuerdo [en asociarme], hay gente responsable y otra que no. (….) con mi familia decidí que trabajaremos solos. (….) depende de cada uno negociar bien [con los comerciantes mayoristas de granos], uno mismo hay que buscar (…) es cuestión de cada parcelero. Agricultor de la comunidad.

Existe un marco regulatorio sostenido por la agencia estatal que controla la distribución del agua y que, por esto, tiene cierto poder para hacer valer, dependiendo de las características del agricultor y sus propias debilidades organizacionales, normas sobre turnos de siembra, cultivos permitidos y similares. Sin embargo, los sobornos y la limitada capacidad de supervisión de la entidad estatal hacen que exista un grado de incertidumbre que genera malestar y daños concretos a los productores (como cuando aquellos con un grado de capitalización mayor que el común se les autoriza cultivar otros productos que perjudican tierras contiguas pertenecientes a otros agricultores). Así lo expresa la siguiente cita: “A los que están más abajo este año se les ha complicado a raíz de la alcachofa. Se paran quejando porque se humedecen sus terrenos. También tienen problemas con los turnos de agua. Mientras unos cosechan, otros sufren.” Agricultor de la comunidad.

El impacto de los dilemas sociales en la organización social  

En la vida diaria del poblado no se ha desechado por completo la posibilidad de lograr algún grado de coordinación en pos de metas grupales. Sin embargo, las expectativas de los líderes y demás vecinos no son altas. El relato que se recoge sobre los trámites y actividades que llevaron a conseguir mejoras en la comunidad (reservorio de agua, luz en calle y viviendas, mejoras en el colegio o la iglesia) muestra un grupo relativamente pequeño de pobladores fuertemente comprometidos con las metas, la dependencia de agentes externos para concretar el objetivo y una diversidad de actividades que no llegaron a cristalizarse debido al limitado compromiso de los pobladores o al abandono de la causa por parte del agente externo. Si bien el concurso de organismos externos es fundamental para concretar determinados logros (por ejemplo la participación de la empresa regional de luz para colocar el tendido eléctrico), en otros casos los pobladores podrían asumir buena parte de los esfuerzos para alcanzar otras metas. Es así que se observa que la titulación de las viviendas del poblado, cuya ausencia mantiene el gravísimo riesgo potencial de desalojo de los habitantes, podría y debería contar con el concurso decidido de buena parte de la población. Pero los fracasos organizativos del pasado reciente (en los que jugaron un papel fundamental la corrupción de dirigentes y el incumplimiento de normas por parte de muchos pobladores) hacen que la desconfianza y el pesimismo sean moneda corriente: “Juntarse para negociar genera desconfianza porque tendría que haber un representante y (…) da miedo de que se aproveche” (Agricultor de la comunidad).

La gestión de mejoras normalmente son reacciones de los pobladores a las decisiones de alcaldes distritales, agencias del Estado u organismos no gubernamentales, que en un momento dado consideran oportuno brindarles su apoyo. La organización de la población de manera típica recae en un reducido grupo de vecinos de la comunidad, es episódica en tanto esta labor se centra en objetivos puntuales, tales como lograr la electrificación del poblado y es significativamente dependiente de las decisiones de los agentes externos. Luego de la consecución de estas metas, el grupo de tarea suele desactivarse o disminuir sensiblemente sus actividades. No se persiguen empresas de largo aliento, como la mejora sostenida de la salud pública en la comunidad, por lo que la organización de los pobladores no se mantiene durante periodos de tiempo prolongados en función de planes complejos.

Las autoridades de distintos niveles son agentes sociales llamados a hacer cumplir las reglas en circunstancias típicas de vida. No obstante, su participación no contribuye a disminuir la inseguridad, pues sus decisiones no siempre estarán de acuerdo con el papel asignado formalmente o no intervienen en los momentos indicados. Por eso, en los pobladores se producen expresiones como:

La planificación de antes (cuando estaba la hacienda) se ha dejado de lado [se refiere a la autorización para sembrar sólo en determinadas zonas]. (…) falta de organización del tipo de sembrío según la zona. El arroz debería sembrarse en otro lado. (…) Se plantearon soluciones: obligación al dueño de la chacra a hacer un dren [canal de drenaje], sembrío seco, etc. Pero la orden tenía que venir desde San Pedro y dada por al alcalde, y eso nunca pasó (Poblador de la Comunidad)

Los habitantes de la comunidad conservan su capacidad de crítica frente a conductas dolosas de dirigentes o autoridades. Experimentan enojo frente a esta situación pues esperan que los líderes cumplan su papel a favor del grupo. Al mismo tiempo, mantienen una postura dependiente frente a esas autoridades y abdican de su capacidad para conformar una organización más proactiva, tanto en la producción de alternativas de acción colectiva como en la fiscalización constructiva de la gestión por parte de los líderes. Se habla de fiscalización constructiva, pues en su lugar es frecuente escuchar reclamos y críticas informales, y manifestaciones de desconfianza hacia muchas de las autoridades y encargados vecinales. Todo lo mencionado alimenta la percepción de que predomina en la comunidad incapacidad para cambiar significativamente la situación y, por esto, se aprecia desconfianza en el futuro. Por tal motivo, los pobladores aprueban que sus hijos busquen perspectivas en otras regiones y actividades. No se deposita confianza en el poder colectivo para enfrentar y revertir los problemas económicos, sanitarios o políticos que les aquejan directamente. Así lo expresa una participante: “Somos una comunidad que no tiene recursos propios y por eso no se puede hacer nada” (Ama de casa de la comunidad)

Dentro del poblado se observan diferencias sociales entre los vecinos. La primera de ellas se debe a la situación económica de las familias. Un grupo de personas conservan las viviendas y tierras cultivables expropiadas a los antiguos hacendados. De entre ellos un grupo supo tomar decisiones económicas acertadas y aprovecharon la buena ubicación de sus viviendas o la calidad de sus parcelas agrícolas para consolidar un nivel socio económico más alto en la comunidad.

Otra característica social que marca distinciones es el origen de los habitantes. Una parte de ellos son migrantes de la serranía peruana. Esta condición generalmente está asociada a menores recursos y estatus social. Adicionalmente, para un sector importante de pobladores resulta significativa la diferenciación de los vecinos según el tipo de iglesia cristiana a la que se adscriban, que puede ser católica o protestante. A pesar de la existencia de estas categorías sociales, no se aprecia que ellas generen algún sub-grupo que articule un sistema de cooperación para mejorar la situación material del pueblo en general, o de sus miembros en particular.

En la comunidad la evaluación de las perspectivas políticas y económicas futuras es negativa, por lo que la confianza y esperanza no caracterizan climas emocionales predominantes en la misma. Esta percepción de las emociones colectivas es más intensa en tanto menores sean los recursos con los que cuente la persona. Mientras las necesidades sean más apremiantes, se observan más manifestaciones como:

No hay economía, sigue la pobreza. Ojalá que se acomode. Uno dice, hasta cuándo durará, se preocupa, pero dice, a donde más me voy a ir, tendré que seguir buscándomelas. Es por falta de conocimiento que uno no intenta otras cosas. Agricultor de la comunidad.

El problema de la carencia de mecanismos de control social

No está institucionalizada en el pueblo la penalización de actividades individuales que pueden tener un impacto negativo sobre otros habitantes. Los juicios sobre estos comportamientos, efectuados durante actividades cotidianas, no suelen generar consecuencias costosas, en términos sociales, para los responsables. Así, se observa que algunos agricultores pueden lograr ganancias considerables a costa de inundar otros terrenos de cultivo e incluso casas cercanas. Los mecanismos para disuadir nuevas ocurrencias no son constantes ni poderosos y, en muchos casos, están supeditados a organismos estatales que controlan recursos, con las limitaciones ya mencionadas.

Es evidente que los pobladores perciben cierto nivel de interdependencia pues notan los resultados inmediatos de la falta de coordinación. Son ejemplos de estos resultados, el daño a los cultivos por no hacer efectiva la regulación sobre las áreas destinadas a determinados tipos de productos o la acumulación de basura que se produce por no tener un nivel de control sobre el recojo de deshechos (y la dependencia de intervenciones externas para solucionar este problema). Convive con esta percepción el recuerdo de la historia de fracasos de los intentos comunes por alcanzar objetivos más ambiciosos y de mediano o largo plazo (como la quiebra de una empresa colectiva de comercialización de productos agrarios).

Por otro lado, no son raras las historias de vecinos que aprovecharon el acceso a los cargos públicos para malversar las cuentas y enriquecerse en detrimento de los servicios y bienes comunes. Ciertas familias cuentan con mayores recursos fruto de privilegios pasados o de decisiones económicas acertadas e independientes de la toma de decisiones de los otros pobladores. En ambos casos, actuar en busca del beneficio individual, aún a costa del daño colectivo, resulta premiado y las actividades que de manera imprecisa pueden considerarse “faltas”, la mayor parte de veces no reciben sanción.

Una vez mi vecino quiso sembrar maíz y yo chile. De un momento a otro él se desanimó, ya no pude sembrar nada, me vi techado. Esto sucede porque si mi vecino no siembra, se me impide el paso del agua. Él está en la cabecera, el agua pasa primero por sus tierras. Me queje al comité de regantes y ellos solo me dijeron que converse con mi vecino. Agricultor de la comunidad.

La falta de claridad parece relacionarse con el hecho de que la búsqueda de bienestar individual por parte de los pobladores, si se realiza con destreza, resulta en logros personales y familiares, mientras que embarcarse en proyectos colectivos de larga duración frecuentemente lleva a pérdida de recursos y el daño consecuente al bienestar individual y de la familia. Por lo tanto, no se sanciona enérgicamente la sobre-explotación de un bien colectivo (agua, capacidad de drenaje del suelo, utilización de espacios públicos) porque tal como está la situación en la comunidad, la mayor parte de pobladores parecen dispuestos a sobre-cargar los sistemas de los bienes comunes. Este tipo de uso sería una de las pocas alternativas disponibles, o la única, para acumular recursos que les permitan en el corto plazo mejorar su calidad de vida o simplemente sobrevivir.

En este contexto, la sanción social será ambigua o no ocurrirá, aunque esto aliente la sobre-utilización futura de los distintos bienes comunes naturales o construidos. Así tenemos que los agricultores tenderán a emplear el agua de las formas y en los momentos necesarios para alcanzar una mayor producción, sin darle la misma importancia a las consecuencias que para otras tierras o para el poblado cercano tendrá el mal drenaje de los campos (que se deterioró porque con ello se ganó más área cultivable). De la misma forma, muchos pobladores pensarán en la forma más conveniente de deshacerse de su basura doméstica, aunque eso suponga tirar los desperdicios en zonas comunales que colindan con las casas de otros vecinos de la comunidad. Otro ejemplo de deterioro es el debilitamiento de la organización social debido al incumplimiento de las normas referidas a la cooperación. Desentenderse del trabajo de mantenimiento de la organización permite obtener beneficios de ella a costa de su fortaleza (que es lo que ocurre al apoderarse de dinero de la organización o beneficiar a agentes externos a cambio de gratificaciones). Este abandono del trabajo colectivo también brinda más tiempo y recursos para dedicarse a tareas individuales. Lo anterior es resumido en la siguiente cita: “Las autoridades se nombran arbitrariamente y al ocupar un cargo (cualquiera), agarran mucho poder y hacen lo que quieren” (Ama de casa de la comunidad).

Es frecuente que los pobladores reconozcan como deseable lograr una organización que permita encarar los múltiples problemas que experimentan (ausencia de titulación de sus viviendas, costos de producción y comercialización de las cosechas, deficiencias percibidas en la educación de sus hijos, etc.). Pero no confían en que una organización exitosa pueda nacer a partir de su iniciativa. Además, el nivel de preocupación que puedan experimentar por no estar organizados es contrarrestado por el recuerdo de los fracasos colectivos. En las últimas décadas los proyectos que han reportado recursos y posibilidades a las familias han sido los individuales. Cuanto mejores condiciones de vida ha logrado el poblador, mayor será su apuesta por enfrentar individualmente las consecuencias del deterioro de los bienes comunes y otros problemas que puedan avecinarse.

Discusión  

Los informantes mostraron una percepción negativa del clima emocional predominante en la comunidad. Resalta el clima emocional de desconfianza, el cual se expresa en las dificultades que los miembros de la comunidad atraviesan a la hora de plantearse posibilidades de organización. Si alguno de los pobladores propone a sus vecinos embarcarse en actividades para alcanzar metas comunes, no necesariamente se producirá la cooperación. Esto se encuentra relacionado con la inseguridad sobre el grado y el momento en que normas sociales orientadas al trabajo conjunto mostrarán capacidad prescriptiva.

Lo anterior resulta importante dado que según Brewer (2007) las expectativas de cooperación y seguridad, promueven una atracción positiva hacia los otros miembros del endogrupo. Al escasear ambas cualidades al interior de la presente comunidad, se podría plantear que los pobladores de ésta no estarían percibiéndose como un grupo cohesionado, llegándose a percibir a si mismos como sujetos no interdependientes.

Sin embargo, cabe resaltar que no todas las iniciativas de cooperación han sido desechadas en el discurso oficial (emitido por ejemplo en escuelas, dependencias públicas o en conversaciones informales donde se hace presente la deseabilidad social).Un grado mayor de vigencia de tales normas, superior al actual, sigue siendo una de las aspiraciones de los pobladores. Por lo tanto, se continúa manifestando aprecio por reglas que llevarían a los habitantes a colaborar entre sí para beneficio comunal y por normas que llevarían a líderes, autoridades y demás pobladores a cumplir papeles beneficiosos para el colectivo.

A pesar de ello, las normas de cooperación dentro del poblado se han debilitado y muchos habitantes se han enfocado en conseguir metas materiales individuales, que resultan primordiales para su sobrevivencia o el mantenimiento de un relativo nivel de bienestar. Asimismo, la historia de las últimas décadas en la comunidad estudiada ha arrojado muchas dudas sobre la conveniencia de la colaboración grupal como vía para alcanzar estas metas. En situaciones en las que la adscripción al grupo reduce su importancia como factor de adaptación a las demandas del contexto, las decisiones económicas racionales serán aquellas que persigan el bienestar individual (Brewer y Schneider, 1990). Es decir, las condiciones explican por qué la mayor parte de personas optan por buscar el beneficio personal aunque las consecuencias de sus conductas perjudiquen en el mediano y largo plazo a todos los habitantes.

Existe la sensación de que no es conveniente formar parte de una organización en la que muchos individuos solo buscan ganancias personales. Esto parece alentar la decisión de preocuparse solo por las ganancias propias, y ello, de acuerdo a la propuesta de Van Vugt y Hart (2004), es el camino que llevaría a la disolución del grupo como tal. Personas que podrían percibirse como interrelacionadas estarían privilegiando una serie de conductas en las que predomina el “yo” sobre el “nosotros”. Por otro lado, los vecinos pueden darse cuenta de que con sus decisiones cotidianas aumentan el deterioro de los bienes comunes, pero obtienen una ganancia relativamente rápida sin que reciban sanción por su papel en el agravamiento del problema.

Desde la perspectiva de los bienes comunes, y siguiendo a Brewer y Schneider (1990), los habitantes de la comunidad constituyen un colectivo interdependiente, en tanto son “todos aquellos que tienen acceso a un recurso o servicio determinado, de tal manera que la conducta de cualquier miembro con respecto al recurso provoca consecuencias para todos los miembros del grupo” (p. 171). Si bien los habitantes de la comunidad perciben las consecuencias que ciertas acciones individualmente beneficiosas tendrán para otros vecinos, les parece más adaptativo y racional perseguir el beneficio inmediato ya que el beneficio colectivo puede no llegar nunca, y esperarlo y promoverlo parece sólo llevar a un perjuicio concreto. Pero la interdependencia se da a muchos niveles y en configuraciones cada vez más complejas conforme se asciende a través de ellas. Por esta razón es muy probable que los pobladores no hayan reflexionado sobre todas las implicaciones que para sus vidas tiene la mutua dependencia conductual. Es así que no se observa mucha preocupación sobre el estado de bienes tales como el agua y los suelos, que pueden verse afectados por mala gestión y contaminados por agentes químicos sintéticos. Esta situación le debe mucho a la falta de información, pero en caso ésta existiese tampoco garantizaría la aparición de comportamientos coordinados para cuidar lo común. El contexto social, con reglas que premian la búsqueda de beneficios individuales sería el siguiente obstáculo para la tarea de buscar acciones coordinadas en pro de la conservación de recursos como el agua y el suelo.

Dentro del colectivo interdependiente hay distinciones sociales debidas al lugar de origen de los pobladores (migrantes de la sierra y originarios de la costa), a su confesión religiosa y a los recursos de los que dispone cada familia. Dichas diferencias culturales y sociales proveen de recursos y necesidades distintas a las familias de los distintos grupos. La identificación con la comunidad, por lo tanto, es un tema complejo, lo que hace aún más difícil la coordinación entre los pobladores. Ninguno de estos probables subconjuntos de vecinos ha desarrollado algún sistema de coordinación que lleve a conservar bienes comunes a lo largo del tiempo. No se observan normas sociales que aglutinen al total o a sub-grupos de pobladores en función de un objetivo compartido y que permitan conservar los bienes comunes mientras se lucha por incrementar el bienestar de todos los miembros del grupo.

Las categorías sociales construidas a partir de las confesiones religiosas pueden ser significativas para los individuos, pero no parecen tener un efecto directo y observable sobre la administración de los bienes comunes y la coordinación de conductas a lo largo del tiempo para mejorar las condiciones de vida actuales. Los grupos formados a partir de estas categorías significativas para el individuo, resultan importantes para la configuración de la identidad social pero como no implican el manejo de un recurso finito, no necesariamente impactan en el fortalecimiento de la cooperación. Sería interesante explorar entre los integrantes comprometidos decididamente con su grupo religioso local, si se está gestando algún tipo de norma que les lleve a cooperar en la administración de bienes comunes. También sería interesante conocer cómo los factores externos que inciden en la generación de un clima emocional interactúan con las potenciales normas de cooperación que podrían estar gestándose en esos grupos.

A pesar de la postura de la mayor parte de personas frente a los dilemas de los bienes comunes, en la comunidad hay un grupo de pobladores que continúan trabajando en temas de beneficio colectivo. Pero se trata de un pequeño conjunto de pobladores, que no encuentran fácilmente reemplazo y a los que casi siempre se les encarga estas labores. Se puede interpretar este hecho como una manifestación de un dilema de los bienes públicos: pocos individuos destinan tiempo y demás recursos a mantener los bienes compartidos a pesar de que todos se benefician con ello. Desde la perspectiva organizacional es posible afirmar que esta sobrecarga de labores y responsabilidades hace que el trabajo sea menos eficiente y que no esté garantizada la continuidad y la ampliación de los bienes comunes. Además, la ausencia de implicación y compromiso por parte de la mayoría de pobladores resta mucha potencia a la coordinación y ejecución que estos consiguen en base al esfuerzo y entusiasmo individual. En otras palabras no es deseable ni sostenible este esquema de funcionamiento de las pocas prestaciones colectivas actuales.

Por otro lado, muchas veces el esfuerzo de tales líderes se enfoca en objetivos muy puntuales que articulan conductas sólo hasta el momento de su consecución y que para concretarse dependen mucho, no sólo de su labor sino también de la disposición de agentes externos (Estado, gobiernos locales de mayor jerarquía política – que disponen de los recursos financieros que no tiene el poblado – u organismos no gubernamentales). La notoria dependencia del colectivo en relación a agentes externos sería una manifestación de las actitudes subyacentes relacionadas a la percepción de que detentan escaso poder y capacidad. Por tanto creerían que tienen muy pocas posibilidades de mejorar gracias a los medios colectivos; esto estaría asociado con emociones de tristeza y podría afectar la percepción que cada poblador tenga sobre sí mismo.

Una de las formas que los habitantes de la comunidad pueden implementar para reelaborar de manera positiva su auto-percepción es darle más importancia como elemento de identidad a su inclusión en otras categorías sociales. Apreciarán, por ejemplo, sus logros como comerciantes vinculados a mercados difíciles (como el limeño) y la capacidad de sus hijos para labrarse un espacio económico en zonas más grandes y promisorias del país. Estas mismas actividades les brindarán los recursos materiales necesarios para soportar el deterioro de los bienes comunes en su pueblo y, llegado el caso, trasladarse a una nueva ubicación. Tal perspectiva hace que el trabajo en pos de la conservación de los bienes comunes no les resulte prioritario, más aún si los esfuerzos de cuidado suponen restarle recursos a un plan de vida personal que proporciona más gratificaciones psicológicas. Por otro lado, quienes cuenten con mucho menos recursos se ven impelidos a aprovechar al máximo cualquier incremento de ganancia momentánea, incluso cuando esto agrava la situación de la comunidad y, por lo tanto, la suya propia a mediano plazo.

Parece ser que, al menos en un primer momento, se necesita la participación decidida de agentes externos que brinden ciertos recursos materiales y reglas de colaboración mínimas que estimulen a los pobladores a trabajar en pos del beneficio de la colectividad. Estos agentes podrían ayudar a fortalecer las organizaciones de base si logran que se amplíe el número de colaboradores y potenciales dirigentes dentro de ellas y si se institucionaliza esta cooperación en el contexto social de la comunidad.

La obtención de objetivos concretos, gracias al trabajo conjunto puede ir cambiando poco a poco las perspectivas de los pobladores y hacerles ver que involucrarse activamente con la comunidad tiene resultados prácticos y adaptativos, y es psicológicamente gratificante. Para conseguir este fin, el trabajo de los agentes externos debe propiciar la delegación de tareas y la construcción de capacidades y con ello contribuir a que la coordinación y acción conjunta de los pobladores se sostenga de manera autónoma a lo largo del tiempo.

Del mismo modo, se reporta promisorio el trabajo que podría hacerse afianzando los aspectos positivos de la auto-evaluación de los pobladores. Reforzándolos se podría contribuir con el afianzamiento de una identidad grupal motivadora que pueda, poco a poco, ir extendiéndose entre los miembros de la localidad. Si las personas aumentan su sensación de auto-eficacia y perciben que pueden controlar las manifestaciones de aprovechamiento corrupto de los recursos compartidos, por parte de líderes o pobladores egoístas, la cohesión grupal tendería a elevarse.

Finalmente se podría extender el presente estudio a otras comunidades de la zona con experiencias de trabajo cooperativo exitoso para la realización de un estudio comparativo, en el que se vislumbre de manera más clara la relación entre la disposición a la organización y las variables de clima socio-emocional e identidad. Dicho estudio generaría resultados positivos en la presente población, pues serviría para concientizar a la comunidad acerca de la importancia de organizarse para solucionar sus problemas y aumentar la calidad de vida.

 

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Correspondencia a:La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida al autor. Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú, E-mail: labarrera.pj@pucp.edu.pe

Fecha de recepción: Junio de 2011.
Fecha de aceptación: Diciembre de 2011.