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Psicoperspectivas

versión On-line ISSN 0718-6924

Psicoperspectivas vol.11 no.1 Valparaíso  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-69242012000100001 

Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 11, No. 1 (2012), Págs.: 1-7

EDITORIAL

 

Ruralidad: Desafíos y Proyecciones Para los Estudios Sociales


Durante los últimos 50 años hemos experimentado una enorme transformación del territorio rural y las formas de vida que tradicionalmente se desarrollaban en él. En Chile, recién en la década del ’60, se produce la Reforma Agraria que pone término a una forma de vida “auto-clausurada” en el espacio de la hacienda. Debemos recordar que la “Institución de la Hacienda” permitía que personas jamás salieran de ese territorio: se estudiaba en la escuela del latifundio, se trabaja para el patrón, se experimentaba una fuerte diferenciación entre los roles masculinos y femeninos, no se accedía a salario, no se participaba en la construcción política del país, etc.

Desde esa época a la actualidad, los cambios han sido vertiginosos. No podemos dejar de mencionar el gran desarrollo tecnológico, productivo y económico que ha experimentado el campo en diversas latitudes del mundo. Para el caso de Chile, todas las cifras nos muestran que el sector piscisilvoagropecuario se ha incrementado de manera sostenida a tasas superiores que el resto de la economía. El PIB agropecuario pasó de 452 mil millones de peso en 1960 a 3.080 mil millones durante el 2007 (PNUD, 2008). Por lo demás, la producción agraria se reorientó fuertemente hacia la exportación.

Aparejado con el desarrollo tecnológico del agro, el espacio rural se “modernizó”. Se aumentó la conectividad de regiones aisladas, se construyeron nuevas carreteras, se instaló televisión, telefonía celular e internet en los lugares más recónditos e inaccesibles que pudiéramos imaginar. Los servicios básicos como luz eléctrica y alcantarillado se extendieron masivamente.

La composición ocupacional de los trabajadores del agro cambió. Al tiempo que se incorporaron profesionales en el desarrollo de actividades agropecuarias, se vulnerabilizaron ciertos trabajos. Así, en la década del ’80, surge en Chile la categoría social de “temporera” para designar aquellas trabajadoras estacionales del agro, que han trabajado sin contrato laboral, bajo condiciones de flexibilización y precarización laboral. A pesar del desarrollo del agro, la fuerza de trabajo de este sector muestra un descenso sostenido en términos relativos. En 1986, el 20% del empleo total de Chile estaba representado por trabajadores de la agricultura, la caza y la pesca. Ya en el 2007, esta cifra alcanzaba sólo el 12% de la fuerza laboral (PNUD, 2008). Lo anterior pone de manifiesto la migración, particularmente de gente joven del campo a la ciudad.

La estructura tradicional de la familia rural también cambió. A modo de ejemplo, las familias numerosas -que caracterizaban las zonas rurales- han dado paso a familias nucleares muy similares a las de las zonas urbanas. Según información censal, si en 1992 el 22% de los hogares rurales estaba constituido por seis o más miembros; en el 2002 este tipo de organización social sólo se presenta en el 13% de los hogares. Con la incorporación de la mujer al trabajo, los roles familiares también se modificaron. Cabe destacar que la participación femenina en el mercado de trabajo piscisivolagropecuario ha aumentado a una velocidad mayor en las zonas rurales que en las urbanas (PNUD, 2008). Así, en el campo las mujeres comienzan a estar incluidas en el trabajo remunerado extradoméstico; lo que demanda una organización familiar nueva que responda a las demandas del trabajo reproductivo. De acuerdo a Valdés (1992), la incorporación de la mujer al mundo del trabajo agrario ha traído una sobre carga de actividades; ya que estas mujeres deben realizar de manera simultánea las actividades productivas remuneradas y las reproductivas propias del hogar.

Las oportunidades de acceso a la educación, es otra de las áreas que ha experimentado cambios significativos. El analfabetismo ha disminuido a niveles que se asemejan a los sectores urbanos y la cobertura de la educación básica y media se ha ampliado.

En efecto, las transformaciones que se han experimentado en zonas rurales no sólo han transcurrido a una alta velocidad, sino que también han tocado todas las esferas de la vida humana: trabajo, salud, educación, familia, conectividad, ocupación, etc. La información que tenemos de estos cambios viene reportada, principalmente, desde una perspectiva económica, sociológica e histórica; tal como se evidencia en los datos anteriormente entregados. Los estudios e investigación que abordan desde una perspectiva interdisciplinar en ciencias sociales temas como la subjetividad rural, la resignificación del campo, la percepción ante las oportunidades de desarrollo y bienestar personal y social, las formas familiares rurales, etc., están menos difundidos y se encuentras poco sistematizados.

En el XXXIII Congreso de la Sociedad Interamericana de Psicología realizado en Colombia en junio del 2011, la temática “Psicología rural” o “Ruralidad” estuvo ausente. A pesar de las enormes similitudes que se evidencian entre distintos países respecto del cambio en la ruralidad y de las enormes transformaciones que ha vivido el campo; esta temática permanece aún invisibilizada; como si la actual ruralidad fuera tan sólo un asemejarse a la tradicional urbanidad. Atendiendo a esta tremenda necesidad, un grupo de investigadores de distintas nacionalidades propuso la presentación de esta nueva área y grupo de trabajo al presidente Sr. José Toro Alfonso de la Sociedad Interamericana de Psicología.

Es en esta misma línea que el Volumen 11, Número 1 de nuestra Revista tomó la inquietud ya señalada. Así, la sección temática denominada Ruralidad: desafíos y proyecciones para los estudios sociales desea colaborar a generar un espacio para la difusión de trabajos científicos en el ámbito de la ruralidad y favorecer el desarrollo de discusiones que permitan diferenciar y especificar las formas de vida que en ella se dan. El presente volumen reúne un total de nueve artículos incluidos en la sección temática; la mayoría de ellos de origen latinoamericano cuyo foco de análisis varía de discusiones teóricas, pasando por experiencias relacionadas con las formas familiares y laborales y llegando a la discusión de la significación del campo, la territorialidad y los recursos del agro.

Los dos primeros artículos que presentamos desarrollan importantes discusiones teóricas en torno a la ruralidad y la montaña. Así la dificultad en la delimitación de lo rural y la diferenciación con lo urbano se aborda con gran profundidad en el artículo “Lo rural y la ruralidad en América Latina: categorías conceptuales en debate” del Dr. Juan Romero. En este texto, el autor nos propone desarrollar una vigilancia epistemológica al utilizar el constructo de “nueva ruralidad”. En efecto, se pueden observan cambios profundo en la composición del mercado de trabajo, la organización de la familia y la composición demográfica de una localidad; mientras que en otra, estos cambios pueden ser casi imperceptibles. Estamos frente a un fenómeno que bajo el nombre de ruralidad esconde una diversidad de organización social enorme; luego, el llamado es a tener la sensibilidad suficiente como para nombrar y visibilizar realidades muy distintas; que sin embargo se interrelacionan – inevitablemente- con el fenómeno de la urbanidad.

El artículo “La puesta en valor de las montañas: la renovación económica, social y política” de la investigadora Elvira Sanz Tolosana es el único texto que aborda el tema de la ruralidad desde la mirada europea. Será enriquecedora la propuesta de la investigadora, pues más allá de reportar el cambio que ha experimentado el campo en los últimos 50 años, se propone leer la ruralidad desde la implantación de valores “post materialistas”. Así, la montaña otorga la oportunidad de instalar nuevos oficios y de atraer a nuevos residentes que van a desarrollar nuevas formas de vida. Estamos ante una renovación económica, social, política e ideológica del espacio rural y, con ello, ante la posibilidad de reinventar nuevas formas de relaciones y significaciones del campo y la montaña. Los siguientes 6 artículos que exponemos en el presente número, dicen relación con experiencias latinoamericanas que visibilizan las formas laborales, la organización de la familia, la organización política y social de las comunidades o los problemas medioambientales. Lo interesante de estos artículos es que, desde diferentes regiones del continente y con metodologías muy variadas, exhiben la extensa diversidad de problemáticas, subjetividades y formas de vida que comúnmente tendemos a agrupar bajo el concepto de rural.

El artículo “Aspectos psicológicos de los problemas de organización de base y su relación con dilemas sociales en una comunidad rural de la costa norte de Perú” de los autores Pedro La Barrera, Agustín Espinosa, Rosa María Cueto y Jimena Ferrándiz va a retomar el problema planteado en el artículo anterior. Nos referimos a la dificultad de organización y agenciamiento social colectivo que viven las comunidades agrícolas. El texto sostendrá la interesante tesis del quiebre de la confianza y la pérdida de la esperanza como factores obstacularizadores de la construcción de colectividades. Desde el punto de vista de los autores, la larga historia de fracasos que han enfrentado las colectividades rurales en la construcción de cooperativas han favorecido un sentimiento de negatividad que ha terminado por ser una parte constitutiva de la identidad social y política del campesino. Lo grave de esta situación, es que esta desconfianza ha terminado por clausurar el sujeto en su propia individualidad y, con ello, ha afectado su calidad de vida.

La experiencia que nos reporta María Luz Roa respecto de los/as jóvenes de familias tareferas de la provincia de Misiones al noreste de Argentina evidencia una nueva forma de articulación laboral, social y familiar de la gente más joven. La autora nos informa del fenómeno de periurbanización de la mano de obra rural. Así, los más jóvenes desarrollan prácticas donde la escuela, la changa y la vivienda toman lugar en la ciudad y, el trabajo, en el agro. Lo anterior hace necesario que los jóvenes estén en constante movimiento entre el campo y la ciudad sin poder integrarse, adecuadamente, a ninguno de estos dos espacios. No obstante lo anterior, en palabras de la autora, esta práctica encierra un tipo de emancipación: los jóvenes al transformarse en trabajadores agrícolas periurbanos aportarán con dinero a su familia y, con ello, favorecerán nuevas organizaciones familiares.

También en territorio argentino, Diego Domínguez nos motiva a introducirnos en su texto “Recampesinización en la Argentina del siglo XXI”. El artículo aborda un tema ya desarrollado en esta sección temática; nos referimos al tema de la construcción de colectividades y comunidades. A diferencia de los datos que nos reportan las investigaciones realizadas en Perú y México; en Argentina, el autor nos informa de la construcción de una “perspectiva campesina” que se orienta a resolver -de manera colectiva- los desafíos del agro. Así, se exhibe la presencia de productores directos que organizan sus actividades en forma familiar y/o comunitaria,; que perseveran en sostenerse con independencia del mercado capitalista, que no operan con la lógica del patrón y el empleado, que son capaces de producir alimentos en el marco de la realización de una multiplicidad de oficios, y que en las últimas décadas han asumido identidades colectivas en un arco que va desde reivindicaciones étnicas (como pueblos originarios o modos tradicionales y específicos de vida) hasta tecnológicas (como la agroecología), o de modelos de sociedad (como las aspiraciones de soberanía alimentaria), etc. Se trata de poblaciones implicadas en procesos de subjetivación individual y colectiva que remiten de un modo u otro a una experiencia de autonomía.

El artículo “Posicionamiento sobre género en niños de una escuela rural en Chile” de las autoras Mónica Antonieta Ramírez Pavelic y Sylvia Fidela Contreras Salinas, expone los resultados de una investigación cualitativa en la que se invitó a participar a grupos de discusión a jóvenes mapuches de entre 8 y 13 años. Los resultados exhiben un fuerte apoyo a la concepción de masculinidad hegemónica. Entre las valoraciones que se desprenden de los análisis destaca el posicionamiento del hombre por sobre la mujer; se prefiere lo heterosexual por sobre lo homosexual; se prefiere el hombre fuerte por sobre el hombre débil; se prefiere el hombre trabajador por sobre el hombre desempleado. Pero además, ellos se definen frente a lo femenino repudiándolo. La interpretación que las autoras darán a los hallazgos, dice relación con la necesidad de construir “una corporalidad para los hombres” que permita el trabajo en el agro; es decir, la centralidad del cuerpo para la sobrevivencia.

El artículo “Familias rurales y sus procesos de transformación: estudio de caso en un escenario de ruralidad en tensión” de Ana Lourdes Castro Ríos, es un estudio cualitativo realizado en la región del Maule, Chile. Lo desafiante del artículo es que profundiza de tal forma en las prácticas sociales, que hace posible evidenciar el peso que tuvo la hacienda en la constitución de la subjetividad de las personas que habitan en el campo. Así, hasta nuestros días se observa un predominio de la dominación masculina en el hogar. El principal trabajo de la mujer sigue siendo el trabajo reproductivo y la subjetividad campesina sigue solicitando el apoyo del municipio para resolver sus problemas.

Finalmente, el artículo “Movimientos sociales rurales y problemática medioambiental: la disputa por la territorialidad” de Sofía Bowen, Felipe Fábrega y Rodrigo Mede es el que cierra esta sección temática. El texto aborda la interesante problemática de los movimientos sociales rurales. Se plantea como eje articulador de dichos movimientos la lucha por la tierra, a pesar que los especialistas mencionan que este objetivo ha perdido valor. No obstante, los autores proponen una relectura de la tierra en cuanto a referente identitario y, por tanto, articulador de las subjetividades colectiva.

Una vez presentado los artículos de esta sección temática, queremos detenernos en la imagen que este número lleva. La mujer sobre el caballo corresponde a una mural de la plaza de la ciudad de Talca, Chile. Se logra leer en el fondo de flores, la siguiente sigla: “Valorar nuestro pasado no significa vivir en él”. ¿Qué quiere comunicar esta frase? ¿Ante qué desafíos estamos?

Las interpretaciones pueden ser variadas, pero a la luz del presente número, se nos aparecen dos ideas. La primera de ellas, es la necesidad de reconocernos en nuestro pasado. La necesidad del recuerdo. La segunda, el deseo de proyectar un futuro; una nueva forma de vivir que quiebre con los cánones establecidos, una lógica que rompa la repetición. Así, interpretamos esta frase como la necesidad y oportunidad que tiene la gente que vive en territorios rurales de re-inventarse, de re-crearse, de proyectarse.

Para ellos, consideramos indispensable reconocer quiénes estamos siendo; cuáles son nuestros dilemas y tensiones; cuáles son nuestras amarras. Esperamos que este número, al mostrar el tema de la ruralidad en su diversidad, contribuya a crear una sociedad que valore lo rural y le brinde las oportunidades que requiere. Una cordial bienvenida a su nuevo editor y al equipo que inicia esta nueva etapa.

Paula Ascorra

Co-Editora

 

Bibliografía

PNUD (2008). Informe sobre desarrollo humano en Chile rural: Seis millones por nuevos caminos. Santiago: PNUD.         [ Links ]

Valdés, X. (1992). Mujer, trabajo y medio ambiente, los nudos de la modernización agraria. Santiago: Ediciones CEDEM.         [ Links ]