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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.10 no.30 Santiago dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682011000300025 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 10, N°30 , 2011, p. 531-535

Comentarios y reseñas de libros

 

Liberalismo y poder, Latinoamérica en el siglo XIX

Iván Jacksic y Eduardo Posada Carbó* (editores), Jorge Gaete Lagos

Santiago. Fondo de Cultura Económica. Primera edición. 2011. 342 páginas.

Magíster (c) en Historia, Universidad Nacional Andrés Bello

 

La emancipación de las colonias latinoamericanas fue un proceso que tuvo la influencia directa del liberalismo europeo, cuyo contenido ideológico formó parte primordial de la base que sirvió para organizar los Estados, los regímenes políticos y la construcción civil de estas jóvenes naciones. Sin embargo, este pensamiento se desarrolló de manera diferente y tuvo adaptaciones diversas en cada una de ellas, debido a que poseían necesidades y realidades diferentes.

Pues bien, este tema corresponde al eje central del presente texto, el cual está compuesto de una serie de artículos que analizan al liberalismo político europeo, además de su presencia en España, y su impacto en Venezuela, Perú, México, Chile, Argentina, Colombia y Brasil durante el siglo XIX. En conjunto a esto, los autores que forman parte de este libro abordan las distintas variantes que este pensamiento tuvo en los países señalados, y hacen hincapié en la situación interna de estos, como una manera de comprobar que a pesar de los obstáculos esta ideología logró sobrevivir.

Los dos primeros capítulos del libro logran introducirnos de muy buena manera a la problemática del liberalismo. En el primero de ellos, Iván Jacksic y Eduardo Posada Carbó nos hablan, entre otros temas, del renovado interés historiográfico que hay para estudiar a este pensamiento, y resaltan el papel que juegan las ideas para su comprensión. Por su parte, H.S. Jones rescata en su apartado los matices que tuvo esta ideología a lo largo de esta centuria, junto a algunos aportes hechos por la historiografía y por otras corrientes humanistas, y sugiere que el liberalismo debe ser comprendido como un estilo político más que como una doctrina, lo que permite ver de mejor forma las diversas corrientes que fluyen en su interior.

En el tercero de estos artículos, Roberto Breña estudia al primer liberalismo español y la proyección que tuvo en Hispanoamérica. Comienza mencionando que luego del arresto de Fernando VII y la posterior instauración de José I, hubo una mutación ideológica y una nueva idea de individuo, lo que se plasmó en la Constitución de Cádiz del 19 de marzo de 1812, la cual reunió principios políticos como la libertad e igualdad y viejas tradiciones como el pactismo, el iusnaturalismo y la neoescolástica. Luego de esto, señala que si bien Latinoamérica apoyó en un inicio a Fernando VII, la lealtad se empezó a perder cuando se instauraron la Junta Central y el Consejo de Regencia, lo que dio comienzo al proceso de instalación del liberalismo en el debate político.

Roberto Breña concluye su análisis indicando que en Latinoamérica no hubo un grupo "liberal", a pesar de que las ideas que comenzaron a gestarse influyeron en los sectores intelectuales y políticos de la región. A su vez, indica que en Latinoamérica el liberalismo se mantuvo dentro de la teoría, y fue aplicado por sus gobernantes de manera trabajosa, pausada y vacilante, debido a los contextos de estas naciones.

Posteriormente, Joseph Straka busca dilucidar lo que entendieron los venezolanos decimonónicos por liberalismo, como una manera de fundamentar la idea existente en ese país, la que afirma que en esa época todos compartían este pensamiento. Para lograr aquello, el autor se centra en el período comprendido entre 1810 y 1840, con el fin de rescatar los cambios ocurridos luego de la independencia, y menciona algunos referentes del liberalismo que hubo en Venezuela.

Además, se centra en los dos mayores exponentes que tuvo esta ideología durante esa centuria, los que fueron Simón Bolívar, el cual liberó a este país de la reacción realista (lo que le valió su apodo de "Libertador"), y el militar y ex Presidente Antonio Guzmán Blanco (conocido como el "Regenerador"), autor del libro En Defensa de la causa liberal. Aunque destaca que ambos fueron liberales, recalca que ambos pertenecieron a los costados distintos de esta ideología, porque Bolívar fue un liberal "sui géneris", ya que gobernó de manera autoritaria utilizando un cuerpo neutro de ideas liberales y conservadoras, para consolidar el orden en la nación, mientras que Guzmán Blanco buscó enlazar el republicanismo con el liberalismo.

En el quinto artículo, José Antonio Aguilar analiza el desarrollo que tuvo el liberalismo en México en aquella centuria, del cual destaca que fue una ideología de combate y de construcción nacional. A su vez, busca establecer la evolución de la ideología en tres momentos, los que denomina de consenso liberal (1820-1840), de disenso extemporáneo (1840-1876), y de ocaso del liberalismo (1876-1900). Junto con analizarlos, destaca que si bien en México existió la presencia liberal desde un inicio, hubo una alternativa conservadora luego de la guerra con Estados Unidos, y con el tiempo el liberalismo se transformó en positivismo, con ciertos frenos hacia una excesiva apertura al régimen democrático pleno.

Más adelante, Eduardo Posada Carbó analiza la evolución de esta ideología en Colombia, y menciona a algunos de sus más connotados representantes, como Ezequiel Rojas, Manuel Ancízar, José María Samper, y otros. El autor inicia su análisis enfocándose en Francisco de Paula Santander, quien fuera vicepresidente de Nueva Granada (1821-1827) y Presidente de la república (1833-1837), del cual señala que fue un civilista y un liberal moderado, por el respeto que le daba a las leyes. También indica que Santander fue influenciado por Jeremías Bentham, al que conoció luego de su exilio en 1830, y quiso acomodar sus ideas al interior del contexto colombiano.

También menciona los cambios que tuvo el liberalismo durante esta centuria, los que se originaron luego de los sucesos ocurridos en Francia en 1848, y por la publicación de obras como Los Girondinos de Lamartine, las que provocaron que los liberales colombianos radicalizaran su postura. A pesar de esto, la postura evolucionó a un liberalismo moderado, pero más relativo y tolerante que el de comienzos de siglo, gracias a la influencia de ideas de Herbert Spencer, las que se alejaban del dogmatismo al resaltar la importancia de la autoridad y el alejamiento del dogmatismo. Este autor fue recomendado en la Universidad Nacional por el profesor Rafael Núñez, y fue expuesto por el destacado escritor, ensayista y político Carlos Arturo Torres.

En el séptimo de estos ensayos, Iván Jacksic y Sol Serrano analizan el caso chileno. Destacan que la evolución de esta ideología no pasó por revoluciones, sino por reformas, gracias a la tradición política de Chile. Por otra parte, señalan que el liberalismo tuvo una rápida difusión, porque existió en la época la necesidad de ponerle cortapisas al Ejecutivo luego del autoritarismo mostrado por Bernardo O'Higgins, y por algunas disposiciones de la misma índole que contenía la Constitución de 1833, aunque la instauración de la República Conservadora en 1831 significó un repliegue en el avance que pudo haber tenido el liberalismo.

Junto a esto, los autores abordan una serie de temas relacionados con los conflictos políticos que hubo luego de las revoluciones que se generaron en la década de 1850. Entre estos, destacan el nacimiento de la fusión liberal-conservadora, y su quiebre luego de la "cuestión del sacristán", de las reformas liberales que impulsó Federico Errázuriz Zañartu, y de las leyes laicas aprobadas bajo el gobierno de Domingo Santa María. Todas ellas, implicaron la evolución de un liberalismo regalista a uno pluralista.

Otro tema que abordan tiene que ver con la influencia que tuvo el liberalismo chileno en la educación, ante lo cual indican que la Iglesia fue perdiendo el control en la materia. Es interesante rescatar que Jacksic y Serrano dan cuenta de la paradójica defensa que los liberales hicieron sobre el rol del Estado en el ámbito educacional, porque consideraban que este organismo sería clave para asegurar la igualdad social. Esto se tradujo en la Ley de instrucción primaria de 1860, la que aseguró gratuidad y proporción de población por escuela.

Posteriormente, Carmen McEvoy nos expone en su ensayo un análisis del caso de Perú. Si bien destaca que estas ideas estuvieron presentes durante la Independencia, resalta que tuvo fallas en su aplicación, como el exceso del lenguaje doctrinario, además de la inexperiencia política y del obstáculo que significaba la agenda de Simón Bolívar. De hecho, destaca que el ideario liberal sólo fue utilizado dentro de la retórica de los gobernantes posteriores a 1827, luego del fin del régimen bolivariano.

Luego de esto, la autora nos habla de la "república militarizada", la que se instauró luego del fin del régimen bolivariano, y fue causada por la pérdida de convocatoria que tuvo el modelo republicano liberal, y por el surgimiento de una aristocracia militar que dijo ser salvadora de la república. Esto implicó la construcción del Estado a través del poder de las armas, con lo que se establecía un espacio para la existencia de la guerra y para la presencia de un dictador militar, para hacer frente a los terremotos políticos.

McEvoy menciona que el concepto de República se consolidó gracias a la guerra de guerrillas de 1834, y a la guerra de la Confederación (1836-1839), aunque después indica que durante la década de 1840 hubo un hartazgo del predominio militar, el que había traído corrupción, a lo que se sumaron las diferencias regionales y la fragmentación. La autora señala que aunque el golpe de 1854 liderado por Ramón Castilla, junto a la posterior Constitución de 1856 fueron intentos de los liberales por consolidar su postura, el general conservador Domingo Nieto lo opacó con la promulgación de una nueva Carta Magna en 1860. Todos estos conflictos finalizaron con la llegada de Manuel Pardo en 1872, el cual era líder del partido civil, lo que marcó el inicio de la República Práctica.

En el séptimo apartado, Jeffrey D. Needell nos habla de las vicisitudes por las que pasó el liberalismo brasileño durante el período monárquico. Comienza hablando de la instauración de Pedro I, el cual formó una asamblea constituyente que 1823 para legitimar una monarquía constitucional, la que estuvo compuesta por monarquistas constitucionales, demócratas radicales y republicanos, y también indica que Pedro I abdicó en 1831 para evitar el ataque de la oposición liberal que fue surgiendo paulatinamente. Posteriormente, el autor nos habla del período de regencia que reemplazó al antiguo monarca, y se centra en los conflictos políticos que existieron bajo el reinado de Pedro II, el cual gobernó en conjunto con los liberales y los conservadores, según lo pidieran las necesidades del momento.

En el último de estos artículos, Paula Alonso y Marcela Ternavasio nos hablan sobre el liberalismo decimonónico que hubo en Argentina, del cual señalan que fue vernáculo. Ambas autoras comienzan destacando un primer momento republicano, el que comenzó con la Independencia hasta la administración de Juan Manuel de Rosas, período en el que hubo conflictos por la forma de gobierno que se quería adoptar, y por el surgimiento de poderes locales que llevarían a repúblicas provinciales.

Más adelante, mencionan que hubo un momento de liberalismo constitucional, el que predominó durante la segunda mitad del siglo XIX, y estuvo marcado por los conflictos que tuvo Buenos Aires con el resto de las provincias por no querer someterse a la Constitución de 1852. También destacan el surgimiento de los partidos políticos, y abordan temas como las crisis que hubo en la sucesión presidencial, los conflictos entre el sistema republicano unificador que pretendió imponer Bartolomé Mitre, y la consolidación definitiva del federalismo.

La lectura del presente texto permite comprender al pensamiento liberal de una manera mucho más profunda, porque todos sus artículos muestran detalladamente las distintas aplicaciones y enroques que tuvo este pensamiento en las naciones estudiadas. Por otro lado, cabe destacar que esta obra tiene la virtud de traer a colación un tema muy vigente hoy en día, porque tal como lo señala Frank Safford en el epílogo, el liberalismo político fue capaz de sobrevivir a los "naufragios" que hubo en el siglo XX, como los cuestionamientos que recibió a inicios de esa centuria, o las posteriores dictaduras latinoamericanas.

De esta manera, podemos concluir afirmando que los contenidos presentados en este libro representan un valioso aporte historiográfico, debido a que nos invitan a comprender de mejor manera a los sucesos que ocurrieron durante el siglo XIX en buena parte de nuestro continente. Además, los autores logran rescatar el poder que tienen las ideas en el desarrollo de los procesos históricos, lo cual se transforma en un elemento interesante que se puede aplicar en futuras investigaciones.