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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.10 no.30 Santiago dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682011000300023 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 10, N°30 , 2011, p. 495-521

Propuestas y avances de investigación

 

Migración, remesas y desarrollo. Estado del arte de la discusión y perspectivas1

Migration, remittances and development. State of the art of the discussion and perspectives

Migração, remessas e desenvolvimento. Estado da arte da discussão e perspectivas

 

Carolina Stefoni

Universidad Alberto Hurtado; Santiago, Chile. Email: cstefoni@uahurtado.cl

 


Resumen: El flujo de remesas desde los lugares donde trabajan los migrantes hacia las familias que residen en los países de origen, se ha transformado en las dos últimas décadas en un tema de amplio debate internacional que concita la participación de diversos actores. Desde temprano el análisis se centró en el papel que debieran de jugar estos flujos de dinero en el desarrollo de las comunidades locales, y eventualmente, de las economías nacionales. El presente artículo analiza distintas dimensiones de la discusión sobre la relación remesas y desarrollo. Se contextualiza el origen y sentido de estos flujos, dando importancia a la situación histórica que propicia la actual importancia de estas; se analizan también las distintas definiciones de remesas y los principales discursos que han articulado la relación remesa y desarrollo, para comprender los elementos políticos e ideológicos que subyacen cuando se plantea que las remesas constituyen una vía de desarrollo económico de las comunidades. Se analizan programas gubernamentales de apoyo a proyectos productivos, especialmente en México y El Salvador. La revisión bibliográfica desarrollada arroja que dichos programas son relativamente nuevos y que no es uno de sus enfoques el utilizar las remesas como elemento para combatir la pobreza, sino en vincular la migración con un concepto multidimensional de desarrollo social.

Palabras clave: remesas, migraciones, desarrollo local, capital social


Abstract: The flow of remittances from migrants working places to families residing in the countries of origin, has been transformed over the past two decades into a subject of international debate that attracts broad participation of various actors. From early analysis focused on the role these flows of money should play in the development of local communities and, eventually, of national economies. This article discusses various aspects of the discussion on the relationship of remittances and development. It contextualizes the origin and meaning of these flows, giving importance to the historical situation that favors their current importance, there are also discussed different definitions of remittances and the main speeches articulated the link remittances and development, to understand the political elements underlying ideological and it is envisaged that remittances are a means of economic development of communities. It analyzes government programs to support productive projects, especially in Mexico and El Salvador. The literature review reveals that the programs developed are relatively new and is not one of his approaches to the use of remittances as an element in combating poverty, but to link migration with a multidimensional concept of social development.

Key words: remittances, migration, local development, social capital


Resumo: O fluxo de remessas dos migrantes desde os lugares que trabalham para famílias que residem nos países de origem, tem se transformado ao longo das últimas duas décadas um tema de debate internacional que atrai ampla participação de diversos atores. A partir da análise inicial focado no papel que devem desempenhar esses fluxos de dinheiro para o desenvolvimento das comunidades locais e, eventualmente, das economias nacionais. Este artigo discute vários aspectos da discussão sobre relacionamento das remessas e do desenvolvimento. Contextualiza a origem eo significado desses fluxos, dando importância à situação
histórica que favorece a importância atual destes, também são discutidas diferentes definições de remessas e os principais discursos articulados sobre a relação remessas e desenvolvimento, para compreender os elementos políticos e ideológicos subjacentes quando afirma-se que as remessas são um meio de desenvolvimento econômico das comunidades. Analisa-se os programas do governo para apoiar projetos produtivos, especialmente no México e El Salvador. A revisão da literatura revela que os programas desenvolvidos são relativamente novos e não é uma de suas abordagens para o uso de remessas como um elemento no combate à pobreza, mas para a migração com um conceito multidimensional do desenvolvimento social.

Palavras-chave: remessas, migração, desenvolvimento local, capital social


 

Importancia de las remesas

Visibilidad y relevancia de las remesas

El interés en las remesas es relativamente reciente y las razones que lo explican se vinculan al menos con cuatro factores. El primero dice relación con el aumento en el número de emigrantes que salen desde la región hacia países desarrollados. Diversos estudios dan cuenta del cambio del patrón migratorio que ha experimentado la región latinoamericana (Villa y Martínez, 2004). Desde una migración de ultramar presente hasta mediados del siglo XX, caracterizada por la llegada de europeos en busca de oportunidades de trabajo, se ha ido transitando hacia una migración extra-regional, caracterizada por el incremento sostenido en la salida hacia países desarrollados, especialmente a partir de los ochenta. Si bien el destino principal de la migración latinoamericana ha sido Estados Unidos, en los últimos años se han sumado otros destinos más lejanos como España, Italia, Canadá y Japón. El tercer patrón planteado por Villa y Martínez (2004) se refiere a los movimientos poblacionales dentro de la región, que si bien se han mantenido constantes a través de los años, experimentaron ciertos vaivenes, principalmente en los años ochenta en el contexto de las crisis políticas y quiebres democráticos que sufrieron diversos países, aunque en los últimos años han recuperado su dinamismo. En el marco de estos patrones migratorios, destaca el incremento de la migración extrarregional y el proceso de diversificación, tanto en el origen de los países emisores, como en el destino de esta migración. Un dato que ejemplifica este incremento, es que entre 1990 y 2000 el número de inmigrantes latinoamericanos y caribeños en Estados Unidos, prácticamente se ha duplicado, cifra que representa las tres cuartas partes del total de migrantes de la región (Martínez, 2008). Frente a este incremento, la ecuación es bastante simple: a mayor número de emigrantes hacia economías desarrolladas, mayor cantidad de remesas ingresan a las familias, economías locales, regionales y nacionales de los países de origen.

Un segundo factor que explica el reciente interés en las remesas es la visibilidad que se logra a partir de la cuantificación del monto que reciben los distintos países receptores y la constatación de que este número se ha incrementado en las últimas décadas. En este caso, el uso de nuevas tecnologías ha contribuido significativamente a mejorar la forma de registro, lo que permite una contabilidad a nivel mundial más cercana a la realidad (Desa, 2004, p. 105). Si en 1985 se calculaba que el monto de remesas era de 40.000 millones de dólares, en 2004 esta cifra habría sobrepasado los 150 mil millones de dólares (Martínez, 2008). La situación en América Latina no hace más que confirmar esta tendencia a nivel mundial. El BID calcula que en el 2004 habría llegado a la región cerca de USD 45.000 millones desde el resto del mundo (Terry y Wilson, 2005), mientras que en 2008 -de acuerdo con el mismo Banco-, esta cifra redondearía los 70.000 millones de dólares (Meins y Wilke, 2009). Este incremento tiene relación con fenómenos de distinta naturaleza, principalmente con el incremento en el número de inmigrantes en los últimos años, pero también con la disminución en los costos de transacción (Desa, 2004, p. 105) y con los vaivenes que experimentan los tipos de cambio en relación con el dólar o el euro.

El tercer factor es el hecho de que parte importante de los países receptores de remesas son aquellos que tienen mayores índices de pobreza, desigualdad y subdesarrollo2 . Si bien países desarrollados también reciben remesas (y en cantidades muy significativas), la vinculación entre estos recursos y el desarrollo o superación de la pobreza, no es parte de los análisis o de los discursos en esas economías. En cambio, el fracaso de las promesas de desarrollo, los persistentes índices de pobreza y desigualdad que muestran los países de la región, lleva a ver en las remesas un factor clave en el desarrollo económico latinoamericano.

Existe un cuarto factor relacionado con la orientación que toma la política económica a nivel regional en un contexto de globalización de un modelo liberal de economía, donde se promueven procesos de descentralización que tienden finalmente a disminuir la presencia del Estado en las localidades. Márquez (2006) apunta a la coincidencia entre el desarrollo de políticas de descentralización, la promoción de la gobernabilidad local y la importancia que comienza a atribuírsele a las remesas. Para el autor las políticas de descentralización tienden a "desplazar la responsabilidad social del Estado hacia las entidades federativas y los municipios, y estos al sector privado, al tiempo en que ganan presencia las organizaciones no gubernamentales o tercer sector como principales promotores y practicantes del desarrollo local" (Márquez, 2006, p. 311). En este escenario, el discurso respecto de que los migrantes pueden y deben jugar un rol fundamental en el desarrollo de sus comunidades, se visualiza como un discurso político que tiende a reafirmar un modelo de desarrollo donde el Estado termina ocupando una función de coordinación y apoyo, más que de gestor e impulsor del desarrollo.

Estos cuatro factores permiten comprender la atención que han recibido estos flujos de dinero hacia la región latinoamericana. Se entiende por tanto el esfuerzo invertido en contabilizar los montos y conocer su evolución anual. El Banco Interamericano, a través de su Programa de remesas y del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), han liderado los procesos de contabilidad. Cuantificar los montos tiene grandes dificultades, ya que hay diversas formas de enviar el dinero a los países de origen y resulta extremadamente complejo poder hacer seguimiento a cada una de estas formas, especialmente cuando se utilizan mecanismos que no pasan por bancos u oficinas de envío.

Contabilizar las remesas

Actualmente la forma de cuantificar las remesas es a través de las balanzas nacionales de pagos. Esta información es recogida por los bancos centrales de cada país y remitida al Fondo Monetario Internacional, desde donde se elaboran las estadísticas comparadas. Sin embargo, el problema con utilizar la balanza de pago es que las categorías y definiciones que ahí existen no fueron diseñadas para identificar envíos realizados por migrantes, por lo que los registros tienen alta probabilidad de que aparezcan mezclados con otros tipos de envío, o simplemente no queden registrados (Martínez, 2008)3. Canales (2008) señala que la principal dificultad es el subregistro de los envíos, pues parte importante de los envíos sigue utilizando canales informales (envíos a través de personas). Adicionalmente, al recoger la información con la balanza de pagos se pierde información respecto de los usos y destinos que esas remesas tienen. Al respecto, Reinke y Patterson (2005, en Martínez 2008) señalan que las remesas de los migrantes autoempleados no se recogen en el rubro de "remesas de trabajadores", sino como transferencia de capital. Agregan que el Manual de Balanza de Pagos del FMI no contempla la categoría de inmigrante, pues solo distingue residentes (a partir de un año) y no residentes). Las ventajas, de esta metodología, sin embargo, son la comparabilidad de los datos a nivel internacional y la posibilidad de ofrecer una estimación a lo largo de períodos prolongados de tiempo.

Otros mecanismos para medir el flujo de remesas es la aplicación de encuestas a familiares en origen o migrantes en destino que permitan registrar información de los dineros enviados y/o recibidos (Durand, Parrado et.al, 1996). El problema con las encuestas es que son aplicadas a grupos acotados, por lo que se pone en cuestionamiento la representatividad de los resultados. Por ejemplo, las encuestas suelen realizarse en zonas urbanas por las mayores facilidades que reviste realizarlas en esos contextos, pero en países como México o República Dominicana, gran parte de las remesas tiene como destino las zonas rurales, quedando estas subrepresentadas o sin información. Una dificultad adicional con las encuestas es la validez del dato entregado, pues en determinados casos existe alta desconfianza por parte de familiares o migrantes para entregar este tipo de información, especialmente cuando la persona se encuentra en una situación de irregularidad.

Frente a las complejidades que presenta la medición con la balanza de pagos y las encuestas, Martínez plantea la necesidad de avanzar en modelos que combinen o triangulen ambos métodos de modo de alcanzar una mayor validez en la calidad de la información.

El ejercicio que permite conocer los montos reales que llegan a las economías nacionales y locales, así como conocer en qué son utilizadas las remesas, no es neutro a la visión que se tiene sobre qué son las remesas y qué relación pueden tener con el desarrollo. Por ejemplo, la forma que tienen los organismos internacionales como el BID o el Banco Mundial para presentar los resultados, logran que se visualice este capital como recursos frescos y posibles de ser invertidos en el desarrollo de las comunidades. Por ejemplo, es habitual que se relacione el monto de remesas que ingresa a un país con el PIB, los fondos por concepto de cooperación internacional o la inversión extranjera que recibe el mismo país (encontramos recurrentemente frases como "el monto de remesas de tal país equivale al x% del PIB o de la inversión extranjera"), sin embargo, la función y el origen de estos fondos no tiene ninguna relación con la función u origen de las remesas. Al presentarlos como comparables, se les presenta como equivalentes, despojándolos del sentido que las remesas tienen; al vaciarlas de contenido, se hace posible presentarlas como recursos "frescos" posibles de ser utilizados en programas de desarrollo o inversión local. Un ejemplo de ello queda reflejado en la siguiente cita de Terry:

Dada la magnitud de estos flujos, las remesas representan una gama enorme de posibles oportunidades no solo para cada familia, sino también para las comunidades locales y las economías nacionales. En el plano macroeconómico, las remesas pueden tener un fuerte impacto mediante el efecto multiplicador en el PIB, la creación de fuentes de empleo, el consumo y la inversión. (p.11).

Después de contabilizar las remesas y plantearlas como un recurso a ser utilizado en políticas y programas de desarrollo, el BID plantea la relevancia de bancarizar las remesas (democratización financiera), viendo en los inmigrantes posibles futuros clientes de la banca privada, especialmente en proyectos de inversión y construcción en las comunidades de origen. Una perspectiva crítica sobre la vinculación remesas y desarrollo cuestiona el supuesto de base -que las remesas están llamadas a jugar un rol central en el desarrollo- y plantea la importancia de comprender en primer lugar, qué son las remesas, que función cumplen y cómo se integran en la economía doméstica (Canales, 2008). A continuación se indican los montos y la evolución de los mismos en los últimos años, en la región latinoamericana.

Montos y heterogeneidad de las remesas en América Latina

En términos mundiales, desde 1985 las remesas han experimentado un incremento sostenido. Si en 1985 el monto total se calculó en 40.000 millones de dólares, en 1990 se estimó en poco más de 75.000 millones, en 1996, superó la barrera de los 100.000 millones de dólares, en 2002, 130.000 millones (Martínez, 2008).

Resulta interesante observar que las remesas no responden completamente a un patrón migración sur-norte, o desde países subdesarrollados a países desarrollados. De acuerdo con la información disponible, desde mediados de los ochenta, aproximadamente un 40% del total de las remesas se dirige hacia países desarrollados. De los 10 países que reciben mayor cantidad de remesas, al menos 5 responden a países desarrollados (Francia y Alemania como dos de ellos) (Martínez, 2008).

Uno de los efectos de la dispersión en los movimientos de personas registrado en los últimos años, es la heterogeneidad que se produce al intentar construir una tipología de países receptores. Martínez analiza esta heterogeneidad que se produce en la región Latinoamericana, consecuentemente con el incremento que experimenta en el monto de remesas que recibe, siguiendo la tendencia mundial.

A mediados de los 80 América Latina recibía aproximadamente el 10% del total de remesas en el mundo (equivalente a 1.120 millones de dólares), sin embargo, en los primeros años del siglo XXI recibe cerca del 33% (para el 2003 se calculó en 30.000 millones). Es decir, desde 1980 el monto de las remesas se ha duplicado cada cinco años. Este aumento, señala el autor, no es parejo en todos los países. De hecho, "más del 60% del total de remesas que ingresa a la región, se concentra en México, Brasil y Colombia, a la vez que Guatemala, El Salvador y República Dominicana acumulan un 20%" (Martínez, 2008, p. 207).

En función del monto de remesas, de su evolución en el tiempo, y de si se trata de una incorporación reciente o histórica, Martínez identifica 3 tipos de países receptores en la región:

a) Grandes receptores de remesas: México, Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala y República Dominicana son los países calificados como grandes receptores. Existen sin embargo, diferencias entre ellos, siendo la más relevante el hecho de que México se incorporó tempranamente en el flujo internacional de remesas, mientras que los otros países se insertaron en forma más reciente. Cada uno de estos países reciben un monto igual o superior a los 2.500 millones de dólares. México presenta una curva sostenida de crecimiento. Si en 1980 superó los mil millones de dólares, en 1990 recibió cerca de 4.000 millones. El Salvador es uno de los países que se incorpora recientemente al circuito de remesas. En 1992, se recibió cerca de mil millones de dólares mientras que en el 2004 los cálculos indicaron que recibió un total de 2.500 millones.

b) Receptores de nivel medio: Ecuador, Haití, Honduras, Nicaragua y Perú. El monto actual en estos países es cercano a los mil millones de dólares, y comparten el hecho de haberse sumado recientemente al flujo internacional de remesas.

c) Países de muy bajo nivel de recepción de remesas: Argentina, Bolivia, Costa Rica, Chile, Panamá, Paraguay, Uruguay y República Bolivariana de Venezuela. En estos países los montos de remesas no superan los 500 millones de dólares, y en casos como Chile y Uruguay, no alcanzan a los 150 millones.

La identificación de los montos de remesas que recibe cada país y la identificación de cuáles son aquellos que reciben más y su evolución en el tiempo plantea una serie de hipótesis que han sido materia de análisis y discusión. Una de ellas es poder identificar si existe relación entre los montos de remesas que reciben los países y algunas características macroeconómicas de los países, como por ejemplo, el tamaño de la economía -medido en términos del PIB- o el nivel de desarrollo (Martínez, 2008;

Canales, 2008).

En términos generales, pareciera no haber una relación lineal entre el PIB de los países y el monto de remesas recibidos. De hecho, algunos países con el PIB más alto de la región son los que reciben mayor cantidad de remesas (por ejemplo México y Brasil), mientras otros con similar PIB son los que reciben menos remesas (por ejemplo, Chile y Uruguay).

Conceptos y discursos en torno a la relación remesas y desarrollo

Definición y tipos de remesas

Existe un consenso en que las remesas son transferencias de recursos económicos desde lugares donde residen los migrantes hacia sus familias y/o comunidades en el país de origen (Delgado, 2009; Martínez, 2008, Canales, 2008). Delgado, Canales y otros sin embargo, plantean la necesidad de comprender la naturaleza de las remesas, el origen, las distintas funciones que cumplen, para de este modo comprender o fundamentar conceptualmente el rol que les competería en el desarrollo económico.

Una primera distinción que realizan estos autores es aquella entre remesas familiares o salariales y remesas colectivas.

Las remesas familiares son recursos que llegan directamente a la familia y son utilizadas principalmente en la reproducción material, social y cultural de sus integrantes. Si bien el principal uso es como parte del salario que recibe la familia, existen también otros usos, como por ejemplo, gastos especiales destinados a solventar costos asociados a problemas de salud específicos (tratamientos, urgencias médicas, operaciones). Un tercer tipo de uso detectado por los autores es para ahorro familiar, sin embargo, los montos destinados al ahorro dependerá de los ingresos totales que tenga la familia. Otros tipos de usos se relacionan con celebraciones, fiestas o llamadas telefónicas, lo que tiene por objetivo el mantenimiento de los vínculos entre sus miembros.

Estos distintos usos son posibles de ser agrupados en dos funciones principales de las remesas. La primera se refiere a la reproducción material de la familia, es decir, las remesas son utilizadas en alimentación, vestimenta, abrigo, educación, salud. La segunda se relaciona con la reproducción social de la familia. Aquí cobra importancia mantener los vínculos pese a la distancia espacial, realizar celebraciones que marcan encuentros y reencuentros familiares (cumpleaños, navidades, día de la madre, entre otros).

Para Canales (2008) así como para diversos autores, estas funciones corresponden al rol tradicional del salario. En estricto rigor, se trata de un dinero obtenido por un trabajo realizado por uno de sus miembros (proveedores principales y/o secundarios) y que permite la reproducción material y simbólica de la familia y de cada uno de sus integrantes. La diferencia es que en este caso el trabajador/a realiza su trabajo fuera de los límites territoriales de su hogar, incorporando un elemento de trasnacionalidad en el análisis. Ello implica por una parte, poner atención a las formas en cómo ese dinero debe o puede ser enviado (y los costos usualmente altos que piden las oficinas remesadoras); la importancia que adquiere la reproducción de los vínculos afectivos y familiares que permiten asegurar el envío de estos dineros; y la consideración al contexto de globalización económica que determina los procesos y formas que adquiere la integración de los migrantes en el mercado laboral internacional.

La recepción de este salario está sujeta al vínculo familiar que sostiene el migrante con la familia y que permite la transferencia constante de ese dinero. El vínculo entre el/la trabajador en el extranjero y la familia resulta central para que se produzca el flujo de remesas. En este sentido Moctezuma (2006) señala que las remesas "a) reafirman permanentemente las relaciones familiares; b) aseguran expresividad afectiva, al tiempo que atienden diversas situaciones de emergencia; y c) promueven la movilidad social de las comunidades" (p.92) Es importante considerar, tal como lo indica Durand (Durand, en Moctezuma 2006) que las remesas involucran relaciones sociales, de ahí que no se pueda considerar estos flujos económicos sin considerar el contexto social que las origina.

Situar a las remesas en el marco de la economía política global, por otra parte, requiere comprender que la expansión de la economía se basa en la reproducción de condiciones de desigualdad global, las que generan exportación de mano de obra barata a países altamente industrializados. En este sentido, una de las bases de la expansión de la economía global es:

La incorporación masiva de fuerza de trabajo barata a modalidades extremas de explotación laboral, donde la migración y en sentido más amplio, la exportación de fuerza de trabajo, se han convertido (...) en las piezas clave. Los resultados que arroja esta configuración capitalista son contrastantes: una descomunal concentración de capital; un agudo crecimiento de las asimetrías entre países, particularmente en el horizonte Norte-Sur, y un incremento sin precedentes de las desigualdades sociales. (Delgado, Márquez, Rodríguez, 2009, p.29).

Un segundo tipo de remesas son las llamadas remesas colectivas. Moctezuma las define como:

La constitución de un fondo de ahorro y uso colectivo que da cuenta de las prácticas extraterritoriales que lleva a cabo la comunidad migrante, sirviendo como medio para mantener permanentemente orientado el interés y el vínculo de los migrantes hacia su comunidad de origen, además de favorecer y fortalecer la recuperación de las identidades. (Moctezuma y Pérez, 2006, p.95).

El autor plantea la relevancia de distinguir distintos tipos de remesas colectivas en función del uso que se les da y de quienes las envían (Moctezuma y Pérez, 2006).

A partir de su estudio sobre variados proyectos sociales y productivos desarrollados gracias a remesas enviadas por migrantes, Moctezuma plantea que desde muy temprano en la historia migratoria México-Estados Unidos (década del sesenta), es posible detectar el envío de remesas colectivas por parte de clubes y asociaciones en el extranjero a localidades dentro de México. Ello da cuenta de formas de organización social que con el tiempo fueron consolidándose, creciendo y diversificándose. Los envíos iniciales, de acuerdo con el autor, eran más bien esporádicos, escasos, informales y por lo mismo, muchas veces invisibles para la sociedad general. Se trataba de donaciones realizadas por clubes de migrantes para mejorar la iglesia del lugar, entregar ropa, proveer de despensas a los más necesitados, apoyo especial a enfermos, minusválidos, accidentados, donar ambulancias y aparatos médicos, entregar regalos de navidad entre otros (Moctezuma, 2006).

Sin embargo, la posterior implementación de Programas Gubernamentales como el 3x1 privilegió el desarrollo de proyectos productivos, invisibilizando este otro tipo de prácticas y que son parte de la tradición migratoria mexicana. Para el autor, las motivaciones que llevan a los migrantes a reunir y enviar dinero para fines comunitarios se vinculan principalmente con aspectos identitarios del migrante con su comunidad de origen, generando un tipo particular de prácticas sociales y culturales asociadas a estas motivaciones. Con el paso de los años el autor señala que estas prácticas han experimentado procesos de diversificación, pero pese a ello, se han mantenido fuera de "la mirada instrumentalista de las remesas". Al estar vinculadas estas remesas con un carácter simbólico y social, los recursos que este tipo de iniciativas despliega y genera han sido escasamente abordados por las políticas gubernamentales y por los estudios académicos. Este tipo de prácticas favorece la "organización social y lo que de ello se deriva, desempeñan un papel fundamental en el desarrollo económico de muchas regiones de México y son útiles para el diseño de políticas públicas" (Moctezuma, 2006, p.97).

El autor distingue tres criterios para diferenciar tipos de remesas colectivas: i) en función del uso de remesas; ii) de los beneficios que se espera obtener y iii) del tipo de remesador. Por uso entendemos el objetivo que convoca la recaudación del dinero, por ejemplo, pintar la fachada de la iglesia, alumbrado público o simplemente la celebración de una fiesta patronal. Por beneficios que se espera obtener, se entiende el retorno -sea económico o social- que se logrará a partir de la inversión del capital económico. Estos retornos son directos e indirectos, pero para efectos de la organización de la discusión en torno a distintos tipos de remesas colectivas, resulta más prudente incorporar inicialmente los beneficios directos, previamente identificados por los propios migrantes. Por tipos de remesadores, distingue el migrante ahorrador, aquel que ha logrado acumular un cierto capital con el claro objetivo de realizar algún tipo de inversión. Puede ser que llegue a su comunidad con todos los ahorros reunidos mientras estaba en el extranjero, o que los haya enviado durante un tiempo más largo a sus familias, o que haya ido invirtiendo a lo largo de los años en compra de material e infraestructura. Un segundo tipo es el migrante empresario, aquel que pasó del ahorro en la inversión y gracias a ello cuenta con empresas. "Se trata de un inversionista de carácter privado que tiene como finalidad la obtención de ganancias a través de la producción y venta de bienes y servicios" (Moctezuma, 2006, p. 104). La posibilidad de disponer de capital, su conocimiento en el manejo de negocios y su vinculación con la comunidad de origen, determina que en ciertos casos, estos empresarios inviertan en proyectos (usualmente productivos) en su comunidad de origen. El tercer tipo es el migrante retirado, referido a aquellos migrantes retornados que utilizan sus aprendizajes, conocimiento y experiencia adquirido en el lugar de emigración, en una inversión dentro de su comunidad.

A partir de estos tres criterios Moctezuma distingue tres tipos de remesas colectivas: 1) remesas colectivas con fines sociales y comunitarios; 2) remesas productivas con beneficio a socios que invierten capital y 3) sistemas mixtos de organizaciones sociales que deciden invertir en proyectos productivos en las comunidades de origen. Este último tipo ha sido impulsado mayoritariamente por Programas gubernamentales (por ejemplo 3x1 en México), sin embargo presenta problemas pues las organizaciones sociales funcionan con lógicas, dinámicas, prácticas y motivaciones distintas a las de socios que deciden invertir en proyectos productivos.

Uno de los problemas ha sido precisamente que los programas gubernamentales y programas de las agencias internacionales han visto en las organizaciones sociales un recurso social, (capital social) posible de ser utilizado en proyectos de desarrollo económico y han adicionalmente invisibilizado el hecho de que ese capital social tiene en sí mismo un retorno y un beneficio social y cultural de gran impacto para las comunidades y que incluso se puede poner en riesgo si el proyecto de inversión productiva en el que se involucran, fracasa. Los tejidos sociales, las relaciones sociales, y el capital (confianza, cohesión, participación), pueden resultar seriamente dañados.

Por otro lado, el estudio de las experiencias de inversión productivas llevadas a cabo en México (y estudiadas por Moctezuma), identifican una serie de aspectos contextuales y estructurales que favorecen el desarrollo y éxito de estos proyectos. Por ejemplo, tamaño del mercado local; condiciones económicas y productivas de la comunidad, existencia o no de procesos de reconversión, fuerza productiva disponible, entre otras.

Un aspecto interesante de analizar es la potencialidad que revisten las organizaciones sociales, asociaciones de inmigrantes en el exterior, y su vinculación en proyectos, sociales o productivos en la comunidad de origen. La participación en proyectos trasciende la vinculación con una organización social determinada en varios sentidos: involucra participación en la propia asociación, con impacto apara quienes forman esa asociación; involucramiento con asociaciones, organizaciones en comunidad de origen; impacto en esa comunidad, estrechamiento de vínculos entre quienes quedan y quienes migran, participación en toma de decisiones, es decir, adelanta la constitución de una ciudadanía sustantiva. Emerge en este contexto un actor social particular, el migrante colectivo trasnacional (Márquez Covarrubia, 2006, p.310)

De este modo, este tipo particular de remesas se asocia a una serie de prácticas sociales de diversas organizaciones, y la presencia estatal no incide necesariamente en su producción. Se trata, a juicio del autor, de una ciudadanía sustantiva, donde los migrantes de organizan en colectivos que trascienden el colectivo de su pueblo de origen, pues necesariamente involucra un elemento trasnacional, pues hay un involucramiento de asociaciones y comunidades tanto en origen como en destino.

Al igual que en el caso de las remesas familiares, las remesas colectivas también incluyen una serie de relaciones sociales. La comprensión de estas relaciones sociales permite entender de mejor manera las implicancias sociales de estos flujos de recursos, más allá de las inversiones sociales o productivas que ellas pueden generar. La mantención del vínculo con lugar de origen, la asociación y participación en organizaciones y clubes en el extranjero, la conexión con las demandas de la comunidad, son algunas de las relaciones sociales que se reproducen a partir de las remesas colectivas.

Para retomar la pregunta por remesas y desarrollo, y recogiendo las distinciones realizadas hasta aquí, es necesario comprender ¿de qué hablamos cuando hablamos de desarrollo? Para ello es central distinguir desarrollo social (que incluye mejoramiento de condiciones de vida de la familia y desarrollo de capital social entendido como participación, ciudadanía, etc.) de desarrollo de proyectos productivos (que tiendan a generar empleo, inversión). Esta distinción ayuda a pensar en qué es lo que se quiere incentivar con el uso de las remesas colectivas.

Desarrollo local y desarrollo económico local

Como una forma de distinguir el rol que las remesas juegan en el desarrollo, Márquez (2006; 2007) analiza la diferencia entre desarrollo local y desarrollo económico local. El autor plantea la relevancia que adquiere la localidad en el discurso en torno al desarrollo y señala que ello coincide con la implementación de políticas que desencadenan procesos de descentralización, en los que se termina por desplazar la responsabilidad del estado, a los municipios, a las organizaciones sociales, y finalmente a los privados. En este contexto, las remesas se entienden como un recurso que permitiría capitalizar e impulsar proyectos de desarrollo tanto a nivel privado como de organizaciones. El problema, a juicio del autor, radica en que se confunde la intención de auspiciar una gobernabilidad local, pero con un gobierno paradójicamente más disminuido por las políticas neoliberales introducidas.

Una primera definición de desarrollo local, es concebirlo como una estrategia dirigida a "asegurar mejores condiciones de vida de la población local, tratando de centrarse (.) en la mejor utilización de los recursos locales, a fin de promover nuevas empresas y puestos de trabajo local" (Albuquerque, 2003, en Márquez, 2006, p.311). En esta definición se supedita el propósito social al propósito empresarial. Un discurso con una semántica similar se encuentra en el planteamiento de que el desarrollo económico (inversión, proyectos productivos) traerá desarrollo social (empleo, mejoramiento en calidad de vida), equiparando las ganancias del sector privado con el mejoramiento en la calidad de vida de la población en general (Márquez, 2006, p. 311).

Este modelo de desarrollo se basa en 5 principios que Márquez discute desde una perspectiva crítica. Su argumento central es que las prácticas micropolíticas y microeconómicas que realizan los ciudadanos, que son convocados por instituciones locales, terminan por legitimar un orden económico basado en principios políticos neoliberales.

a) Frente a la aseveración de que los recursos de la comunidad constituyen el principal componente de la inversión productiva, Márquez señala que la inversión pública en la lógica neoliberal, se concibe como un complemento a los recursos de la comunidad, y no como el soporte central y decisivo de acumulación.

b) El segundo principio es la necesidad de descentralización hacia el Municipio. Para el autor esta idea -sobre la que se basa parte importante de la modernización del Estado- ha supuesto programas de austeridad y reducción que se traducen por una parte en mayor descentralización y por otra, en delegar responsabilidades de desarrollo a la sociedad civil.

c) La participación como mecanismo para obtener consenso. Este principio, si bien concibe a la participación como una nueva fuente de poder, en estricto rigor, no se trata de un poder político. Se llama a los actores a involucrarse en procesos de desarrollo, a partir de la incorporación en distintas fases del desarrollo económico local, pero difícilmente en las decisiones iniciales.

d) Frente al objetivo de gobernabilidad y democracia local, señala que uno de los objetivos políticos en el ámbito local es lograr un escenario de gobernabilidad local a través de la participación ciudadana. En este sentido, la participación ciudadana (micropolítica), termina a juicio de Márquez, legitimando la reproducción del sistema económico.

El autor, pese a su perspectiva crítica observa que en este modelo residen las claves de transformación que pueden ser utilizadas por los propios actores, de modo de evitar escenarios de legitimación del orden establecido por las políticas neoliberales:

Los cinco principios básicos del desarrollo económico local (.) son portadores de una paradoja, mientras que su lógica operativa está orientada a consensuar la política neoliberal, en determinadas circunstancias, abren ventanas de oportunidades para la movilización de los sujetos sociales. (Márquez, 2006, p.314).

Con este marco de fondo, el autor recurre a una distinción entre desarrollo local y desarrollo económico local, asumiendo en primera instancia, que el desarrollo local es multidimensional, por lo que el desarrollo económico queda supeditado al primero (y no a la inversa). Desde una perspectiva multidimensional entonces, el desarrollo local tiene el propósito de "mejorar las economías locales a través de la implementación de estrategias que permitan el fortalecimiento y crecimiento del sector básico orientado a mejorar los niveles de acumulación local, incrementando las riquezas, optimizando el uso de los recursos naturales y artificiales existentes" (Arroyo, 2005 en Márquez 2006, p.312). De este modo, el desarrollo económico local significa "un proceso de capitalización vinculado al desarrollo selectivo de empresas, particularmente pequeñas y medianas (Pymes), pertenecientes al llamado sector básico o estratégico, que fortalezca la estructura productiva y alimente la acumulación local" (Márquez, 2006, p.312). El autor identifica tres fases que son parte del proceso de desarrollo económico local: gestión, promoción y resultados. En estas fases, la creación de un fondo de financiamiento y la organización del sector productivo, son elementos centrales. A partir de ello, la orientación del desarrollo económico local pasa a ser la promoción de la inversión productiva y la creación de empresas combinando recursos locales y extralocales. Resulta interesante plantear que el desarrollo social de la comunidad no es una consecuencia del desarrollo económico. Al ser multidimensional es fundamental la interacción que establece este modelo de desarrollo económico con los otros ámbitos como son calidad de la educación, salud, uso tecnologías, entre otros.

Una vez realizadas estas distinciones, es posible comprender las aristas que ha tenido la discusión en torno a la vinculación entre remesas y desarrollo. Diversos autores coinciden en identificar dos posiciones (opuestas) en esta discusión: la funcionalista y la estructuralista, que se analizarán a continuación.

Remesas y su vinculación con el desarrollo

Se ha indicado que la relación remesas y desarrollo es parte de la discusión desde el momento en que las remesas comienzan a adquirir notoriedad económica y política. Parte importante de esta discusión se ha llevado a cabo en México, debido a la importancia que adquiere la migración desde ese país a Estados Unidos, pero además, debido al acuerdo económico alcanzado entre ambos países (NAFTA o TLCAN), como promesa de que dicho acuerdo incentivaría el desarrollo de ambas economías. De acuerdo con diversos autores, sin embargo, lejos de alcanzar un desarrollo, la economía mexicana se ha visto imposibilitada de retener a su población, la que año tras año, busca en Estados Unidos una posibilidad de trabajo.

El primer enfoque de análisis en torno a la relación remesas y desarrollo es el estructuralista, que dominó la discusión durante los años 70 hasta mediados de los ochenta. Desde esta perspectiva se describen los efectos negativos de las remesas principalmente en países de origen, vinculados con la inflación que experimentaron los precios de la tierra y de algunos bienes en los países de origen. Otro tipo de efecto negativo de las remesas, que se analiza desde este enfoque, son las diferenciaciones sociales que se producen al interior de la comunidad producto de quienes reciben y quienes no reciben remesas; y en la disminución de la mano de obra y falta de estímulo para que los jóvenes trabajen en las economías locales.

Los autores que escriben desde esta perspectiva plantean la emergencia de un círculo vicioso que perpetúa las condiciones de atraso estructural de los lugares de origen, lo que termina por retroalimentar el proceso migratorio, relegando a las localidades a simples exportadores de fuerza de trabajo (Martínez, 2008; Canales, 2008). "Si bien las remesas permitían elevar el nivel de vida y de consumo de la población, para mantenerlos era necesario recurrir constantemente a la movilidad del capital humano, ya que en las comunidades no había fuentes de ingreso alternativas equiparables a las remesas" (Martínez, 2008 p. 194). En las comunidades de origen se producía lo que Reichert denominó, una cultura de dependencia de las remesas, es decir, la única manera de mantener el consumo familiar y la escasa actividad económica local, es enviando a uno de sus miembros al exterior.

En el mediano plazo, las consecuencias también eran nefastas para la comunidad. Frente al poco incentivo existente para los jóvenes para trabajar en las actividades agrícolas tradicionales de las localidades, las estructuras productivas terminaban por transformarse de agrícolas, por ejemplo, a ganaderas. Estos cambios en la economía sumados a los nuevos conflictos sociales producto de las diferenciaciones que produce el hecho de que ciertas familias reciban remesas y otras no, plantean el deterioro de las estructuras sociales tradicionales. Los estudios realizados por CEPAL (en Martínez, 2008) destacaban ya en ese entonces, que la mayor parte de las remesas recibidas por la familia, eran destinadas al consumo, situación que fue utilizada como argumento y justificación por un lado, del poco impacto en el desarrollo de la comunidad, y por otro, en la inflación de precios que se producía en las localidades receptoras de estos recursos. Finalmente se señala que los que salían más beneficiados resultaban ser los fabricantes y comerciantes se las zonas urbanas que suministraban los bienes (Wiest, 1984, en Martínez, 2008).

El segundo enfoque se denomina funcionalista y ha dominado la discusión hasta fines de los años noventa. El surgimiento de esta perspectiva coincidió con los programas de ajuste estructural implementados en la región y con las reformas económicas llevadas a cabo, inspiradas en un modelo donde retrocede la centralidad del Estado y se posiciona al individuo como el actor central en su propio proceso de desarrollo. La centralidad del individuo y la posibilidad de que las remesas se conviertan en un fondo de inversión para proyectos productivos de grupos particulares, son dos elementos, que desde este enfoque, se refuerzan y potencian mutuamente.

Así, las remesas conformarían un capital económico que junto con otros capitales sociales (redes familiar, trabajo familiar y comunitario, organizaciones de migrantes, entre otros), constituirían recursos de los individuos y las comunidades, los que bien gestionados, jugarían un rol central en superar las condiciones de vulnerabilidad y pobreza (Canales, 2008).

Este enfoque ha sido desarrollado y sustentado ampliamente por organismos internacionales (Banco Mundial, BID, FMI, UNCTAD, entre otros), los que a su vez proponen y promueven programas de apoyo a iniciativas en el uso productivo de las remesas. Se trata, a juicio de Canales (2008) de un primer tipo de discurso sin demasiada sustentación empírica ni teórica. Adicionalmente existe un discurso desplegado en artículos académicos que busca dar sustento empírico a estos modelos de acción política enunciados por estos organismos internacionales y algunos gobiernos locales.

De esta manera se van consolidando dos ideas centrales:

a) Las remesas tendían un papel de promotoras del desarrollo económico, directamente a través del financiamiento de proyectos productivos e infraestructura social, e indirectamente a través de los efectos multiplicadores del gasto que ellas financian.

b) Las remesas jugarían un rol central en la reducción de los niveles de pobreza y desigualdad social.

Lo interesante, tal como plantea Canales, es la convergencia entre el discurso que se crea en torno a la potencialidad de las remesas para la superación de la pobreza, con el enfoque político que desplaza al Estado como institución central para la superación de la pobreza, a la promoción de una correcta gestión de los activos y recursos de los pobres "para que ellos mismos enfrenten y superen su situación de pobreza" (Canales, 2008, p.8). En este contexto, los programas gubernamentales tienen por objetivo orientar las remesas hacia la creación de pequeñas y medianas empresas, así como a hacia otro tipo de gastos que fomenten la formación de capital productivo (Ratha, 2003, en Canales, 2008).

En relación a aquellos trabajos de carácter empírico que buscan dar sustento a las propuestas de políticas implementadas por los organismos internacionales y gobiernos locales, los focos de atención han estado puestos en estimar el efecto multiplicador de las remesas sobre el PIB, con lo que se puede calcular el impacto efectivo de las remesas sobre la economía. De acuerdo con Canales, este efecto multiplicador depende directamente de la propensión a ahorrar e indirectamente de la propensión a importar. De acuerdo con Adelman y Taylor (1990, en Martínez 2008) el efecto multiplicador de las remesas en la economía mexicana era del 2.9% Co este dato en la mano, se estimó que los 2.200 millones de dólares que entraron a la economía mexicana habrían generado 6.500 millones de dólares adicionales (Martínez, 2008).

Otro foco de atención de estos estudios ha sido analizar y medir el impacto de las remesas en distintos ámbitos de la economía nacional (por ejemplo, distribución del ingreso, reducción de la pobreza, impulso al crecimiento económico, formación de capital humano).

La discusión sobre el rol de las remesas en el desarrollo no se agotó con la perspectiva funcionalista, sin embargo, no hay demasiada coincidencia sobre cuál es el tercer momento en esta discusión. Para Márquez, el tercer momento se caracterizaría por la emergencia de un nuevo actor social, el migrante colectivo trasnacional (2006), que estaría llamado a jugar un rol importante en el contexto de una economía globalizada. En el caso de Moctezuma, en cambio, vislumbra un momento de síntesis entre ambas posiciones, una suerte de punto intermedio, donde se asumiría que las remesas tienen ventajas y potencialidades, especialmente en términos del desarrollo de capital social que estas generan.

Las mayores coincidencias, entonces, se producen en el diagnóstico de las dos visiones sobre la relación remesas y desarrollo. Por un lado se refuerza la visión de que las remesas se vuelvan un factor clave en las políticas de desarrollo de las economías nacionales, en las de superación de la pobreza y disminución de la desigualdad. Por otro lado, existe la visión crítica que cuestionan los fundamentos teóricos y políticos detrás de estas afirmaciones. Es en torno a esta discusión donde se producen avances significativos, pues en los últimos años se observa un esfuerzo por otorgar un marco conceptual que permita anclar la discusión a consideraciones teóricas y técnicas respecto de la real vinculación entre remesas y desarrollo. Algunas de las preguntas que buscan ser resueltas son: ¿qué son las remesas?, ¿qué tipo de remesas existen?, ¿cuál es su origen?, ¿cuáles son las funciones que cumplen? El estudio de Canales (2008) por ejemplo, cuestiona el hecho de que se establezca a priori una relación positiva entre remesas y desarrollo y que ello se transforme en el punto de partida para pensar programas y políticas públicas que busquen incorporar las remesas en programas de desarrollo, inversión y crecimiento. Sugiere por el contrario, que es necesario cuestionar este a priori y comprender primero cuál es la naturaleza de las remesas y cómo estas se incorporan en la estructura familiar. El impacto de las remesas solo puede responderse, señala, si se comprende su origen y el rol que juegan dentro de la estructura económica de la familia.

Programas y políticas en torno a la relación remesas y desarrollo

Otro foco de análisis se concentra en la evaluación de programas específicos que se han desarrollado en base a la incorporación de capitales provenientes de las remesas de migrantes, de capitales provenientes de gobiernos locales, regionales y en algunos casos, de agencias internacionales. En estos casos, la discusión ha girado en torno a los fundamentos de estas políticas/programas, evaluaciones de los programas llevados a cabo, evaluación de los proyectos realizados, análisis en torno a las fortalezas y debilidades de estos programas, así como propuestas de mejoramiento. Se trata principalmente de estudios de caso que buscan o bien legitimar la relación virtuosa de remesas y desarrollo, o bien, identificar las condiciones particulares que favorecen el éxito de una iniciativa de modo de poder diseñar estrategias similares en otros lugares del país o de la región. Un aspecto interesante de incorporar en este foco de atención es el análisis en torno a las externalidades que representan estos programas para las organizaciones que envían remesas colectivas. Moctezuma (2006), en este sentido, analiza los impactos que tienen las organizaciones de clubes en el extranjero, participar en este tipo de iniciativas, por ejemplo en cuanto a vinculación e identificación con el lugar e incluso con el país de origen, vinculación con otras organizaciones sociales, participación en decisiones políticas y económicas que involucran a sus comunidades de origen.

La revisión bibliográfica, sin embargo, da cuenta de que el desarrollo de programas de desarrollo a partir de las remesas enviadas por los migrantes, son relativamente nuevos, y su implementación coincide con que se trate principalmente de aquellos países que han sido denominados "grandes receptores". Esto no quiere decir que todos los países que reciben importantes cantidades de remesas, han implementado algún programa de desarrollo en esta línea. Sin embargo, la revisión de algunas de las iniciativas llevadas a cabo en la región, apunta a un elemento aún más central referido a la débil vinculación que existe entre estos programas y políticas nacionales de desarrollo social y económico. El desafío pareciera estar puesto más que en pensar cómo las remesas podrían disminuir la pobreza, en vincular la migración con un concepto multidimensional de desarrollo social, en donde el posible uso productivo de las remesas hiciera parte de un programa más amplio de desarrollo con pleno involucramiento de los diversos actores políticos, institucionales y sociales.

Ello implica hacer parte a las migraciones de políticas más generales de desarrollo y no traspasar a los migrantes la función que debe asumir las políticas públicas. Otro aspecto interesante de puntualizar es la importancia de encuadrar aquellos programas de inversión y usos de remesas, en políticas y programas de retorno más generales o bien en programas de integración de la comunidad de emigrantes en el exterior con las comunidades locales y nacionales en origen.

Revisaremos a continuación algunos de los principales programas implementados en países latinoamericanos en relación con remesas y desarrollo.

México: Programa 3x1

El programa 3x1 tiene su origen en la sociedad civil organizada, específicamente en los más de 200 clubes zacatecanos que se desarrollaron a través de décadas de migración mexicana hacia Estados Unidos (García Zamora, 2005; Fernández, García Zamora y Vila Freyer, 2006). Estas organizaciones mantuvieron una vinculación activa con sus comunidades de origen, propiciando una serie de iniciativas de apoyo y ayuda. La experiencia de estas asociaciones facilitó el desarrollo de redes sociales transnacionales que permitieron un vínculo fluido entre Zacatecas y Estados Unidos, lo que a su vez favoreció la migración internacional y la entrada de remesas a dicha localidad en México. Esta situación llevó a que el Estado de Zacatecas implementara en 1993 lo que se conoció más tarde como el programa "Cero por 1" cuyo objetivo era el apoyo a obras de infraestructura básica desarrolladas por los clubes y asociaciones (García Zamora, 2005; Fernández, García Zamora y Vila Freyer, 2006). El gobierno federal decidió sumarse a la iniciativa, con lo que el programa pasó a llamarse 2x1 (un dólar del gobierno estatal y otro del gobierno federal por cada dólar aportado por los las organizaciones de migrantes). En este escenario en 1993 se inició la ejecución de los primeros proyectos con una inversión de 575 mil dólares (García Zamora, 2005). En 1999 se incorporaron los municipios con el aporte de un dólar adicional con lo que el programa quedó en un 3x1.

Los proyectos que se han impulsado bajo este programa son principalmente de infraestructura como por ejemplo suministro de agua potable, alcantarillado, luz eléctrica, canchas de deporte, caminos, pavimentación, iglesias, parques, plazas, entre otros. De acuerdo con García Zamora (2005) en 2001 el programa invirtió cerca de 7 millones de dólares para 113 proyectos, en 2002 8.5 millones de dólares para 149 proyectos y 2003 llega a 20 millones para 308 proyectos. En 2002 el Programa comenzó a implementarse en diversos Estados de México y pasó a llamarse Programa Iniciativa Ciudadana 3x1 (en 2005 quedó como Programa 3x1).

El objetivo del Programa 3x1 es "apoyar las iniciativas de migrantes radicados en el extranjero para concretar proyectos mediante la concurrencia de recursos de la Federación, estados, municipios y de los migrantes señalados, promoviendo la equidad y el enfoque de género en los beneficios del programa" (Soto y Velázquez, 2006, p.13). Los objetivos específicos que establece son: 1) Impulsar las iniciativas corresponsables en las que los migrantes y los tres órdenes de gobierno ejecuten proyectos que mejoren las condiciones sociales de las localidades seleccionadas; 2) promover que las propuestas de inversión se canalicen a las comunidades de alta migración y pobreza y 3) Fomentar los lazos de identidad de los connacionales radicados en Estados Unidos hacia sus comunidades de origen. (Soto y Velázquez, 2006, p.13).

Estos objetivos, tal como señalan Soto y Velázquez, traspasan los beneficios de inversión en infraestructura social y productiva, pues agrega un componente de organización social y vinculación con origen.

En una línea similar, la evaluación que realizan las organizaciones de migrantes en la ciudad de Chicago sobre el programa y documentada por García Zamora en 2002, indican los siguientes aspectos positivos:

- permite la organización transnacional de los migrantes

- posibilita la realización de obras sociales en beneficio de sus comunidades de origen

- ayuda a que las organizaciones de migrantes se conviertan en promotoras del desarrollo social

Los aspectos críticos que identifican los autores Soto y Velázquez refieren principalmente a la necesidad de transparencia del proceso y la legitimidad de los proyectos apoyados. Se ha cuestionado el uso político de los proyectos, así como las trabas administrativas y burocráticas. Sin embargo, uno de los aspectos más complejos refiere a la escasa presencia de proyectos de desarrollo social, pues tal como se ha sostenido, la mayoría de la inversión se ha concentrado en proyectos de infraestructura.

La perspectiva que tienen las organizaciones zacatecanas en Estados Unidos, apuntan a problemas burocráticos y lentitud en la toma de decisiones. En el estudio realizado por García Zamora, las asociaciones señalan lo siguiente:

- excesiva burocracia entre dependencias estatales y federales

- fricciones con los municipios por la selección y priorización de los proyectos

- demora en la entrega de partidas estatales y municipales

- mala calidad de las obras realizadas y falta de mantenimiento de las mismas

- ausencia de mecanismos para darle continuidad a los proyectos realizados

- presupuesto insuficiente para responder a todas las iniciativas de proyectos de clubes

- no consideración de los criterios elaborados por el Comité Técnico del programa para la selección y aprobación de obras.

El Salvador: Programa Unidos por la Solidaridad

De acuerdo con información del Fondo de población, la emigración salvadoreña representa en el 2004 un 1.6% del total de emigrantes. En términos económicos, las remesas que llegaron en 2004 correspondieron al 16 por ciento del Producto Interno Bruto de la economía nacional, lo que sin duda lo deja como uno de los países de mayor incidencia de las remesas en la economía local. Al igual que en el caso Mexicano, los y las emigrantes salvadoreños con el tiempo han ido desarrollando asociaciones, clubes y comités de emigrantes, que han permitido "agrupar para facilitar el apoyo solidario a sus comunidades de origen, mantener relaciones con su país y conservar un sentido de pertenencia comunitaria al tiempo que se adaptan a sus nuevas sociedades" (Nosthas, 2006, p.50). Según información del Ministerio de Relaciones Exteriores, se han establecido alrededor de 300 organizaciones de salvadoreños en el mundo. Muchas de estas organizaciones están formadas en base a relaciones de parentescos, con grupos activos de aproximadamente 10 personas, se concentran en brindar apoyo a la comunidad natal en particular.

De acuerdo con Nosthas, hasta finales de la década del 90, el gobierno salvadoreño había prestado escaso interés y preocupación por los salvadoreños en el exterior. Durante la administración del Presidente Flores, sin embargo, se creó la Dirección General de Atención a las Comunidades en el Exterior (dependiente de Cancillería). Esta Dirección elaboró un programa de acercamiento con salvadoreños en el exterior y delegó en el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local de El Salvador (FISDL), la coordinación y ejecución de programas y proyectos de desarrollo entre las comunidades en el exterior y las comunidades en origen.

Ambas instancias (el Fondo y la Dirección) desarrollaron basados en la experiencia Mexicana, el Programa "Unidos por la Solidaridad". Este Programa operó bajo la forma de fondos concursables y su mecanismo de funcionamiento se basó en cuatro puntos: 1) no tenía fondos preasignados, por lo que todas las asociaciones competían para obtener financiamiento que les permitiese llevar adelante sus proyectos; 2) no había cuotas o participaciones fijas (al modo 3x1), sino que se definían caso a caso; 3) cada asociación proponía un proyecto y el monto que aportarían; 4) las propuestas se ordenaban en función del aporte establecido para su ejecución, y se asignaban los recursos empezando por aquellas propuestas que ofrecían mayor contrapartida.

Hasta Junio 2004 se habían ejecutado 45 proyectos por un monto combinado de 11.5 millones de dólares (7 millones aportados por el FISDL) y 4.5 millones aportados por las asociaciones en el exterior.

En 2005 el gobierno de Saca inaugura un programa nacional de Red solidaria focalizado a la población en condiciones de pobreza. Esta iniciativa significó dejar sin financiamiento el programa Unidos por la Solidaridad. Pese a ello comenzó a trabajarse en una iniciativa que buscara coordinar ambos programas.

De acuerdo con Nosthas, una de las principales lecciones de la experiencia salvadoreña es la necesidad de trabajar en forma paralela al proyecto físico, "un componente de desarrollo comunitario para que se consolide y/o fortalezca el proceso social que ha generado el proyecto más allá del apoyo externo" (Nosthas, 2006, p.58). El autor destaca tres conclusiones en este sentido:

a) Importancia de la inclusión de iniciativas multilaterales y transnacionales en la formulación de políticas y programas de desarrollo centrados en la diáspora mundial. Con ello se refiere a priorizar en alianzas entre diversos actores de modo de potenciar y apoyar los intereses de los grupos migrantes (tanto los que están fuera como los que están en el lugar de origen).

b) Propender a esquemas autosustentables de modo de salir y/o superar esquemas de apoyo solidario. Uno de los problemas que se observa es que se produce un patrón de dependencia de los apoyos económicos gubernamentales y de agencias internacionales. En este sentido resulta primordial avanzar en la sustentabilidad económica de los proyecto.

Comentarios finales

Las remesas constituyen recursos privados que hacen parte del salario familiar, donde uno de sus miembros, empujado por las precarias condiciones económicas en su comunidad y país, ha debido salir a otros lugares para obtener trabajo y sostener al resto de la familia. De ahí que su principal objetivo sea cubrir los gastos asociados a la reproducción social y económica de la familia (alimentos, salud, vestuario, mejoramiento de las casas, entre otros). Las remesas por tanto no son ni pueden reemplazar el rol de las políticas públicas en el desarrollo económico y social de las economías nacionales.

Los migrantes en el exterior han logrado organizarse y en muchos casos, mantienen vínculos activos con sus comunidades de origen. Una forma de mantener estos vínculos ha sido apoyando históricamente proyectos de infraestructura para la comunidad. En atención a este tipo de experiencias con asociaciones y clubes en el exterior, se creó en México un programa que buscó apoyar económicamente estas iniciativas, dando forma a lo que se llamó el Programa 3x1. Este programa ha sido imitado en países como El Salvador. En ambos casos, una de las fortalezas que se menciona, es el fortalecimiento de los vínculos entre las organizaciones sociales y las comunidades de origen, así como el involucramiento de distintos estamentos institucionales en la elaboración de proyectos sociales (gobiernos locales, federales, municipales y comunidades).

Respecto de las debilidades se plantea que los intereses políticos pueden incidir en la asignación de los recursos. Las trabas burocráticas son otra debilidad mencionada.

Las sugerencias planteadas por quienes han venido observando estos programas apuntan a la necesidad de fortalecer proyectos productivos (y no solo en términos de infraestructura social); la autosustentabilidad de los proyectos y la vinculación de proyectos productivos con políticas de desarrollo de carácter más amplio, de modo que se favorezca la coordinación con otras instancias institucionales.

Notas

1 Este documento forma parte del proyecto "Conocimiento y Cambios en Pobreza Rural y Desarrollo", ejecutado por el Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural (RIMISP), con el apoyo y participación del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el International Development Research Center (IDRC, Canadá). La reflexión aquí presentada también se origina en el marco del Proyecto "Migraciones, capital social y desarrollo humano en América latina. El papel del capital social de los migrantes en el desarrollo humano de las sociedades latinoamericanas", proyecto financiado por FIUC.

2 En 2002, el 60% de las remesas mundiales iban a países en desarrollo según informe UN DESA. p. 105.

3 Los rubros que se consideran en la balanza de pagos son "compensaciones a los empleados" y "remesas de trabajadores" (como ingresos corrientes y como transferencias corrientes respectivamente) y las "transferencias de migrantes" (como transferencia de capital de la cuenta de capital).

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Recibido: 06.06.2011 Aceptado: 14.09.2011