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Polis (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-6568

Polis vol.10 no.30 Santiago dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682011000300014 

Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 10, N°30 , 2011, p. 289-314

LENTE DE APROXIMACIÓN

 

La desagregación política. Reflexiones sobre la actuación de las élites partidarias en las crisis de los partidos políticos

Political dissagregation. Analysis on the performance of party elites in the political parties crisis

A desagregação política. Reflexões sobre o papel das elites do partido na crise dos partidos políticos

 

 

Jorge Vergara Vidal

Universidad de Chile, Santiago, Chile Email: jvergaravidal@gmail.com

 


Resumen: El presente artículo busca una posible explicación al fenómeno de rupturas en los partidos políticos chilenos en el debilitamiento de la convención colaborativa en las élites partidarias. Se considera el supuesto de que la conformación de élites partidarias corresponde a una forma de operación de los liderazgos dentro de un marco colaborativo que son los partidos. Como forma de verificar este planteamiento se analizaron tres casos de desagregaciones partidarias entre los años 2007 a 2009.

Palabras clave: partidos políticos, crisis, élites, liderazgo


Abstract: This article explores a possible explanation to the phenomenon of ruptures in chilean political parties, in the weakening of tacit collaborative agreement of the parties' elite. We consider the assumption that formation of party elites corresponds to a way of the performance of leadership within a collaborative framework which parties are. As a way to verify this approach we analyzed three cases of parties' dissagregation from 2007 to 2009.

Key words: political parties, crisis, elites, leadership


Resumo: Este artigo procura uma explicação para o fenômeno da quebra nos partidos políticos chilenos em o enfraquecimento da convenção de colaboração das elites do partido. É considerada a hipótese de que a formação de elites do partido corresponde a um modo de operação de liderança dentro de um quadro de colaboração que são os partidos. Como uma maneira de verificar essa abordagem foram analisados três casos de desagregações partidárias a partir de 2007 a 2009.

Palavras-chave: partidos políticos, crise, elites, liderança


 

Introducción

Tal como ha sido relevado por diversos estudios recientes, el sistema de partidos chileno es altamente institucionalizado y estable (Mainwaring y Scully, 1995; Luna y Zechmeister, 2010), muy fuerte a nivel de élite, pero al mismo tiempo muy desarraigado socialmente (Luna y Zechmeister, 2010). Esta particularidad, que en lo básico implica que el alto nivel de acuerdo a nivel de élites no tiene representación sustantiva en las mayorías sociales, se expresa también como una fuerte desconfianza de los individuos hacia los partidos políticos (Angell, 2007; Luna, 2008; Segovia, 2009), lo que pone en cuestión que constituyan el canal más efectivo de integración decisional de la sociedad o que la representen con eficiencia (Mainwaring y Torcal, 2005; Segovia, 2009).

Lo anterior, sin duda, ha colaborado, con una tendencia de indepen-dización de los liderazgos políticos respecto de los partidos y de los grupos controladores de éstos. Las campañas presidenciales chilenas, por ejemplo, han visto supeditados los aportes financieros a la prospección del rendimiento electoral del candidato, más que a los partidos; lo que ha favorecido la autonomía de los liderazgos competitivos electoralmente (Angell, 2005; Lehmann y Hinzpeter, 2001; Barozet y Aubry, 2005). Lo anterior ha traído consigo una pérdida de peso incidente de las estructuras partidarias, producida por la implementación de estructuras decisionales propias (ad-hoc) por parte de los liderazgos electoralmente competitivos. Coincidiendo con lo señalado por Cheresky, "la estructura formal partidaria se ve secundarizada e instrumentalizada por esta suerte de partido bis que surge paralelamente y a sus expensas" (Cheresky, 1999: 12)

Los efectos de esta "incomodidad" de los liderazgos políticos en los partidos y con sus élites, no sólo se han visto traducidos en los contenidos simbólicos de las campañas electorales, sino que también han tenido un correlato orgánico en lo que respecta a la operación de los liderazgos provocando fracturas en los partidos y cambios de residencia política, en algunos casos.

Por distintos cauces y en diversos eventos, algunos más traumáticos que otros, la operación de los liderazgos ha buscado relocalizarse, desde los partidos hacia fuera de éstos, provocando variaciones en la forma orgánica de la política y en la calidad de sus agentes. Actores más técnicos ocupan desarrollan las mismas funciones que antes eran sólo desarrolladas por los partidos y sus bases (Beck, 1999; Bauman, 2007). Este cambio operativo, conlleva también un cambio normativo, pues las pautas que implicaban una carrera institucional en los partidos yacen sin efectividad frente a las nuevas formas de acceso decisional o de incidencia: la cercanía de amistad o familiar con el líder promete mejor efectividad política que los años de militancia; el conocimiento técnico de la empresas de marketing les asegura más espacio de decisión estratégica que la experiencia acumulada a los miembros de las cúpulas partidarias; las trayectorias biográficas atractivas hacen más que las coherentes trayectorias orgánicas, etc.

La personalización de la conducción política funciona también como una forma de institucionalización. Operado por élites ad hoc, momentáneamente incapaces de articular estructuras duraderas, el liderazgo político debe ocupar el rol normativizador que era propio de las élites partidarias. El resultado de esto es que aparece enfrentado a éstas y, en alguna medida, a los partidos mismos. En el caso chileno, figuras como Lavín, Bachelet, Enríquez-Ominami y Piñera (Durruty, 1999; Insunza y Ortega, 2005; Navia, 2009; Daza y Del Solar, 2010), fueron resistidos por las élites de sus partidos, empero se impusieron como liderazgos efectivos y articularon en torno suyo, nuevas configuraciones elíticas.

El presente artículo busca una posible explicación al fenómeno de rupturas en los partidos políticos chilenos en el debilitamiento de la convención colaborativa de las élites partidarias, entendidas como expresión de operaciones vigentes de liderazgos. La disminución de la colaboración entre las operaciones conlleva dificultades y trabas para la corroboración de los liderazgos al interior de los partidos, lo que los empuja fuera de los partidos, desagregando de éstos las operaciones que los tienen por cabeza.

Cada liderazgo, por muy pequeño o local que sea, supone un interés social y una operación colectiva. Supone, además, una necesidad de corroboración para seguir teniendo validez (Weber, 2005). Si la oportunidad de corroboración le es negada, interna o externamente al partido, el liderazgo es puesto en una disyuntiva vital. Si los partidos constituyen una forma de cooperación entre agregados operatorios de liderazgos, forma sustentada en una convención unitaria formal, la no integración de un agregado operatorio pondrá en cuestión justamente la convención colaborativa. Los partidos ofrecen una forma colaborativa efectiva políticamente, pero no la única. El punto de inflexión se aloja en qué tan útil para la operación del liderazgo resulta un esquema de colaboración u otro. Si la colaboración es negada, el marco colaborativo que ofrece el partido pierde sentido. Si esta negación es sistemática la institucionalidad se debilita, pues pierde validez.

Quien gestiona el marco cooperativo que expresa el partido político son las élites partidarias y los liderazgos de los cuales son expresión. Allí se decide la negociación o la negación colaborativa. La menor colaboración entre las operaciones de los liderazgos produce un debilitamiento de la institucionalización de los partidos (Gunther y Hopkin, 2007; Barozet y Aubry, 2005), pues estos ya no regulan la colaboración entre las operaciones. En realidad, todo el marco normativo del partido queda fuera de juego, por tanto el valor de la corroboración interna decrece. Esto empuja a los liderazgos a buscar la corroboración fuera de los contextos internos de los partidos, principalmente en el ámbito electoral. Puesta fuera de los partidos la operación de los liderazgos, se produce un nuevo proceso de articulación elítica. Éstas nuevas élites pueden estar conformadas por asesores, publicistas, expertos electorales, financistas, operadores, etc.; los cuales pueden ser o no militantes del partido, y ese es justamente el punto: operan fuera del partido, de sus estructuras y de sus reglas y de sus convenciones.

La mencionada independización de los liderazgos, basada en la corroboración electoral, es una forma de independización de la élites partidarias (Panebianco, 1982), pero es también un signo de menor colaboración. La relación entre liderazgo y masas siempre está mediada por una forma de operación de recursos, ya sea esta una orgánica establecida, un partido, o una orgánica ad hoc; o por ambas. La actual distancia de los liderazgos con los partidos no apunta a una crisis en sí de los partidos, sino a una diversificación de las orgánicas de operación de recursos y a la pérdida de colaboración entre ellas. Si el núcleo de la corroboración del liderazgo es electoral los recursos actuales simplemente no se agotan en la formas orgánicas tradicionales (Dockendorff, Salinas, Figueroa, 2009).

La diferencia de lo actual con anteriores rupturas internas de partidos puede apreciarse justamente en la forma orgánica que asumía la operación de los liderazgos disidentes. Los partidos políticos chilenos siempre presentaron fraccionamientos, pero si estas fracturas se daban dentro de un sistema de partidos que presentaba "vínculos programáticos y partidarios estructurados a nivel colectivo", donde los liderazgos tenían una relación de dependencia con los partidos (Cortes Terzi, 2000: 53); ahora se dan dentro de un sistema caracterizado por "vínculos programáticos no estructurados a nivel colectivo", lo que otorga mayor centralidad a las diferentes subculturas partidarias expresadas con mayor fuerza a nivel de las élites partidarias (Luna, 2008: 78-83).

Tomando como referencia la tipología habitual de las formas de partido (Duverger, 2002; Panebianco, 1982; Katz y Mair, 2007), la ruptura de los falangistas con el Partido Conservador se tradujo en la formación de un partido de masas, no igualando al forma de partido de élites de los conservadores (Mainwaring y Scully, 2010: 187-188). Asimismo, tanto en las formaciones del MIR, a partir del PS, como del MapU y la 1C, a partir de la Democracia Cristiana, se tradujeron en la formación de partido de cuadros, dejando de lado la forma de partido de masas (Pérez, 2003; Moyano, 2009). Ninguna de éstas fracturas contó con la desidia de las élites partidarias, por el contrario, existieron esfuerzos de distinto tipo para que no se produjeran las desagregaciones (Guilisasti, 1964; Grayson, 1968; Silva, 2008; Moyano, 2009; Salazar, 2010). La forma orgánica asumida posteriormente por la operación de los liderazgos disidentes da una respuesta a porqué los esfuerzos integrativos de las élites partidarias resultaron ineficaces: las desagregaciones evidenciaban cambios sustantivos en la forma operativa de los liderazgos, de ahí que la forma del partido de procedencia no fuera asumida por los nuevos partidos.

Las rupturas y desagregaciones actuales, no ha asumido ni propuesto formas de partido distintas a sus partidos de origen. Se centran en una crítica a la capacidad integrativa de las élites dentro de los partidos, a la ausencia de colaboración, no a la forma de operación de los liderazgos. Esto reafirma la centralidad de las élites partidarias dentro del sistema de partidos (Luna, 2008, 2010), y valida la importancia de analizar su rol dentro de las rupturas actuales en los partidos.

Las élites partidarias resultan de una conformación de gobierno o conducción dentro de un partido (Mosca, 2006; Pareto, 1980; Michels, 2003), pero su desgaste no es sólo expresión del cansancio que pueden presentar los gobiernos de minorías, sino también por la falla en la integración de nuevas operaciones de liderazgo. La relación que Michels establece entre la elite y los liderazgos es central para entender qué pasa cuando esta relación se hace más débil. Michels ve la constitución de la élite partidaria como un proceso proveniente del liderazgo, por ello representa más que una forma burocrática o administrativa de los recursos del partido, representa también el núcleo agregado de la conducción política. No sólo en la medida en que existe organización existe élite, la organización misma es expresión operativa de la asociación de interesados cuya conducción colectiva conforma las élites partidarias. La relación entre partido y élites es, entonces, imbricada. La imagen del partido es también la imagen de sus élites, es decir, de la forma de agregación de sus liderazgos, que pueden colaborar o competir entre sí.

La vigencia de las élites partidarias, por tanto, debiera depender de mecanismo similares al del liderazgo: autoridad más corroboración. Por cierto, la elite es depositaria del liderazgo, no es su expresión inmediata. De ello deviene que su forma de dominación no es la del liderazgo carismático (Weber, 2005; Bendix, 2000; Lindholm, 2001). El liderazgo requiere de operación, la elite partidaria puede proveer esa capacidad operativa en cuanto es capaz de articular y movilizar recursos humanos y financieros. Si las élites partidarias son expresión operatoria de los liderazgos ello no quiere decir que los sustituyan, por el contrario, las élites no tienen la cualidad carismática más que por tradición o burocratización (Weber, 2005), de estas formas establecen la relación de dominación legítima y, por tanto, articulan gobierno en la organización.

La pérdida de la capacidad integrativa, un cierre social excluyente de esta capacidad operatoria, implicaría "la pretensión por parte de un grupo de asegurarse una posición privilegiada a expensa de otros grupos mediante la subordinación (...) En otras palabras, se trata de una forma de acción que tiene como objetivo usurpar" (Parkin, 1984: 70-71). Si la élite expresa una conformación de gobierno o dominación, el ejercicio de la exclusión/usurpación haría devenir su forma de dominación de legítima a no legítima (Weber, 2005)1, lo que no es concebible en un ámbito partidario, y si lo es puede provocar la desagregación de los liderazgos no integrados.

Tres casos de desagregación partidaria

Lo sostenido, como planteamiento general, puede ser apreciado en tres casos de desagregaciones partidarias ocurridas entre los años 2007 a 2009 y que ejemplifican (no agotan) los sucesos de enfrentamiento y ruptura entre operaciones de liderazgo y élites partidarias. En estos tres casos no sólo se evidencia el debilitamiento de la colaboración interna de partidos y conglomerados, sino también la falla en la capacidad integrativa de las élites partidarias, lo cual da pie a la articulación de discursos anti-elíticos como sustento argumental de las desagregaciones. Los casos considerados no se acotan a un solo partido o conglomerado: la expulsión de Adolfo Zaldívar de la Democracia Cristiana y la desagregación de parte del sector que respondía a su liderazgo en 2007; el "descuelgue" de liderazgos locales de los partidos para competir como independientes en las elecciones municipales de 2008; y la candidatura presidencial independiente del ex diputado socialista Marco Enríquez-Ominami en 2009; muestran una progresión del proceso de crisis vivido por la élites partidarias, principalmente de la Concertación pero no exclusivamente alojado en ella.

En los casos seleccionados la confrontación entre y contra las élites partidarias conlleva a la desagregación de diferentes tipos de operaciones de liderazgo (nacional, local y potencial), fenómeno hasta entonces inusual. Esto va conformando progresivamente un discurso anti-elítico que en algunos casos apuesta a corroborar liderazgos no validados y, en otros, a una confrontación que implica el recambio de las élites partidarias.

En los tres casos, el conflicto torna inefectiva la norma habitual (o convención) de convivencia política producto de la inexistencia de la colaboración política. De ahí que los disidentes ven aplicados sobre sí la norma legal, las leyes internas de los partidos, como postrer efecto de coacción a sus acciones. La inefectividad de este mecanismo queda clara con los triunfos electorales obtenidos por los disidentes, sus liderazgos son corroborados en el ámbito externo de los partidos.

Dado el patrón progresivo, y el costo político de estas desagregaciones podemos ver distintas formas de reacción de las élites partidarias, ya sea reafirmando su posición (mediante la promulgación de leyes) o ya sea abriendo espacios integrativos. En todo caso, lo que entra en cuestión no es tanto la existencia de élites partidarias sino la posibilidad de agotamiento y renovación de formas de colaboración entre operaciones de liderazgo, en forma interna o externa a los partidos.

La desagregación fraccional

La primera de las desagregaciones de operaciones de liderazgo partidario a considerar es la que comienza con la expulsión de un líder de fracción, el entonces senador DC Adolfo Zaldívar. Desde mediados de la década de 1980, Zaldívar había aglutinado en torno suyo una tendencia interna conocida como "los colorines", pequeña en comparación con las tendencias dominantes entonces vinculadas a Patricio Aylwin (guatones), a Gabriel Valdés (chascones) y a Eduardo Frei Ruiz-Tagle (freístas). La victoria en la nominación presidencial de 1989, marca el comienzo del auge del sector que opera el liderazgo de Patricio Aylwin y su instalación hegemónica. Zaldívar, se encuentra en ese momento dentro del grupo de dirigentes DC que operaron exitosamente la nominación (Otano, 2006: 90-91) que terminaría coronada por la presidencia de la República. El quiebre y el comienzo de la competencia entre dos de los operadores más notables de la nominación, Martínez y Zaldívar, es difícil de fijar en un hecho puntual, pero tiene que ver con las diferencias de integración e incidencia que se desarrollan a partir de la llegada a La Moneda de Aylwin. Zaldívar compite por una senatoria por Atacama, la cual pierde. No recibe invitación en la conformación del gobierno de Aylwin, más bien se mantiene "rudo, exterior y vigilante frente a una composición de gobierno que francamente no lo agradaba" (Ibid: 114). Aylwin mismo mantuvo cierta lejanía con los Zaldívar, mientras Martínez es integrado al círculo íntimo del entonces presidente (Ibid: 261).

En las elecciones internas de la DC, en 1991, ya se denota la existencia de una operación con cabeza en Adolfo Zaldívar (Ibid: 230), apoyando a Irureta que pierde ante Frei Ruiz-Tagle; del mismo modo se comienza a sentir el mando que tiene Martínez en la "maquinaria DC". La incidencia de este último no se agota a la DC, lo que sí afecta a Zaldívar. La cercanía con La Moneda aylwinista le permitía acceso a los canales de colaboración político-ideológica que Otano denomina como el "partido transversal" (Ibid: 259-277). El concepto será retomado por Zaldívar ad portas de su expulsión para demostrar la pureza DC de su proyecto y nominar un enemigo mayor que él.

La nominación del candidato presidencial de 1993 lo volverá a enfrentar. Zaldívar opera la candidatura de Frei junto con Irureta y Hormazábal, alianza que a la larga le dará acceso a la presidencia del partido. Pero es Martínez quien se queda con la presidencia del comando electoral (Ibid: 293). Ese año, Zaldívar ganará la elección senatorial de la lejana Aysén, cargo que mantendrá durante dos periodos, mientras Martínez asume la presidencia del partido.

La existencia de operaciones de liderazgos volcadas en la corroboración interna, y por tanto en competencia, no da pie a un escenario desagregatorio si hay colaboración, ya sea ésta mediada por la validez de la norma interna o por la existencia de objetivos comunes que permitan a las operaciones el ejercicio y logro de la corroboración. Son éstas condiciones las que, en este caso, van siendo negadas.

Tanto la derrota en la nominación presidencial de su hermano Andrés en 1999, la explícita lejanía con el gobierno de Lagos y la constante amenaza de perder el cupo senatorial por vía de la instalación de un candidato fuerte del sector PS-PPD, obligan a la operación colorina a buscar y reafirmar su corroboración interna. Las pugnas por el control de la directiva democristiana durarán casi 10 años (1997-2006). Durante ese periodo mesas integradas por ambas operaciones se sucederán a medida de que se acrecienta el conflicto interno. El mismo proceso irá afiatando la conformación de una élite partidaria colorina, mientras que su apoyo y participación en el gobierno de Lagos fortalecerá la conformación de una élite partidaria asociada a Martínez, devenida luego en la operación del liderazgo de Soledad Alvear. El gobierno de Lagos será el escenario donde se cuajará el quiebre definitivo entre ambas operaciones.

Zaldívar logra la presidencia del PDC en 2002 sobre la base de un pacto que incluye a otros sectores que se sentían postergados por la operación gutista. Esto permite a Zaldívar tanto corroborar su liderazgo interno como articular una naciente élite partidaria con nuevas figuras como Jaime Mulet, Alejandra Sepúlveda, Pedro Araya etc., pero no accedieron directamente a cargos en el gobierno debido a la distancia que La Moneda de Lagos puso con su sector. La operación de Zaldívar buscará entonces la corroboración presidencializando su liderazgo internamente, lo que se verá truncado por la victoria de Soledad Alvear (esposa de Martínez) en la nominación. Por norma habitual Zaldívar debía colaborar con el candidato presidencial partidario. Ello había sido así, por ejemplo tanto con Aylwin como con Frei, pero el no apoyo de la operación colorina a Alvear y su temprano apoyo a la candidata presidencial del PS, demuestran el quiebre en la colaboración entre las élites partidarias del PDC, lo que es expresado como un quiebre de la norma habitual y su pérdida de vigencia. Este es un punto de fractura de la normatividad interna.

La opción de la operación colorina se ve premiada inicialmente por el gobierno de Bachelet. Sin embargo, tropiezos en el desempeño gubernativo de los operadores colorines (como el de Marcelo Ortiz en la subsecretaria de Carabineros, Juan Michel en Chiledeportes o Enzo Pistaccio en el Registro Civil) terminaron por alejarlos del gobierno y evidenciar la falta de preparación de los cuadros colorines en relación con los alvearistas. Enfocada en la obtención de la corroboración interna, la operación colorina demostraba en esto su naturaleza basal e interna; evidenciaba, además, el producto práctico de su no integración en labores gubernativas, lo que en el fondo demuestra la presencia de un modo no integrativo de élites con anterioridad.

Casi carente de recursos de operación intelectuales y técnicos (como centros de estudio, u otros) y sin ánimo colaborativo con el alvearismo, la operación colorina debió importar estos recursos de otros sectores enfrentados a la operación alvearista. De hecho los nombramientos más vistosos de la gestión colorína son, en realidad, ex chascones, aliados circunstanciales. La deficiencia de la inserción de la operación colorina en la gestión del Estado debilitó, obviamente, sus posiciones internas. Esto operó a favor de la operación alvearista que, controlando ministerios y con una relación renovada con el gobierno pudo remontar la derrota interna anterior, logrando la presidencia partidaria en 2006.

Si bien todo esto se enmarca dentro de lo habitual que corresponde a una competencia entre operaciones de liderazgos por la conducción de un partido, la insuficiencia de ese contexto para asegurar la corroboración de una de la operaciones marca la decisión de la desagregación. No sólo obedece a una fractura de convivencia, sino a la no deseabilidad de la colaboración en ninguno de los dos sentidos. En este caso, las élites partidarias ya no son expresión de la colaboración entre operaciones, por el contrario, quedan desnudadas como operaciones enfrentadas. Su capacidad integrativa no tiene marco ni razón para desplegarse.

La negación colaborativa entre operaciones de liderazgo diferentes, les lleva al enfrentamiento total. Con todo hay que notar que la normatividad interna, en cuanto tal, no asegura la cualidad integrativa, simplemente norma la convivencia entre operaciones de liderazgo. Si estas operaciones, niegan su vigencia, la norma perderá su vigencia. Zaldívar instala el origen de esta pérdida de vigencia en la existencia del "partido transversal" cuyos diseños y orgánica se habría gestado en el gobierno de Aylwin conformándose como una estructura ajena y superior a los partidos. El enfrentamiento contra dicha "instancia de poder que toma las decisiones"2, expresada en la DC por el sector "gutista", se vio decidida en la administración Bachelet con la integración en cargos de gobierno de miembros proclives al "gutismo" lo que determinó la pugna final de Zaldívar y su sector con la administración concertacionista.

La expulsión de Zaldívar es, justamente, el resultado práctico de la no integración colaborativa; será también el inicio de la desagregación de la operación política que le tenía por cabeza. De hecho, al mismo tiempo que se pide la expulsión del senador, la directiva de Alvear pide el alejamiento de los "colorines" al gobierno. Estos efectos evidencian que no se trata de una simple medida normativa, sino de la desagregación del sector competo. Tal escenario tampoco estaba ausente de las previsiones colorinas, una semana antes de que Alvear planteara la expulsión de Zaldívar (decidida según Alvear ese fin de semana), diputados colorines habían sostenido reuniones para su integración instrumental al Partido Regionalista de los Independientes (PRI).

La desagregación colorina del PDC no pone en cuestión la integridad de su operación política. Sus componentes prácticamente copan el PRI causando una brecha entre "históricos" y "colorines". El vínculo de Zaldívar con su operación de liderazgo es demostrada en reiteradas ocasiones, a pesar de Zaldívar ficha por el PRI recién el 2009: celebra con champaña la obtención de 8 alcaldes PRI más 7 independientes en las elecciones municipales de 2008; apuesta a reforzar al PRl mediante una candidatura presidencial que luego baja en una convención con 33 de los 65 consejeros del partido; expulsa a Mulet por apoyar la opción presidencial de Frei y a otros militantes por apoyar la opción de Enríquez-Ominami; deja la presidencia del PRI para asumir la embajada chilena en Argentina, negocia con Hinzpeter la entrada de militantes PRI al gobierno y ha mantenido a raya cualquier intento de cercanía del PRI con la Concertación, desautorizando las tratativas del presidente de la colectividad. La cooptación del PRI por la operación de Zaldívar ha llegado a alguna prensa a adjudicar a Zaldívar la creación de la orgánica, fundada con anterioridad a su llegada3 .

La propiedad de Zaldívar sobre la operación de su liderazgo se demuestra no sólo por la capacidad de anular otros liderazgos surgidos de la misma operación (Mulet y Araya), sino también por la capacidad de anular cualquier intento DC por recapturar a sus militantes. Esta vigencia de su liderazgo está, por cierto, sustentada por su alianza con el gobierno de la Colación por el Cambio y la actual condición de oposición de la Democracia Cristiana. De esta manera, la capacidad de Zaldívar para negociar cargos públicos corrobora su vigencia y la de su operación, mismo aspecto que le estaba siendo negado en su disputa interna en la DC.

La desagregación colorina tiene mucho que ver con las necesidades vitales de las operaciones de liderazgo. Si un partido es expresión de la colaboración entre estas distintas operaciones, la vigencia del vínculo partidario está estrechamente ligada a la intensidad de la colaboración. Si esta es leve, o incluso negativa, la operación de liderazgo se verá empujada a procurar su vigencia internamente, mediante la anulación del adversario, o externamente, mediante su desagregación del partido. Tal fue el caso de la operación colorina y tal motivación explica en parte sus pasos posteriores a la expulsión del senador.

Otro aspecto significativo respecto a esta desagregación radica en que la articulación orgánica posterior del agregado "colorín" no expresa una forma de organización distinta a la que se desagregaba. Vale decir, la forma partido en la que engarza posteriormente no es diferente a la de la DC. Lo que reafirma la idea de que no es la forma operatoria del liderazgo y su mediación con el electorado lo que entra en cuestión, sino que son las posibilidades de desarrollo de esa operación las que se ven negadas.

Con todo, el fin del conflicto interno en la DC no significó la solución del problema integrativo que afectaba a las elites partidarias dentro de la Democracia Cristiana, ni morigeró otras pugnas similares en el Partido Socialista o el Partido por la democracia. Más bien sirvió de antecedente a las coyunturas del 2008 y de las presidenciales de 2009. La lucha fraccional y la identificación negativa del rol de las élites partidarias, sumado a su evidente falta de capacidad integrativa, debilitaron su validez normativa y, por tanto, su posición referencial y su efectividad coactiva.

La desagregación de los liderazgos locales

Para ser efectiva en su posición las élites partidarias requieren ser referencialmente unívocas, de ello proviene su necesidad de integrar las distintas operaciones de liderazgos en torno a una imagen unitaria. Esta univocidad está basada en la integración de las distintas operaciones, permite y potencia su desarrollo mediante mecanismos de colaboración. Constituye el pilar que sustenta el marco integrativo, pero es también la parte cuya falla produce mayor impacto. Como hemos señalado, la negación colaborativa pone en cuestión todo el entramado integrativo (mecanismos y normas) y con ello la validez de las referencialidades accionales que implica la presencia de élites partidarias (gestoras a su vez del marco integrativo).

Toda la dinámica antes expuesta se basa en un ejercicio clave de parte de las élites partidarias: identificar y validar las operaciones de liderazgo que necesitan ser integradas. En el caso visto anteriormente ello no era necesario, pues se trataba de operaciones de liderazgo en colisión. Sin embargo, fue el escenario electoral municipal de 2008 el demostró, en particular, las falencias en este ejercicio integrativo.

Hasta la elección municipal del 2000, el alcalde electo correspondía al candidato a concejal más votado y que perteneciera a una lista que hubiese alcanzado al menos el 30% de los votos. Este mecanismo fortalecía tanto el rol de los partidos como de los pactos electorales, pues implicaba privilegiar a un candidato dentro de la lista de concejales (Izquierdo, Morales y Poveda, 2009). Fortalecía también la colaboración entre partidos y candidatos en pos de capturar mayor interés electoral. La mejor comprensión de este aspecto explica la mayor eficacia electoral del pacto de derecha por sobre la Concertación que en algunas comunas se presentó dividida en dos pactos favoreciendo al candidato del pacto de derecha (Ibid: 237).

El modelo implementado para las elecciones de 2004 (Ley 19.704) separó las elecciones de alcalde y concejales, permitiendo la elección de éstos mediante la mayoría relativa. Esto complejizó la colaboración entre los partidos, pero además fortaleció la capacidad electoral de los liderazgos locales, que vieron en la corroboración electoral directa un mecanismo de validación que no estaba asegurado al interior de los partidos. Los resultados de la elección de 2008 no sólo demostraron que el sistema electoral municipal es altamente competitivo y dinámico, sino también su contribución a la renovación de élites (Bunker y Navia, 2009) por medio de la corroboración de las operaciones de liderazgo locales, a diferencia del sistema electoral que rige a los parlamentarios (Garrido, 2009).

En el caso de las elecciones municipales de 2008, las negociación de los candidatos a alcaldes había dejado bastantes "heridos" a nivel local. La inminencia de la desagregación de diversos liderazgos locales, no privilegiados con la nominación, articuló un fuerte discurso anti elítico a nivel de las operaciones locales que se vieron en la disyuntiva, y la posibilidad, de corroborar su liderazgo en el terreno electoral. Las élites partidarias, que habían fallado en dimensionar el grado de maduración de estas operaciones de liderazgo locales y de normativizar sus acciones, apostaron por normativizar al electorado poniendo a los "descolgados" como productos de intereses particulares, que ya no representaban la imagen de los conglomerados. Se buscó también ampliar los elencos electorales por medio de la presentación de dos listas, en el caso de la Concertación, pero ello no mermó la fuerza de las operaciones de liderazgo locales que se hicieron con varios triunfos significativos.

Las alcaldías de Limache, Calama, Copiapó, Chimbarongo, Punitaqui, Combarbalá, Victoria y Guaitecas fueron ganadas por liderazgos locales vinculados al PRI. Antofagasta, Lota, Punta Arenas, San Pedro de La Paz, Los Lagos, Canela, Illapel, Vallenar, San Esteban, Llanquihue y Andacollo fueron ganadas por candidatos independientes "descolgados" de sus partidos. Del mismo modo, 4 capitales regionales quedaron en manos de independientes: Arica, Sankan Ex PPD; Antofagasta: Marcela Hernando, Ex PPD; Copiapó: Cicardini; Ex PS; Punta Arenas: Mimica, Ex DC.

Esta proliferación de triunfos demostró no sólo la eficiencia de la operación de éstos liderazgos, pues puso en evidencia también los efectos de su desagregación en la capacidad operatoria de los partidos. Corroboró, por un lado, la validez de la operación local de los liderazgos, que podía sustentarse independientemente del partido a pesar de que en algunos casos habían perdido elecciones internas; y materializó electoralmente; por otro lado, la falla integrativa de las élites partidarias. Las palabras de Marcela Hernando, al ganar la alcaldía de Antofagasta son sintomáticas de este aspecto: "Llamo a la gente a cambiar la política. La esclavitud está desterrada y las personas ya no le pertenecen a nadie, menos a los partidos"4.

La articulación de los recursos que habían permitido a estas operaciones de liderazgo ser exitosas no provenían, por cierto, del mero uso local del carisma. La reciente vinculación partidista de la que se estaban despojando les había otorgado visibilidad pública y otros recursos que habían permitido que la operación de sus liderazgos articulase un interés social local. Por ejemplo, Marcela Hernando, que ganó la alcaldía de Antofagasta con un 51,4% de los votos, había sido intendenta regional hasta que una disputa con la ministra en campaña por el terremoto de Tocopilla la llevó a renunciar al cargo. Luego renunció al PPD por sentir escaso apoyo en dicha disputa. Apoyada por los también «descolgados» diputado Pedro Araya (ex DC- PRI) y el senador Carlos Cantero (ex RN), se convirtió en la amenaza más fuerte para la Concertación, que llevó como candidato al concejal DC Gonzalo Dantagnan. Otro caso es el de Waldo Sankán, alcalde subrogante de Arica, elegido por el concejo municipal luego de que el alcalde Carlos Valarce (RN) fuera inhabilitado por fraude al fisco. En ese momento Sankán era concejal PPD, pero renunció al partido luego que se privilegiara como candidato al PRSD Patricio Zapata.

En Copiapó, Maglio Cicardini (ex PS) ganó el municipio a Marcos López (PS), quien ejercía el cargo desde 1996. Cicardini, que era presidente del PS local, fue destituido luego que se consideraron injuriosas sus declaraciones acerca de que el gobierno de Bachelet era lejano a la gente y descalificó al gabinete de la entonces intendenta. La disidencia del PS cuestionó la destitución aduciendo que "el verdadero motivo (de la destitución) es que esta dirección regional no comparte la línea oficial que han intentado imponer el presidente del partido, Camilo Escalona, y el secretario general, Marcelo Schilling, en sucesivas visitas a la región (...) Ambos han tratado de intervenir antes, han proclamado candidatos a alcalde y a senador en circunstancias que eso constituye una falta grave a la institucionalidad partidaria. Estamos ante una absoluta falta de respeto del presidente del partido y del secretario general a la propia institucionalidad partidaria"5 Luego de su destitución, Cicardini renunció a su militancia y fue candidato del PRI, lo cual implicó la pérdida del municipio para el PS.

En Punta Arenas, Vladimiro Mimica (ex DC y conocido locutor radial), fue electo con el 54,56%. El candidato independiente derrotó al alcalde en ejercicio de la Democracia Cristiana. En este caso, el enfrenta-miento electoral tenía también que ver con rencillas más personales entre éste y el senador Ex RN Carlos Bianchi: "Morano y Bianchi eran amigos, pero eso es historia vieja. Las cosas cambiaron el 2000, cuando Bianchi, convencido por Morano, postuló a concejal el 2000 y se sintió utilizado cuando este último terminó en la alcaldía. El 2004 intentó vencerlo, pero el DC le ganó por tres puntos. Ahora, Mimica se alza como su carta al municipio, con una postulación como independiente"6 . Mimica fue militante socialista hasta 1986, y luego se vinculó con el sector DC de "los colorines", alejándose de la DC luego de la expulsión de Zaldívar.

Estos casos son significativos por ser quienes se impusieron en capitales regionales. Hay más casos por cierto, como el de Gastón Saavedra, quien luego de 12 años como concejal en la comuna de Talcahuano, se descolgó del PS apoyado por el ahora ex PS y senador Alejandro Navarro (Movimiento Amplio Social, MAS), logrando quedarse con la alcaldía. O, como Carolina Plaza en Huechuraba, quién logró reelegirse por fuera de su ex partido, la UDI. O como la esposa del ex DC Pedro Velásquez que también levantó una candidatura (sin éxito) en Coquimbo.

En casi todos los casos, los candidatos descolgados fueron emplazados por privilegiar proyectos individuales. Estos respondieron desde un recurso de validación biográfica de sus acciones como sustento de un discurso anti-elítico. Como sostuvo Marcela Hernando respecto de su alejamiento de la Concertación, "una vez nos unió un propósito que tenía que ver con mejorar la calidad de vida y mejorar este mundo. Pero en algún momento, la Concertación se fue llenando de operadores políticos, y no sólo la Concertación sino que también todos los partidos políticos, y esas cúpulas empezaron a decidir todas las cosas. Y en ese momento, cuando dejaron de escuchar la voz de la ciudadanía y no escuchaban lo que yo decía, decidí apartarme, porque quería seguir fiel a ese propósito de mejorar el mundo en el que vivimos"7 .

El vínculo del liderazgo local con el partido y con su cúpula quedó roto, en virtud de la no integración de las élites partidarias: años esperando en la segunda fila, acatando las órdenes, sin perspectivas de ser incluidos en las decisiones relevantes o con la certeza de que su posición dentro de ellas había desmejorado (Carolina Plaza). La negación elítica de su corroboración puso en riesgo la sustentabilidad de las operaciones de las que eran cabeza. Esto los llevó a ir contra la normatividad habitual que implicaba la permanencia en el esquema colaborativo que no les consideraba como receptores legítimos de esa colaboración; a afectar electoralmente a partidos y coaliciones en las que habían estado militando durante años, romper con la identidad adscrita que implicaba la militancia, desagregar del partido la operación social que los reconocía como jefes.

Al final del día, éstas operaciones de liderazgo lograron corroborarse exitosamente en el campo electoral. Logrado este objetivo básico para la vigencia del liderazgo han ganado también su re inclusión en otros términos. En el caso de Hernando, ésta ha acompañado a miembros de la mesa DC a seminarios, participó en la Junta Nacional de enero de 2001 en calidad de simpatizante y es probable el apoyo de dicho partido a su reelección como alcaldesa. Carolina Plaza, firmó como militante de RN, partido que apoyaría su reelección. Por su parte, Waldo Sankán anunció su vuelta al PPD en un plazo aún no determinado, una vez que se oficialice un marco de primarias para dirimir disputas electorales. Caso similar al de Cicardini, quien no descartó volver al PS ante la solicitud del capítulo regional de que volviera a la tienda política8 .

Este proceso de reagregación de los liderazgos locales tiene mucho que ver, al igual que su anterior desagregación, con la necesidad de recursos para su corroboración electoral. Tanto los partidos siguen representando esa producción/distribución de recursos, como el sistema electoral les fortalece en ese rol. El "espacio" puesto en evidencia por los triunfos electorales de los candidatos descolgados ha impulsado múltiples iniciativas legales que buscan cerrar la brecha y fortalecer a los partidos9, las que han tenido distinto fin . Pero no son los partidos, en tanto asociación colaborativa de operaciones de liderazgo, lo que entra en crisis; sino la negación del acceso a nuevas operaciones por parte de élites partidarias que han visto, en estas iniciativas legales y en el discurso pro-partidos, un mecanismo para validar legalmente su captura orgánica.

Dicho de otra forma, la crisis de los partidos parece sólo estar acotada a la práctica de élites poco integrativas. Sin duda, el fortalecimiento de los partidos en este contexto no tiene otro producto que el fortalecimiento de las actuales élites partidarias. Como señalan Katz y Mair, si bien iniciativas como el financiamiento público de los partidos puede permitir a éstos superar la baja de afiliados, mediante la obtención de recursos financieros públicos ("ascenso del partido en las instituciones públicas"), ello puede producir "la acusación de tener más privilegios" (Katz y Mair, 2007: 125), sumando a una baja aún más pronunciada de su legitimidad, la percepción de usurpación política por parte de las élites partidarias y configurando la imagen de una dominación no legítima, en términos weberianos.

La desagregación del liderazgo potencial

Visibilidad e incidencia son dos variables que permiten diferenciar las operaciones de liderazgo y, a su vez, identificar las cabezas de dichas operaciones (Vergara, 2011). En el caso de Enríquez-Ominami, un personaje mediático desde antes de dedicarse a la política, la señal de conjunción de estas variables la da su presidencialización efectiva, la cual funciona como una corroboración simbólica de su liderazgo y permite la persistencia de las dos variables anteriormente mencionadas (Ibid). Un claro indicador de esto es su inclusión en el listado de personajes políticos medidos por la encuesta del Centro de Estudios Públicos, que lo integra por primera vez en su aplicación de mayo-junio de 2009, producto, justamente, de su presidencialización efectiva más que de su condición de diputado que ostentaba desde 2006.

La referencia a la encuesta CEP es importante pues constituye una suerte de barómetro que va potenciando la idea de la presidencialización de Enríquez-Ominami a medida que va mostrando los bajos números de valoración positiva que mostraban los otros liderazgos socialistas. Entendidas como un factor de corroboración de las operaciones de liderazgo, las mediciones en las encuestas no perfilaban bien a ninguna de las cartas socialistas en la antesala de la nominación del candidato de la Concertación para elección presidencial del 2009. Sin la corroboración adecuada, ninguno de los liderazgos socialistas despertaba el interés social necesario para articular una operación exitosa. Es más, las cartas con mayor interés social (José Miguel Insulza y Ricardo Lagos) dudaban en lanzarse en un carrera electoral que podían perder. En particular la debilidad electoral de Insulza era prevista por los mismos personeros que operaban su candidatura. Como señalaba el entonces senador socialista Carlos Ominami: "¿Qué pasa si después de nominarlo a Insulza aparece en la encuesta del CEP o en otras marcando un 4%"10. A su vez, surgían voces que culpaban a la mesa de empeñarse en esta opción. Dentro de estas voces se encontraban Enríquez-Ominami, Arrate y Navarro, quienes finalmente optarían por desagregar sus operaciones del partido y emprender carreras presidenciales propias.

Tanto Navarro como Enríquez-Ominami lograron articular operaciones de liderazgo que desagregaron del PS, mientras Arrate se plegó al pacto Junto Podemos encabezado por el Partido Comunista. Navarro anunció su candidatura presidencial al día después que los resultados municipales de 2008 dieron como victoriosos a 5 de los 8 candidatos "descolgados" que había apoyado, desagregando su tendencia (MAS) del PS. Sin embargo, su débil performance en las encuestas posteriores, en las que no lograba más del 1% de intención de voto, llevaron a que su candidatura fuese bajada desde la misma Comisión Política del MAS para favorecer a Enríquez-Ominami. Según la declaraciones del jefe político de la campaña de Enríquez-Ominami, Max Marambio, la candidatura de Navarro, también había sido debilitada internamente: "hace mucho tiempo tenemos contactos territoriales con gente del MAS que adhiere a la candidatura de Marco y que participa en nuestros comandos en regiones. Esto sería la conformación de una situación que ya se da en la práctica" 11 .

El liderazgo de Enríquez Ominami no sólo articuló un operación de mayor envergadura con la adhesión del MAS, el Partido Humanista y otras agrupaciones políticas pequeñas; articuló también un fuerte discurso anti elítico sumado a un discurso biográfico como forma de diferenciación respecto de los otros candidatos12. La convocatoria de estos contenidos se vio corroborada por un alza en los números de adhesión o de valoración positiva de la encuestas que lo llevó incluso al empate técnico con el candidato de la Concertación (Osorio y Schuster, 2010: 105).

Su diferencia con Navarro, en este aspecto, ilustra de manera clara el rol de la corroboración del liderazgo en relación con su validez. Parte de esta capacidad de corroboración proviene de la visibilidad del candidato: Enríquez-Ominami es uno de los políticos más conocidos en 2009, iniciando con un 84% de conocimiento y terminando el año con un 96% de conocimiento. Navarro en cambio, obtiene 60% de conocimiento en la primera medición CEP de 2009 y 65% en la medición de Octubre de 200913. El

mayor conocimiento de un liderazgo proviene de su mayor visibilidad, lo cual es evidente virtud de los recursos articulados en su operación (Vergara, 2011). El uso de estos hechos de corroboración fueron volcados en el argumento de la "competitividad" de Enríquez Ominami respecto de Frei, candidato de la Concertación. Tras la elección, a pesar de perder en toda su línea parlamentaria, la obtención de un 20,1% en la elección presidencial le valió una corroboración única desde el punto de vista de su liderazgo. Es probable que la posibilidad cierta de que su operación fuera reagregada a la Concertación14 motivó la ambigüedad respecto a su posición en la segunda vuelta electoral, lo que fue premiado con un desfile de agradecidos adherentes de derecha fuera de su casa , el día en que ganaron la presidencia .

El discurso anti-elítico de Enríquez-Ominami, expresado antes y después de su campaña presidencial, no sólo coincide con el ánimo expresado en las desagregaciones anteriormente vistas. En este caso, es tanto resultado de la falla integrativa de la élites partidarias, como una forma de articular y normativizar la base de su operación de liderazgo. A diferencia de los otros dos casos vistos, la operación de liderazgo encabezada por Enríquez-Ominami no funciona, en cuanto tal, como una simple desagregación, a su vez agrega nuevos elementos que no estaba vinculados a los partidos anteriores. La desagregación de Navarro y 135 militantes del Partido Socialista es agregada a la operación de Enríquez-Ominami el 2009. Lo mismo pasará con otros grupos que serán agregados posteriormente en el proceso de formación Partido Progresista (PRO).

En Enríquez-Ominami, el discurso anti elítico es menos una reacción y más un soporte. En este sentido, sus constantes críticas a las élites partidarias de la Concertación evocan la propuesta de un reemplazo elítico, en el sentido expresado tanto por Pareto como por Mosca. A pesar de su vinculación familiar con distintas élites partidarias (Navia, 2009; Osorio y Schuster, 2010), Enríquez Ominami ha sustentado un discurso en el que caracteriza a las élites partidarias como desgastadas y carentes de capacidad de integración. Si bien este discurso sólo fue atractivo para electores que sumaban las características de mayor educación y lejanía con los partidos tradicionales (Luna y Zechmeister, 2010), fue coincidente con una demanda social general "de cambio y renovación, e incluso, con un sentimiento anti-partido (o anti-elite política tradicional" (Ibid: 227).

El eje de este discurso, que ha sido la crítica a la clausura de la competencia , ha tenido vigencia tanto en el desarrollo de su campaña como en su oposición a ley "antidíscolos" presentada dirigentes políticos transversales y cuyo veto presidencial, esperado por Enríquez-Ominami, le resultó insuficiente15. De hecho el intento, por parte de élites partidarias, de cerrar espacios e incentivos a la desagregaciones de operaciones de liderazgo, pueden haber logrado contener (o re normativizar) el escenario interno, pero las desagregaciones ocurridas siguen funcionando y han logrado desmotivar las prácticas no integrativas de las élites partidarias.

A modo de conclusión

La crítica a la falta de capacidad integrativa de las élites partidarias expresadas, entre otros, en los casos aquí considerados, ha tenido efectos en el panorama político chileno y en la práctica de sus actores. Uno de estos efectos es el desplazamiento de algunas élites partidarias y el fortalecimiento de nuevas operaciones de liderazgo al interior de los partidos. Otro de los efectos es la desagregación de operaciones de liderazgo, de orden nacional lo que las ha instalado como operaciones relevantes en los escenarios futuros.

Un ejemplo del primer tipo de efectos los constituye la elección del consejo nacional de la DC en 2011, donde 13 de sus 18 consejeros integran esta instancia por primera vez, dejando fuera a algunos de los dirigentes habituales. Estos debutantes corresponden a concejales y dirigentes sociales que antes conseguían los votos territoriales para los dirigentes nacionales y que en esta oportunidad consiguieron los votos para sí mismos, de ahí que su integración al Concejo Nacional fue catalogada como la "rebelión de los sargentos". Esta integración de operadores (de ahí lo de "sargentos") al Concejo Nacional DC fue expresada como una crítica práctica a la élite partidaria, y aun cuando se considere que fue digitada por un sector (los príncipes), lo concreto es que no fue articulada por las elites dominantes hasta la desagregación colorina (chascones, colorines o guatones). Ello explica la articulación de discursos de renovación elítica sostenido por uno de los "príncipes": "Estamos en presencia de la muerte de los lotes y de los grupos de poder: la rebelión de los sargentos es un tiraje a la chimenea"16.

El hecho de que esta "rebelión" se trata mas bien una integración pactada, da cuenta tanto del despliegue de capacidad integrativa por parte de nuevas élites partidarias y la consideración de estar viviendo una renovación elítica, es decir, del grupo conductor. Como señalaba Fuad Chahín: "Los antiguos lotes y sectores que operaban para sí mismos se acabaron y dieron paso a nuevos liderazgos"17. Es sintomático, del primer efecto señalado, la mayor cabida de "productores electorales" por sobre "administradores electorales", pues dice mucho respecto al cambio en la conducción de los partidos.

Un ejemplo del segundo tipo de efectos, referido a la desagregación de operaciones de liderazgos de corte nacional lo constituyen tanto Adolfo Zaldívar como Enríquez-Ominami. La comparación entre estos casos evidencia también las diferencias en el uso del discurso anti elítico. Ambos han soportado argumentalmente sus desagregaciones en la critica a las élites partidarias, acotada a la Democracia Cristiana, en el caso de Zaldívar, y ampliada al conjunto de las cúpulas partidistas en el caso de Enríquez-Ominami. Sin embargo el uso del discurso y los movimientos tácticos son radicalmente diferentes.

Adolfo Zaldívar ha negociado su operación hacia la derecha, desincentivando cualquier acercamiento de sus colaboradores hacia la Concertación, como lo demuestran la expulsión de Mulet, la desautorización a Araya y su venia a un acuerdo municipal con la Coalición por el Cambio. No sólo buscó ser integrado en cargos gubernamentales, como BancoEstado; ha negociado el ingreso de sus adherentes a estos cargos y ha aceptado alejarse formalmente de la conducción de su operación como una suerte de señal de su disponibilidad18 .

Enríquez-Ominami, en cambio, sólo ha buscado acercamientos con el gobierno para evitar la aprobación de la "ley antidíscolos". En lo que respecta a la Concertación ha mantenido un discurso anti elítico, más que anti partido, en la perspectiva de ampliar no su margen de negociación sino el margen de agregación hacia su liderazgo. Aún cuando ha mantenido reuniones con partidos de la Concertación, no se ha despojado de su crítica a la élites partidarias: "La cúpula sigue en la lógica patrimonial de administrar el 30% y no está por alcanzar un consenso con las fuerzas progresistas. No obstante, sé que en la base concertacionista coinciden con mi planteamiento y tengo claro que llegaremos a un acuerdo con o sin la venía de la elite"19. En el caso de Enríquez-Ominami, es expresa su intención por consolidar su liderazgo a largo plazo. El caso de Zaldívar parece explicarse mejor como un intento por fortalecer un elemento de negociación.

Como podemos ver, los efectos de la crisis de las élites partidarias han producido cambios en el esquema integrativo. Pero ello no denota necesariamente una mayor colaboración entre operaciones de liderazgo. En este sentido, al demanda política expresada en las distintas situaciones de desegregación aquí descritas, no puede darse por absolutamente resuelta.

La clausura decisional de los partidos, el cierre cada vez más permanente de la composición de las élites partidarias, pauperizó la participación política. Esto no sólo ha desconectado el sistema de partidos de la ciudadanía, sino que también coincide con "el debilitamiento de la movilización electoral en base a corrientes programáticas amplias, y con la consolidación progresiva de liderazgos personalistas" (Luna y Zechmeister, 2010: xxviii).

Si las desagregaciones producidas en el periodo pre 73, motivaron la adopción de nuevas formas de partidos, vale decir, de nuevas formas de colaboración entre operaciones de liderazgo; la realidad actual no pareciera proponer nuevas formas de partidos, lo que implica que no hay un cuestionamiento o, no se tienen en carpeta, nuevas formas de colaboración. La tendencia a ser "menos partidarios" puede abrir oportunidades, como señalan Luna y Zechmeister (2010), a movimientos "anti políticos", lo que implica el despliegue de una mayor no colaboración.

Como señalamos anteriormente, el suceso de desagregación es tanto un producto directo de esta falla en la capacidad de norma y coacción de las élites partidarias, como de su displicencia en la labor integrativa de las operaciones de liderazgo ajenas a ella y, por tanto, de un déficit de colaboración. Este aspecto, central, no ha sido contenido en las nuevas normas legales que buscan fortalecer a los partidos. Como tendencia, este aspecto tampoco ha sido relevado en los discursos de las nuevas operaciones elíticas, o todavía no logra materializarse como reflexión. Sin embargo, la reflexión sobre la colaboración política es vital para un sociedad que parece encontrar insuficientes las formas de colaboración política vigentes (partidos).

Notas

1 Siguiendo el argumento weberiano acerca de la legitimidad de la dominación, la posibilidad de una dominación no legítima sólo cabe a aquella carente de aceptación y legalidad. Para Abellán, en el texto de Weber esto sólo cabe en un caso de usurpación del poder legítimo, es decir, en el caso en que "un tipo de poder que se organiza contra un poder legítimo (...) contra un poder ya institucionalizado, establecido" (...) "estaríamos ante un tipo de poder no incluido en la tipología de poder institucionalizado, y en esa forma nueva, distinta, la estructura sería distinta, en el sentido de que se estaría construyendo un tipo de poder procedente desde abajo" (Abellán, 2004: 59). Para Abellán, este caso se trataría de una dominación carismática, pero con una interpretación antiautoritaria del carisma, es decir, que lo que varía es la presentación del gobernante ante los gobernados" (Ibid.: 59). Pero esto no se condice con el contenido del apartado de Economía y Sociedad. Ramos Torre coincide con al noción de "usurpación" para el caso de la posibilidad de existencia de una dominación no legítima (Ramos Torre, 2001).

2 Ver "Extracto del Alegato del Senador Adolfo Zaldívar ante el Tribunal Supremo" http://democratascristianosantofagasta.blogspot.com/2007/12/extracto-alegato-del-senador-adolfo.html

3 Sobre este tema revisar los siguientes artículos de prensa: "Directiva DC pide la expulsión de Zaldívar". Diario El Mercurio, 27 de Noviembre de 2007; "Partido Regionalista ofrece cupos a Zaldívar y diputados colorines". Diario El Mercurio, 28 de Noviembre de 2007; "El triunfo del PRI que complicó a Alvear". El Mercurio, 27 de Octubre de 2008; "Adolfo Zaldívar esboza su futura candidatura presidencial". Diario El Mercurio, 02 de Noviembre de 2008; "PRI deja en libertad de conciencia a sus militantes en medio de incidentes". Diario La Tercera, 31 de Diciembre de 2009; "PRI expulsa a Mulet por apoyo público a Frei en segunda vuelta". Diario El Mercurio, 04 de Abril de 2010; "Candidatos del PRI denuncian persecución por apoyar a MEO". El Mostrador, 12 de Diciembre de 2009; "El gobierno está sitiado por la izquierda, falta sentido de autoridad". Diario La Tercera, 3 de Julio de 2011; "Sucesor de Adolfo en el PRI". Diario El Mercurio, 05 de Julio de 2010; "Zaldívar y Hinzpeter afinan ingreso del PRI a cargos de Gobierno. Diario El Mercurio 22 de Junio de 2010; "Adolfo Zaldívar viaja a Santiago en medio de acercamientos PRI-DC". El Mercurio, 21 de Abril de 2011; "Dirigentes del PRI recalcan que no son oposición y desautorizan a diputado Araya". El Mostrador, 14 de Mayo de 2011; "Adolfo Zaldívar retoma rol político en Santiago con críticas a la DC". Diario La Tercera, 23 de Abril de 2011; y "Alianza abre negociación con PRI por acuerdo municipal". Diario La Tercera, 01 de Julio de 2011.

4 Ver "Marcela Hernando, Alcaldesa electa de Antofagasta". Diario El Mercurio 27 de Octubre de 2008.

5 Ver, "Escalona y disidencia PS en franca guerra por la destitución de presidente regional". Diario El Mercurio, 30 de Octubre de 2007.

6 Emol.com. " Especial: elecciones municipales 2008"

7 Ver Diario Electrónico El Nortero. "Marcela Hernando: "No seré Alcaldesa de la Concertación". http://www.elnortero.cl/admin/render/noticia/17508

8 Sobre estos casos ver los siguientes artículos de prensa: "Alcaldesa de Antofagasta se acerca a la DC". Diario La Segunda, 14 de Abril de 2011; "Batatazo de Carolina Plaza: cambia a RN". Diario Las Ultimas Noticias, 29 de Octubre de 2010; "Alcalde Sankán anunció regreso al PPD". Diario La Estrella de Arica, 13 de Junio de 2010; y "Alcalde Cicardini no descarta volver al Partido Socialista". Diario Chañarcillo. 03 de Mayo de 2011.

9 El gobierno de Bachelet promovió normativas como las órdenes de partido, la uniformidad de las estructuras de los partidos, la descentralización orgánica, votaciones internas, etc. Algunos elementos, como las primarias internas, ya se encontraban en el Boletín 471607 del Senado de la República de12 de Diciembre de 2006 que deviene en la ley 20.414 "Reforma Constitucional en Materia de Transparencia, Modernización del Estado y Calidad de la Política". Publicada en el Diario Oficial el 04 de Enero de 2010.

10 Ver, "Insulza juega su último as para neutralizar a Lagos". Diario El Mercurio 26 de Octubre de 2008.

11 Ver, "Navarro baja candidatura a factor de Enríquez Ominami tras perder respaldo de su propio partido". Diario La Tercera, 23 de Septiembre de 2009.

12 Ver, "Enríquez: Por mis venas corre sangre radical". Diario La Tercera 02 de Agosto de 2009; "La accidentada historia detrás de la hermana de Enríquez". Diario La Tercera, 07 de Agosto de 2009; "Enríquez-Ominami se apropia de circuito bohemio del bacheletismo". Diario La Tercera, 05 de Septiembre de 2009; "Ominami: "Ni Piñera ni Frei salieron expulsados de Chile a los tres meses de vida". Diario La Tercera, 17 de Septiembre de 2009; "Doggenweiler irrumpe en campaña con velada crítica a candidato DC". Diario La Tercera, 23 de Septiembre de 2009; "Voto biográfico" Cristóbal Bellolio. El Mostrador, 24 de Noviembre de 2009, etc.

13 Ver, CEP. Estudio Nacional de Opinión Publica N° 30. Tercera Serie. Mayo-Junio 2009 y CEP. Estudio Nacional de Opinión Publica N° 32. Tercera Serie. Octubre 2009.

14 En este sentido son significativas las palabras de una fuente PS en un artículo de CIPER: "Nosotros conocemos a los operadores políticos que hicieron la campaña de MEO en terreno, porque la mayoría son ex socialistas o ex PPD. Con ellos hicimos todas las campañas presidenciales, parlamentarias y municipales de los últimos 20 años. Tenemos sus teléfonos grabados en el celular, en la agenda, y eso no lo tienen ni Frei ni Carvajal ni Lagos Weber ni los de Océanos Azules. Así que cuando Aleuy identifique los lugares, nosotros tenemos que ir a convencerlos. La dificultad es que ellos eran cabos y sargentos en las campañas de la Concertación y ahora fueron coroneles y generales de MEO. Ellos se fueron precisamente porque acá no había tiraje. No podemos ofrecerles que vuelvan a ser cabos -asegura un integrante de la Comisión Política del PS." El artículo aduce: La apuesta incluye ofrecerles ayuda para que concreten sus proyectos locales si efectivamente se pone en marcha el referente político que pretende organizar Enríquez Ominami. Tomando en cuenta que no tienen bancada parlamentaria ni fuerzas en los municipios, se les ofrecería el apoyo de parlamentarios, alcaldes, concejales y consejeros regionales del oficialismo. "Frei y su cacería contrarreloj de los votos perdidos". CIPER. 18 de Diciembre de 2009

15 Como señaló a La Tercera: "El objetivo central del veto era cambiar una disposición que afectaba a los partidos en formación y que afectaba directamente al referente que encabeza el ex presidenciable Marco Enríquez- Ominami, el PRO" (.) Enríquez-Ominami criticó al gobierno por no objetar todo su contenido: "Esta ley es completamente indecente y el veto enviado hoy está a la misma altura". "Veto a ley "antidíscolos" incluye norma para favorecer el fichaje de independientes". Diario La Tercera, 20 de Mayo de 2011.

16 "La rebelión de los sargentos que cambió el mapa político en la DC". Diario El Mercurio, 16 de Enero de 2011.

17 El Mercurio señala un almuerzo en la casa de Ignacio Walker el 12 de septiembre de 2010 en el que, con la asistencia de Faud Chahín, y al presencia de "varios dirigentes sociales y "operadores" políticos. Todos pertenecientes al sector de los ex colorines (.) que apoyaron la candidatura de Walker organizados por Chahín", se selló "la alianza extraoficial para que los "ex colorines" pudiera acceder a una mayor representación y, a cambio, apoyaran a la mesa de Walker". "La rebelión de los sargentos que cambió el mapa político en la DC". Diario El Mercurio, 16 de Enero de 2011. Cabe notar que Chahín es uno de los gestores del acercamiento de Marcela Hernando (descolgada ex PPD) a la DC. Ver "Alcaldesa de Antofagasta se acerca a la DC". Diario La Segunda, 14 de Abril de 2011.

18 Resulta curiosa, en este punto, la "solución" planteada por un disidente a la presidencia de Carlos Larraín en diciembre de 2009: ""La tarea de sacarlo de la presidencia no será fácil", admite un disidente tan seguro de que Piñera llegará a La Moneda, que añade que "para sacárnoslo de encima, vamos a tener que mandarlo de embajador a alguna parte". ("El piñerismo va por la cabeza de Carlos Larraín". El Mostrador, 18 de Diciembre de 2009). Según El Mercurio, en marzo de 2010 Zaldívar había declinado asumir la embajada de Lima o de Buenos Aires "argumentando que prefería quedarse en Chile para apoyar la consolidación de su partido tras los resultados electorales de las últimas elecciones"(Ver, "Adolfo Zaldívar cambia de opinión y se muestra interesado en presidencia del BancoEstado", Diario El Mercurio, 18 de Marzo de 2010). La Tercera suma México y Alemania como embajadas también ofrecidas y ratifica la negativa a alejarse de Chile por el PRI (Ver, "Adónde se irá Adolfo Zaldívar". Diario La Tercera, 21 de Marzo de 2010). En lo concreto, al aceptar la embajada en Argentina, Zaldívar aceptó salir de la escena nacional por el tiempo que dure su representación.

19 Ver, "Este no es mi momento". Diario La Tercera, 24 de Abril de 2011.

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Recibido: 07.12.2010 Aceptado: 23.11.2011