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Latin american journal of aquatic research

versión On-line ISSN 0718-560X

Lat. Am. J. Aquat. Res. vol.39 no.2 Valparaíso jul. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-560X2011000200014 

Lat. Am. J. Aquat. Res., 39(2): 327-337, 2011
DOI: 10.3856/vol39-issue2-fulltext-14

RESEARCH ARTICLE

 

Asociación entre la tasa de autofecundación y la frecuencia de larvas malformadas en poblaciones cultivadas del ostión del norte Argopecten purpuratus (Lamarck, 1819)

Association between self-fertilization rates and the frequency of malformed larvae in farmed populations of the northern scallop Argopecten purpuratus (Lamarck, 1819)

 

Christopher Concha1, Emilio Figueroa1 & Federico M. Winkler1,2

1Departamento Biología Marina, Facultad de Ciencias del Mar, Universidad Católica del Norte P.O. Box 117, Coquimbo, Chile
2
Centro de Estudios Avanzados en Zona Áridas (CEAZA), Universidad Católica del Norte P.O. Box 117, Coquimbo, Chile

Dirección para correspondencia


RESUMEN. El incremento de la frecuencia de malformaciones y la reducción de la viabilidad y fecundidad suelen ser las primeras manifestaciones de la depresión por consanguinidad en animales. El ostión del norte, Argopectenpurpuratus (Lamarck, 1819), es una especie hermnafrodita funcional con autofecundación parcial y durante la reproducción artificial puede presentar altos grados de autofecundación. En este trabajo se analizó la asociación de la tasa de autofecundación con la frecuencia de larvas malformadas y la supervivencia larval. Se desovaron adultos maduros y se recogieron separadamente los gametos femeninos del 5° pulso de liberación en adelante y los masculinos. Los ovocitos fueron fecundados con espermatozoides de otro individuo, formando familias de hermanos completos. La tasa de autofecundación se verificó por la proporción de ovocitos que entra en división en una muestra de ellos sin fecundar. La tasa de autofecundación varió entre familias de 0 a 100%, con distribución de frecuencias normal. La proporción de larvas malformadas se distribuyó al azar entre las familias analizadas, pero se correlacionó negativamente, en forma moderada pero significativa, con la tasa de autofecundación y la temperatura media del cultivo. Los datos sugieren que la autofecundación en las familias de ostiones puede favorecer una mayor homeostasis del desarrollo larval.

Palabras clave: depresión por consanguinidad, pectínidos, hermafroditismo, homeostasis del desarrollo, Argopecten purpuratus.


ABSTRACT. Increased frequencies of malformations and the reduction of viability and fecundity are some of the first manifestations of inbreeding depression in animals. The northern scallop, Argopecten purpuratus (Lamarck, 1819), is a functional hermaphrodite species with partial self-fertilization. During artificial reproduction, this species may present high degrees of self-fertilization. In this work, the association between the selfing rate and the frequency of larval malformations and survival were analyzed. Mature adults were spawned, and female and male gametes were collected separately from the fifth or later spawning pulses. Oocytes were fertilized with sperm from another individual, forming families of complete siblings. Selfing rates were verified by the proportion of cleaving oocytes in a non-fertilized sample. Self-fertilization ranged from 0 to 100% among families, with a normal distribution. The proportion of malformed larvae was distributed randomly among the families analyzed, but was negatively correlated - moderately but significantly - with the selfing rate and the mean water temperature of the culture. These results suggest that self-fertilization in scallop families can favor greater homeostasis of larval development.

Keywords: inbreeding depression, pectinids, hermaphroditism, developmental homeostasis, Argopecten purpuratus.


INTRODUCCIÓN

La consanguinidad o endogamia es un factor relevante en el proceso de cambio de las frecuencias genotípicas en una población. En muchas especies con reproducción cruzada causa pérdida en el valor de parámetros vinculados con la adecuación biológica y la producción, conocida como depresión por consanguinidad (Falconer & Mackay, 1996; Lynch & Walsh, 1998). Este fenómeno ha sido ampliamente informado para especies de plantas y animales (Charlesworth & Charlesworth, 1979, 1987; Lande & Schemske, 1985, 1987; De Rose & Roff, 1999; Crnokrak & Roff, 1999; Lens et al., 2000; Wang et al., 2002), incluido diversas especies de moluscos, donde el incremento de la endogamia suele manifestarse en una disminución de las tasas de crecimiento, mayor mortalidad o incremento de frecuencia de malformaciones, entre otros (Beaumont, 1986; Evans et al., 2004; Deng et al., 2005; Ibarra et al., 1995; Park et al., 2006; Martínez et al., 2007; entre otros).

La consanguinidad se produce por el cruzamiento entre individuos que están más emparentados entre sí que el promedio de la población (Falconer & Mackay, 1996; Martínez & Figueras, 2007), y tiene su máxima expresión en la autofecundación. Esta es común en una gran variedad de plantas hermafroditas (Charlesworth & Charlesworth, 1979), donde, sin embargo, se han descrito evidencias de adaptaciones que involucran sistemas que promueven la exofecundación (Charlesworth & Charlesworth, 1987). En animales, y particularmente en moluscos, existen diversas especies hermafroditas, como ostras (Murakoshi & Hirata, 1993; Evans et al., 2004), caracoles de tierra (Ruppert & Barnes, 1996), entre otros. Sin embargo, muchas de esas especies también exhiben mecanismos que previenen la autote-cundación, como la alternancia de sexos (Ruppert & Barnes, 1996; Calvo et al., 1998), mecanismos eficientes de dispersión de gametos, sincronización de desoves e incompatibilidad gamética, entre otros (Knowlton & Jackson, 1993).

En los moluscos pectínidos existe un gran número de especies hermafroditas funcionales, cuyos miembros poseen una gónada dividida en una porción masculina y otra femenina (Ruppert & Barnes, 1996; Calvo et al., 1998). En varios de ellos se ha informado la maduración sincrónica de ambas porciones de la gónada y desoves simultáneos (Guzmán et al., 1998). Así, en el ostión del norte, Argopecten purpuratus (Lamarck, 1819), se han registrado tasas de autofecundación que varían entre 0 y 100%, con promedios en torno al 10 y 20%, durante desoves en ambiente controlado (Winkler & Estévez, 2003; Toro et al., 2009). En A. purpuratus y otros bivalvos, como Pecten maximus, Placopecten magellanicus y Crassostrea gigas, el proceso de desove se inicia cuando los ovocitos pasan de la profase I a la metafase I, seguido de la ruptura de la vesícula germinal y su liberación al medio (Widoeati et al., 1995; Désilets et al., 1995; Kyosuka et al., 1997; Martínez et al., 2000). Cuando el ovocito se encuentra en metafase I puede ser fecundado por los espermatozoides y, en pectínidos, al ser evacuados ambos tipos de gametos por una vía común, es posible la autofecundación en el tracto genital (Mackie, 1984; Widoeati et al., 1995). Así, la autofecundación durante el desove es considerado un fenómeno común en pectínidos hermafroditas (Beaumont, 1986; Benninger & Le Pennec, 1991; Ibarra et al., 1995). En cultivos artificiales, donde los reproductores son confinados a pequeños volúmenes de agua, se presume que la autofecundación sería mayor que en la naturaleza, pero no hay estimaciones de las tasa de autofecundación en el medio natural.

El efecto del incremento en la consanguinidad derivado de la autofecundación ha mostrado resultados discrepantes entre estudios en pectínidos. Algunos autores han informado evidencias de depresión por consanguinidad, con supervivencias o crecimientos menores en larvas producidas por autofecundación que los controles producidos por fecundación cruzada (Beaumont, 1986; Ibarra et al., 1995; Martínez et al., 2007; Zheng et al., 2008; Toro et al., 2009, 2010). Otros, en cambio, no han encontrado evidencias de ello (Betancourt et al., 1994; Winkler & Estévez, 2003).

El incremento de las malformaciones durante la etapa de desarrollo es una de las primeras manifestaciones de la depresión por consaguinidad (Evans et al., 2004; Park et al., 2006). Esto se ha observado en larvas de organismos marinos, como abalones (Deng et al., 2005; Park et al., 2006), ostras (Evans et al., 2004; Naciri-Graven et al., 2000) y peces (Lu & Bernatchez, 1999; Wang et al., 2002), entre otros. Teóricamente, este fenómeno se asocia con pérdida de homeostasis de desarrollo, es decir, la capacidad para compensar eficientemente los efectos adversos del ambiente para desarrollar en forma precisa el plan ontogenético contenido en el genoma de los individuos, en un ambiente determinado (Waddington, 1953, 1957; Dobzhansky & Wallace, 1953; Dobzhansky, 1955; Thoday, 1958; Nijhout & Davidowitz, 2003). Así, la mayor frecuencia de malformaciones en una población se vincula con menores niveles de adecuación biológica (Evans et al., 2004; Deng et al., 2005).

La presencia de larvas malformadas durante la reproducción artificial de Argopecten purpuratus ha sido descrita por Avendaño et al. (2001), quienes consideran este factor como un problema en la producción de semillas de esta especie. Hasta el presente no existe un análisis de la variación en la tasa de malformaciones entre poblaciones de ostiones ni una explicación sobre sus posibles causas. Considerando que las malformaciones son una manifestación frecuente de la depresión por consanguinidad, y que durante la reproducción artificial de esta especie se producen grados variables de autofecundación, puede presumirse que ambos fenómenos están conectados. Así, en este trabajo se intenta verificar si la frecuencia de malformaciones en las larvas es una consecuencia de la consanguinidad derivada de la autofecundación que se produce durante la reproducción artificial.

MATERIALES Y MÉTODOS

Se obtuvieron al azar reproductores maduros de una población de ostiones de cultivo provenientes de captación natural de bahía Tongoy, los que fueron trasladados al Laboratorio Central de Cultivos de la Universidad Católica del Norte, Sede Coquimbo. Con ellos se establecieron 91 familias, por fecundación cruzada, y en cada una de ellas se estimó la tasa de autofecundación, frecuencia de malformaciones y mortalidad. Los experimentos se realizaron entre el 3 de julio del 2008 y 14 de enero del 2009.

Desove y obtención de gametos

Adultos maduros fueron estimulados para inducir a desove utilizando la metodología descrita por Di Salvo et al. (1984), recogiendo independientemente los gametos masculinos y femeninos, cada uno de un grupo diferente de ejemplares. Esta especie normalmente libera sus gametos en pulsos, iniciándose el desove con la evacuación de espermatozoides, seguido, entre 10 y 20 min después, por los ovocitos (Martínez et al., 2007). El cambio de sexo fue monitoreado por observación del color del riñón. Este es observable por delante del músculo aductor al separar las valvas del reproductor, y adquiere un color blanco lechoso durante la expulsión de los espermatozoides, cambiando a un color rojo anaranjado al iniciar la liberación de ovocitos (Winkler & Estévez, 2003). Los espermatozoides se recogieron en cubetas con agua filtrada a 1 µ esterilizada con luz UV, retirando los individuos del recipiente antes de iniciarse el cambio en el tipo de gametos liberados. Para la recolección de ovocitos se dejó que los individuos concluyesen de emitir gametos masculinos, se los retiró del recipiente en que estaban, lavándolos cuidadosamente con agua filtrada y esterilizada con UV, y se los colocó en un recipiente con agua de mar fresca. Los primeros cinco pulsos de emisión de ovocitos fueron descartados para prevenir un exceso de autofecundación. Para ello, luego de emitir cada pulso de gametos, el reproductor fue retirado del recipiente, lavado en la forma descrita previamente y colocado en un nuevo recipiente con agua fresca, según el procedimiento descrito por Winkler & Estévez (2003).

Previo a realizar la fecundación cruzada, se separó una muestra de 1 mL de agua desde el recipiente conteniendo los ovocitos, la que se incubó a temperatura ambiente (aprox. 16°C) por 4 h. Al cabo de este tiempo se observó bajo microscopio, para verificar la presencia de zigotos en división, productos de autofecundación (Winkler & Estévez, 2003) y se obtuvieron tres fotos del desove de cada hembra con una cámara fotográfica digital Canon Power Shot A 620 adosada a un microscopio. Se examinaron 70 ovocitos/cigotos por hembra desovada, y la tasa de autofecundación se expresó como el porcentaje de cigotos en división sobre el total de ovocitos analizados.

El incremento en el coeficiente de consanguinidad (AF) para cada familia durante el proceso de reproducción artificial se estimó como:

ΔF = (1 - C)/2

donde C es la proporción de individuos producidos por exofecundación en la población (Winkler & Estévez, 2003). El incremento de consanguinidad derivado del grado de parentesco entre los individuos que se cruzan se consideró despreciable para los efectos de este experimento, dado que los reproductores se obtuvieron al azar de una población silvestre (Tongoy) compuesta por más de 60 millones de individuos, de los cuales se estima que un 20% serían adultos (S. Cortez, com. pers.), y los cruces se hicieron al azar. Así, la consanguinidad derivada de este factor debería ser, en promedio, la misma que en la población base.

La fecundación se realizó usando una proporción aproximada de 10 espermatozoides por ovocito. Cada familia fue dispuesta en un estanque de 200 L independiente, con agua de mar filtrada a 1 µ y esterilizada con luz UV. El cultivo larval se realizó a temperatura am biente, con recambio completo de agua cada dos días y aeración constante a partir de las 48 h. Se alimentó a diario con 10 L de Isochrysis galbana var. tahiti (2,5 x 104 cel mL-1) por estanque. La densidad de larvas varió de ~12 larvas mL-1 al inicio del cultivo, a ~1 larva mL-1 al final de éste. La temperatura del agua de los estanques fue registrada tres veces al día (mañana, mediodía y tarde) con un termómetro (0,1°C).

Durante el cambio de agua las larvas se retuvieron en un tamiz de 45 um, y de él se colectaron muestras de larvas siguiendo la metodología descrita por Di Salvo et al. (1984), las que fueron almacenadas en tubos Eppendorf de 1,5 mL con formalina al 5% hasta su análisis. La supervivencia y la frecuencia de larvas malformadas por familia se evaluó al segundo día post-fecundación, a la mitad y al final del período de cultivo. Para compensar eventuales variaciones en las tasas de desarrollo causadas por diferencias en la temperatura de cultivo (Ruiz et al., 2008), la segunda medición se hizo cuando las larvas alcanzaron las 251,7 Unidades Térmicas Acumuladas (UTA) (Brenko & Calabrese, 1969; Uki & Kikuchi, 1984; Pérez, 2002; Gallegos, 2003; González, 2003). La mortalidad se estimó por la diferencia en la cantidad de larvas entre periodos sucesivos de medición. Para ello se contó bajo lupa el número de larvas vivas en una alícuota de 1 mL de la muestra obtenida del tamiz, y se extrapoló al volumen total del estanque. El alto de las larvas se midió a partir de imágenes digitales obtenidas con un microscopio de transmisión dotado con cámara fotográfica, y usando el programa Image-Pro Plus 4.0, calibrado para que las medidas fuesen registradas en micrómetros.

La presencia de malformaciones se verificó mediante observación bajo microscopio y registro microfotográfico de 50 larvas tomadas al azar por familia, para cada etapa del cultivo definida previamente. Como criterios para definir la manifestación de alteraciones en el desarrollo se usaron las descripciones de la morfología normal de las larvas de A. purpuratus de Bellolio et al. (1994) y de las deformaciones informadas por Avendaño et al. (2001).

Análisis de los datos

La asociación de la frecuencia de larvas malformadas por familia con el porcentaje de autofecundación o la temperatura promedio del agua del cultivo, y la relación entre el porcentaje de autofecundación y la mortalidad larval en cultivo, se examinaron mediante análisis de regresión simple (Yi = α + βi). La significancia de los coeficientes de regresión fue verificada mediante una prueba t-Student (Sokal & Rolf, 1981).

La distribución de frecuencias de larvas malformadas entre familia se comparó con una distribución de Poisson, usando la prueba de Chi-cuadrado para bondad de ajuste como prueba de hipótesis. Los porcentajes de autofecundación para las familias se analizaron con una prueba de Kolmogorov-Smirnov. La proporción promedio de larvas malformadas al inicio y a mediados del cultivo fueron analizadas utilizando una prueba t-Student, para verificar si existía diferencia entre ellos.

RESULTADOS

De las 91 familias formadas en siete eventos de reproducción (Tabla 1), sólo 20 de ellas (22%) alcanzaron el estadio de pediveliger, etapa en que se inicia el proceso de fijación, la cual se alcanzó en 20 a 22 días de cultivo, dependiendo de la temperatura de cultivo. Sesenta y dos familias (68%) sobrevivieron hasta la etapa media del desarrollo larval. La proporción de larvas vivas promedio por familia mostró una marcada caída a lo largo del cultivo, con una reducción de aproximadamente el 80% entre la primera y segunda medición, y sólo el 5% de las larvas de cada familia sobrevivió hasta el final del cultivo (Fig. 1).


Tabla 1. Temperatura promedio del agua (± DE) en estanques de cultivo de larvas de Argopecten purpuratus en tres etapas del cultivo, para siete eventos de reproducción.

Table 1. Mean water temperature in culturing tanks (± SD) with Argopecten purpuratus larvae at three moments of the larval life span in seven culture batch.


Figura 1. Supervivencia relativa promedio de larvas de A. purpuratus en tres momentos del periodo de cultivo.

Figure 1. Average relative survivorship of A. purpuratus larvae at three moments of the larval culturing period.

La tasa de autofecundación varió de 0% a 100% entre las familias, con un promedio general de 43%, y distribución normal (P > 0,05). El 19% de las familias no presentó autofecundación (ΔF = 0) pero en un 17% de ellas todas los cigotos producidos provienen de autofecundación (ΔF = 50%) (Fig. 2). Así, el incremento de la consanguinidad promedio estimado durante el proceso artificial de reproducción fue de 21,5%. La longitud de las larvas al inicio del cultivo varió entre 92 y 102 µm, con un promedio de 98 ± 3 µm, alcanzando 207 ± 9 µm a la edad de fijación (Fig. 3), con una tasa de crecimiento de 4,1 µm día-1.


Figura 2. Incremento de la consanguinidad (ΔF ), estimado por la proporción de cigotos autofecundados, en 91 familias de A. purpuratus.

Figure 2. Increment of the inbreeding (ΔF) estimated trough the selfing rate, in 91 families of A. purpuratus.


Figura 3. Variación en la longitud promedio de larvas de A. purpuratus a lo largo del período de cultivo.

Figure 3. Variation in the mean shell length of A. purpuratus larvae along of the larval cultivation period.

A las 48 h post-desove todas las larvas se encontraron en estadio de veliger, con una concha de forma semicircular con bordes regulares (Fig. 4a). A mediados del cultivo esta forma se ha modificado levemente para adoptar la típica forma de larva D (Fig. 4c). En algunas larvas se observó una hendidura muy marcada en el contorno de la concha, característica que se registró tanto a inicios (Fig. 4b) como a mediados del cultivo (Fig. 4d). La proporción de larvas con esta malformación varió entre las familias de 0 a 12% al inicio, y de 0 a 10% mediados del cultivo, con promedios de 4 y 3%, respectivamente (P > 0,05). En la última medición todas las larvas observadas se encontraron en estadio de pedivelíger, con conchas de forma semicircular (Fig. 4e), y no se observaron individuos con morfologías alteradas. La distribución de frecuencias de larvas malformadas entre las familias fue al azar, tanto al inicio como a mediados del cultivo (P > 0,05; Fig. 5).


Figura 4. Larvas de A. purpuratus. a las 48 h postfecundación: a) normal, b) malformada; a las 251,7 U.T.A. de cultivo: c) normal, d) malformada; e) al final del cultivo.

Figure 4. Larvae of A. purpuratus: after 48 h fertilization: a) normal, b) malformed; after 251.7 U.T.A. of cultivation; c) normal, d) malformed; e) at the end of the cultivation period.


Figura 5. Distribución de frecuencia de familias con diferentes número de larvas malformadas por muestra: a) al inicio, b) a mediados del periodo de cultivo (251,7 ± 8,9 U.T.A.). (N = 50 larvas por familia).

Figure 5. Frequency distribution of families with different number of malformed larvae per sample: a) at the beginning, b) at the middle of the cultivation period (251.7 ± 8.9 U.T.A). (N = 50 larvae for family).

Las familias con tasas más altas de autofecundación tendieron a tener menor proporción de larvas malformadas que aquellas con menor autofecundación, tanto en las evaluaciones realizadas a inicios como a mediados del cultivo (Fig. 6), apreciándose una moderada pero significativa correlación negativa entre ambas variables en las dos edades (r = 0,426 y 0,359, respectivamente; P < 0,05). Por su parte, la temperatura media del agua del cultivo no se asoció significativamente con la frecuencia de larvas con alteraciones morfológicas a las 48 h postfecundación (P > 0,05), pero si se observó una moderada pero significativa asociación negativa (P < 0,05) entre dichas variables en la medición realizada a mediados del cultivo (Fig. 7). En cambio, las tasas de autofecundación ni la temperatura media del agua se asociaron con la mortalidad larval (P > 0,05).


Figura 6. Asociación entre el porcentaje de autofecundación y frecuencia de larvas malformadas en 91 familias de A. purpuratus. a) al inicio, b) mediados (251,7 ± 8,9° U.T.A.) del periodo de cultivo.

Figure 6. Association between the self-fertilization proportion and the frequency of malformed larvae in 91 families of A. purpuratus. a) at the beginning, b) the middle (251.7 ± 8.9° U.T.A.) of the cultivation period.


Figura 7. Asociación entre la temperatura promedio del agua de cultivo y la frecuencia de larvas malformadas en 91 familias de A. purpuratus a mediados del periodo de cultivo.

Figure 7. Association between the average water temperature and the frequency of malformed larvae in 91 A. purpuratus families at the middle of the cultivation period.

DISCUSIÓN

La presencia de una hendidura muy marcada en el contorno de la concha de las larvas a las 48 h postfecundación es similar a las alteraciones descritas por Avendaño et al. (2001). Estas alteraciones persisten al menos hasta mediados del periodo de desarrollo larval, sugiriendo que ellas no serían letales en esta etapa o que pueden generarse durante el crecimiento de las larvas velíger. Su ausencia al final del cultivo, no obstante, parece indicar que estas alteraciones en la concha pueden asociarse con mortalidad selectiva como proponen Avendaño et al. (2001). No obstante, por su baja frecuencia en los cultivos, menor al 12%, este no parece ser un factor relevante en el éxito de la producción de juveniles de ostión del norte en sistemas controlados.

Las malformaciones morfológicas se asocian con alteraciones aleatorias en el patrón de desarrollo ontogenético de los organismos (Waddington, 1957), las que se suponen no heredables y distribuidas al azar en la población, fenómeno denominado inestabilidad del desarrollo (ID; Palmer, 1994). Factores ambientales pueden incidir en la frecuencia y magnitud de la ID en las poblaciones (Markow, 1995; Dethlefsen et al., 1996; Jezierska et al., 2000) y la temperatura ha sido descrita como uno de ellos en distintos organismos (Zimmerman & Pechenik, 1991; Nomaguchi et al., 1997; Hallare et al., 2005). Nuestros resultados muestran que el incremento de temperatura, dentro de los rangos estudiados, tendería a favorecer una mayor estabilidad de desarrollo en A. purpuratus. Temperaturas más altas aumentan las tasas de desarrollo en moluscos (Barría et al., 2005), y en particular en pectínidos (Tettelbach & Rhodes, 1981; Di Salvo et al., 1984; He et al., 1999), y se puede presumir que al abreviarse ciertas etapas críticas de la ontogenia se reduce la probabilidad de accidentes causantes de malformaciones en los procesos de morfogénesis. No obstante, como se ha observado en Ciona savignyi, temperaturas superiores al óptimo para el desarrollo embrionario de la especie podrían favorecer el incremento de la ID (Nomaguchi et al., 1997).

La frecuencia de larvas malformadas en A. purpuratus se distribuyó al azar entre familias, y se correlacionó negativamente con la tasa de autofecundación. Este resultado contradice los resultados de estudios previos sobre el efecto de la consanguinidad en especies con reproducción cruzada, en las que el incremento en la ID en las progenies suele ser una de las primeras manifestaciones de la depresión por consanguinidad (Smouse, 1986; Deng et al., 2005; Park et al., 2006). No obstante, en cruzamientos entre especies o poblaciones conespecíficas genéticamente divergentes (subespecies, razas geográficas, etc.) también se ha observado incremento en las tasas de malformaciones, fenómeno conocido como depresión por exogamia (Alibert & Auffray, 2003). En ambos casos el fenómeno se asocia a una reducción de la homeostasis del desarrollo (HD) de las progenies respecto de sus parentales, es decir, de capacidad del genoma para compensar alteraciones causadas por el ambiente en el plan de desarrollo ontogenético contenido en los genes de un organismo (Wadington, 1957). La base genética de la pérdida de HD se ha vinculado con menores niveles de coadaptación genómica, es decir, de la capacidad del genoma de los individuos para actuar coordinadamente para producir el fenotipo normal. En el caso de la consanguinidad se atribuye al incremento de la homocigosis y una mayor probabilidad de expresión de alelos recesivos deletéreos al estado homocigoto (Woolf & Markow, 2003). En los cruces exogámicos, en cambio, se produciría por la incompatibilidad entre ambos genomas parentales para controlar eficientemente los procesos de morfogénesis individual (Alibert & Auffray, 2003).

A. purpuratus es una especie con alta fecundidad, pero sólo una proporción muy baja de los cigotos producidos completa su desarrollo larval, y aún menos sobreviven hasta la edad reproductiva (Di Salvo et al., 1984; Avendaño et al., 2001; Winkler & Estévez, 2003; Martínez et al., 2007). Durante el desarrollo ontogenético de A. purpuratus, la proporción de individuos generados por autofecundación dentro de familias se reduce significativamente (Toro et al., 2009, 2010), así como la homocigosis en loci aloenzimáticos (Winkler et al., 2009), indicando la ocurrencia de fuertes efectos selectivos contra los ejemplares con más alta consanguinidad dentro de la población. No obstante, si dentro de una población diferentes genotipos multiloci producen fenotipos similarmente adaptados, mientras que otras combinaciones genotípicas tienen menor adecuación biológica relativa, en un escenario de intensa selección natural sobrevivirán y se reproducirán preferentemente los individuos con genotipos que otorguen los mejores niveles de coadaptación genómica, y las progenies producidas por autofecundación tendrán una mejor oportunidad de reunir combinaciones alélicas ventajosas que aquellas producidas por reproducción cruzada al azar. La tendencia hacia menores tasas de malformaciones en larvas de familias con mayores niveles de autofecundación se podría asociar al efecto de la selección natural en la generación parental y la probabilidad que se reproduzcan en las progenies algunos de estos genotipos particularmente ventajosos. La consanguinidad produce desequilibrios de fase gamética entre loci no ligados físicamente y favorece la conformación de complejos genéticos particularmente coadaptados (Endler, 1977, Templeton, 1986), lo que puede contribuir a acentuar este fenómeno.

Los niveles de autofecundación observados en este trabajo variaron ampliamente entre individuos y, en promedio, superan lo informado previamente para esta especie utilizando la misma metodología de desove y cuantificación (Winkler & Estévez, 2003; Toro et al., 2009, 2010). En la reproducción artificial de esta especie con fines comerciales se suelen recoger separadamente los gametos de ambos sexos y la fecundación se realiza usando pools de gametos de varios reproductores (Bellolio et al., 1994), o bien se usan cruces masivos en que un gran número de reproductores desovan en un estanque y la fecundación ocurre espontáneamente. En ambos casos, los primeros pulsos de liberación de ovocitos, en los que la autofecundación es mayor (Winkler & Estévez, 2003), no se descartan. Así, es esperable que los niveles de autofecundación durante la reproducción artificial de la especie, y por lo tanto de consanguinidad, sean mayores aún que los estimados en este trabajo. En la naturaleza, en cambio, se presume que las tasas de autofecundación serían más bajas que en cultivo (Martínez et al., 2000). Coherente con este supuesto, los estudios de genética poblacional no han mostrado una tendencia hacia exceso de homocigotos sobre múltiples loci (Von Brand & Kijima, 1990; Galleguillos & Troncoso, 1991; Moragat et al., 2001), sugiriendo que dentro de los bancos naturales la reproducción se ajustaría a un modelo panmíctico. Dado que la autofecundación parcial no incrementa progresivamente la consanguinidad de las poblaciones, si no que ésta alcanza un equilibrio (Falconer & Mackay, 1996), con tasas de autofecundación de 10%, el coeficiente de consanguinidad al equilibrio (Feq ) por esta causa será aproximadamente de 5% (Winkler & Estévez, 2003). Con un 43% de autofecundación por generación, como se estimó en el presente trabajo, Feq ~ 0,27, presumiendo que dicho valor no ha sido afectado por otros factores.

Por otra parte, en este estudio no se observó evidencias de depresión por consanguinidad en la supervivencia o crecimiento larval, a diferencia de lo informado por Martínez et al. (2007) y por Toro et al. (2010), pero consistente con lo informado por Winkler & Estévez (2003). Estas diferencias en resultados se han observado entre estudios con otras especies de pectínidos hermafroditas (Beaumont & Budd, 1983; Betancourt et al., 1994; Ibarra et al., 1995; Zheng et al., 2008). Considerando que la magnitud de la depresión por consanguinidad en pectínidos puede verse afectada por el nivel de endogamia acumulado en la población estudiada (Zheng et al., 2005, 2008) y una variada gama de factores pueden dificultar la detección de diferencias verdaderas entre grupos de individuos con diferente niveles de autofecundación, como la edad de los individuos (Toro et al., 2010) o la varianza de los datos, la constatación de depresión por consanguinidad en una especie es particularmente significativa. Lo que destaca este trabajo, sin embargo, es que en una especie con autofecundación parcial, los efectos negativos de la consanguinidad en algunos rasgos, podrían ser balanceados por efectos positivos en otros.

AGRADECIMIENTOS

Los autores agradecen a quienes brindaron su apoyo técnico en el trabajo, Johanna Tamayo, Janette Aliaga y Miguel Rivera; a William Farías, Manuel Carmona y Ricardo García por su apoyo en las labores de cultivo larval; al Prof. Héctor Flores por las fructíferas discusiones y al Biol. Sergio Cortez (SERNAPESCA) por la información sobre el banco de Tongoy. Trabajo parcialmente financiado por el Proyecto INNOVA 05CR11PPT-18.

 

REFERENCIAS

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Received: 27 September 2010; Accepted: 24 May 2011

Corresponding author: Federico Winkler (fwinkler@ucn.cl)