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Terapia psicológica

On-line version ISSN 0718-4808

Ter Psicol vol.26 no.1 Santiago July 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-48082008000100003 

 

TERAPIA PSICOLÓGICA 2008, Vol. 26, N° 1,27-37

ARTÍCULOS ORIGINALES

 

Construcción y Validación de un Instrumento para la Evaluación de la Calidad de Vida en Personas con VIH

Construction and Validation of an Instrument to Assess Quality of Life in Persons with HIV

 

Mónica Félix Tamayo1, Julio Alfonso Pina López2

1 Hospital de Especialidades No 2 Instituto Mexicano del Seguro Social, México
2 Investigador Independiente, México


Resumen

Entre los meses de abril de 2006 y mayo de 2007 se realizó un estudio transversal cuyo objetivo fue el de probar las propiedades psicométricas de un instrumento para la evaluación de la calidad de vida en personas con VIH. Participaron 149 personas con VIH pertenecientes a dos instituciones del sector salud que se localizan en dos ciudades del noroeste de México, a quienes se administró un instrumento que consta de 29 preguntas agrupadas en tres dominios: salud física, salud psicológica y habilidades personales y sociales. Para el tratamiento de los datos se utilizaron los siguientes procedimientos: la prueba de la t de Student para valorar el nivel de comprensión de las preguntas; un análisis factorial exploratorio con rotación varimax (normalización con Kaiser) para la validez de constructo; el coeficiente α de Cronbach para estimar la con-fiabilidad de la medida y el coeficiente de correlación de Pearson (r) para evaluar la validez concurrente. La prueba de la t de Student arrojó valores de significación estadística en las 29 preguntas; el análisis factorial exploratorio aportó cuatro factores con valores propios superiores a 1, que explican 50,93% de la varianza total; el coeficiente α de Cronbach para el instrumento en su conjunto fue de 0,86; finalmente, el coeficiente r de Pearson arrojó correlaciones entre las cuatro dimensiones entre sí, al igual que entre las dimensiones salud física y problemas agudos con carga viral, salud física y problemas crónicos con carga viral, así como habilidades sociales y personales con tiempo de infección en meses. El instrumento posee propiedades psicométricas de validez de constructo y validez concurrente, así como un buen nivel de confiabilidad.

Palabras clave: Calidad de vida, VIH, validez, confiabilidad.

Abstact

Between May 2006 and April 2007 a cross-sectional study was made, with the main objective to pro ve the psychometric properties of an instrument to assess quality of life in persons with HIV 149 persons with HIV participated who were being treated in two health facilities from two cities at the northwest of México, whom responded to a self-administered instrument to assess quality of life in three domains: phy sical health, psychological health, and personal and social abilites. Four procedures of data analysis were used: the t-test for comparison of means, for assessing the comprehensibility of the questions; an exploratory factorial analysis with varimax rotation for determining construct validity; Cronbach's alpha coefficient for determin-ing reliability, and the Pearson's correlation coefficient (r) for assessing concurrent validity. In all questions the t-test for comparison of means gave statistical significance. A four-factor structure was found with the factorial analysis with varimax rotation, with eigen valúes above 1, that taken as a whole explain 50.93% of the total variance; an overall Cronbach's α coefficient of 0.86 was obtained with the test of reliability. The test for concurrent validity showed correlations between the four-factors, as well as between the physical and acute problems with viral load, physical and chronic problems with viral load, and personal and social abilites with length of infection in months. According to the results obtained, the instrument has optimal reliability as well as construct validity and concurrent validity.

Key words: Quality of life, HV, validity, reliability.


Introducción

El de calidad de vida es un concepto de naturaleza multidimensional que puede definirse como la resultante funcional del estado conjunto de las condiciones biológicas, socioeconómicas y psicológicas que las personas experimentan en un momento del continuo de interacción (Carpio, Pacheco, Flores & Canales, 2000). Su evaluación con relación a las enfermedades crónicas —i.e., VIH, tumores malignos e infarto del miocardio, entre otras— debe plantearse considerando el impacto de la enfermedad en sí misma y la naturaleza, complejidad y duración de los tratamientos a los que son expuestos las personas, en particular sobre su percepción de bienestar (Celia, 1994; Kaplan, 2003; Schwartzmann, 2003).

En el caso de la enfermedad por VIH, a la que posterior a su diagnóstico se ha encontrado se le suelen asociar múltiples complicaciones en los ámbitos biológico, psicológico y social (Friedland, 2006; Siegel & Lekas, 2002), la evaluación de la calidad de vida se ha constituido en un referente obligado justamente para valorar tanto el estado de salud como la percepción de bienestar que en general muestran las personas con VIH una vez que son expuestas a los regímenes de tratamiento con medicamentos antirretrovirales y a los programas de intervención psicológica que son necesarios en razón de la enfermedad (Grierson, Pitts & Misson, 2005; Homiden, Nease, Holodniy, Lazzeroni, Zolopa & Owens, 2006).

Para dicho propósito, a la calidad de vida se le ha evaluado con diferentes instrumentos, dentro de los cuales destacan el de Calidad de Vida de la Organización Mundial de la Salud —WHO-QOL, por sus siglas en inglés— (Bonomi, Donald, Bushnell & Martín, 2000), la Encuesta de Resultados de Salud —MOS, por sus siglas en inglés— (Stewart, Hays & Ware, 1988), el Cuestionario de Salud SF-36 —SF-36 Health Survey, por sus siglas en inglés— (Ware, Snow, Rosinski & Gandek, 1993) y el Sistema de Evaluación de Problemas Relacionados con el VIH —HOPES, por sus siglas en inglés— (Schag, Ganz, Khan & Petersen, 1992). En México, a partir de una revisión de la literatura en revistas arbitradas, sólo el segundo y el cuarto instrumentos han sido adaptados y validados, en ambos casos con óptimos resultados (González-Puente & Sánchez-Sosa, 2001; Sánchez, Díaz, Casarrubias, Vüchis, Martínez & Garduño, 2002).

Sin embargo, es conveniente mencionar que en general, son instrumentos que a juicio de los autores comparten algunas limitaciones que de suyo propio hacen difícil su utilización eficiente en el contexto de la realidad que experimentan las personas con VIH de nuestro país. Primera, habría que entender que por razones obvias éstas presentan características bastante peculiares en lo tocante a las problemáticas que suelen enfrentar en los ámbitos médico, psicológico y social, que no necesariamente se corresponden vis a vis con las contenidas en los instrumentos antes mencionados, dificultando así su evaluación de manera sistemática; segunda, en el mejor de los casos la adaptación de un instrumento debe reconocer, a partir de dicha realidad, las preguntas que mejor se adapten a ésta, es decir, qué tan pertinentes resultan para medir lo que se pretende medir. En síntesis, tienen que adecuarse a las características socioculturales de la población a la que se administrarán, de forma tal que exista relación entre lo que se pregunta, a quiénes se pregunta y en qué forma se pregunta (Gladis, Gosch, Dishuk & Crist-Christoph, 1999; Remor & cols., 2005; Várela-Jurado & Ávila-Figueroa, 2002).

Fercera, y quizá la más importante, es que hay que tener en cuenta que siendo el de calidad de vida un concepto multidimensional, es preciso que tanto su definición como su evaluación se justifiquen teóricamente; esto es, que previamente se haya reconocido que lo biológico, lo psicológico y lo social constituyen categorías de análisis con especificidad propia, de tal forma que su representación procure el empleo de conceptos que los identifiqueny adicionalmente delimite los ejes de intersección y las maneras en que interactúan entre sí, que sintetizaríamos de la siguiente manera: cómo es que lo biológico posibilita a lo psicológico y sus ajustes en un ambiente social construido (Carpió & cols., 2000; Ferriss, 2006; Liu, Johnson, Ostrow, Silvestre, Visscher & Jacobson, 2006).

A partir de esas razones, el objetivo del presente trabajo fue el de construir y probar las propiedades de un instrumento para evaluar la calidad de vida en personas con VIH, en un esfuerzo interdisciplinario conducido bajo el amparo de un modelo teórico interactivo y funcional para la evaluación de los comportamientos de adhesión en personas con VIH, en el que se consigna la interacción entre un conjunto de variables biológicas, psicológicas y sociales que facilitan o no la práctica de esos comportamientos y sus efectos sobre los resultados de salud (Pina & Sánchez-Sosa, 2007).

Método

Previo a su implementación, el protocolo de investigación fue aprobado por los Comités de Investigación y Ética tanto a la Secretaría de Salud Pública como del Instituto Mexicano del Seguro Social en los municipios de Hermosillo y Obregón, respectivamente. Entre los meses de abril de 2006 y mayo de 2007 se realizó un estudio transversal que contó con la participación de 179 personas con VIH pertenecientes a dos instituciones del sector salud que se localizan en las ciudades de Hermosillo y Obregón, en el noroeste de México. Los participantes fueron seleccionados mediante un muestreo tipo censo de la totalidad de personas con VIH que rutinariamente acuden a cada una de las instituciones a consulta especializada o a realizarse los estudios de laboratorio para la determinación de los niveles de carga viral y conteo de linfocitos T CD4+. Para dicho propósito, a todas ellas se les explicaron los objetivos que se perseguían con el estudio y nuestro interés de que colaborasen en el mismo de manera voluntaria. A quienes decidieron hacerlo se les hizo entrega del consentimiento informado, mismo que leyeron y firmaron.

Como criterios de inclusión se consideraron los siguientes: 1) tener más de 18 años de edad; b) tener un diagnóstico de seropositividad al VIH ≥ que 3 meses; 3) tener los resultados de los últimos estudios de laboratorio en los que se consignaran los niveles de carga viral y el conteo de los linfocitos T CD4+, y 4) que no presentaran problemas físicos o psicológicos manifiestos que limitaran su capacidad para responder al instrumento.

Debido a que 30 personas con VIH de las dos instituciones no cumplieron con alguno de esos criterios o bien que no aceptaron colaborar de manera voluntaria (12, en total), la muestra definitiva quedó conformada por 149 participantes, con una edad promedio de 37,61 años (DE= 10,17), de los cuales 108 (72,5%) eran del sexo masculino y 41 (27,5%) del femenino; asimismo, poco más de la mitad de los participantes (51,7%) eran soltera, (os) y menos de dos terceras partes (64.41%) contaba con estudios de primaria y secundaria. Las restantes características sociodemográficas y clínicas de los participantes se resumen en la Tabla 1.


Construcción del instrumento

Antes de iniciar la construcción del instrumento en su primera versión se cumplieron las siguientes actividades: 1) revisión de la literatura relacionada con los instrumentos sobre calidad de vida utilizados tanto en el extranjero como en México; 2) revisión de la literatura relacionada con aspectos metodológicos para la construcción y validación de instrumentos; 3) consulta con un panel de expertos conformado por profesionales de la medicina y la psicología, en ambos casos con experiencia probada en la atención a personas que viven con VIH, a quienes se presentó un listado de preguntas, que en su versión constaba de 40.

En la versión original se consideraron tres dimensiones: salud física, salud psicológica y habilidades personales y sociales. Cada una de éstas se seleccionó en función de qué tipos de problemas —por ámbitos, esto es, médico y psicológico— se reportaban con mayor frecuencia en la literatura por las personas con VIH o por los especialistas en quienes recae el compromiso de su atención. Posteriormente se preparó un listado de preguntas para cada una de las dimensiones, cuidando que cada una se ajustara a esos problemas. Una vez revisado el listado de preguntas, fueron entregadas a los expertos, quienes sugirieron se eliminaran 11 preguntas, por lo que la versión definitiva a ser administrada quedó en 29 preguntas. Las preguntas eliminadas incluían aspectos médicos y psicológicos que no eran frecuentemente observados en la práctica clínica; por ejemplo, problemas de la piel, problemas para degustar determinados alimentos; también, otras relacionadas con el tratamiento y la interacción entre las personas con VIH y el personal de salud; por último, problemas que tenían que ver con funciones cognoscitivas de atención y concentración, principalmente.

Análisis de los datos

Para el análisis de los datos se utilizaron en orden sucesivo los siguientes procedimientos estadísticos. La prueba de la t de Student para valorar el nivel de comprensión de las preguntas; consiste en seleccionar las preguntas que originalmente formaban parte de cada una de las tres dimensiones: salud física, salud psicológica y habilidades personales y sociales, para posteriormente sumarse y extraer de un análisis de frecuencia los valores más bajos (percentil 25) y más altos (percentil 75), con los cuales se obtuvieron dos grupos (valores bajos y altos, respectivamente). Las preguntas de cada dimensión se evaluaron de manera independiente con la citada prueba, aceptándose niveles de significación estadística de p ≤ 0.05.

Se utilizó también un análisis factorial exploratorio con rotaciónvarimax (normalización con Kaiser) para la validez de constructo; es un procedimiento que permite probar la validez conceptual o teórica del instrumento, partiendo de tres criterios: 1) que únicamente se tomarían en cuenta las preguntas que con el procedimiento anterior hubieran alcanzado los niveles de significación establecidos; 2) que cada una de las preguntas obtuviera pesos factoriales iguales o superiores a 0.40, y 3) que ninguna se repitiera en dos o más factores. Asimismo, se empleó el coeficiente α de Cronbach para estimar la confiabilidad de la medida, considerando a la totalidad de preguntas, y, adicionalmente, las preguntas tal y como se agruparon en cada factor.

Finalmente, se utilizó el coeficiente de correlación de Pearson (r) para evaluar la validez concurrente, con el que se pretende establecer si las medidas de interés cambian cuando lo hacen las medidas relacionadas entre las variables agrupadas en cada factor; para los propósitos de este trabajo se tuvieron en cuenta las correlaciones entre las variables de cada factor y tres de las medidas biológicas por excelencia: tiempo de infección en meses a partir del diagnóstico de seropositividad al VIH, niveles de carga viral y conteo de linfocitos T CD4+.

Resultados

De acuerdo con lo que se observa en la Tabla 2, de las 29 preguntas originales todas obtuvieron valores de significación estadística de p ≤ 0.001, lo que sugiere que fueron perfectamente comprendidas por los participantes.



Por lo que hace al análisis factorial exploratorio con rotación varimax (normalización con Kaiser), en la Tabla 3 se resumen los resultados. Se formaron cuatro factores, cada uno con valores superiores a 1, que en conjunto explican 50,93% de la varianza total; con este procedimiento se eliminaron tres preguntas, en todos los casos porque no alcanzaron el criterio de pesos factoriales iguales o superiores a 0.40: problemas de la vista, problemas de insomnio y habilidades para formar nuevas relaciones sociales. La medida de adecuación de la muestra de Kaiser-Meyer-Olkin fue de 0.733, mientras que la prueba de esfericidad de Bartlett arrojó un resultado significativo (x2[30] = 931.772; p = 0.000). Respecto de la confiabilidad del instrumento, el α de Cronbach para el instrumento en su conjunto fue de 0.86.



Finalmente, en la Tabla 4 se describen los resultados del análisis de la validez concurrente. Se pueden observar correlaciones entre sí de los cuatro factores a los que dio lugar el análisis factorial exploratorio, que se resumirían de la siguiente manera: a mayor percepción de salud física en sus dos modalidades, mayor la percepción de salud psicológica y menores los efectos producidos por la enfermedad sobre las habilidades personales y sociales; de igual forma, a mayor percepción de bienestar psicológico mejor el desempeño de las habilidades personales y sociales.


Por otro lado, se encontraron correlaciones entre el factor dimensión física y problemas agudos con los niveles de carga viral (r = 0.227; p = 0.05) y problemas crónicos con niveles de carga viral (r = 0.341; p = 0.01), así como del factor habilidades personales y sociales con tiempo de infección en meses (r = -0.283; p = 0.01). Dichos resultados sugieren que conforme se experimentan mayores problemas en ambas dimensiones físicas —problemas agudos y crónicos—, más elevados son los niveles de carga viral, mientras que cuando mayor es el tiempo de infección en meses se ven disminuidas las habilidades psicológicas y sociales; finalmente, se encontró una correlación entre los dos marcadores biológicos por excelencia, los niveles de carga viral y el conteo de linfocitos T CD4+ (r = -0.375; p = 0.01), lo que indica que a menores niveles de carga viral le corresponden cuentas elevadas de linfocitos T CD4+.

Discusión

Tal y como se mencionó en la parte final del apartado de introducción, entre algunos de los aspectos más sobresalientes a tener en cuenta al momento de construir y/o adaptar instrumentos para evaluar la calidad de vida en personas que viven con alguna enfermedad crónica, y en particular con el VIH, destacan el que los instrumentos y la formulación de las preguntas se adecúen a las características de la población con la que se pretende trabajar; la construcción del instrumento, cuyos resultados han sido reportados aquí, respondió justamente a esa lógica. Esto es, su construcción y el contenido de las preguntas se realizó a partir de la conjunción de esfuerzos de los autores y un panel de expertos, que permitió dar forma a un instrumento con el que es posible, tanto por su formato como por su sencillez, identificar algunas de las dimensiones más sensibles que otros autores han considerado claves en la evaluación de la calidad de vida en personas con VIH (Davis & Pathak, 2001; Friedland, Renwick & McColl, 1996; Rabkin& Schwartz, 2004): nos referimos a las dimensiones de salud física, psicológica y habilidades sociales y personales.

No obstante lo anterior, es necesario destacar que lo que hace diferente a nuestro instrumento de otros instrumentos utilizados, es que no se utilizan categorías generales en las que se engloban los aspectos relacionados, en concreto, con las dimensiones física y psicológica. Es decir, aquí se consideraron preguntas específicas sobre los diversos problemas de salud física (agudos y crónicos) y psicológica que son especialmente significativos en las personas con VTH desde el momento mismo del diagnóstico de seropositividad, pasando por el inicio del tratamiento, hasta culminar con el diagnóstico de sida como tal; tales problemas se ha sugerido afectan de manera importante la calidad de vida de esas personas (Carrieri & cols., 2003; Erickson & Berglund, 2007; Goll, Griffith, Jacobson, Skinner, Gorbach& Wilson, 2002; Mrus, Williams, Tsevat, Cohn & Wu, 2005; Uribe, 2005).

Quizá, en función de lo antes mencionado, es que se haya encontrado que las preguntas alcanzaron niveles de significación estadística de p ≤ 0.001 en todos los casos, pues, se insiste, se trata de un instrumento que recoge información especialmente importante en las tres dimensiones consideradas originalmente. De la misma manera se puede comentar sobre la estructura factorial, sobre todo porque con este instrumento se marcó una diferencia muy clara entre los componentes de la salud física, esto es, entre los problemas agudos y crónicos —experimentar problemas transitorios como consecuencia del consumo de medicamentos o en su defecto por enfrentar situaciones generadoras de estrés—(García, Mansilla, Nieto, Cereto, Salas, Vallejo & Martínez, 2001; Powers & cols, 2006; Preau, Fabienne, Carrieri, Lert, Obadia & Spire, 2007).

Asimismo debe entenderse el resultado con el coeficiente a de Cronbach, cuyo valor de 0,86 sugiere una óptima confiabilidad de la medida, con rangos que oscilaron entre 0,76 para la dimensión salud física y problemas crónicos y 0,89 para la dimensión psicológica. Sin embargo, los resultados sin duda más interesantes son los que arrojó el análisis de correlación con el coeficiente de Pearson (r), pues a manera de hipótesis se esperaban no sólo correlaciones altas y significativas entre los factores del instrumento, sino también entre éstos y las diferentes medidas biológicas. Debido a que en el primero de los casos la hipótesis se cumplió, estamos en condiciones de establecer que el instrumento posee validez concurrente entre los diferentes factores, aunque limitada en algunos casos si se consideran éstos y las medidas biológicas en su conjunto.

En términos generales, los resultados de nuestro estudio coinciden parcialmente con los descritos por Sánchez & cols. (2002) y por González-Puente & Sánchez-Sosa (2001) con relación a la validación de la Encuesta de Resultados de Salud (MOS) y el Sistema de Evaluación de Problemas Relacionados con el VIH (HOPES), respectivamente, al menos en lo que corresponde a los efectos que la enfermedad por VIH y el subsecuente tratamiento producen en dos de los ámbitos: el de la salud físicay psicológica. Ciertamente, habría de tenerse en cuenta que en virtud de que las dimensiones de cada uno de los instrumentos varía de manera considerable —por ejemplo, en el HOPES se incluye el rol de los cuidadores y el funcionamiento sexual—, es prácticamente imposible proponer otros análisis respecto de sus semejanzas y diferencias, al igual que sobre los valores de las respuestas, que también difieren significativamente entre instrumentos.2

A pesar de lo alentadores de los resultados aquí presentados, en nuestro estudio es necesario reconocer dos limitaciones. En primer lugar, el tamaño de la muestra, no obstante que se trabajó con casi dos tercios de las personas con VIH que actualmente se encuentran recibiendo atención especializada en las dos instituciones del sector salud en las que se llevó a cabo; en ese sentido, y sujeto a una revisión clínica de los expedientes, es posible pensar en un eventual sesgo en los participantes de nuestro estudio, puesto que en la mayoría de los casos se trató de personas que han demostrado con el correr de los años un patrón bastante consistente en la práctica de los comportamientos de adhesión terapéutica, y con ésta, una menor probabilidad de experimentar problemas médicos y de ajuste en los planos psicológico y social. En segundo lugar, llama la atención las variables que se eliminaron de los análisis, particularmente una vez utilizado el factorial exploratorio: problemas de la vista, de insomnio y para procurar nuevas relaciones personales y sociales; se trata de variables que en otros estudios han arrojado información valiosa por sus efectos sobre la percepción de bienestar y la adopción de los comportamientos de adhesión que son necesarios en razón de la enfermedad (Arrivillaga, Correa, Várela, Holguín & Tovar, 2006; Sánchez-Sosa & González-Puente, 2002; Yen, Tsal, Lu, Chen, Chen & Chen, 2004).

En virtud de dichas limitaciones será necesario emprender nuevos estudios con el objeto de probar de manera sistemática cómo la evaluación de la calidad de vida se relaciona con otras variables críticas desde un punto de vista psicológico y social, casos de las situaciones vinculadas con estrés, depresión y apoyo social funcional, y adicionalmente probar si la calidad de vida se constituye en una resultante que afecta o no de manera especial la práctica de los comportamientos de adhesión terapéutica (Jia, Uphold, Wu, Chen & Duncan, 2005).

 

Referencias

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(Rec: 14 noviembre 2007- Acep: 18 diciembre 2007)

1 Correspondencia: Prolongación Hidalgo y Sahuaripa s/n. Col. Centro. Ciudad Obregón, Sonora. C.P. 84590 (México). Email: ja_pina@hotmail.com

2 Se recomienda la revisión del artículo de Davis & Pathak (2001), en el que se justifica por qué lo consignado a lo largo del párrafo.