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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.67  Santiago  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602011000100027 

Revista de Filosofía Volumen 67, (2011) 323 - 324

RESEÑAS

Marcos García de la Huerta. Memorias de Estado y nación. Política y globalización. Lom, Santiago, 2010.


Memorias de Estado y nación es una investigación poco habitual entre nosotros, que logra articular creativamente conceptos teóricos con realidades históricas y problemas de gran actualidad. La primera parte del libro comprende tres capítulos; el primero es una reflexión sobre el significado del Bicentenario, que establece al mismo tiempo una sugerente comparación con la forma de conmemoración del Primer Centenario de la Independencia. El segundo y más extenso es un análisis de "la fundación del Estado y la formación del imaginario republicano", en el siglo XIX chileno. El tercero examina la relación entre el concepto de nación y el nacionalismo. La segunda parte de la obra engloba los dos últimos capítulos y dos apéndices. El capítulo IV expone y analiza críticamente la tesis de Foucault sobre el neoliberalismo (alemán) y su diferencia con el liberalismo clásico, que sería limitante de la razón de Estado, en tanto aquel sería "constructor de Estado". El último capítulo, "¿Globalización o estado mundial?", plantea la diferencia de la globalización actual respecto del fenómeno de formación del mercado mundial, en términos de una estrategia que desafía la forma de existencia previa del Estado-nación. La obra finaliza con dos apéndices que abordan la cuestión del uso de la violencia en política. El primero analiza el argumento kantiano de la paz permanente, asociado a la cuestión del "ciudadano cosmopolita", lo que hoy llamaríamos la globalización jurídica. Finalmente, "Persuasión, intimidación y violencia" es una relectura de Kant desde una concepción de la política que excluye la violencia.

La primera parte del libro contiene dos líneas de reflexión que interconectan estrechamente: la primera, en torno al Estado y su función protagónica en la sociedad chilena y, en general, en las sociedades latinoamericanas. "Nuestra cultura es Estado-céntrica, dice el autor, sea que se trate de la educación, del combate a la pobreza, de una crisis económica, de una catástrofe natural o de cualquier otro asunto sustantivo, el referente obligado es el Estado" (Prólogo). En su análisis sobre la formación del Estado chileno, el autor hace una interpretación crítica de la tesis de Mario Góngora sobre el origen estatal de la nación chilena, según la cual, la nación sería una creación del Estado. El autor propone dos lecturas del libro de Góngora. Sin desconocer el papel central del Estado en la formación de la nacionalidad, sostiene que el concepto de nación, sobreentendido en la tesis de Góngora, es válido efectivamente para el siglo XIX en adelante. Sin embargo, el Estado-nación en formación, en las primeras décadas del XIX, supone la existencia de una proto-nación sin Estado, que corresponde a la idea original (romana) de natio, nationis, que corresponde a los "nativos" o nacidos en un territorio. Éste fue el concepto vigente en Europa hasta el siglo XVIII.

Lo que le interesa destacar a García de la Huerta, sin embargo, es que la noción restrictiva de "nación" -creatura del Estado- implica al mismo tiempo una concepción restrictiva de la política, que la asimila e identifica con el gobierno del Estado. De allí la magnificación de Portales como "genio" creador del Estado, lo que supone a su vez una concepción ingenieril o fabril de lo político, en tanto se asimila la fundación del Estado con las obras de ingenio: productos ideados por un sujeto inventor. El origen de esta concepción se encuentra en Descartes; el Estado-autómata de Hobbes es tributario suyo.

Esta es una primera línea de reflexión sobre la relación del Estado y la nación en Chile y América Latina. Asimismo, el libro de García de la Huerta contiene una segunda línea exploratoria, referente a la crisis del Estado y la política, y su puesta a prueba con la llamada globalización. Esta palabra tiene múltiples connotaciones. El autor no soslaya la dimensión económica del fenómeno, pero sostiene que el neoliberalismo a estas alturas ha mostrado con bastante evidencia que contiene una operación estratégica de gran envergadura: pasa por la ideología del mercado y la teoría de las ventajas comparativas, pero conlleva una nueva forma de soberanía mundial. Dicha estrategia se manifiesta en múltiples formas y actualmente, en que el peso de la crisis se hace recaer sobre el empleo y los salarios, en lugar de sobre la deuda, es decir, imponiendo el ajuste fiscal en las periferias y manteniendo déficits colosales en los centros.

La obra se cierra con dos notables análisis de las concepciones de la paz perpetua en Kant y de la política como espacio deliberativo, que intenta la gestión no violenta del conflicto inherente a ella (Hannah Arendt). Muestra, por otra parte, que "Kant plantea la paz mundial permanente como réplica (del absurdo insostenible) de la guerra permanente. Subsiste el problema de las condiciones para volverla innecesaria o imposible por auto-destructiva" (pág. 118). Asimismo, destaca que la concepción kantiana de la historia implica una tendencia al progreso, entendido como realización del anhelo de libertad inherente a "la naturaleza humana". Kant escribe que "a través del antagonismo de los hombres surge la armonía, incluso contra su voluntad" (Ibíd.). Arendt se distancia de cualquier filosofía de la historia, pues considera vano el intento de encontrar un sentido de la historia. Retoma el argumento de Kant del carácter autodestructivo del mal a propósito de la guerra, al considerar el arma atómica como disuasiva y eventualmente supresora de la misma. "Arendt en cierto modo es la anti-Hobbes. Su idea de la acción es normativa, pero no en el sentido de imponer a la política un deber ser, sino de convenir en lo que ella puede ser, y de hecho suele ser, aunque excepcional y transitoriamente" (pp. 130-131). Su crítica a la asociación de la política con la violencia está orientada a recuperar el carácter discursivo y polémico de la política, pero también de construcción racional de acuerdos, en un espacio público deliberativo y participativo.

Jorge Vergara Estévez
Universidad de Chile
jorge.vergara@unap.cl