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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.67  Santiago  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602011000100026 

Revista de Filosofía Volumen 67, (2011) 321 - 322

RESEÑAS

Jaime y Julio García Álvarez, (introducción y traducción). San Agustín. Contra Académicos. Ediciones Encuentro, Madrid, 2009, 179 pág.


La presente traducción del Contra Académicos, por Jaime García Álvarez y Julio García Álvarez, con introducción del primero de éstos, se suma a la incipiente -pero aún demasiado pequeña- cantidad de traducciones que permiten ir reemplazando la edición de la Biblioteca de Autores Cristianos como fuente principal para el estudio de san Agustín en nuestra lengua. Tenemos hoy buenas traducciones de las Confesiones por parte de Silvia Magnavacca y Gustavo Piemonte, una nueva traducción de la Interpretación Literal del Génesis, por Claudio Calabrese, y la editorial Gredos ha publicado no solo una reciente traducción del De Musica, sino que ha iniciado un proyecto mayor de traducción del De Civitate Dei. Llama la atención que ninguno de estos intentos recientes por volver a presentar a Agustín en nuestra lengua haya tenido por objeto uno de los diálogos de Casiciaco, y en ese sentido, la presente traducción debe ser muy bienvenida.

Con todo, a diferencias de las otras traducciones que hemos enumerado, en este caso no queda del todo claro si lo que se pretende es una edición de estudio o solo una nueva traducción. El hecho de que se trate de una edición bilingüe permitiría esperar una edición mínimamente anotada, pero éste no es el caso. De partida surgen preguntas respecto de por qué se ha optado por seguir el texto de Migne, habiendo dos ediciones críticas posteriores a éste. Esto resulta particularmente singular en el caso del Contra Académicos, en el que, además de haber tales ediciones críticas, existen también dos volúmenes de comentario filológico y filosófico a la obra, por Schlapbach y Fuhrer. Tales comentarios son de los más significativos aportes a la cientificidad de los estudios agustinianos en el último tiempo, y haberlos tenido en consideración podría haber convertido esta traducción en un aporte mucho más significativo de lo que es.

Pues si bien la traducción presenta varias mejoras en relación con la edición de la Biblioteca de Autores Cristianos, la ausencia de todo comentario o nota empobrece bastante el presente trabajo. En efecto, en el caso del Contra Académicos se trata de una obra en la que las fuentes clásicas están perfectamente identificadas, y una breve nota ayudaría a los lectores a saber cuándo Agustín está siendo original y cuándo está trabajando sobre la base de sus predecesores. ¡También los lectores principiantes tienen derecho a ese beneficio! Su ausencia es tanto más grave en los casos en que no solo falta la identificación de la fuente, sino que en la traducción aquello que es cita ni siquiera es presentado mediante comillas como tal, sino como mera paráfrasis de Agustín. Tal es el caso, por ejemplo, en III, 6, 13, donde Agustín está citando literalmente el Laelio de Cicerón y esto es imposible de notar en la presente edición.

Por otra parte, si bien la traducción misma es en general satisfactoria, hay puntos cuestionables. Tomemos, por ejemplo, el término disciplina. Es fundamental en este diálogo mantener vivo el doble sentido de este término, que permite hacer referencia tanto a la posesión de ciertos conocimientos como a la práctica de un cierto género de vida. Los traductores, como bien se ve en la introducción (p. 9), están conscientes de la creciente tendencia a ver este diálogo no solo como una pieza antiescéptica, sino como un protréptico. Pero entonces es fundamental entender disciplina en ese doble sentido. Y si bien hay puntos en que la traducción acierta en esa dirección (III, 17, 37), hay otros pasajes tanto más importantes donde disciplina es traducido como "escuela" (III, 19, 42). Este pasaje es, en efecto, uno de los más difíciles de traducir e interpretar en la obra. Agustín afirma que eliquata est, ut opinor, una uerissimae philosophiae disciplina. En la traducción que comentamos se ha optado por decir que "solo existe una verdadera escuela de Filosofía". Pero el pasaje pone fin a un relato histórico: no se trata de una "escuela" que "existe", sino que a partir de varias escuelas "se ha formado" o "destilado" -o como se quiera traducir el eliquata est- una disciplina, un modo de hacer verdadera filosofía. Solo esto es consistente con la posición de Agustín en dicho momento, quien ciertamente no era de una "escuela".

En ese mismo pasaje encontramos una omisión de otro tipo, que también impide sacar al libro todo el provecho posible. La filosofía recién alabada por Agustín no es huius mundi philosophia, quam sacra nostra meritissime detestantur. Pero las sacra nostra en este punto no son, como lo ponen los traductores, "nuestras sagradas creencias", sino "nuestras sagradas Escrituras". Pues Agustín evidentemente tiene en mente una condena explícita de estas Escrituras al que filosofa conforme a los elementos de este mundo, como la de Pablo en Colosenses 2:8. Y tal expresión es una y otra vez usada por Agustín contra el estoicismo y el epicureísmo en contraste con el platonismo, que no filosofa conforme a elementos de este mundo. Es distinto, sin duda, hacer una edición de estudio que hacer una edición de difusión de una obra. Pero esta omisión muestra de modo claro, me parece, que hay ciertos tipos de referencia que no pueden ser omitidos sin perjuicio para la comprensión de la obra.

Si bien no podemos sino alegrarnos por este tipo de traducciones, por cada intento por hacer a Agustín más accesible en nuestra lengua, tenemos que lamentar que no se haya usado la ocasión y el esfuerzo para un trabajo más completo que, aunque dirigido a quienes se inician en su estudio, contuviese al menos las anotaciones mínimas para una recta comprensión.

Manfred Svensson
Universidad de Los Andes
msvensson@uandes.cl