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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.67  Santiago  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602011000100025 

Revista de Filosofía Volumen 67, (2011) 317 - 320

RESEÑAS

Carlos Ruiz. De la República al mercado. Ideas educacionales y política en Chile. LOM, Santiago 2010.


Este nuevo libro de Carlos Ruiz viene a enriquecer la producción sobre la historia de las ideas educativas en Chile, campo que ilumina nuestras disputas actuales, en el que suele quedar fuera de discusión el "horizonte normativo" o ético-político de la educación.

Como señala el autor en la introducción, el libro es fruto de un interés por las ideas, ideologías o teorías educacionales, que se remonta al año 1970. "Teoría educacional" se refiere a las concepciones que incluyen y relacionan la educación con una cierta visión del ser humano, de la sociedad y del Estado, una relación entre los seres humanos y el Estado y una concepción del conocimiento y la verdad (p.12).

El libro reúne seis ensayos que cubren el desarrollo de las ideas educacionales desde 1810 a 2009. Fueron escritos en sus primeras versiones en épocas distintas, desde mitad de la década del 70, el más antiguo, hasta el año pasado, el más reciente.

El primer ensayo muestra la primera concepción educacional en el Chile independiente, correlativa al republicanismo de líderes independentistas como Camilo Henríquez y Juan Egaña. También analiza la versión más conservadora del republicanismo de Andrés Bello e Ignacio Domeyko. Concluye con una tercera concepción republicano-democrática representada sobre todo por Sarmiento y Lastarria.

El segundo escrito profundiza las ideas educacionales de Bello y de otros autores ligados al proyecto conservador y lo contrapone con el proyecto conservador reaccionario de la Revista Católica y con la concepción democrática de Sarmiento.

El tercero analiza las ideas educativas positivistas y nacionalistas de Valentín Letelier y Darío Salas, por una parte, y de Luis Galdames y Francisco Antonio Encina, por la otra.

El cuarto capítulo agrega las ideas desarrollistas y su impacto en la reforma de Frei Montalva en los años sesenta.

El quinto estudia las teorías de la privatización y del mercado en educación.

El libro finaliza con un estudio de las teorías educacionales del período de la transición a la democracia.

El título "De la República al mercado" contiene una tesis, que se explicita en el primer párrafo de la introducción, donde se propone:

"dar expresión al singular desplazamiento que lleva a las ideas educacionales desde el ideal ético y político de formación de ciudadanos, de la promesa de igualdad y libertad que una república democrática contrae con sus ciudadanos o de la satisfacción de la necesidad social de educarse, a una mirada que, si en parte justifica las tareas de un Estado democrático, lo hace tan solo para remediar las fallas del mercado, porque son las preferencias y los cálculos de utilidad de los individuos y sus familias (...) los agentes y sujetos básicos de la Educación"; (desplazamiento desde) "el derecho a la educación, a la libertad de escoger y a la libertad de enseñanza" o "desde la igualdad y libertad, a la utilidad, como paradigma" (p. 9).

Los tres primeros textos me parecieron más ricos, complejos y matizados. Puede ser una percepción algo subjetiva: soy más ignorante en el siglo XIX que en lo sucedido en los últimos 50 años. Pero se apoya también, al menos en una observación más objetiva: en los primeros tres textos se examinan autores; en los últimos tres, se prefirió -salvo el caso de Gerardo Jofré- analizar documentos en varios casos internacionales. ¿Se trata de una carencia de producción intelectual acerca de la educación? ¿O -como insinúa el libro- de un desplazamiento del pensamiento y de las propuestas de política educativa hacia organismos internacionales?

Quisiera dejar constancia de que leo este libro desde una óptica particular, cual es iluminar algunos dilemas de política educativa que como sociedad enfrentamos hoy. Son muchos los aspectos de la realidad educacional actual que pueden ser profundizados a partir de esta mirada larga de las teorías educacionales en uso en la historia de nuestra educación. Subrayaré tres de esos aspectos: la relación predominante, y muchas veces unilateral, que la educación ha tenido y tiene con la economía; la problemática de la desigualdad educativa y la cuestión de la educación pública. Por razones de espacio, solo destacaré aquí el primer tema.

En las visiones "republicanas", cuando se discute de educación, se trata sobre el tipo de sociedad que se desea, es decir, se piensa políticamente: las visiones educativas se ligan al proyecto de sociedad. En las concepciones "desarrollistas", en cambio, pasan a ser hegemónicas las visiones instrumentales de la educación. La sociedad se ha naturalizado, por así decirlo, en el sentido que se toma como algo ya dado y definido, que solo requiere de ciertos insumos, entre ellos, la educación.

El título "De la República al mercado" puede llevar al equívoco de pensar que la preponderancia de la mirada económica comienza recién con el neoliberalismo de los ochenta cuando se incorpora declarada y abiertamente el mercado como mecanismo de distribución y regulación de la educación. Pero el libro muestra que esto no se produjo de un momento a otro en los años ochenta, sino que se inicia ya en tiempos del primer Centenario.

Durante el siglo XIX predomina una concepción que podemos calificar como "visión política" de la educación. Las características de la educación se discuten en el mismo plano que las características deseadas para la sociedad. La primera interrupción de estas visiones se produce con la mirada de los nacionalistas: Galdames y, sobre todo, Encina (1912). En ellos, la "república" entendida como finalidad política abandona la educación y emerge con fuerza una finalidad económica. El autor escribe al respecto:

"La caracterización de Galdames me parece muy sugerente, sobre todo por la completa transformación que hace sufrir a uno de los conceptos básicos de la tradición republicana, el concepto de patria y de patriotismo. Para la tradición republicana (...) el concepto de patriotismo (conlleva) la identificación de un individuo con las leyes y el interés general de su comunidad y es, por tanto, un concepto de orientación en cierto sentido universal (...). Para Galdames patriotismo es sinónimo de un nacionalismo de tipo local, alimentado por todo tipo de desconfianzas frente a las comunidades políticas vecinas, centrado en el instinto de conservación y en un modelo darwinista de las relaciones internacionales, cuya esencia es una lucha económica permanente. Es fácil entender que desde esta perspectiva, la contribución de la educación a la formación de ciudadanos quede completamente postergada, en función de un privilegio en la formación de productores para el engrandecimiento económico de la nación" (67).

Esta ligazón estrecha y prioritaria entre educación y productividad económica no abandona más la educación chilena. El foco orientador deja de ser la República y pasa a ser hegemónica, la instrumentalidad económica: ¡no todavía el mercado!

En los años sesenta, la reforma educacional del gobierno de Frei Montalva

"tiene como marco global el modelo social y político de las teorías del desarrollo y la modernización. Esto importa una funcionalización global de la educación al crecimiento económico del país, marginalizándose así otros componentes posibles de una teoría educacional como su contribución a la formación para la democratización o la ciudadanía, y el acceso a formas de saber no instrumental" (83).

Esta visión atempera su economicismo con un objetivo social como es aumentar la igualdad de oportunidades y democratizar la educación media e integrarla en un sistema nacional (ver, pp. 93-94).

Con la reforma educacional del Gobierno Militar se acaban los paños calientes y se entrega la educación al juego del mercado. El contexto es el de las llamadas "modernizaciones", "que se caracteriza(n) por una aplicación integral de la lógica del mercado al campo social: las relaciones laborales, la previsión, la salud y la educación" (p. 104). La predilección por el mercado para distribuir educación satisface, por una parte, una ideología católica conservadora, que privilegia el rol de las familias en la educación, la libertad de enseñanza y el rol subsidiario del Estado y, por otra, una lógica neoliberal.

El modo concreto de materializar la mercantilización fue establecer el subsidio a la demanda, mediante una subvención (símil chileno del voucher propuesto por Friedman). El supuesto que apoya a esta opción es que "el establecimiento que ofrezca un mejor servicio educacional obtendrá mayor alumnado; como sus ingresos dependen del alumnado que capte, el establecimiento estará obligado a maximizar su calidad (Jofré 200)" (p. 111).

El último capítulo se refiere a lo obrado por la Concertación hasta el año 2010. Carlos Ruiz recuerda las limitaciones (o "enclaves autoritarios") legales del período y también el que a medida que avanza el proceso de transición "se va produciendo una recepción cada vez más positiva del paradigma neo liberal del mercado por parte de grupos de economistas y dirigentes políticos de la Concertación por la Democracia, que habían sido, durante la dictadura, sus más importantes críticos" (p. 123).

Con todo, si bien continúa la importancia atribuida a la educación desde una perspectiva económica y no hay un cambio del sistema de financiamiento vía subvención, establecido en el período anterior, hay un cambio de óptica. Por una parte, se da "el reemplazo de las ventajas comparativas de América Latina -y que se reducen a menudo, en el esquema neoliberal, a los bajos salarios- por las llamadas ventajas competitivas, ligadas a aumentos en la productividad del trabajo" (p. 125, destacado mío). Por otra parte, se espera que este aumento de productividad mediante la capacitación y la educación resultará en una "disminución de la pobreza y las crecientes desigualdades sociales" (p. 132), lo que equivale a la "transformación productiva con equidad" que la CEPAL está propiciando en América Latina desde 1990. En suma, mejores propósitos, insertos en una mirada siempre dominada por la racionalidad económica.

Juan Eduardo García-Huidobro
Universidad Alberto Hurtado
jgarciah@uahurtado.cl