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Revista chilena de cirugía

versión On-line ISSN 0718-4026

Rev Chil Cir v.60 n.5 Santiago oct. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-40262008000500001 

Rev. Chilena de Cirugía. Vol 60 - N° 5, Octubre 2008; pág. 375-376

EDITORIAL

 

Contrastes

Contrasts

 


En la década de los sesenta no era raro que debido a la destacada historia de la medicina chilena y por pertenecer a un grupo tan selecto, quiénes egresaban como Médicos pasaran de manera automática a tener un papel relevante en la sociedad en que se encontraban inmersos y a la que debían servir. Así había ocurrido desde siempre con los que luego fueron nuestros Maestros, y pudimos ver que así ocurrió también después con muchos de nuestros contemporáneos. No pocos marcaron hitos importantes no sólo en la medicina chilena y universal, sino también en diversas e incluso a veces inimaginables actividades de diferente naturaleza, a las cuales accedían casi siempre, aparte de sus capacidades, debido básicamente a su condición de Médicos.

¿Como podría una sociedad no admirar y tener casi en calidad de ídolos a la inmensa mayoría de éstos profesionales esforzados que, a lo largo y ancho del país, sólo intentaban denodadamente servir a sus semejantes aplicando todo lo aprendido tras largos años de estudio, los más largos en cualquier carrera profesional, y después de un reconocido y público entrenamiento?

¿Cómo podría una sociedad no reconocer e incluso venerar en forma muy especial a quiénes desde siempre practicaban la cirugía, y por defecto tenían la reconocida autoridad, únicamente ellos, para penetrar incluso el cuerpo humano procurando rescatarlo del sufrimiento y de la muerte?

¿Cómo podría una sociedad comportarse frente a quienes, luego de intentar lo posible, lo posible y lo impensable, frente a un caso perdido, con entereza y basados en sus conocimientos son capaces de aceptar su derrota, sin olvidar jamás dar unas palabras de consuelo a los dolidos familiares?

¿Cómo podría una sociedad no respetar y solidarizar con los Médicos, y en especial con los Cirujanos, sabiendo o presintiendo que en no pocas oportunidades serán forzados a experimentar en forma personal los más indecibles sufrimientos cuando se les complica un paciente? Ya habíamos señalado en otra ocasión el sentimiento de soledad que invade el espíritu del Cirujano al momento que se le complica un enfermo; es un sentimiento extraordinariamente profundo, único, desgarrador e intransferible. No sabemos de otra actividad profesional que lo pueda experimentar en igual forma.

En estos casos y por formación, el Médico de verdad y siguiendo las enseñanzas de sus Maestros antes que nada duda de sí mismo y de lo que hizo, luego repasa mentalmente qué debió haber hecho distinto, qué hizo mal o qué no debió haber hecho, luego y por iniciativa propia es capaz de pedir ayuda sin el menor sentimiento de vergüenza, consciente de sus limitaciones, a quiénes pudieran ser o parecerle más experimentados en dicha materia. Sólo entonces, y luego de recorridas éstas etapas, podrá quedar finalmente tranquilo con lo que fue su proceder, entendiendo con resignación que a veces no se puede luchar contra el destino.

EL ENTORNO ACTUAL DE LA CIRUGÍA

Cada día, en el ejercicio de la práctica quirúrgica advierto hechos que definitivamente creo deben hacernos reflexionar con cierto grado de preocupación acerca de actual ejercicio profesional, ya que de continuar así pudiera ensombrecerse el futuro que espera a las actuales y futuras generaciones de Cirujanos jóvenes o en formación.

No es mi intención entrar en detalles acerca de éstos hechos, que de verdad me parecen preocupantes. Los Cirujanos de mi generación, así como los anteriores, claramente deben haberlos identificado con precisión desde hace ya algún tiempo. Los más jóvenes, podrán intuirlos si reflexionan un momento acerca de la realidad en la que les ha correspondido vivir y laborar, y hacen un análisis desapasionado acerca de lo que fue su propia formación, las enseñanzas que recibieron, la forma como se titularon y el entrenamiento que han podido o debido seguir hasta el momento.

Notarán como se ha ido desdibujando el papel prominente que desempeñaban los Maestros de verdad, de esos personajes que no temían en absoluto la evaluación de sus educandos, notarán como ha ido desapareciendo en forma paulatina el respeto de los colegas entre sí y por los colegas con mayor o igual experiencia, entenderán mejor porque se ha ido perdiendo el respeto que la Sociedad tuvo desde tiempos inmemoriales por los Médicos y en especial por los Cirujanos, y porqué la posición de éstos frente a la Sociedad se ha ido debilitando, sin que sea posible avizorar una pronta vuelta atrás.

¿Será que la Enseñanza Media está entregando progresivamente a nuestras Escuelas de Medicina postulantes cada vez más inmaduros y menos preparados, o se habrá ido perdiendo con el tiempo la verdadera vocación profesional y el deseo de servir? ¿Habrán disminuido actualmente los requisitos de ingreso a la carrera, o habrán ido desapareciendo en las Escuelas de Medicina los Maestros de verdad? ¿Estará predominando en la Universidad un sentimiento competitivo y descalificador en reemplazo de la tradicional solidaridad, o podrá ser una simple consecuencia de la enorme irrupción de centros de formación cuyo nivel docente parece en algunos casos discutible? ¿Será el número excesivo de Médicos que actualmente se desempeñan en nuestro medio, o será motivado por el gran número de ellos que egresa año a año? ¿Se habrá perdido definitivamente el respeto por los Maestros y entre los colegas, o es porque predominan actualmente las posturas políticas sobre las estudiantiles y gremiales en la carrera de Medicina? ¿Será a consecuencias de las políticas de Salud implementadas por los diversos gobiernos que tienden a erradicar la libertad de elección en materia de salud y a igualar, pero al nivel más bajo en su esfuerzo por contener los costos de la atención en Salud? ¿Será responsable de lo ocurrido la aparición de nuevas tecnologías y de la irrupción de la industria farmacéutica en algunas decisiones antes únicamente Médicas? ¿Cuánto es culpa de la globalización de los conocimientos, de una publicidad no siempre bien intencionada y mal entendida? ¿Cuánta responsabilidad tienen las actuales instituciones privadas de salud, que con su política de contención de costos y normas de buenas prácticas, han erosionado fuertemente la antigua y siempre vital relación Médico-paciente, en especial afectando la autónoma capacidad de decidir que es propia e irrenunciable del Médico, frente a sus ahora "clientes" y no pacientes? ¿Cuánto es atribuible a la exaltación de los llamados derechos de los pacientes, por algunos que al mismo tiempo ignoran los derechos de los Médicos, promoviendo que quiénes son atendidos exijan, protesten, demanden o atenten contra los Médicos incluso por las razones más ínfimas y muchas veces irracionales, sin el menor control ni posibilidad alguna de defensa para éstos, ya que las mentes poco instruidas suelen ser incapaces de entender que tanto la Medicina en general como la Cirugía en particular, jamás podrán ser serán ciencias exactas? ¿Falta reforzar aún más las colegiaturas, las Acreditaciones, las Recertificaciones, las Sociedades Científicas, los Tribunales de Ética?

Muchas parecen ser las razones que pueden haber contribuido en forma insensible al aparente desprestigio de la visión tradicional que el Estado y la sociedad tenían en relación con la Medicina y su Especialidad probablemente más expuesta aunque fascinante, la Cirugía, como asimismo de quiénes la ejercen.

Nuestro más ferviente deseo ante ésta realidad, es que este proceso de desnaturalización de una ciencia y arte como ningún otro al que asistimos, se detenga prontamente. Hacemos votos para que en un futuro, ojalá cercano, tanto la concepción como la visión que el Estado y la sociedad tengan de la Medicina, la Cirugía y sus artes, del proceso de selección de quiénes deseen seguir éste dificultoso camino, de su período de formación universitario, del a veces largo y complejo, aunque indispensable proceso de Postgrado y Especialización hasta llegar al período final de la práctica quirúrgica, retornen progresivamente y hasta donde sea posible hasta alcanzar nuevamente el camino que nos ha señalado la historia de la Medicina en nuestro país, única manera de reencontrarse con los antiguos métodos y prácticas que sin duda alguna fueron eficaces para entregar a la sociedad Cirujanos de vanguardia, extraordinariamente preparados, comprometidos con ella y orgullosos, tanto de sus valores como de su condición de tales.

Dr. RAÚL POBLETE S.
Coeditor
Revista Chilena de Cirugía