SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.59 número41000 PANCREATODUODENECTOMÍAS CONSECUTIVAS Cameron JL et al. Ann Surg 2006; 244: 10-15. índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Revista chilena de cirugía

versión On-line ISSN 0718-4026

Rev Chil Cir v.59 n.4 Santiago ago. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-40262007000400015 

Rev. Chilena de Cirugía. Vol 59 - N° 4, Agosto 2007; págs. 318-321

CRÓNICA

 

HOMENAJE AL DOCTOR ALEJANDRO RAHMER O. EN EL CURSO DE POSTGRADO "DR. ALEJANDRO RAHMER" SOBRE AVANCES EN LOS MÉTODOS DIAGNÓSTICOS Y TERAPÉUTICOS DE LAS ENFERMEDADES DEL INTESTINO

Santiago, junio, 2005.

La generosidad es una característica distintiva de los hombres buenos. Cuando quien la posee la manifiesta en medio de la competitiva vida académica de una Facultad de Medicina, en la diaria y demandante actividad de un cirujano en el pabellón de operaciones, en los pasillos del hospital, en la atención de los pacientes y sus familiares, se va creando a su alrededor un circulo creciente de agradecimiento, admiración y respeto. Si además hay una particular dedicación y gusto por enseñar y compartir con los alumnos y residentes las experiencias e inquietudes en la práctica de la cirugía, se configura así a la distancia la figura de un docente. Al acercarnos más para conocer mejor los detalles de esta imagen tan interesante nos encontramos y reconocemos fácilmente al doctor Alejandro Rahmer Ovalle. Con Alejandro la docencia era espontánea, directa, sencilla y amena. Alternaba armónicamente experiencias, consejos, anécdotas y conceptos. Era un auténtico dar sin esperar recompensa. La docencia es una expresión de generosidad que por su valor permanente y efecto multiplicador toca tangencialmente la eternidad. Él creía firmemente que lo que es realmente nuestro es todo aquello que damos. El resto no nos pertenece, es muy efímero.

En el Departamento de Cirugía Digestiva ante el impacto de su ausencia uno se pregunta como se fueron dando los distintos escenarios de la vida para que contáramos con su valiosa presencia. Todo empezó un 24 de julio de 1945 en Molina, entonces provincia de Curicó, cuando nació el doctor Rahmer en el seno de una cristiana familia que tenía como fuente de sustento el trabajo de la tierra. Así, desde niño como hijo de campesinos tuvo un contacto muy cercano con todo el mundo fascinante de la naturaleza que se muestra abierta y transparente para que un niño la conozca, la viva y aprenda tanto de ella en sus plantas, animales, ríos y montañas. Sin duda que este período de vida lo marcó para siempre y se expresaba en su gusto por disfrutar de la naturaleza. Las excursiones de pesca y los paseos a caballo a la cordillera eran sus pasatiempos preferidos. La pesca con mosca en las tranquilas riberas de un río fue su pasión durante sus últimos años.

Realizó sus estudios primarios en el Colegio Juanita Aguirre de Molina y los secundarios en el Instituto San Martín de los Hermanos Maristas de Curicó, donde destacó por su rendimiento académico y compañerismo. No tengo un certificado que avale sus calificaciones, sin embargo, creo tener un testimonio mejor que éste. Un compañero de colegio, también hijo de agricultores de la zona, un día me manifestó: "Yo me operé con él porque sabía que tenía que ser buen médico por que en el colegio era muy bueno para los estudios". No cabe duda que su paso por el Instituto San Martín de los religiosos Maristas, sumado a la valiosa formación cristiana que le entregaba su familia forjaron un joven con profunda fe en los valores y espíritu de evangelio, que tenía una particular devoción a la santísima virgen, la Mater como él la llamaba.

Ingresó a la Escuela de Medicina en mayo de 1965 y obtuvo su título de médico cirujano en mayo de 1972. En la parte final de este periodo, en febrero de 1970, perdió a su madre luego de una corta y fatal enfermedad. Posiblemente esto hizo que Alejandro fuera particularmente cariñoso y delicado en el trato de una madre de médico cuando esta era su paciente.

En su paso por la Escuela es recordado por sus profesores y compañeros como un alumno caballero, respetuoso, alegre, profundamente cristiano, dedicado a su carrera con clara vocación de médico. Deportista y amante de la naturaleza. Su generosidad y sensibilidad social hicieron que entusiastamente se integrara a los grupos de trabajo de verano de la Universidad Católica, donde tuvo una merecida recompensa a sus esfuerzos porque allí conoció a Beatriz Pavéz. Mujer encantadora quien sería su fiel compañera por el resto de su vida y con quien contrajo matrimonio el 3 de diciembre de 1971 en la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en el Golf, Santiago.

Luego de obtener su título de Médico Cirujano hizo su residencia de Cirugía General en el Hospital Clínico de nuestra Facultad entre mayo de 1972 y mayo de 1975. En este período coincidimos como residentes de nuestro hospital por el lapso de un año. Entonces pude apreciar a Alejandro en toda su dimensión como médico y como persona. Un excelente colaborador, leal, abnegado, con una mirada clara y transparente que creaba el escenario apto y apropiado para la amistad sincera. Terminada su residencia quirúrgica, ganó una beca de Cirugía Digestiva otorgada por el gobierno francés en el Hospital de Saint Antoine de París bajo de la tutoría del Profesor Jean Loygue. Durante esta estadía comenzó a desarrollar un particular interés por la cirugía Colorrectal y de paso se interesó particularmente en la alimentación enteral. A su regreso al país se incorporó como docente en la Unidad Docente Asociada de Cirugía del Hospital Sótero del Río. Allí, con su entusiasmo y entrega generosa creó los primeros cimientos de la Unidad de Colo-proctología y desarrolló plenamente la alimentación enteral, llegando a ser un experto nacional en el tema, lo que lo llevó a participar como invitado a congresos de Nutrición Enteral y Parenteral en Brasil. Sin duda que la introducción de la alimentación parenteral en nuestro medio quirúrgico fue un significativo aporte al desarrollo de la cirugía en nuestro país y en nuestra institución, permitiendo con bajos costos lograr la recuperación pre y postoperatoria de pacientes con compromiso de su estado nutricional, factor tan importante para mejorar los resultados del tratamiento quirúrgico de algunas enfermedades del aparato digestivo.

En el Hospital Sótero del Río, se integró con entusiasmo y con su alegría contagiosa a otros grupos de médicos que desarrollaba una labor docente fundamental en ese campo clínico. Junto a los doctores Mario Caracci y Alfonso Díaz en Cirugía Digestiva; Fernando Del Campo y Carlos Martínez en Urología; Jaime Paulos en Traumatología, y con los doctores Juan Carlos Glasinovic e Iván Marinovic en Medicina Interna y Gastroente-rología formaron una sólida columna de presencia docente en ese hospital a la que luego se agregaron los doctores Alejandro Raddatz y Luis Ibáñez. Su espontánea vocación docente lo llevó a ser nombrado Profesor encargado del Cuarto Año en el Hospital Sótero del Río. Simultáneamente se desempeñaba como cirujano del Servicio de Urgencia de ese hospital. Su paso por el Hospital Sótero del Río es recordado con cariño y respeto hacia un médico que demostró como, con escasos recursos, mucho ingenio, entusiasmo y caridad, a pesar de la pesada carga asistencial, se puede contribuir a la curación de los enfermos y al consuelo de ellos y sus familiares. Su valiosa experiencia en la cirugía Colorrectal y su trayectoria como docente hicieron que fuera nombrado Profesor Auxiliar de Cirugía en abril de 1980. Ese mismo año se incorporó como miembro titular de la Sociedad de Cirujanos de Chile de la que fue posteriormente miembro del directorio en tres oportunidades entre los años 1981 y 1991. Además, fue miembro de la Sociedad Chilena de Coloproctología desde el año 1980 y de la Sociedad Latinoamericana de Coloproctología. Después de la muerte del doctor Jorge Tocor-nal el doctor Rahmer fue llamado a integrar el equipo de Cirugía Digestiva en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, que años mas tarde pasaría a ser el Departamento de Cirugía Digestiva formado entonces por los doctores Osvaldo Llanos, Sergio Guzmán y Alvaro Zúñiga. En este nuevo ambiente Alejandro se adaptó fácilmente. En realidad, Alejandro sabía adaptarse a todos: "Docto con el docto y santo con el santo", es parte del arte de ganarse a la gente porque la semejanza atrae la simpatía. Así, se ubicó entre nosotros, sin mayores complicaciones. En lo personal sentí que revivíamos la amistad que habíamos iniciado en nuestra época de residentes posiblemente en gran parte por nuestros estilos de vida similares, pero también porque compartíamos una experiencia común. En nuestra infancia ambos habíamos vivido y crecido como hijos de agricultores con una vida muy campesina en estrecho contacto diario con la naturaleza y sus actores. Teníamos una jerga especial que incluía términos netamente campesinos para describirnos mutuamente algunos hallazgos operatorios o para comentarlos entre nosotros. Así por ejemplo, Alejandro hablaba de las tricahuelas para referirse a esos recesos peritoneales secundarios que tienen algunas hernias incisionales complejas y que asemejan las madrigueras de los loros tricahue tan comunes en Curicó. Aveces medíamos el segmento de intestino dañado en "gemes" medida inferior a una cuarta, otras veces se describía como color tórtola el aspecto de algunas visceras en condiciones especiales. Pero Alejandro tenía expresiones que le eran tan propias. Cuando operando enfrentaba una disección difícil en la que una maniobra forzada podía provocar un daño a alguna viscera, y si en la maniobra se protegía una viscera pero pudiera romperse otra, al momento de la decisión final decía "Bueno, ... aquí, o se rompe el palo o se raja la tabla". Esta jerga provocaba la mirada curiosa y divertida de otros miembros del Departamento que venían de una cultura más de asfalto.

Alegre y sencillo soltó toda su energía y entusiasmo en el trabajo docente, asistencial y de investigación clínica. Luego de poco andar fue nombrado Profesor Jefe del Curso Integrado Clínicas Médico Quirúrgicas, recibiendo en dos oportunidades el premio al "Mejor Docente de Quinto Año de Medicina" otorgado por el Centro de Alumnos de la Escuela. Fue una figura central y significativa en el desarrollo de la Coloproctología en el Departamento de Cirugía Digestiva, con valiosos aportes en el estudio de diagnóstico y tratamiento de las enfermedades inflamatorias neoplásicas del intestino que le significaron obtener los premios "Enrique Abud" y "Ricardo Gunther" otorgados por la Sociedad de Cirujanos de Chile por sus publicaciones en este campo de la cirugía.

Por su trayectoria meritoria la Comisión de Carrera Académica lo nombró Profesor Adjunto el 1o de mayo de 1996.

Una vez mas su dedicación a la docencia lo llevaron a desarrollar técnicas audio-visuales para la docencia, como videos sobre técnicas quirúrgicas en ostomías y programas de auto instrucción en patología proctológica, hoy día disponibles en la biblioteca de nuestra Escuela para los alumnos de pre grado de cirugía. En un esfuerzo adicional colaboró en la organización del Servicio de Urgencia del Hospital Clínico y fue su primer jefe. Durante este período fue también un activo miembro de la Sociedad de Cirujanos de Chile, participando en su directorio y en los congresos anuales representando a nuestro Departamento de Cirugía Digestiva con presentaciones de trabajos, conferencias, cursos y mesas redondas. En cada uno de estos congresos si había un río o lago cercano organizaba su tiempo de manera de disfrutar en su afición predilecta, la pesca.

Algunos miembros del Departamento de Cirugía Digestiva movidos por su entusiasmo y pasión por la pesca también quisimos incorporarnos a ese mundo fascinante y adquirimos cañas, carretes, nylon y anzuelos también por supuesto. Pero nada, ... ni la organización germana del Dr. Raddatz y el Dr. Guzmán ni alguna organización del doctor Ibáñez lograron conseguir resultados mostrables en alguna foto. En lo personal, recuerdo en esas jornadas haber pescado una pieza de aproximadamente 10 cm, posiblemente una trucha todavía lactante. La mirada reprobatoria del Maestro me hizo devolverla al río. ¡Como quería Alejandro compartir con nosotros su pasión e incorporarnos al arte de la pesca!

En una oportunidad nos invitó a pescar a un lugar secreto muy cerca del centro de Santiago. En efecto, nos juntamos a las 8:00 de la mañana en el Jumbo de la Avenida Kennedy y enfilamos en nuestros autos con nuestros hijos varones hacia el Arrayán. En 30 minutos estábamos en el lugar y había truchas y eran gordas y grandes. Lo siento,... el lugar es secreto. Rápidamente Alejandro armó cañas, montó carretes y nos dio instrucciones. Estaba en su elemento. Nos enseñaba la conducta de la trucha en el agua, como acercarse a la ribera según la posición del sol y la sombra de los árboles. La ubicación de la trucha en los remansos, y en fin, muchas sutilezas que apreciaba un gran pescador. Pero nosotros no entendíamos estas sutilezas. Para nosotros el problema era torpemente simple. La trucha estaba o no estaba, picaba o no picaba. Luego, Alejandro remontó rápidamente por la ribera del río saltando de roca en roca buscando el pozón con truchas ¡¿Cómo los reconocía?! Cuando nosotros luego de muchas dificultades lográbamos instalarnos para iniciar nuestra pesca inestablemente en el extremo de alguna roca, él ya había pescado algunos ejemplares y volvía al campamento base. Nosotros, torpes en la pesca lo hicimos dos o tres horas más tarde y al llegar al campamento, ... ¡Fue fantástico! Alejandro había faenado las truchas y las ahumaba en un aparato especial que él había llevado. ¡Que banquete! Nunca olvidaremos la satisfacción de Alejandro de ver como disfrutaban sus amigos. Generoso, sencillo, gozador de las cosas simples.

También los suyos, y su familia, disfrutaban con este padre cariñoso. Con Beatriz su compañera formaron una pareja ejemplar. Acogedora, alegre que buscaba en medio de la pesada carga laboral de Alejandro, un espacio para escapar a la Sierra de Bellavista en compañía de sus hijos Alejandro, Camilo y Beatriz que heredaron el amor por la naturaleza y la vida sana. Alejandro, su hijo mayor, y su esposa María José Lacalle le dieron a Alejandro y Beatriz recientemente la alegría de su primer nieto. Una niñita que se llama Sofía. Así fue pasando el tiempo, y en el Departamento de Cirugía Digestiva durante alrededor de 20 años su generosidad y carácter jovial llenaban todos los espacios vacíos y lúgubres que dejaba la preocupación por los intereses personales.

Alejandro también era un gran conversador. Podía conversar con personas muy distintas. Prudente y discreto escrutaba a su interlocutor. Como buen clínico sabía tomar el pulso del ánimo en la lengua. "Habla si quieres que te conozca" dice el proverbio. Yo no sé si Alejandro lo conocía, pero lo practicaba.

Bueno, así era el doctor Rahmer, un hombre con tantas cualidades

¿Cómo logró hacerse de estas cualidades? Pareciera como que hace un tiempo, cuando Alejandro dejó Molina, su querido pueblo natal en una mañana de verano, para iniciar el largo camino de su vida, en la salida del pueblo se detuvo y entró en una tienda, difícil de describir, quizás una pulpería, para adquirir provisiones para el largo viaje. Cogió prudencia, generosidad, sencillez, lealtad, valor, moderación y ... titubeó un poco y también incluyó una caña de pescar. Puso todo esto en alforjas salió al camino y se fue. Dicen en el lugar, que a

poco andar, preocupado por mantener frescas todas estas provisiones en las jornadas de polvo y calor del caminante, volvió sobre sus pasos entró nuevamente a la tienda, cogió la alegría, la puso sobre sus hombros y se alejó silbando.

Dr. ALVARO ZÚÑIGA D.1

1 Departamento de Cirugía Digestiva
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

Ha fallecido el Profesor Dr. Eliseo Otaíza Molina.

Distinguido médico del Hospital El Salvador, fue por algún tiempo Jefe de Servicio de Cirugía, por largo tiempo Director del Departamento, y formador de una vasta y selecta cantidad de cirujanos.

Le cupo una destacada actuación societaria en el Capítulo Chileno del American College y en la Sociedad de Cirujanos de Chile, siendo Presidente de ésta última en 1967.

En el año 1986 fue reconocido con la máxima distinción que otorga nuestra Sociedad a sus miembros más ilustres, Maestro de la Cirugía Chilena.

En el nombre de la Sociedad de Cirujanos de Chile hacemos llegar a su familia, colegas y amigos nuestro sentimiento de pesar.

Dr. JULIO YARMUCH G.