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Idesia (Arica)

versão On-line ISSN 0718-3429

Idesia vol.35 no.2 Arica jun. 2017  Epub 13-Maio-2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34292017005000025 

La sustentabilidad del altiplano sur de Bolivia y su relación con la ampliación de superficies de cultivo de quinua

 

The sustainability of the southern highlands of Bolivia and its relationship with the expansion of quinoa growing areas

 

Barrientos, Ermindo1; Carevic, Felipe2*; Delatorre, José2

1 Facultad de Ciencias Agrarias y Naturales, Universidad Técnica de Oruro, Bolivia. Programa de Doctorado en Agricultura para Ambientes Áridos. Oruro, Bolivia.
2 Facultad de Recursos Naturales Renovables, Programa Doctoral Agricultura para Ambientes Áridos-Desérticos. Universidad Arturo Prat Iquique, Chile. * Autor correspondencia: fcarevic@unap.cl


RESUMEN

En la presente revisión se describe la región natural del intersalar de Bolivia desde el punto de vista ambiental y productivo con énfasis en los cambios de sistemas de producción acentuados las últimas dos décadas. Se plantea que el cambio de sistema de producción y la ampliación irracional de la superficie de cultivo de quinua en la región del altiplano sur de Bolivia (intersalar) tiene un efecto negativo sobre la sostenibilidad y sustentabilidad del complejo quinua-camélidos. Se hace especial mención a los cambios en los sistemas productivos de quinua y la situación ambiental del altiplano sur de Bolivia, describiendo la ampliación de áreas de cultivo de quinua y sus efectos inmediatos sobre la cobertura vegetal. La erosión eólica y la pérdida de la fertilidad y capacidad productiva de los suelos son aspectos que se describen en base a información disponible. Como alternativas de mitigación y posibles soluciones ante la creciente desertificación del altiplano sur de Bolivia, se concluye que los sistemas agroforestales y rotaciones de cultivo en base a vegetación nativa son las alternativas con mayor viabilidad para mejorar los actuales sistemas agroproductivos del altiplano boliviano.

Palabras claves: sistemas de producción, sostenibilidad de quinua, degradabilidad de suelos, producción biointensiva, barreras vivas.


ABSTRACT

This review describes the natural region of Bolivia's intersalar at environmentally and productively levels, with emphasis on changes in production systems accentuated over the last two decades. It is argued that the change in the production system and the irrational extension of the quinoa surface area in the southern highlands of Bolivia (intersalar) have a negative effect on the sustainability and sustainability of the quinoa-camelid complex. Special mention is made of the changes in the quinoa productive systems and the environmental situation of the southern highlands of Bolivia, describing the expansion of quinoa growing areas and their immediate effects on plant cover. Wind erosion and loss of fertility and productive capacity of soils are aspects that are described based on available information. As mitigation alternatives and possible solutions to the increasing desertification of the southern high plateau of Bolivia, we conclude that agroforestry systems and crop rotations based on native vegetation are the most viable alternatives to improve the current agro-productive systems of the Bolivian highlands.

Key words: productive systems, Quinoa sustainability, soil degradability, biointensive production, living barriers.


Introducción

Bolivia es un país de la Región Andina que se compone de diversas regiones naturales desde la región alto andina, puna, salares o intersalar, valles interandinos, yungas, llanuras secas y húmedas, las que actualmente presentan problemas severos de degradación de suelos, puesto que cerca del 48% de la superficie del país presenta erosión, afectando en su totalidad a los departamentos de Oruro, Potosí, Chuquisaca y Tarija (Medrano y Torrico, 2009).

El altiplano boliviano ocupa una superficie de 178.662 km2 (16,4% del territorio nacional). Dentro de esta área se reconocen tres subregiones: el altiplano norte (13.600 km2), el altiplano central (91.079 km2) y el altiplano sur con 73.983 km2.

La región del intersalar se halla en la zona árida y semiárida del altiplano sur, ubicada al suroeste de Bolivia, desde los 19° hasta los 21° 40' de latitud sur y desde los 66° hasta los 69° de longitud oeste. En términos ecológicos, el altiplano sur constituye una unidad con particularidades fisicoambientales propias, derivadas de su origen volcánico y del carácter relicto de un antiguo mar (Andressen et al., 2007).

La principal actividad económica del intersalar (altiplano sur de Bolivia) se basa casi exclusivamente en la producción de la quinua y la cría de llamas, inclusive seleccionados como productos básicos de prioridad para el actual gobierno (Jacobsen y S0rensen, 2010). Winkel (2014), reseña a la quinua como un grano muy especial, producido por cultivadores no especializados, con cargo a mercados a veces muy exigentes y sofisticados. En base a esto, sus productores siguen estableciendo la pluriactividad -agrícola y no agrícola- y la movilidad como dos condiciones indispensables para la sostenibilidad económica de una agricultura familiar en un contexto regional de grandes incertidumbres agroclimáticas y económicas. Estas estrategias familiares de pluriactividad y de movilidad se desarrollan en desmedro de la ganadería pero, por otro lado, favorecen un desarrollo integrado entre comunidades rurales y ciudades medianas o grandes de la región, reduciendo así la necesidad de migración hacia metrópolis distanciadas.

En la actualidad, la quinua, resultó ser un cultivo estratégico de exportación registrando en los últimos años crecimientos importantes en lo que respecta a su producción (92.312 t el último período agrícola), lo que se ha correlacionado con un cambio de sistema productivo y una expansión no planificada del cultivo a nivel nacional, particularmente en la región del altiplano sur, ya que de un total de 173.980 ha, aproximadamente 90.000 ha se cultivan en la región del intersalar. Esta expansión antes señalada, ha causado graves problemas ambientales como la erosión y pérdida de la capacidad productiva de sus suelos, además, el rendimiento promedio no sobrepasa de 500 kg-ha-1 (Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, 2015).

Risi et al. (2015), resaltan que las quinuas conocidas como "Reales", se caracterizan por tener un tamaño de grano grande, muy apreciado en el mercado de exportación. Además, de sus niveles altos de proteínas (14%), resalta su buena calidad puesto que el 80% de ácidos grasos que la conforman son insaturados. La quinua del intersalar se le denomina también como "Real" y la tendencia de su cultivo se orienta a la producción orgánica. La gran demanda internacional de la quinua y los excelentes precios que lo acompañaron han generado tanta expectativa entre los agricultores que, en el afán de aprovechar la coyuntura, se han producido varias actividades no recomendadas que limitan una reposición de la cobertura vegetal nativa, afectando las zonas de pastoreo de camélidos. (Risi et al., 2015).

El cambio de sistema de producción y la ampliación no planificada de nuevas áreas de cultivo ocasionada, en gran medida, por los denominados "residentes", en los 20 últimos años debido al uso inadecuado de maquinaria agrícola, trajo consigo graves problemas ambientales, socioeconómicos y reducción de la soportabilidad de pastizales cuyo efecto directo es la tendencia negativa de los rendimientos por unidad de superficie (Risi et al., 2015) quienes ratifican la tendencia decreciente de los rendimientos en los últimos 15 años, registrándose valores por debajo de 0,5 tn ha-1 durante el período comprendido entre 2013 y 2015. Estos datos han sido objeto de cierta discrepancia, puesto que esta situación decremental de los rendimientos, fue sostenida anteriormente por Jacobsen (2012) en base a estadísticas disponibles oficiales de Bolivia, mientras que Winkel et al. (2011), criticaron la tendencia estadística negativa de los rendimientos debido a la poca claridad de los datos y efectos sobre la sostenibilidad de la quinua.

Las consideraciones mencionadas en los párrafos anteriores, permiten plantear varias inquietudes relacionados a la desertificación del altiplano sur de Bolivia, por lo tanto, se plantea que, el cambio de sistema de producción del complejo quinua-camélidos, el monocultivo acentuado de la quinua y la pérdida de cobertura vegetal principalmente arbustiva, afectan la sostenibilidad de la quinua en la región del altiplano sur de Bolivia.

Materiales y Métodos

Las fuentes bibliográficas incluidas en esta revisión son todas aquellas publicaciones, nacionales y extranjeras, que proporcionan registros sobre la revisión de los problemas ambientales relacionados a la sostenibilidad y sustentabilidad de los sistemas productivos en base al cultivo de quinua y crianza de camélidos.

Para reforzar la información climática de la zona de estudio, se ha utilizado el Sistema de Procesamiento de Datos Meteorológicos (SISMET Versión 2.0) como una herramienta informática para describir la tendencia actual del clima en base a datos históricos de la región de Salinas de Garci Mendoza.

Cambios en los sistemas productivos de quinua y situación ambiental del altiplano sur de Bolivia

Vestigios y testimonios actuales de productores de la región del altiplano sur de Bolivia señalan claramente que los sistemas de producción ancestrales de quinua "Real", se caracterizaban por cultivos en serranías, en forma manual y superficies pequeñas con una alta productividad (20 a 30 qq en promedio) basados en prácticas de producción sustentables. Sin embargo, debido a la creciente demanda internacional y alentado por el incremento de precios en el mercado, se produjo la extensión de los cultivos en forma inadecuada, disminuyendo los años de descanso entre períodos de cultivos bajo un enfoque de aprovechamiento extensivo-extractivo caracterizado por la ampliación de cultivo en las zonas utilizadas tradicionalmente para el pastoreo de llamas y ovejas (FAUTAPO-COMPASUR, 2013). Es así que se generó un cambio de uso de suelo, lo que repercutió negativamente en los ecosistemas frágiles del altiplano. Este fenómeno también podría estar involucrado en la disminución de la seguridad alimentaria de la zona por los cambios en los hábitos alimenticios (Medrano y Torrico, 2009).

Según Rojas et al. (2015), en el altiplano sur, hasta la década de los sesenta, la quinua se cultivaba bajo el sistema tradicional en las laderas de las serranía de los salares de Uyuni y Coipasa. La producción en planicie se inició en la década de los setenta con la introducción del tractor agrícola, luego, con el interés del mercado internacional por el grano de quinua, el cultivo se fue extendiendo a grandes superficies, estimando para esta zona en 90.000 has cultivados por período agrícola.

Ampliación de áreas de cultivo de quinua y sus efectos inmediatos

El cambio de sistema de producción desde las serranía y laderas hacia las planicies fue debido al uso de maquinaria agrícola, lo que conllevó a la ampliación de la frontera agrícola con la introducción de la maquinaria en el altiplano sur (tractor agrícola y el arado de disco) en forma masiva a partir de la década del 80, este hecho ha ocasionado diversos problemas ambientales (perdida de la fertilidad y erosión de suelos). En el estudio denominado efecto ambiental de la expansión de la frontera agrícola de quinua en el altiplano sur de Bolivia (Vallejos et al., 2011), se ha mencionado que desde 1992 la superficie destinada al cultivo de quinua se incrementó en forma alarmante (registrándose cifras de crecimiento mayores a 300% en períodos cortos de 4 a 10 años), coincidiendo con la alta demanda de la quinua en mercados internacionales. El mismo autor enfatiza que esta expansión fue mucho más drástica para los años 2008 y 2010, registrándose un incremento de 7.060 a 10.564 ha, respectivamente. Al ritmo de la expansión descrita, se proyecta que el año 2025 se tendría una superficie estimada de 40.000 ha, actualmente las cifras señaladas y proyectadas quedan ratificadas en la campaña agrícola 2015, hecho alarmante por la aceleración en las tasas de expansión.

Winkel (2014), menciona que la expansión del cultivo de quinua en una comunidad cerca del salar de Uyuni: entre 1963 y 2006, se incrementó en un 360%, expandiéndose principalmente hacia las planicies aunque las laderas continúan siendo cultivadas en un menor porcentaje. Ante esto, un estudio independiente liderado por el mismo investigador (en tres municipios de la zona muestra que entre 1975 y 2010 el cultivo de quinua se incrementó entre 70% y 300% en los terrenos planos y sufrió un decrecimiento del 16% al 32% en laderas. Esta expansión del cultivo desemboca en una uniformización del paisaje agrícola mostrando vastos monocultivos de quinua o parcelas en descanso mientras que la vegetación nativa (hierbas y arbustos que forman la thola) se encuentra cada vez más relegada a tierras marginales, rocosas o en laderas no mecanizables. En base a este hecho, Medrano et al. (2011), indican que la expansión de los cultivos de quinua en el intersalar boliviano representa, desde el punto de vista de la sostenibilidad un elevado riesgo, primero por la reducción de la resiliencia de las condiciones naturales favorables, debido a la reducción considerable del tiempo de barbecho. Segundo, el incremento de la exposición del suelo, a causa de las nuevas prácticas agrícolas, conlleva a mayores tasas de erosividad. Tercero, el incremento de la demanda y del precio de la quinua, regidas por el mercado internacional, incrementa la dependencia a factores externos, acerca de que los agricultores tienen poco o ningún control.

Winkel et al. (2012), con base en las aseveraciones de Jacobsen (2011) que señalan que: "La frontera agrícola ha sido extendida, con la roturación de tierras vírgenes en las pampas", discute que esta aseveración trae confusiones, pues las áreas roturadas en las pampas del altiplano sur no son tierras vírgenes sino áreas pastoriles, usadas desde tiempos remotos para alimentar los rebaños de llamas y ovejas. Entonces, el cultivo de quinua se extiende al detrimento de las tierras de pastoreo (no de tierras vírgenes) como el resultado del cambio de estrategia decidido por los mismos campesinos locales.

Pérdida de la cobertura vegetal nativa

La cubierta vegetal característica de la región del intersalar (estepa puneña y semidesérticas) identifica a tres unidades dominantes de vegetación: Tholares (Baccharis incarum, Parastrephia lepidophylla y Fabiana densa) asociada con hierbas anuales, como el Lampayar (Lampaya castellani) a la que se asocian Parastrephia lepidophylla y Fabiana densa. Es peculiar encontrar la especie Lampaya castellani en superficies arenosas, ambientes donde la erosión eólica crea acumulación de arena al pie de los arbustos. En el estrato Tholar-pajonal, dominan gramíneas perennes de porte alto como son Stipa ichu, S. leptostachya, S. plumosa, Festuca orthophylla, y varias especies del género Nassella, relacionadas con arbustos siempre verdes (Joffre y Acho, 2008).

En relación a las tholas, tienen usos e importancia ecológica, cultural y económica. Son especies dominantes que contribuyen a mantener las interrelaciones de todos los elementos de este ecosistema, conservando y protegiendo a las demás especies vegetales y animales. Asimismo, juegan un rol importante en el enriquecimiento y recuperación de la fertilidad de los suelos con el aporte de materia orgánica (Joffre y Acho, 2010; Jacobsen, 2012).

La vegetación nativa más afectada por la expansión creciente, son las unidades denominadas arbustales ralos de porte bajo (tholares, añawuayales, lampayar y pajonales), (Vallejos et al., 2011). La restauración de tholares junto a otros arbustos y vegetación asociada a estos es muy lenta, mediante procesos de "Sucesión vegetal" en cultivos de quinua en la región intersalar de Bolivia se estima que la sucesión secundaria, o sea la reposición de la cobertura vegetal arbustiva en la zona tardará entre 30 a 50 años, siempre y cuando las condiciones tanto bioclimáticas como antropogénicos sean apropiadas (Joffre y Acho, 2010).

Situación climática y proyecciones bajo escenarios extremos de temperatura y humedad

La quinua producida en el altiplano sur de Bolivia se desarrolla en un ambiente ecológico difícil, donde el suelo rocoso o arenoso queda expuesto de forma casi permanente al viento (en promedio de 14,4 a 43,2 kmh-1). Además de la altura extrema, los cultivos se escalonan entre 3.650 y 4.200 m de altura, donde se producen bajas precipitaciones anuales (desde 150 mm al sur de la región hasta 300 mm al norte), con más de 200 días de helada por año, una alta intensidad luminosa y especialmente una fuerte incidencia de la radiación UVb (416,9 Wm-2 a 619,5 Wm-2), (Beck, 1988; Winkel, 2011). Otra particularidad reseñada para un ciclo de cultivo de la quinua, es que recibe el aporte de dos ciclos de precipitación (Winkel, 2011), es decir, el primer aporte para la preparación de suelos y el segundo ciclo para el desarrollo mismo del cultivo.

Mediante información climática de la base de datos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI), de la Estación Meteorológica de Salinas de G.M., aplicando el Sistema de Procesamiento de Datos Meteorológicos (SISMET) versión 1.2, se presenta un análisis de la información del período comprendido entre los años 1942 a 2013. Del resumen agrometeorológico (Figura 1) se ratifica que la precipitación real está muy por debajo de la evapotranspiración real, cuyo balance hídrico es negativo (condición climática tipificado como árido, con una condición de humedad muy deficiente). El período libre de heladas es muy corto, prácticamente entre los meses de diciembre, enero y febrero. La dirección predominante de los vientos señala la dirección oeste a este con velocidades promedio de 6 a 62 km h-1.


Figura 1. Resumen agrometeorológico, estación Salinas de Garci Mendoza (1942-2013).

Degradación de suelos y desertificación del altiplano sur de Bolivia

Andressen et al. (2007), en un estudio sobre indicadores de desertificación del altiplano sur de Bolivia, mencionan a los siguientes hechos como causantes de la degradación ambiental: disminución poblacional de la vegetación nativa, erosión hídrica y eólica, formación de dunas, disminución del nivel de las aguas subterráneas, salinización de los suelos, disminución de la productividad biológica del suelo y la reducción del rendimiento de las cosechas. Una de las principales causas que está contribuyendo a estos indicadores, es el cambio en el modelo productivo de la zona, referido principalmente al cultivo expansivo y desordenado en sistemas de producción mecanizado en planicies, que ha traído como consecuencia una baja productividad.

Entre los factores naturales y antrópicos relacionados con el descenso productivo de la quinua y la consecuente degradación de los suelos en el altiplano boliviano se refieren principalmente: ampliación sin planificación de áreas de cultivo, conflictos por acceso a tierras, disminución de la población ganadera, inadecuada tecnología de producción, escasa aplicación de tecnología ambientalmente sostenibles, disminuciones de precipitaciones, suelos livianos desprovistos de vegetación nativa y alta erosión eólica (DICyT-UTO, 2013). Según estimaciones actuales, en promedio, se cultivan entre 6 a 10 hectáreas por familia productora, aunque también es frecuente hallar parcelas de 30 a 50 ha/año, incluso actualmente se ven hasta 100 hectáreas sin barreras vivas, invadiendo territorios de pastoreo, por tanto eliminando fuentes de fertilizantes naturales como el estiércol. Con la ampliación de la frontera agrícola se incrementan los riesgos de los procesos de erosión de los suelos y consecuente pérdida de su fertilidad.

Erosión de suelos

En lo que respecta a erosión de suelos, Alandia et al. (2014), concluyen que en el altiplano sur de Bolivia se pierden 7,5 kg de N ha-1 año-1, debido principalmente a la erosión eólica. Estudios sobre la evaluación de erosión de suelos en el altiplano sur, permiten describir que la erosión eólica se produce mediante procesos de saltación. Estos procesos resultan del movimiento de las partículas de suelo en forma parabólica a alturas menores a 50 cm del suelo. Con esta información se puede deducir que el control de procesos erosivos puede ser exitoso con la implementación de barreras vivas basadas en especies vegetales principalmente nativas de porte bajo. En ese sentido la Fundación PROINPA ha comenzado procesos de multiplicación de estas especies (Alandia et al., 2013).

El efecto más serio en los últimos años ha sido el causado por los fuertes vientos que arrastran grandes cantidades de arena de las capas superficiales de los suelos sueltos, esto provoca el enterrado de plantines en la etapa de establecimiento, reducen el repoblamiento natural de la flora nativa, provocan la destrucción de viviendas, etc. Es evidente percibir este arrastre de tierra en los perímetros de las parcelas, y en los caminos de acceso a las parcelas, observándose promontorios acumulados en los t'ulares y en otros casos cárcavas en t'ulares y caminos (Bonifacio et al., 2014).

Pérdida de la fertilidad y humedad disponible

Según Cárdenas y Choque (2008), el 88% de los suelos en la ecorregión de los salares de Bolivia tienen una fertilidad de baja a moderada, y el 12% una fertilidad de moderada a alta, donde el contenido de nitrógeno total es muy bajo, el nivel de fósforo disponible en su mayoría es moderado, asimismo, los niveles de potasio intercambiable se hallan en los rangos de alto a muy alto.

Winkel et al. (2014), reseñan que la pérdida de fertilidad de los suelos en los cultivos mecanizados de quinua se menciona a menudo como un fenómeno preocupante y como principal causa de una supuesta disminución de los rendimientos de quinua, y prueba de que el agroecosistema estaría excediendo su capacidad de carga. Respecto al estudio de Choque y Cárdenas (2008), se discute que "hasta hoy no se ha publicado ningún trabajo que demuestre una relación clara, a corto y largo plazo, entre el cultivo de la quinua y la fertilidad de los suelos de la región". La falta de fundamento científico no impide el desarrollo de un abundante discurso respecto al agotamiento de los suelos y las soluciones agrotécnicas para resolverlo.

Propuestas de mitigación con base en sistemas agrícolas biointensivos

A partir de la gestión 2009 a 2013, el Programa COMPASUR - FAUTAPO, trabajó en la conceptualización y operativización en campo de un enfoque de producción biointensiva sustentable, con el objetivo de contar con una alternativa práctica y factible a la producción extensiva-extractivista; los elementos e insumos para la implementación de este enfoque se basa en los conocimientos locales de los productores complementados con técnicas desarrolladas por diferentes instituciones entre las que se resalta el uso de sistemas agroforestales con vegetación nativa (FAUTAPO- COMPASUR, 2013). Actualmente, esta actividad tiene su continuación con experiencias de la Fundación PROINPA con uso intercalado de barreras vivas y leguminosas nativas para cultivos de cobertura.

Sistemas de barreras vivas y agroforestales

Según Camacho et al. (2002), los beneficios ambientales y económicos de setos, cercados, herrizas, cortavientos, barreras vivas y otros enclaves forestales cumplen una importante función que no ha pasado desapercibido por los agricultores, ya que protegen contra el viento, reducen la erosión, evitan inundaciones, aportan productos adicionales, mejoran la producción agrícola, protegen al ganado, protegen el ecosistema y mejoran su diversidad-sucesión vegetal en pos de una mejora del paisaje. Las especies vegetales recomendadas en la formación y reconstrucción de setos (barreras vivas) están en función de las condiciones locales, sobre todo clima y suelo, y el objetivo deseado. Se recomienda hacer la selección de especies según los siguientes criterios: adecuación al territorio en cuestión, según sean apropiadas para el uso que se les quiera dar, según sean adecuadas a las características y situación ecológica del lugar (en términos de suelos, altitud, temperaturas, precipitaciones, etc.). Se debe evitar que las especies seleccionadas sean invasoras, que compitan con el cultivo adjunto, sean delicadas o inadaptadas, o que emitan compuestos.

Winkel (2014), de manera similar, si bien sostiene que parece sensata la recomendación de disponer barreras vivas o de sembrar en fajas y eras para frenar la erosión de los suelos, puntualiza que se requiere una demostración de la eficiencia real de estos dispositivos. Tampoco se ha evaluado su aceptación por parte de productores, quienes no tienen todos los mismos accesos a la tierra ni la misma capacidad económica. Es así que la estructura del paisaje rural -es decir, la organización del espacio físico que integra los cultivos con las áreas pastoriles o naturales- debería ser considerada por su rol múltiple en la conservación de los suelos, el control de las poblaciones de plagas, el equilibrio entre el cultivo y la ganadería y los servicios ecosistémicos (leña, plantas medicinales).

Rotación de cultivos con base en leguminosas

En el marco del proyecto: "Producción sostenible de la quinua", financiado por Mcknight y ejecutado por la Fundación PROINPA, durante tres gestiones agrícolas (2005-2006, 2006-2007 y 2007-2008) se ha realizado una actividad para implementar una nueva propuesta de estrategia para la recuperación de suelos del altiplano sur, con el uso del tarwi (Lupinus mutabilis) en combinación con rastrojo de quinua que se obtiene en la cosecha. En dicho estudio, se concluyó el efecto positivo del tarwi como abono verde en la producción de quinua; sin embargo, se señala que se pretende mejorar la metodología de campo y el uso de otras especies nativas fijadoras de nitrógeno (Aroni, 2008). Además, actualmente, existe interés de investigadores e instituciones, como también de productores de quinua para identificar las ventajas y beneficios de especies de leguminosas nativas como la k'ela (Lupinus sp.) frente a la pérdida notoria de la fertilidad de suelos y considerar a esta especie como alternativa de rotación y abono verde. En este sentido, el género Lupinus, tiene una vital importancia puesto que logra fijar nitrógeno atmosférico en cantidades apreciables de 100 kg/ ha, restituyendo la fertilidad del suelo (Jacobsen y Mujica, 2006).

Según Aroni y Cossio (2006), la fijación simbiótica de nitrógeno suele ser una de las alternativas del manejo de los nutrimentos del suelo, especialmente cuando se utilizan especies de leguminosas en rotaciones de cultivo. Una de las propiedades importantes de las leguminosas es la fijación del nitrógeno atmosférico, transformándolo por una reacción química de reducción en NH3 (amoníaco) que pasa directamente a la circulación de la planta. Las asociaciones de gramíneas-leguminosas dispuestas en cultivos de cobertura, contribuyen significativamente a mejorar las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, lo que repercute en una buena relación agua-suelo deseable para un buen crecimiento y desarrollo del cultivo, además reducen la erosión del suelo y ayudan a un control eficiente de malezas. Respecto a los abonos verdes en el cultivo de quinua, es práctico sembrar gramíneas forrajeras y algunas leguminosas como los lupinos adaptados a la zona. La siembra debe realizarse aprovechando las primeras lluvias (fines de diciembre, enero) para posteriormente ser incorporados al suelo en el mes de marzo con arado de disco. Tomando en cuenta todas las precauciones o factores que influyen en la producción e incorporación de abonos verdes, se constituye una de las alternativas en la recuperación de suelos en una zona tan limitada en disponibilidad de estiércol animal.

Importancia de la vegetación nativa para sistemas productivos de quinua

Según Gandarillas et al. (2014), para mantener la capacidad productiva de los suelos en una zona de tan lenta reposición natural de la vegetación (suelos habilitados para la agricultura les toma más de 10 años reponer su cobertura vegetal), es esencial la incorporación de materia orgánica. PROINPA está trabajando en la evaluación de diferentes especies locales (pastos, arbustos y leguminosas) que tienen una adaptación igual o mejor que la quinua al agroecosistema del altiplano sur. Entre ellas, destacan las leguminosas silvestres (Lupinus ssp.) que se convierten en excelente opción para ser utilizadas como abonos verdes y pueden aportar cerca de ocho toneladas de materia seca por hectárea. Para proteger los suelos como cobertura vegetal destaca la thola, nombre genérico que integran unas cinco especies nativas de la zona, de estas se han priorizado la Supu thola (Parastrephia lepidophylla), Uma thola (Parastrephia lucida) y Ñaka thola (Baccharis tola), por la formación abundante de semilla y la ausencia de dormancia. El manejo de estas especies, empleando sistemas semimecanizados o mecanizados, puede contribuir al repoblamiento vegetal y así proteger el suelo de la erosión, proporcionar materia orgánica, ofrecer alimento y albergue a enemigos naturales de plagas de quinua; en general, funciones ambientales que son críticas para el altiplano sur y central de Bolivia, sugerencia técnica enunciada con anterioridad por Jacobsen (2012).

Bonifacio et al. (2014), mencionan la importancia de leguminosas nativas en el sistema de producción de quinua, empero que en la bibliografía consultada, los nombres científicos no incluyen zonas de recolección y mucho menos mencionan los nombres nativos. Por esta razón, por ahora es mejor nombrarlas como especies plurales (Lupinus spp.). Las especies del altiplano se conocen con nombres nativos de q'ila q'ila, salqa o salqiri. Las plantas generalmente crecen en colonias, dependiendo de la dispersión natural de la semilla y las condiciones favorables para su colonización, van desde pequeñas áreas de 100 m2 a 200 m2 hasta superficies cercanas a 1 km2. Si bien la clasificación taxonómica de las especies no está clara, la diversidad de especies y diversidad genética dentro cada especie o ecotipo es evidente. Jacobsen et al. (2006) mencionan 83 especies para la zona de los Andes. En base a estos hechos, Bonifacio et al. (2014), señalan que existen varias limitantes que se deben atender para lograr el cultivo comercial de los lupinos silvestres, en lo agronómico se tiene fructificación gradual, dehiscencia de semilla y dormancia de semilla. También falta encarar la producción de semilla en escala comercial; el aislamiento e inoculación con bacterias fijadoras de nitrógeno; el control del gorgojo Apion sp.; el empleo de equipos y maquinaria de siembra y la cosecha e incorporación mecanizada de abono verde, entre otras. Asimismo, se deberá establecer programas de investigación de manejo agronómico, aprovechamiento múltiple (cobertura, materia orgánica, forraje), microbiología, etc. Una primera tarea es la conformación de una colección de trabajo para fines de caracterización, selección y aprovechamiento dirigido, dada la gran diversidad de especies y morfotipos. Para el aprovechamiento eficiente de las q'ila q'ila, un desafío vital es la participación de productores para el cuidado de los campos naturales donde crecen estas especies, la colecta oportuna de semilla, la siembra dirigida, la incorporación apropiada, y otras prácticas.

Conclusiones

El cambio de sistema de producción en el cultivo de quinua en la región del intersalar de Bolivia tiene un efecto ambiental negativo sobre el territorio o comunidades que se dedican a la producción de quinua y pastoreo de llamas. La ampliación de la frontera agrícola de la quinua está convirtiendo a la zona intersalar de Bolivia en una región desértica, debido principalmente a la conversión de extensas áreas arbustivas y gramíneas de porte alto en espacios definitivos para el cultivo de quinua. Esto significa una pérdida de recursos para la ganadería y, debido a la escasa cobertura vegetal en los descansos (interperíodos de cultivos), una alta sensibilidad a la erosión. En este sentido, una de las alternativas para frenar la desertificación del altiplano son los sistemas agroforestales como alternativas de conservación ambiental, en base a la vegetación nativa (arbustos) como dispositivos para el control de la erosión eólica. El uso de estas cortinas naturales como rompevientos reducen la velocidad del viento en parcelas con fines agropecuarios, también influyen positivamente en el movimiento del suelo, conservan la humedad, y actúan favorablemente sobre cultivos y fauna silvestre.

Existen algunas posibilidades de mitigación ante la desertificación de la región del altiplano sur de Bolivia como es la práctica de sistemas agroforestales con vegetación nativa en combinación con leguminosas nativas; sin embargo, es importante establecer estudios científicos de la efectividad de estos dispositivos técnicos.

Agradecimientos

El autor desea agradecer a la Universidad Arturo Prat (UNAP) del Estado de Chile y la Universidad Técnica de Oruro (UTO) por el auspicio y oportunidad de cursar el doctorado en Agricultura para Zonas Áridas y Desérticas. Al Departamento de Agricultura de la Facultad de Ciencias Agrarias y Naturales de la UTO por su apoyo institucional y finalmente al Claustro de Doctores de la Universidad Arturo Prat con sede en Iquique, Chile.

Literatura Citada

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Fecha de Recepción: 02 Febrero, 2016. Fecha de Aceptación: 17 Mayo, 2017.

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