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Idesia (Arica)

versão On-line ISSN 0718-3429

Idesia vol.35 no.1 Arica mar. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34292017000100001 

EDITORIAL

Manejo de plagas agrícolas en el contexto de Zonas Aridas-Desérticas

Management of agricultural pests in the contex of Arid Desert Zones


Víctor Tello Mercado

Mg.Sc en Protección Vegetal
Dr. En ciencias silvoagropecuarias
Programa de Doctorado en Agricultura para Ambientes Áridos-Desérticos
Facultad de Recursos Naturales Renovables
Universidad Arturo Prat

Iquique-Chile
victor.tello@unap.cl

En Chile, de acuerdo a los últimos inventarios, existe un número aproximado de 617 especies de insectos y 49 de ácaros asociados con plantas cultivadas. De éstos, 385 y 24 especies, respectivamente, pueden ser consideradas como plagas de importancia económica. En el caso de las regiones más septentrionales de nuestro país (Arica y Parinacota y Tarapacá) encontramos aproximadamente 182 especies; 167 insectos (91,8%) y 15 ácaros (8,2%). Dentro de los insectos los órdenes mejor representados son: Lepidoptera (58 especies; 34,7%), Hemiptera (57 especies; 34,1%) y Coleoptera (35 especies; 21.0%).

El manejo de plagas agrícolas, especialmente de insectos y ácaros fitófagos, independientemente del agro-ecosistema que se trate, es un problema de primer orden que debe resolverse para obtener rendimientos aceptables desde el punto de vista económico. Tradicionalmente el manejo de plagas se ha realizado a través de la aplicación de insecticidas sintéticos de amplio espectro los que sí bien han logrado menguar las poblaciones de las plagas también han causado graves problemas como contaminación de napas subterráneas y de suelos, impacto negativo sobre la fauna, efectos nocivos sobre la salud de aplicadores, contaminación de alimentos, entre otros. No menos graves ha sido el desarrollo de resistencia en las plagas y la resurgencia de otras por la eliminación de enemigos naturales.

La agricultura en las zonas áridas-desérticas del norte de Chile se desarrolla en verdaderas "islas ecológicas", principalmente en agroecosistemas de oasis y valles (quebradas). Estos ecosistemas se caracterizan por estar rodeados de un desierto azoico el cual imposibilita la llegada a estos vergeles de enemigos naturales de las plagas, por lo que la eliminación de ellos en estos ecosistemas, por el mal uso de plaguicidas, es un fenómeno irreversible, por lo que su repoblamiento debe ser llevado a cabo en forma artificial, a través de crianza masiva y posterior liberación, acción conocida como control biológico.

Una condición característica de los ambientes áridos-desérticos es la baja humedad relativa y las temperaturas altas. A nivel de la Pampa del Tamarugal, la situación de desierto interior genera una condición de altas temperaturas diurnas las cuales descienden durante la noche, además de un invierno con temperaturas bajo cero. Diversas plagas que afectan a los bosques de Prosopis en este piso ecológico se han adaptado a través de mecanismos de quiescencia y diapausa que les permiten sortear los períodos en que no hay alimento para las larvas (botones florales y frutos incipientes), reapareciendo cuando comienza la floración en primavera. En cambio otras especies de fitófagos que utilizan como recurso alimenticio el follaje, pueden estar activos durante todo el año.

Una situación diferente se presenta en los oasis y en los valles, en los cuales las temperaturas invernales no suelen ser tan bajas ni tampoco se presenta una gran oscilación térmica durante el día. La presencia natural de fuentes de agua como "cochas" (vertientes) y ríos en los valles, sumado a la irrigación artificial genera microambientes con una alta humedad relativa que favorece la reproducción de las plagas. Estas condiciones agroclimáticas favorables sumado a la presencia de alimento durante todo el año (frutales perennes y cultivos) posibilitan que tanto insectos como ácaros fitófagos estén activos durante todo el año (multivoltinismo) y además que sus estadios se traslapen, es decir, en cualquier momento del año, será posible encontrar todos sus estados fenológicos (huevos, estados juveniles y adultos) al mismo tiempo.

Lo anterior tiene importantes implicancias en el manejo de plagas en zonas áridas-desérticas ya que no es posible encontrar una ventana biológica (estado más vulnerable) para aplicar alguna medida de control. También el monitoreo se complica ya que es impracticable utilizar técnicas de tiempo fisiológico (unidades calor o grados días) para determinar un estadío específico. Muestreos de tipo absoluto o asistidos con trampas (cromoatrayentes, feromonas o fototrópicas) es posible utilizarlos dentro de un sistema de muestreo secuencial para determinar el momento preciso de aplicación de control, son útiles para estas condiciones. Para lograr lo anterior es necesario determinar los umbrales de acción de cada una de las plagas, labor que sólo se ha realizado sólo para algunas de ellas.

Por último, los productos insecticidas/acaricidas a aplicar en ambientes áridos-desérticos deben ser ecológicamente adecuados (biorracionales) debido al delicado equilibrio existente entre plagas y enemigos naturales. Extractos y/o aceites vegetales extraídos desde plantas endémicas, nativas o locales han sido evaluadas con éxito. Organismos entomopatógenos, aplicados a nivel de campo, han resultado ser promisorios en el control de plagas. La baja humedad relativa ha sido un problema pero se ha resuelto en la formulación de estos bioplaguicidas con la adición de gomas, aditivos proteicos y utilizando una emulsión de tipo invertida. El uso de entomófagos (parasitoides y depredadores) ha sido aplicado desde hace varias décadas en el norte de Chile, a nivel de oasis (i.e. Cales noacki contra mosquita blanca en cítricos de Pica), a nivel de Pampa del Tamarugal (i.e. Trichogramma contra plagas de lepidópteros en Prosopis en la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal), a nivel de valles (i.e. Trichogramma contra Tuta absoluta en tomate cultivado en Azapa). El control biológico como herramienta dentro del manejo integrado de plagas es la alternativa más adecuada en los ambientes áridos-desérticos del norte de Chile, para mantener las poblaciones de las plagas a un nivel que no produzcan perjuicios económicos.

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