SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número51Explorando la región: Territorios, escalas y relacionalidades índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Revista de geografía Norte Grande

versión On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  no.51 Santiago mayo 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022012000100001 

Revista de Geografía Norte Grande, 51: 5-19 (2012)

ARTÍCULOS

Crisis y superación en el ámbito de la Geografía crítica: construyendo la metageografía1

 

Ana Fani Alessandri Carlos2

2 Departamento de Geografía, Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas, Universidad de São Paulo (Brasil). E-mail: anafanic@usp.br


RESUMEN

El punto de inicio del razonamiento desarrollado para la construcción de lo que se denomina metageografía, parte con el reconocimiento de un estado de crisis en la Geografía, y en segundo lugar, de su rol como posibilidad, a pesar de ser una ciencia fragmentada, de comprender el mundo moderno, pues su conocimiento puede constituirse en un movimiento hacia la totalidad. En un sentido más amplio, se reflexiona sobre el lugar de la Geografía en la explicación de la realidad en constante cambio. ¿Es posible pensar que, a pesar de sus avances, la Geografía se encuentra en un estado de crisis? Nos enfrentamos con la obligación de revelar sus indicios y, por consiguiente, la necesidad de construir un camino hacia adelante en la necesidad de comprender la realidad desde o por la Geografía. La metageografía es una propuesta teórico-metodológica para la superación de la situación de crisis en que la disciplina se encuentra, a partir de la práctica socioespacial como modo explicativo.

Palabras clave: Geografía crítica, metageografía, espacio, prácticas socioespaciales.


ABSTRACT

The starting point of reasoning, developed here, for the construction of which I call metageography is, firstly, the recognition of a state of crisis in Geography, and secondly its role as a possibility, even though it is a science fragmentary, of understanding the modern world, since knowledge can be constituted as a movement toward an open totality. In a broader sense, it is about thinking the place of Geography in explaining the reality in constant change. If it is possible to think that, despite their advances, Geography is in a state of crisis? We face with the requirement to disclose their symptoms and consequently, the need to build a path forward the need to understand reality from or by geography. The metageography is to propose a theoretical-methodological way of overcoming the state of crisis in which the discipline is, from the social-spatial practice as an explanatory moment.

Key words: critical geography, metageography, space, social-spatial practice.


 

No hay dudas de que, en el núcleo de las transformaciones del mundo moderno, la propia Geografía se transforma, como necesidad de comprensión de ese movimiento camina hacia la constitución de una sociedad urbana en un espacio mundializado. Hoy, el pensamiento que aprehende el mundo, se depara con el hecho de que el capitalismo se reproduce en dirección a lo mundial. Es el momento en que la naturaleza se vuelve secundaria ante la realidad como construcción social.

El punto de partida del raciocinio, desarrollado aquí, hacia la construcción de lo que denomino una metageografía es, por un lado, el reconocimiento de un estado de crisis de la Geografía y por otro su papel como posibilidad, aun en sus límites de ciencia parcelar, de comprender el mundo moderno, ya que el conocimiento se puede constituir como un movimiento hacia una totalidad abierta. En un sentido más amplio, se trata de pensar el lugar de la Geografía en la explicación de la realidad en constante transformación.

La comprensión según la cual la Geografía es una ciencia esencialmente social -que, infelizmente, no encuentra unanimidad entre los geógrafos- señala la preocupación con el análisis de la sociedad, cuya finalidad es desvendar las relaciones entre la sociedad y el espacio. Se trata aquí de pensar esta relación como esencialmente productora, teniendo como objetivo la realización de la reproducción de la vida. En su condición de sujeto de la acción, esa sociedad mantiene, por lo tanto, una relación activa con la naturaleza; es así que se va constituyendo a través de un conjunto de producciones dirigidas a la reproducción de la especie -como momentos civilizatorios- la producción del espacio. Y aquí la Geografía asume una tarea más amplia volviéndose hacia la comprensión de la realización de la vida, concretamente, a través del espacio.

En esa perspectiva es posible pensar que la sociedad, a través de una actividad productiva, transforma la naturaleza en algo que le es propio. Lo que también le confiere al espacio una dimensión histórica, porque la sociedad, a lo largo del proceso histórico, se va constituyendo, extendiendo su actividad por la faz de la tierra, produciendo espacios. De este modo el espacio puede ser comprendido como momento de la construcción de la humanidad del hombre concretamente, como práctica socioespacial, señalando la indisociabilidad entre la producción del hombre y la producción del espacio.

Nuestra presuposición es que el acto que produce la vida es, al mismo tiempo, el acto que produce el espacio en tanto que objetividad y subjetividad. En esa dirección desarrollamos la tesis según la cual el espacio, comprendido en su movimiento, se define como condición, medio y producto de la reproducción de la sociedad (Carlos, 1994a). Significa afirmar que la práctica socioespacial revela la condición objetiva de la existencia humana en sus alienaciones. También revela, además de esta objetividad, la subjetividad contenida en la conciencia que viene de esta práctica, una práctica que revela dramáticamente, hoy, las crisis originadas en las cisiones profundas que puntúan la vida cotidiana.

Esta concepción de espacio obliga al desplazamiento del debate del campo de la epistemología hacia el que contempla la relación teoría-práctica, lo que significa la construcción de la dialéctica constante entre el plano de la vida (realizándose como práctica socioespacial), el de las condiciones objetivas de la existencia del individuo en dirección a su realización (superando cisiones y alienaciones) y el del conocimiento. Por lo tanto, apuntamos para la indisociabilidad entre el conocimiento y la realidad: espacio como concepto y espacio como práctica socioespacial.

En consecuencia, se trata de desvendar la producción/reproducción del espacio como momento de la comprensión del mundo moderno, una tarea que no siempre es fácil. El desarrollo de esa idea hace obligatorio sumergirse en los contenidos del término "producción", consecuentemente "reproducción", que orienta el razonamiento.

El estado crítico

Si es posible pensar que, a pesar de sus avances, la Geografía vive un "estado de crisis" nos deparamos con la exigencia de revelar sus síntomas y como consecuencia, la necesidad de construcción de un camino frente a la necesidad de comprensión de la realidad a partir de la o a través de la Geografía.

Además si hay un estado de crisis, este no se refiere específicamente a la Geografía, ni al plano teórico, hay una crisis real, práctica, producto de las metamorfosis del mundo moderno que produjo el aumento de la concentración de la riqueza, el deterioro de la naturaleza, el deshilachado de la sociabilidad, el deterioro del trabajo y la disminución de las posibilidades de empleo, así como el vaciado de la democracia en un mundo dirigido al crecimiento como necesidad ampliada de la acumulación del capital (Gomes, 1996).

El mundo urbano, principalmente el de las grandes metrópolis de los países periféricos, revela escenarios de devastación, ruinas, caos, y, con eso, la exigencia de soluciones que vienen imponiendo la urgencia en detrimento de un proyecto de sociedad capaz de superar las condiciones de la reproducción actual, poniendo en jaque los contenidos de la vida, así como nuestra posibilidad de comprensión de ese movimiento. Esos planes no siempre escapan de la trampa de la racionalidad del capitalismo en dirección a su reproducción continuada, exigiendo una crítica al Estado y su acción planificadora (Carlos, 1994a; 1994b; 2001).

En la Geografía, en medio de un escenario de crisis, es posible pensar en un camino en que el pensamiento crítico -que tiende a esterilizarse- pueda generar otra posibilidad, aquí se trata de la construcción de una "metageografía" (Carlos, 2004).

Inicialmente, conviene hacer algunas observaciones: a) la provisionalidad del conocimiento que se deriva de la propia dinámica de la realidad que determina el trabajo de investigación; b) la existencia de varias posibilidades teórico-metodológicas abiertas a la elaboración del pensamiento geográfico, como además están puestas para los campos de las ciencias humanas; aun lo que se acordó en llamar (erróneamente) "geografía crítica" no es homogéneo; c) que la crítica se impone como necesidad intrínseca de la producción del conocimiento; d) el análisis parte de una reflexión sobre la Geografía brasileña; por lo tanto presento aquí, una posibilidad de interpretación.

La crisis de la "geografía crítica". Avances y retrocesos

Los años 1970/80 pusieron en choque el procedimiento que aplana el conocimiento geográfico sintetizándolo como pura objetividad y abriendo la reflexión en busca del fundamento de la explicación del mundo, posible a través de la Geografía. Aspecto esencial de la Geografía, el tratamiento de la localización de las actividades del hombre, de un grupo humano, se abre para pensar que la actividad del hombre, que además de localizarse es capaz de organizar un espacio. La Geografia crítica permitió el pasaje del enfoque del análisis de la organización del espacio para la producción del espacio. Se supera, en este movimiento, la reducción de la Geografía a la localización de los fenómenos que, no sin razón, hizo de lo "geográfico" sinónimo de localización de los fenómenos en la superficie de la tierra, o su reducción al mapa. La Geografía crítica tal como se realizó en Brasil en ese período trae perspectivas proficuas para pensar el sentido de la Geografía en el análisis del mundo moderno, y la responsabilidad social del geógrafo. En ese camino, se desplazó el foco de las actividades en el espacio hacia la producción del espacio y así se iluminaron los contenidos sociales del espacio (Andrade, 1977; Bettanini, 1982; Monteiro, 1980; Moreira, 1982; Quaini, 1979; 1983; Santos, 1982; Silva, 1984).

Ese movimiento, en Brasil, se desarrolló sobre la base de la Geografía francesa3, particularmente a partir de las obras de Lacoste, principalmente su libro "La Geografía: un arma para la guerra" que inspiró toda una generación de geógrafos brasileños -seguida por los contenidos presentados en la revista Herodote-. Esta "geografía crítica" era casi sinónimo de "geografía marxista" desarrollando un conjunto significativo de investigaciones apoyadas en el método del materialismo histórico. En aquella época, retornaba a Brasil desde el exilio el profesor Milton Santos que, con su libro "Por uma Geografía nova" (1978) dio el impulso que faltaba al "movimiento de renovación de la Geografía brasilera" que en ese momento elegía la "geografía cuantitativa" como su enemigo principal. Se ponía en jaque a la Geografía física, como consecuencia del enfoque de la Geografía como ciencia social a través del estatuto teórico de espacio.

Dialécticamente podemos afirmar que, de un lado:

a) la exigencia teórica permeó el debate y produjo avances importantes, cuyos fundamentos le permitieron a la Geografía consolidarse como ciencia social, apoyándose en el materialismo histórico permitiendo pensar/construir el pasaje del espacio en su dimensión de localización de los fenómenos en dirección a la consideración de la relación dialéctica sociedad-espacio, por la mediación del trabajo, dato central del proceso de constitución de esta "nueva Geografía" como un modo de entender la realidad brasilera;

b) permitió la superación de una "geografía de la población", fundada en una masa indiferenciada de individuos, en dirección a la elucidación del sujeto productor del espacio, inmerso en una sociedad fundada en relaciones de clase, esencialmente desigual y contradictoria;

c) ese movimiento de superación de la Geografía de incontestable importancia, produjo una base explicativa de la realidad y conceptos que hasta hoy fructifican y se desdoblan a través de nuevas categorías de análisis como la del cotidiano;

d) permitió la construcción de un análisis crítico de la obra de Marx y sus limitaciones a partir del reconocimiento de los cambios ocurridos un siglo después de sus escritos, al mismo tiempo en que refuerza la actualidad de su pensamiento como componente explicativo del mundo moderno;

e) un debate importante del momento fundador de esta Geografía crítica fue el cuestionamiento de la idea de la neutralidad de la Geografía.

Por otro lado, podemos decir que:

a) esta "vertiente" geográfica se agotó al focalizar su preocupación en la comprensión de la base material de la sociedad, presa a la objetividad del espacio. No sin conciencia, se sujetó en muchos puntos a la lectura economicista de Marx (posibilidad contenida en este autor) como momentos de producción del capital. "El espacio del capital" dirigía el análisis sin que los momentos de la acumulación fueran completamente desvendados en su articulación dialéctica. Si la industrialización, bajo la égida del capital, produjo un espacio, este recibía la dimensión de un proceso de urbanización como inducido por la práctica y lógica industrial, como producción del mundo de la mercadería. Esa lógica no agota la comprensión de la realidad;

b) preocupada por las contradicciones sociales derivadas de este proceso, en muchos casos permitió la reducción del hombre a su condición de fuerza de trabajo, y en esta condición discutió las formas de acceso a la vivienda aclarando las condiciones de producción de la periferia a partir de la autoconstrucción;

c) la existencia de una renta fundiaria urbana -como trasposición para el análisis urbano de la teoría construida por Marx para la realidad agraria del siglo XIX-, permitió la comprensión del espacio producido como mercadería, pero redujo su análisis a apenas este momento de la producción del espacio;

d) se perdió mucho tiempo y se gastó mucha tinta con el debate en torno al hecho de que Marx habría privilegiado en su análisis el tiempo y no el espacio, lo que parece que se trata, a mi modo de ver, de un falso debate; ya que la cuestión no es la de buscar una Geografía en Marx, sino de analizar la potencia de su método de análisis en la explicación del mundo moderno. Consecuencia de este hecho, la ausencia de una crítica a su pensamiento, a los límites y a la necesidad de superación de sus ideas -escritas en el siglo XIX- por dentro de su pensamiento, permitió que muchos geógrafos abandonaran el legado de Marx con "cierta facilidad" y el método "posmoderno" facilitó ese comportamiento aliviando las conciencias en la medida que permite la "mezcla de varios métodos" de forma acrítica;

e) el movimiento crítico también no fue suficiente para detener la profundización de la especialización. La Geografía se divide y se subdivide al infinito. La "geografía del turismo" es significativo, lejos de desvendar la producción del espacio como momento de la producción del capital, desplaza el raciocinio de la producción del espacio como mercadería - para la producción de un saber que permite, con mayor competencia, "vender el espacio", revelando la Geografía como saber productivo. O sea, la constitución de la transformación de las particularidades del lugar en mercadería de consumo turístico en función de la posibilidad de transformar el tiempo de no trabajo en tiempo de consumo productivo (Carlos et al., 1996a);

f) la preocupación por la crisis ecológica generó una "geografía ambiental" donde la noción de espacio, entendido como "medio ambiente", camina en dirección del vaciamiento de los contenidos espaciales en la reproducción social para sumergirse en la crisis ecológica como crisis de la naturaleza y no de la acumulación capitalista que en un primer momento transformó la naturaleza en recurso natural y que como consecuencia hizo que la naturaleza entrara en la lógica mercantil, donde la búsqueda incesante por el lucro a corto plazo (principalmente en los países periféricos), creó su deterioro, transformándola en una rareza (Mendonça, 2001). Esta condición -y rareza- fue palanca para la acumulación y esta crisis tornó ella misma la posibilidad de reproducción en la medida en que la naturaleza que se ha vuelto rara, por el proceso de producción capitalista, en su movimiento contradictorio de realización, encuentra en esta rareza, nuevas formas de lucro. En este contexto, nuevos productos anunciados en el mercado, en la estera de la raridad, aparecen como posibilidad de ampliación de la base social en la cual es posible ampliar la acumulación: se vende el "verde" como particularidad de las urbanizaciones cerradas, se produce el turismo ecológico que sustenta un amplio mercado como el de la alimentación, de las prácticas deportivas, del vestuario, entre otros aspectos. Crea, también, un discurso en defensa de la calidad de vida y la necesidad, como posibilidad de superación de la crisis. En el plano del conocimiento, y fundamentada en la inteligibilidad del ecosistema, se produce una Geografía ideológica en su fundamento (Porto-Gonçalves, 2006);

g) el movimiento del pensamiento geográfico, en dirección al vaciado del contenido social del espacio -en un camino inverso a las conquistas de la Geografía crítica-se revela, prioritariamente, de tres modos. El primero se refiere al movimiento del pensamiento geográfico que transforma el "espacio" en "medio ambiente" sin mayores debates o reflexiones, promoviendo la neutralización de los contenidos sociales del concepto y realidad espacial. El segundo modo es la transformación del espacio en "medio técnico científico informacional" con la priorización de la técnica como elemento de mediación de la relación sociedad-naturaleza en sustitución de la del "trabajo". O todavía la tentativa de la "refundación" de una nueva Geografía cultural que, si el principio puede ser leída como una tentativa de dialetizar el determinismo económico que permeó la Geografía crítica, más que producir una crítica de lo económico hizo lo que criticaba, autonomizó la cultura, como muchos hicieron con lo económico, como único nivel posible de comprensión de la realidad. Aún así, si hay profundización y desdoblamientos, hay en mayor número aún disidentes. Esto es porque, sintéticamente, esa corriente de pensamiento como un todo, se sumergió en la crisis del marxismo sin producir su crítica. De este modo, muchos geógrafos la abandonaron, sin reflexiones más profundas. Pero lo que nos parece central es que con el abandono de lo que se acordó en llamar erróneamente "geografía crítica" ocurrió el abandono del propio sentido del pensamiento crítico con la profundización necesaria para desvendar la lógica de la reproducción de la sociedad capitalista reducido a las críticas periféricas.

Por su vez la aparente transparencia del espacio, como objeto de la Geografía, produjo varias simplificaciones como una Geografía restricta al mundo fenoménico, poniéndonos delante de un espacio inmediatamente objetivo, en su materialidad absoluta. O en su pura subjetividad, prendiéndose a las particularidades del espacio.

Si la realidad es una construcción objetiva, material, al mismo tiempo, la sociedad más allá del proceso de objetivación, inaugura un proceso de subjetivación en la medida en que adquiere conciencia práctica de esa misma realidad. Ese proceso de subjetivación no se refiere, por lo tanto, al plano cerrado del individuo, separado de su práctica socio-espacial productora de una conciencia colectiva, permitiendo con esto enfocar lo vivido y percibido interrelacionados y no separados. Por otro lado, el análisis crítico revela el lugar de la cultura en el pensamiento y en la práctica social en sus contradicciones. Hay en el mundo moderno un movimiento que liquida el pasado y la cultura en sus contenidos y referencia, sumergiéndolos en el plano de la mercantilización como elemento definidor de un consumo productivo del espacio - los espacios turísticos. La noción de producción del espacio ilumina el papel y el lugar de la cultura en la totalidad constitutiva de la realidad social.

El momento actual de producción del espacio revela que la cultura, vaciada de su capacidad creativa, disuelta en culturas particulares, oficializada, se libera de todo contenido revelando el momento en que la historia se vuelve cultura y en esa condición entra en la lógica del mercado. Tornada fenómeno cultural podemos, como límite, afirmar que ese movimiento de la realidad actualiza la alienación del mundo moderno.

Podemos señalar como una hipótesis para el debate la idea de que la destrucción en el espacio de los referenciales que producen la identidad que sustenta la memoria puede ser el indicativo del raciocinio que sumerge la "cultura" como elemento de apoyo para el análisis geográfico del mundo, en un momento en que la cultura en sí misma se vacía de sentido.

La Geografía, hoy, camina a grandes pasos hacia la especialización y en esa dirección se fragmenta, la autonomización de los planos de la realidad pierde su carácter explicativo del mundo moderno en su totalidad para sujetarse a "localismos y subjetivismos" (Carlos, 1996a; 1999).

Este momento también permitió que la preocupación con la construcción de una teoría geográfica condujera la búsqueda de la naturaleza del espacio. En algunos casos ese comportamiento fue hacia la construcción de una ontología del espacio -como negación casi total de la dimensión empírica real tratada por la Geografía hasta entonces-. Se trató, sin embargo, a mi modo de ver, de elucidar su naturaleza en el plano de la práctica dialectizando su dimensión expresamente objetiva. El problema se encuentra en superar, no negar, esa materialidad del espacio tratado por la Geografía. Apunta en dirección de, a partir de esa materialidad, caminar para comprender el modo como la sociedad produce su vida, perspectiva esta abierta por el materialismo histórico que fundó y orientó la constitución de la Geografía crítica en Brasil.

A su vez, como consecuencia de la invasión del tiempo rápido del proceso productivo en el acto de pensar, el neocapitalismo impone a todos la necesidad de producción de un conocimiento que tenga como objetivo su reproducción continuada, en esa perspectiva, la Geografía preocupada en dirigirse hacia las necesidades reales del mercado, se realiza como saber técnico reduciéndose a ideología: la Geografía aplicada.

Finalmente, completando sintéticamente el escenario de la crisis de la Geografía, nos encontramos con la "intolerancia" frente a las diferencias en dirección a la construcción de un "pensamiento único" que viene esterilizando el debate académico, poniendo el juicio antes del comportamiento crítico que es uno de los pilares de la producción de conocimiento.

Pienso que es posible, a partir de la crítica de la Geografía y del conocimiento geográfico, construir un camino que busque, a partir de la materialidad incontestable del espacio, sus contenidos más profundos, redescubriendo los sujetos y sus obras. Tal abordaje nos obliga a enfrentar el desafío de comprender cómo se actualiza la alienación en el mundo moderno y cómo se formula metodológicamente la problemática del mundo moderno. Repone, como punto de partida, el conocimiento referenciado en la práctica. En esta dirección, la inmediaticidad del mundo nos revela la ciudad como forma dominante de reproducción de las relaciones sociales.

La práctica socioespacial como momento explicativo

Como afirmamos, hay una profunda indisociabilidad entre producción del hombre y la producción del espacio. En Geografía, es posible construir un pensamiento capaz de revelar el movimiento que va desde la localización de los hombres y sus actividades en la superficie de la tierra hasta la producción del espacio como momento de la producción de la vida en todas sus dimensiones - como movimiento de la reproducción de la sociedad (a lo largo de la historia). En esa dirección, el análisis del espacio se presenta como revelador de las relaciones sociales; su producción y el camino de su reproducción. En este sentido, el acto de producir la vida es un acto de producción del espacio.

Así se comprende el espacio como condición/medio y producto de la reproducción social, proceso que revela, hoy, la profunda contradicción entre la producción social del espacio y su apropiación privada, o sea, el espacio-tiempo donde se confrontan las necesidades de la acumulación del capital con las necesarias para la reproducción de la vida en sus significados más profundos, lo que justifica la centralidad de la noción de producción aquí desarrollada.

Esta noción (de producción/reproducción del espacio) permite, también, considerar el movimiento que va de la "diferenciación espacial" (como análisis de las particularidades de los lugares), al estudio de la práctica socioespacial como contenido del lugar, revelando la condición objetiva de la existencia humana en sus alienaciones (Carlos, 1996b).

La noción de producción, como aparece en la obra de Marx y Lefebvre, tiene una dimensión filosófica, el pensamiento no concibe solo la producción material, sino también el conjunto de los procesos y relaciones sociales. O sea, producción/reproducción de las relaciones sociales en todas sus dimensiones (incluyendo sus posibilidades) como constitutivas de lo humano. De este modo, la noción de producción nos pone delante de la "producción del propio hombre" (Seabra, 1996).

La formulación de Marx sobre la autoproducción de lo humano (que tiene como punto de partida la obra de Hegel) permite pensar que "hay historicidad fundamental en el ser humano, él crea, se forma, se produce por el propio trabajo y su actividad es creadora de obras. Produciendo objetos, bienes, cosas, él constituye su mundo humano" (Lefebvre, 1964: 55). De este modo, la formulación sobre la posibilidad de que el hombre se autocree en el proceso histórico produciendo su mundo con determinaciones propias de cada época, abre la posibilidad de comprensión de la producción del espacio como producto histórico, condición necesaria de la realización de la vida material, como contenido de la praxis. El sujeto se realiza produciéndose prácticamente, en una lucha frecuente contra la naturaleza y entre las fuerzas políticas y sociales. De este modo, la naturaleza produce al hombre; en el hombre, por el trabajo. La producción continuaría, así, el proceso de la naturaleza - proceso en el cual el humano se produce a sí mismo (Lefebvre, 2001: 45).

La relación hombre-naturaleza en Marx, reúne, por lo tanto, naturalidad e historicidad, historización de la sociedad y naturalización del hombre. Una naturaleza que solo se transforma en mundo histórico cuando su negatividad se realiza por el trabajo y por la guerra. Por el trabajador que cambia la naturaleza. "El hombre nace en el mundo como interacción del vacío que elimina o ser inicial (natural) en y por el tiempo histórico (...) de este modo la producción involucra la creación y caracteriza el ser humano que se produce y reproduce. Una producción, por lo tanto, que no es solo de objetos sino de un espacio y un tiempo. Así como la producción de relaciones - tiempo elaborado por la práctica social. Hay reproducción del yo (conciencia) y del mundo (el otro). En el hombre, por el trabajo y la lucha, la producción es la historia en el curso de la cual el ser humano se produce a sí mismo" (Lefebvre, 2001: 4). Lo que implica la indisociabilidad hombre/ naturaleza. Producción entendida en su sentido amplio y producto no reducido a una cosa, ilumina su realización como relación histórica y social. La noción de producción revela, entonces, la reproducción como consecuencia y esencia del proceso histórico -creación y recreación, tanto individual como de la sociedad.

En esa perspectiva, el proceso de producción del espacio tiene como presuposición la naturaleza, involucra un conjunto de elementos, fundados en la actividad humana productora, transformadora, así como en la voluntad y disposición, azar y determinación, conocimiento, todos dirigidos a la reproducción de la sociedad. Por lo tanto se trata de una reproducción de contenido social. En este proceso, se transforma la naturaleza en mundo, una realidad esencialmente social. Esa lucha de muerte en la construcción del mundo es la condición constitutiva del espacio - una objetividad que puede ser traducida en la práctica socioespacial en su proceso conflictivo. El mundo aparece hoy como producción en movimiento de relaciones sociales de poder, delimitación y superación de fronteras y, cada vez más distante de una naturaleza primera. Proceso conflictivo, el hombre se depara con las fuerzas naturales, lucha contra ellas en el sentido de superarlas.

Así, si por un lado el hombre produce, en muchos momentos históricos, las condiciones necesarias para la producción /reproducción de la vida, lo hace produciéndose a sí mismo como sujeto activo. A su vez, esa actividad produce un mundo y un conocimiento sobre ese mundo. Se permite así desplazar (como obstante, ignorar) el sentido de la producción más allá de su dimensión económica como producción de mercaderías y productos stricto sensu. En ese sentido, el espacio como producción es expresión práctica de aquello que la civilización, a lo largo del proceso histórico, fue capaz de crear. Por lo tanto, la naturaleza es hoy social, la crisis ecológica con la cual nos confrontamos, entre otras crisis reveladoras del mundo moderno, es un proceso social por excelencia. La naturaleza social del espacio esclarece el mundo a partir de dimensiones: objetiva y subjetiva. El paisaje y morfología revelarían los modos de apropiación de los espacio-tiempo de la vida limitados por las fronteras internas de la propiedad privada y de la existencia/normalización de los espacios públicos (Correa & Rosendahl, 1998).

La producción de la vida se realiza como producción de un espacio, el de la práctica socioespacial. Con eso quiero decir que las relaciones sociales que el hombre mantiene como condición de su realización -requieren, o mejor, se realizan en un espacio - tiempo definido: la casa, la calle, el barrio y la ciudad señalan los lugares de esta realización. La objetividad del proceso de constitución de lo humano por sí mismo, como autocreación es el sentido señalado por el materialismo histórico. El sentido de la objetividad en Marx, señala la naturaleza transformándose en mundo histórico, como práctica en sus determinaciones, decisiones, azares. La vida y las condiciones de vida se realizan como objetivación práctica revelando un espacio-tiempo de la acción, desvelan el uso como forma de apropiación, no sin dejar de revelar la dimensión del cuerpo como especialidad humana.

La producción social del espacio, como análisis de la realidad, y su fundamento, ilumina el proceso y las contradicciones que, reunidos, producen la exterioridad actual de la producción del espacio, así como los caminos posibles de superación de las mismas hacia la construcción de otro tipo de sociedad, poniendo en cuestión la propiedad, la fragmentación del espacio, la segregación, definidoras de ese proceso. Aquí se constituye la Geografía como ciencia social.

Desde el punto de vista del capital, los términos de la reproducción se dilucidan, hoy, en la producción de un espacio mundializado como realización del capitalismo -en el sentido que el capitalismo necesita superar los momentos de crisis de la acumulación en dirección hacia nuevas producciones revelando un nuevo papel para el espacio. Este proceso indica el movimiento que va desde el espacio como condición y medio del proceso de reproducción económica al momento en que (aliado a este proceso) el propio espacio es el elemento de la reproducción gracias al cambio de papel del suelo urbano en la economía. Y esto es así porque estamos en el ámbito de capitalismo, inmersos en las necesidades siempre presentes de su acumulación continuada que reposa sobre la necesidad constante de realización del valor, en un proceso que se desarrolla y se transforma a lo largo del tiempo. Las contradicciones que surgen del proceso son constantemente superadas a través de la invención de nuevas posibilidades capaces de ampliar la base social, lo que significa que crisis y superaciones caracterizan este proceso (Damiani et al., 1999).

En ese sentido, el espacio recibe una nueva amplitud para el proceso de reproducción en su sentido amplio: a) como reproducción del capital a partir de la realización del capital financiero que toma el espacio como fuente de valorización -me refiero al movimiento de pasaje de la hegemonía del capital industrial al capital financiero, con la construcción de un "nuevo espacio" y de la transformación de los contenidos de las relaciones de dependencia; b) a través del turismo, como nuevo sector productivo, en la medida en que los lugares pasan a ser consumidos a través de sus particularidades existentes o creadas para ese objetivo. El tiempo de la vida invadida por el intercambio, permitió el desarrollo del turismo y la recreación como lugar de la reproducción. La recreación en la ciudad permite la creación de una red de lugares destinados al consumo productivo de las horas de no trabajo. El turismo pone en venta particularidades de los lugares construyendo el movimiento que va del consumo en el espacio al consumo del espacio, llevando a las últimas consecuencias la mercantilización del espacio; c) el narcotráfico, también una actividad productiva nueva, exige, para realizarse, la producción del espacio como "territorio de protección" a la actividad, condición y medio de su realización, reestructurando la vida, las formas de acceso y el uso de los lugares a él sometidos, creando una red de actividades, normalizando, vigilando, imponiéndose en la práctica socioespacial, creando la suya, sin los cuales esta actividad sería imposible.

Además esos procesos se concretan en el plano del cotidiano en sus conflictos. Por lo tanto el análisis ilumina la dimensión de subjetividad (consciencia). La producción ilumina lo cotidiano que permite o hace emerger con toda su fuerza las situaciones de conflicto que atraviesan y fundan la práctica socioespacial (que contiene un tiempo vivido), y con eso actualiza las alienaciones, señala el devenir capaz de orientar el pensamiento y un proyecto de sociedad a través de las luchas por y alrededor del espacio, como lugar/producción de la vida humana. Se trata aquí de nuevas formas de realización de la producción social, pasible de ser entendida a partir del plano de la metrópolis que aparece como el lugar donde se puede comprender más claramente sus contenidos, los ritmos de los cambios, el modo en que la globalización se realiza, así como las luchas que se establecen cuestionando la lógica de la reproducción social.

En la obra de Lefebvre, el cotidiano como categoría de análisis -trae lo vivido para el pensamiento teórico- permite desplazar el foco y el sentido de la producción de la esfera de lo económico para la de lo social sin evidentemente desconsiderar aquella. Su noción aparece como exigencia de explicación del momento histórico en que el capitalismo, para continuar reproduciéndose, precisa ampliar la base social en la que realiza la acumulación, por lo tanto requiere la multiplicidad de objetos de consumo de todo tipo. Esto, porque el capitalismo tiende a reducir la diferencia a la homogeneidad, toda sociedad reducida, según las estrategias de la reproducción de las relaciones de producción que programan lo cotidiano como escenario necesario a la reproducción en el momento histórico. La vida invadida por el tiempo productivo realizada en espacios producidos para este fin.

La instauración de lo cotidiano como exigencia de la acumulación profundiza la desigualdad donde la relación entre los individuos se hace por la mediación de mercaderías e imágenes. Aquí la producción de objetos borra la conexión producto/productor y se impone como desplazando forma y contenido, el producto es consumido como imagen que se impone -del individuo- se realiza en las imágenes que vehicula a través de sus hábitos, lugares frecuentados, objetos consumidos. Así la mercadería es consumida doblemente; primero como imagen que se impone y después, como uso. Aquí el objeto pierde su origen y se reduce a su forma.

Lo cotidiano, en esta dirección, aparece como exigencia de la reproducción del capital como producto de la historia. Lo cotidiano, como más simple y lo más ordinario exige, según Lefebvre, una explicación, involucra a su vez la superación de su entendimiento como el escenario de los gestos repetitivos, como rutina masacrante. En esta dirección lo cotidiano es el espacio-tiempo dominado por el intercambio y por el mundo de la mercadería - y en esta dirección lo cotidiano se establece como exigencia organizándose en la repetición, produciendo espacio-tiempos repetitivos. Revela o permite la comprensión de lo vivido y de lo percibido como lugar de construcción de una concepción del mundo en sus contradicciones. Revela también, de forma clara, la subjetividad, como conciencia colectiva que se autocrea en el proceso de producción del espacio. Por lo tanto, no se trata aquí, solo del enfoque en el individuo en sí, aspiraciones y deseos en el plano individual (percepción que permite inferir el modo como la alienación es vivida), sino como reproducción de una historia consciente colectiva. En esa dirección, lo cotidiano puede ser comprendido como el lugar del conflicto entre lo racional y lo irracional, lugar del deseo que permite la existencia de los hombres, por eso Lefebvre llama la atención para el hecho de que lo cotidiano no coincide con la realidad, en la medida en que contempla la subjetividad fluida, las emociones, afectos, hábitos referentes al conjunto de la civilización, a la vida del hombre en las transformaciones en el uso, porque hay modificaciones en el modo de apropiación de los lugares que fundan la práctica socioespacial entre lo efímero y lo que persiste.

El propio espacio de ese cotidiano se presenta como fragmentado. La fragmentación fundada en la extensión del valor de cambio como condición de la acumulación crea los escenarios de la modernidad: calles amplias, puentes y viaductos tecnológicamente avanzados, edificios de vidrio cada vez más altos, espacios públicos cada vez más vaciados. Esto porque la producción del espacio se realiza como proceso de valorización del valor poniéndonos delante del consumo productivo del espacio, él es fuente de inversión, lo que exige la intervención que renueva la explotación. Le da a la producción del espacio un sentido estratégico. La expansión y extensión del capitalismo como proceso de realización del capital a través de la valorización constante por la producción y mercantilización de la mercadería, cambió el sentido de la producción de los bienes necesarios a la producción de la vida.

Es por eso que la reproducción del espacio repone constantemente la dialéctica entre apropiación/propiedad privada justificada por los poderes jurídicos como fundamento de la segregación y en el papel disciplinante del Estado en relación a la construcción de instrumentos de control del espacio, de direccionamiento de las inversiones; con eso los movimientos sociales que cuestionan ese proceso que profundiza la desigualdad encontrando su límite en la exacerbada concentración de la riqueza.

De esta forma, lo cotidiano revela un espacio y un tiempo, se trata del uso del espacio como empleo del tiempo invadidos por una lógica y racionalidad inherentes a la reproducción del capital, bajo la égida del Estado, donde las formas de segregación revelan la propiedad en su sentido pleno, esto es en su condición de propiedad "privada". En esta condición, sobrevuela abstractamente, sobre la sociedad, invadiendo los modos de uso del espacio delimitando y dirigiendo la práctica espacial, explícitamente los límites impuestos a la apropiación del tiempo y del espacio.

A su vez, la acción del capital en dirección a la acumulación como proceso de valorización constante sobre la base reproductiva de la sociedad produce nuevas representaciones, la universalización de los valores de consumo, la desterritorialización de la cultura, donde los medios y el cine asumen una eficacia asombrosa. Con eso, se celebra el presente como consumo del espectáculo constante, mientras la vida se realiza como el reino de la pasividad absoluta.

En la práctica social, el espacio vivido como fragmento, percibido como extrañeza, encoge las posibilidades de entrelazar las acciones que puntúan la vida capaces de permitir/renovar los eventos cotidianos que sustentan la vida como imposición de un tiempo, se pulverizan revelando la "producción amnésica del espacio". El vaciado de las calles de los barrios, el escasear de las fiestas, la espectacularización del resto, producen un nuevo cuadro de representación en que la acción del Estado que controla, normaliza los usos, define tiempo-espacio de las acciones, orientando con su acción el crecimiento económico a través de un orden planificador del espacio y del tiempo. La vida doméstica invadida por el tiempo de la sociedad productivista, por la suya transforma los individuos en espectadores.

La acumulación se refiere al proceso de producción de la mercadería -ya sea material o inmaterial- el proceso de reproducción engloba este plan para superarlo en dirección a la comprensión de la reproducción social dentro y fuera de la fábrica, extendiéndose a la ciudad, a lo político, a sus relaciones con lo económico, al plano de las relaciones sociales contemplando el universo de la vida cotidiana como práctica socioespacial. Aquí se trata del proceso de abstracción del espacio y del tiempo que, transformados por las nuevas estrategias de reproducción del capitalismo, caracterizan la modernidad contemporánea. Ese proceso de abstracción invade la vida sometiéndola a los modelos éticos y culturales de un nuevo orden. Aquí la tendencia a la constitución de un mundo globalizado se depara con la autonomización de los momentos de la vida, aprisionada a un individualismo exacerbado bajo la égida de los movimientos constitutivos del valor de cambio.

La mundialidad del espacio se manifiesta claramente en la medida en que, a partir del momento histórico en el cual el capitalismo al desarrollarse realiza sus potencialidades, se expandió tomando el mundo. Pero esa expansión, si por un lado es material, se hace concreta en un espacio real construyendo los llamados "escenarios posmodernos" integrando los espacios alrededor del mundo bajo una misma lógica, y bajo esta orientación permitió que junto a la integración se realice la desintegración de vastas áreas periféricas, por otro lado penetró en las relaciones sociales y las metamorfoseó, cambió valores, transformó la cultura, la desterritorializó junto a las ideas y comportamientos. Desarrolló el mundo de la abstracción como lugar de la reproducción.

En el plano de la cultura la tendencia en dirección a lo mundial, permitió la constitución de una cultura mundial como proceso de desarrollo del mundo de la mercadería. En esta orientación el momento actual transformó la cultura en industria cultural y en esa condición produjo marcas apoyadas en ella. Dos ejemplos, la creación de la "marca Louvre" y del "Gugelheim" revelando el proceso de desculturación que permitió pensar en la desterritorialización de la cultura.

Por lo tanto, si la mundialización señala una virtualidad donde la reproducción se realiza como extensión física del proceso, creando una "mundialidad del espacio", ocurre la reproducción de un tipo de sociedad fundada en valores de consumo universales, valores morales, fundados en el mundo del dinero y de la producción de imágenes a él asociadas, que señalan la constitución de un modo de vida moderno. Y con ella la desterritorialización de la cultura, la explosión de los lugares de la vida, la masificación de los valores, de los hábitos. Un conjunto de valores en que se basa la sociedad y un modo de vida se establece sustentando un nuevo orden que penetra concretamente en la práctica socio espacial, generando nuevas formas de conflicto.

Como consecuencia de este proceso la constitución de una "identidad abstracta" amalgamando la sociedad moderna. Es conveniente no olvidarse de que la ideología impuso un nuevo concepto de "calidad de vida" y como contenido el mundo de la imagen apoyando el desarrollo de la sociedad de consumo dirigido. La modernidad podría, así, caracterizarse por la imposición del tiempo efímero en yuxtaposición con la producción de un espacio amnésico como elementos definidores de la práctica socioespacial como consecuencia del movimiento de la reproducción capitalista, vivida como práctica socioespacial. La producción del espacio como exterioridad actualiza el modo como se realiza la alienación en el mundo contemporáneo.

Pero el cotidiano guarda también, como escribe Lefebvre, lo que escapa y se contrapone a este mundo de mercaderías e imágenes, normalizado y burocrático. Es también residuo y, en este sentido, es el lugar de la superación de las alienaciones que lo envuelven. Es campo de la espontaneidad. Si el cotidiano se realizara así, como separación y cisiones donde la pasividad impuesta por la lógica capitalista que parece reinar, revelando su "otro", la ciudad es el lugar, por excelencia, de la improvisación, conserva la fiesta y permite el encuentro, la vida realizándose como un evento creativo.

En esta perspectiva, podríamos afirmar que no existiría un "espacio geográfico", sino una comprensión del espacio por la Geografía como posibilidad de comprensión del mundo -condición, medio y producto de esta reproducción.

La metageografía como propuesta

Cuando me refiero a "metageografía" no pretendo, con eso, fundar otra Geografía, ni tampoco crear una nueva subdivisión de la Geografía, es, más bien, la propuesta de un camino teórico-metodológico de superación del estado de crisis en que se encuentra la disciplina, en los términos aquí desarrollados.

Puede ser pensada como el camino en busca de los fundamentos de la Geografía, como ciencia social, en que se localizarían las bases de constitución en lo humano, en un retorno a la filosofía. El punto de partida, ya anunciado, es el entendimiento de la producción del espacio como momento de la construcción de la humanidad del hombre, revelándose como espacio-tiempo de la actividad que produce el hombre y el mundo - las condiciones objetivas de la existencia humana tanto como la subjetividad contenida en la conciencia que viene de la y en la práctica - con la práctica. Una práctica que revela, dramáticamente, crisis.

Esta concepción de espacio nos obliga a desplazar el análisis del campo de la epistemología hacia el de la realidad humana; las condiciones objetivas de la existencia del ciudadano en dirección a su realización, superando cisiones y alienaciones, así como la producción alienada del espacio.

En esa dirección incluye una investigación sobre lo posible - legado de Marx que significa la unidad de lo real y del conocimiento, de la naturaleza y del hombre, que explora la totalidad en devenir. Un devenir que surge en el interior del pensamiento y se abre para lo mundial. Por lo tanto, el desvendar de la espacialidad de la sociedad, involucra la posibilidad de pensamiento utópico.

La metageografía propone una nueva inteligibilidad - proporciona un punto de partida: donde la actitud crítica y la reflexión radical se presentan como atributos indispensables para la comprensión del mundo moderno en su totalidad. La crítica radical, realizando el movimiento de su superación como posibilidad de una crítica de la Geografía a través del análisis de los contenidos, alcance y límites de los conceptos, puede revelar el espacio como condición, medio y producto de la reproducción de la sociedad capitalista con la extensión de la reproducción a la vida cotidiana por la imposición de una nueva relación espacio-tiempo; estado/espacio; capital/ espacio, revelando control político que mantiene esa reproducción, creando conflictos.

En los términos de una metageografía se presenta como camino de superación a) de la reducción de la problemática espacial a la de la gestión del espacio, con el objetivo de restituir la coherencia del proceso de crecimiento; b) la atomización de la investigación cada vez más invadida por el tiempo rápido; c) de la subyugación al saber técnico que instrumentaliza el planeamiento estratégico realizado bajo la batuta del Estado, justificando su política; d) del discurso ambiental que vacía la relación sociedad-naturaleza, identificando la dimensión social e histórica de la producción del espacio a su dimensión natural. Así, es capaz de cuestionar la estructura contractual en que reposa nuestra sociedad en dirección a la constitución de un derecho capaz de superar la contradicción en que se funda la producción espacial - producción social - apropiación privada, realizando lo social en torno a la realización de las posibilidades plenas de la apropiación del espacio.

El hombre "tiene necesidad de actuar, de producir, de crear para existir humanamente, pero las condiciones de vida se oponen a eso" -el proceso de reproducción del espacio revela ese movimiento de reproducción de la sociedad capitalista en el modo como la ciudad se construye como exterioridad (en relación al individuo) en el modo como es vivida con extrañeza (por los ciudadanos) porque los productos de la producción humana se autonomizan, dotados de potencia que reaccionan a la vida en la ciudad. "Las formas rigen el ser. Y el contenido de donde salen. Poseen una capacidad estupenda de reducir el ser y el contenido eliminando lo que les estorba (...) fijándolas en un orden que viene de afuera (a tal punto que se les atribuye un origen sobrenatural) pero que se imponen porque ordenan. Los fetiches, cuyo análisis destruye el prestigio y debe destruir la influencia, reinan sobre los seres humanos (sociales) se encarnan en los dominadores". La alienación es, por lo tanto, concreta y múltiple "inicialmente religiosa, después metafísica, económica, política, ideológica, a la que hay que agregar la plusvalía y la negación del trabajo asalariado, negación inaugurada por el concepto que desvenda la situación y pone fin al desconocimiento" (Lefebvre, 1980: 118).

La práctica socioespacial revelaría la dimensión de la producción del espacio, como negación de la apropiación, puesto que dominada por el valor de cambio -como condición de la existencia y extensión de la propiedad privada que vacía el uso y define las estrategias de las políticas urbanas en la dirección de la realización de la reproducción social. En conflicto la reproducción de la vida entra en choque con las políticas que producen la ciudad en la dirección de la realización de la reproducción política y económica (no sin conflictos entre esos dos planos) produciendo la ciudad como fragmentación de lugares y momentos de la vida urbana. La práctica socioespacial en la ciudad va a realizar/revelar las fragmentaciones de la vida (del individuo) y de la ciudad. El cotidiano es la instancia que liga espacio-tiempo y que revela el vaciado y debilitamiento de las relaciones sociales en la ciudad, pérdida de referencias, el aislamiento, las cisiones a las cuales la vida está sometida en espacio-tiempos separados, funcionalizados.

El análisis involucra, por lo tanto, la exigencia de un momento crítico - como el de la interrogación, de la búsqueda de la totalidad como necesidad de superación de las fragmentaciones a las cuales el pensamiento está sometido. Aquí la Geografía se encuentra frente a frente con sus límites, al mismo tiempo en que encuentra posibilidades, de comprensión del mundo moderno en la totalidad de la transformación como realización de la actividad humana. Se trata, por lo tanto, de encarar los límites y posibilidades de una "ciencia parcelada", de superar sus propias fragmentaciones y alcanzar la comprensión del mundo como totalidad orientada por las posibilidades constitutivas de un pensamiento que se pretende crítico y en esa condición, capaz, al mismo tiempo, de integrar "lo racional (conocimiento, conceptos) y lo irracional aparente (lo vivido) en una totalidad que tiene un movimiento interno dirigido a lo social", por lo tanto, capaz de realizar un camino que articule, sin distinguir, lo práctico-teórico, el conocimiento y la realidad, como señalado por Lefebvre. Me refiero específicamente a la posibilidad de una nueva inteligibilidad, producto de una crítica radical capaz de desvendar los contenidos de la realidad social a través del análisis del espacio (Lefebvre, 1980: 90).

Marx reveló, según Lefebvre (1980) lo esencial del pensamiento crítico, su potencia para desvendar por el saber, por el análisis crítico, la realidad escondida, disimulada por las formas. La máscara y la disimulación, desvendando las apariencias, particularmente en relación a la naturaleza de lo político y de lo económico. El modo en que la libertad, la igualdad y la justicia en la sociedad capitalista son solo apariencias. De este modo, el pensamiento descubre una esencia, una sustancia escondida como confrontación de la ciencia con la práctica, dirigida hacia la totalidad.

La "crítica", como actitud, involucra captar las posibilidades existentes en un mundo en transformación, en su complejidad como totalidad realizándose, hoy, como mundialidad, excediendo la mera constatación de las cosas, lo que exige la crítica de la Geografía abriendo el camino teórico necesario para elucidar la dialéctica del mundo. Lo "radical", como comportamiento que va a la raíz, exige desvendar la sociedad en que vivimos, inmersa en contradicciones que eclosionan en conflictos y que van revelando la necesidad de una crítica al capital y a las siempre renovadas "formas de lucro", así como a las nuevas formas de sumisión del individuo a lo económico, el empobrecimiento de lo humano aprisionado al universo de las cosas orientadoras de las necesidades que se encuentran travestidas en deseo, saciadas en el plano del consumo. La "radicalidad" exige la construcción de un proyecto de "sociedad nueva" fundada en una "ciencia renovada" capaz de poner en el centro del debate las necesidades de la realización de la humanidad del hombre libre de las ideologías y representaciones provenientes del mundo de las cosas, manipulado por la comunicación mediática y por el Estado.

La exigencia es la construcción de un conocimiento que desnude las relaciones sociales y que, en esta condición, permita fundar el proyecto de otra sociedad. Como diría Heller (1983), la diferencia entre el radicalismo de izquierda y el de derecha es que el primero considera la humanidad como valor social supremo, colocándola en el centro y objetivo del proyecto.

En esta dirección, la crítica radical de lo existente en su totalidad puede aprehender la vía y el camino para la construcción de un proyecto de sociedad, como crítica al Estado, a la existencia de la propiedad privada, de la riqueza como posibilidad de superación de la contradicción puesta en el proceso de producción espacial entre su producción social y su apropiación privada. Esto es así porque la propiedad privada revela la alienación del mundo moderno, realizándose de forma concreta, en la práctica socioespacial escindida, en una urbanización que se realiza como negocio, o sea como posibilidad renovada de la producción del capital.

Ese camino teórico-metodológico presupone una reaproximación de la Geografía con la Filosofía, una vez que la actitud filosófica contempla -en su exigencia de fundamentación- una actitud crítica y un comportamiento radical como tendencia del ser humano en la interrogación el mundo.

En la reflexión aquí desarrollada, la idea de superación de la Geografía por una metageografía aparece como "hipótesis". Pensar en esta dirección significa pensar en el futuro de la Geografía - en dirección a un horizonte respondiendo cuestiones que emergen de lo real para comprenderlo en sus contenidos más profundos. Así, "el saber adquirido se pone en cuestión y el momento de la duda pertenece al saber como el de la afirmación" (Lefebvre, 1980: 5).

NOTAS

1 Artículo recibido el 8 de agosto de 2011, aceptado el 24 de enero de 2012 y corregido el 25 de marzo de 2012.

3 De fuerte tradición francesa, la Geografía brasileña siempre miró mucho más hacia Francia que hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Algunos autores destacados fueron: Auriac & Brunet, 1986; Chombart de Lowe, 1982 Reclus, 1985.

Referencias bibliográgicas

ANDRADE, M. C. O pensamento geográfico e a realidade brasileira. Boletim Paulista de Geografia, N° 54, 1977.         [ Links ]

AURIAC, F. & BRUNET, R. Espaces, jeux et enjeux. Paris: Fayard, 1986.         [ Links ]

BETTANINI, T. Espaço e Ciências Humanas. Rio de Janeiro: Ed. Paz e Terra, 1982.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A. A (re)produção do espaço urbano. São Paulo: Editora da Universidade, 1994a.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A. (Org.) Os caminhos da reflexão sobre a cidade e o urbano. São Paulo: Editora da Universidade de São Paulo, 1994b.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A. O lugar no/do mundo. São Paulo: Editora Hucitec, 1996a.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A.; YÀZIGI, E. & CRUZ, R.C.A. da. Turismo: espaço, paisagem e cultura. São Paulo: Editora Hucitec, 1996b.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A. (Org). Novos caminhos da Geografia. São Paulo, Editora Contexto, 1999.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A. Espaço - tempo na metrópole. São Paulo: Editora Contexto, 2001.         [ Links ]

CARLOS, A.F.A. O direito á cidade e a construção da metageografía. Revista Cidades, 2004, Vol. 2, N° 4.         [ Links ]

CHOMBART DE LOWE, P.H. La fin des villes. Paris: Ed. Calmann Lévy, 1982.         [ Links ]

CORREA, R.L. & ROSENDAHL, Z. Paisagem, tempo e cultura. Rio de Janeiro: Ed. UERJ, 1998.         [ Links ]

DAMIANI, A.L.; CARLOS, A.F.A & SEABRA, O.C.L. (Orgs). O espaço no fim de século: a nova raridade. São Paulo: Editora Contexto, 1999.         [ Links ]

GOMES, P.C.C. Geografia e modernidade. Rio de Janeiro: Editora Bertrand Brasil, 1996.         [ Links ]

HELLER, A. Filosofia radical. São Paulo: Editora Brasiuliense, 1983.         [ Links ]

LEFEBVRE, H. Marx. Paris: PUF, 1964.         [ Links ]

LEFEBVRE, H. Une pensé devenue monde. Paris: Fayard, 1980.         [ Links ]

LEFEBVRE, H. Le fin de l'histoire. Paris: Ed. Anthropos / Economica, 2001.         [ Links ]

MENDONÇA, F. Geografia socioambiental. Revista Terra Livre, 2001, N° 16.         [ Links ]

MONTEIRO, C.A.F. A geografia no Brasil (1934-1977). Avaliação e Tendências, 1980.         [ Links ]

MOREIRA, R. (Org.). Geografia: Teoria e Crítica: um saber posto em questão. Petrópolis, 1982.         [ Links ]

QUAINI, M. Marxismo e Geografía. Rio de Janeiro: Ed. Paz e Terra, 1979.         [ Links ]

QUAINI, M. A construção da Geografía Humana. Rio de Janeiro: Ed. Paz e Terra, 1983.         [ Links ]

PORTO-GONÇALVES, C.W. A globalização da natureza, e a natureza da globalização. Rio de Janeiro: Civilização brasileira, 2006.         [ Links ]

SANTOS, M. Por uma geografia nova. São Paulo: Editora Hucitec, 1978.         [ Links ]

SANTOS, M. (Org.). Novos Rumos da Geografia Brasileira. São Paulo: Editora Hucitec-Edusp, 1982.         [ Links ]

SEABRA, O.C.L. O pensamento de Henri Lefebvre e a Geografia. Boletim Paulista de Geografia, 1996, N° 74.         [ Links ]

SILVA, A.C. DA. A renovação geográfica no Brasil (1976-1983). Boletim Paulista de Geografia, 1984, N° 60.         [ Links ]