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Revista de geografía Norte Grande

versión On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  n.46 Santiago sep. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022010000200010 

Revista de Geografía Norte Grande, 46: 155-157 (2010)

RESEÑAS

Jaime Rosenblitt y María Carolina Sanhueza (recop.). Cartografía histórica de Chile
Santiago: Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, 2010. 310 p.

 

Martín Lara1

1 Escuela de Historia y Geografía, Universidad Bernardo O'Higgins (Chile). E-mail: martinlara@uc.cl


 

Hasta hace un par de años resultaba muy difícil pensar que en Chile las humanidades y ciencias sociales podrían trabajar conjuntamente con la empresa privada en miras de concretar trabajos de índole colectivo con una proyección social. En vísperas de la celebración del bicentenario, el diálogo se ha acrecentado y hecho fructífero en ciertas áreas como la historia y la geografía. A propósito de esta última disciplina, la reciente publicación del libro Cartografía histórica de Chile, se convierte en un aporte para el estudio de los orígenes de la geografía en Chile que, por su naturaleza, bien vale un par de comentarios.

Por iniciativa de la Cámara Chilena de la Construcción, en acuerdo con la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Biblioteca Nacional, se ha impulsado la tarea de reeditar títulos de gran cuantía histórica del siglo XIX y principios del XX referidos a las ciencias, tecnología y sus derivaciones sociales que, por cuestiones económicas, difícilmente una agencia estatal podría haber vuelto a publicar por sí sola. Hasta la fecha ya van cuarenta tomos de la colección, siendo el libro que se reseña el número cuarenta y uno.

El volumen es una compilación selectiva de reproducciones cartográficas generadas entre 1778 y 1929, cuya clasificación responde a una estructura temática. Dividido en cinco partes más un estudio preliminar, el libro apunta en una perspectiva diacrónica a comprender la construcción espacial de Chile, considerando las dinámicas históricas que entraron en juego; imaginarios sociales, tecnologías de las representaciones espaciales, relaciones internacionales, control y dominación social, entre otros.

En la primera parte del libro, titulada Cartografía nacional, se recorre la construcción espacial de Chile, evidenciándose a través de los distintos mapas del territorio no solo la evolución histórica de las técnicas cartográficas, sino, también, el paso de una representación horizontal del territorio en el período colonial a una vertical con orientación norte-sur en la fase republicana. Además, resulta evidente en la secuencia de las reproducciones cómo el territorio fue creciendo lentamente; de estar encerrado en lo que se conoce como el Chile histórico, a la ampliación del territorio con las incorporaciones de las provincias del Norte Grande, Araucanía y extremo austral.

En la segunda parte, titulada Cartografía y planimetría de Santiago, se reúne una colección de mapas de la ciudad de Santiago que, al igual que en la parte anterior, se ve cómo la ciudad primada lentamente creció para transformarse de la pequeña villa del siglo XVIII a una metrópoli a principios del siglo XX. Dentro de los múltiples mapas que se presentan, particularmente llama la atención el proyectado por Luis Felipe Laso (Rosenblitt y Sanhueza, 2010: 85), quien hacia 1912 levantó un plano aprobado por el Parlamento para intervenir Santiago con una serie de avenidas diagonales que unirían, por ejemplo, el entonces parque Cousiño con el cerro Santa Lucía, o uno que correría desde la Estación Central a la Estación Mapocho; muy en la línea urbanística que ya se había desarrollado en ciudades como Washington, París y recientemente en Buenos Aires. Sin embargo, esta segunda parte adolece algunos problemas de forma que interfieren en el sentido general del libro. Por ejemplo, se hace una utilización excesiva de planos de edificios y construcciones arquitectónicas que, si bien son interesantes, poco tienen que ver con el fundamento del título.

Cartografía de la zona central. La urbanización del Chile tradicional, es la tercera parte de la obra y de mayor envergadura. Consta de setenta y cinco piezas en que se recorre la visualidad histórica del valle central y urbanización de las principales villas y ciudades. Esta parte se caracteriza por la hermosura de los diseños bajo los que se representa gran parte del valle central y la importancia que tuvo el corredor costero entre Colchagua y Concepción en la conformación de la sociedad chilena actual y que muy pocos historiadores han considerado en sus estudios.

Siguiendo en la tercera parte, en una posible mirada general, desde los primeros trazados ordenados por el gobernador O'Higgins en el XVIII, pasando por la cartografía de Gay y Astaburuaga de mediados del XIX, hasta llegar a las sofisticadas representaciones de Nicanor Boloña con su Álbum de planos de las principales ciudades y puertos de Chile, publicado en 1895, se puede estudiar cómo fueron sufriendo una progresiva abstracción ciertos elementos propios de la geografía física como ríos, lagos y cordillera de los Andes en relación e interconexión con la composición humana y sus distintas manifestaciones. Para la construcción de esta parte, el estudio preliminar junto con estar mal ubicado, pues está al inicio del libro, es débil en relación a la utilización de las fuentes que expone. Esto, porque se da una posible historia paralela entre lo que narran los compiladores y lo que las fuentes representan. No siempre se condicen una y otra; mientras construyen una posible historia de Chile central, no se preguntan por lo que el mapa quiere decir, explicar u ocultar cuál es el trasfondo del trazado o quien lo mandó a diseñar. En este sentido, faltó profundizar estudios clásicos sobre la materia como Cartografía urbana colonial de América Latina y el Caribe de Jorge Hardoy, Cartographic Mexico. A history of state fixations and fugitive landscape de Raymond Craib o Mapping an empire: the geographical construction of British India. 1765-1843 de Matthew Edney, que si bien tienen objetos de estudio distintos, existe un vínculo entre ellos: los tres utilizan la cartografía en un sentido interpretativo por sobre un esfuerzo descriptivo de las piezas que exponen. Los mapas no solo sirven para ser leídos, también omiten, tergiversan e inventan verdades.

La cuarta parte, Cartografía de la expansión al sur, es una propuesta de los compiladores en que reúnen un considerable arsenal de piezas referidas principalmente a la incorporación de la Araucanía y una que otra de las tierras más allá del Reloncaví, echándose de menos una mayor cantidad de mapas de la región austral. A diferencia del estudio de la zona central, el análisis referido a esta parte es mucho más completo, coherente e inteligente. Se demuestra un trabajo en que se intercalan ideas en base a las proyecciones cartográficas, intentando responder las ansias que movían al Estado y los privados por la ocupación de las tierras, sus loteos, la refundación de ciudades, entre otros. Esta parte puede ser considerada la mejor del libro.

Por último, Cartografía de la expansión al norte, se conforma como la quinta y última parte que, según esta perspectiva, puede ser considerada la más comprometedora de la obra. Con una redacción algo apresurada, denotándose en la repetición de algunas palabras, mala conjugación de ideas y conceptos, más de la mitad del estudio se circunscribe al Norte Chico, siendo muy poco lo referente al Norte Grande, espacio que se podría considerar claramente la base de la expansión al norte. Esta situación es del todo extraña pues ya antes de la guerra del 79 se empezó a producir una abundante cartografía, especialmente desde el paralelo 24° hacia el norte por las disputas que con Bolivia se arrastraban desde la década del 70. Además, resulta curiosa esta no inclusión, si se considera la abundante cantidad de material que se encuentra depositado en el Ministerio de Defensa, Cancillería, el Instituto Geográfico Militar y el mismo Archivo Nacional. No se cuente la cartografía histórica que está presente en libros y artículos que desde hace diez años se han publicado.

En términos generales, el libro representa un gran esfuerzo por parte de los compiladores. La búsqueda de proyecciones cartográficas en países como Chile, aún sigue siendo difícil, no por su mal estado, sino por la precariedad y dispersión de ellas. Trabajos como los de Gabriel Guarda, OSB, y Rodrigo Moreno, Monumenta cartographica chiloensia: misión, territorio y defensa 1596-1826, y el de Mateo Martinic, Cartografía magallánica. 1523-1945, son pruebas concretas de las dificultades que implica dedicarse a hacer investigaciones en dicha línea. Para la realización de ambas publicaciones, los tres historiadores tuvieron que recorrer bibliotecas y archivos europeos y norteamericanos, tanto públicos como privados, para reunir una cantidad y calidad significativa que permitiese ser publicada. La recopilación y selección local que efectuaron Jaime Rosenblitt y María José Sanhueza es un esfuerzo concreto en la tarea de colaborar en tal propósito.

A pesar de errores estructurales como los que ya se señalaron para la segunda, tercera y quinta parte, y pequeñas imprecisiones como el cambio de apellido que sufrió el conocido viajero Peter Schmidtmeyer por "Schimdtmeyer" (Rosenblitt y Sanhueza, 2010: xxiv), existen muchos aspectos positivos de la obra. Se verán algunos.

La calidad fotográfica de los mapas es notable. A pesar que muchas veces el tamaño de algunas piezas no corresponde al original pues fueron reducidos por costos de producción, en nada le quita validez y acierto a la obra por su cuidada reproducción y alta resolución de las imágenes, cosa poco común en los libros referidos a la temática que se caracterizan por el poco cuidado que se les da. Los colores de los mapas en el libro, por ejemplo, son establecidos cuidando resguardar la naturaleza de los originales. El trabajo editorial del libro, tanto en su diagramación como en su presentación física, es prueba de un trabajo serio y cuidadoso tanto de los compiladores como de la colección que lo cobija.

Con todo, Cartografía histórica de Chile, es un libro de consulta obligada para quienes se aproximan al estudio de la geomemoria, y más para aquellos que buscan en el espacio un soporte de investigación histórica.