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Revista de geografía Norte Grande

versión On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  n.46 Santiago sep. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022010000200009 

Revista de Geografía Norte Grande, 46: 149-153 (2010)

RESEÑAS

Pedro Fraile, Quim Bonastra, Gabriela Rodríguez y Celeste Arella. Seguridad, temores y paisajes urbanos
Barcelona: Ediciones del Serbal, 2010. 176 p.

 

Abraham Paulsen1

1 Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile (Chile). E-mail: apaulsen@uc.cl


 

Las sociedades contemporáneas y los Estados experimentan problemas tales como la inseguridad ciudadana, violencia social y crimen creciente, que socavan las bases de los modos de vida urbanos, derechos ciudadanos, productividad, calidad de vida y gobernanza. En virtud de la gravedad y significancia social del problema de la seguridad ciudadana, esta se ha abordado históricamente en función del crimen o del castigo. Ambas perspectivas corresponden a dos puntos de vista que no han logrado producir resultados satisfactorios y que más que polarizarse, se han imbricado en un conjunto complejo de análisis científicos desde diversas disciplinas y a distintas escalas que intentan resolver dilemas tales como el incremento de la criminalidad o de la impunidad, justicia de los castigos, violencia, inseguridad ciudadana, percepción de vulnerabilidad, la conducta de los organismos de control y las políticas de seguridad, entre otros aspectos.

El texto Seguridad, temores y paisajes urbanos informa acerca de una investigación geográfica que considera aspectos tales como delincuencia, temor y percepción de seguridad ciudadana con el objetivo de aportar al incremento de los niveles de cohesión social para habitantes de ciudades europeas intermedias; el objeto de estudio es la ciudad de Lérida, España. Se estructura en dos secciones, una teórica, compuesta por tres capítulos, que se centra en la presentación del contexto de la investigación y fundamentos teóricos y metodológicos que la rigen, analiza la relevancia del tema de la seguridad en la ciudadanía y presenta la hipótesis de trabajo. La segunda sección, cuyo énfasis es empírico, consta de tres capítulos y se enfoca en Lérida, proporcionando cartografía, indicadores e índices asociados a la criminalidad, resultados de entrevistas a los habitantes en diversas materias asociadas a la inseguridad, explicaciones de algunos hot spots y recomendaciones finales.

A juicio propio, más que tratarse de un texto que apoye el trabajo de investigadores especialistas en geografía urbana o en los temas que refiere, es un texto que puede aportar a estudiantes de pre y posgrado que requieran información acerca de los modos de tratar temas asociados a conductas urbanas anómicas como también sugiere metodologías que se pueden aplicar en la investigación geográfica. En virtud de las fortalezas y aportes esenciales del texto, se hará una detención en el análisis de los tres capítulos que constituyen la primera parte, dejando el caso de estudio para análisis de quienes aborden el desafío de leer y utilizar este interesante insumo.

Los autores, más que centrarse en el problema de la inseguridad, buscan promover la cohesión social entre los autóctonos y los otros como un mecanismo preventivo para reducir la criminalidad, mediante el desarrollo de políticas sistemáticas que más que afrontar los delitos se aboquen a amortizar los conflictos desde los cuales emanen conductas delictivas y que a su vez inhiban la percepción del temor e inseguridad entre los habitantes. Este objetivo debe ser asumido por quienes gobiernan y administran la ciudad, los que deberían generar estrategias de reconocimiento de los actores de los conflictos y la georreferenciación de estos. También postulan como solución el cambio urbanístico tendiente a la consecución de mayor seguridad, lo que pasa necesariamente por la recuperación de los espacios públicos, la mejor iluminación y ornato, incremento del control de áreas comerciales para evitar situaciones como el hurto, la erradicación de la estigmatización a través de campañas informativas, la programación de actividades para poder volver a ocupar los espacios públicos y el desarrollo de programas de mediación entre grupos sociales en conflicto.

Planteamientos esenciales

El primer capítulo intenta responder a la problemática del interés social en temas referidos a la seguridad ciudadana. Se centra el análisis en el problema de la inseguridad; este concepto está asociado a los cambios en las condiciones de la ciudad que genera en los habitantes un temor subjetivo que resulta difícil de conectar con los fenómenos y hechos que forman parte de la realidad. Sin embargo, este temor orienta las conductas y define gran parte de los objetivos, motivaciones y expectativas que identifican los modos de vida urbanos contemporáneos.

Resulta interesante el modo como los autores procuran desentrañar las relaciones entre las sensaciones de seguridad-inseguridad, vigilancia (control), pérdida de la libertad (autonomía) y delincuencia. Postulan que la ciudad es la construcción social que garantizaba un adecuado equilibrio entre libertad y seguridad; tal guarismo se desequilibró a causa del incremento de la inseguridad asociada a la delincuencia. La ciudad se presenta como un core de la violencia y de la inseguridad, o "el ámbito donde los riesgos se materializan" (Fraile, 2010: 9).

Los fundamentos de la violencia urbana

Acerca de los problemas asociados a la inseguridad, plantean que esto se ha convertido en "una cuestión central que genera discursos y moviliza recursos" (Fraile, 2010: 9) cuyas causas pueden encontrarse en que (1) "vivimos en una época de cambios rápidos y profundos, y, precisamente por eso, para poder estudiarla, muchas veces no disponemos de unas herramientas metodológicas adecuadas y probadas, lo que nos obliga a diseñarlas en el propio transcurso de la investigación" [sic] "En definitiva, estamos frente a un fenómeno complejo, imbricado en la transformación de nuestro mundo, en ese tortuoso camino que se explica con términos como globalización, glocalización, sociedad infor-macional, sociedad de riesgo o posmodernidad, aunque a veces tengan sentidos diferentes según en qué discurso los encontremos" (Fraile, 2010: 9) y en que (2) "la economía sumergida se convierte en un factor relevante para el funcionamiento del conjunto y el mismo papel del Estado, así como las funciones sobre las que se asentaba su legitimación está cambiando, puesto que, desde las últimas décadas del siglo XX, cada vez es menos un proveedor de bienestar, lo que en consecuencia, exige un replanteamiento de su propia justificación" (Fraile, 2010: 10).

Señalan que estos procesos implicaron cambios en la concepción (y percepción) de la violencia urbana, incorporando al factor terrorismo, lo que probablemente es más significativo que el propio incremento en las cifras. Los autores, en función del objetivo de explicar cómo condicionan, propician la violencia urbana los rasgos morfológicos o socioeconómicos del entorno y cómo este cambia acciones o actitudes, definen a la violencia como una construcción social asimilable a la territorialidad que "responde a determinadas voluntades que caracterizan y definen sus imprecisas fronteras en un grado muy elevado" (Fraile, 2010: 10). Tal imprecisión se extiende también a las cifras asociadas a los delitos y más que tener números exactos se tienen aproximaciones cuya magnitud está mediada por la conducta de la cifra negra del delito, lo que obliga a manejar un stock de instrumentos e indicadores que proporcionen algunos ajustes que aporten al conocimiento lo más exacto posible del comportamiento a escala local de este fenómeno.

En materia de los cambios profundos a nivel global que explicarían el carácter actual de la violencia, los autores se detienen en el análisis de la dinámica de la globalización y los efectos que esta ha generado. Como referentes para dar cuenta de este fenómeno consideran los trabajos de Castells y Beck, asociando la violencia a la flexibiIización que habría contribuido al desarrollo de una economía sumergida y a la crisis del Estado Bienestar, factores que "redunda(n) en el fortalecimiento de la economía informal, generando una espiral que se retroalimenta" (Fraile, 2010: 13). La economía sumergida también se explicaría en problemas de carácter global que asociados a lo anterior explicarían la afluencia a la ciudad de "un tropel de desheredados hacia nuestras urbes que [sic] forma un ejército de reserva muy importante para una gama de actividades muy amplia, ya sea la economía sumergida o la actividad delictiva" (Fraile, 2010: 14), lo que se expresaría en lo que Castells define como ciudad dual. También la dinámica de la globalización desdibuja las barreras entre legalidad e ilegalidad en el comercio y en el mundo financiero concreto y virtual, ya que la delincuencia ha demostrado gran flexibilidad en términos de adecuarse a las modalidades con las que se pretende combatirlo y se ha convertido en una parte sustancial en el flujo mundial del capital. Además, las transformaciones del Estado han influido en la incapacidad de este para enfrentar la heterogeneidad y volumen de transformaciones que acontecen a escala local, donde la delincuencia, inseguridad y violencia urbana se han transformado en constituyentes de la cotidianidad de gran parte de la población, por ejemplo, en una ciudad intermedia, como es el caso de Lérida, objeto de análisis de la investigación a la que se dedica este texto. Las relaciones entre la cotidianidad de la violencia en los entornos locales y las redes internacionales que las conducen, transforman, redirigen y gestionan, hacen necesario, según los autores del texto aquí comentado, aplicar una escala de análisis glocal a la constitución de ciudades duales.

El problema de la seguridad en la sociedad de riesgo

Se destacará el abordaje que realizan los autores acerca de la espacialidad del problema del delito y cómo esta influye en las concepciones de peligro y riesgo. Postulan que ambos conceptos deben ser comprendidos en el marco de la producción de la riqueza social en la actual evolución del marco social. Tal producción generaría el riesgo de la delincuencia; dicho de otro modo, la delincuencia se asociaría a un constructo derivado de la toma de decisiones que, en pos del desarrollo de la riqueza, generan, de paso, carencia de oportunidades, inequidad, precariedad y marginación, "... porque (el nuevo sistema económico) acrecienta las desigualdades y la confrontación a escala internacional, y porque se apoya en un sistema financiero que genera inestabilidad y estimula la impunidad en transacciones vinculadas con la gran delincuencia" (Fraile, 2010: 22). A partir de este planteamiento los autores enfocan la delincuencia en un proceso endógeno, provocado desde un sistema de decisiones que promueven el desarrollo de la riqueza o un riesgo vinculado a un nuevo modelo productivo.

Esta conceptualización confronta en el desarrollo de las ideas, al problema del delito con modalidades de análisis y prevención. Por un lado, estarían las concepciones neoliberales que recomiendan la superación del problema mediante la gestión de los riesgos delincuenciales con el fin de minimizarlos y/o redistribuirlos, los autores lo definen como una "lógica actuarial" cuyas consecuencias espaciales son la estigmatización (y por ende, una especie de profecía espacial autocumplida, ya que un lugar que se estima peligroso terminará siéndolo) y la generación de una ciudad dual. Un segundo enfoque tendría que ver con relevar el carácter glocal del fenómeno de la delincuencia mediante un análisis socioconstruccionista, que implica atender a sus causas internas y a la dinámica del mercado mundial. Los autores critican el planteamiento neoliberal y profundizan el análisis territorial de un fenómeno cambiante, dinámico y polisémico en el que influyen factores socioespaciales exógenos (asociados a la dinámica del capital), glocales y endógenos.

Conflicto, delito y percepción de seguridad

Los autores se apoyan en una perspectiva socioconstructivista, desde la que el delito sería una categoría que resulta de "una construcción social y no la adecuada descripción de un fenómeno externo a ella. El delito, construido socialmente como categoría, sería entonces el producto de un conjunto de operaciones de atribución de significados que se dan en el seno social, de la asignación de roles (de prestigio y de desprestigio) y de la creación de categorías de interpretación (lo peligroso y lo inocuo, lo bueno y lo malo, entre otros) que en una época determinada, guían la actuación de los miembros de un grupo humano" (Fraile, 2010: 35).

En materia de la inseguridad, esta se conceptualizaría como el resultado de una percepción que a su vez se construye por múltiples influencias sociales que influyen en la construcción de un imaginario del delito, en el que se incluyen, por lo menos en el caso estudiado, conductas punibles como otras legalmente aceptadas (Fraile, 2010: 38).

Espacio urbano, percepción de seguridad y vida cotidiana

Los capítulos dos y tres analizan los conceptos de ciudad intermedia, seguridad y delincuencia. Para el caso de las ciudades intermedias analiza entre sus características funcionales el hecho de que la población local puede acceder a incrementar significativamente sus niveles de participación en la gestión de la ciudad, debido a la existencia de sentimientos de identificación y pertenencia, hoy amenazados por la globalización y mutaciones derivadas de la constitución de un nuevo tipo de sociedad, la sociedad de la información. Tales tendencias fomentarían la inseguridad y el temor, a causa de la pérdida de espacios colectivos de participación y la pérdida de mecanismos sociales tradicionales de homogeneización y comprensión cultural.

Así, la delincuencia, a juicio de los autores, sería un fenómeno de construcción social generado en la asignación de roles y categorías de interpretación en las que participarían todos los agentes relacionados, interesados y protagónicos creando y desarrollando el fenómeno. Este condiciona el uso de espacios, recursos económicos, actividades culturales y sociales. Por otra parte, los autores sostienen que se hace un uso erróneo de la delincuencia al vincularla con fenómenos externos, sin una mirada cualitativa en su trato, ya que la delincuencia respondería a criterios valorativos internos donde la inseguridad obedecería a una cuestión de percepción que domina las acciones de relación entre los individuos y el espacio.

Sostienen, asimismo, que el conocimiento de la delincuencia que gobierna las acciones individuales y colectivas provendría de experiencias propias o ajenas (cuentos infantiles, asaltos a amigos, entre otros) y no de las estadísticas oficiales.

Como cuña al tercer capítulo, se hace referencia a la metodología de trabajo y este gira mediante la incorporación del concepto de conflicto, definido como aquel fenómeno que sería capaz de explicar satisfactoriamente la inutilización de algunos espacios y la existencia de aquellos datos sombra previamente consignados. La metodología de trabajo consiste en el uso y análisis de los datos policiales (que son los delitos que aparecen en los indicadores oficiales que entrega la policía), la percepción ciudadana de inseguridad (se consigue a través de entrevistas a líderes informales y formales de la ciudad) y el reflejo mediático de los fenómenos relativos a la inseguridad (la información que existe en los periódicos y cómo estos manejan la información provocando mayor inseguridad en la población). Con esto se pretende modelar e interpretar la seguridad en la ciudad de Lérida, para posteriormente aplicar este enfoque a otras ciudades intermedias europeas; asiste la interrogante acerca de si este modelo es susceptible de ser utilizado en las ciudades intermedias en otros confines del mundo y, por qué no, si se podría aplicar en Chile.

Destaca en esta parte el análisis de los modos de enfocar geográficamente los delitos, los mapas de delincuencia, herramienta que no es ajena al conocimiento, ya que existen diversas iniciativas para Chile como para otras ciudades latinoamericanas y europeas. Se detienen en la masificación de estos instrumentos y el modo como Internet ha permitido su difusión a escala global. Al ser mapas creados por diversos agentes, como es el caso de algunos municipios, contienen y también estigmatizan (bien sabemos que ninguna cartografía es neutra) los puntos donde se produjeron delitos y que su finalidad es que la población evite estos puntos conflictivos. El problema que aquí surge es la veracidad de la fuente de los datos así como también de los juicios y recomendaciones que surgen del análisis (o de la simple lectura) de esta cartografía, que puede llegar incluso a extremos tales como incluir fotografías de delincuentes y señalar la dirección donde vive. Este tema no es menor, ya que refleja la dificultad que entraña el abordaje del tema de la inseguridad, pues probablemente esta búsqueda ha sido motivo de renuncias masivas a los derechos ciudadanos, caldo de cultivo fundamental para la generación de la desconfianza hacia la democracia y consecuentemente para la irrupción de las dictaduras.

Consideraciones finales

Se concluirá señalando que los temas de los cuales se ocupa el texto han sido especialmente cultivados por los geógrafos radicales, razón por la cual también los autores hacen referencia a otros trabajos realizados en dicho marco epistemológico en España. Las razones por las cuales la geografía radical ha podido ocuparse de la delincuencia son la búsqueda de quienes la cultivan de hacer de la geografía una ciencia que responda a

problemas sociales relevantes y por otra parte la acogida que en ellos tienen, metodologías cualitativas y posturas subjetivas. Incluye, en este sentido, intervenciones, denuncias, encuestas, entrevistas con el fin de analizar aquellos elementos objetivos y subjetivos que influyen en la percepción de seguridad. La lección que deviene de este aspecto es que más que contradecirse, las metodologías cualitativas y cuantitativas, por lo menos para el caso de la geografía humana, pueden complementarse profundizando así la calidad de la respuesta que se pretende lograr a la investigación que se emprenda.

El texto cumple, y es su principal riqueza, en presentar un modelo de trabajo que supera la lógica actuarial, centrándose en las causas de la delincuencia. Acerca de la hipótesis central de la investigación, esto es, que existiría algún nivel de correlación entre el tamaño de la ciudad y los mecanismos que generan el miedo de la población, se concluye que sí existen ciertas regularidades en los procesos delictuales que permiten la generación de modelo que servirá en otras ciudades de similares a Lérida.