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Universum (Talca)

On-line version ISSN 0718-2376

Universum vol.27 no.1 Talca  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762012000100013 

Revista Universum Nº27 Vol.1, I Sem. 2012, pp. 231-237

 

ENTREVISTA

 

Armand Mattelard y su relación con los jesuitas: confrontaciones de un intelectual1

 

Graciela Carrazco López(*)
(*) Doctorante en Pedagogía en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestra y Licenciada en Comunicación. Académica de la UNAM y de la Universidad Iberoamericana, México.
Correo electrónico: gracecarrazco@yahoo.com.mx


 

Armand Mattelard, sociólogo belga y pionero de las Ciencias de la Comunicación en América Latina, nos comparte en entrevista -en su última visita a México- su concepto de comunicación, la posición de los neomarxistas y cómo percibe Para leer al Pato Donald en nuevos contextos. Además expone su dualidad entre ser comunicólogo y demógrafo y su inevitable influencia jesuita.

Nacido en 1936, estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad Católica de Lovaina. Posteriormente, en París, realizó estudios de Demografía, en el Instituto de Estudios Demográficos. Vivió en Chile entre 1962 y 1973, en donde colaboró en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con Ariel Dorfman publicó en 1971 Para leer al Pato Donalddonde se analizaba la penetración mediática de los comics de Disney, punto de referencia de los comunicadores en América Latina.

A lo largo de su obra teórica, histórica, política y crítica, Armand Mattelart ha producido más de 32 libros como autor y coautor y cientos de artículos especializados. Entre sus principales obras destacan Prefiguración de la Ideología Burguesa: Lectura Ideológica de Una Obra de Malthus; Juventud Chilena: Rebeldía y Conformismo; Para Leer al Pato Donald; Prensa y Poder; La Ideología de la Dominación en una Sociedad Dependiente; Los Medios de Comunicación de Masas; La Ideología de la Prensa Liberal en Chile; La Comunicación Masiva en el Proceso de Liberación; Agresión desde el Espacio; La Cultura Como Empresa Multinacional; Comunicación Masiva y Revolución Socialista; Multinacionales y Sistemas de Comunicación; Imperialismo y Medios Masivos de Comunicación; Cultura y Comunicaciones de Masa; Comunicación y Transición al Socialismo; Frentes Culturales y Movilización de Masas; Mass Media, Idéologies et Mouvement Révolutionnaire; Communication, And Class Struggle. Capitalism, Imperialism; El Medio de Comunicación de Masas en la Lucha de Clases; Medios Masivos y Lucha de Clases; Medios de Comunicación: Mito Burgués vs Lucha de Clases; Los Medios de Comunicación en Tiempos de Crisis; América Latina en la Encrucijada Telemática;, Comunicación y Nueva Hegemonía; Cultura Contra la Democracia; Comunicación e Ideologías de la Seguridad; Televisión Alternativa; La Comunicación Como Construcción de Un Mundo Alternativo; El Carnaval de las Imágenes: La Ficción Brasileña; Mercados Internacionales de la Imagen en Búsqueda de Una Perspectiva Alternativa; La Publicidad; La Internacional Publicitaria; International Image Markets: In Search of An Alternative Perspective; Advertising Internacional: The Privatización of Public Space; Tecnología, Cultura y Comunicación; La Mundialización de la Comunicación; Historia de las Teorías de la Comunicación; Pensar Sobre los Medios; Technology, Culture And Communication: A Report to The French Minister of Research And Industry; La Invención de la Comunicación; La Comunicación Mundo; Historia de la Utopía Planetaria y Un mundo vigilado.

¿Por qué durante un periodo importante de su carrera se relacionó con instituciones de educación jesuitas?

Yo crecí primero con padres seglares, después fui a Lovaina, después fui a la Sorbona, y al final yo caí en los brazos de los jesuitas. Un jesuita que en esa época era conocido en América Latina, que se llamaba el padre Joseph Beckerman, había fundado la primera Facultad de Sociología en la Universidad Católica de Chile, con sede en Santiago, necesitaba tener un demógrafo y yo acababa de terminar mis estudios de demografía en París, así que finalmente acepté el puesto que me proponían.

Tenía la posibilidad de ir a tres lugares y siempre fueron jesuitas conminados en sus universidades. Una propuesta vino de la Universidad Católica de Río de Janeiro, era en el Departamento de Demografía; el segundo estaba en la Universidad Católica de Ecuador y el tercero era este jesuita que se había instalado a fines de los años cincuenta en Chile.

Entonces toda mi carrera tiene mucho de estos nexos, con las universidades y con los padres jesuitas, fue importante para mí. En esa época las únicas universidades que estaban volcadas, que formaban una red internacionalizada eran los jesuitas y eran los únicos que aceptaban contratar a extranjeros; la Pontificia Universidad Católica de Chile también a veces, pero yo entré en la Pontificia a través de la red de los padres jesuitas que se ocupaban de América Latina.

Para mí fue importante este nexo porque iba empezando mi carrera como joven profesor en la Escuela de Sociología, y lo otro -que considero interesante- es que llego a Chile no como comunicólogo, no había leído ni un libro sobre las Ciencias de la Comunicación, porque en Francia de semiótica se hablaba muy poco, excepto un poco sobre los signos de Edgar Morin, sobre el cine, pero muy poco. Digamos que yo llegué a América Latina sin haber leído un libro sobre comunicación si se exceptúan los dos ensayos de Morin de la época.

Yo llegué como demógrafo y mi misión era, finalmente, fundar una cátedra de demografía, en un periodo, que no es un periodo cualquier; es un periodo donde se discuten sobre los efectos de la explosión demográfica y se había centrado la atención entre quienes reclamaban para las políticas de desarrollo, políticas de limitación de nacimientos, y otros que piensan que la fuerza de número de población es una fuerza para empujar políticas toda esa inercia. Digamos que esos momentos había muy pocos demógrafos en América Latina.

Lo que es sorprendente es que llegué casi el mismo día a la Escuela de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Católica, con un señor que es un pionero, en esa época reconocido, de las ciencias de la comunicación, con un pionero de la comunicación en América Latina, que se llama Charles Gray, había escrito el único compendio sintético sobre las Ciencias de la Comunicación publicado por Paidós.

Llegué a Chile con él, en la misma facultad, finalmente quienes socializaron a la comunicación son estudiantes latinoamericanos que habían estudiado en la Universidad de Berckley, en Los Ángeles, y que entraron como profesores en la Católica, quienes entraron a la comunicología fueron mis colegas chilenos y que después, progresivamente, debido al movimiento estudiantil que tomó conciencia de la necesidad de revisar los currículos, me metí progresivamente del lado del movimiento estudiantil y reclamamos la autonomía y un cambio de los contenidos de las carreras. Allí empezó mi giro epistemológico y mi giro político. Yo quiero pensar que he aportado algo a la ciencia de la comunicación.

En esta sociedad del conocimiento ¿cuál es la importancia de que los intelectuales publiquen artículos?

Yo pienso que cada vez más estamos obligados frente a la sociedad, debido a que la sociedad está en crisis que ya es civilizatoria, es decir, por múltiples aspectos, muchas dimensiones, estamos obligados a revisar; yo creo que es una factura anterior, de redefinir cada uno -y colectivamente- nuestro contrato social con la sociedad, con las demandas sociales subterráneas o explícitas. No podemos seguir produciendo conocimiento sin que tenga nexo, finalmente, con un orden de prioridad de las necesidades básicas de la humanidad, es lo que se llama fe y justicia, fe -que yo llamaría esperanza- y justicia.

Decir que la creencia de que otro mundo es posible a pesar de que, finalmente, vivimos a veces en situaciones en donde el único panorama es un panorama de la fatalidad del miedo y del temor. Yo pienso que está en camino, es mi opinión, a partir de los colegas que frecuento, de mis propios estudiantes que vienen un poco de todas partes.

Yo pienso que ha empezado un proceso de interrogación sobre el vínculo que hay entre nuestros saberes y la sociedad, yo pienso utilizando términos que no son míos, que son de los movimientos estudiantiles latinoamericanos: ellos se plantean preguntas sobre la necesidad de la educación, un saber para el cambio social, y eso es importante, porque hay que recordar que hasta hace poco, dos décadas, entre 1985 y principios del año 2000, donde nos hicieron creer que la historia había terminado, que habíamos encontrado el modelo de sociedad global, que íbamos a sumarnos, entre tanto llegó la crisis del 2008 y sabemos muy bien que ya no hay modelo posible de este lado, incluso si el capitalismo, por el momento, anuncia que íbamos a salir de la crisis, yo creo que estamos en una crisis estructural, sistemática, va a tomar algunas décadas para salir de esto, o vamos a sociedades autoritarias o vamos a sociedades donde la participación, donde la lucha contra el productivismo o el consumismo se va en el centro que tenemos del hombre y del colectivo.

Eso yo lo puedo decir, tengo 75 años, yo creo que es tarea de las otras generaciones también, yo creo que la realidad que viven las generaciones que me siguen, que tienen a veces dificultad y tienen precariedades. Cómo lo vivimos en el trasfondo de una crisis que hace miedo a la gente, no solamente el narcotráfico, toda la gente tiene problemas, tienen miedo de perder su trabajo; además hoy, la novedad es que nos vamos a salvar a través de una alianza intergeneracional, hoy en día, la gran diferencia, es que los padres se ocupan y se preocupan por las generaciones mucho también por las generaciones que vienen, y saben muy bien que no tiene la suerte que han tenido ellos mismos.

Yo pienso a niveles distintos, como digo siempre, hay un hilo directo que nos une en esa preocupación y que hace que luche uno a partir de trincheras distintas. Yo creo que el papel del intelectual, debido a ello de que la sociedad del conocimiento es fundamental, pero no un intelectual que produce para sí mismo, sino un intelectual que busca formas de producir el conocimiento con la ciudadanía.

¿Cree que el intelectual sí logra transmitir sus conocimientos a través de sus artículos?

Sí, yo creo que puede ser útil, cada vez más; hay que encontrar lugares donde se discuta lo que escriben, porque si no, puede ser interesante, pero a lo mejor personas que tienen menos formación no descubren lo que realmente ha querido decir el artículo. Yo estoy mucho en círculos de lectura a partir de artículos periodísticos, si no, tú no tienes retorno. Tú puedes seguir escribiendo y escribiendo pero finalmente no sabes cuál es el efecto que produce, y es posible que el lector se apropie este pensamiento. Y escribiendo finalmente se libran los conocimientos.

¿Cómo conceptualiza la comunicación?

El concepto de comunicación es un concepto-encrucijada, donde hay muchas dimensiones y es difícil definirla, porque cuando empecé a trabajar sobre la comunicación el campo era relativamente cerrado, se hablaba mucho sobre periodismo, etcétera, basta ver las trayectorias de las escuelas de comunicación en América Latina.

Progresivamente, alrededor del concepto de comunicación, vinieron a instalarse dimensiones múltiples: la semiótica y los estudios de recepción, por ejemplo. Para mí, una cualidad fundamental para un pensador sobre la comunicación, es la historia, la perspectiva histórica. En muchos acercamientos a la comunicación olvidamos la historia. A través de la historia se puede ampliar la noción de comunicación. Yo trabajo cada vez más este concepto, prefiero desplazar el problema hacia el concepto de "modo de comunicación". ¿Qué es el modo de comunicación? ¿Qué es el modo de comunicación de personas, de bienes y de símbolos? He llegado a la convicción fundamental de abordar el mundo de la comunicación en su conjunto, leyendo a los historiadores. Además, leyendo a Michel Foucault que es muy interesante. Foucault ubica la legitimidad y la entrada en la historia del liberalismo a fines del siglo XVIII y principios de siglo XIX. Dice que el quehacer del liberalismo es, finalmente, permitir la posibilidad de un modo de redes, es decir, desbloquear una sociedad cerrada. Eso es lo que hace el liberalismo, incluido el de Adam Smith. Incluso si el siglo XIX es un siglo marcado por toda la desvirtuación de la idea liberal, con un liberalismo que va a desembocar después con el neoliberalismo en el siglo XX.

Entonces, en mi manera de trabajar, desde principios de los años noventa es la ruptura, manifestada en un libro importante que fue publicado en México por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y que escribí con Michel Mattelard que se llama Para pensar los medios. Comunicación y crítica socialEs un libro a partir del cual uno ve qué está cambiando en los paradigmas para abrir a la sociedad. Pasamos de una sociedad por etapas, donde hay una concepción de progreso y de la historia por estratos, a una sociedad donde se privilegia lo fluido. Para mí, es un libro fundamental que me llevó progresivamente a entrar cada vez más en el estudio del modo de comunicación de las personas, de los bienes y de los símbolos, porque finalmente hoy, con el neoliberalismo nos peleamos sobre los tres puntos: los mensajes, la concentración de los medios; las personas/la migración y los bienes.

Progresivamente, me he formado en la necesidad de abordar los tres aspectos del modo de comunicación. La comunicación es una noción que cada vez más se muestra polivalente y con muchas entradas. Un ejemplo: la comprobación que hago desde hace diez años es que hemos empezado con la comunicación periodística, la publicidad, etcétera. Hoy, cada vez más van hacia los estudios de comunicación las otras disciplinas humanas: la geografía, la historia y la antropología.

Es muy importante darse cuenta que no podemos seguir con la noción de comunicación que teníamos antes; ahora debemos hermanar nuestro pensamiento con la idea de comunicación que tienen otras disciplinas y se multiplican. Lo que veo cambiar día a día, tanto en los estudiantes latinoamericanos que frecuento -a través de mis propios estudiantes con quienes yo comunico a través de internet- es la multiplicidad de los objetos de estudio. Multiplicidad que no sale de la cabeza de un genio: no. Una multiplicidad comandada por las realidades.

Es una generación que hoy está obligada de interrogarse sobre la realidad "real" como dirían "los indignados". Yo soy incapaz de resumir la noción de comunicación porque es demasiado múltiple. Eso no quiere decir que hay que suprimir todas las escuelas de comunicación. Quiere decir que hay que ampliar su visión del campo de la comunicación y la única manera de ampliarlo es tener siempre el referente social, llámese socio-político, cultural, etcétera, en estos momentos no podemos escapar a eso.

En el actual contexto, ¿dónde están los neo marxistas?

Me disgustan profundamente las etiquetas, dicen incluso que yo soy neo marxista, que soy marxista, no sé dónde estoy, yo no me reconozco a través de las etiquetas que me dan. Yo pienso que hoy es el cruce de conocimientos lo que nos permite avanzarYo estoy con Michel Foucault, estoy con toda una escuela, se puede decir hoy su retorno, de un marxismo crítico. Yo estoy también del lado de Paulo Freire, de Iván Ilich, sobre el papel de los educadores y de los educados, el intercambio entre ambos.

Entonces los neo marxistas no sé lo que son, yo disiento completamente sobre las interpretaciones que dan personas como José Marques de Melo, que me ponen como "althusseriano"; no, yo fui uno de los primeros "gramscianos" en América Latina, bastaría ver mis libros. Entonces, el problema es el peligro es poner etiqueta. Yo me definiría más bien como un outsider, pero utilizando el cúmulo de conocimiento que ha producido la humanidad. Para mí, los únicos que rechazo leer son los totalitarios y Marx para mí no era totalitario, incluso puedo tener críticas sobre su manera de ver ciertas cosas.

¿Volvería a escribir Para leer al Pato Donald en el 2011?

Yo no corro detrás del progreso tecnológico y no cambio de parecer en función de la evolución tecnológica, pasando de la radio, de la televisión a internet: me importa un pito. Que Disney haga películas como El rey león no me importa. Yo no niego ningún libro, no estaría aquí con lo que digo hoy, si no hubiera escrito estos libros en contextos peculiares. Estos contextos peculiares no los puedo reproducir. Es en un momento determinado que fui llevado a escribir este libro, en un momento en que se necesita un manifiesto. Este libro es un manifiesto, es fundamental decir eso, no un panfleto, un manifiesto.

Tenemos una falsa concepción de la historia del pensamiento. Leí unas historias de las investigaciones del pensamiento latinoamericano y que muchas de estas historias pecan de una idea de historia por etapas, como si estuviéramos condenados a llegar a la última fase que sería lo máximo. Al final están, por ejemplo, los estudios culturales y el resto ha preparado, finalmente, esta llegada a la cumbre. Es una concepción de la historia del pensamiento completamente negativa, no es una concepción epistemológica.

Es progresivamente, con flujos y reflujos, retrocesos y avances que se construye un pensamiento, tanto individual como colectivo. Nada es superado, lo que parece superado se va a leer de nuevo y producir un efecto que no había tenido antes. Ése es mi mensaje, evitar las concepciones por estratos, que corresponde a la idea de un progreso infinito que en un momento determinado se define como una escuela en relación a otra. Para mí, todas las escuelas se interpetran.

Doy el ejemplo de la piratería: en materia audiovisual e informática es muy interesante porque está obligado a hacer converger una visión de la economía política de la comunicación -todas las ideas, todos los intermediarios-; si se estudia la piratería, no se puede solamente estudiar el número de discos pirateados. Se está obligado a enterarse sobre la etnografía de los que intervienen en este comercio de piratería. A través de un objeto así, progresivamente, estamos obligados a ver qué dicen los otros.

¿Cuál es su percepción de su trayectoria académica e intelectual?

Yo pienso que la vida de un investigador es escribir un solo libro en su vida, y yo pienso que he escrito un solo libro porque finalmente todos los libros que he escrito son libros que siempre gustan, a veces anticipa otro y la anticipación puede venir veinte o treinta años más tarde, pero está presente en el primero o en el segundo libro. Yo voy a contar el caso de mi último libro, que fue traducido al castellano y que se llama Un mundo vigilado, la preocupación por la cuestión de la vigilancia me vino en 1966-67, y la chispa que me permitió interesarme por la visión latina está ligada de los exiliados brasileños en Santiago, expulsados por la dictadura militar, ellos venían con sus papeles con la doctrina de seguridad nacional, la norteamericana, la conformada por los militares brasileños.

Mi primer escrito sobre la ideología de la seguridad nacional viene de allá, después vuelvo a Francia en 1974-75 escribo un libro con mi compañera: Ideologías de la seguridad y comunicación, que fue traducido además por un mexicano, que es ahora un novelista famoso, Alberto Sánchez, que fue uno de mis estudiantes en la Universidad de París; entonces el último libro, Un mundo vigilado, es un libro que, finalmente, ya estaba presente en escritos anteriores, pero se dio la oportunidad histórica después del 11 de septiembre de 2001, que muchas ideologías de seguridad nacional volviesen desde Francia pasando por México y todos los demás se encajan. Yo he escrito un solo libro: todos los demás se encajan en él.

NOTAS

1 Entrevista realizada en la Universidad Iberoamericana, campus Santa Fe, Ciudad de México, el 6 de octubre de 2011.