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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.25 n.1 Talca  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762010000100013 

Revista Universum Nº25 Vol.1, I Sem. 2010, pp. 188-202

 

ARTICULOS

 

MONSEÑOR MANUEL LARRAÍN, PROFETA DESDE EL SUR DE CHILE

 

Pbro. Luis Vaccaro Cuevas
Magíster especializado en Teología Dogmática, Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Profesor de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas, Universidad Católica del Maule. Chile.
Correo electrónico: lvaccaro@ucm.cl


RESUMEN

El fenómeno de la modernidad históricamente situada hace que la lectura de los textos resulte interesante, tanto cuanto la descripción de los escenarios y las situaciones, desde su realización y proyección en el tiempo, resultan perfectamente válidas para una lectura actual. Se trata de un estudio aproximativo en algunos textos autógrafos de don Manuel Larraín entre los años 1951 al 1962. Observando en ellos la constante de una lectura histórica y precursora que arroja como resultado una visión particularmente esclarecedora de la realidad.

Palabras clave: Iglesia talquina - Mundo Obrero - Acción Católica - Relación Iglesia-Política.


ABSTRACT

The phenomenon of historically situated modernity renders the reading of texts interesting providing that the description of scenes and the situations, from their execution and projection in time, seem perfectly valid at current reading. This is an approximate study of some autographic texts by Mister Manuel Larraín written between the years 1951 and 1962, observing in them a constant of historical and precursory reading that throws a particularly enlightening vision of the reality.

Keywords: Talquina church - Working World - Catholic Action - Church-Political Relation.


 

El presente trabajo quiere abordar el notable magisterio de Monseñor Manuel Larraín, no desde la perspectiva de su totalidad ni desde el agotamiento de temas, que treinta años de ministerio episcopal pueden ofrecer, sino desde el novedoso y profético planteamiento que él hace de la relación Iglesia-Mundo.

Es notable la perspectiva de futuro con que trata elementos que en su época apenas si eran conscientes o explícitos para algunos en la Iglesia. Es un pastor que desde su diócesis, rural, pequeña y al sur de la geografía chilena y mundial, abarca con excepcional lucidez y plena responsabilidad, los contextos y problemáticas que, sin duda, revisten importancia universal, a partir de aquellas cuestiones fundamentales que a él, en tanto que obispo, le toca percibir en la Iglesia talquina y chilena.

Contamos con seis documentos breves que van desde los años 1951 al 1962. Hemos utilizado como fuente el conjunto de escritos recopilados por el presbítero Pedro de la Noi y editados por el profesor Ricardo Rojas Valdés en CD-ROM1. Los textos serán citados según la versión pdf, que del original ha conservado el CD-ROM.

Don Manuel posee la notable cualidad de describir la complejidad que produce el mundo moderno de tal manera, que la relación y proyección que él hace de cada problemática tratada resulta históricamente situada: esto hace que la lectura de los textos sea interesante, en tanto incide en la descripción de los escenarios y situaciones, desde su realización, pues son perfectamente claros para un análisis actual de realidad. En ello se valida la índole profética y precursora de don Manuel: los textos del año 1951 al 1962, pueden ser ahora leídos como un juicio apropiado de la realidad. Describe un proceso de modernidad que posee una visión realista y de futuro que se legitiman en la veracidad de una lectura certera, porque las coordenadas interpretativas señaladas en los escritos son válidas. Fijar el tema de los obreros y campesinos, las pastorales de su diócesis, de las relaciones entre política y proyectos políticos, etc. no sólo como problemáticas, sino como lugares donde la Iglesia reafirma la legitimidad de su misión histórica, sin duda es un discurso que se adelanta (aún usando las categorías de su tiempo) a la problemática eclesiológica explicitada en el Vaticano II, y de manera más local, en las conferencias de Medellín y Puebla2.

El uso de categorías de análisis de tipo más escolástico, o de análisis más local, sin duda consignan lo novedoso de una articulación distinta que no las encierra en sí mismas, sino que las abre a una hermenéutica de futuro histórico que va más allá de la conciencia de presente que al ser expuestas, poseía Monseñor Larraín.

Hemos dividido el presente estudio, intentando que sea aproximativo a las temáticas centrales tratadas en los seis documentos, en tres apartados que dan cuenta de la problemática propuesta:

•     Relación que hace del continente y sus proyecciones.
•     Trilogía: Mundo Laical - Mundo Obrero - Mundo Campesino.
•     Relación en Chile entre Iglesia y Política.

1. RELACIÓN QUE HACE DON MANUEL DEL CONTINENTE Y SUS PROYECCIONES

En dos documentos, uno aparecido el año 1951 en el Boletín de la Acción Católica y otro de 1959 que lleva por título Tierra de angustia y esperanza América Latina; el autor se detiene en dos reflexiones largas y acuciosas, la primera sobre el mundo moderno y la segunda sobre el continente latinoamericano3.

El motivo formal desde el cual nace la reflexión es la misión de la Iglesia en el mundo moderno. Como dice don Manuel: "el católico debe saber discernir los signos de los tiempos que vive. El cristianismo lleva en sí mismo un inmenso sentido profético"4.

Las características que perfilan el mundo actual, fundamentalmente se derivan de lo que él llama "una crisis de la civilización5. Los problemas tienen la amplitud del mundo; su importancia y profundidad amenazan la vida del hombre y de toda la comunidad humana. Esta crisis tiene lugar por lo que se ha dado en llamar "Sentido Mundial de la Economía"6, expresión que se adelanta en varias décadas a lo que hoy llamaríamos globalización, y que está unida a una característica de esta crisis, cual es la transformación vertiginosa. El tiempo es un factor que acelera el cambio y produce fenómenos que suprimen etapas intermedias. No sólo en lo religioso y en lo social, sino en aquello que tiene que ver con la industrialización extraordinaria, las comunicaciones y los cambios de modelos sociales 7. Esto tiene que ver básicamente con una constatación que don Manuel Larraín hace del cambio producido por la industrialización extrema respecto de la economía rural.

A renglón seguido denuncia una gran carencia, fruto del liberalismo acendrado y desarrollado por nuestras propias sociedades, "el hombre moderno no tiene una participación común en las aspiraciones mundiales"8. De allí que no puede analizarse el hecho de la crisis social sin dejar de leer estos signos. Sería una visión miope atribuir estos fenómenos a causas locales y no contemplarlos en su perspectiva universal.

Un segundo elemento de la crisis en el análisis de don Manuel Larraín es el "advenimiento de la clase obrera"9. Lo señala como un hecho característico del tiempo y por tanto, una exigencia hecha al Estado en razón de la integración de estas fuerzas nuevas y su organización interna sobre bases democráticas: "no se puede comprender el mundo actual sin considerar la fuerza del sindicato y de la organización gremial"10. Por eso que mal dirigido, el sindicato puede convertirse en una amenaza para las libertades fundamentales del hombre e invita a los cristianos a correr el riesgo de asumir su papel en estas instituciones11.

Avanzando en el diagnóstico de la crisis mundial, se pregunta el Obispo de Talca por los modos de asumir la psicología de una nueva juventud. Surgen en ella los atisbos de una gran idealización, al mismo tiempo que, paradójicamente existe un fondo de decepción. Como él lo afirma, "la generación actual es capaz de grandes heroísmos al servicio de los ideales que abarca"12.

Hecho el análisis de la crisis, don Manuel Larraín plantea la pregunta con la que cabría finalizarlo, a saber, quién hará la unidad del mundo. A su juicio existen dos respuestas, para las que cita diversas obras13. Una que él llama neo-pagana que tiene sus fuentes en Nietzche, Hegel, Marx, y en la respuesta cristiana. Ambas trabajan por constituir una visión propia del futuro. Monseñor Larraín se detiene en un análisis más cuidado de la respuesta cristiana, distinguiendo dos posiciones: la primera, es la ruptura con el mundo actual y la segunda, que los católicos se adapten a este mundo, si quieren conquistarlo. Siguiendo la obra que él cita abundantemente, es dar un testimonio que contenga la doble respuesta esperada: la de una acción humanamente eficaz y de una doctrina plenamente católica14.

Ante el mundo moderno, como afirma él, debemos tener una actitud definida. Comprender sus males, sentir sus anhelos, vibrar con sus esperanzas y dar respuesta a las inquietudes que se plantee: "el Apóstol cristiano debe estar abrazado por dos amores: el de Dios y el de las Almas de su tiempo"15.

La visión notablemente profética de don Manuel empuja a la Iglesia a una apertura al Mundo, que sabiéndose distinto de la redención, recibe sólo del cristianismo la salvación que lo vivifica. Él termina el documento con una breve y sentenciosa frase: "aquí está nuestra tarea apostólica"16.

Curiosamente a partir de este preclaro análisis, realizado en el año 1951, redacta un prefacio en 1959 cuyo comienzo es una pregunta: "¿Será una audacia el afirmar que sólo en siglo XX Europa empieza a tomar conciencia del descubrimiento de América Latina?"17.

Señala en el texto con cierto desdén el hecho que sea conocido (el continente) simplemente por algunos aspectos folclóricos, que no la definen en absoluto. Escapa al análisis más verdadero la concepción de América Latina desde su realidad histórica, desde su dinamismo interno de aquello que la constituye en una promesa de futuro. En sus palabras, "me atrevo a decir más aún: la supervivencia del mundo occidental está subordinada a la plena integración de América Latina"18 .

Por ello existen en el pueblo latinoamericano grandes virtudes: su espíritu de sacrificio, su sentido innato de la justicia y su solidaridad fraternal. De este modo en el continente urge una real renovación cristiana; el proceso de crisis que señalado por don Manuel en el documento anterior del año 1951, afecta a América Latina y por ello tales cambios deben ser afrontados. La insistencia se hace entonces en una renovación de tipo misionero con un sentido de presencia activa en el mundo. Eso es lo que dará al catolicismo latinoamericano "la fuerza para realizar la evangelización de las estructuras […]"19 .

Por ello resulta particularmente importante que se señale el año 1950, que América Latina tiene una misión, cuyo campo es el mundo actual; y este continente tiene una palabra que decir, que es decisiva para el mundo de hoy y de mañana20.

En los documentos anteriormente señalados, don Manuel destaca dos visiones de mundo que hace cinco décadas, como lo hemos referido al principio, no resultan del todo obvias en los análisis. Nos referimos a la crisis cuyas características él describe como mundialmente presentes y al papel de América Latina en el mundo de las potencias surgidas de la "guerra fría"21.

Este diagnóstico está matizado por tres elementos que constituyen el corazón de su reflexión pastoral: el mundo es un mundo en crisis, en cambio, y necesitado de salvación22.

Respecto de la realidad están los católicos cuya presencia en el mundo debe ser propositiva y apostólica. La tercera categoría que don Manuel introduce para realizar esta acción entre los dos elementos anteriores, es la del discernimiento de los signos de los tiempos. La acción creyente sólo será fecunda en la medida en que realice una lectura afinada de la realidad mediada por el Espíritu para hacer presente a la Iglesia del modo adecuado y necesario a los tiempos23 .

2. TRILOGÍA: MUNDO LAICAL - MUNDO OBRERO - MUNDO CAMPESINO

Las visiones que corresponden a esta trilogía están presentes en tres documentos, a saber, en un informe sobre la Acción Católica a la Comisión Episcopal fechado en julio de 195624; en otro titulado: El problema del Agro y del campesinado en América Latina , fechado en septiembre de 196125; y un tercero titulado Notas para una Pastoral de emergencia , fechado en 196226.

En el primer documento sobre la Acción Católica, existe una larga relación de la historia de la A.C. en Chile que destaca la pertinencia con que el episcopado chileno acogió la propuesta de la Santa Sede para organizar la A.C. según el modelo Italiano, suscitado por Pío XI27. En ella se hace relación a los años fundacionales (1931-1932) como momentos difíciles de la política chilena, y más aún para la A.C. que debió sufrir notables tropiezos 28.

2.1. Mundo Laical

Lo que don Manuel destaca es aquello que para muchos no fue sino una obra más, añadida a las múltiples actividades parroquiales o grupos seglares, se ha desarrollado a la fecha con una tal fecundidad que al decir de Monseñor Larraín, ha hecho surgir en la Iglesia una "Teología del Laicado"29. Este desarrollo mediado por las guerras mundiales y situaciones históricas y sociales, así como técnicas, ha evolucionado hacia una precisión mayor de los campos de apostolado de la A.C.

Esta dificultad inicial ha sido superada por medio de la especialización que, a juicio del Obispo de Talca, ha sido acertada en su solución, y tal es la creación entre 1952 y 1954 de tres movimientos internos dentro de la A.C.: "obrero, rural y general, que constituyen una fórmula en que se armonizan plenamente la unidad con la especialización, y la diversidad con la coordinación. Tal reestructuración corresponde, a mi juicio, a la madurez de la A.C. y a las necesidades apostólicas de la hora actual […]"30.

Dentro del documento existe una larga relación de la actividad desarrollada por cada una de las ramas. Se analizan los progresos y desafíos que se presentan. En estas descripciones se puede percibir el tono optimista y promisorio que el Obispo de Talca imprime al desarrollo de la A.C. Al llegar al final del documento vuelve a insistir en lo que él llama indicaciones, de las cuales tres tienen una clara resonancia en una visión de futuro:

Necesidad de fijar en forma firme los caracteres fundamentales de la A.C.: a) formar apóstoles seglares que trabajen en la recristianización de sus ambientes; b) dar a esos seglares responsabilidad e iniciativa propia en el cumplimiento del mandato que la Jerarquía les confía; c) dar un sentido misionero al apostolado, es decir de expansión y conquista; d) entregar a las obras particulares que la Iglesia ha fundado, las tareas de apostolado particulares y concretas, a las cuales los miembros de A.C. podrían ampliamente colaborar31.

Las afirmaciones contenidas en esta sugerencia sin duda corresponden a un juicio sobre la teología del laicado que se adelanta a su época y tiene resonancias claras de teología francesa (Suhard, Congar, Chenu, Billout, etc.) y las innumerables experiencias que la Iglesia de ese país marcó dentro de las coordenadas abiertas por Pío XI a la experiencia de la A.C. mundial. El mundo laical constituye para don Manuel Larraín no la parcela en la que se centran los derechos pasivamente recibidos en la Iglesia, sino el grupo de bautizados que debe asumir las consecuencias propias de su consagración sacramental32.

2.2. Mundo Obrero

En el mismo documento del año 1956 señala que la JOC, nacida el año 1946 en Chile, ha tenido un progreso marcado por lo duro y pesado con que le ha tocado abrirse paso. Constata que en un principio fue una rama sin personalidad propia "[…] ha llegado hoy día a ser, lo podemos decir sin exageración, un movimiento juvenil de gran peso en la A.C. […]" Recibida por el mundo obrero con cierto recelo, es aceptada hoy día "por la masa como un movimiento cristiano y netamente popular"33.

La JOC en Chile es hoy una realidad aunque en muchos sectores propios de su ambiente no tienen su presencia. Para don Manuel:

Estamos asistiendo al despertar de un laicado obrero consciente de su responsabilidad en la Iglesia. Jóvenes que poseen un cariño verdadero por la clase obrera, que se enorgullecen de su condición y la toman como una misión que Dios les ha confiado; que viven una vida verdaderamente cristiana, de frecuencia sacramental, lectura de la Biblia; que se sienten parte de la Iglesia y aman a la Iglesia34.

En el sentido anterior el Obispo de Talca ve claro que la JOC ha superado la barrera de los sindicatos no cristianos o contrarios a la Iglesia, especialmente en el mundo de las minas y salitreras35 . Pero a pesar de esto, el mundo obrero sigue siendo un ámbito de desafío para la evangelización de la Iglesia:

Es un hecho que tenemos obreros que son cristianos. Pero es también una triste realidad que la masa obrera, que las instituciones obreras y que la juventud obrera siguen viviendo al margen e ignorantes de la Iglesia. Falta una acción colectiva para la reconquista del mundo obrero36.

Partiendo de esta premisa así enunciada, Monseñor Larraín desciende a criterios muy concretos y pastorales: el tener casa de vacaciones para que los obreros puedan aprovechar el feriado legal, servicio de preparación al matrimonio, librería de la JOC que ha ayudado inmensamente a la formación sólida de los militantes, centros de reunión para los diversos movimientos de obreros y empleadas, cursos de orientación profesional para miembros femeninos 37.

Sin duda este largo enunciado de actividades señaladas en el documento, indican la preocupación que don Manuel posee a través de la JOC, de abarcar un mundo o un espacio de la realidad que él percibe como particularmente lejano y conflictivo para la Iglesia, tanto por los choques ideológicos como por las realidades que no han sido debidamente atendidas38.

2.3. Mundo Campesino

El tema del mundo campesino dentro de la cronología de esta relación, está tocado en dos documentos. El primero llamado, El problema del Agro y del campesinado en América Latina fechado en septiembre de 196139, y el segundo, Notas para una pastoral de emergencia, del año 196240.

Monseñor Larraín toca este tema desde una gran sensibilidad por este mundo. Muchos de sus ejemplos y situaciones concretas, que sirven para desarrollar están tomados de realidades muy propias de su diócesis. Hay que hacer notar que toda su vida episcopal la realizó en la diócesis de Talca. Esto implica que el mundo campesino supone para él una preocupación que se podría calificar de inversa en su sentido a la del mundo obrero. Es decir, no se trata de un mundo emergente cuya evangelización es desafiante y que presenta aristas de lejanía, sino por el contrario, es un problema de atentado contra una cultura que ha cultivado y engendrado lo más profundo de la fe católica y que ahora se encuentra en fatal amenaza de desaparición o, al menos, de cambios notables que no son positivamente juzgados41.

Don Manuel se acerca a esta realidad como pastor:

El autor de estas líneas no es ni sociólogo ni economista. Es un Obispo católico que vive junto a su pueblo, que siente sus angustias y vibra con sus esperanzas. Es un hijo de América Latina que cree en un futuro maravilloso de este Continente, pero a quien no se le ocultan los peligros que lo amenazan. Es un hombre que a la luz de la experiencia, sabe que la única posición ante el desafío de la historia es enfrentarlo, y que a la luz de su fe religiosa repite cada día la plegaria de Tomás Moro: "The things I pray, dear Lord, give me grace to labour for". "Por las cosas que oro, amado Señor, dame también la gracia de trabajar por ellas42 .

Por lo tanto, el problema del agro en América Latina, en la visión de don Manuel, puede constituir un drama para la Iglesia y el continente en los tiempos venideros. La pregunta fundamental que él hace es si la situación presente y el porvenir de las comunidades rurales en América Latina, pueden constituir plataformas de desarrollo humano para el campesinado. Y en ambos escritos otorga datos que son preciosos para concretar su diagnóstico y sus juicios:

Su respuesta exige señalar varios hechos: Cerca del 60% de los habitantes de América Latina viven en el campo o en villorrios agrícolas que están prácticamente incorporados al ambiente campesino. El 53% de la fuerza total del trabajo en América Latina está dedicado a la agricultura, constituyendo una masa de alrededor de 115 millones de trabajadores. Excepción hecha de cinco naciones: Argentina, Cuba, Chile, Uruguay y Venezuela, el resto tiene una población agrícola superior al 50%, pasando en algunos países como, Ecuador, Guatemala, Paraguay del 70%. Es decir, el problema agrícola afecta directamente a más de la mitad del Continente, e indirectamente, por la característica predominantemente agrícola de su economía, a una proporción aún mucho mayor43.

A esto, él agrega, el crecimiento rápido de las ciudades con el consiguiente vaciamiento de sectores rurales, que simplemente no constituyen inmigraciones o cambios neutros, sino implican la creación de nuevos cuadros sociales. Así lo expresa en el documento de 1962:

Chile está al borde de inminentes y profundos cambios estructurales que van a influir en nuevas formas sociales, culturales, económicas y políticas. Señalamos, sin entrar a detallarlos, esos cambios. La población pasará en los próximos 15 años de 7 millones a 12. La población agrícola y la de los pueblos pequeños emigra hacia las grandes ciudades. (Vichuquén, de 2.000 habitantes en 1935, tiene hoy 350. Las villas de Putú, Curepto, Paredones, Pumanque, Lolol, Alcántara, San Clemente, Pelarco, Corinto, etc..., cuentan con los mismos o menos habitantes que al comienzo del siglo. En cambio, Talca, Curicó, Molina, Santa Cruz aumentan fácilmente su población, y Santiago pasa de 500.000 hace 25 años a dos millones y medio en el presente).

El fenómeno de la urbanización no es el de un "pueblito" que ha crecido. Toda una sociedad y una cultura nuevas hacen su aparición y la mayoría de las instituciones de base de la sociedad se transforman, v. gr., la familia. La década 1960-1970 va a ser fatalmente de la explosión del mundo rural. El Episcopado chileno acaba de hablar. Si la estudiamos detenidamente, vemos la gravedad de los problemas que ahí presenta44.

El problema de fondo lo consigna en el documento de 1961 hablando de la relación del problema del mundo agrícola versus población urbana: "es menester considerar […] la relación que esa inmensa masa campesina tiene con la tierra que cultiva. Aquí se encuentra ciertamente el punto neurálgico del problema"45. A partir de esta constatación que nace de su larga experiencia como obispo rural es que hablará sin tapujos de la necesidad de una reforma agraria que cambie las condiciones de acceso a la propiedad de la tierra; frente al problema agrario y del campesinado es necesario formar conciencia, dice don Manuel, del imprescindible deber de otorgar soluciones justas, prontas y efectivas46. Porque como él afirma:

Hay que resolver este problema con una visión que respete la dignidad y el valor del hombre, que oriente a la economía, no hacia el lucro sino hacia la satisfacción de las necesidades humanas, que mire la labor del campo a la luz de la dignidad del trabajo, que haga sentir el deber de construir una civilización basada no "en el tener más", sino en "el ser más47.

Sólo así habremos sido dignos de la gran misión que nuestro tiempo nos entrega, y dado respuesta al "gran desafío de la historia" que América Latina está enfrentando"48.

Por ello las parroquias rurales, los párrocos, deben dar origen a comunidades más orgánicas o descentralizadas (experiencia de catequistas de Licantén e Iloca). Hay que dar a la pastoral un plan que don Manuel llama, "de urgencia improrrogable"49 .

Este término, el de urgencia, es subrayado por el Obispo de Talca. Todo plan pastoral debe cultivar las acciones tendientes a cuidar del Cuerpo Místico que es la Iglesia. Entre estos, la pastoral de conjunto no es "una mera fórmula, ni una moda del momento, ni un capricho pasajero; […] a buscar todos los puntos convergentes en el pensamiento y en la acción"50.

Las extensas sugerencias del Obispo de Talca sobre la pastoral rural y el mundo rural tienen que ver con un problema. Su notable conciencia profética describe de forma muy exacta y que sin duda en la historia será corroborado como una verdad fehacientemente comprobada.

La propiedad privada existe precisamente como medio de ayudar a todos los hombres a participar en los bienes de la tierra. De ahí proviene que el derecho a la propiedad privada esté limitado por el bien común. Una mejor y mayor distribución de la propiedad rural entre propietarios individuales, es exigido por el bien individual, de la familia y de la sociedad.

La conciencia cristiana no puede admitir como justo un orden social que niegue en principio o haga imposible en la práctica el derecho natural de propiedad, ya sea de los bienes de consumo o de los medios de producción". "Pero tampoco puede aceptar esos sistemas que reconocen el derecho a la propiedad privada según un concepto falso de ella, por lo mismo opuesto a un orden social verdadero y saludable"' (Pío X11, I-VIII-1944).

Una reforma agraria que haga posible estos principios, que abra la posibilidad al acceso a la tierra de una gran porción de campesinos, al mismo tiempo promueva por la eficiencia técnica una mayor productividad, es ciertamente uno de los imperativos más urgentes en el agro latinoamericano51.

Las décadas siguientes, en la experiencia histórica política y eclesial del país y del continente darán plena validez al aserto pronunciado por Monseñor Manuel Larraín en este documento.

3. RELACIÓN EN CHILE ENTRE IGLESIA Y POLÍTICA

El tema de este apartado está reflexionado por don Manuel Larraín en un documento llamado Unión de los católicos en Chile , de mayo de 196152.

El documento parte de la verificación de una situación de la realidad: se hace necesario una unidad firme, amplia y compleja de los católicos que dé cuenta de lo plural del orden social y que permita el desarrollo de la vida eclesial en un ordenamiento respetuoso de la vida política53.

Esa unidad para don Manuel no existe entre los católicos chilenos y esto pone en peligro el desarrollo de la Iglesia. La desunión, tal como él la señala, existe al interior del campo católico y se puede graficar concretamente entre la división existente entre el Partido Conservador y el Demócrata Cristiano. Tal perspectiva54 peca a juicio de Monseñor Larraín de incompleto y superficial por causas que son fáciles de explicar55 : 1) la división entre conservadores y demócrata cristianos afecta a una porción muy reducida de los católicos chilenos, 2) existen numerosos católicos que militan en otros partidos como el partido liberal, el Padena, etc. 3) situar en este punto la discusión es reducir la opinión de la gran masa popular al pensamiento de unos pocos. Abundando en ese razonamiento él dirá:

El problema de la división entre Conservadores y Demócrata Cristianos es un problema, en el orden sociológico principalmente, de tipo burgués (ambos grupos políticos son en su gran mayoría, de ese sector). El pueblo, en su gran mayoría, no participa de este problema, ni le importa en sí mismo. Es peligroso que la posición de la Iglesia se oriente tomando esa división como un problema central del catolicismo y olvide el gran problema misional que tiene delante: el pueblo que día a día se aparta más de la Iglesia y recibe la influencia marxista, por motivos y fuentes muy diversas a la división política entre Conservadores y Demócrata Cristianos56 .

Luego del lúcido razonamiento efectuado, don Manuel se pregunta si el problema de la división política entre los católicos es causa o es consecuencia. En su criterio es consecuencia y lo señala a su vez como causa de otra división más profunda, que a su juicio tiene raíz ideológica, histórica y pastoral 57.

En el orden ideológico, como él lo señala, hay dos posiciones que tienen que ver con la cultura sostenida por el Partido Conservador y las nuevas brechas que de acuerdo a la doctrina social de la Iglesia, la Falange quiere desarrollar. Esto ofrece problemas y oportunidades, pero sin duda se necesita insertarse en una sociedad de constantes cambios para informar cristianamente a la cultura58.

Las razones de tipo pastoral, a juicio de don Manuel, son largas y profundas. La primera es la falta de sentido de Iglesia que tiene que ver con el uso de determinadas opiniones de la jerarquía en función de uno u otro bando: "El concepto verdadero del Obispo es captado por pocos católicos. De ahí que tiendan a clasificar a los Obispos en sus propias tiendas políticas. Si un Obispo habla del derecho de propiedad, se le clasifica como conservador. Si habla de justicia social, como democristiano... (?)"59.

La falta de sentido de Iglesia redunda para don Manuel, en una ausencia del Espíritu de comunidad:

El Catolicismo chileno es profundamente individualista: cada uno tiene sus creencias, sus prácticas, su confesor (que no sólo cumple el papel de director espiritual, sino que dirige su campo de acción), sus obras, etc., El católico chileno no se siente miembro ni de una comunidad orante, ni de una comunidad apostólica. En cambio, se siente miembro de un partido que oriente y condiciones no sólo su conciencia cívica (como debiera ser), sino toda su existencia.

En cambio, el sitio donde todos los católicos, cualquiera fuere su ideología política, debieran encontrarse, es el de la comunidad eclesial60.

Esto implica evitar en la Iglesia la tendencia ideologizante para no mutilar su opinión:

La Iglesia no puede decir cuál es el monto del justo salario que hay que pagar, pero puede y debe protestar cuando el salario legal (individual y familiar no se paga); a la Iglesia no le corresponde promover huelgas, pero puede y debe decir si una huelga es justa o injusta, y si el católico que participa en ella peca o no peca, etc., etc.61.

El sentido misionero de la Iglesia es una cualidad que hay que cultivar porque falta en la mayor parte de los católicos chilenos, y eso a juicio del Obispo de Talca, hace perder la visión dinámica "de la Iglesia y del Mundo y de la Iglesia en el Mundo"62. De allí que no se distinga a veces con claridad entre elementos cambiantes o inmutables de la Iglesia, que como él dice con cierta decepción que den a los partidos políticos su ayuda financiera y dejen morir las obras vitales de la Iglesia63.

La realidad descrita más crudamente por don Manuel Larraín al hablar del problema social en Chile y de la pastoral que debe hacerse cargo de un futuro conflictivo, la expresa de este modo:

Existe el problema, no de las 99 ovejas fieles y de la oveja perdida, sino al contrario. ¿No será peligroso para el futuro continuar en una pastoral casi exclusivamente institucional que nos aísla de la gran masa, en vez de acentuar una pastoral misional que nos lance a la conquista de los ambientes paganizados o semi-paganizados?

Estamos trabajando como si fuéramos un país de vida católica amplia y floreciente, en el cual no hubiera sino que alimentar espiritualmente a las almas, olvidando el problema de la apostasía creciente de los grandes sectores sociales64

Por ello don Manuel reitera la necesidad de ir a las raíces del problema que implican la división entre el Partido Conservador y el Demócrata Cristiano, pero no se agota en cualquiera de las dos facciones. Reclama por un Magisterio que recomiende aquello que es mejor para el bien de la Iglesia y de la sociedad humana. Se permite una alusión que es clara y pertinente y que tiene sin duda raíces históricas en la ya famosa carta del Cardenal Pacelli del año 1934:

No permitir que ningún grupo político de inspiración cristiana, o católicos individualmente, tomen la Iglesia para hablar en nombre de Ella. Esto sólo pertenece a la Jerarquía, sea cada Obispo en su Diócesis, sea a la Asamblea Plenaria del Episcopado. Se ha hecho una costumbre perniciosa en Chile, que cualquier católico o grupo católico defina cuál es la doctrina, y condene en nombre de esa misma doctrina a personas, instituciones o movimientos.

La Jerarquía no puede ceder un derecho que sólo a Ella le corresponde.

La Iglesia debe ser cuidadosísima ante las diferentes corrientes que actúan en el campo católico, una posición abierta e imparcial. Abierta para oír todas las opiniones de los católicos y no tomar decisiones sin escuchar previamente. El oír no disminuye en nada la firmeza de la autoridad.

Imparcial, para que no se pueda jamás pensar que su simpatía o afecto va más a un grupo que a otro65.

Finalizando el escrito, él hace una clara y transparente evaluación de una situación que le toca vivir, cual es aquella de la larga vacancia de la sede metropolitana de Santiago, que a su juicio ha promovido la división de los católicos66. Reconoce que a comienzos de 1958 intentó iniciar gestiones de diálogo conocidas por el nuncio de la época. Reconoce con pesar que no tuvieron éxito.

CONCLUSIONES

El sucinto análisis de los escritos de don Manuel Larraín evidencia un profundo conocimiento de la historia chilena y latinoamericana, así como de un amplio manejo de tendencias sociales, ideológicas y pastorales.

Sin duda, las intuiciones que aquí se esbozaron respecto de los problemas que don Manuel prevé en el presente y en futuro de la Iglesia que le toca vivir, serán confirmadas por el desarrollo histórico de los hechos. Los procesos no sólo eclesiológicos, como en el caso del Concilio Vaticano II, sino de los políticos y sociales, se inclinarán de manera palmaria por aquello que el Obispo de Talca ha visto como consecuencia posible.

Las categorías de análisis y el recurso combinado a esas categorías (teológicas, pastorales, históricas) siguen hoy arrojando luz sobre las problemáticas que él trata y los caminos que él propone recorrer.

NOTAS

1 En la edición de este CD han colaborado: Vice Gran Cancillería, Vicerrectoría de Comunicaciones y Asuntos Públicos y Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

2 El Concilio Vaticano II realizado desde el año 1962 al 1965 tuvo su concreción pastoral en las asambleas del CELAM de Medellín en 1968 y de Puebla en 1979.

3 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Imprenta San José, Santiago de Chile, 1988, pp. 89-93.         [ Links ]

4 De la Noi, P., Op. cit., p. 90.

5 Ibídem.

6 De la Noi, P., Op. cit., p. 91.

7 Cfr., De la Noi, P., Op. cit., p. 91.

8 Ibídem.

9 Ibídem.

10 Ibídem.

11 Cfr., De la Noi, P., Op. cit., p. 91.

12 De la Noi, P., Op. cit., p. 92.

13 Cfr., De la Noi, P., Op. cit., p. 92.

14 A la pastoral del Arzobispo de París: "Essor ou declin de l'Eglise" Cfr. De la Noi, Pedro, Op. cit., p. 92.         [ Links ]

15 De la Noi, P., Op. cit., p. 92.

16 De la Noi, P., Op. cit., p. 93.

17 Prefacio redactado al texto Tierra de Angustia y Esperanza América Latina de los autores Sireau, Zañartu y Cereceda. De la Noi, P., Op. cit., p. 126.

18 De la Noi, P., Op. cit., p. 127.

19Ibídem.

20 Cfr., De la Noi, P., Op. cit., p. 128.

21 Ibídem.

22 Cfr., De la Noi, P., Op. cit., p. 127.

23 Cfr., De la Noi, P., Op. cit., p. 128.

24 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Imprenta San José, Santiago de Chile, 1988, pp. 228-252.         [ Links ]

25 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Imprenta San José, Santiago de Chile, 1988, pp. 222-227.         [ Links ]

26 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Imprenta San José, Santiago de Chile, 1988, pp. 53-64.         [ Links ]

27 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 228.         [ Links ]

28 "Fundada en la urgencia de momentos muy difíciles sociales y políticos de la vida chilena (1931-32), tuvo que sufrir, como todas las obras que se inician, los inconvenientes de la improvisación. No siempre fue claramente comprendida y no siempre también muchos de sus dirigentes laicos o asesores de ramas o centros, tuvieron la debida preparación para orientarla. Digo esto, no como una crítica, sino como un hecho que explica muchas de las deficiencias que posteriormente se han presentado en la A.C. Tampoco, hablando en términos generales en los cuales caben numerosas excepciones, el clero parroquial tuvo una visión clara de lo que la A.C. significaba en el campo pastoral". De la Noi, Pedro, Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 228.

29 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 228.         [ Links ]

30 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 229.         [ Links ]

31 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 251.         [ Links ]

32 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 251.

33 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 236.         [ Links ]

34 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 237.         [ Links ]

35 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 237.

36 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 237.

37 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., pp. 238-239.         [ Links ]

38 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 240.         [ Links ]

39 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Imprenta San José, Santiago de Chile, 1988, pp. 222-227.         [ Links ]

40 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia San José, Santiago de Chile, 1988, pp. 53-64.         [ Links ]

41 Cfr., De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., 1988, pp. 53-54.

42 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 222.

43 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Imprenta San José, Santiago de Chile, 1988, p. 222.         [ Links ]

44 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., 1988, p. 53.         [ Links ]

45 De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Op. cit., 1988, p. 225.         [ Links ]

46 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 225.

47 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 226.         [ Links ]

48 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo V La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 226.

49 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 56.         [ Links ]

50 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en su Liturgia, Op. cit., p. 60.         [ Links ]

51 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 226.

52 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., pp. 279-285.         [ Links ]

53 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 279.

54 Ibídem.

55 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 280.         [ Links ]

56De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 279.         [ Links ]

57 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 280.

58 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 281.         [ Links ]

59 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 281.

60 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 282.         [ Links ]

61 Ibídem.

62 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 283.         [ Links ]

63 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 283.

64 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 283.

65 De la Noi, P., Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 284.         [ Links ]

66 Cfr., De la Noi, P. , Mons. Manuel Larraín E., Escritos Completos, tomo I La Iglesia en el Mundo, Op. cit., p. 284.

 


Artículo recibido el 06 de noviembre de 2009. Aceptado por Comité Editorial el 23 de marzo de 2010.