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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.23 n.1 Talca  2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762008000100005 

 

Revista Universum Nº 23 Vol. 1: 66-81, 2008

ARTÍCULOS

 

LA PLUMA DEL BARRETERO
La cultura obrera ilustrada en Tarapacá antes de la masacre de 1907. Una reflexión en torno a la figura de Osvaldo López Mellafe1

 

Sergio González Miranda (*)

(*) Sociólogo, Magíster en desarrollo regional, Doctor en Educación y Doctor en Estudios Americanos con mención en relaciones internacionales. Correo electrónico: sgonzale@unap.cl


RESUMEN

Este artículo aborda, a través de un caso biográfico, lo que fue la cultura obrera ilustrada de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX en Tarapacá. Analiza la importancia, la acción política y cultural de la organización obrera en el desarrollo de la conciencia social que tuvo por desenlace la huelga y posterior masacre de la escuela Santa María de Iquique en 1907, acontecimiento que marcaría un punto de inflexión, tanto para la organización como para la cultura obrera de la época. Se hace referencia al movimiento mancomunal, al partido demócrata y al movimiento anarquista.

Se analiza de modo preferente lo que fueron los memoriales obreros de 1904 y la consecuente visita de la Comisión Consultiva enviada para recorrer la pampa salitrera, como una de las primeras acciones del Estado respecto de la cuestión social en el norte salitrero de Chile.

El personaje estudiado en el presente trabajo es Osvaldo López Mellafe, militante del partido Demócrata, director del periódico El Pueblo, autor de la novela (maldita) Tarapacá y de un Diccionario Obrero, entre otras obras, cuya labor de propaganda de la ideología obrera le significó tener un papel protagónico en la redacción de los Memoriales de 1904, plataforma reivindicativa fundamental para el movimiento huelguístico de 1907. Este artículo rescata a este intelectual obrero de un injusto olvido en la historiografía del movimiento obrero chileno.

Palabras claves: Cultura ilustrada - Conciencia social - Organización obrera.

ABSTRACT

This article tackles, by means of a biographical case, what the erudite labour culture was at the of the 19th century in Tarapacá. It analyzes the significance, the political and cultural action of the labour organization in the development of social conscience that ended in the strike and the subsequent massacre at the Santa Maria school of Iquique in 1907, event that would set a turning point both organization and labour culture at that time. They mentioned the mancommunal movement, the Democratic Party and the anarchist movement.

It analyzes in a preferent way what the labour memorials were in 1904 and the subsequent visit Consultive Committee sent to travel across the salpetre-pampas as one of the first State's actions with regard to the social matter in the nitrate north of Chile.

The figure that this work studies is Osvaldo López Mellafe, militant of the Democratic Party, director of the El Pueblo newspaper, author of the (damned) novel Tarapacá and a Worker Dictionary, among other pieces of work, whose job propaganda of the worker ideology was to have a prominent role in the composition of the Memorials of 1904, fundamental restoring platform for the striker movement in 1907. This article recovers of this intellectual worker from an unfair oblivion of the chilean labour movement's histogriaphy.

Key words: Ilustrated culture - Social conscience - Labour organization.


I. INTRODUCCIÓN

El historiador y filósofo Eduardo Devés señalaba la existencia en Chile de una cultura obrera ilustrada decimonónica, que llegaría a su fase final hacia el centenario de la República2. Sin embargo, esta cultura y movimiento obreros en el mundo del salitre tuvo un momento de inflexión anterior a 1910: la masacre de la escuela Santa María de Iquique de 1907. La derrota obrera de ese día 21 de diciembre significó un repliegue de algunas organizaciones obreras (movimiento anarquista), la desaparición definitiva (movimiento mancomunal) o la transformación de su estructura (partido Demócrata)3. Dos rasgos de ese cambio en la organización obrera fueron: uno, una mayor politización, generando ello la emergencia del partido político hacia 1912 (Partido Obrero Socialista) y, dos, la desaparición del internacionalismo. La cultura obrera sufre un impacto importante, pero se conservan las filarmónicas y el teatro popular hasta casi finalizado el ciclo de expansión del salitre4.

Este artículo aborda ese periodo inmediatamente anterior a los sucesos de 1907 y que permiten explicar la emergencia de esa huelga obrera, analizando el papel que tuvo uno de los más destacados obreros ilustrados que vivió en Iquique hasta 1906: Osvaldo López Mellafe. Aquí se pretende rescatar su figura y su estatura intelectual desde una mirada más amplia a una biografía de su obra política o periodística. López fue autor de la primera novela social del salitre, también de un diccionario biográfico obrero, fue quien redactó los memoriales obreros de 1904 que se presentaron al entonces presidente Germán Riesco y que dio las bases de los pliegos de peticiones de la gran huelga de diciembre de 1907.

La existencia de un estamento obrero ilustrado fue, sin duda, fundamental en el mundo del salitre para alcanzar el desarrollo de la conciencia y movimiento sociales, antes y después de los sucesos de 1907. Numerosos fueron los obreros ilustrados que tuvieron la responsabilidad de orientar a la sociedad del salitre respecto de sus derechos y emancipación social y cultural. Como no podemos tratarlos a todos, hemos escogido a uno en particular para que sirva como ejemplo de lo que fue un obrero ilustrado durante del ciclo del salitre.

II. EL NORTE SALITRERO Y LA CULTURA OBRERA

Julio Cesar Jobet, nos dice que a fines del siglo XIX, "a consecuencia de la evolución capitalista basada en el desarrollo creciente de la minería, surge el proletariado que empieza a luchar con marcada conciencia clasista por sus reivindicaciones económicas. Se organizan los primeros grupos revolucionarios y aparecen sus publicaciones iniciales: folletos doctrinarios y periódicos de lucha"5. La minería del salitre no fue ajena a ese fenómeno social, cultural y político, al contrario, fue quizás una región donde más se desarrollo la conciencia de clase en Chile6.

El norte salitrero de Chile (Tarapacá, Antofagasta y Taltal) vivió durante el siglo diecinueve cambios importantes, tanto de su economía como de su sociedad producto de la explotación del nitrato. Estos cambios fueron tan profundos que no sólo hubo una nueva soberanía en dichos territorios, pasaron de Bolivia a Chile (Antofagasta) y de Perú a Chile (Tarapacá), sino también cambió la composición poblacional en un período no superior a medio siglo; la población chilena se hizo mayoritaria mientras disminuía la peruana y se consolidaba la boliviana en un sólido segundo lugar. Del mismo modo, llegaron a sus costas dirigentes que fundaron organizaciones obreras, educadores que crearon escuelas para obreros, tipógrafos que organizaron periódicos, dramaturgos que fundaron teatros, intelectuales que dieron vida a Centros Culturales como el Ateneo. Entre ellos llegó Osvaldo López a fundar en 1899 el periódico El Pueblo, perteneciente al partido Demócrata.

Fue la expansión de la producción y exportación del salitre, debido al éxito en la introducción del sistema Shanks hacia 1876, lo provocó en el norte salitrero una mayor movilidad hacia el desierto. El nitrato fue un producto mundializado, pues se distribuyó a través del mercado internacional en todos los continentes, permitiendo, por lo mismo, un vínculo económico y, por añadidura, social y cultural, con los principales puertos y capitales del planeta. El norte salitrero fue, en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del veinte la región más internacionalizada de Chile, siendo además un contenedor de emigrantes laborales y una región de interés de viajeros, investigadores y aventureros7.

Entre esos trabajadores y aventureros que no le temieron al desierto llegaron personas de la más variada calidad humana, destacándose algunos intelectuales y obreros ilustrados que dieron inicio en Tarapacá, primero, y en Antofagasta y Taltal, después, de un movimiento obrero que escribiría algunas de las más importantes páginas de la historia social de Chile. En la medida que el nitrato se transformaba en un fenómeno económico dominante para Chile, paralelamente en el propio territorio salitrero emergía un fenómeno socio-cultural cada vez más denso. Se podía observar cómo el desierto se transforma en una sociedad moderna.

En la costa este fenómeno socio-cultural permitió la organización de los obreros, a partir de los años ochenta del siglo XIX. Fueron las sociedades de socorros mutuos las que inician este proceso organizativo y que culmina con la fundación, hacia 1900, de la Gran Combinación Mancomunal Obrera8 , liderada por un obrero portuario, socio de la Sociedad Gran Unión Marítima de Iquique, don Abdón Díaz, con quien este tipo de sociedades deja de evitar el problema político y comienza a involucrarse en la contingencia, a transformarse en un movimiento de emancipación social en todo el litoral salitrero, llegando a influir a otros puertos del país, desde Pisagua hasta Valdivia, y también a la pampa salitrera. Paralelamente, el partido Demócrata, con su periódico El Pueblo, también inicia un proceso de lenta reivindicación social, siendo la figura de Osvaldo López, editor, la principal.

La demanda obrera desde la huelga general de Iquique de julio de 1890, fue una constante en la relación entre trabajadores y patrones salitreros, donde el Estado tuvo un papel de mediador hasta 1907, cuando se desequilibra esta relación a favor de los empresarios. Hubo, hasta 1907, una apuesta por parte del movimiento obrero en la imparcialidad del Estado que, en virtud de la justicia social, le daría la razón a una de las partes. Es por ello, la importancia de la palabra, del petitorio o memorial, por lo tanto, era esencial el papel de quien, utilizando la pluma, podría convencer a las autoridades de la justa demanda obrera. Esta ingenuidad o candidez es la que desaparece con los acontecimientos de 1907.

Pablo Artaza, rescata una carta fechada mayo 23 de 1901, inspirada en la señalada ingenuidad, que está dirigida al ministro del Interior y redactada por una Comisión que representaba a dos mil trescientos cincuenta obreros, que protestaban por los abusos de los patrones salitreros en la pampa. Observamos entre los principales firmantes a Osvaldo López9.

Estas demandas no pudieron ser redactadas sin una inteligencia organizada o sin liderazgo. Así como llegaron ilustres visitantes, investigadores o profesionales que estuvieron al servicio de las compañías salitreras, también llegaron intelectuales y obreros ilustrados que se pusieron al servicio del movimiento social. Entre ellos destacaron los obreros tipógrafos o periodistas, como fueron los casos de Abdón Díaz, Maximiano Varela, Luis Olea, Víctor Domingo Silva, Augusto Rojas Núñez, Felipe Marcial Garcés, Delfín Concha, Francisco Loayza, Casiano Aguirre, Oscar Sepúlveda, Félix Hernández, Gregorio Trincado, Nicanor Polo, Luis E. Recabarren, Elías Lafertte, Delfina C. de Díaz, Olegario Álvarez, Alejandro Escobar y Carballo, Máximo Alfaro Julio, Ricardo Benavides, Rosario Calderón, Osvaldo López, entre otros tantos.

Luis Moulian cita la descripción que hace Virgilio Figueroa de Osvaldo López: "Un hálito de repudio, una sombra siniestra y casi la maldición bíblica del judío errante pareció rodear la existencia de este modesto obrero del pensamiento. Fue un eterno amargado y a pesar de eso fue pianista, comediante, periodista, compositor y autor de la obra indicada (diccionario obrero) que no concluyó y trabajó en ella diez años", para replicarle señalando: "Es francamente increíble que conociéndose la calidad humana y la capacidad de Osvaldo López para crear y dirigir periódicos, su liderazgo silencioso entre los trabajadores de las salitreras, sea un personaje olvidado por la historiografía chilena. Quedan pocas huellas de este intelectual pobre y las pocas que quedaron son estos juicios lapidarios que, sin inmutarse, lanza Virgilio Figueroa"10. En este artículo esperamos que el lector comprenda el por qué de la amargura de Osvaldo López señalada por Virgilio Figueroa, y del olvido imperdonable que denuncia Luis Moulian.

III. DE LOS MEMORIALES DE 1904 A LA MASACRE DE 1907

La importancia de los Memoriales Obreros de 1904 ha sido destacada por el historiador Enrique Reyes Navarro11 y, por lo mismo, no entraremos a analizar en detalle los diversos pliegos de peticiones de los gremios y de los patrones.

Los Memoriales Obreros de 1904 nos indican el pensamiento y organización obreros de la época y su consecuente desarrollo de la conciencia proletaria. Hubo ese año una organización clave para entender dicho movimiento social, la llamada Combinación Mancomunal Obrera, que desempeñaría un papel contradictorio que va desde la negociación con el Estado12 hasta la organización y apoyo a la protesta social13. Las Mancomunales fueron, básicamente, organizaciones del norte salitrero, a pesar de que existieron en otros puntos del país. Fueron organizaciones de los puertos, aunque su influencia y presencia estuvo también en la pampa. La Combinación Mancomunal de Obreros de Iquique estaba presidida por don Abdón Díaz, y reunía a los principales gremios, tanto de este puerto como de las caletas existentes entre Pisagua e Iquique.

La Combinación apoya la creación de las mancomunales en otros puertos, como el de Tocopilla, donde la mancomunal ese año comienza a reorganizarse después de una dura persecución de parte de jueces que encarcelan a dirigentes obreros, entre los cuales está el "valiente escritor y periodista Luis Emilio Recabarren" como lo publica el diario El Trabajo (órgano oficial de la Combinación Mancomunal Obrera) de Iquique el 6 de agosto de 1904.

El 17 de abril de 1904, en Iquique, la Combinación realizó una gran convención obrera donde llamó a participar a todos los obreros de Tarapacá y, posteriormente, el 15 de mayo del mismo año, en Santiago, efectuó la "gran asamblea de instituciones obreras", en la cual la participación de la Combinación Tarapacá fue determinante, especialmente en considerar a sus estatutos como los básicos de una mancomunal. Con posterioridad a esta asamblea, fueron recibidos por el Presidente de la República, Germán Riesco, y parlamentarios de la época.

No fue esta organización la única que estuvo detrás del éxito de los "memoriales" que fueron entregados al Presidente Riesco, sino también el Partido Demócrata hizo lo suyo, bajo el liderazgo del diputado Malaquías Concha y el periodista Osvaldo López.

El 16 de marzo, en Iquique, se reunieron en la redacción del periódico El Pueblo, el ministro con los representantes de los distintos cantones salitreros de Tarapacá, todos con poderes acreditados por los obreros de cada cantón. Estos delegados acordaron que dirigiera los debates don Osvaldo López y como secretario, don Miguel Alberto Zenteno.

Osvaldo López, en su Diccionario Biográfico, nos recuerda sobre su participación en este movimiento de 1904: "hablamos de un comité obrero de la pampa que se organizó en 1904. Tuvo por objeto hacer una exposición a esa Corte que fue a Tarapacá presidida por el que entonces era ministro señor Rafael Errázuriz Urmeneta, respecto los abusos y violencias de los oficineros y los vejámenes que sufrían y sufren los pampinos.

Ese comité les presentó un memorial que después fue impreso en un folleto y repartido entre los Diputados y Senadores, yendo a Santiago mismo una comisión de ese grupo. Después de una serie de sesiones durante seis días, confeccionó el trabajo y se acordó presentarse el Ministro, y su comisión distribuyéndose entre los miembros del comité los números de los considerados expuestos en el Memorial.

Los puntos que se trataron y que quedaron de tratarse en el Congreso, fueron los siguientes:

1. Los vales y fichas como moneda inconvertible y de circulación forzosa en todas las oficinas.
2. La restricción del libre comercio
3. La cuota mensual obligatoria para médico y botica, de una peso por persona.
4. Las desgracias causadas en las máquinas cachuchos, ferrocarriles, calicheras y polvorines, por la falta absoluta de seguridad.
5. Usurpación de atribuciones de los industriales salitreros para imponer contribuciones a los comerciantes particulares.
6. La enseñanza secundaria y superior, deficiente y mal remunerada.
7. Deficiencia también de la justicia de menor cuantía.
8. Seguridad y garantías para el ahorro.
9. Higiene en los campamentos.
10. Expulsión de obreros de las oficinas sin aviso previo y manera de expulsarlos.
11. Rebaja del precio del trabajo después de ejecutado.
12. Pasajes y fletes alzados del Ferrocarril Salitrero, completamente antojadizos, impuestos en algunos ramales, sin sujeción a tarifas.
13. Fraudes de los pulperos e oficinas en la disminución del peso de los artículos de primera necesidad.
14. Corriente de inmigración clandestina de extranjeros para sustituir a los trabajadores chilenos, verificada por los salitreros sin autorización del Estado.
15. Fabricación de licores en las pulperías con alcoholes y otras sustancias nocivas.
16. Abandono de cementerios
17. Supuesto jornal de ocho pesos diarios que se atribuye gana el operario en la Pampa.
18. Violación de los hogares por la fuerza de policía, sin orden que emane de autoridad competente.
19. El juego de azar tolerado por la policía en todas las fondas de las oficinas.
20. Usurpación de atribuciones judiciales de parte de los salitreros para aplicar multas que van a la caja del establecimiento.
21. Violación de correspondencia, interceptación de impresos y mal servicio de las agencias postales.
22. Restricción del derecho de reunión y petición
23. Agua potable insalubre.
24. Educación forzosa y protección a los huérfanos.
25. Las habitaciones malsanas y enfermizas de los obreros
26. Las policías al servicio de los salitreros y el desamparo de los pueblos.
27. Los obreros calumniados, sindicándolos de ser amenaza constante para el capital y la vida de los industriales.
28. Terrenos fiscales concedidos en arrendamiento a particulares para casas de prostitución.

El presidente de la Combinación Mancomunal Obrera, don Abdón Díaz, recuerda en el periódico El Trabajo 2/7/1904 de dicha organización, que después de entregarle el manifiesto a S.E. el presidente de la República, "éste lamentó la mala justicia que se hacía en el Norte con la mancomunales y prometió obrar directamente en el sentido de dar garantías; y respecto del manifiesto que después de estudiarlo con el señor Ministro lo pasaría á la Comisión Consultiva que está funcionando en Santiago..." 14

La Comisión Consultiva estuvo en Iquique dos días, durante los cuales se reunió con autoridades y representantes de la industria, el comercio y los trabajadores. Recibió antecedentes para el estudio encomendado. Las oficinas salitreras recorridas fueron, en el distrito sur: Alianza, Slavonia, Granja, Central Lagunas y Santa Lucia; en el distrito centro: Cala Cala, La Palma, Ramírez, Rosario de Huara, La Santiago, Constancia, y Agua Santa; en el distrito norte: Primitiva, Rosario de Negreiros, Josefina, Aguada, Recuerdo, Porvenir, Santa Catalina, Santa Rita, San Patricio y Trinidad.

El informe menciona la siguiente finalidad para dicha Comisión: "realizar un vasto estudio, acordando aplicarse desde luego a aquellos que se refieren a la situación moral y material de los obreros, a estudiar el trabajo, sus salarios y demás condiciones; el capital, las relaciones que uno y otro guardan entre sí y con los poderes públicos; los servicios generales que interesan a la colectividad, tales como los de instrucción y culto; los de seguridad y de edilidad; las habitaciones de obreros y las instituciones que, como el ahorro en sus diferentes formas, pueden mejorar las condiciones de la vida del trabajador y la suerte de las industrias, así en el momento presente como en el provenir."

"...En la vida del desierto no se deja sentir con eficacia la intervención moderadora de los agentes naturales de toda cultura, a saber: la mujer, la familia, la propiedad distribuida entre muchos, la diversidad de las transacciones y de los negocios; y, en suma, las satisfacciones de diverso orden que en un nivel común de educación y moralidad trae consigo."

"...Desde luego, que la condición moral de los obreros de la pampa es a todas luces deficiente e influye, sin duda alguna, en el fomento de su malestar. El operario vive deprimido por el abandono moral en que se le olvida. Ni la autoridad pública ni los patrones mismos han cuidado hasta ahora lo bastante de llenar de la vida ruda del obrero con la asistencia que les es debida en forma de enseñanza práctica, de religión, de dispensatorios y hospitales, de estímulo al ahorro, de distracciones y de represión alcohólica."

A los pocos días después que la Comisión Consultiva liderada por Errázuriz Urmeneta regresó a Santiago, llegaron a Iquique los diputados del partido Demócrata señores Malaquías Concha y Artemio Gutiérrez, donde se pudieron informar de las demandas de los obreros.

Frente a esta iniciativa gubernamental y a la crítica por las condiciones de vida en las salitreras, los patrones respondieron con su propio Memorial, señalando que ellos debían costear no solamente las inversiones que requieren las industrias del nitrato, sino también el pago de la policía, la creación de escuelas, etc., preocupaciones que deberían ser del Estado chileno que recibía, tanto por impuestos como por arrendamientos de estacas salitrales, aproximadamente un tercio de los ingresos por salitre y yodo15.

Esta visita Consultiva al norte16 grande no sería la última durante el ciclo del salitre, otras Comisiones recorrieron también las salitreras en 1913 y 1919.

Tanto Abdón Díaz como Osvaldo López, uno desde la mancomunal y el otro desde el partido Demócrata, creyeron haber triunfado en su apuesta por el diálogo con el Estado que, suponían, les había dado la razón. Sin embargo, el término del gobierno de Germán Riesco dejó todo en nada, tal como lo señaló Alberto Edwards este presidente hizo honor a su máxima "yo no soy una amenaza para nadie."17 Díaz y López sufren esa derrota y el movimiento obrero cambia de liderazgo trasladándose desde la costa al desierto, donde serán los anarquistas quienes tomarán la posta en 1907.

El Pueblo le obsequió un poema al presidente Riesco, escrito por Egidio Vergara de la oficina Sloga (7 de noviembre de 1905), cuyas primeras estrofas dice:

Uno de los presidentes,
jamás se podrá olvidar,
lo que ha hecho don Germán
hasta la fecha presente.

Alegan sus partidarios
que obras de gran importancia
y trabajo en abundancia
dejó al pueblo proletario.
Pues yo digo lo contrario,
que ha sido el más indolente,
y que la sangre a torrentes,
corrió en su administración…

Es notoria la frustración que produjo el gobierno de Germán Riesco, debido a las altas expectativas que había surgido en el elemento obrero salitrero. De ese modo en la pampa se comenzaría a perder la ingenuidad o candidez y la confianza hacia el Estado. Recién con la huelga de diciembre de 1907 y posterior matanza obrera del día 21 de ese mes, se produce un momento de inflexión respecto del balance del poder en Chile y en el norte salitrero en particular.

En su relato sobre la matanza de la escuela Santa María de Iquique18, Elías Lafertte, señala que: "El sábado 21 de diciembre, los pampinos, ávidos de noticias se precipitaban a recoger los volantes que imprimía la Mancomunal y se arrebataban los diarios de Iquique buscando en ellos la ansiada nueva del arreglo. En la mañana salía "El Pueblo", una hoja demócrata que dirigía Osvaldo López (El Mocho), y el diario radical "El Tarapacá", fundado por don Enrique Mac Iver. Ambos publicaban una noticia tan dura como inesperada: se había decretado el estado de sitio." Existen dos imprecisiones en este recuerdo de don Elías, uno, que el diario El Pueblo en 1907 había cambiado su nombre por el de El Pueblo Obrero y, dos, Osvaldo López ya no se encontraba en Iquique, pues en 1906 le habían quemado el periódico, lo cual le llevó a partir hacia otros rumbos. Ya antes le habían quemado y requisado su novela Tarapacá, que escribió en conjunto con su compañero de labores Nicanor Polo, bajo el seudónimo Juanito Zolá.

Sin embargo, no es extraño que se equivocara, porque no sólo El Pueblo Obrero era la continuación de El Pueblo, perteneciente al partido Demócrata, sino también era sabido que Osvaldo López había tenido un papel protagónico en la organización de Comisiones obreras por oficinas y en el pliego de peticiones.

Comparemos la Comisión de 1904 presidida por López y la de 1907 presidida por Jose Briggs:

Presidente: Osvaldo López; Secretario: Miguel A. Zenteno

1. Manuel A. Montenegro, Delegado del cantón Lagunas y oficinas Virginia, Alianza.
2. Ricardo Benavides, Delegado del cantón Alto Antonio
3. Juan de Dios Jonquera, Delegado de la oficina Cataluña
4. Rogelio Allende, Delegado del cantón Primitiva
5. Luis Ponce, Delegado de los cantones Dolores y Zapiga
6. Agustín Orellana, Delegado del cantón Pozo Almonte
7. Olegario Álvarez, Delegado de "Alianza"
8. Luis F. Barrios, Delegado de "La Granja"

Comité de Huelga:

Presidente José Briggs.  
Vicepresidente Manuel Altamirano  
Vicepresidente Luis Olea  
Tesorero José Santos Morales  
Secretario Nicanor Rodríguez  
Pro Secretario Ladislao Córdova  
Delegados Francisco Ruiz Oficina San Lorenzo
  Rosario Calderón Santa Lucía
  Roberto Montero San Agustín
  Juan de D. González Esmeralda
  A. Méndez La Perla
  Pedro Sotomayor Santa Clara
  Samuel Toro Santa Ana
  José Paz Cataluña
  Luis Córdova Argentina
  Evaristo Peredo Palmira
  Eelis Paiva San Pedro
  José M. Cáceres San Enrique
  Arturo Tapia Cholita
  Manuel Quiroz Sebastopol
  Ladislao Córdova San Pablo
  José M. Montenegro Cóndor
  Germán Gómez Pirineos
  Ignacio Monarde Buen retiro
  Ramón Fernández Carmen Bajo
  Julio Irigoyen San José

Y los siguientes ayudantes, Ignacio Morales, Roberto Leyton, Arturo Segundo Encalada, Carlos Castro, Ramón L. León, Manuel Arias, José Vera, Ernesto Araya, José 2º Alarcón, José Roza Guerrero, Zenovio Valenzuela, Víctor Carpa, Pedro Fernández, Guillermo Miranda, Hipólito Galarza, Francisco Bugueño, Juan Jones, Ceferino Molina y Fermín Rojas.

Si observamos la forma de organización que los obreros se dieron para la gran huelga de 1907, podemos observar a los Comités Obreros con delegados por oficinas salitreras, tal como lo hizo López en 1904.

Osvaldo López, como buen obrero ilustrado, no fue un mero agitador político, su preocupación por la cultura y la educación de los obreros fue constante. Una característica de El Pueblo, bajo la dirección de Osvaldo López, fue la poesía y la literatura en general, como arma o herramienta intelectual esencial para emancipación de los obreros. Muchos obreros escribieron y desarrollaron su pluma en las páginas de El Pueblo19. Algunos de estos poetas salitreros escondían sus identidades detrás de seudónimos, como Fray K Bezón, Fray K Nasto, Juan Calceta, TD Monio, Sagasquino, etc., posiblemente por una moda de la época, pero también para evitar represalias ante la crítica social que se expresa a través de la poesía.

Osvaldo López Mellafe señala, en su Diccionario Biográfico Obrero, respecto de este oficio: La historia de la literatura, en el pasado siglo, presenta hermosos ejemplos de lo que puede el talento de los pobres. Grandiosos monumentos literarios, sin testigos del genio y energía de los modestos luchadores del trabajo.

El obrero, que se dedica a las letras, empuña como bandera de batalla la de la defensa del proletario; y es por eso que su fama queda circunscrita entre sus hermanos de infortunio, sin que pueda alcanzar un sillón académico o los aplausos de la orgullosa y egoísta aristocracia.

La idea de redimirse fue esencial para estos intelectuales de la clase obrera, una idea positivista que pretendían sacar de la oscuridad a los obreros que estaban sumidos en la pobreza y el trabajo enajenante. La escuela para obreros fue una demanda permanente, y el teatro popular también fue un medio para que los trabajadores aprendieran a hablar en público. Uno de los colaboradores más estrechos que tuvo Osvaldo López fue Rosario Calderón, un ejemplo notable de esa transformación personal que el idealismo mancomunal o demócrata esperaba. Este obrero fue utilizado por Hernán Rivera Letelier en su novela Santa María de las flores negras como un personaje de ficción.20

Osvaldo López les llamaba "los soldados de El Pueblo" a quienes lo apoyaron en su misión de difundir el pensamiento socialista del Partido Demócrata, a través de la distribución del periódico en las oficinas salitreras.

Veamos una carta que el ex obrero pampino Fortunato Aranda le escribió a Osvaldo López.

"Talcahuano, Enero 6 de 1906.- Señor Editor El Pueblo.- Iquique.

000000000000000000000Mi señor mío:

He recibido hasta la fecha con toda regularidad su interesante periódico del que me enorgullezco siendo suscritor, porque en esa valiente publicación, se hace guerra cruda a la burguesía explotadora defendiendo a los braceros de las pampas, esos desgraciados mártires de la Siberia caliente.

El Pueblo es el único periódico que va de frente contra los abusos de los capitalistas y oficineros de esa zona.

Yo permanecí diez años en esas rejiones malditas, y pasé por todas las vejaciones y sufrimientos que hacen gala, como autores, los propietarios salitreros.

Mi amigo Montenegro, que se encuentra en esa Redacción fue testigo y coparticipó de las tantas amarguras que pasábamos en Centro Lagunas.

Hoy que me hallo en una campiña llena de vegetación rodeado, con todos mis queridos hermanos, trabajando metódicamente, puedo apreciar horrorizado las grandes injusticias que se encierran en esas oficinas del Tamarugal, en donde el sudor y las fatigas del pobre van, trasformadas en oro, a llenar la bolsa insaciable de los capitalistas, y pienso con lástima en mis pobres compañeros de infortunio.

Ojala llegue hasta ellos mi recuerdo.

En fin, señor editor, aunque me hallo en tierras lejanas, esté convencido que mi amor hacia nuestro querido interdiario obrero El Pueblo no se ha borrado, ni se borrará jamás.

Reciba la adhesión sincera de su seguro servidor.- Fortunato Aranda R.

La mirada de don Fortunato es producto más de la injusticia que de la pampa. Como bien dice Homero Bascuñán, Don Pingua, "¡Cuánto no quisieran ellos -los viejos pampinos- decir de esa pampa, que a pesar de todo llegaron a querer! Fue un duro regazo y una dura escuela su aspereza gris…"21

En marzo de 1901 fue atacado, y el periódico apedreado, en un asalto organizado por matones del periódico El Calichero. Pero lo más grave fue en 1905 cuando fue procesado por criticar al Vicario Apostólico de Tarapacá Guillermo Juan Carter, porque López le criticaba su oposición al proyecto de ley de instrucción primaria obligatoria que Pedro Bannen había presentado para su promulgación en el Congreso.

Así publicó el periódico El Pueblo el atentado que sufrió el jueves 26 de octubre de 1905.

"EL PUEBLO"
Iquique, Sábado 28 de Octubre de 1905
INTENTO DE ASESINATO
El editor de "El Pueblo" es bárbaramente apaleado y mutilado.
Un compañero suyo queda aturdido a garrotazos.
Los asaltantes son cinco.
Uno de ellos es reconocido por las víctimas.
La justicia en acción.

Antenoche se ha consumado en la calle de Tacna esquina con la de Sotomayor un crimen salvaje y abominable, que revela en sus autores ó instigadores instintos verdaderamente fiera y que por las circunstancias de que aparece rodeado habrá de despertar en todas partes general indignación.

El Editor del periódico liberal independiente El Pueblo, señor Osvaldo López Mellafe, fue bárbaramente apaleado, de la manera más alevosa, y por último mutilado de la oreja izquierda, que se la arrancaron de un solo corte de puñal.

Carlos Lazo, joven obrero que lo acompañaba, fue también estropeado de un modo brutal, recibiendo golpes en la cara y la cabeza, al parecer con arma contundente, que lo tienen en estado lastimoso.

La noticia del asalto circuló ayer en las primeras horas de la mañana, dándose junto con ella algunos por menores sobre los criminales.

Supimos que López y Lazo se encontraban en el Hospital y allá nos dirigimos después de medio día.

Haciendo un gran esfuerzo y con palabras débiles y entrecortadas, el señor López empezó á relatarnos que en la noche del Domingo había estado en la retreta de la Plaza Prat en compañía de su amigo, el doctor don Manuel Cuadra; que de allí se había dirigido á la Sociedad Filarmónica de Obreros, Serrano 213, donde permaneció hasta las 11:15 más o menos, hora en que ambos se retiraron para separarse en la Plaza Condell; que en la esquina del Hotel Génova se encontró con Carlos Lazo, prensista de diario llegado hace poco de Valparaíso y quien se ofreció para acompañarlo hasta su casa; que en las calles de Ramírez y Esmeralda un individuo de mala catadura les pidió fuego, dándoselo Lazo y desapareciendo en seguida rápidamente; que desde aquel punto divisó parados a cuatro individuos en la esquina de Esmeralda con Tacna, ó sea junto á su casa; que á fin de despistarlos resolvió irse por la de Sotomayor, lo que su compañero estimó también más conveniente; y que al desembocar á la de Tacna se les fueron encima cinco individuos, armados unos al parecer de manoplas y con garrotes otros, quienes sin darle tiempo para defenderse los derribaron a golpes con ensañamiento salvaje. No satisfechos todavía de su criminal acción, uno de ellos sacó una cuchilla y le mutiló á él (López) la oreja izquierda, arrojando en seguida lejos de sí el trozo de palpitante carne ensangrentada…. Entre tanto, su compañero Lazo yacía en tierra sin sentido por los tremendos garrotazos que le habían dado.

Y Ud. ¿no reconoció á alguno de los asaltantes? le preguntamos.

Si, felizmente, nos contestó: uno de ellos me parece que era el tramoyista del Teatro, Tomás Marincovich, y fue él precisamente quien se ensañó más conmigo desde los primeros momentos del asalto. Los demás no pude identificarlos por causa de la oscuridad; pero si me fueran presentados, creo que los reconocería en el acto. -Vuelto en sí mi compañero, nos encaminamos hacia la antigua Botica Alemana, calle de Tarapacá esquina con la Plaza Prat donde se nos hizo la primera curación, y de allí fuimos a la Policía, la que nos envió al Hospital. Como último dato debo declarar a Ud. que en la pasada semana se me dijo por algunos amigos que me cuidara mucho, porque el 2º. Alcalde don Wenceslao Cavada había dicho que tenía que hacerme matar á palos, por ciertas revelaciones de mi periódico. El Pueblo sobre cuantiosas entregas de dineros municipales para la compra y sostenimiento de la imprenta en que se edita La Estrella de Chile. Le prometo mandar los números de mi periódico en que aparecieron esos artículos, que pueden servir á la justicia como el mejor antecedente para descubrir el origen de los verdaderos autores de este infame atentando contra mi vida.

Este atentado fue la gota que rebasó el vaso y López toma de decisión de partir de Iquique. Para cuando comienza el movimiento que dio origen a la masacre obrera de 1907, Osvaldo López se encontraba desarrollando su oficio de periodista en Antofagasta. Curiosamente, Luis E. Recabarren se encontraba en Buenos Aires. La diferencia es que el primero seguiría su viaje hacia el sur, para concluir en Concepción (donde terminó su Diccionario Biográfico Obrero) y Santiago, mientras el segundo volverá al desierto para tomar el bastón de mando del movimiento obrero.

Osvaldo López abandonó Iquique después del incendio del periódico en julio, quizás también decepcionado por los nulos resultados del esfuerzo de 1904. Ese año de los Memoriales fue también cuando editó su novela Tarapacá, donde denunció la corrupción de la sociedad salitrera de la época, la misma que se encargó de destruirla y quemarla haciendo desaparecer casi toda la edición. Ya en diciembre de 1899 había sido asaltado con claras intenciones de asesinarlo, quedando herido de un brazo. Rosario Calderón le dedicó dos largos poemas donde denuncia este asalto, veamos sólo una breve estrofa:

Señor López: Ud ha sido
Víctima de los malvados
Que se sienten ofendidos
Porque les ha denunciado
Los desmanes cometidos.

(Of. Virginia, El Pueblo 12 de diciembre de 1899)

Era el estilo de entonces, enfrentar el agravio y el crimen con la pluma del poeta, con la escena del actor, con la palabra de orador.

IV. LA NOVELA (MALDITA) TARAPACÁ

Historiadores del salitre, como Manuel Fernández Canque o Enrique Reyes Navarro, entre otros, nos hablan de la emergencia de la conciencia obrera o proletaria. Ese concepto puede definir desde una cierta perspectiva el fenómeno que trata de explicar el desarrollo del movimiento obrero, su organización y su capacidad de crítica social. Sin embargo, consideramos que este fenómeno es más complejo que la emergencia de una ideología, expresa también una mentalidad, un pensamiento y una identidad no sólo de clase, sino también territorial, donde el desierto no es ajeno.

Nos preguntáramos si hay una filosofía, una ideología o una ética del desierto salitrero, alguien podría afirmar que esa filosofía, ideología o ética se expresó en el movimiento obrero, habría muchos argumentos para así afirmarlo, pero por plausible que sea no es posible hacer una afirmación tan categórica. Empero ello no significa que no haya un relación entre el desierto y el fenómeno del movimiento obrero, incluyendo la emergencia de una conciencia social. Sin embargo, esa relación no es muy evidente cuando vemos la relevancia de las ciudades, especialmente de los puertos, en el desarrollo de ideas emancipatorias.

Podríamos afirmar que existe una ética del desierto, algunas de las más importantes religiones del mundo han surgido de este tipo de geografía tan extrema. El habitar el desierto ha sido no sólo una tarea tecnológicamente compleja sino también emotiva. El desierto ha inspirado a poetas y pensadores. En el desierto salitrero emergió un arte y un pensamiento emancipatorios.

Como lo señaló Osvaldo López, los pampinos ilustrados de comienzos de siglo, cuando "cambiaron la barreta por la pluma", creyeron que con ello bastaría para hacer el gran cambio cultural. En la novela Tarapacá, que escribió junto a Nicanor Polo, crearon a un protagonista, Juan Pérez, que es la expresión más clara dEl Pueblo, es decir, la expresión de una ética de bondad y sufrimiento, mientras los salitreros son caracterizados por la corrupción y la inmoralidad. Juan Pérez se enmancipa haciendo una pequeña revolución, dejando atrás el desierto y las salitreras.

López denuncia a la sociedad de su época utilizando su pluma y su arte, pero al contrario de Juan Pérez no pudo hacer una pequeña revolución y partir lejos. Partió lejos de Iquique, pero compelido por acontecimientos que le demostraron que los patrones salitreros tenían más poder en la realidad que en la ficción. Le quemaron casi toda la edición de la novela Tarapacá, salvándose sólo un par de ejemplares, y debieron pasar cien años para que se volviera a editar en Iquique . Irónicamente, al año siguiente de su partida hubo una pequeña revolución en Iquique22 (1907), pero otros fueron los protagonistas: Juan Pérez se llamó entonces José Briggs.

López fue un convencido que utilizando su pluma y su arte podía cambiar la sociedad, formó parte de esa generación de tipógrafos que llegaron a ser la conciencia crítica de Chile.

En esta novela hay un componente premonitorio, cuando describe al finalizar la obra un movimiento huelguístico que se desarrolla en la pampa, en una salitrera llamada Germinal, y cuyas principales reivindicaciones eran:

Supresión de vales y fichas, y pago semanal.
Libre comercio.
Indemnización por muerte, heridas o enfermedad, contraídas en faenas.
Asistencia médica gratuita.
Aumento de salario, en un cincuenta por ciento.
Pago proporcional de las carretadas de caliche, rechazadas por malas.
Habitaciones higiénicas y aseo en los campamentos.

Tal como sucedió en 1907, los administradores debieron consultar a sus casas matrices y la respuesta se dilató o fue negativa. A diferencia de lo sucedido en 1907, pero similar a lo acontecido en 1925 en la oficina La Coruña, los obreros se toman las oficinas y, poniendo a resguardo la vida de los administradores, las incendian. Como era de esperar, sube un tren con efectivos militares que solamente pueden llegar hasta la estación Carpas, porque los obreros han dinamitado las vías férreas.

Concluye López la novela señalando "no hubo una vida que lamentar. La sangre no corrió. Los trabajadores se vengaron en las propiedades de sus verdugos, respetando sus existencias. El plan de Pérez fue cumplido en todas sus partes. La consigna era arruinar a los oficineros, y lo consiguieron, sin recurrir a asesinatos, que habría sido un borrón, para los iniciadores del gran reclamo.

Cuando Pérez vio que el proletariado estaba vengado, y que nada quedaba por hacer, dio por terminada su labor, y dando un adiós a la tierra donde tanto sufriera, se encaminó en dirección a las sierras.

Después, hombres, mujeres y niños, cubrieron la inmensa pampa, formando una gigantesca romería, que dirigía sus pasos hacia el oriente, a Bolivia.

Iban allá, a ese país del frío, a buscar entre sus habitantes de la altiplanicie, un pedazo de suelo y un pan dulce, que les negaba su propia patria.

Qué idea cruzaría por la mente de López, cuando lejos de Iquique supo de la gran huelga, donde los pampinos en romería bajaron al puerto en busca de respuestas a sus demandas. Qué pensaría cuando supo que, tal como lo deseó, ningún oficinero fue herido o muerto, pero fueron cientos los pampinos que perdieron sus vidas. Cuál sería su sentimiento cuando supo que después de la masacre, efectivamente muchos partieron hacia el oriente, a Bolivia, pero también al norte, Perú y Ecuador, y al sur, a Chile.

No hubo venganza, los salitreros no quedaron arruinados; al contrario, sus ganancias siguieron creciendo porque 1908 fue un buen año en el mercado internacional del nitrato, mientras él estaba lejos del Tamarugal. Sin embargo, las ideas que había transmitido en el desierto no se las llevaron ni la arena ni la camanchaca; volvieron a florecer, cuando otro como él volvió a la pampa a reorganizar el movimiento obrero. Su nombre era Luis Emilio Recabarren.

A OSVALDO LÓPEZ

Del obrero, incansable luchador,
defensor de la clase desvalida,
yo seré de esta prole tan querida
de sus fueros ardiente defensor.

Así dices y emprendes con valor,
a costa de tu sangre y de tu vida,
la gran obra que tienes emprendida
de indicarnos la senda del honor.

¡Oh apóstol! No te arredra la traición
ni el crimen, ni el puñal del asesino,
nada temes en tu brillante acción
de abogar por los fueros del pampino,
impulsado por noble corazón
tranquilo cumples tu grandioso sino.

M.F. Castillo
El Pueblo, marzo 29, 1906.

 

NOTAS

1Proyecto Fondecyt Nº 1051093

2Devés Valdés, Eduardo "La cultura obrera ilustrada en tiempos del centenario". Revista Camanchaca Nº 12/13, TER, pp.41-46, Iquique, 1990.         [ Links ]

3Para un análisis de las consecuencias de la masacre de 1907 ver: Artaza, Pablo, Movimiento social y politización popular en Tarapacá 1900-1912. Ediciones Escaparate, Santiago, 2006.         [ Links ]

4Ver: Bravo-Elizondo, Pedro, Cultura y teatro obreros en Chile, 1900-1930. Libros del Meridión, Madrid, 1986.         [ Links ]

5Jobet, Julio Cesar, "El movimiento social obrero". En: Desarrollo de Chile en la primera mitad del siglo XX. Vol. I, pp.51-106, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1951, p. 54.         [ Links ]

6Reyes Navarro, Enrique, El desarrollo de la conciencia proletaria en Chile. (El ciclo salitrero). Editorial Orbe, Santiago, 1973.         [ Links ]

7Bravo Elizondo, Pedro y González Miranda, Sergio, Iquique y la pampa, Relaciones de corsarios, viajeros e investigadores, 1500 - 1930. Universidad José Santos Ossa, TER, Antofagasta, 1992.         [ Links ]

8El gran avance organizativo de los gremios marítimos de Pisagua e Iquique, y posteriormente Caleta Buena y Junín, permitieron al cabo de un par de años esta Combinación llega a tener su propia imprenta, El Trabajo, que les permitió editar un diario de igual nombre, y una revista ilustrada.

9Ob. Cit., p. 36

10Moulian, Luis "Introducción". En: Illanes, M.A. et al Poemario Popular de Tarapacá, 1899-1910. DIBAM, LOM, Santiago, 1998, p. 29.         [ Links ]

11Reyes Navarro, Enrique. El desarrollo de la conciencia proletaria en Chile (el ciclo salitrero). Editorial Orbe, Universidad del Norte, Santiago, 1973.         [ Links ]

12La negociación con el Estado siempre estuvo en el movimiento mancomunal, quedando ello de manifiesto en las visitas parlamentarias al norte salitrero y las conversaciones con el Jefe de Estado en 1904 después de la convención mancomunal en abril de ese año en Santiago.

13La participación o apoyo del movimiento mancomunal a la protesta social se vio expresada en solidaridad con las diversas huelgas desarrolladas en el período. De hecho, el propio Abdón Díaz fue mediador en la huelga de Iquique en 1907, entre las autoridades y el comité de los huelguistas.

14Num. 133 p.2

15Reyes Navarro, Enrique El desarrollo de la conciencia proletaria en Chile. Editorial Orbe, Santiago, 1973, Documentos.         [ Links ]

16Un Decreto Supremo de 12 febrero de 1904 creó la Comisión Consultiva que viajó al norte salitrero a evaluar la situación social y económica de esas provincias. La componían el Ministro del Interior, R. Errázuriz Urmeneta, que la presidía, y los señores Paulino Alfonso, Ramón Bascuñan, Máximo del Campo, Francisco de Borja Echeverría, Ernesto Hübner, Antonio Huneeus, Federico Pinto Izarra, Enrique Rodríguez, Manuel Salas Lavanqui, Darío Urzúa, Luis Antonio Vergara y Enrique Villegas.

17Edwards Vives, Alberto La Fronda Aristocrática en Chile. Editorial Universitaria, Santiago, 1987, p.192.         [ Links ]

18Lafertte, Elías, Vida de un comunista. Talleres gráficos Horizonte, Santiago, 1961.         [ Links ]

19González S.; Illanes M.A.; Moulian, L. Poemario Popular de Tarapacá. Dibam, Santiago, 1998         [ Links ]

20Rivera Letelier, Hernán. 2002. Santa María de las flores negras. Buenos Aires: Seix Barral, p. 198.         [ Links ]

21Bascuñán, Homero, "La pampa en el recuerdo". En: Guzmán, Nicomedes. 1974. Autorretrato de Chile. Santiago: Zig-Zag, pp.41-50, 54.         [ Links ]

22López, Osvaldo y Polo, Nicanor, Tarapacá. Novela local, debida a la pluma del escritor don Juanito Zolá. Iquique, imprenta de El pueblo, Serrano 83, 1903. Re-editado por Ediciones Campvs, Iquique, 2006.         [ Links ]

 

Artículo recibido el 4 de octubre de 2007. Aceptado por el Comité Editorial el 14 de marzo de 2008