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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.22 n.2 Talca  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762007000200013 

 

Revista Universum Nº 22 Vol. 2: 194-212, 2007

ARTICULOS

Construcción Social de la Vejez y Expectativas ante la Jubilación en Mujeres Chilenas

 

Paulina Osorio P. (*)

(*) Antropóloga Social, Universidad de Chile. Doctora en Sociología, Universidad del País Vasco, España. Profesora del Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Correo electrónico: posorio@uchile.cl


RESUMEN

Este artículo es una aproximación al conocimiento de las expectativas y valoraciones de trabajadoras mayores ante la jubilación y vejez en Chile. Los cambios observados en el desarrollo y vida de las mujeres trabajadoras, se los ha comprendido y dimensionado en el contexto de transformación que ha experimentado la sociedad chilena en el último tiempo. La posición y relación de las mujeres trabajadoras con el mundo social, doméstico y familiar ha ido cambiando. Lo cual genera, a su vez cambios en las formas tradicionales de experiencia de la jubilación y construcción de la vejez por parte de estas mujeres.

Palabras claves: Trabajadora mayor - Jubilación - Vejez y envejecimiento - Identidad de género - Edad

ABSTRACT

This paper is an approximation to the expectations and valuations by older female workers about their own retirement and old age in Chile. We study and measure the changes observed in the occupational career and life of women workers in the context of transformation that the Chilean society has experienced in the last time. The position in and the relationship of the hard-working women with the social, domestic and family world has been evolving towards new forms of experience of the retirement and construction of the old age.

Key words: Older female workers - Retirement - Old age -Ageing - Gender identity - Age


1. INTRODUCCIÓN

Cuando se piensa en lo femenino, cuando se escribe sobre la mujer e incluso, gran parte de la teoría feminista, hace referencia a rituales de iniciación, a la pubertad, la maternidad, la familia, al cuerpo y los cambios en la mediana edad. Análogamente, cuando se habla de la vejez y la jubilación o la edad mayor, se tiende a homogenizar esa realidad en un todo asexuado y sin género. Sin duda, que ser una mujer joven, no es lo mismo que ser una mujer adulta y menos una mujer mayor. Cuando se piensa en lo femenino pocas veces se hace alusión a la vejez, a la viudez, a la soledad -muchas veces liberadora- de la viudez o al abuelazgo.

Quisiera invitar a través de este artículo a pensar en lo femenino desde el envejecimiento y la vejez. No pretendo dar respuestas a por qué no se hace, pues lo más probable es que sea porque los resultados no serían del todo optimistas o simplemente, porque el peso de la vejez y ser viejo es tan fuerte en nuestra cultura que invisibiliza lo femenino en ella. Relevante se tornan, por tanto, el estudio y las investigaciones de las relaciones de igualdades o desigualdades de género durante la vejez, pues el interés de dicho tema en la última etapa del ciclo vital es prácticamente nulo. Y cuando se hace, sólo se tiende a asociar el envejecimiento o la vejez en las mujeres a un hecho demográfico y de una mayor longevidad. Sin duda se trata de un antecedente relevante el que las mujeres vivan más, pues ese hecho trae consigo una serie de consecuencias sociales, muchas veces no previstas. Haciendo una mirada internacional podemos afirmar también que los estudios se han limitado principalmente al conocimiento de mujeres mayores y sus condiciones desfavorables en el interior de la sociedad, producto de que el envejecimiento demográfico es una realidad predominantemente femenina. Desde la gerontología crítica, Bernard (2001) plantea que un acercamiento y conocimiento del edadismo y a las conductas ligadas a él, pueden ser de gran utilidad para la comprensión de las experiencias del proceso de envejecer en las mujeres y sus vidas durante la vejez, a la vez que permite orientar el diseño de políticas en el ámbito social, salud y de servicios en general dirigidos a este segmento etáreo. En este sentido, se refuerza la potencial utilidad de la llamada "gerontología literaria" para un acercamiento a la experiencia subjetiva de la vejez y las dificultades propias de mujeres frente al paso de los años y su proceso de envejecimiento. Asimismo, Bernard advierte que la dificultad está en que el análisis feminista de la edad puede utilizar ideas y fundamentos teóricos de otras perspectivas, lo cual podría limitar a la recopilación de lo que dicen otras perspectivas y no generar una nueva existencia teórica, que permita dar cuenta de las realidades de género en el envejecimiento. De hecho, género y edad, como un todo, han figurado relativamente poco como un foco para la teorización.

El enfoque teórico-epistemológico sobre el cual se realiza el análisis y que ha sustentado el desarrollo de la investigación es la gerontología crítica, perspectiva teórica que se construye sobre las bases de diversas tradiciones intelectuales dentro de la teoría social -economía política, perspectiva humanista y perspectiva biográfica-, y que ha caracterizado principalmente a la escuela británica en los estudios sobre envejecimiento.

El interés por el estudio de las diferentes edades es bastante desigual. La vejez, por ejemplo, ha sido objeto de interés casi exclusivo de las ciencias médicas y geriatría, incluso la perspectiva de la gerontología social no pierde su cariz medicalizante y biologicista (Gutiérrez y Ríos, 2006). Intentaré a lo largo de este artículo identificar y focalizarme en otros aspectos de construcción de identidad de mujer mayor y jubilada y en sus contenidos simbólico-culturales para un análisis desde las ciencias sociales y la antropología. Esa es mi apuesta y la desarrollaré en base a los resultados de una investigación empírica llevaba a cado entre los años 2005 y 20061, la cual busca aportar al conocimiento en torno a la identidad de género femenino desde la perspectiva de los estudio de la vejez y el envejecimiento (antropología de la vejez), y al conocimiento de determinados elementos que intervienen en la construcción de una identidad de mujer mayor desde sus experiencias de vida laboral y en torno a sus expectativas y valoraciones frente a la salida del mercado de trabajo y la jubilación. Observar hasta qué punto sus expectativas ante la jubilación constituyen expectativas ante la vejez, y desde ese punto de vista conocer cuál es esa vejez que esperan vivir y construir las trabajadoras mayores en Chile.

2. ANTECEDENTES Y RELEVANCIA METODOLÓGICA

La investigación se enmarca dentro de un estudio exploratorio y de carácter cualitativo, pues se plantea en términos de la utilización de técnicas cualitativas para una aproximación al conocimiento de las expectativas y valoraciones de las trabajadoras mayores ante la jubilación y vejez. Estimándose que las entrevistas biográficas en profundidad resultan metodológicamente apropiadas. La técnica biográfica ha permitido acceder de manera más amplia al conocimiento de la forma cómo las narradoras dirigen sus vidas en el proceso de envejecer y asumen las transiciones y cambios rólicos, sociales, económicos y personales que el camino hacia la vejez implica en las mujeres.

Asimismo, observar, juzgar, conocer la propia vejez mirando la huella biográfica permite, metodológicamente hablando, acceder a una mayor comprensión de la significación y el sentido en torno a la vejez como construcción y el proceso de envejecer mismo, pues los relatos biográficos nos revelan la historia que cuentan y la de sus narradoras (Osorio, 2006b). Por ello, el valor de la historia de vida y del relato de memoria no se agota en la historicidad de este, sino más bien en el imaginario que él reviste. Imaginario construido simbólicamente desde una concepción de tiempo, donde el tiempo biográfico es un tiempo que va estrechamente vinculado a la experiencia vital de las mujeres. En él se define un espacio-tiempo experiencial socialmente construido y compartido, cuyos marcos constituyen un punto de referencia que trasciende a los acontecimientos y hechos objetos de recuerdo. El tiempo se pliega sobre sí mismo, de tal forma que en la narrativa biográfica, la percepción temporal no es una flecha que comienza en el pasado y se extiende recta hacia el futuro (Op. cit.). Es una construcción constante en la relación de estas mujeres con la edad y los aspectos sociales de ella.

Se utilizó un solo guión o pauta para cada una de las personas entrevistadas. Dicho guión constituyó la base sobre la cual se realizó la codificación y el análisis de los discursos. Sin embargo, al tratarse de entrevistas biográficas abiertas y en profundidad se priorizó el protagonismo de las personas entrevistadas dejando margen a que varias de sus intervenciones trascendieran la 'rígida' pauta de entrevistas. Por lo tanto, las entrevistas se estructuraron en base a: i) preguntas amplias que introducen temas que no han sido previstos en la pautas y ii) preguntas más bien estructuradas propias del guión prediseñado.

En el caso de las entrevistas biográficas se han seguido las recomendaciones de Pujadas (1992: 60) de establecer previamente "los parámetros más significativos que caracterizan a una población o grupo social específico", para ello se ha elaborado una tipología en base a la definición de variables de acuerdo con los objetivos de la investigación:

Género: Mujeres
Origen geográfico: Norte/ Centro/ Sur (de Chile)
Tipo de actividad laboral: Profesional/ No Profesional

Tipo de trayectoria laboral: Larga (más de veinte años)/ corta (menos de diez años). Sin desmerecer la relevancia de la tipología predefinida, ésta siempre fue complementada enfatizando el valor testimonial a la hora de elegir las informantes, que muchas veces puede ser más significativo que el previo enmarcamiento del caso elegido. Eso sí, estableciendo como pilares de la "informante ideal" su representatividad,pertinencia y predisposición positiva a la entrevista. La entrevista biográfica en profundidad aportó información relacionada con opiniones, significados, visiones y experiencias de la realidad en estudio a lo largo del ciclo vital, pues permitió a la investigadora hacer preguntas abiertas, las cuales llevaron también a la informante a ir estructurando sus respuestas y la entrevista misma. A diferencia de las técnicas de investigación cuantitativa, "la investigación cualitativa no trabaja con la selección de alternativas, sino con juegos de lenguaje abiertos a la irrupción de la información. Investigamos, por tanto, lo que no conocemos, y buscamos el descubrimiento de estructuras de sentido; lo nuevo cobra sentido mostrando sus relaciones con el conjunto de lo dicho: la investigación queda abierta, de este modo, también al sentido" (Canales y Peinado 1998: 295).

El segmento de la realidad en la que se centra la investigación, es decir, su unidad de análisis, la constituyen mujeres trabajadoras mayores, o sea, actualmente activas y de entre 50 y 60 años -o más en caso que aún no se jubilen- de la zona Norte, la Región Metropolitana y de la zona Sur de Chile. La muestra estuvo compuesta por un grupo de veinte mujeres trabajadoras mayores: cinco de la ciudad de Arica; diez de Santiago y cinco de la ciudad austral de Ancud. A lo largo de los dos años de investigación se realizaron entrevistas biográficas en profundidad que, como estrategia metodológica, levaron a las entrevistadas a reflexionar en torno a su proceso de envejecimiento e identidad como mujeres trabajadoras mayores, por medio de la reconstrucción de sus experiencias laborales y vitales. Para posteriormente analizar e interpretar los relatos sobre su vida y trayectoria laboral. El análisis de historias personales ha permitido a la investigadora una visión global y compleja del medio social y la vida de estas mujeres.

3. EXPECTATIVAS ANTE LA JUBILACIÓN

a) Tiempo. Nuevas rutinas

El tiempo laboral estructura significativamente la vida cotidiana de las personas. Y de forma particular, en aquellas mujeres quehan asumido el rol de proveedoras. Varias de las mujeres trabajadoras mayores entrevistadas lo han vivido así, y saben que el retiro laboral les significará una transformación en esa estructuración de su tiempo. En palabras de Pérez (1999), al jubilarse, las personas "dejan de estar sujetos a una distribución del tiempo dictada por el trabajo, que regulaba los ciclos cotidianos y las perspectivas para el día siguiente, y se ven obligados a decidir a qué van a dedicar cada hora del día, qué harán mañana cuando se levanten, o cuáles son sus proyectos para los próximos años".La percepción de tiempo y del día a día, en lo cotidiano, tomarán otra forma. Algunas ya han comenzado a experimentar ese cambio, y en torno a lo que esperan que sean sus rutinas en adelante se cruza lo personal con lo profesional:

Me llamaron para tres semanas de reemplazo, y volverte a levantar a las 6:30 de la mañana para volver a estar todo el día con los niñitos, tiene su agrado pero tú dices 'esto ya pasó en mi vida', ya es otra etapa. Estoy contenta con la jubilación (profesional, 72 años, región metropolitana).

... levantarte tarde, uno de los grandes placeres después de la jubilación es que tú te pones a tomar desayuno y a leer el diario; te pones a leer los libritos que te gustan. Esos yo creo que son uno de los grandes placeres de la jubilación, dormir un poco más tarde, tomar un desayuno tranquilo, el tener tiempo para hacer todos estos intereses que antes no podías (profesional, 72 años, región metropolitana).

Se quiere construir nuevas rutinas en el rol de abuelas, y también se teme perder las rutinas laborales tanto positivas como negativas:

En lo personal, ya de tranquilidad absoluta, con tres nietos y esperando jubilar, aunque tengo como sentimientos encontrados al respecto. Tengo unas ganas de jubilar por los nietos, por estar más cerca de ellos, los tres están creciendo, entonces, no me quiero perder mucho esa parte y dejar el Hospital... tanta cosa que uno ha pasado y ha vivido y ha hecho y no ha hecho (profesional, 59 años, zona sur).

La jubilación se encuentra en la intersección de i) nuevos roles familiares, asumidos con más tranquilidad y deseos y ii) saberse aún activas y capaces de seguir ejerciendo la profesión. La rutina es delineada por la actividad laboral gran parte de la vida, pero sin duda que la post-jubilación va generando su propia estructuración cotidiana:

...a mí no me ha costado tanto en términos de abandonar toda una rutina de vida porque me he metido en otra rutina. Uno siempre está diciendo 'cuando jubile...'

Me metí a tantas cosas que era demasiado (profesional, 72 años, región metropolitana).

Lo laboral ha sido y es gran parte de sus vidas, biografías y rutinas, en el fondo, su vida cotidiana. Por lo mismo, la post-jubilación no necesariamente traerá un poco más de actividad y vida doméstica:

... toda mi vida, antes pituteaba todo el día, entonces, yo tenía la idea de que yo proveo a mi hogar, a mi casa en todo lo necesario pero, también, ahí me quedo, o sea, era como terrible tener que asumir también las cosas de la casa. Así que ahora no, las cosas de la casa tampoco (profesional, 59 años, zona sur).

...a mí me pone de mal genio las cosas de la casa. No me gustan. No, con delantal haciendo las cosas, no, no usaba delantal en mi casa jamás y en el Hospital siempre con el uniforme. Además, yo trabajo en la pesquera los sábados en la mañana. Entonces todos los días en la casa no, por ningún motivo y estoy viendo algo como entrar en un voluntariado, pero no lo he decidido aún en que estaría mejor yo (profesional, 59 años, zona sur).

La idea es que dejar de trabajar y jubilar no signifique o sea sinónimo de quedarse y dedicarse a los quehaceres del hogar. Entonces, para muchas de ella, no es un retorno al hogar porque nunca se estuvo, en el sentido de lo doméstico:

En mi casa puertas adentro todo el día no. Esa parte no la tengo como clara. Pero de que voy a hacer algo, aparte del sábado, pero no, seguido en la casa, no (profesional, 59 años, zona sur).

Por lo tanto, buscan, para la post-jubilación, seguir vinculada a algún ámbito de la actividad que realizaban laboralmente, pero en cuanto voluntariado:

... en el colegio donde trabajé era una situación de mucho privilegio, muy diferente a lo que son los colegios fiscales, siempre he querido y ahora que he jubilado, sobre todo, tomar algo que sea como esta situación de tanto privilegio que tuve, con todas las facilidades que tuve, tu experiencia se enriquece muchísimo, he querido dar por ahí clases y hay un grupo de amigas mías, ex-profesoras que están haciendo una experiencia en Pudahuel, bien bonita (Profesional, 72 años, región metropolitana).

En otras, por el contrario, se establece una relación más directa entre la salida del mercado de trabajo y la actividad en el mundo doméstico -vinculada principalmente a actividades de cuidados-, incluso esta última, puede llegar a ser la motivación para jubilarse. Quieren estar en casa o al haber seguido siempre ligadas a lo doméstico, la jubilación es un verdadero retorno al hogar:

Estoy más relajada y tengo que estar con mi mamá, que ya es viejita, va a tener 92 años, entonces, tengo que estar con ella acá en la casa. Y bueno, el día se me pasa en las cosas de la casa y como yo sé un poco de manualidades, hago algunas cositas para mis hermanas que me dicen 'hazme esto, hazme esto otro' yen eso me entretengo. Después de jubilar mi idea era haber podido seguir en la iglesia, pero este año tuve que dejarlo por mi mamá, porque se deterioró más y no la puedo dejar muy sola, tengo que cuidarla más, así que me tuve que retirar (profesional, 66 años, zona sur).

En la generación de expectativas ante la jubilación en las mujeres trabajadoras mayores, no sólo entra en juego la creación de nuevas rutinas vinculadas a la actividad laboral y a su participación en el mercado de trabajo, también aparece con fuerza la importancia de la profesión en sus vidas, su desempeño y desarrollo laboral profesional satisfactorio:

Dejarlas 100% no, pues mi profesión ha sido casi tan importante como mi familia. Estar en constante relación con la gente, visitando la población aquí, allá, es para mí muy satisfactorio (profesional, 59 años, zona sur).

De ahí que, muchas de ellas, esperan que la salida o la desvinculación no sea brusca, sino paulatina, uno o dos años para incorporarlo. Esta relación es posible comprenderla y visualizarla desde un recorrido y perspectiva biográfica, que nos muestra la vinculación, significación y el lugar que ha ocupado el trabajo en su experiencia vital como mujeres.

b) Ingresos. Sistema previsional2

La cada vez mayor incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha ido modificando la estructura de población activa según sexo e introduce transformaciones estructurales. En un futuro no muy lejano el mercado de trabajo chileno contará con un gran número de mujeres trabajadoras en edad de jubilar. Hemos afirmado que una de las expectativas ante el cese de la actividad laboral se relaciona con la creación de una nueva rutina sin referentes laborales, ni bajo el tiempo que impone lo laboral. Sin embargo, romper con la rutina laboral y diaria se torna más dificultoso y complejo cuando ello va asociado a la baja en ingresos que trae consigo la jubilación. Razón por la cual se posterga y se aleja el momento de la toma de decisión:

Tú sientes que te tienes que ir, pero todavía para qué, dices tú. Es una decisión que cuesta mucho tomar porque tú has estado toda la vida levantándote temprano teniendo una jornada de 8 horas con alumnos, y además con una renta que se te disminuye, en mi caso fue fatal la disminución (profesional, 72 años, región metropolitana).

Y sobre todo en las mujeres, puesto que si consideramos que las cotizaciones de las mujeres suelen ser más irregulares que las de los varones por concepto de maternidad, cuidado de hijos o familiares, éstas se ven mayormente afectadas por la merma que les significa cotizar por un sueldo más bajo, "al tiempo que las mujeres continúan siendo en su periodo de vida activa un ejército de reserva de mano de obra, se mantiene y perpetúa el sistema de desigualdad entre géneros que culmina en la ancianidad" (Bazo 2001 citado en Osorio, 2006a). Por lo mismo, tampoco ha habido una cultura o la posibilidad del ahorro voluntario con el fin de aumentar los fondos:

Nunca hice un ahorro voluntario, porque nunca creí que mi pensión iba a ser tan baja. Me dije: 'mejor este dinero lo voy a invertir y voy a tener mi casa'. Además que también desconfiaba de las AFP y hasta el día de hoy. Entonces, en este minuto, por mi fondo, me darán 220.000 pesos de jubilación, creo yo (profesional, 59 años, zona sur).

Yo me jubilé después de la edad, después de los 60, porque no me quería jubilar todavía. Bueno, no es que no quisiera, yo creo que más que nada por el asunto dinero, los ingreso bajísimo. Gracias a Dios, mi marido trabaja (profesional, 66 años, zona sur).

La disminución de ingresos es el leit motiv que acompaña a los discursos frente a las expectativas hacia la jubilación, para todas, sin discriminación o diferencia de clase. Lo más interesante resulta que al hacer referencia a la jubilación y a su situación como jubiladas, es inevitable que aparezca o se haga mención al cambio en el sistema previsional. Es un antecedente histórico y que por lo tanto, forma parte de sus biografías. Por lo tanto, podemos identificar dos factores en un mismo nivel macrosocial: uno, el actual sistema de AFP y, el otro, los cambios estructurales en el mercado de trabajo producto de la internacionalización de la economía y la globalización, que traen consigo bajas, inestables y discontinuas remuneraciones a lo largo de la trayectoria laboral. Muchas de las expectativas, decisiones y deseos de las entrevistadas en cuándo a jubilarse se relacionan con ello:

Mi idea es, quizás, esperar un poquito, tal vez un año o dos. A ver si hay algún arreglo, porque tuve la mala suerte de cambiarme del sistema antiguo a la AFP (profesional, 59 años, zona sur).

Yo me cambie y soné [sic]. Pero bueno, así es la vida, no siempre se gana (profesional, 59 años, zona sur).

... es mejor el INP, mi marido se quedó en el INP y tiene una jubilación, que, es el equivalente al 70% de su sueldo y el mío, con la AFP es como el 25, el 20% (profesional, 72 años, región metropolitana).

En varias entrevistadas aparece la queja de no poder retirarse aún por lo bajo de sus fondos de pensiones, y del error del cambio del antiguo al nuevo sistema. La expectativas ante jubilación, por lo tanto, también emerge en relación al sistema previsional y lo que ser jubilada-pensionada significa. Y ello porque el cambio del sistema previsional en el año 1981 no se vivió como una alternativa, sino como una obligación y desinformación en un contexto de incertidumbre y temor a perder el trabajo dada la situación política de la época:

Mi preocupación en esa época era tener como alimentar, mantener y educar a mis hijos, así que tuve que apechugar [sic] y vivir de mis pititos. Justamente en esa época -debe haber sido a principios del 80- cuando ya se puso fea la cosa y empezaron a llegar las AFP, que, desde el director para abajo, había que cambiarse porque la Caja desaparece. Bueno, nos cambiamos casi todos, los que no entendían nada y los que lo hicieron por temor. Entonces, yo digo: 'los tontos avispa'os nos cambiamos porque tuvimos miedo' y además que también era un momento como especial, entonces, no era que uno era tan valiente como para decir las cosas... (profesional, 59 años, zona sur).

Por estos mismos motivos, valoran positivamente y necesarios los cambios que se espera realizar en el actual sistema. Y si bien, reconocen que difícilmente alcanzarán a beneficiarse con ellos, velan por las próximas generaciones:

No lo voy a alcanzar, pero espero que quizás mis hijos lo alcancen, pero sí estoy luchando porque mis nietos lo alcancen, pues yo me imagino que algún cambio, algo tendrán que hacer (profesional, 59 años, zona sur).

El estímulo económico para jubilarse, en la actualidad, es una estrategia utilizada por la mayoría de los empleadores, por lo tanto, rara vez es una acción espontánea o voluntaria. Se sabe que ha llegado el momento -por edad, normativa-, pero generalmente hay un gatillador, un 'empujoncito':

Por la edad, por la normativa, por la edad, porque los niños necesitan gente joven también, yo sentía que al final, por ejemplo, los muchachos, yo hacía clases en cuarto y quinto básico, entonces, los muchachos son bien directos y te dicen ¿qué edad tiene usted, Miss?, y si tú les dices la edad que tienes, es decir, el abuelo de ellos es más joven que tú, entonces, para ellos, pobrecitos, para ellos esta señora es de Matusalem. Claro, así que hay varias...mira, las cosas se van dando, es bien interesante que en la vida nunca hay que forzar nada, porque todo se va dando como tiene que darse(profesional, 72 años, región metropolitana).

Cuesta mucho tomar la decisión y el director del colegio dijo muy sabiamente 'bueno, las personas que tienen la edad de jubilar y quieren hacerlo yo les voy a ofrecer un bono de unos dos sueldos extras si lo hacen dentro de un plazo de dos años'. Entonces, dije yo este es el empujoncito que me falta y lo aproveche y me jubilé(profesional, 72 años, región metropolitana).

c) Jubilación como edad social

Al reflexionar en torno a la jubilación desde una mirada diacrónica, aparecen algunos elementos más bien estáticos y funcionalmente lineales del ciclo vital, donde los niños juegan, los jóvenes se educan, los adultos trabajan y los viejos se jubilan y mueren. Socialmente creamos expectativas ligadas a cada edad y cada momento del ciclo de vida, una de ellas es la actividad laboral:

Cuando llegué a los 60 años yo seguía trabajando y todavía estaba muy vigente (...) yo podría haber seguido, si hubiera querido hubiese seguido trabajando, pero tú sientes que las etapas se cumplen y yo sentí eso. Empecé a pensar en jubilar, no antes de los 68 yo creo, diciéndome '¿cómo tomo la decisión?', '¿cuándo?'. Por eso el ofrecimiento del director fue un gatillador, que yo se lo agradezco y se lo dije a él, bueno él también tiene que renovarse y a las personas de edad de alguna manera tiene que decirle chao y fue una manera elegante (profesional, 72 años, región metropolitana).

Todavía dentro de la lógica del mercado de trabajo se piensa en términos de que la desvinculación laboral es una necesidad ligada a la edad, lo cual resulta entrampador pues, tal como algunos postulados de la teoría de la desvinculación dentro de los estudios gerontológicos3, puede llegar a significar el germen de la discriminación laboral por razón de la edad.

4. ENVEJECER FEMENINO

a) La condición humana de envejecer

Significar el envejecimiento y vejez en cuanto condición humana ha sido significarlos como deterioro paulatino en un todo de ciclo de vida. O sea, conjugando la edad cronológica y biológica como elementos de creación de vejez, en base a esa característica de seres humanos en el contexto social:

La otra cosa que ocurre con los años, no tanto con la jubilación es que tú sientes algunos síntomas de disminución física, a pesar de que yo soy una persona de mucha energía, uno tiene que ir considerando esta disminución, estas limitaciones físicas que se vayan dando y que me imagino que debieran irse agudizando, sería lo lógico, pero, digamos, tu gran alternativa es lo que uno va ganando en experiencia en la vida, lo que va ganando en comprensión de todo lo que hay a tu alrededor (profesional, 72 años, región metropolitana).

Como lo veremos un poco más adelante, la expectativa es vivir una vejez ágil, saludable y activa que les permita hacer cosas por sí mismas. Si bien, muchas veces no se le teme a los cambios físicos, en cuanto signos de vejez, ni a aumentar la edad cronológica, sí se manifiesta cierto temor o rechazo a la completa invalidez, sobre todo mental:

Yo acepto hasta la silla de ruedas. [Canas, arrugas] son detalles, pero si yo me siento bien, me siento ágil y que puedo hacer muchas cosas, eso es lo que me importa (profesional, 59 años, zona sur).

Mis amigas: "Pero, Alicia, ¿Cómo no te puedes teñir el pelo?, ¿Por qué no te lo tiñes?". ¿Por qué me lo voy a teñir?, si yo sé que a mí me gusta y gustándome a mí, y viéndome yo en mi espejo y encontrándome que estoy bien, con todas mis patas de gallos, mis arrugas, ¡bien! Después de 5 años decidí nada, ni las cremitas, ni nada, nada, porque hay que asumirlo y abuenarse [sic], como digo yo, con esta historia. Pero que yo haya asociado eso con la vejez, no, porque yo creo que no es así (profesional, 59 años, zona sur).

Algunas de las entrevistadas no establecen una relación directa entre cumplir años, envejecer y deterioro, al experimentar activamente su proceso de envejecimiento y como varias lo han hecho a lo largo de sus vidas, presentándose una continuidad biográfica al respecto. Lo que también las lleva a percibir la vejez independiente de la menopausia. En ellas, las características físicas de la vejez como canas y arrugas, están incorporadas y aceptadas en su persona:

Me gustan las canas y para mí no significan que sea vieja. Yo me siento bien, o sea, me las creo, creo que estoy bien (profesional, 59 años, zona sur).

Pareciera ser -sobre todo en el caso de las mujeres profesionales- que ellas comienzan a protagonizar una vejez más preventiva. Generan expectativas en cuanto a lo que no esperan que sea su vejez, frente a cómo no les gustaría que fuera. Esto último ligado, principalmente, a la idea de la dependencia, de ser una carga y una preocupación para la familia más directa. El tema del deterioro se lo tiene asumido como natural y como parte del ciclo vital y de la última parte de éste. Se sabe que llegará, aunque también son concientes que les llegará mucho más tarde de lo que les pudo llegar a sus padres, madres, abuelos o abuelas, pues se saben pertenecientes a una generación con mayores esperanzas de vida y que pueden llegar a la vejez en mejores condiciones de vida y salud. Si bien, la dependencia también se la relaciona con un estado de vejez, ésta es posible prevenirla y prepararse para que la dependencia en la vejez no sea sinónimo de carga ni social ni familiar. Gran parte de esa prevención radica en organizar la llegada del estado de dependencia. Desde ahí también emerge la imagen o idea de vejez como no poder valerse por sí mismo, que ya la han vivido en sus propias madres.

Sin embargo, las características sociales molestan, pues no les gusta sentirse tratadas con preferencialidad, en cuanto invalidez asociada a ser mayor:

A mí no me gusta sentirme como cuando dicen "Ahí viene la viejita, pobrecita, démosle el asiento antes que se caiga"; o si hay una cola de 80, haré el número 81 (profesional, 59 años, zona sur).

b) La edad: su construcción y significados

Ante la pregunta si se sienten personas mayores surge con fuerza la relación entre los diferentes significados de la edad. Hay multiplicidad de elementos que configuran el ser mayor, más allá de rotulaciones como tercera edad o adulto mayor que la homogenizan en una sola categoría de edad cronológica. La edad cronológica está asociada a una serie de roles, responsabilidades, actividades e interacciones interpersonales y grupales al interior de la sociedad. Es así como la edad cronológica adquiere un significado social más amplio. Hablamos entonces de edad social. El campo conceptual de la edad social en las personas mayores corresponde a aquel momento del ciclo vital cuando ocurre una serie de cambios que repercuten directamente en la dinámica de la vida cotidiana de los in viduos. Reflexionar, por tanto, sobre la edad social o la edad sentida está estrechamente vinculada a los sistemas y relaciones de género (Del Valle, 2002).

El autorreconocerse o no como mujer mayor puede responder a varios factores. Uno de ellos es el relacionado con la edad sentida versus la edad cronológica. Sin negar el peso de la edad real, ésta también entra en juego con la subjetividad (in vidual y colectiva, percepción del grupo). Al respecto, Teresa del Valle propone y destaca la necesidad de explicitar la diferenciación de edad desde el sentimiento: "Se configura a partir de cualidades personales y de carácter que manifiestan grados de autoestima, salud, capacidad de adaptarse a los cambios, habilidades sociales así como aspectos relacionados con las características del entorno social y afectivo" (Del Valle, 2002: 49). Se asume que frente a cada edad se da un determinado sentimiento. El punto de partida de esta edad sentida es la realidad subjetiva de cada hombre y cada mujer, la definición que la persona hace de sí misma. Tomemos como ejemplo cuando una de las entrevistadas afirma:

Me considero bastante joven de espíritu, aunque es indudable que tengo mis años y que se notan(profesional, 72 años, región metropolitana).

No me siento vieja, pero yo creo que estoy vieja (profesional, 72 años, región metropolitana)

En estas afirmaciones se hace explícita la existencia de ambas edades -sentida y cronológica- al autodefinirse. En ambas también se aprecia la tensión que se produce entre sentirse y estar, entre el sentimiento y la carga del paso del tiempo. Vale decir, que se establece una diferencia entre ellas, de tal forma que la edad cronológica no necesariamente coincide con cómo me debo sentir a esa edad. Ahora, al introducirnos en ese cómo-se-debe-ser-a-determinada-edad, aparece con fuerza todas las expectativas de comportamiento y las normas socialmente creadas y compartidas. Veámoslo en la siguiente afirmación:

Yo manejo la computación a nivel de mandar un mail, de escribir alguna cosa, pero no de un power point, tenía siempre que asesorarme con alguien... Tú te das cuenta que la gente joven maneja esas cosas, mis hijos, manejan la computación así, y mis nietos son unos capos. Claro, y en el colegio ahora una presentación sin power point ya no se concibe (profesional, 72 años, región metropolitana).

Nuestra misma entrevistada que se siente joven, de espíritu joven, pero que sabe que ya tiene sus años, ahora cruza su reflexión con la edad social, en cuanto sabe que no maneja conocimientos tecnológicos propios de las generaciones jóvenes. Sabe que social y cronológicamente se ha ido estableciendo una diferencia, una brecha etárea, que la relaciona con su actividad laboral, donde marca diferencias generacionales y de prácticas laborales en educación.

Por otro lado, la edad cronológica puede llegar a ser un referente de la edad social:

Yo creo que me ven así como soy, como que tengo los años que tengo, que tengo 72 años, pero como que soy bastante vital [característica atribuida de otra edad], todavía a esta edad [edad cronológica], y también tengo la cabeza buena [edad fisiológica](profesional, 72 años, región metropolitana).

El ser vital o que le guste el 'chacoteo' -como ella misma afirma-, la lleva a poseer característica atribuida a otra edad -la juventud- por ese motivo no la tratan como persona mayor a pesar de su edad cronológica.

Si observamos la relación que se podría dar entre la jubilación -en cuanto edad social- y ser mayor, nos damos cuenta que la construcción de ser mayor se da más bien desde la edad cronológica, autopercepción y percepción desde el otro; no tanto desde la salida del mercado de trabajo:

Claro, me siento mayor, pero no es tanto por la jubilación, si no que tienes más años y la gente te percibe como una persona de edad y tú también te sientes una persona mayor (profesional, 72 años, región metropolitana).

Vale decir, no se daría una relación tan automática y de igualdad entre jubilación y vejez. Ya no. Pues la jubilación se vive en otras condiciones de edad fisiológica y sentida. Desde este punto de vista podríamos decir que se llega, cada vez más, en mejores condiciones de salud y físicas a la jubilación. Que la salida del mercado laboral ya no marca necesariamente la entrada a la vejez. Es por esto también -sumado a los bajos ingresos- que en nuestro país numerosas personas jubiladas siguen trabajando, esta vez como trabajadoras independientes, después de la jubilación a los 60 o más años.

Ser persona mayor dice relación también con la construcción que socialmente hacemos de la vejez, vinculada -dicha construcción- a una determinada edad cronológica. Vale decir, que las personas son percibidas como mayores y desde ahí también surge la autopercepción:

...he tenido siempre al lado a este marido tan sabio que me está siempre diciendo que cada etapa tiene sus cualidades, sus características y sus bondades, y hay que vivírselas y disfrutar. Pero, claro, tú sientes una disminución, pero fíjate que de tu trabajo intelectual, yo creo que no. Yo creo que dejar la posibilidad de tener hijos es lo más increíble después de una edad fértil de mucho tiempo. Ahora respecto al tema de la salud, yo me negaba a tomar hormonas y al final ya los médicos me convencieron, entonces, alos 60 años empecé a tomar hormonas. Por otro lado, yo creo que si a uno le viene un achaque, bueno, le viene, que le vamos a hacer, corresponde también, se asume (profesional, 72 años, región metropolitana).

Ahora los hijos...mis hijos esperan que yo asuma más mi edad... que me ponga más seria, aunque yo siempre he sido audaz, me gusta jugar al riesgo, sé que de repente, hay que frenarse un poco. Pero, no, no me ha dado por sentirme vieja, a lo mejor, debiera de darme un poco más o ponerme más seria (profesional, 72 años, región metropolitana).

Pareciera ser, por tanto, que la edad sentida sería mucho más determinante a la hora de construcción de identidad, que la simple edad cronológica. En este caso, la entrevistadaestablece una relación entre asumir lo que socialmente y la familia espera que haga y cómo ella realmente se siente y actúa. Igualmente, pareciera que la construcción de las expectativas frente a su vejez está más cerca del eje social, de la edad social, más que de la edad cronológica y las características asociadas a ella, de ahí que la relación menopausia igual vejez , muchas veces se disocia, se separa. Fenómeno similar ocurre cuando se disocia la jubilación en relación a la vejez. Ni la menopausia ni la jubilación marcan su comienzo ni lo caracteriza. Pareciera ser que sigue siendo el deterioro, la enfermedad:

Cuando ya no pueda valerme por mí misma y ande arrastrando las patitas, entonces, ahí diré: "Déme el asiento, por favor" (profesional, 59 años, zona sur).

c) Vejez positiva. Rompiendo con los estereotipos

La inserción al mercado de trabajo y conjugar la vida cotidiana con una participación activa y significativa en el espacio público, a través del desempeño laboral, lleva a las entrevistadas a constituir su identidad de ser mujer con nuevos elementos, relaciones interpersonales y un autoconcepto positivo, que les permite un desarrollo más integral de sus potencialidades. Estos cambios y la generación de nuevos procesos de construcción de identidad en las mujeres en cuanto trabajadoras, no siempre ocurre durante la juventud o coincide cronológicamente con la incorporación laboral en los varones. En muchas de ellas la experiencia laboral llega durante la madurez, y en otras, con la viudez:

Mi vida laboral comenzó cerca de los cuarenta años de edad. En ese tiempo, creo que me consolidé como identidad, y me empecé a parar en el mundo como una persona, primero como mujer: mujer-esposa, mujer-mamá, mujer-estudiante, y luego mujer-trabajadora. De los cincuenta a los sesenta años experimenté la consolidación de lo laboral, siendo mucho más importante el rol laboral como el eje de mi vida (profesional, 67 años, región metropolitana).

Desde una perspectiva de género, en el caso de algunas mujeres, las relaciones conyugales pueden llegar a ser determinantes para la construcción de su identidad de mujer y para su vivencia del proceso de envejecer. Por lo mismo, la viudez puede llegar a ser una verdadera liberación y marcar un cambio significativo en la construcción de su ser-mujer-mayor, pues muchas de ellas comienzan o retoman su vida laboral ya mayores, cuando han enviudado. Desde ese punto de vista la viudez se presenta como un hito en sus vida, que marca un antes y un después en su experiencia vital como mujeres mayores. Para otras entrevistadas la relación conyugal y el rol de esposas comienza a abrir encrucijadas biográficas que significan la toma de decisiones y cambios vitales que marcan el proceso de envejecer:

De los cuarenta a los cincuenta años de edad fue cuando empecé a dudar del papel de mujer-esposa, porque no me sentía cómoda en ese rol, quería mejorarlo, hicimos mucha terapia de pareja. Era la crisis de dejar atrás y cambiar. Yohabía tomado un rumbo que era consolidar mi familia, pero me di cuenta que ya quería dejar atrás la familia y quería una vida propia, distinta. Cuando yo cumplí cuarenta años, dije: "Envejecer con este hombre no es la vejez que yo quiero". Diez años tuve que meditar para tomar la decisión, y a los cincuenta y tres años me separé. Para mí fue todo un proceso y es una parte como personal y emocional de mi vida (profesional, 67 años, región metropolitana).

Frente a la expectativa de una vejez positiva, destaca también la búsqueda de algunas prácticas preventivas en relación a la salud:

Yo soy super responsable con mi salud, con mis controles, soy hipertensa, pero me cuido, me cuido en mis medicamentos. Pero soy flojaza en la cosa del ejercicio, de caminar ahí soy pero un cero y he subido bastante de peso, yo siempre fui muy flaca y yo diría que ya los últimos diez años me inflé (profesional, 59 años, zona sur).

La independencia, la prevención, el autocontrol de las situaciones, no dar lástima y no ser una carga son algunas de las características ante lo que se esperan que sea su vejez:

En relación a la vejez, me cargaría que anden: "Pobrecita, que le va a pasar esto, que le va a pasar lo otro". No sé, yo andaré hasta donde pueda no más. En mi casa hay un sitio y tengo árboles grandes al fondo, entonces, llegaron mis hijos: "Mamá, pero por qué tanto árbol, que debiste haber dejado un espacio"; "este bosque -les digo- lo hice adrede para mi vejez" y me quedan mirando. Porque yo temería mucho que me pase como a esos viejitos que salen a andar y se pierden. Entonces, les digo: "Yo prefiero perderme en este bosque y no andar dando la hora en la calle". Me encantaría eso, de no andar dando como la hora, andar dando lastima, que me digan: "Uy, mire, pobrecita como anda". No, para nada. Saldré sólo cuando pueda y este bien de la cabeza (profesional, 59 años, zona sur).

Frente a una idea estereotipada que se tiene de la vejez, las mujeres buscan prevenir y organizar su potencial vejez en oposición a esa idea, evitando que llegue a ser así. Por lo tanto, como lo que tienen claro en torno a la vejez es el estereotipo que ella encierra, desde ahí muchas veces, construyen lo que no quieren que sea para ellas.

Yo no quiero ser una carga para los hijos, y por último encuentro yo que es mejor tener a alguien que se preocupe de uno, pero no estar presionando a los hijos, porque hay abuelitas que presionan. Entonces, encuentro yo que los hijos pasaron un tiempo y después chao, tienen otras responsabilidades y tienen que estar preparados para sus responsabilidades de familia. Si nosotros ya tenemos que quedar a un ladito, atrasito (profesional, 59 años, zona sur).

Si bien de los hijos no se busca completa responsabilidad, ni depender de ellos, sí se demanda el no abandono. Este es el gran temor frente a la vejez y una de sus características sociales que más rechazan:

Ese abandono de cuando la gente esta como malita lo encuentro terrible, más que la miseria material es la otra cosa, el abandono, y cuando se muere llegan todos y peleando por lo que dejo, eso es pero típico (profesional, 59 años, zona sur).

Por la misma relación que se da entre los diferentes significados de la edad, vivencian que ser activa y tener energía es ser una mujer no tan vieja:

No me siento tan vieja, porque yo siempre he sido una persona con mucha energía (profesional, 72 años, región metropolitana).

Mis expectativas a futuro están un poco por el área espiritual y por darte un poco a la familia, a los hijos, los nietos, nosotros tenemos 5 hijos y 8 y medio nietos. En este momento, eso es lo que produce satisfacción y te da una vida bastante agradable, yo diría que nosotros con mi marido, estamos en un plan de hacer, de tener amigos, de visitarnos, de compartir, y a futuro, por supuesto que lo físico te pueda ir limitando más pero que también va creciendo la otra parte(profesional, 72 años, región metropolitana).

El deterioro físico ligado a la vejez también puede constituir una preocupación especial cuando limita las relaciones sociales:

Tienes que tomarlo de una forma muy estoica [lo físico] y siempre hacer prevalecer la otra parte [lo social], mientras tengas ojitos para leer, tengas para comunicarte, eso es tan valioso (profesional, 72 años, región metropolitana).

En cuanto al rol social de abuelas, la generación de las entrevistadas tiene poca o nula imagen de vejez desde sus abuelas y generaciones mayores de la familia; muchas no han vivido esa experiencia, varias sí la ancianidad4 de sus madres. A diferencia de ellas, sus propios nietos y nietas tendrán la imagen de vejez desde ellas mismas, imagen no asociada a ancianidad como la tuvieron ellas, por lo tanto, lo más probable es que en las próximas generaciones se vaya generando una imagen y expectativas frente a la vejez diferente.

No conocí a mis abuelos. Bueno, sólo a la abuelita, pero murió cuando yo era chiquitita y la recuerdo siempre acostadita o en una cama de hospital que me tocaba llevarle las cosas, la ropa sucia y eso. Pero más recuerdo de abuela, de mis abuelos no tengo; nada, cero recuerdos de familiares directos viejitos (profesional, 59 años, zona sur).

Vivir el abuelazgo o asumir el rol de abuelas sin ancianidad, también hace significar la vejez de otra forma; hace sentirse no-vieja, pero sí abuela. Se vive la relación con el nieto/a, se construye el rol abuela en esa relación, pero sin verse como anciana. Un elemento importante es la relación con la familia, con la nueva generación:

Mi expectativa para más adelante es estar con mis nietos, lo más grandes posible y salir con mis nietos, si es que me pescan claro, ese es otro cuento. Sé que uno tiene que saber ubicarse con eso (profesional, 59 años, zona sur).

5. CONCLUSIONES

Si bien se envejece como se ha vivido y la vejez es el producto de un proceso de construcción a lo largo de la vida y experiencia biográfica, y desde ahí también puede ser visto como un proceso continuo de acumulación y desarrollo, como envejecientes también vivimos experiencias que son verdaderas aberturas por donde surge el cambio y la creatividad. Podemos afirmar, por lo tanto, que el recorrido biográfico y el ciclo vital puede ser visto como un continuo que forma y enmarca la vejez y sus expectativas. Sin embargo, también son los grandes quiebres, pequeños intersticios y discontinuidades, las que marcan las características de la vejez y cómo se vive y construye el ser-mujer-mayor.

Aquí nos topamos con un fuerte contenido de género, en cuanto a la construcción de identidad de mujer joven y adulta desde la relación de poder ejercida muchas veces por el varón, pues la separación o la viudez constituyen verdaderos hitos que adquieren un carácter liberador de cambios en los roles tradicionales ligados al género. Si a lo largo de sus vidas, viven situaciones de sometimiento en ausencia del control del poder o de compartir relaciones de poder al interior de la familia y en la relación conyugal, la vejez y la viudez marcan un hito real y simbólico de cambio hacia la experiencia de una nueva mujer durante la vejez. Real, porque crean nuevos referentes de relaciones interpersonales. Simbólico, en cuanto comienzan una nueva construcción de sí mismas, naciendo como mujeres independientes en la vejez.

En este caso la vejez se constituye en un proceso que comienza a vivirse con elementos que han estado ausentes a lo largo de la vida y en el temprano proceso de envejecer. Elementos que permiten que, en la vejez, recién muchas mujeres sean seres para sí, logrando mirarse a sí misma y mirando el mundo desde su ser mujer y como sujetos independientes que crean nuevos referentes, propios, de ser en el mundo, marcando una nueva pauta para la autopercepción, construcción de identidad de mujer en la vejez y creación de expectativas de sí mismas como mujeres mayores.

Las relaciones de género que cruzan, y muchas veces determinan, el proceso de envejecer en las mujeres, es aquel elemento que va más allá de la mera construcción in vidual de las etapas de ciclo vital. Pues esa experiencia personal conlleva la interacción con otros, que llegan a ser importantes referentes y creadores también en la construcción in vidual. O sea, cómo construyo o vivo la vejez tiene mucho que ver con quién o quienes lo hago, pues nunca es el producto de la acción de una sola persona. Un segundo elemento, por lo tanto, lo constituyen las relaciones intergeneracionales.

Este tipo de relaciones se han observado en la creación de redes de solidaridad intrafamiliar e intergeneracional, sobre todo en sectores populares y rurales. Sus recorridos biográficos muestran que como hermanas mayores (ego) han cuidado a sus hermanos menores cuando sus madres salían a trabajar; y luego, sus madres cuidaron a sus hijos/as cuando ellas (ego) salían a trabajar. Por lo tanto, la red se basa principalmente en la relación:

hermana mayor - hermanos menores
abuela - nietos/as

De esta manera las narraciones argumentan la creación de una relación de solidaridad entre hija (ego) y madre joven, que luego se traduce en una nueva relación solidaria de cuidados entre madre mayor (ego) e hija joven, por lo que aparece fuertemente en las expectativas ante jubilación, el cuidado de nietos y nietas. Dicha red de solidaridad a lo largo de tres generaciones se construiría de la siguiente forma:

1ra generación:hija mayor madre joven
2da generación:madre mayor hija adulta
3ra generación:abuela hija joven

En el caso de sectores urbanos y profesionales también se da una expectativa en relación a los nietos/as, de estar con, pero no como cuidadoras, ni siquiera se conciben como elemento de la crianza. Sí socializador, pero más indirecto. Esa es la relación intergeneracional que buscan.

El cambio generacional en varios ámbitos o niveles también se hace explícito en las expectativas de las trabajadoras mayores ante su vejez y jubilación. Las entrevistadas a través de sus relatos van reflexionando y comparando la relación madre-hija que ellas han tenido con sus madres y la relación madre-hija que sus propias hijas tienen con sus nietas y nietos.Del mismo modo ven que -para algunas de ellas- la vejez que les tocará vivir será diferente a la de sus madres, o al menos esa es la expectativa que tienen. Saben que han tenido otra vida, y por lo tanto asocian un proceso de envejecimiento (una vida, en el fondo) diferente al de sus progenitores, por lo tanto su vejez también debería ser vivida de otra forma, de mejor forma.

Otras, en cambio, visualizan ese cambio en la próxima generación, o sea, en sus hijas. El cambio generacional se relaciona con las mayores oportunidades que significa la mayor instrucción, educación y preparación que ellas les han podido dar a sus hijas: "es lo único que una le puede dejar a los hijos", dicen varias. Algunas también cuidan de sus nietos/as para que la hija termine sus estudios, que sería la relación solidaria de la 3ra generación. Esas nuevas oportunidades encierran desigualdades de género significativas entre la generación de abuelas, madres e hijas. Cuando a la generación de las actualesmujeres mayores se les daba una mayor educación, ésta era encauzada en sus hermanos, o sea, los hijos hombres eran los que recibían más educación, porque las hijas mujeres debían ayudar a las madres viudas, sobre todo en las zonas rurales, en la crianza de los hermanos y hermanas pequeñas -relación solidaria de la 1ra generación-, por lo que tienen un bajísimo nivel de instrucción. En las nuevas generaciones las oportunidades educacionales se están dando con mayor igualdad en hijas e hijos.

En los discursos de las mujeres trabajadoras mayores, se deja ver que la tradicional asociación 'jubilación igual vejez', se disocia y se significan en carriles separados. Temporalmente, la vejez llega después y se presenta mucho más directamente asociada a estados de salud y condición física, mental y relaciones sociales (o interacción social).

Las trayectorias biográficas y laborales de las mujeres trabajadoras mayores permiten conocer y comprender la creación de un universo de trabajo con determinadas relaciones, actividades y un orden simbólico generado, desde el espacio público-laboral, hacia la construcción de una identidad de trabajadora. Identidad que al momento de la jubilación y el quiebre o separación definitiva con ese espacio -y con un tiempo laboral- se ve trastocada por la presencia, ahora de tiempo completo, en un espacio doméstico. En donde, muchas veces, la presencia del varón ha sido casi nula. De todas formas pareciera ser que la opción y expectativas de las mujeres al jubilar, no es ocupar e identificarse sólo con el espacio hogareño, sino más bien, buscar espacios de interacción generacional en otros ámbitos de la ciudad, comunitarios, familiares y sociales. Principalmente, por medio de la participación de asociaciones o en grupos con cierto grado de influencia dentro de la esfera pública.

Para finalizar quisiera destacar que a pesar de los numerosos cambios que se han ido dando en relación a la vejez, la pobreza y la desigualdad son aún realidades que caracterizan el proceso de envejecimiento de numerosas mujeres chilenas. A través de sus relatos de vida se puede apreciar que efectivamente han ido ganando espacios de participación y desarrollo pero, gran parte de las mujeres que envejece lo hacen desde la invisibilidad y la vulnerabilidad. Sabemos que se envejece en determinados contextos socio-históricos y esto no ha sido favorable o inclusivo para las mujeres de edad, a nivel macro social y de políticas sociales las mujeres en nuestro país no envejecen ejerciendo derechos ciudadanos. El cambio vendrá en las próximas generaciones de envejecientes.

 

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Artículo recibido el 10 de mayo de 2007. Aceptado por el Comité Editorial el 18 de julio de 2007.

1 Proyecto FONDECYT Postdoctoral Nº 3050029 "Trabajadoras mayores y jubilación. Expectativas y valoraciones de las mujeres ante la jubilación y la vejez", del cual la autora es investigadora responsable.

2 En Chile, a comienzo de los años ochenta se reemplazó el tradicional sistema de reparto de pensiones por un nuevo modelo de capitalización in vidual, con lo cual la administración de los fondos para las pensiones de jubilación pasó al sector privado. Los fondos los reciben las diferentes Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). El sistema contempla que cada fondo que administra la AFP genera una cierta tasa de rentabilidad. El nuevo sistema se impuso como obligatorio para todos los trabajadores las que se incorporaron al mercado de trabajo después de la reforma de 1981. En el nuevo sistema la edad reglamentaria para comenzar a percibir la pensión de jubilación es de 65 años para los hombres y de 60 años en las mujeres. Y los beneficios de la pensión o el monto a recibir depende directamente del monto del fondo y la acumulación in vidual de los años cotizados. Este cambio en el sistema de pensiones podría repercutir de manera significativa en el futuro de las pensiones de las mujeres, pues a diferencia de los varones, ellas acumulan fondos a tasas inferiores, sumado a que tienen una mayor expectativa de vida y que se retiran cinco años antes que los hombres del mercado laboral.

3 Dicha teoría entiende el envejecimiento como una retirada o alejamiento de la persona que envejece del sistema social, reduciendo su interacción social con otros individuos del medio al cual pertenece. Lo cual se entiende como satisfactorio y respondería a intereses tanto de los senescentes como de los demás miembros del sistema y grupo social: "El envejecimiento normal se acompaña de un distanciamiento o 'desvinculación' recíproco entre las personas que envejecen y los miembros del sistema social al que pertenecen. Desvinculación provocada ya sea por el mismo interesado o por los otros miembros de este sistema" (Cumming, 1963: 393. Citado en Ortiz de la Huerta, "Aspectos sociales del envejecimiento"). Vale decir, que tanto para las personas como para la sociedad resultaría funcionalmente adecuada y deseable dicha desvinculación.

4 Estoy entendiendo ancianidad como cuarta edad y en los términos que lo hace Neugarten al referirse a los viejos-viejos, cuya realidad la describe como "personas que a causa de su deterioro mental o físico o pérdidas en sus sistemas de ayuda social ordinaria, requieren de numerosos servicios sanitarios y sociales de apoyo o reintegración. En esencia son personas que necesitan cuidados especiales" (1999: 62).