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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.22 n.1 Talca  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762007000100025 

 

Revista Universum Nº 22 Vol.1: 363-371 , 2007

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

Globalización e identidades nacionales y postnacionales ...¿De qué estamos hablando?

Grínor Rojo,  Santiago, LOM Ediciones, 2005

 

Santiago Aránguiz Pinto (*)

(*) Licenciado en Historia por la Universidad Finis Terrae. Docente e Investigador de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales.

Correo electrónico: santicidoc@yahoo.es


 

Abordando la problemática de la globalización y la construcción de las identidades nacionales, a partir de inquietudes recientes vinculadas con el devenir del capitalismo y el discurso de la postmodernidad en sociedades desarrolladas y en aquellas que forman parte del Tercer Mundo, el académico, ensayista y crítico literario Grínor Rojo recientemente publicó el libro Globalización e identidades nacionales y postnacionales...¿de qué estamos hablando?, que se ha constituido, a juzgar por la cobertura periodística y las críticas a las que ya ha sido sometido, en un texto de urgente lectura para quienes quieran informarse con una mayor amplitud temática y analítica de las vicisitudes que hoy vive Chile y el mundo en referencia a los efectos de la globalización en la construcción de las identidades nacionales y en la conformación de los Estados-naciones en América Latina, África y Europa del Este, principalmente.

Ante la cada vez más desinformada masa de ciudadanos en América Latina, y el conocimiento y uso de conceptos erróneos que comúnmente se emplean en los medios periodísticos sin considerar su real significado, Rojo se ha propuesto en este trabajo esclarecer muchos de aquellos conceptos que generalmente se prestan para confusiones y que se utilizan sin otorgarle el significado que realmente tienen, creyendo que, como ocurre con los así llamados "tecnócratas", éstos pueden ser manipulados a la voluntad de cualquiera. Por tal razón, y en virtud de reivindicar la posición crítica y desembarazada que todo ciudadano debe tener para con sus dirigentes y políticos, Rojo ha tenido la necesidad de realizar un trazado histórico de algunos conceptos claves que son constituyentes del proceso de globalización que vivimos hoy en día en un contexto de crisis, para luego precisar qué es lo que se entiende por cada uno de ellos. Sólo de esta forma, dice Rojo, los miembros de una comunidad podrán ser capaces de informarse adecuadamente y adoptar una decisión acorde a las necesidades y exigencias que éstos se han planteado como individuos provistos de conciencia social y compromiso cívico. 

Asimismo, la urgente necesidad de abordar críticamente ciertas terminologías y un lenguaje especializado que se ha propagado en América Latina y en Chile con vertiginosa rapidez, alertó a Rojo sobre la necesidad de redactar un trabajo ensayístico que diera cuenta, a través de un lenguaje directo y sencillo, y de una exposición clara y penetrante, de aquellos aspectos que discutimos abiertamente en reuniones sociales o en las aulas universitarias, pero que en realidad poco o nada sabemos. Nuestra ignorancia al respecto es mayúscula, y refleja al mismo tiempo la falta de interés de parte de las personas para compenetrarse de materias que son de primera importancia para la elaboración de una nación democrática, participativa, que sea capaz de representar la pluralidad de pareceres y miradas sobre la organización estatal o la labor que le cabe desarrollar a los políticos. Sólo así, mediante una ciudadanía comprometida con el quehacer cívico y social en general, las sociedades serán capaces de construir Estados-nacionales sólidos, basados en un arraigado anclaje democrático que garantizaría contrarrestar el avance de la globalización, entendiendo que ésta no sólo se presenta como algo dañino y perjudicial para los seres humanos, sino que también implica aspectos beneficiosos. Pero, advierte Rojo, al estar los medios de difusión tecnológicos y cibernéticos en manos de los poderosos, la globalización, en consecuencia, tendrá un efecto nocivo para las personas en la medida que aquélla sólo beneficia a quienes poseen los instrumentos para dirigirla. Y excluye, por ende, a quienes son los usuarios de dichas tecnologías, pero que no se les considera realmente como sujetos críticos sino como meros "consumidores", potenciales "clientes". 

La identidad, tanto individual como colectiva y general, no deben ni debieran ser vistas como "entidades" abstractas y ajenas al quehacer cotidiano de los seres humanos, sino que muy por el contrario, éstas son parte constituyente esencial de cada individuo en la medida que es en ellas donde la persona hoy adquiere un lugar en el mundo y ésta se define de acuerdo a los parámetros culturales, científicos, económicos y tecnológicos prevalecientes en un determinado período histórico. Y es que la sociedad chilena de hoy, advierte Rojo, carece de las instancias públicas y democráticas para que las instituciones estatales por un lado y el aparato público, y los intelectuales y las universidades por el otro, debatan abiertamente sobre temas que son de interés general, pero que, por uno u otro motivo, no se han propagado con la necesaria urgencia a todos lo estratos de la sociedad. Lo que ha ocurrido, en cambio, añade, ha sido un cada vez mayor encapsulamiento de aquellas problemáticas que afectan a toda la sociedad en un reducido grupo de burócratas y tecnócratas (a los cuales Rojo no les profesa simpatía alguna) que se creen dueños de la "verdad", y que, por consiguiente, adoptan decisiones en nombre de un supuesto interés nacional consensuado y unánime, lo que está muy lejos de ser cierto.

En este sentido, Rojo aboga por el fortalecimiento de instancias cívicas sólidas y maduras, capaces de convertirse en nexos comunicadores adecuados entre los organismos públicos y la sociedad civil en su conjunto, de manera de conformar un vínculo estrecho entre las autoridades que adoptan decisiones de la más alta importancia para la conducción de las instituciones estatales y los individuos, que, por su parte, quieren -pero a veces no pueden- convertirse en receptores críticos de los acontecimientos históricos que de una u otra manera afectan sus espacios locales privados, que es donde se construye la identidad individual o personal, y que a diferencia de las identidades particulares o nacionales, se circunscriben a un ámbito de acción más limitado pero igualmente expuesta a la capacidad crítica y comunicativa de las personas. Esta condición determina a las identidades nacionales, en tanto que para E. Wolf, éstas son constructos que se hacen y rehacen mediante un proceso de "aculturación" que se posiciona como una contienda hegemónica. Para Rojo, en tanto, la situación de las identidades nacionales se debe plantear de la siguiente manera: no como un saber acumulativo de parte de quienes "saben" (los tecnócratas o los "especialistas"), sino como la voluntad de los ciudadanos de construir una identidad particular a través de un Estado-nación que dé cuenta de la visión crítica de cada individuo, valorando la capacidad de dicho Estado de integrar las diferentes categorías de identidad y no de excluir a quienes piensan distinto.

La inquietud esencial de Rojo al respecto podríamos resumir en la siguiente pregunta: ¿cómo se insertan las naciones y las identidades nacionales en el proceso de globalización? Algunos intelectuales, como P. Bobbit y M. A. Garretón postulan la eliminación del Estado-nación y el alojamiento, en cambio, de una ciudadanía supranacional que sería complementaria y no sustitutiva de la ciudadanía nacional. Rojo se refiere a ello como "la configuración omniinclusiva de un sistema global" (p. 138), que apunta a la reducción del Estado-nación en los asuntos económicos para, en cambio, otorgarle más importancia a los organismos supranacionales con afanes imperialistas. Para Rojo lo anterior implica consecuencias humillantes y desastrosas para las sociedades latinoamericanas, en el sentido de que anula por completo la capacidad de decisión y autonomía de estas naciones, y restringe o suprime en su defecto, a las identidades nacionales, que son las más afectadas por estos hechos. Estos organismos de carácter impositivo, agrega Rojo, pretenden posicionarse como los únicos capaces de orientar las políticas económicas de los países latinoamericanos en beneficio de los intereses financieros de aquellas naciones que ejercen el poder hegemónico mundial absoluto.

Asimismo, Grínor Rojo advierte sobre la necesidad que debe existir en todas las sociedades latinoamericanas, especialmente en la chilena, instancias de reflexión crítica de parte de los individuos, para de esta manera construir, si es que ya existe una débil institucionalidad al respecto, fortalecer en su caso, un desarrollo democrático tanto a nivel estatal como individual, que permita al ciudadano ser partícipe directo de las decisiones que afectan a sus propias vidas. Ejerciendo la permanente crítica sobre aquellas nociones a las que ya nos hemos referido anteriormente, la ciudadanía tendrá una participación activa en las instancias de deliberación democrática, al mismo tiempo que le permitirá tener una perspectiva analítica de largo alcance sobre cuáles son los alcances históricos que han tenido nociones como identidad y nación, por nombrar algunos, y de esta manera comprender cuáles son los verdaderos alcances que hoy tiene la globalización y los avances científicos y tecnológicos que la acompañan. De esta manera, advierte Rojo, el individuo habrá cumplido con dos tareas fundamentales de un ciudadano activo y consciente de su condición: en primer lugar, tendrá conocimientos teóricos e históricos que le permitan realizar una mirada analítica respecto de los verdaderos alcances que hoy tiene el capitalismo y la globalización, y por otra parte, será capaz de ejercer una mirada crítica y alerta sobre las múltiples decisiones que las cúpulas empresariales adopten en beneficio ya sea del país en su conjunto o en provecho de un determinado sector de la sociedad.

En vez de producirse una adecuada difusión y de la consiguiente transparencia de los asuntos de orden político, social y económico que se discuten en los pasillos de La Moneda, en los ministerios, en los directorios de las empresas trasnacionales o en las reuniones de organismos internacionales, que podría generar una capacidad crítica de una sociedad que se ha tenido una creciente falta de estímulos para participar de las decisiones de envergadura que atañen a la nación y al Estado, lo que ha ocurrido, por el contrario, es que son los técnicos y los especialistas, los que en nombre de sus "conocimientos", se han erguido como los portavoces absolutos de los beneficios de la globalización y de la sociedad capitalista en permanente expansión. De acuerdo a algunos estudiosos, ésta se encuentra en una fase terminal, aunque Rojo duda de aquella afirmación, pues precisamente la cualidad esencial del capitalismo es su capacidad de mutación constante para así sortear los peligros desplegados por intelectuales como él y por la labor realizada por los postmodernistas y postcoloniales que se han constituido, aunque con relativo éxito, en los opositores más decididos a combatir la ofensiva capitalista y los supuestos beneficios generalizados que trae aparejada la globalización.  

Lo peligroso de este asunto, dice Rojo, es que las decisiones que éstos adoptan no pueden ser debatidas ni menos discutidas en instancias públicas de participación democrática, lo que genera en consecuencia un alto grado de desligitimidad hacia quienes las adoptan, puesto que constituyen sólo la visión de un núcleo reducido de la sociedad que muchas veces desconoce los problemas concretos de la población, provocando finalmente que la brecha entre los que gobiernan y los gobernados sea aún mucho mayor. Promoviendo para que finalmente exista una sociedad resquebrajada e inerme, incapaz de reaccionar frente a la embestida de los avances imperialistas, que bajo la modalidad disfrazada del ímpetu consumista y del excesivo sentimiento triunfalista que impera en el ambiente de la banca y de los negocios, penetran en una población dócil y sumisa que carece de las competencias adecuadas para reaccionar ante el inclemente avance del capitalismo globalizador que, literalmente, arrasa con aquellos individuos que son subyugados por los sedantes tecnocráticos que cada día irrumpen con una nueva sorpresa computacional capaz de desarticular rápidamente a consumidores compulsivos.

Alerta ante esta situación y preocupado a su vez por la falta de conciencia crítica que existe entre un amplio sector de la población chilena que no se inmuta ante las decisiones que afectan a la nación, Rojo pone una nota de disenso y de alerta para quienes se autoproclaman como los "conductores" de las políticas económicas y sociales del país, pero que, en realidad, según Rojo, éstos sólo se han transformado en advenedizos de asuntos de enorme interés general del país para defender los intereses particulares de un determinado sector de la sociedad. Y que, como sabemos, son quienes concentran gran parte del poder económico y manejan las finanzas del país, pero que para Rojo carecen de las aptitudes necesarias para afrontar adecuadamente los desafíos que plantea la globalización en torno a la construcción de identidades (ya sea individuales, colectivas como nacionales) y el fortalecimiento del Estado-nación, en tiempos cuando las identidades y la nación han sido vapuleados por quienes precisamente se erigen como técnicos capaces de liderar el desarrollo neoliberal de Chile y de otros países latinoamericanos, que cada día crece con mayor fuerza, pero que, lamentablemente, continúa ostentando con mucha vergüenza niveles preocupantes de inequidad. A lo que habría que añadir, además, la pésima distribución del ingreso, lo que conforma, para Rojo, un cuadro preocupante del período en que hoy se encuentra el capitalismo mundial y la respectiva fase del proceso globalizador en una circunstancia de crisis que aflige a la totalidad de los países occidentales y también orientales.

Aquello demuestra que la preocupación de Rojo, tanto en su labor académica y de crítico literario, pero, por sobre todo, como ciudadano dotado de una activa conciencia social por la problemática de la globalización y las identidades nacionales y postnacionales, comprende no sólo a los países de América Latina, sino que demuestra además un vasto conocimiento sobre los planteamientos que F. Fanon y E. Said realizan respecto a los procesos de descolonización en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial y la formación del Estado palestino. De manera especial Rojo se detiene a analizar algunos conceptos trabajados por Said como "colaboración", "independencia" y "liberación", a propósito de la posición disidente que tendrá respecto de la labor realizada por los primeros jefes de la transición postcolonial en Palestina, promulgadores a su vez de una ideología nacional burguesa, los cuales, por lo demás, están educados en las mejores escuelas de Occidente, y no representan, en consecuencia, la verdadera posición de quienes abogan por una "política de la identidad" que valore y refuerce una conciencia nacional y un humanismo democrático en Palestina, sin adoptar una actitud de intolerancia y prepotente con aquellos que piensan distinto. Lo destacable en este sentido es el diálogo crítico que establece Rojo con la teoría de la "liberación nacional" planteada por Said a propósito de la hegemonía incontrarrestable que hoy ejerce Estados Unidos, a la cual se pliega en su postura antifundamentalista y antiautoritaria enunciada por Said, y el anuncio del fin del período colonial y el inicio de una nueva era como lo anunció Fanon, y que es, por lo demás, el principal interlocutor de Said, con quien establece un fructífero diálogo intelectual en beneficio de aportar al debate teórico sobre las identidades y el postcolonialismo.

Éstas son sólo algunas de las preocupaciones que afligen a Rojo, lo que demuestra un compromiso de su parte para tratar de aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de globalización e identidades nacionales en construcción y, asimismo, abrir el diálogo para que la ciudadanía completa vaya adquiriendo una participación más activa en las decisiones estatales que se adoptan, la mayoría de las veces, sin la necesaria difusión democrática que les permitiría, sin duda, una mayor legitimidad ante la sociedad. El profesor Rojo, en ese sentido, no acepta el hecho de que existan individuos pasivos, incapaces de entablar estrechos vínculos con las instancias más variadas en las cuales él ha depositado su confianza y su dinero, y que ha creído en la capacidad de ciertas figuras públicas y en la labor de algunos parlamentarios para solucionar los problemas que afectan a gran parte de la sociedad chilena. Pero que, lamentablemente, por diversas razones, no se han propagado con la necesaria insistencia que requieren, circunscribiéndose a un reducido número de tecnócratas que creen poseer las condiciones innatas para resolver cualquier problema que se presente, ignorando la opinión y la intervención ciudadana.

Estos aspectos, según Rojo, son decisivos para el establecimiento de una identidad colectiva sólida y representativa de los distintos sectores que confluyen en la sociedad de una manera democrática y de esta manera potenciar la conformación de una construcción nacional con la participación de toda la ciudadanía y no sólo de aquellos que ocupan los puestos de trabajo en ministerios, empresas o en organismos estatales. De lo que se trata, en cambio, es que Rojo destaca la necesidad de construir sociedades y Estados-nacionales de acuerdo a las particularidades tanto de la identidad individual de las personas como también de una identidad colectiva que reúna las múltiples necesidades y expresiones de un país, de tal manera de construir una nación acorde a los requerimientos que el sujeto moderno de hoy necesita, teniendo como premisa ante todo que la identidad no es una cosa natural o adherida desde siempre al ser humano (como postulan los teóricos esencialistas), ni es algo del pasado al cual hay que despreciar (afirman los intelectuales neoliberales como Bobbit o Negroponte, para quienes las identidades nacionales son una reliquia de museo), ni tampoco una ficción lingüística, tal como postulan por su parte los postmodernistas.

Por el contrario, Rojo destaca el hecho de que los individuos poseen la capacidad de construir su identidad singular, su identidad particular o su identidad general, que corresponden a los tres niveles que Rojo categoriza la identidad, de acuerdo a las propias necesidades de construir un relato identitario que los represente. Pero, advierte, es necesario considerar la especificidad de cada una de ellas, en tanto poseen dinámicas y características únicas que las diferencias de las otras, lo que ha provocado que se ignore abiertamente las identidades nacionales, puesto que no se las ha analizado adecuadamente, esto es, considerando complejidad de cada una de ellas, situación que , como denuncia Rojo, ha sido ignorada por estudiosos como E. Tugendhat. Lo que se ha hecho, más bien, ha sido estudiarlas desde una visión psicologista o metafísica (a la manera de Octavio Paz), lo que ha impedido distinguir entre las identidades individuales y las identidades nacionales (o particulares), que, según Rojo, se conforman de acuerdo a cómo se relacionan los individuos en un nivel societario.  

De acuerdo a este mismo, son los ciudadanos críticos que conforman las sociedades, y no los individuos pasivos, los quienes tienen la responsabilidad, y el deber según él, de darle un sentido y coherencia a las identidades nacionales, en tanto revindica al mismo tiempo la capacidad de que el ser humano se autodetermine el tipo de sociedad que quiere construir y la identidad nacional con la cual quiere potenciar la acción del Estado en beneficio de la conformación de instancias de debate público e intervención cívica capaz de contrarrestar la embestida de la globalización que, a su vez, anula las capacidades de los ciudadanos para transformarse en agentes participativos del proceso político-cívico que pretende construir. La globalización, en consecuencia, si la analizamos desde los efectos dañinos que podría provocar, amplía la brecha cultural y política ya existente entre los sectores que son más vulnerables frente a la penetración del "ideologismo de la informática" (extensible también al neoliberalismo) que con tanto ahínco denuncia Rojo, y aquellos grupos económicos y políticos que detentan la hegemonía y control de los medios televisivos, científicos y cibernéticos, lo que redunda finalmente en un debilitamiento de un Estado con pretensiones de crear una nación que respete las diferencias y las particularidades de los individuos, pero que al mismo tiempo proteja a quienes se encuentran en una posición de franco desmedro económico y social respecto de los sectores poderosos de la sociedad.

Al no existir una institucionalidad pública amplia, democrática y con interés de incluir a los ciudadanos, los Estados-nacionales serán absorbidos por los partidarios de la globalización, quienes defienden la necesidad de erradicar de una vez por todas los Estados, pues éstos en vez de favorecer el progreso económico de las sociedades, lo único que provocan es frenar a las economías neoliberales, y de paso, provocar un supuesto retraso tecnológico en referencia a los países europeos o asiáticos, que en materia científica se encuentran a años luz de América del Sur. Los modelos identitarios a seguir no se ubican en nuestro vecindario sudaca, sino que se alojan en las pujantes economías como la estadounidense, la alemana o la japonesa, las cuales, según los tecnócratas neoliberales, constituyen sociedades supranacionales que al abrirse a la globalización han reducido al mínimo la participación del Estado en la construcción nacional, y que, en consecuencia, ello ha afectado la composición de la identidad colectiva, y los significados y alcances que los ciudadanos entendemos por nación y nacionalismo.  

Ésta, por cierto, varía de acuerdo a las preferencias que cada persona le asigna a su escala de valores y prioridades, pero que posee un estrato común de carácter nacional, que es el que ahora se preocupa de analizar Rojo, ya que es allí, según él, donde se perciben las mayores falencias a nivel de sociedad, en tanto las sociedad latinoamericanas -especialmente- carecemos de una apegada identidad colectiva que nos permita construir sólidamente un Estado-nación capaz de aunar la multiplicidad de divergencias, pero que a su vez representa el sentir de la totalidad de la población. El Estado-nación, de acuerdo a Rojo, encarna los proyectos y desafíos que las naciones se han propuesto realizar de acuerdo a su propia voluntad, y personifica, además, la simbolización genuina de la participación democrática de ciudadanos activos que han decidido por voluntad propia construir una identidad colectiva que los represente. Aunque, como sabemos, aquello no siempre se cumple, más aún cuando la globalización y el avance capitalista de hoy amenaza la integridad de los Estados-nacionales y la conformación de las identidades colectivas. El peligro es inminente, aunque no sabemos cómo actuará en los próximos años, aunque sí sabemos, y esto lo destaca Rojo, es que el sistema capitalista mundial posee la capacidad de transformarse y adecuarse a cada momento histórico en particular. En ese sentido, Rojo enfatiza la necesidad actual de las sociedades del Tercer Mundo de desplegar una acción de rechazo que les permita defenderse de la embestida de la globalización, pues, de lo contrario, éstas verán seriamente afectadas su autonomía e independencia representadas por el Estado.

Ahora bien, en lo que se refiere al tratamiento analítico empleado por Rojo en esta oportunidad sobre conceptos como identidad, nación, globalización, ciencia y técnica, capitalismo, identidades nacionales, postnacionalismo y postnación, la lectura del libro provoca de inmediato reacciones que nos inducen a fijar las diferencias y las similitudes que Rojo establece respecto de otros estudiosos que se han preocupado de analizar algunos de los aspectos tratados por él. Por cierto, asombra la gran variedad de material bibliográfico consultado por el autor y los autores de las más variadas procedencias analizados con rigor, aunque jamás cayendo en la pedantería que obstaculizaría la lectura de este ensayo. La referencia de un determinado autor está siempre en relación a la necesidad que tiene Rojo para explicar conceptos o terminologías que, por diversos motivos, se han desvirtuado hasta el punto de provocar confusión y/o malentendidos que más temprano que tarde incitan a una población incauta y escasamente adiestrada en materias cívicas a provocar más desconcierto del que ya inunda a aquellas naciones latinoamericanas que, como el caso de Chile, hacen gala de su desarrollo económico pero que al mismo tiempo esconde las notorias falencias socio-culturales de las que adolece. Y que, por lo mismo, están más expuestos a la penetración de la globalización, pudiendo provocar, por consiguiente, por el hecho de carecer Chile y otros países de América Latina, en especial Bolivia y Perú, de sólidas bases institucionales y de representación ciudadana crítica, efectos nocivos para aquellos sectores que se encuentran más expuestos y que carecen de las redes de protección social necesarias para afrontar adecuadamente los embates del sistema capitalista mundial.

Para Rojo, la globalización no es el inicio de una nueva era, ni tampoco un acontecimiento jamás visto en la historia del mundo, sino que corresponde, más bien, a una nueva fase del sistema capitalista mundial. La falta de visión de los seres humanos para captar los avances científicos y tecnológicos que conlleva la globalización se debe, dice Rojo, a la incapacidad de que éstos tienen para realizar un ejercicio crítico de carácter permanente para analizar la compleja situación mundial que nos rodea, reclamando Rojo por su inmediata instauración en beneficio de individuos que se reconozcan identitariamente en el Estado y en la nación y desde allí proyecten sus perspectivas de desarrollo (con ellas y no fuera de ellas, ya que de esta manera garantiza identidades nacionales coherentes, democráticas y sólidas), pues, de lo contrario, los Estados-nacionales desaparecerán como así también las identidades nacionales en consecuencia. Rojo no cree, como muchos periodistas y cientistas políticos afirman, que la globalización opera hoy por primera vez, sino que transitamos por una etapa renovada de la globalización. Ésta, concluye Rojo, es una "realidad histórica homogeneizante" (p. 147) que establece criterios de pensamiento ideológico y asociatividad social y cultural uniformes, impidiendo por lo tanto la aparición y legitimidad de actores sociales "subalternos" o "marginales", que es el discurso teórico al que apuntan los postmodernistas y los postcolonialistas al reivindicar el derecho a la "diferencia" y a discrepar de aquellos que sostienen la realidad concreta de la modernidad. Asimismo, Rojo discrepa de aquellos que sostienen que la globalización es una sola y que viene aparejada de los mismos beneficios para todos por igual, siendo todo lo contrario lo que ha ocurrido, en el sentido de que, como ha argumentado Rojo, la globalización beneficia sólo a quienes controlan los instrumentos mediante los cuales ésta se mueve, y perjudica, en cambio, a quienes son víctimas cautivas de la falta de oportunidades de trabajo y perfeccionamiento educativo.

Ubicado claramente en una posición disidente respecto de los discursos esencialistas, neoliberales o postmodernistas, tan en boga últimamente, Grínor Rojo despliega con claridad y agudeza los aspectos más destacables del sujeto moderno para destacar de él la capacidad crítica y comunicativa que posee, su derecho a elegir y construir distintos tipos de identidades individuales, particulares y generales, sin que unas excluyan a las otras. Estamos en presencia, qué duda cabe, de un libro sugerente, provocativo, escrito con el propósito de esclarecer cierta terminología que circula comúnmente en la prensa y en la academia referente a la globalización y a las identidades nacionales, y que, pese a su profusión cotidiana, poco o nada se había hecho para tratar de esclarecer adecuadamente conceptos como identidad, capitalismo, nación e identidades nacionales. A su vez, el ensayo de Rojo se erige como un rechazo frontal, sin eufemismos de ninguna especie, al discurso neoliberal imperante sobre la globalización y, asimismo, a desnudar las falencias que lo sostiene con la ayuda, en algunos casos, de ciertos intelectuales sudamericanos que no han tenido la valentía de exponer críticamente sus puntos de vistas, y prefieren refugiarse en cambio en el establishment corporativo-empresarial. Sin duda, éste libro es un significativo aporte en el debate sobre las identidades y la construcción de la nación de un intelectual chileno que se ha instalado como uno de los críticos más furibundos en contra del rostro deshumanizado y pernicioso de la globalización en desmedro de sociedades con capacidad de autonomía respecto de los dictámenes emanados desde los holdings o conglomerados financieros extranjeros.  

Afortunadamente, todavía existen intelectuales consecuentes provistos de una visión crítica que no han claudicado sus convicciones ante la necesidad de situar por encima de rencillas ideológicas y egoísmos académicos las necesidades de los Estados-nacionales. Entendiendo por ello el interés primero de analizar la perspectiva histórica desde las peticiones de los Estados y no desde el beneficio reducido de empresarios o agentes financieros. Para, en vez, destacar el rol participativo que el ciudadano debe tener para opinar y decidir sobre la conducción y destino de las sociedades, y no permitir que otras potencias económicas se inmiscuyan en sus asuntos ni que tampoco organismos internacionales que, supuestamente en representación de una "voluntad general" lucrativa, se erigen como conductores de los designios mundiales. Es definitiva: Rojo cree en la capacidad que tienen las naciones por intermedio de sus individuos de construir una identidad colectiva que se ajuste a las propias necesidades de cada Estado, y no a los designios de "expertos" o especialistas de todo, menos de conciencia ciudadana y cívica. Pese a todos los pronósticos alentadores que proclaman la victoria unánime de la globalización, Rojo, en cambio, es más cauto en sus planteamientos, al señalar que hoy día el sistema capitalista tendrá que enfrentarse con algunos escollos para continuar su marcha desembozada de progreso y desarrollo, tal como lo ha venido haciendo desde hace más de cinco siglos.