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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.22 n.1 Talca  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762007000100024 

 

Revista Universum Nº 22 Vol.1: 359-361 , 2007

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

La formación del capitalismo en el marco de Jerez. De la vitivinicultura tradicional a la agroindustria vinatera moderna (siglos XVII y XIX)

 

Javier Maldonado Rosso, Universidad de Cádiz / Huerga y Fierro Editores, Madrid, 1999, 434 pp.

Pablo Lacoste (*)

(*) Doctor en Historia, Universidad de Buenos Aires. Doctor en Estudios Americanos, Universidad de Santiago de Chile. Profesor del Instituto de Estudios Humanísticos Juan Ignacio Molina, de la Universidad de Talca, Chile.

Correo electrónico: placoste@utalca.cl


 

Este libro examina una de las pocas industrias exitosas que desarrolló el Imperio Español. Contrastando con las tendencias hegemónicas de la Corona, basadas en el mercantilismo, los monopolios comerciales, los latifundios y las economías extractivas y rentistas, los españoles también lograron poner en marcha una actividad dinámica, competitiva y exitosa: la industria de la vid y el vino. El caso estudiado se refiere a "Marco de Jerez", ese triángulo formado por Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, en el sur de España. Este era uno de los espacios vitivinícolas de España, pero no el mayor (se cultivaban allí 10.000 hectáreas de viñas a mediados del siglo XVIII, apenas la mitad de la extensión de los viñedos de Málaga, por dar un ejemplo). Desde esta posición, los viticultores jerezanos se lanzaron a conquistar los mercados internacionales, sobre todo los británicos, para lo cual  tuvieron que enfrentar la competencia de otras regiones vitivinícolas europeas como Burdeos y Oporto. Estas eran claramente mayores a Jerez (Oporto cultivaba 40.000 hectáreas). A pesar de todo, los jerezanos lograron desarrollar, expandir y consolidar, con éxito, su industria en los mercados mundiales.

Los historiadores latinoamericanos estamos acostumbrados a mirar a la España de los siglos coloniales, como una placa giratoria, que importaba productos industriales del norte de Europa, para re-exportarlos hacia las Indias, con el beneficio de la intermediación. Muchas veces hemos leído que los españoles lograron muy poco en el desarrollo de sus industrias. La comodidad de contar con las rentas de Indias, tuvo un efecto anestesiador sobre las capacidades empresariales e industriales de los españoles. Como resultado, España sufrió un profundo proceso de desindustrialización. Perdió el liderazgo que tenía, a favor del norte de Europa. España sustituyó la cultura del trabajo por la cultura de la renta. Y esta cultura rentista se trasladó a América Latina, donde las élites trataron de reproducir el modelo, en este caso, generando la renta de la producción primaria y la economía de plantación. Igual que en la península, en América Latina no se impulsaron las industrias.

En este contexto, ni en Indias ni en la Península se desarrollaron actores sociales complejos, fundamentalmente las burguesías industriales. Tampoco se promovió la pequeña propiedad ni la agricultura intensiva. Predominaban los latifundios, las oligarquías y la cultura de la renta.[aa1] Contrastando con este panorama dominante, hubo algunos focos que lograron romper el círculo vicioso. Entre ellos se encuentran los viticultores que sí fueron capaces de crear los actores sociales ausentes en el resto de la sociedad y de la economía imperial: pequeños propietarios dedicados a la agricultura intensiva y orientada a la industria, a partir de los cuales se puso en marcha un modo de producción capaz de generar una burguesía.

Junto con el interés por el estudio de estos actores sociales, el libro de Maldonado Rosso resulta interesante porque logra explicar el proceso por el cual los viticultores de El Marco de Jerez, lograron poner en marcha un producto de calidad, capaz de alcanzar estándares internacionales, y ganar mercados extranjeros, situación que se logró mantener durante tres siglos.

En efecto, los viticultores de Jerez comenzaron en el siglo XVIII con la tradición de elaborar vinos muy sofisticados, utilizando soleras y velo de flor, para ganar en sabor, color y aroma. Se trata del empleo de biotecnología, un siglo antes que Louis Pasteur lograra explicar estos procesos científicamente. Los españoles se adelantaron al sabio francés, gracias al paciente trabajo de observación empírica, prueba y error. Sobre la base de una tarea paciente y delicada, los jerezanos lograron crear un tipo de vino llamado a trascender el tiempo, y conquistar un lugar de liderazgo entre los mejores vinos del mundo.

Resulta notable la capacidad que lograron los viticultores de Jerez, en el sentido de crear una industria de calidad internacional, en medio de la cultura de la renta que predominaba en el Imperio Español de esos siglos. Asombra la visión que tuvieron, al detectar que no podían vivir eternamente de la renta indiana; que era preciso invertir en un proyecto autosustentable, capaz de mantenerse en el tiempo, para cuando las rentas se terminaran.

¿Cómo hicieron los viticultores jerezanos para sustraerse a la cultura de la renta y el mercantilismo, que por ese entonces ocupaba un control hegemónico en el Imperio? ¿Cuáles fueron los mecanismos que se crearon para avanzar en esa dirección? ¿Qué redes se construyeron para lograr ese objetivo? ¿Cómo fue posible abrir espacio al desarrollo de la calidad de producto, en el contexto de una política de control de precios, propia del Estado español de ese tiempo? ¿Cómo se crearon los mercados externos? ¿Qué herramientas se emplearon para ampliarlos y consolidarlos en el tiempo? ¿Qué actores sociales tomaron parte en este proceso?

Por otra parte, el surgimiento de una industria exitosa, con su burguesía innovadora y ambiciosa en pleno Antiguo Régimen, plantea otros problemas. Sobre todo porque se requiere comprender cómo hizo esa burguesía para abrirse camino, en el marco de un sistema político y unas relaciones de producción pre-burguesas. Concretamente, ¿cuál fue la estrategia de los industriales para poner en marcha un sistema con la dinámica propia del capitalismo, en un contexto signado por la fuerte influencia del clero, las órdenes religiosas, los privilegios de los nobles y las corporaciones tradicionales?

Junto con el cruce entre la dinámica capitalista y liberal de la industria del vino con las instituciones del Antiguo Régimen, el texto se ocupa de otros maridajes, como el papel de la industria del vino como mecanismo de movilidad social, aspecto sumamente sensible para la historia desde el punto de vista de las capas mayoritarias y populares de la población. En ese sentido, el texto muestra cómo la viña era muy buena amiga de la pequeña propiedad y la movilidad social. También se realiza el cruce entre la industria y los espacios sociales, como las tabernas. Surge, entonces, una colorida reconstrucción de la vida social y las costumbres españolas de los siglos XVIII y XIX, que resultan clave para entender mejor la cultura que se trasladó a América Latina.

Paralelamente, el texto se va enhebrando con el abordaje de problemas técnicos sobre las viñas, la calidad enológica de las cepas, la forma de crianza y envejecimiento de los vinos, y los métodos de comercialización, incluyendo la construcción, difusión y estandarización de las marcas y los productos de calidad.

Al enfrentar estos problemas, el autor realiza un trabajo transdisciplinario, en el cual la economía se entrecruza con la política, lo social con lo cultural, con un verde telón de fondo entregado por las viñas y las técnicas vitivinícolas.