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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.22 n.1 Talca  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762007000100003 

 

Revista Universum Nº 22 Vol.1: 20-31, 2007

DOSSIER: VITICULTURA Y CIENCIAS SOCIALES

Dioniso, dios del lagar, dador del vino (AP IX 524)

 

Elbia Haydée Difabio de Raimondo (*)

(*)  Doctora en Letras con especialización en Lenguas y Literaturas Clásicas. Profesora titular efectiva de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Argentina.

Artículo recibido el 22 de noviembre de 2006. Aceptado por el Comité Editorial el 18 de enero de 2007.

Correo electrónico: elbiad@logos.uncu.edu.ar


RESUMEN

Dos himnos anónimos, uno a continuación del otro, figuran en la Antología Palatina IX, libro enteramente dedicado a epigramas exhortatorios. Bajo el número 524 aparece el "Himno a Dioniso" y el 525 es el correspondiente a Apolo. Basta una mirada para advertir su semejanza en diseño, longitud, criterio distribucional, estilo, métrica y propósito. Veintiséis versos conforman cada texto: la primera y la última líneas, idénticas, sirven de marco en cada caso, con versos iniciales apelativos conjugados en primera persona plural. El resto detalla en orden alfabético epítetos, cuatro por renglón: así, los términos que comienzan con alfa ocupan la segunda línea y se avanza hasta completar las veinticuatro letras.

Curiosamente, en varias ocasiones el mismo epíteto nombra y destaca a estos dioses tan opuestos en genealogía, características, intereses, atributos, culto, simbolización e intervención en relatos míticos. Por eso, el presente trabajo procura examinar la semblanza de Dioniso que traza el texto; esclarecer, mediante el cotejo de las fuentes, la particular duplicación para calificar a Dioniso y Apolo y finalmente indagar a partir de los apelativos con los que se canta a Dioniso si el vino resulta en definitiva positivo o negativo para los hombres.

Palabras claves:

Antología Palatina - Himnos anónimos - Dioniso y Apolo - Epítetos - Vino: ¿recompensa o azote para los hombres?


ABSTRACT

Two subsequent anonymous hymns play a part in the Palatine Anthology, in book IX, entirely dedicated to persuasive epigrams. Dionysus' hymn appears as number 524 and the corresponding poem to Apollo follows it. Only one sight is enough to point out their similitude in design, length, distribution criterion, style, metric and purpose. Twenty-six lines form each text: the first and the final lines are identical and serve as frame in each case, with initial appealing verses conjugated in first person plural. The rest details epithets in alphabetical order, four per stanza: thus, the terms that begin with alpha occupy the second row and then they go on until the twenty-four Greek letters are completed.

Curiously, on various occasions, the same epithet names and brings out these gods, so opposite in genealogy, characteristics, interest, attributes, cult, symbolization and mediation in mythical stories. That is why the present work tends to examine Dionysus' portrait drawn in the text, to clarify this particular doubling through the comparison of the sources and to later consider if wine results, definitively, positive or negative for men, starting from the epithets with which Dionysus is sung.

Key words:

Palatine Anthology - Anonymous hymns - Dionysus and Apollo - Epithets - Wine: ¿reward or punishment for humankind?


 

¿No tenemos que decirnos que las obras imperecederas
nunca hubieran sido lo que son sin los dioses,
sin esos mismos dioses griegos que, al parecer, ya no nos importan?
Walter Otto, Teofanía

La Antología Palatina es un reservorio anónimo de casi tres mil setecientos epigramas, paganos y cristianos, fechada ca. 980 d. C. -y probablemente organizada por esos años-. Recoge el trabajo amanuense de, entre otros, cuatro escribas y un corrector. Suma unos trescientos cuarenta poetas, sin incluir el material anónimo, y recopila quince o dieciséis siglos de poesía epigramática, desde sus orígenes (VIII a. C.) hasta el VII d. C., con especial hincapié en el período helenístico, etapa de notable y renovado impulso del género.

En cuanto al título de la obra, el término comenzó a circular en sentido moderno a partir de Diogeniano de Heraclea, compilador del siglo II d. C. Se calificó de Palatina porque en 1616 se encontró el único manuscrito (Codex Palatinus 23 Heidelbergense) que se conserva hasta la fecha1 en la biblioteca del palacio del conde de Heidelberg.

Hay criterios disímiles para la conformación de sus quince libros: en algunos casos prevalece la categoría literaria, por ejemplo la convivial y la satírica en libro XI, y en otros, un autor determinado, como San Gregorio el Teólogo en VIII. 

En cuanto al IX, este libro está enteramente compuesto por epigramas exhortatorios y admonitorios, y en él figuran dos himnos anónimos y sin datación (aunque hay indicios lingüísticos que animan a ubicarlos en la etapa helenística): bajo el número 524 aparece el Himno a Dioniso2 y en el 525 el correspondiente a Apolo. Basta una mirada para advertir la semejanza en diseño, longitud, criterio de distribución, estilo, métrica y propósito. Veintiséis versos conforman cada texto: la primera y la última líneas, idénticas, sirven de marco en cada caso, con versos iniciales apelativos conjugados en primera persona plural. El resto detalla en orden alfabético epítetos, cuatro por renglón: así, los términos que comienzan con alfa ocupan el segundo hexámetro y se avanza hasta completar las veinticuatro letras. Cada poema está concebido en hexámetros dactílicos, la mayoría holodáctilos. Estos detalles estilísticos dan cuenta del esmero en el uso de artificios literarios por parte del himnista.

He aquí el , la traducción personal directa de la fuente griega y la escansión3:

Himno a Dioniso

Cantemos al rey que gusta del grito de Evohé, el Taurino,
de cabellera abundante, rústico, digno de ser cantado, de hermosa figura,
de Beocia, estruendoso, báquico, con cabello adornado de racimos,
gozoso, rico en fecundidad,  matador de gigantes, rico en risas,
nacido de Zeus, engendrado dos veces, nacido dos veces, Dioniso,                        5
Evio, de espesa cabellera, de hermosos viñedos, que excita a las orgías,
celoso, muy colérico, receloso, que procura bienes envidiables,
mitigador, bebedor, de voz agradable, seductor,
portador de tirso, de Tracia, miembro de un tiaso, de corazón de león,
vencedor de la India, amable, de corona de color violeta, el Taurino,                   10
que participa en el festín, provisto de cuernos, ceñido de hiedra, ruidoso,
de Lidia, dios del lagar, que hace olvidar las penas, que disipa las preocupaciones,
iniciador (en los misterios), el que inspira, dador del vino, que toma mil formas,
el dios de las fiestas nocturnas, pastoril, vestido con piel de cervato, con túnica de piel de cervato,
que lanza una jabalina, común a todos, dador de comensales, de rubia cabeza, 15
propenso a la cólera, de corazón impetuoso, que mora en las montañas umbrosas, que frecuenta las montañas,
gran bebedor, errante, ceñido por muchas guirnaldas, que preside festines abundantes,
que destruye la razón, tierno, que se retuerce bailando, vestido con piel de oveja,
saltarín, sátiro, hijo de Sémele, vástago de Sémele,
alegre, de mirada de toro, destructor de los tirrenos, presto para la ira,               20
que asusta con sueños espantosos, húmedo, dios del himeneo, que habita en los montes,
apasionado por los animales salvajes, temible, que gusta de sonreír, vagabundo,
de cuernos de oro, gracioso, que relaja la mente, de mitra de oro,
que extravía el alma, embustero, aficionado al ruido, que desgarra el alma,
maduro, feroz, alimentado en las montañas, que hace ruido en las montañas.      25
Cantemos al rey que gusta del grito de Evohé, el Taurino.

Hoy leído, ayer cantado, el verbo inicial significa "celebrar con canto y danza", "cantar con acompañamiento de lira o cítara". El texto es una retahíla acumulativa de cualidades diversas pero decisivas del ser y acontecer dionisiacos, que el hombre debe entonar para elevarse y participar en consecuencia de lo divino. ¿Intuimos cuánto fervor, cuánta emoción religiosa, habrán experimentado los griegos frente al dios digno de ser cantado (2c)4 y frente a este himno y a otros semejantes, en sus horas más prístinas de proximidad a él?5 Con la fuerza de voces fusionadas coralmente, la música se convertiría en medio catártico y laudatorio en busca de favor, amparo, consuelo y clemencia6.

Mientras traducía este cántico, la relectura de un libro clásico -y del cual extraje el epígrafe-, me permitió aplicar al texto objeto de análisis los  interrogantes con los que el crítico alemán prosigue:

"¿No era acaso su espíritu, y ningún otro, el que despertó formas creadoras cuyas obras, aún después de milenios, nos elevan el corazón, más aún, nos llenan de sentimientos de devoción? Pero entonces, ¿cómo puede ser que ya no nos importen? ¿Cómo podemos conformarnos con el juicio general de que hayan nacido de una ilusión primitiva y que se merecen un cierto interés solo en un nivel de evolución donde parecen acercarse un tanto a nuestra fe en lo Divino pero en un nivel en que, por cierto, ya no despiertan fuerza creadora alguna?" (1968: 6)

En relación con Dioniso, su omnipresencia en la cultura griega antigua es constante en creaciones artísticas de la plástica, la literatura, la escultura, la arquitectura, la música. Su incorporación data del siglo XVI o XV, tardía si nos remitimos a otras figuras de las que hay testimonios en el XVIII (Ruiz de Elvira, 19822: 93). Aunque es hijo de la mortal Sémele, es considerado dios ya durante su existencia terrena. El himno condensa admirablemente su historia, vicisitudes e influjo en la existencia humana. De la profusa enumeración de rasgos resulta la figura compleja, turbadora, exótica y multiforme de esta deidad, la más versátil de todo el panteón heleno. Sin contar variantes dialectales, en total son noventa y siete epítetos que, en pro de una mayor clarificación, podríamos clasificar según sean7:

1. Exclusivos de Dioniso o compartidos con otros dioses. Entre los primeros se seleccionan uno que gusta del grito de Evohé y Taurino (1c y d). Respecto de 1d -con la variante jónica 10d- interpretación es dudosa (probablemente significa "que tiene relación con un toro" o "que se muestra como un toro") y aparece, entre otros ejemplos, en el Himno Homérico I, destinado a Dioniso. Son privativos del dios báquico y que lleva el pelo adornado de racimos (3 c y d), nacido o engendrado dos veces (5b y c),  Evio y que excita a las orgías (6a y d), nocturno (14a), el giver of guests (15c), esto es, dador de comensales, de invitados; el de los muchos festines (17d), que se retuerce bailando (18c), alegre (20a), dios del himeneo (21c) y vagabundo o transgresor (22d).

Con respecto a denominaciones coincidentes, comparte con Apolo en el himno siguiente rey (1b), de bellas formas (2d), gozoso (4a), matador de gigantes y rico en risas (4c y d), descendiente de Zeus (5a), receloso (7c); mitigador, dulce (8a), amable (10b), que toma mil formas (13d), la forma ática que pertenece a todos, común (15b) y que frecuenta las montañas (16d). Tan pareja es la estructura de ambos cantos que los epítetos tienen la misma ubicación en el verso, con excepción de rey, de bellas formas y rico en risas

A pesar de ser dioses contrastantes, incluso opuestos, ambos tienen dones proféticos y son olímpicos, oraculares, en algún momento divinidades agrarias,  difíciles de ser aprehendidos en toda su magnitud. Además se estrechan, hermanados, las manos como amigos en la iconografía e incluso comparten las fiestas trietéricas en el solsticio de invierno, en Delfos, en donde algunos estudiosos han supuesto que Dioniso ha precedido a Apolo. Allí, en las alturas del Parnaso, reemplazaba cada año al hijo de Leto cuando este se ausentaba por sus (Plut. Mor. 389 C) y en las laderas del monte cada dos años se reunían las cofradías de las ménades áticas y de sus pares de Delfos en fiestas llamadas Nictelias (14a) (Plut. De mul. vir. 13.249e-f, Paus. 10.4.3). Aunque el año délfico se dividía desigualmente (primavera y verano para Apolo Hiperbóreo, al otro dios solamente el invierno), el binomio convivía y el templo de Apolo albergaba la tumba del excéntrico familiar. La resultante de tal "convivencia" es una influencia mutua: Apolo heleniza a Dioniso y este paralelamente aporta a aquel una mántica exaltada.

2. Alusiones a su periplo terreno, entre cuyos trayectos se distinguen:

2.1. Nacimiento. Sus padres son Zeus y Sémele, hija del rey Cadmo y Harmonía. Cuando, instigada por Hera, Sémele insiste a su amante para que se muestre en toda su magnificencia, en vano Zeus intenta persuadirla e irremediablemente la fulmina con su esplendor. Una hiedra se retuerce entonces en las columnas del palacio con el fin de interponerse entre el feto y las llamas y Zeus puede, en consecuencia,  rescatarlo en su sexto mes de gestación y coserlo en su muslo hasta el momento del parto. A su singular modo de nacer aluden, con igual componente inicial, y junto con los otros dos con delta inicial más hijo de Sémele (19c y d) (cfr. Himno homérico I).

Su nombre es el más remoto del panteón y se mantiene a lo largo de toda la Antigüedad atestiguado bajo la forma Diwonosojo en tres tablillas del lineal B, c. 1250 a. C. En cuanto a su alcance etimológico:

"If Dionysus signifies '†nysos' (son?) of Zeus, as much linguistic believe, the god's name would be half Greek and half non-Greek. But such etymological neatness is just as improbable as a divine name derived from the god's genealogy. Hardly most plausible is the derivation, from nysai, the dubious designation for three nymph-like figures on a vase fragment by Sophilus". (Hornblower y Spawforth: 19932: 480).8

2.2. Infancia y juventud. Según la tradición mítica más corriente, para protegerlo de la celosa Hera, Zeus lo aleja del Olimpo y pide a Hermes que lo deje al cuidado de su tía Ino. Cuando ésta enloquece, a causa de Hera, el padre transforma en cabrito al niño Dioniso y nuevamente el mensajero Hermes lo conduce, esta vez ante las híades -dos a siete según las variantes mitológicas- en Nisa, montaña de índole maravillosa y por ende de imprecisa localización, acaso en Tracia (cfr. Himno homérico XXVI). Este lapso se refleja en términos como: que vive en las montañas umbrosas y que frecuenta la montaña (16c y d), que habita en los montes (21d), apasionado por los animales salvajes (22a), alimentado en las montañas y que hace ruido en las montañas (25c y d). El primero en llevar una corona (10c), en especial de hiedra (11c y 17c), recorre rústico, campestre (2b) y alegre (4a, 19a, 20a, 23b) los montes y bosques con las ninfas, entre risas y estruendos (3b, 24c), como luego lo harán sus cortejos a la luz de las antorchas. La hiedra ejerce un gran papel en su culto: planta sagrada9,  atributo del dios y ornamento de los tirsos (9a y c)10, es masticada por las Bacantes (Plut., Qu. Gr., 12) y figura como signo de tatuaje en la religión tracia.

En esa etapa de correrías, hay tiempo también para que el viejo preceptor Sileno lo eduque. En el himno esta franja se evoca con títulos como báquico (3c) y, detallando a la comitiva que singulariza a Dioniso, sátiro (19b), cada uno de los pupilos durante toda su vida andariega, inquietos genios primitivos y agrestes, símbolos de la vida alegre y desordenada de los adoradores del dios, en la iconografía más jóvenes que los silenos.

2.3. Referencias locales atinentes a su itinerario, en donde la divinidad es objeto de veneración con un templo o altar, otra expresión de su poderío. Se trata de cuatro gentilicios: el primero, (3a), porque atravesó Beocia, región al oeste del Ática, para luego penetrar en ella; el segundo, el épico y jónico (9b), ya que esta tierra fue cuna de su culto. El tercero, (10a), vencedor (propiamente destructor) de la India, alude a su conquista de ese territorio. (12a), porque conforme al sincretismo griego, asimiló a varias divinidades extranjeras, entre ellas al lidio Basareo (a su vez vestido con piel de zorro es epíteto de Baco y significa celebrar sus misterios).

No están necesariamente ubicados en orden cronológico. Cuando cruza de la Grecia continental a la insular,  en la cíclada Naxos se produce el rapto de los tirrenos, habitantes de Lemnos e Imbros y piratas por antonomasia (20c) (cfr. Himno homérico VII). Su paso por tierras exóticas, de las que volverá afeminado, se recuerda en el jónico 23d, de mitra o turbante de oro, metal que entraña resplandor a causa de su color y nobleza.

3. Rasgos físicos y espirituales: Desde el punto de vista sensible, se ensalza su figura (2d), su voz (8c), la gracia de sus movimientos (23b). Su cabellera es calificada dos veces de opulenta, de abundante (2a, 6b), signo de  fuerza vital y de alegría de vivir, a la par que de decidida voluntad de triunfo.

Espiritualmente, su proceder excede la comprensión humana. Sus castigos (muy colérico, 7b; feroz, 25b; que aterra mediante sueños espantosos o pesadillas, 21a) tienen en común la violencia -y con ella la locura-, y reflejan en marco mítico la resistencia contra la nueva religión11. Implacable y  tolerante, grosero y amable, tosco y delicado, vengativo e indulgente, revoltoso y sereno, violento (20d) y pacífico, su biografía está llena de episodios contrastantes. Estas luces y contraluces no son sino la manera quintaesenciada de describir su poder.

4. Metamorfosis.

Como divinidad tiene la facultad de transformarse, en su caso en toro, león, buey y, evidencia de su origen o estancia en el extranjero, en pantera. Esta peculiaridad de cambio, innata y propia de su esencia sobrehumana, consta en los epítetos provisto de cuernos (11b); de mil formas (13d); de mirada de toro (20b); de cuernos de oro (23a). (En todas las culturas paleorientales se expresaba la idea de poder y de fuerza agresiva, en general, por medio del toro y, específicamente, de sus cuernos.) Vestido con piel de cervato y con túnica de cervato (14c y d) y vestido con piel de oveja (18d) también refieren poéticamente a sus marcadas representaciones zoomórficas, en tanto su proximidad con lo menos noble de lo humano y recuerdan juntamente a su comitiva.

En un análisis diacrónico él también muta: es inicialmente dios del vino, luego de la vegetación (maduro, sazonado, 25a) y del calor húmedo (21b), después de los placeres (dios del himeneo, 21c) y, por último, según la concepción órfica, de los dioses y del Universo.

En el himno se advierte claramente una dualidad, si no polaridad, que desconcierta y confunde: amable (8a, 10b, 22c, 23b) y, sin tregua, embustero (8d, 24b), impetuoso (16b) y colérico (16a, 20d). La euforia y la liberación del instinto intuitivo que motiva consumir vino pueden generar inspiración creadora y, en consecuencia, Dioniso, dios festivo sin orden, límite, jerarquía o precepto, se asocia en esta circunstancia con la poesía, la música, el teatro. A su vez, epítetos como disipador de cuidados, que desvanece las preocupaciones (12d) son seguramente espejo de ideas de redención y libertad junto con aspiraciones sociales.

5. Funciones. Concentramos el análisis a dos esferas de acción, la primera para comprender mejor algunos epítetos del himno:

5.1. Muertos:

Así como Orfeo había descendido a buscar a su esposa Eurídice, Dioniso se encamina a pedir por su madre difunta a quien, liberada del país de las sombras, le cambia el nombre por Tione. Este viaje, que pocos tienen el privilegio de hacer, y la relación con Zagreo y con Deméter, lo transforman en dios que sufre, muere y renace. Su muerte lo aproxima a la humanidad. La reencarnación del alma en la que confía el orfismo encuentra entonces en Dioniso hondura y consuelo (iniciador en los misterios y el que inspira, 13a y b). La resurrección divina garantiza al iniciado, al misto, un triunfo sobre su propia muerte y una inserción dichosa en un curso metahistórico. Ahora bien, el dios es un amo exigente: demanda de sus adoradores la donación completa de sí mismos. Poseso, cada fiel logra una identidad mística con el todopoderoso y, acaso por un instante, llega a ser Dioniso mismo.

5.2. Vino:

Ya criado y de paseo por los valles, descubre una fruta desconocida: la uva, y de la mano de ese hallazgo el arte de elaborar vino (análogo a Noé, Génesis 4.20-21). Advierte asimismo que puede imponer su divinidad con tan poderoso y ambivalente recurso y se dedica a difundir palmo a palmo su invención desde la Grecia continental (episodios en Ática, con Icario; en Etolia, con Eneo, a quien regala la primera cepa; en Laconia, con Dión) a la insular y a Oriente. De allí entonces sus epítetos con cabellos adornados con racimos (3b, ); de hermosos viñedos (6c)12; , dios del lagar (12b), dador del vino (13c). En los encuentros religiosos, las libaciones sin esta bebida eran la excepción pero en los vasos, si bien Dioniso nunca está lejos del vino, llamativamente no aparece tomándolo sino sosteniendo sus recipientes preferidos, el cántaro o el ritón.

Muchas regiones del mundo griego -entre ellas, Élide, Andros, Quíos, Naxos, Eleusis, Orcómeno- celebraban la vendimia o incluían a Dioniso en sus fiestas públicas. Atenas le dedicaba cinco celebraciones anuales, entre ellas las Dionisíacas mayores (marzo-abril) y menores (diciembre-enero, pero seguramente escalonadas durante el año). Las primeras eran panhelénicas y las segundas, llamadas también Dionisias Rurales, permitían la participación de esclavos y entre los juegos disputados, se saltaba a la pata coja sobre odres hinchados y engrasados. En enero, las Dionisias de Leneón o Leneas (¿de lagar, o mejor de ménades?) recibirían su nombre del lugar en que se efectuaba la ceremonia (y del mes). El Leneón disponía de un gran recinto donde se representaban las obras antes de la construcción del teatro.

Sin embargo, las más antiguas y comparables en importancia a nuestra Navidad eran las jónico-áticas Antesterias que se instituían en primavera, a fines de febrero, y evocaban la llegada del dios por mar. Asociadas al vino nuevo, se celebraba un concurso de bebedores, cada uno provisto de un vasija de unos tres litros y cuarto, y el primero en acabarlo recibía una corona vegetal y un odre con vino. Se abrían los toneles para sacar el vino nuevo el cual se transportaba al santuario de Dioniso y allí se lo cataba. Incluso se repartían a los niños vasijas en miniatura como juguetes.

Las Oscoforias, por su parte, reverenciaban en otoño el triunfo de Teseo sobre el Minotauro y en ella dos jóvenes vestidos de mujer acarreaban en procesión sarmientos rebosantes de racimos, desde el templo del dios al trono de Atenea Escira en el puerto de Falero (al respecto, es llamativo el silencio en el himno acerca de la hierogamia con Ariadna y el centro de devoción en Naxos).

En cuanto al culto orgiástico a Dioniso, ya regulado en la época clásica, perduró hasta el 186 a. C., año en que fueron prohibidas las Bacanales, fiestas mistagógicas, por el Senado romano. Dos epítetos son elocuentes al respecto: acompañado del grito de evohé (6a; usado interjectivamente, evohé es la exclamación ritual de las Bacantes para invocarlo en las Baquías) y el que excita a las orgías (6d), compuesto que acertadamente refleja el arraigo popular de la divinidad. El verbo significa velar y es la fiesta con cantos y danzas por la calle de una muchedumbre aturdida, enajenada y fanatizada (15b).

En este cuadro de excesos, de libaciones copiosas, de promiscuidad sexual y de clandestinidad, se incorpora, por ejemplo, loco, el que infunde locura o manía (13b), el nocturno (14a), la mejor ocasión para la desmesura y el delirio báquicos; (15c), de dudosa significación; , tal vez que preside banquetes copiosos (17d); que se contonea o vibra bailando (18c), dios del himeneo o del placer (21c), y el transgresor (22d).

¿El vino es premio o castigo del dios? Su inventor no deja libertad de elección; su intervención y su decisión son anteriores a la humana. Su arma puede ser mortífera porque tiene sobrada potestad para hacer que los hombres enceguezcan. En realidad, la ingesta de vino siempre ha tenido doble cara. Tomado con moderación, resulta estimulante del sistema nervioso y del aparato circulatorio; es beneficiosamente tónico, diurético y estomacal. Además una copa compartida realza todo momento de encuentro. Se dice "el vino es vida"; "el vino, la bebida de los pueblos fuertes", "Mendoza, la tierra del sol y del buen vino". Desde este enfoque, el dios es promotor de la civilización, legislador y amante de la paz, protector de la agricultura. En cambio, si prevalece su efecto tóxico, el exceso, la resaca y la autodestrucción son consecuencias previsibles (Pl. Leg. 2.672d, 6.773d)13. La embriaguez supone estadios según las dosis bebidas, en diferentes grados de intensidad: placer e ilusión, plenitud vital y evasión (4d, 8b, 12d) a salvajismo -incluso canibalismo, 25b-, vértigo y locura (18a, 21a, 23c, 24a y d). De allí entonces que el  vino y su uso encarnan la lucha entre la medida y la no medida, entre lo racional y lo irracional, un drama que todavía desasosiega al ser humano14.

Para concluir, por acotado y breve que haya sido el perfil biográfico expuesto, comprendemos que Dioniso se ha ganado un lugar en el Olimpo, habiendo luchado en la empresa de Zeus contra los Titanes (4c) y matado a Éurito o Reto, según las variantes míticas.  Pero, casi tan importantes como esa victoria en el cielo, son su presencia en Delfos, con santuario y tumba propios que se mostraban todavía en épocas de Plutarco (Isis y Osiris, 35 A) y la novedad del vino15. De las cuatro incumbencias de Dioniso -éxtasis, personificación, esperanza de vida posterior a la muerte y el vino-, la más dominante es la última que además se derrama sobre las restantes, tanto como, generosa, la raíz mediterránea wein se expande en los vocablos 16, vinum, wine, Wein y como, generosa, la bebida así designada ha tenido una duradera y relevante significación social, cultural, religiosa y económica en la historia de la humanidad.

EDICIONES

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1 Maximiliano de Baviera la regaló al Vaticano, al papa Gregorio XV (1628). Más tarde se interesó por ella Napoleón Bonaparte. Para una detallada crónica de la Antología Palatina, cfr. Körte y Händel (1973: 250).

2 En antropónimos y topónimos se ha respetado la ortografía establecida por La transcripción castellana de los nombres propios griegos de Fernández Galiano, 2ª edición de 1969,         [ Links ] y el Diccionario de los nombres propios griegos debidamente acentuados en español, 1998, de Justo Vicuña y Luis Sanz de Almarza,         [ Links ] ambos libros publicados en Madrid.

3 Aun a riesgo de que se considere pueril la modalidad elegida para la escansión, se subrayan los longa de cada hexámetro con el único propósito de ayudar a lectores menos idóneos en el tema.

4 El número indica el verso y la letra, el orden del epíteto en la línea. Para un mejor seguimiento del artículo, se aconseja tener siempre el texto a mano.

5A pesar de un nacimiento oscuro y de algunas conjeturas etinilógicas, se considera que significaba en sus comienzos "tejido" o legazón". En sentido amplio, es una denominación genérica sin forma métrica ni función determinadas. En sentido estricto, se trata de cantos que honran a los dioses, a diferencia de los encomios que ensalzan a los héroes (Rep. 10.607a, Leyes 7.802a1).

6 La plegaria se hacía en voz alta; en cambio el silencio o el susurro eran aliados de intenciones ofensivas, indecentes, mágicas o eróticas.

7 Queda abierta la posibilidad de cotejar este himno con otras obras, entre ellas las Metamorfosis IV 17-30 y Fastos III 715-732, ya que Ovidio hace un detalle muy completo de las hazañas y atributos del dios, y con las Dionisíacas de Nonno (siglo V d. C.), enteramente dedicadas a él.

8 Eseverri Hualde consigna como segundo componente , de donde "mente de Zeus". Según otros estudiosos, significa "Zeus de Nisa".

9 Junto con el tejo, el pino, la higuera y, obviamente, la vid. Las imágenes más antiguas del dios fueron talladas en madera de higuera.

10 Los tirsos son báculos o varas con hiedra y parra enroscadas y una piña en la punta. Dos símbolos antiguos se asocian: el tirso, de la fecundidad y la piña, símbolo fálico.

11 Cfr. incidentes contra Licurgo, Penteo, las hijas del rey Preto y las mujeres del lugar, y contra Minias, respectivamente en Tracia, Tebas, Argos y Orcómenos.

12 Ampelografía es el tratado sobre el cultivo de la vid. Ámpelo se llama un joven de gran belleza, amado por el dios, cfr. Ovidio Fastos III 407 ss y Nonno, Dionisíacas X 175 ss.

13 La tradición atribuye al bebedor los siguientes estadios progresivos: se vuelve mono (hace payasadas, "duerme la mona"), león (se envalentona, 9d) y chancho.

14 "El vino es petulante, los licores insolentes / el que en ellos se pierde no es sabio." Proverbios 20, 1. Y de Proverbios 23, 29 ss ("El borracho") se extrae: "No mires el vino: ¡qué color de rosa! / ¡cómo brilla en la copa! / ¡qué suavemente pasa! Pero  luego acaba por morder como serpiente, y pica como una víbora. Tus ojos verán cosas extrañas, / y tu corazón hablará idioteces".

15 Cfr. los seis versos del epigrama de Maccio en IX 403, dedicado a Dioniso: "Penetra tú mismo, soberano, con ágil brinco, coceador del lagar, y guía la tarea nocturna; desnuda tu pie orgulloso y haz que tu sierva bailarina se mueva convulsivamente; conduce, bienaventurado, el vino sonoro a las bodegas vacías [a fin de que recibas] pasteles [de cebada, aceite y miel para los sacrificios] y un velludo cabrito". Traducción personal de la fuente griega.

16 "El término general para el vino es oinos, pero junto a él aparecen otros. De ellos el mas antiguo, usado ya por Homero y líricos arcaicos, es methy, la vieja palabra de origen indoeuropeo que en principio designaba cualquierbebida capaz de provocar embriaguez y que probablemente comenzó refiriéndose al hidromiel." (García Soler, 2001: 284)