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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.21 n.1 Talca  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762006000100019 

Revista Universum V21 Nº1:267-269, 2006

DISCURSOS

 

Ceremonia en homenaje al rector de la Universida de Talca, Prof. Dr. Álvaro Rojas Marín, con motivo de su alejamiento del cargo para asumir como ministro de Agricultura, 9 de marzo de 2006, Salón de honor Juan Ignacio Molina, Universidad de Talca.

 

Arnoldo Sánchez

Presidente de la Junta Directiva


 

En nombre de la Honorable Junta Directiva de la Universidad de Talca, tengo el agrado de darles una cordial bienvenida a esta ceremonia que ha sido convocada por esta junta, para que la comunidad universitaria rinda un homenaje de reconocimiento al Dr. Álvaro Rojas Marín, por su brillante gestión como rector de nuestra Universidad durante los últimos quince años.

El destino, el azar, me ha situado en un lugar de privilegio, desde el cual he seguido, desde el año 1990, el devenir de la Universidad y la gestión de su rector durante este exitoso periodo.  Esta circunstancia me otorga el derecho para expresar en esta ocasión encontrados sentimientos.

Alegría, por su honrosa destinación en un cargo que siempre formó parte de sus sueños, y pesar, nostalgia, por el alejamiento de un constructor de sueños.

El inicio de la década de los noventa trajo profundos cambios en nuestra sociedad y, por supuesto, el sistema universitario no estuvo ajeno a ellos. El primero y más significativo de estos cambios fue el de devolver a sus comunidades académicas la posibilidad de elegir a sus directivos. Es así que, mediante un proceso no exento de dificultades, con la incertidumbre proveniente de las desaparecidas prácticas democráticas y también con la esperanza de mejores días, los profesores de la Universidad eligieron a uno de los suyos, haciendo fe en su capacidad de gestión  y muy especialmente en sus cualidades personales,  en las que se destacaban su espíritu analítico y una notable visión de futuro, una visión estratégica.

De esta manera, el rector Rojas, liderando un grupo de académicos, asume en el año 1991 el gobierno universitario, con el objeto de reencontrar a la Universidad con sus mejores tradiciones de participación y democracia.

Fueron años complejos, de transición y de reconciliación, en que nuestra institución hizo su proceso interno sin traumas ni odiosidades y en cuales el rector invitó a sus pares a pensar, a imaginar y a construir el futuro en el cual a todos le gustaría vivir.

La Universidad que encabezó el rector Rojas a comienzo de la década de los noventa era, con toda seguridad,  la más pequeña de las que nacieron el año 1981, derivadas de las dos universidades nacionales que existían a esa fecha, la Universidad de Chile y la Universidad Técnica del Estado y fue la última  en iniciar su proceso de normalización democrática.

En números y cifras, la Universidad de 1991 ofrecía seis carreras de pregrado, tenía una población de poco más de dos mil alumnos y un reducido presupuesto, asignado con el criterio centralista que ha dominado nuestra historia.

Al poco tiempo de iniciado su mandato y está registrado en uno de sus discursos,  nos habla del "Desafío de la excelencia". Esta palabra, que hoy es un lugar común, no estaba en el léxico cotidiano del mundo académico en esos años.

En esa oportunidad escribía: "El desafío de la excelencia asoma hoy día con una nitidez inusual. Ser cada vez mejores, en todas las esferas, en cada acción, todos los días, en cada minuto. Creo que mis colegas coincidirán conmigo en que el camino de la excelencia es el norte principal que debe inspirar nuestro desarrollo institucional en los próximos años".

Comprometerse con esta palabra es un duro desafío. Exige un trabajo arduo, a veces áspero, a veces amargo, otras veces frustrante, cada día una nueva preocupación.

Creo que ha sido la excelencia la palabra que mejor describe la conducción de la Universidad durante todos estos años y creo que el gran legado del rector Rojas consiste en haber logrado anidar en el ADN de nuestra Universidad, la cultura de la excelencia y de la calidad.

Mi primera intención, cuando me propuse escribir estas palabras de despedida, fue construir algo de la historia de esto 15 años, basado en la revisión de las actas de las sesiones de la Junta Directiva. La tarea realizada en este período es tan abrumadora, que hace prácticamente imposible intentar siquiera un resumen del trabajo, de las ideas, de los proyectos y de los acuerdos tomados. No corresponde además privar al rector de la satisfacción que le debe significar, dar cuenta directamente a la comunidad del trabajo realizado.

Bastaría señalar que entre aquella disminuida institución de 1991 y la de este tiempo,  hay una brecha notable:

- Miles y miles de metros cuadrados de construcciones compuestas por aulas, laboratorios, bibliotecas, salas de estudios, casinos, espacios recreacionales y oficinas. Todo ello, inmerso en un paisaje armónico, verde, arbolado, limpio, que alberga además el trabajo de los artistas más destacados del país y se ha transformado en el parque de esculturas más importante de Chile.

- Un plan maestro consensuado por toda la comunidad académica que ha orientado el trabajo a lo largo de estos años.

- Una institución acreditada nacional e internacionalmente.

- Equipos humanos que en el día a día van construyendo los proyectos con esfuerzos y perseverancia, y que laboran en un ambiente de trabajo con alto grado de armonía interna, en la cual los conflictos han sido resueltos con inteligencia.

En fin, reitero que no caeré en la tentación de describir los logros alcanzados durante estos fructíferos años, ni los notables progresos que la Universidad hoy exhibe en sus estándares de calidad y gestión.

La materia que hoy nos convoca es otra. Se deriva de la decisión de la Presidenta de la República, que trajo como consecuencia  la incorporación de nuestro rector a su gobierno,  como Ministro de Agricultura, un área muy sensible,  especialmente para nuestra región.

Es, sin duda, una buena decisión de la Sra. Presidenta. Incorpora a su gestión a un hombre de gran capacidad técnica, dotado de envidiables talentos, poseedor de una visión que integra el desarrollo pasado, presente y futuro de nuestra sociedad, dueño de una personalidad reflexiva, acogedora y cálida.

Vista desde nuestra humana dimensión, la Sra. Presidenta nos priva del conductor indiscutido de este proyecto y repentinamente introduce, dentro del quehacer de la comunidad universitaria, una variable que todavía no estaba en nuestra preocupación y que nos genera una natural incertidumbre.   

Estas circunstancias son las que nos reúnen hoy día y nos brindan la oportunidad para reconocer la magnitud de su entrega a este gran proyecto.

Para no extender mis palabras más de lo necesario,  he buscado un elemento que resuma toda su gestión y que explique por sí mismo el sentido del homenaje que hoy nos reúne.

Hay un  hecho que, a mi juicio, resume todo lo realizado,  y no me refiero a su estructura física, ni a sus laboratorios, ni a sus programas de pre y postgrado, ni a la calidad y formación de sus académicos.

Me refiero a que hoy,  sus egresados manifiestan y proclaman con orgullo ser profesionales formados en la Universidad de Talca.

El rector Rojas,  al frente de esta comunidad ha edificado, ni más ni menos,  el Alma Mater de los constructores del futuro.

Estimado Álvaro a nombre de la Junta Directiva de la Universidad, deseo agradecerte todo lo que has hecho por esta institución.  Gracias por el esfuerzo, talento y cariño que has entregado a esta empresa y por el nivel en que has logrado posicionar a nuestra Universidad.  Gracias por haber sido capaz de generar y aglutinar una gran  adhesión a un proyecto colectivo, que nace precisamente a partir de los sueños y aspiraciones de muchos, incluyendo por cierto, los tuyos.