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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.21 n.1 Talca  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762006000100016 

Revista Universum V21 Nº1:245-247, 2006

NOTAS

Los intelectuales y la creación de la identidad nacional 1

 

Javier Pinedo (*)

(*) Doctor en Literatura, Universidad de Lovaina. Director del Instituto de Estudios Humanísticos Juan Ignacio Molina, de la Universidad de Talca.

Correo electrónico: jpinedo@utalca.cl


 

1. Durante los días 25 al 30 de julio de 2005 se realizó en Santa Cruz de la Sierra, el V Encuentro de Historiadores e Intelectuales Bolivia-Chile, una instancia creada por académicos de diversas universidades y centros de investigación de ambos países que intentan crear espacios de colaboración mutua. Una colaboración, si es posible, que desemboque en la integración.

En este sentido el Encuentro de Historiadores e Intelectuales Bolivia-Chile, continúa los objetivos de otros similares como la Asociación Argentino Chilena de Estudios Históricos e Integración Cultural, El Corredor de las Ideas del Cono sur, El Encuentro Peruano Chileno de Estudios Históricos, La Federación Internacional de Estudios sobre América Latina (FIEALC), El Grupo de Estudios sobre el Mundo Andino (GESMA), La Sociedad Latinoamericana de Estudios sobre América Latina (SOLAR), entre otros, dedicados a fomentar el conocimiento mutuo y la integración de las Américas.

En el caso del V Encuentro Bolivia-Chile, probablemente el más complejo, participaron un importante grupo de pensadores junto a la presencia de los embajadores Francisco Pérez Walker y Víctor Rico, para tratar el tema de la integración, sus ventajas y dificultades.

Más allá de los aspectos profesionales, el encuentro se constituyó en un ejemplo de amistad y colaboración en la búsqueda de soluciones para la creación de lo que se ha denominado una cultura "puente", con la que se pueda contribuir de mejor forma a desconstruir las odiosas imágenes (mutuas) del pasado y su superación a través de la creación de instancias que destaquen los aspectos comunes que mantienen los países vecinos en cuestiones culturales, económicas, históricas, religiosas, lingüísticas y otras.

En este encuentro, que normalmente promete más de lo que pueden realizar (lo que no invalida su utilidad), se ha establecido el viejo anhelo de reescribir en conjunto las historias de ambos países, que sirvan de modelo en la construcción de ciudadanos de uno y otro lado de la frontera, que los sensibilicen para establecer nexos de amistad y colaboración entre ambas naciones.

2. En la construcción de la imagen que los países tienen de sí mismos (y sus vecinos) intervienen muchos factores, entre los cuales, la familia, la escuela y los medios de comunicación juegan un rol fundamental. De estos, en la formación histórica y valórica que se recibe durante el proceso de socialización del conocimiento en la escuela, es primordial la opinión de los intelectuales que a través de sus obras exponen a la ciudadanía ideas que se constituyen más tarde en identidades sociales. Así, aunque nunca hayamos visto a un ciudadano norteamericano, sabemos (o creemos saber) cómo son, cuáles son sus aspectos positivos y negativos, sus valores y principios, por lo que hemos escuchado decir de ellos. Y lo mismo para el resto de las naciones y culturas. Así podemos ordenar jerárquicamente entre las que envidiamos y las que despreciamos, a las que queremos parecernos y las que evitamos. En estas representaciones que nos hacemos de los demás muy pocas veces la imagen corresponde a la realidad, ni ha sido confirmada por datos concretos. Y si llegáramos a conocer a un miembro de esa cultura que no corresponda a la imagen que nos hemos formado de él, es más probable que estemos dispuestos a negar la realidad que a modificar nuestras creencias.  

A comienzos del siglo XX Francisco A. Encina publicó Nuestra inferioridad económica (1912), un ensayo en el que propuso la imagen de Chile como un país diferente e insular en el continente americano; un país que ha logrado crecer económicamente y alcanzar la estabilidad política y social debido a la presencia de los conservadores y particularmente de Diego Portales (el "gendarme necesario", al decir de Ariel Peralta). Un país marcado por el desprecio tanto a la democracia y la participación popular, como al liberalismo (económico y político), descrito desde una imagen nacionalista y racista que recomendaba el aislamiento del resto de América latina, despreciada por su permanencia en el caos político y escaso desarrollo económico. Nuestros vecinos del norte (Perú y Bolivia) correspondían a esta imagen y sólo merecían el desprecio. Cuando algún vecino sobrepasaba esta imagen, como Argentina, entonces se transformaba en enemigo militar.

Sin embargo, esta imagen no es privativa de Chile, pues el resto de los países de América han desarrollado de igual manera una política exterior en parte americanista y en parte marcada por la desconfianza hacia los vecinos, siguiendo las directrices de pensadores que impusieron el temor y la agresividad.

El libro de Encina, que tuvo una recepción más amplia de lo que pudiera pensarse, proponía un proyecto de país según el cual  para lograr el desarrollo económico se debía someter a Chile al rigor de una política conservadora, estatista y autoritaria, fomentar los sectores burgueses por sobre los populares y oligárquicos, y alcanzar la meta del desarrollo mediante la industrialización, en desprecio de la agricultura.

El texto de Encina tuvo una gran difusión con posterioridad al golpe de 1973, y el gobierno militar reeditó parte de su obra, aceptando su imagen de Chile y de América Latina, con una mirada en la que no tenemos vecinos con quienes dialogar, e insistiendo en la imagen de un país insular, superior y asustado al mismo tiempo. Un país que cree absurdamente entenderse mejor con Nueva York o París que con Buenos Aires, Lima o La Paz. Y cuando el almirante José Toribio  Merino, miembro de la Junta Nacional de Gobierno, denominó a los bolivianos como "auquénidos metamorfoseados", quedó establecida para siempre la incapacidad de ese gobierno para establecer relaciones diplomáticas inteligentes y fructíferas para ambos países. 

Es evidente que Encina (y muchos nacionalistas) no han conocido el maravilloso mundo latinoamericano, su rico folclor, sus costumbres, la belleza de su gente y paisaje, y han levantado muros de intransigencia, actuando con el delirio de los estereotipos del fanático: Argentina, un país agresivo; Perú y Bolivia, países de "indígenas"; el Caribe, un mundo de "africanos"; México, un hombre que duerme siesta debajo de un sombrero; Chile, un país agresivo y militarista.

Hasta hace poco, esta era, en el imaginario colectivo nacional, América Latina. Felizmente y en oposición a lo pensado por Encina, al cumplirse ya casi 100 años de su libro, Chile no ha tenido ningún conflicto armado con sus vecinos y las acciones de la diplomacia y la política actual van en un sentido opuesto, y aunque muy lentamente hacia la integración.

La presencia del Presidente Ricardo Lagos en la ascensión al poder de Evo Morales, las reiteradas declaraciones de la Presidenta electa Michelle Bachelet, de la importancia que le otorgará a la integración regional, así como las propias declaraciones del nuevo presidente boliviano, parecen  auspiciar nuevos tiempos más confortables para todos.

Por supuesto, el modelo de Encina y sus seguidores, tuvo también detractores en el pensamiento de Felipe Herrera, gran integracionista y que intentó superar el nacionalismo excluyente, por un nacionalismo continental; Ricardo Donoso y Julio César Jobet, denunciaron las contradicciones y excesos de Encina, y más recientemente los académicos Sergio González (Universidad Arturo Prat) y Leonardo Jeffs (Universidad de Valparaíso), han publicado obras en las que plantean de  manera integradora la historia regional y particularmente la relativa a Bolivia.

3. Como es habitual, en algún momento del V Encuentro de Historiadores e Intelectuales Bolivia-Chile, alguien mencionó el caso de la Comunidad Europea, que ha sabido superar creativamente las diferencias, en algunos casos aún más atroces que las nuestras. Y de la misma manera resultó inevitable pensar en algún cuento de Guy de Maupassant, en el que un ciudadano francés llora la muerte de un soldado alemán, invasor en su patria y su enemigo eterno, pero un ser humano que ha dado su vida para morir en suelo extranjero, por cumplir órdenes que lo han alejado de su familia y de la paz.

Si se llegara a construir una cultura en la que cualquier chileno llore la muerte de cualquier boliviano y viceversa, habremos cumplido los objetivos medulares de ese encuentro de intelectuales y de la creación de una nueva cultura y de una nueva historia


1 La participación en el V Encuentro de Historiadores e Intelectuales Bolivia-Chile, como la presente nota forman parte del proyecto de investigación: "Ensayo literario, ciencias sociales, pensamiento político, sensibilidades, y su relación con las redes intelectuales en los (largos) años 60' en Chile: 1958-1973", financiado por Fondecyt, N° 1030097.