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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.19 n.1 Talca  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762004000100002 

 

Revista Universum Nº 19 Vol.1 :10 - 27, 2004

ARTICULOS

La guerra de la Triple Alianza en los límites de la ortodoxia: mitos y tabúes1

 

Esta guerra no la vamos a ganar
Francisco Solano López a William Stewart - 18662

Liliana M. Brezzo (*)

(*) Doctora en Historia - UCA. Especialización en Historiografía Contemporánea - Universidad de Navarra. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina- CONICET. Miembro de la Academia Paraguaya de la Historia

Correo electrónico: lilianabrezzo@arnet.com.ar


RESUMEN

Este artículo examina las circunstancias y características historiográficas que han rodeado el nacimiento de lo que llamamos nueva historiografía sobre la guerra de la Triple Alianza, para lo cual partimos de una recapitulación de las interpretaciones que de ella nos han ofrecido las diversas construcciones, desde fines del siglo XIX en los países actores del conflicto, particularmente en Paraguay y en Argentina. En segundo término se muestran las líneas historiográficas que están emergiendo a partir de 1990.

Palabras clave:

Guerra - Historiografía - Nacionalismo - Tabúes - Cultura - Democracia.


ABSTRACT

This article is divided in to two main parts: the first aims to familiarize the reader with the circunstances and historiographic characteristics that surround the birth and development of the so-called new historiography about The Triple Alianza's war. In the second a series of proposals are made based on an analysis if the historiography since the 1990s.

Key words:

War - Historiography - Nationalism - Taboo - Culture - Democracy.


 

1. INTRODUCCIÓN

No obstante las controversias y discusiones, querellas y duelos retóricos; a pesar de haberse escrito sobre ella bibliotecas enteras, la guerra de la Triple Alianza3 sigue siendo objeto de investigaciones en el mundo. ¿En qué mundo? En el mundo de los historiadores de los cuatro países actores, claro, pero también, desde hace bastante tiempo, entre investigadores de otros -y en ocasiones impensables- lugares, no sólo en el resto de América Latina, también en Estados Unidos y en Europa4. Entre los años 2000 y 2003, por ejemplo, se ha publicado casi una decena de libros que abordan tanto el desarrollo de la guerra como aspectos y personajes vinculados directamente a aquélla5. Su lectura confirma que narrar y analizar este fenómeno bélico sigue apareciendo como una tarea procelosa, pero sobre todo evidencia las fuertes relaciones que existen entre guerra y sociedad. Esta vinculación ha sido, a su vez, objeto de reflexiones por parte de reconocidos investigadores de la guerra como hecho social: por un lado los trabajos de E. Wanty (Lárt de la guerra, 1967) y de Franco Cardini (La cultura de la guerra, 1982) se dedican a mostrar las influencias ejercidas por la sociedad sobre las formas de guerra; la otra cara la constituyen trabajos como el de J.K. Galbraith (La paz indeseable, informe sobre la utilidad de las guerras, 1984) en el que se analiza la influencia de la guerra sobre la sociedad. Por las entretelas de esta literatura reciente sobre la guerra de la Triple Alianza se advierte, sin embargo, un nuevo modo de historiar el acontecimiento que la distingue de las interpretaciones que nos ofrecieran las diversas reconstrucciones desde finales del siglo XIX y, que a mi entender, queda delimitada al menos por tres caracteres: su impulso por superar una interpretación nacionalista del hecho bélico, la inclusión de temas considerados tabúes, raleados en investigaciones anteriores, y la presencia de trabajos que vienen a mostrar la conexión entre guerra y cultura.

Este capítulo no pretende ser más que una aproximación a una serie de cuestiones relacionadas con la guerra de la Triple Alianza escasa o insuficientemente explicadas y que han hallado en esos nuevos enfoques un desarrollo más amplio o más riguroso.

Entre 1864 y 1870 el Paraguay y los tres países signatarios de la Triple Alianza -Argentina, Brasil y Uruguay- protagonizaron un conflicto que sigue siendo único en el escenario latinoamericano por su duración, el número de víctimas y sus consecuencias. La acción de las fuerzas liberadas por esa guerra fue de tal magnitud que todo el tejido económico, social, político y cultural del Paraguay, el país vencido, quedo deshecho. Sus consecuencias más visibles fueron los cambios concernientes a sus habitantes, cuya manifestación paroxísmica fue el desequilibrio que creó entre los sexos y entre las generaciones. Según cálculos modernos ese país contaba con aproximadamente 600.000 habitantes en 1865, quedando reducidos a menos de la mitad en 1870, en su mayoría mujeres, ancianos y niños6. Pero para la sociedad paraguaya el catálogo de los efectos de la guerra no se agotó en los cambios concernientes a sus individuos y a su lugar en el orden social. Otras consecuencias menos perceptibles, pero igualmente considerables, fueron las relacionadas con aquellos elementos constitutivos de su memoria como las pérdidas de gran parte de su patrimonio cultural -archivos del Estado y bibliotecas-, la destrucción de lugares de memoria colectiva -monumentos y símbolos nacionales- y las evicciones -como la prohibición del uso del idioma guaraní- que tuvieron su raíz en la reacción contra el sistema político de la preguerra, contenida en el programa de reconstrucción nacional. Esta guerra significó no sólo la destrucción del Paraguay, para el desarrollo posterior de la historia continental representó el último gran acto de una polémica secular: la disputa fronteriza entre los imperios hispano y lusitano y sus respectivos herederos.

En lo que respecta a las materias que desencadenaron la tempestad, se ha demostrado de manera convincente que se remontan a las cuestiones de límites y navegación que entretejieron las relaciones platinas en la década 1850-1860; investigaciones nuevas hacen recaer el peso explicativo, sin embargo, en una serie de hechos que habían sido escasamente destacados y sin que tuviesen hasta el presente, a mi entender, la debida acogida: en primer lugar que a finales de aquellos años, Brasil no descartaba la posibilidad de un conflicto con el país guaraní, no sólo por el desacuerdo en materia de límites en la zona del río Apa, en el norte paraguayo, sino por la restricción impuesta por el gobierno de este último país a la navegación del río Paraguay, situación que para el Imperio era crucial porque le significaba la absoluta incomunicación con sus territorios de Matto Grosso; en segundo término se ha mostrado la importancia del protocolo secreto que en diciembre de 1857 firmaran Brasil y la Confederación Argentina, en el que se consignaba que si el gobierno brasileño se veía obligado a recurrir a medidas coercitivas e incluso a la guerra contra el Paraguay, la Confederación garantizaba su consentimiento para que las fuerzas brasileñas atravesasen el territorio de Corrientes7.

La transición de Carlos Antonio López (1842-1862) y su hijo Francisco Solano López en el gobierno paraguayo se añade entre los factores importantes en la preparación del escenario bélico; el primero, a pesar de su vulnerabilidad regional -y por ello consciente de su debilidad - actuó con una visión pragmática en las relaciones con sus vecinos, mientras su hijo "pareció desconocer los límites de su poder"8 y se mostró deseoso de participar en las cuestiones del Plata; el Paraguay del trienio 1862-65 se sentía igual a sus dos vecinos pero éstos no lo trataban como un igual.

Las erróneas percepciones con que los actores entraron en la guerra también han sido tenidas en cuenta en el esfuerzo hermenéutico del desarrollo y el resultado de este cataclismo. Conocida la invasión de la provincia de Corrientes por el ejército paraguayo, en abril de 1865, el presidente argentino Bartolomé Mitre prometió delante de una multitud una guerra rápida -"en 24 horas en los cuarteles, en 15 días en Corrientes, en 3 meses en Asunción"- promesa difícil de cumplir porque el ejército argentino carecía de todos los recursos para alcanzar tal objetivo. También su ministro de Relaciones Exteriores, Rufino de Elizalde, se dejó llevar por el optimismo irrealista creyendo que gracias a la alianza argentino-brasileña la guerra duraría entre tres y cuatro meses; ni siquiera el Brasil creía que el Paraguay estuviese dispuesto a romper con él. Pero en este juego de erróneas imágenes el Paraguay participó también de esa miopía. Entre diciembre de 1864 y mediados de setiembre de 1865, Francisco Solano López desarrolló una ofensiva militar invadiendo el territorio brasileño y el argentino; había planeado una guerra relámpago que, si resultaba positiva, constituiría un nuevo equilibrio en el Plata. El plan se vio frustrado porque sus fuerzas invasoras de Corrientes y de Río Grande do Sul no se aprovecharon adecuadamente del factor sorpresa y su aliado en Uruguay, el partido blanco, salió del poder. Se podría pensar entonces que con esto quedaría probado que el tratado de la Triple Alianza fue una respuesta a la agresión paraguaya, pero entonces seríamos nosotros los que adoleceríamos de esa visión miópica. Como se ha evidenciado, el tratado de mayo de 1865 para hacer la guerra al Paraguay fue sólo la ocasión para avanzar en una alianza estratégica de mayor alcance por la cual Argentina y Brasil establecerían una política de cooperación en el Plata, ejerciendo una hegemonía compartida en sustitución de las rivalidades y disputas que predominaran en sus relaciones9.

La precariedad de la Alianza y lo efímero del entusiasmo bélico ha quedado suficientemente documentado en diversas investigaciones. Desde la segunda mitad del año 1866, con excepción de la inflexible decisión del emperador Pedro II, todos en el Plata querían acabar con la guerra. El desastre aliado en Curupaití alarmó a tal punto a la Argentina que el Congreso autorizó a Mitre a negociar con el Paraguay una tregua o una paz definitiva y a no cumplir el tratado del 1 de mayo, pero el gobierno imperial recusó la iniciativa, negándose a hacer cualquier tipo de modificación en el tratado. Claro que no teníamos que esperar relatos recientes para que se mostrara lo efímero de esta cooperación argentino-brasileña. Como lo dejara apuntado el cónsul inglés Richard Burton en sus Letters from the Battlefields of Paraguay10, cuando recorrió estas regiones entre 1868 y 1869: "la alianza entre argentinos y brasileños era la misma que entre perro y gato. Las altas autoridades de los dos países evitaban disentir, pero el vínculo de unión entre ellos era político y no de simpatía. En Paraguay, los brasileños mantenían un excesivo sentido de nacionalidad debido a su superioridad numérica con relación a los argentinos, quienes estaban avergonzados por desempeñar un papel secundario. Como consecuencia, la guerra no es popular en parte alguna del Plata y se espera que su término se verá acompañado de dificultades entre los antiguos aliados". Y así fue. Pues bien, si la guerra era ya impopular entre los argentinos, el cansancio adquirió tonos de sublevaciones: a fines de 1866 surgirán las montoneras, rebeliones de las provincias - en noviembre, por ejemplo, se sublevaron 280 voluntarios acuartelados en Mendoza a la espera de ir a la guerra- contra el gobierno central que se prolongarán por todo el año siguiente.

¿Quiénes y por qué causas se sostuvo la Alianza en Argentina y Brasil? Para el Brasil, los objetivos eran, como se ha señalado, la obtención de la libre navegación del río Paraguay y detener la influencia de la Argentina en el Paraguay. Estos propósitos sirven para explicar la recusación de cualquier iniciativa de paz: sólo la destrucción de toda influencia "lopizta", aunque esto significase una guerra de exterminio, garantizaba la consecución de aquellos. Toda paz negociada, por lo tanto, era, en la convicción del Emperador Pedro II, una derrota, porque de ella podría emerger un gobierno paraguayo fortalecido.

Para la Argentina, su sostenimiento, a fines de 1866, resultaba de la convicción de ser esa la mejor alternativa para el país de Mitre y del pequeño círculo de políticos concentrados en Buenos Aires, que lo apoyaba. Esta decisión, teniendo en cuenta su nulo saldo para ese país, merece ser aún mejor analizada, sin pasar por alto su responsabilidad. Al fin y al cabo ¿hasta qué punto el Paraguay era en 1865 una amenaza a la consolidación del estado nacional argentino?.

2. EL DESHIELO DE ALGUNOS MITOS

A fines del siglo XIX, aún bajo los escombros de la guerra, aparecieron los primeros relatos del acontecimiento, intentos de una tarea interpretativa que aparecía como ingente. Partieron de tres extranjeros que la vivieron desde el campo paraguayo: el ingeniero inglés Jorge Thompson, que publicó Historia de la guerra del Paraguay11; Jorge Federico Mastermann, farmacéutico de la sanidad militar paraguaya que produjo Siete años de aventuras en el Paraguay12; y el ministro norteamericano ante el gobierno de Francisco Solano López, Charles A. Washburn, que escribió Historia de Paraguay13. Al finalizar el siglo XIX, los textos de Mastermann, Thompson y Washburn eran los únicos que circulaban en el Río de la Plata, y en Europa. La recreación de la contienda por parte de otros actores se sumó en esos años a las primigenias expresiones: las Memorias14 del coronel Juan Crisóstomo Centurión, ayudante del Mariscal Francisco Solano López, los Datos históricos sobre la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza15 del general Francisco Isidoro Resquín, jefe del Estado Mayor paraguayo, los escritos de Gregorio Benítes, secretario de la legación paraguaya en París que dio a conocer Anales diplomático y militar de la guerra del Paraguay, Guerra del Paraguay, Primeras batallas y otros trabajos16 y los breves relatos, basados en recuerdos privados, del argentino José Ignacio Garmendia, Batalla del Sauce (1883) y Batalla del Pikisiry (1884). Y si bien ninguno de estos títulos pueden considerarse hoy propiamente una Historia completa, constituyeron las primeras reconstrucciones sobre el desarrollo de la guerra.

Al comenzar el siglo XX había en Argentina dos proyectos en curso para redactar una historia general: la Historia de la guerra del Paraguay, de Estanislao Zeballos17, que quedó trunco, y La Guerra del Paraguay, del Coronel Juan Beverina, que comenzó a publicarse en 192118. El estudio del suceso tuvo escasas expresiones en los años siguientes si se exceptúa el trabajo de Ramón J. Cárcano, Guerra del Paraguay (1938) el cual, aunque enfatizando los aspectos político-diplomáticos, ha soportado el paso del tiempo19. El primer relato por parte de autores paraguayos correspondió a escritores pertenecientes a lo que se ha llamado el Novecentismo Paraguayo. En 1883, egresados del Colegio Nacional de Asunción junto a un grupo de paraguayos graduados en el Colegio Nacional de Buenos Aires, impulsaron la apertura del Ateneo Paraguayo. A esta institución le sucedería, en 1895, el Instituto Paraguayo, sumando al grupo primigenio alumnos de la primera promoción de abogados de la Universidad Nacional de Asunción. En torno a esas instituciones, desde las que se promovía un conjunto de actividades culturales, floreció el movimiento intelectual conocido como Novecentismo, liderado, entre otros, por Cecilio Báez, Blas Manuel Garay, Fulgencio Moreno, Manuel Gondra, Ignacio A. Pane, Juan O'Leary y José de la Cruz Ayala20. Báez, el intelectual más destacado de ese núcleo, fue el primero que articuló una lectura del pasado nacional concentrada en un juicio severo sobre la guerra contra la Triple Alianza y la larga tiranía que le precediera y que a su entender oprimiera al pueblo y acabara con la ruina y el aniquilamiento de su nacionalidad. Este dictamen, ratificado en sus tres obras principales, La Tiranía en el Paraguay (1904), Cuadros históricos y descriptivos del Paraguay (1907) y Resumen de Historia del Paraguay (1910), proveyó al público culto y a las escuelas de una primera lectura de la guerra.

Lo más notable del caudal historiográfico expuesto hasta aquí es que tanto en los países vencedores como en el vencido, la Historia de la guerra exhibía una interpretación simétrica: en todos los casos el acontecimiento se explicaba como una respuesta a la agresión de López -único responsable- y a sus ambiciones desmedidas de liderar la región; el resultado feliz del enfrentamiento había sido la liberación del pueblo paraguayo del sistema bárbaro impuesto por los gobiernos tiránicos que lo habían mantenido aislado de las naciones civilizadas21.

Es también en los años entre siglos cuando en Paraguay principian a manifestarse recatados impulsos por ofrecer una construcción intelectual diferente, presagiando el complejo derrotero que viviría durante el siglo XX. Comenzaron a publicarse en Asunción los periódicos La Patria, orientado por Enrique Solano López hacia la reivindicación de la memoria de su padre y El Tiempo, en los que escribían Ignacio Pane, Juan O'Leary y Manuel Domínguez, quienes irían articulando una lectura alternativa del pasado nacional, centrada en la exaltación de la figura del Mariscal López y que se alimentaba en la derrota sufrida en la Guerra Grande. Esta campaña revisionista contó con la adhesión de muchos afiliados al flamante Partido Colorado, como Juan Natalicio González, e incluso atrajo a intelectuales identificados con el Partido Liberal, como Justo Pastor Benítez, Pablo Max Ynsfrán, Facundo Recalde y Anselmo Jover Peralta, que se unirían para conformar lo que pasaría a denominarse lopizmo22. Al comenzar la segunda década del siglo, la Guerra Grande y el mito guerrero que encarnaba Francisco Solano López -aun siendo reprimido en el ámbito académico y entre el público culto- demostraba haber sobrevivido en la memoria de buena parte de la sociedad paraguaya, sobre todo entre sus sectores populares. Esta contrahistoria tendría expresiones fundamentales en esos años: en 1920, con motivo de la celebración del cincuentenario del fin de la guerra, los autores lopiztas editaron toda una serie de publicaciones conmemorativas como las de Manuel Domínguez, El Patriota y el Traidor y El alma de la Raza, las de Juan Natalicio González, Cincuentenario de Cerro Corá y las de Juan O'Leary Nuestra Epopeya, El Mariscal Francisco Solano López y El libro de los Héroes. El movimiento heroificador se profundizó con la preparación de la celebración del centenario del nacimiento del Mariscal -que en ese entonces se consideraba había sido en el año 182623, mediante esfuerzos tendientes a una revisión legal de la historia de la guerra. Una delegación de la Comisión Nacional de Celebración del Centenario solicitó al Congreso la derogación del decreto del 17 de agosto de 1869, que había calificado a Francisco Solano López de asesino de su patria; el 31 de agosto de 1926 se sancionó un proyecto que daba por inexistente o borrado de todos los papeles oficiales de la nación, inéditos o ya publicados, el calificativo de "traidor" conque los gobiernos posteriores a la guerra connotaron la memoria del Mariscal y se ordenaba proceder en idéntica forma en los casos en que el gobierno de Francisco Solano López había utilizado dicho calificativo contra eminentes ciudadanos civiles y militares del ejército nacional que fueron condenados por traidores, en virtud de sumarios calificados más tarde como de nulidad absoluta. Con esta ley se tendía a que se dieran por inexistentes no sólo los documentos oficiales antilopiztas posteriores a 1869, sino también aquellos anteriores a esa fecha, en los que el mismo López condenaba por traición a numerosos ciudadanos paraguayos, intención que no contó, sin embargo, con la aprobación de la Cámara de Senadores.

La reelaboración de la memoria histórica en Paraguay, activada por los lopiztas contribuyó a que esa sociedad comenzara a exhibir un renacimiento del sentimiento nacional;24 a finales de los años 20, la adhesión que manifestaba un sector mayoritario de aquella hacia la recreación nacionalista del pasado centrada en la guerra, fue percibida por el gobierno paraguayo como una herramienta de eficaz operatividad en el contexto de creciente conflictividad con Bolivia por el litigio del Chaco. Para reforzar este panorama, aún no siendo materia de este capítulo, hay que señalar, por su importancia, que la Guerra Grande tuvo por esos mismos años en Paraguay su correlato en una narrativa de contenido épico y costumbrista. Su iniciador, Martín Goycoechea Menéndez, con su evocación más famosa, La noche antes, exhibió tal vehemencia romántica e idealizadora que acabó por mostrarse ciego para todo lo criticable en una sociedad todavía atormentada por el gran infortunio. En Argentina, el magistral tríptico de Manuel Galvez Los Caminos de la muerte, Humaitá y Jornadas de Agonía se enrolaba en el mismo movimiento. Se estaba en presencia de un hecho inquietante: la historia devoraba a la literatura25.

La victoria militar paraguaya frente a Bolivia (1935) en la guerra del Chaco significó para el Paraguay la reivindicación de su sentido de nacionalismo y su orgullo y confianza como nación. Esto tuvo su catalizador, en lo interno, en la amplia corriente política multisectorial, liderada por los héroes militares de la guerra, consagrada a la construcción de un Nuevo Paraguay. El 17 de febrero de 1936, esos revolucionarios derrocaron al presidente liberal Eusebio Ayala y lo reemplazaron por el jefe más activo del Ejército, el coronel Rafael Franco. Los llamados febreristas añadirían al hecho revolucionario la reivindicación de la historia paraguaya, lo que se tradujo en el decreto del 1 de marzo de 1936, aniversario de Cerro Corá, por el que se declaró "héroe nacional a Francisco Solano López, inmolado en representación del idealismo paraguayo"26, y el posterior del 14 de setiembre del mismo año por el que fueron declarados próceres beneméritos José Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López. El lopizmo, que había buscado transformar la figura de Solano López de dictador, responsable de una guerra desastrosa para su país en héroe, víctima de la agresión de la Triple Alianza y sinónimo de coraje y patriotismo, se consolidó definitivamente en los años que siguieron. En la segunda mitad del siglo XX la interpretación de la guerra se construirá -de manera predominante en Paraguay pero con notable acogida entre intelectuales de los demás países conosureños- sobre la base de tres variaciones del enfoque imperialista y de los postulados que ofrecería la influyente teoría de la dependencia.

La teoría imperialista sobre el origen de la guerra exhibió durante esos años tres versiones: la que establecía que la guerra fue provocada por Gran Bretaña para abrir en el Paraguay un campo de rentables inversiones y un mercado para las exportaciones británicas, la teoría basada en la crisis del algodón de mediados del siglo XIX, que sostenía que la guerra civil en los Estados Unidos había creado tan grave alteración del mercado que los británicos consideraron al Paraguay como un proveedor que compensaría la declinante oferta de los estados confederados; y por último el argumento basado en que la incompatibilidad política del gobierno liberal al estilo europeo y el capitalismo estatal al estilo paraguayo habría conducido a Gran Bretaña a financiar una guerra encubierta mediante préstamos a los gobiernos brasileño y argentino27.

En la década de 1980-90 esta taxonomía comenzó a ser revisada en Paraguay en el contexto abierto por la recuperación de las libertades; 1989 propició una renovación fundamental de la historiografía paraguaya que ahora tenía -casi- generalizado acceso a fuentes, a los archivos, métodos y nuevos campos temáticos. A esa situación autóctona se agregó el proceso de integración regional que ha contribuido, en el plano que nos ocupa, a una entronización de la alteridad y a una reflexión acerca de las posibilidades y condiciones mismas de la mirada desde afuera. Investigadores paraguayos -junto a los de otras nacionalidades- al revisitar la versión nacionalista sobre el origen de la guerra28 demuestran de manera convincente que cualquiera sea la versión de la explicación imperialista que se aplique, la evidencia disponible hasta el momento presta sorprendentemente poco apoyo empírico.

En una síntesis de urgencia, estos trabajos ofrecen, entre otras pruebas, la dimensión diminuta que presentaba el mercado consumidor paraguayo por la falta de poder adquisitivo de la población como para despertar en Gran Bretaña un verdadero interés en su apertura; de haber existido -consideran- una vez removido el obstáculo para su apertura (Solano López) los británicos habrían invertido grandes sumas, aumentando de manera significativa el comercio. Pero esto no ocurrió: la evidencia presentada descubre que hacia 1880, por ejemplo, el Paraguay ocupaba uno de los últimos puestos en el ranking de inversiones británicas en América Latina.

En cuanto a la teoría de la crisis del algodón hay que comenzar por recordar que la guerra del Paraguay se inició cuando la lucha norteamericana terminara y que, durante los cuatro años de ese conflicto Gran Bretaña había ubicado otras fuentes alternativas, particularmente en Egipto y en Brasil; por otra parte el algodón constituía un renglón muy pequeño de la exportación paraguaya, incapaz de atender las demandas que los británicos buscaban. Finalmente, la más firme desmentida de este argumento se basa en los propios esfuerzos que Francisco Solano López desplegó entre 1862 y 1865 para encontrar mercados a los productos paraguayos, especialmente el algodón; por lo tanto no puede afirmarse que López habría impedido que el Paraguay exportase tanto algodón como le fuera posible29.

¿Por qué tuvieron tanta atracción estas interpretaciones en la segunda mitad del siglo XX?. Hay que admitir que culpar a Gran Bretaña por el inicio del conflicto satisfacía en las décadas de 1960 a 1980 a distintos intereses políticos: para algunos se trataba de mostrar la posibilidad de construir en América Latina un modelo de desenvolvimiento económico no dependiente, apuntando como un precedente el estado paraguayo de López. Acabarán, por lo tanto, por negar esa posibilidad en la medida en que presentaran a la potencia central -Gran Bretaña- como omnipotente, capaz de imponer y disponer de los países periféricos, de manera de destruir cualquier tentativa de no-dependencia30. Por su parte, la visión maniqueísta y mistificadora de Solano López también interesaba al oficialismo paraguayo de la dictadura de Alfredo Stroessner. Aquel aparecía en condición de víctima de una conspiración internacional que prefirió morir a ceder a presiones externas. Por otra parte, estos presupuestos y conclusiones sufrirán una fuerte influencia del contexto histórico en que fueron escritos. Las décadas de 1960-1970 se caracterizarán en América del Sur por gobiernos militares. Una forma de luchar contra el autoritarismo era minando sus bases ideológicas. De ahí, en gran parte, la acogida acrítica y el éxito en los medios intelectuales del revisionismo sobre la guerra del Paraguay: por atacar el pensamiento liberal, por denunciar la acción imperialista o por criticar el desempeño de los jefes militares aliados31. Si se rasca un poco en estas interpretaciones, se notará también la construcción de un paralelismo entre la Cuba socialista, aislada del continente americano y hostilizada por Estados Unidos y la presentación de un Paraguay de dictaduras progresistas y víctima de la potencia más poderosa del planeta, Gran Bretaña32.

Junto al deshielo del mito imperialista sobre el origen de la guerra, en estos primeros años del siglo XXI estamos en presencia de investigaciones que han contribuido al esclarecimiento de una serie de cuestiones que aparecían inviolables hasta hace poco tiempo.

3. LOS TABÚES: DE ESO SÍ SE HABLA

Desde su misma finalización, numerosos episodios de la guerra de la Triple Alianza fomentaron una literatura instalada en difícil equilibrio entre la realidad y la fantasía. Entre ellos -a los que no me referiré- se encuentran los famosos enterramientos de oro33, el tráfico de niños34, los ejércitos de amazonas35 y los relatos que rodearon a la vida y su participación en la guerra de la concubina del presidente paraguayo, la irlandesa Elisa Lynch36. Voy a referirme, en cambio, a tres temas, a mi juicio relevantes, sobre los que ha comenzado a hablarse y sobre todo a escribirse.

Como se conoce, el episodio que determinó la declaración de guerra de Argentina a Paraguay ocurrió el 13 de abril de 1865, cuando una flotilla de cinco vapores de guerra paraguayos llegó a la ciudad de Corrientes y atacó dos navíos de la Marina argentina, el Gualeguay y el 25 de Mayo que se encontraban en ese puerto, los que fueron remolcados a Humaitá e incorporados a la flota paraguaya. Al día siguiente, el general Wenceslao Robles, al frente de 3000 soldados ocupó la ciudad de Corrientes, que ya había sido abandonada por sus autoridades incluido el gobernador Manuel Lagraña que se retiró a San Roque para organizar la resistencia. Mientras la ocupación se extendía en los días siguientes a los departamentos aledaños, llegaba a la capital correntina el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, José Bergés con el propósito de inducir a los correntinos a que adhirieran de manera "formal" a la causa paraguaya. Bajo su tutela se formó una Junta Gubernativa que se declaró aliada del Paraguay; entretanto, la población se mantuvo expectante hasta que por iniciativa de algunos habitantes se procuró obtener garantías por parte del general Robles, de que sus vidas y sus bienes serían respetados. Con este compromiso, además del comportamiento ejemplar que durante las primeras semanas que siguieron mostró la tropa paraguaya se crearon las condiciones para que los provincianos retomaran sus quehaceres y el comercio reabriera sus puertas. La ocupación de Corrientes formó parte, como ya se ha apuntado, de una ofensiva militar diseñada por el presidente Francisco Solano López. Meses antes de la acción en territorio argentino, en diciembre de 1864, habían salido de Asunción y de Concepción dos expediciones militares para invadir Matto Grosso: la ocupación de Corumbá, junto a la aprehensión de armas y municiones que reforzaron el poder bélico del ejército paraguayo les permitió garantizar la retaguardia y volverse hacia el Río de la Plata.

En la provincia ocupada (aunque también los hubo en Entre Ríos) se distinguió un grupo considerable de argentinos - hombres públicos, de comercio y de la guardia nacional- que apoyaron durante la guerra la causa paraguaya, a los que se llamó yerbócratas (el Paraguay se distinguía por el principal cultivo de la yerba mate) o paraguayistas. Pocas veces en la historia argentina fueron acusados tantos argentinos de traidores, como en los años de la guerra contra el Paraguay, ni hubo un seguimiento y una preocupación tan acentuada por parte de un amplio sector político para que aquellos fuesen condenados. En la explicación de la decisión de pasarse a las filas paraguayas de este grupo hay que tener en cuenta dos hechos importantes: en primer lugar, los correntinos estaban lejos de considerar al Paraguay como un genuino enemigo; por ligamen geográfico, cultural, económico y social, correntinos y paraguayos compartían un mismo espíritu, un idéntico lenguaje. Por otro lado, el paraguayismo estuvo ligado a la política interna argentina de esos años. Los muchos correntinos paraguayistas surgieron de la antigua raíz federal, atacada y asociada a la barbarie, por la política liberal del gobierno en Buenos Aires. La decepción política hizo que aquellos correntinos se volcasen hacia el Paraguay, tratando de encontrar una vía a sus propuestas. No estaba en su ánimo cometer el delito de traición a la Patria porque para ellos la contienda era un enfrentamiento de ideas y de proyectos partidarios. Desde esta perspectiva, el Paraguay no era el "enemigo".

Muchos de ellos pertenecientes a la alta sociedad provincial, serían, luego de finalizada la guerra, acusados de traidores a la patria, dando lugar a extensos procesos judiciales. Los historiadores correntinos de fines del siglo XIX Manuel Florencio Mantilla y Hernán Gómez, así como los contemporáneos Wenceslao Domínguez y Federico Palma se cuidaron muy bien de omitir en sus prolíficos y reconocidos relatos de la historia provincial y regional el tema de los colaboracionistas. Los compromisos políticos con muchos de los protagonistas y descendientes de los que simpatizaron con el Paraguay -haber sido paraguayista manchaba el nombre de destacadas familias de la sociedad correntina a la que pertenecían los mismos historiadores- ha sido -más que probablemente- la razón para que aquellos y otros investigadores de recepción nacional hayan soslayado cuidadosamente esta cuestión. Pero recientemente, una serie de investigaciones han encarado resuelta y rigurosamente su dilucidación, ofreciendo, fundamentalmente a través del análisis de los procesos judiciales y de los periódicos provinciales de la ocupación, datos por demás relevantes37. Si bien este tipo de investigaciones tiene pendiente el perfeccionar, a mi entender, el número y el perfil socio profesional y político de estos paraguayistas, así como su participación activa o pasiva, mediante, por ejemplo, censos prosopográficos, este tipo de abordajes merece ser destacado.

Vinculada, en parte, al episodio de la ocupación paraguaya de la provincia de Corrientes se halla la intrincada cuestión genéricamente denominada como deuda de guerra. Los datos de que se dispone desde hace poco tiempo son abundantes, razón por la que me extenderé sobre este asunto que ha tenido resonancias importantes en las sociedades argentina y paraguaya 38.

Los artículos 14 y 15 del Tratado de Alianza (abril 1865) habían dejado acordado, respectivamente, que los Aliados exigirían del gobierno paraguayo el pago de los gastos de la guerra que se habían visto obligados a aceptar, así como la reparación e indemnización de los daños y perjuicios causados a sus propiedades públicas y particulares, y a las personas de sus ciudadanos sin expresa declaración de guerra y de los daños y perjuicios verificados posteriormente, con violación de los principios que rigieran el derecho de la guerra; a través de una convención especial se determinaría el modo y forma de liquidar y pagar la deuda procedente de las causas antedichas. En las negociaciones posbélicas argentino-paraguayas en Buenos Aires en el año 1876 quedó estipulado en el artículo 3 del Tratado de Paz definitivo su reconocimiento por parte del Paraguay y la obligación de pagar a la República Argentina el importe de los gastos que esta hiciera durante la guerra, el de los daños causados a propiedades públicas en la República Argentina y el de daños y perjuicios causados a las personas y propiedades particulares. Por lo tanto, la denominada en términos generales deuda de guerra incluía una pública y otra privada, que tuvieron diferentes desenlaces.

En cuanto a la deuda pública el artículo 4 del tratado de Paz especificaba que el monto de la deuda pública se determinaría tomando por base el importe de todos los gastos que hubiera hecho la República Argentina durante la guerra con deducción del presupuesto ordinario de tiempo de paz, fijándose un plazo de dos años para que una convención especial fijara el importe que quedaría "al arbitrio de la generosidad del gobierno argentino". La Argentina no cobraría interés alguno en los primeros diez años, si la República del Paraguay aplicase a su pago una cuota compatible con sus recursos. Transcurrido ese período el interés sería del 2% anual; en los diez años posteriores del 4% y finalmente de allí en adelante de 6% no pudiendo elevarse más en ningún caso. Los montos que se han incluido en trabajos sobre el tema difieren significativamente. Lo cierto es que en el presente podemos asegurar que no existe documentación oficial argentina que indique que la deuda haya sido determinada. El impulso más fuerte en este sentido data del año 1918 cuando comenzó a reunirse, por indicación del presidente Hipólito Yrigoyen los primeros antecedentes oficiales con vistas a su posible condonación. El ministerio de Relaciones Exteriores y los departamentos de Hacienda, Guerra y Marina prepararon un dossier en el que se determinaba que la deuda que el Paraguay mantenía con la Argentina se dividía en cuatro partes: 1 el importe del empréstito de 50.000 pesos fuertes que el Banco Nacional facilitara al Paraguay en 1876 con la garantía del gobierno argentino, 2 la indemnización por los gastos de la guerra, cuyo monto, de acuerdo a los registros de la Contaduría General de la Nación ascendía a 70.303.188, 30 pesos m/n, 3 el importe de los daños causados por la misma a las propiedades públicas en la República, y 4 el de los daños y perjuicios causados a las personas y bienes de los particulares. El dictamen advertía que el estado argentino sólo podía renunciar al cobro de la denominada deuda pública (incluida en los puntos 1, 2, 3) pero no tenía atribuciones para eximir al Paraguay del pago a los particulares. Y subrayaban que en el lapso transcurrido nunca habían sido llevadas a ejecución las disposiciones del art. 4 del Tratado de 1876 que prescribían el modo y la forma en que se determinaría su monto. La Contaduría General, dependiente del Ministerio de Hacienda practicó una minuciosa búsqueda en sus libros, archivos y llevó a cabo un examen de las cuentas desde el año 1865 hasta el de 1877, para luego informar que, efectivamente el importe ascendía a 70.303.188, 30 pesos, suma que resultaba de los gastos de guerra autorizados y realizados con las leyes respectivas, pero que en cuanto al "importe de los daños causados a las propiedades públicas y a que también se refiere el tratado carecía de antecedentes". Tampoco en Paraguay, en sus libros de la Contaduría Nacional existe la menor referencia o anotación de la deuda, aunque esto comprometía de manera determinante el crédito.

Ya desde el primer momento se consideraron a estas deudas como teóricas, y en círculos privados y oficiales, tanto de Buenos Aires como de Asunción y de Río de Janeiro se compartía la idea de que las mismas tendrían que ser eliminadas en algún momento, aunque más no fuera por sentido práctico, porque eran razonablemente incobrables. No obstante, recién en 1942 la Argentina acordaría su condonación y al año siguiente lo haría el Brasil. La respuesta al prolongado lapso entre aquel espíritu y esta decisión hay que buscarla en la función de instrumento político que la deuda desempeñaba, con la que los ex aliados podían presionar al gobierno del Paraguay.

Pero la parte de esta cuestión que me interesa destacar en esta exposición es la investigación concerniente a la deuda por los daños y perjuicios causados a las personas y propiedades particulares. Respecto a esta se acordó en las negociaciones de 1876, ya mencionadas, que dos meses después de canjeadas las ratificaciones de los tratados se formaría una Comisión Mixta Argentino-Paraguaya, compuesta de dos Jueces y de dos Árbitros, que funcionaría en Asunción, para examinar y liquidar las indemnizaciones. Los damnificados tendrían un plazo de 18 meses para la presentación de las reclamaciones que deberían ser juzgadas, admitiéndose acciones legales tanto de parte de ciudadanos argentinos como de residentes extranjeros amparados en las leyes del país. El gobierno nacional envió una nota al gobernador de Corrientes para que en virtud de la ocupación que dicha provincia había sufrido por fuerzas paraguayas, pudieran aquellos ciudadanos que así los sufrieren, presentar y reclamar indemnización por daños y perjuicios. Además de estos expedientes iniciados en la provincia de Corrientes hubo otros dos grupos de demandas, presentadas directamente en Asunción. Uno de estos abarcaba las presentadas por extranjeros residentes en Paraguay al comienzo de la guerra y que habían sido obligados a abandonar sus establecimientos para seguir al ejército paraguayo y otra serie de acciones judiciales a los que iniciaron argentinos residentes en territorio paraguayo por haber sido damnificados en sus intereses durante la contienda. No obstante la renuencia por parte del Paraguay en el diligenciamiento de los expedientes, fundada en la nula posibilidad de pago, los jueces trabajaron ininterrumpidamente hasta 1889. En esa fecha se dio por finalizado su cometido, comunicándose a los particulares el derecho a las pólizas correspondientes. Pero si bien el estado paraguayo emitió las 2610 pólizas correspondientes a las sentencias aprobatorias definitivas de la Comisión Mixta, cuyo monto total ascendía a 10.126.133, 59 pesos no se mostraría dispuesto, en adelante, a hacer efectivo el pago de estas indemnizaciones. Periódicamente sus titulares reclamaron el cumplimiento de las sentencias. El 11 de agosto de 1942, el Congreso argentino aprobó la extinción de la deuda pública contraída por el Paraguay en la guerra contra la Triple Alianza; el presidente Castillo expidió un decreto por el cual promulgaba la ley 12.758. Pero no así la correspondiente a la deuda de los particulares, que no estaba en sus atribuciones. Y hasta el presente, según testimonio de los funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, se renuevan solicitudes para diligenciar ante el gobierno paraguayo el pago de estas deudas. El seguimiento de estos reclamos no sólo ha contribuido a precisar el itinerario judicial de la deuda privada, también ha sido un observatorio eficaz desde el cual ha podido reconstruirse las vivencias y la vida material de las sociedades en medio del conflicto.

Finalmente existe una cuestión por demás interesante que ha pasado inadvertida como objeto de investigación: la existencia, durante la guerra, en la zona del Chaco paraguayo llamado Gualamba de una república de la selva, nacida del armisticio voluntario de un grupo de oficiales de las cuatro naciones -que afuera seguían enfrentándose- con el propósito de diseñar y gestionar un plan de pacificación y cuyo lema era Paz en Paz y guerra a la guerra. Entre los viajeros que durante esos años visitaron el escenario de la contienda, estuvo el ya mencionado Richard Francis Burton. Entre el 11 de agosto de 1868 y el 21 de abril de 1869 el cónsul itinerante de SMB escribió 27 cartas desde los campos de batalla del Paraguay como observador (¿espía?), cronista y explorador39. En la número XXIII, fechada el 10 de abril de 1869, camino a Asunción, dejó apuntado: "del lado opuesto del río Paraguay, el del Gran Chaco, se ha fundado un amplio quilombo o establecimiento de fugitivos, donde brasileños y argentinos, orientales y paraguayos viven juntos en mutua amistad y en enemistad con el resto del mundo y la guerra"40. Estas líneas pasaron desapercibidas durante más de 130 años. Pero un texto reciente41 ha venido a mostrar indicios ciertos de que efectivamente existió ese campamento desde el que se hacía la guerra a la guerra. Las certezas son construidas por un grupo de escritores a partir de un manuscrito desconocido proveniente del capitán argentino Francisco Paunero quien a su vez lo habría recibido, tras sucesivos traspasos, de un oficial que viviera en el Quilombo del Chaco. El relato contenido en un viejo cuaderno escrito a lápiz, algunas cartas caligrafiadas y un registro contable muestran los planes para un armisticio que gestionaban aquellos oficiales. Hay que decir que el libro que recoge estos datos no pretende ser ni es el resultado de una investigación histórica propiamente dicha, pero las fuentes a las que se recurre parecen hablar por sí mismas.

La guerra tuvo acaso más importancia para el Paraguay, no sólo por las tremendas consecuencias económicas y sociales esbozadas más arriba; además, en lo que atañe a la perspectiva de este capítulo, porque produjo uno de sus más vastos movimientos historiográficos y una verdadera polarización bibliográfica en detrimento de la investigación de otros procesos, convirtiéndose en el centro nervioso de toda la historia nacional42. Esto nos lleva a considerar una serie de investigaciones flamantes dirigidas a abordar la guerra de la Triple Alianza como un hecho cultural. Uno puede desplazarse en muchas direcciones luego de esta afirmación porque la expresión de historia de la guerra como historia cultural sugiere una oposición al menos al principio en el sentido de cultura como esfuerzo creador puesto que la guerra es lo opuesto. Sabemos sin embargo, que guerra y cultura en todas sus numerosas formas se unen de muchas maneras: el estudio de algún aspecto de la guerra puede servir como medio para aprender algo sobre su contexto, más allá de lo estrictamente militar; es también evidente que la historia de la guerra puede interpretarse desde perspectivas culturales, sea desde las de alta cultura (teorías sobre la guerra) o desde el punto de vista de la cultura popular, como por ejemplo el testimonio de las canciones de soldados43. Otras investigaciones se dirigen a observarla en cuanto aceleradora del cambio social como aquellos centrados en evaluaciones de sus consecuencias demográficas y la modificación de hábitos sociales y de costumbres. En todo caso, situar el estudio de la guerra dentro de interpretaciones de profundos cambios políticos, sociales, militares y culturales potencia ilimitadamente la historia de la guerra como forma de Historia cultural. Para comenzar, el desarrollo de la contienda produjo una serie de valiosas fuentes que han sido recogidas en investigaciones de este tipo. En primer lugar está la importante literatura militante protagonizada por escritores como los argentinos Juan Bautista Alberdi, Carlos Guido y Spano y Olegario Víctor Andrade quienes cerraron filas a favor de la causa paraguaya en una abierta crítica al mitrismo y, en términos más generales, al liberalismo. Existió también una importante producción de propaganda como resultado del esfuerzo que desplegaron los cuatro países actores a través de sus agentes en el Viejo Continente para la captación de opiniones44 y de la que protagonizaron polemistas europeos como Eliseo Reclus -cuyos artículos fueron publicados en La Revue des Deux Mondes-, los trabajos de Claude La Poëpe /Charles Expilly, Theodore Mannequinn y Thomas Hutchintson, a favor de la causa paraguaya y los escritos pro-alianza, a cargo de John Le Long y Theodore Fix45.

Del lado paraguayo, el componente ideológico de la guerra tuvo instrumentos de control muy importantes, lo que originó una literatura sustancial como los periódicos Cabichui, El Centinela, Estrella y Cacique Lambaré (este último íntegramente en lengua guaraní) -redactados en su mayoría en el frente de guerra-; también han podido rastrearse otros escritos, resultado de estrategias menos convencionales como el teatro, La divertida historia de la Triple Alianza. Comedia muy trágica para llorar, de autor Anónimo, en la que se hace hablar a los principales protagonistas de la contienda, en tono irónico y satírico, con el objeto de demostrar el sin sentido de la guerra. Asimismo las pastorales y sermones provenientes del clero paraguayo, en cuanto director de las conciencias del pueblo, tienen especial valor. El estudio de una parte de esta literatura -queda por delante bastantes materias para elucidar - difundida al mismo tiempo que el desarrollo del conflicto ha permitido ratificar una vez mas algo que resulta obvio pero que no siempre es tenido en cuenta en este tipo de análisis: la guerra ayuda a perpetuar la imagen del vecino mediante el dibujo estereotipado de los contendientes, que distorsiona la realidad, siendo elaborada desde las instancias del poder político o religioso para servir de propaganda a la resistencia y que se repite por doquier.

Subyace un impulso común en los enfoques -unos pocos dentro del panorama actual -que he repasado: se trata de superar la mera descripción anecdótica, el relato pormenorizado de las acciones militares, para mirar la guerra desde otra óptica, que no significa una exclusión de miradas. Soy consciente que la combinación de ciertos temas pueden situarme en un limes, en el territorio en el que suele considerarse difícil distinguir entre lo ortodoxo y lo heterodoxo. En cualquier caso, ese territorio oscuro y confuso supone el presunto acicate de la labor científica y, dentro de ella, de la historiográfica.


Artículo recibido el 19 de octubre de 2003. Aceptado por el Comité Editorial el 15 de diciembre de 2003

1 Siendo una de mis líneas de trabajo las vinculaciones argentino-paraguayas durante el siglo XIX, muchos de los comentarios y ejemplos historiográficos tendrán a autores y obras provenientes de Argentina y de Paraguay como objeto. Espero que esto no se considere como una muestra de parcialidad sino como una confesión explícita de mis limitaciones.

2 Conversación confidencial entre el presidente López y William Stewart, médico escocés, jefe del Cuerpo de Sanidad del ejército paraguayo durante la guerra. Testimonio oral de Yolanda Stewart, nieta de W. Stewart. Asunción, agosto de 2003.

3 En Paraguay prevalece la denominación Guerra Grande o bien Guerra contra la Triple Alianza, en Argentina, casi desde su estallido se la llamó Guerra del Paraguay. En ámbitos fuera de los países actores ha predominado el de Guerra de la Triple Alianza.

4 El trabajo del historiador cubano Guerra Vilaboy, Sergio. Paraguay: de la independencia a la dominación nacionalista 1811-1870, Asunción, 1991,         [ Links ] el ecuatoriano Borja, L. F. Un gran pueblo y un gran patriota, Quito, 1926,         [ Links ] Gonzalvez Bothelo, Raúl. Francisco Solano López: pasión y muerte de un héroe. La Paz 1970.         [ Links ] Cova, Jesús Antonio. Solano López y la epopeya del Paraguay; la historia es verdad y justicia. Caracas, 1959.         [ Links ] Horton Box, Pelham. Los orígenes de la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza. Buenos Aires, Nizza, 1958.         [ Links ] Kolinski, Charles. Independence or Death. The Story of the Paraguayan War. Florida, 1965,         [ Links ] Warren, Harris Gaylord. Paraguay, Una Historia Informal. Oklahoma, 1949         [ Links ]y Paraguay y la Triple Alianza. La década de posguerra 1869-1878. Austin, 1978.         [ Links ]

5 Doratioto, Francisco Fernando. Maldita Guerra. Nova historia da Guerra do Paraguai, Companhia das letras, Sao Paulo, 2002.         [ Links ] Benítes, Gregorio. Misión en Europa 1872-1874., FONDEC, Asunción, 2002.         [ Links ] Ramírez Braschi, Dardo, La guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos, Corrientes, 2000.         [ Links ] Roa Bastos, Augusto, Maciel, Alejandro Prego Gadea, Omar; Nepomuceno, Eric. Los conjurados del quilombo del Gran Chaco. Alfaguara, Buenos Aires, 2001.         [ Links ] Cuarterolo, Miguel Ángel, Soldados de la Memoria. Imágenes y hombres de la Guerra del Paraguay. Planeta, Buenos Aires, 2000.         [ Links ] Magnaterra, Oscar Juan La guerra de la Triple Alianza. Desde la diplomacia del patacón al lenguaje del cañón, Dunken Buenos Aires, 2002.         [ Links ] Belgrano Rawson, Eduardo. Setembrada, Alfaguara, Buenos Aires, 2001.         [ Links ] A este caudal proveniente de autores latinoamericanos se ha sumado el reciente trabajo del investigador norteamericano Whigham, Thomas. The Paraguayan War, Causes and Early Conduct. Nebraska Press, 2002, Volumen 1.         [ Links ]

6 Véase Brezzo, Liliana. Civiles y Militares en Asunción: conflictos y asimetrías en la ciudad ocupada. En Res Gesta, Rosario, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, 1998, N 38.         [ Links ]

7 Brezzo, Liliana. La Argentina y el Paraguay. Buenos Aires, Corregidor, 1997, p.157.         [ Links ]

8 Doratioto, Francisco. Maldita Guerra. Nova historia da guerra do Paraguai.         [ Links ] cit.

9 Doratioto, Francisco. De aliados a rivais: o fracasso da primeira cooperaçao entre Brasil e Argentina (1865-1876). En Múltipla, Brasilia, UPIS, 1999, N 6, pp.21 y ss.         [ Links ]

10 La primera edición en inglés, del año 1870. La primera edición en castellano, Buenos Aires, Ediciones del Foro, 1998.

11 Thompson llegó al Paraguay en 1858 y sirvió al gobierno hasta el 30 de diciembre de 1868 en que fue tomado prisionero por los aliados en Angostura, después de la batalla de Itá Ybaté, en que quedó destruido el ejército paraguayo. En 1871 regresó al Paraguay y el presidente Jovellanos le encomendó la dirección de los ferrocarriles hasta 1876, en que falleciera. La primera edición de la obra de Thompson, apareció en Buenos Aires, en 1869, traducida al español por D. Lewis y A. Estrada.

12 Imprenta Americana, Buenos Aires, 1870, 495 páginas. Primera edición en 1869. Mastermann había arribado a Asunción en 1861, para incorporarse como farmacéutico principal del ejército.

13 Boston, 1871, 2 Volúmenes.

14 Memorias o sean Reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay, Buenos Aires, 1895.         [ Links ]

15 Buenos Aires, 1896.

16 Cía Sudamericana de Billetes de Banco Asunción, Buenos Aires, 1906. Véase Velázquez, Rafael Eladio. Los estudios históricos en el Paraguay. En Estudios Americanos, Escuela de Estudios Americanos, Sevilla, 1957, Volumen XI.         [ Links ]

17 Zeballos fue el primero en acceder al archivo del ex presidente Bartolomé Mitre para revisar la cuantiosa documentación sobre la guerra del Paraguay.

18 El proyecto abarcaba la publicación de siete tomos, pero solo se conocieron aquellos que relataban las operaciones militares llevadas a cabo en territorio argentino y brasileño.

19 En los mismos años apareció la historia del brasileño Tasso Fragosso, Augusto. Historia da guerra entre a Triplice Aliança e o Paraguai, 1934.         [ Links ]

20 Véase Resquín, Ruperto. La Generación Paraguaya. Ediciones Paraguay en América, Buenos Aires, 1978;         [ Links ] también véase Ley Fundacional de la Universidad Nacional. En Historia Paraguaya, Asunción, 1989, Volumen XXVI, p. 107 y ss.         [ Links ]

21 Estrada, José Manuel. Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros del Paraguay y la guerra de 1865. Buenos Aires, 1865.         [ Links ] López, Vicente Fidel. Historia Argentina, Buenos Aires, 1896.         [ Links ] Pelliza, Mariano. Historia Argentina. Buenos Aires, 1897.         [ Links ]

22 En el año 1887 se fundaron los dos partidos políticos tradicionales paraguayos, la Asociación Nacional Republicana o Partido Colorado y el Partido Liberal. Si bien ambos partidos tomaron la bandera del liberalismo, se puede aceptar que el coloradismo nació como expresión del nacionalismo de posguerra, ya que se proclamó heredero de la lucha de Francisco Solano López y expresión de una reacción a las tropas de la ocupación en guerra de la Triple Alianza. La vertiente militar del partido Colorado estaba integrada por todos los militares que acompañaron a López en la guerra contra la Triple Alianza. Véase Colazo, Carmen. Los partidos políticos en el Paraguay. Estructura Interna. CIDSEP, Asunción, 1998.         [ Links ]

23 Un dictamen bastante reciente ha permitido demostrar que el año del nacimiento del Mariscal López fue 1827.

24 En este sentido hay que recordar que la derrota militar de 1870, además de sus tremendas consecuencias sociales y demográficas significó un firme asentamiento de la hegemonía argentina en el Paraguay, conformada por el monopolio de la navegación y el control del acceso al mar, la tenencia de extensas tierras en la zona del Chaco y las substanciales inversiones en las industrias extractivas; esta condición recién comenzó a dar señales de cambio al comenzar el siglo XX cuando la elite política paraguaya desarrollaría acciones para buscar un equilibrio, superando la dependencia. Para un análisis de la política exterior paraguaya en este periodo, véase Brezzo, Liliana; Figallo, Beatriz. La Argentina y el Paraguay de la guerra a la integración cit, p. 179 y ss.         [ Links ]

25 Como contracara de este movimiento en Paraguay, Gabriel Casaccia con su obra La Babosa (1952)         [ Links ] es considerado la primera figura de la narrativa moderna paraguaya, demoledora de los tabúes del nacionalismo idealizador de generaciones anteriores. En esta misma línea son los trabajos, en el presente, de Rodríguez Alcalá, Guido, Ideología autoritaria (1987)         [ Links ]Caballero (1987),         [ Links ]Curuzú Cadete (1990),         [ Links ]Cuentos de la guerra del Paraguay (1996).         [ Links ] Sobre este tema véase Rocca, Pablo. Revisando la guerra del Paraguay. Los límites de la ficción histórica. Prólogo de Cuentos de la guerra del Paraguay. Montevideo, 1996.         [ Links ]

26 El texto del decreto ley del 1 de marzo de 1936 era el siguiente: "Art. 1- Quedan cancelados para siempre de los archivos nacionales, reputándoselos como no existentes, todos los decretos-libelos dictados contra el Mariscal Presidente de la República, don Francisco Solano López, por los primeros gobiernos establecidos en la república a raíz de la conclusión de la guerra de 1865. Art. 2- Declárase Héroe Nacional sin ejemplar al Mariscal Presidente de la República, don Francisco Solano López, inmolado en representación del idealismo paraguayo con sus últimos soldados en la batalla de Cerro Corá, el 1 de Marzo de 1870, Art. 3- Eríjase en glorificación de la memoria del Héroe Nacional Mariscal Presidente de la República, don Francisco Solano López, un gran monumento conmemorativo sobre la más alta colina sita a orillas del río Paraguay a la entrada de la ciudad de la Asunción".

27 En Argentina, la aparición de los trabajos de García Mellid, Atilio. Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay. Buenos Aires, Teoría, 1963.         [ Links ] Pomer, León. La guerra del Paraguay Gran Negocio!. Buenos Aires, Caldén, 1968.         [ Links ] Ortega Peña, R. y Duhalde, E. L. Felipe Varela y el Imperio Británico. Buenos Aires, Teoría, 1967,         [ Links ] fueron trasuntos de aquellos modelos explicativos. Desde una perspectiva más general, pero en definitiva en la misma línea intelectual, Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina .1978.         [ Links ]

28 Abente Brun, Diego. La guerra de la Triple Alianza: tres modelos explicativos. En Revista Paraguaya de Sociología. Asunción, CPES, 1989.         [ Links ] Herken Krauer, Juan Carlos. Gran Bretaña y la guerra de la Triple Alianza. Arte Nuevo, Asunción, 1983.         [ Links ] Caballero Aquino, Ricardo. La Segunda República Paraguaya. Edipar, Asunción, 1985.         [ Links ] Rivarola, Milda. Filosofías, pedagogías y percepción colectiva en la historia del Paraguay. En Historia Paraguaya, Academia Paraguaya de la Historia, Asunción, 1995.         [ Links ] Y de otra nacionalidad, como la reciente investigación de Doratioto, Francisco F. Maldita Guerra. Nova historia da guerra do Paraguai. Sao Pablo, Companhia das Letras, 2002.         [ Links ]

29 Importantes también para la desarticulación de la teoría imperialista han sido las iniciativas por difundir documentos inéditos provenientes del Ministerio de Defensa del Paraguay, como los transcriptos en «Testimonios sobre la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza». En Historia Paraguaya. Asunción, Academia Paraguaya de la Historia, 1997-8-9, Volúmenes. XXXII, XXXIII y XXXIV.         [ Links ] También Whigham, Thomas, El oro blanco del Paraguay: un episodio de la historia del algodón, 1860-1870. En Historia Paraguaya, Asunción, Academia Paraguaya de la Historia, 1999, Volumen XXXIX.         [ Links ]

30 En esta línea interpretativa se ubica el trabajo del escritor paraguayo, afiliado al partido Liberal Radical Auténtico Laíno, Domingo. Paraguay: de la independencia a la dependencia. Historia del saqueo inglés en el Paraguay de la posguerra. Asunción, Intercontinental, 1989.         [ Links ]

31 Doratioto, Francisco F. Maldita Guerra. Nova historia da guerra do Paraguai.         [ Links ] cit, presenta un valioso estado de la cuestión sobre el contexto que permitió la acogida de estas interpretaciones.

32 Guerra Vilaboy, Sergio. Paraguay, de la independencia a la dominación imperialista 1811-1870c         [ Links ]it y también Ares Pons, Roberto. El Paraguay del siglo XIX. Montevideo, Ediciones del Nuevo Mundo, 1987.         [ Links ]

33 Numerosos autores han hecho referencia a una fuerte tradición según la cual el presidente Francisco Solano López, viendo la derrota procedió a enterrar un gran tesoro "en oro", o bien cerca del área de Asunción o bien cerca de Pirebebuy. Lo cierto es que ese tesoro presuntamente enterrado tentó la fantasía y urgió esporádicamente el apetito de aventureros; más aún, su fiebre pasó la frontera y se propagó en el exterior. El argentino Lucio N. Mansilla encabezó una de las tantas expediciones a las cordilleras para buscar el oro, en 1869; también en 1882 una empresa francesa, liderada por Jean Brunner buscó el tesoro de López, ambas con resultado negativo. Hasta el presente incluso, se renuevan iniciativas en el mismo sentido, como las búsquedas que se organizaron en la provincia de Corrientes, en la década de 1990.Véase Plá, Josefina Aventura y Desventura del oro en el Paraguay. En Historia Paraguaya, Asunción, 1983, Vol. XXIII, p. 143 y ss.         [ Links ]

34 Decoud, Héctor Francisco. Sobre los escombros de la guerra. Una década de vida nacional 1869-1880. Asunción, 1925.         [ Links ]

35 La obra del norteamericano William Barret, Una Amazona,         [ Links ] y los relatos de Emilio Salgari, El tesoro del presidente del Paraguay,         [ Links ] quien imagina paisajes y personajes en el escenario bélico.

36 Una novela biográfica, la de Shelby, Graham. Madame Lynch. El fuego de una vida. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.         [ Links ]

37 Ramírez Braschi, Dardo. La guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos 1865-1870. Corrientes, 2000.         [ Links ]La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay vista por historiadores correntinos. UNNE, Resistencia, 2001, (inédito) y Análisis del expediente judicial por el delito de traición a la patria contra Víctor Silvero, miembro de la Junta Gubernativa correntina de 1865. En Actas del Duodécimo Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina. La Plata, Academia Nacional de la Historia, 2003.         [ Links ]

38 Un avance sobre esta cuestión en Brezzo, Liliana M., Figallo, Beatriz J. La Argentina y el Paraguay, de la guerra a la integración. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Rosario, 1999;         [ Links ] también Brezzo, Liliana. Guerra, historiografía y tabú. Los reclamos de Corrientes al gobierno de Paraguay. En XXIV Encuentro de geohistoria regional, IIGHI, Resistencia, 2002.         [ Links ]

39 Sobre este libro véase Vidaurreta, Alicia, El Paraguay a través de viajeros. En Estudios Paraguayos. Asunción, Universidad Católica, 1989, N 1.         [ Links ]

40 Buenos Aires, El foro, 1998, p. 528.

41 Los Conjurados del Quilombo del Gran Chaco. Buenos Aires, Alfaguara, 2000.         [ Links ]

42 Véase Brezzo, Liliana M. Los manuales de historia argentinos y paraguayos. Una aproximación bilateral a las representaciones del Otro. En Entrepasados. Buenos Aires, 2002, N 20-21.         [ Links ]

43 En esta línea se encuadra el trabajo de Cuarterolo, Miguel Angel. Soldados de la Memoria. Imágenes y hombres de la guerra del Paraguay. Buenos Aires, Planeta, 2000.         [ Links ]

44 Clappiex, Joseph. Détails íntimes sur l'etat de lieux des hommes et des choses au Paraguay. Marseille, 1868.         [ Links ] Expilly, Charles. Le Brasil, Buenos Aires, Montevideo et le Paraguay deant la civilisation. Dentu, París, 1866.         [ Links ] Fix, Theodore. La guerre du Paraguay. Tanera, París 1870.         [ Links ] Hutchinson, Thomas. The Paraná with incidents of the Paraguay and war and South American recolections from 1861 to 1868. Stanford, London 1868.         [ Links ] Le Long, John. Le Paraguay: la dynastie des López. Bureaux de la Revue Contemporaine, París, 1868,         [ Links ] De la Poepe, Claude. La politique du Paraguay, Dentu, París, 1869.         [ Links ] Stanford, Edward. Paraguay and the war en La Plata. London, 1865.         [ Links ]

45 Las imágenes que sobre el Paraguay y los países de la Alianza aparecen en estos textos y temas como el origen de la nación guaraní, la valentía del soldado paraguayo y la participación de la mujer en la guerra que fueron materias de polémica en el Viejo Continente; han sido analizadas por Rivarola, Milda. La polémica francesa sobre la Guerra Grande. Asunción, Editorial Histórica, 1988.         [ Links ] También las imágenes sobre el Paraguay y la guerra expresadas por el periódico The Times, en Londres, han sido expuestas por Herken Krauer, Juan Carlos. Gran Bretaña y la guerra de la Triple Alianza. Asunción, Arte Nuevo, 1983.         [ Links ]

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