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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.39 no.2 Punta Arenas  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442011000200007 

MAGALLANIA (Chile), 2011. Vol. 39(2):97-103

ARTÍCULO

Centenario del cierre de la misión de Dawson. Reflexiones sobre un esfuerzo admirable e infructuoso

A hundred years from the closing of Dawson mission. Reflections on an admirable and fruitless effort

 

MATEO MARTINIC B.*

Profesor Emérito e investigador, Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes. Punta Arenas, Chile. mateo.martinic@umag.cl.


RESUMEN

A un siglo de la clausura de la Misión Salesiana de San Rafael en la isla Dawson se hacen algunas consideraciones y refexiones sobre lo que fuera ese proyecto de rescate humanitario, civilización y cristianización, y sobre su desarrollo, en especial acerca de la pertinencia y eficacia del sistema empleado en su manejo habida cuenta de los objetivos y, por fin, respecto de sus consecuencias para la historia étnica, principalmente de los sélknam.

PALABRAS CLAVE: misión cristiana, Salesianos, indígenas fueguinos.


ABSTRACT

Being a century of the closing of San Rafael Salesian Mission at Dawson Island, some considera-tions and refections are done; about what was the humanitarian, civilization and Christianization project; its development, specially the relevance and effectiveness of the management system considering their objectives and, finally, some considerations about the consequences for the ethnic history, mainly for the selk’nam.

KEY WORDS: Christian Mission, Salesians, fuegian Indians.


INTRODUCCIÓN

El 23 de setiembre de 1911 el P. Marco Zanchetta junto con nueve hermanos coadjutores salesianos, cuatro religiosas de las Hijas de María Auxiliadora y veinticinco indígenas sélknam (5 hombres adultos, 11 mujeres adultas y 9 niños y niñas) que conformaban la totalidad de los últimos residentes de la Misión Salesiana de San Rafael (isla Dawson) se embarcaron a temprana hora de la mañana en el vapor que los conduciría desde Puerto Harris a Punta Arenas. Con ese trámite tenía término histórico una actividad iniciada en 1889 al fundarse el establecimiento misional en Puerto Harris, isla Dawson. Días antes habían finalizado los últimos trabajos de embalaje de los contados bienes que habían decidido llevan consigo los misioneros y se habían vendido los animales ovinos y bovinos y la madera elaborada que se mantenía en el aserradero. En el lugar como en otros sitios de la isla quedaba todo lo edificado, capilla, casas, galpones, talleres, viviendas y mucho más que había hecho posible el funcionamiento de la Misión a lo largo de más de dos décadas y que había demandado trabajo, inversiones y gastos, y la dedicación y sacrificio de muchos a lo largo de ese extendido lapso.

Al marcharse los misioneros y misioneras ponían punto final a un historial trascendental y enaltecedor escrito con abnegación, con heroísmo incluso, en favor de sus hermanos indígenas en un esfuerzo increíble por civilizarlos y cristianizarlos y que, al concluir, les dejaba el regusto amargo del fracaso porque del millar de hombres, mujeres y niños que allí habían ingresado, todos salvo aquellos 25 que los acompañaban habían ido muriendo por enfermedades epidémicas contra las que nada había podido remediar.

En esa empresa ímproba y admirable por donde se la considerara nada había resaltado fácil. Por el contrario había sido un trayecto temporal áspero y escabroso signado por la malquerencia y la maledicencia, por la infamia inclusive en procura del descrédito de los inspiradores y realizadores de una obra que se prestigiaba por sí misma1; sendero que se había transitado con amargura y dolor por ésas y otras causas, pero principalmente porque tanto esfuerzo devino finalmente infructuoso en tanto que no pudo preservarse la vida de los indígenas –objetivo esencial del proyecto misional– y tan sólo se consiguió administrar (por ponerlo de esta forma) su existencia en condiciones y circunstancias para la que la misma no estaba preparada.

Se imponen en consecuencia algunas refexio-nes a propósito del centenario de la clausura del primero y principal de los establecimientos de misión fundados por los Salesianos en el sur de América

EL PROYECTO MISIONAL

La presencia de los religiosos de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, comúnmente conocida como Congregación Salesiana –orden fundada por el P. Juan Bosco en Turín en 1859– en la Patagonia y la Tierra del Fuego databa de 1877, cuando la avanzada de la misma se estableció en Buenos Aires. Siendo como era la educación popular su objetivo fundamental, la iniciaron y prosiguieron con la apertura de colegios y escuelas de artes y oficios según las necesidades de los lugares en que se fueron instalando, labor complementada con la evangelización en los medios sociales correspondientes, de las que la tarea misional era una de sus formas específicas.

Esta, en particular, se había iniciado favorecida por la realización de la denominada "Conquista del Desierto", esto es, una campaña militar del Ejército Argentino cuyo objetivo era la ocupación y pacificación del vasto dominio territorial en las Pampas y norte de la Patagonia que hasta entonces se hallaba en manos de los indígenas, empresa a la que se sumaron algunos misioneros con el propósito de evangelizar a los grupos aborígenes que se redujeran. Así, tal actividad fue necesariamente ambulante según los movimientos de las tropas y cuando adquirió sedentariedad lo hizo en la forma de fundación de escuelas y/o capillas. De esa manera, la participación de los salesianos en la mencionada campaña militar y en el papel indicado, conformó la primera experiencia institucional en la materia. Pero cuando el P. José Fagnano arribó a Punta Arenas el 21 de julio de 1887 para establecer el centro meridional de las actividades de la Congregación y a poco andar se enteró de la situación en que se hallaban las etnias aborígenes del sur de la Patagonia y la Tierra del Fuego, que sufrían las consecuencias del enfrentamiento con los foráneos que habían llegado y llegaban con el ánimo de ocupar y explotar económicamente esos territorios, asumió la urgencia que había en salvarlas del serio peligro que corrían para su supervivencia.

Condicionado por esa amenaza que cada vez se hacía más evidente, en especial desde que la colonización pastoril en la Tierra del Fuego era una realidad tangible, Fagnano pensó en la fundación de un centro misional separado aunque inmediato a aquel territorio, en donde los indígenas pudieran ser acogidos, amparados, cristianizados y civilizados según lo anhelaba vivamente y lo reclamaba con apremio el P. Juan Bosco. Con esa concepción el P. Fagnano devino un innovador, pues en la práctica había que inventar un sistema de reducción indígena que funcionara con autonomía, autarquía y eficacia. Más que inventar, replicar en verdad experiencias históricas en América y otras partes del mundo sobre las que no sabemos si Fagnano estaba suficientemente informado, como, por ejemplo, habían sido las tan afamadas de la Compañía de Jesús en el Paraguay colonial.

Así, enterado o no, el emprendedor y diligente superior salesiano decidió llevar adelante su iniciativa sin parar mientes por entonces en que la misma en lo tocante a su ubicación geográfica conformaría un error táctico, como se verá. Para materializarla eligió la isla Dawson que por su situación en el sector central del estrecho de Magallanes, por su tamaño y recursos naturales, por su relativa vecindad con Punta Arenas para todos los efectos de apoyo logístico y, por fin, por su posición geográfica intermedia entre la isla grande de Tierra del Fuego y su archipiélago occidental que eran los territorios ancestrales de las etnias más amenazadas por la irrupción de los civilizados, la sélknam en aquélla y una parte de la kawéskar en el segundo. De ese modo y contando con el patrocinio de algunas autoridades civiles y religiosas y en especial con el apoyo de políticos conservadores católicos, el Padre Fagnano gestionó y obtuvo del gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda la concesión gratuita de la isla Dawson por un plazo de veinte años (Decreto Supremo de 11de junio de 1890). El plazo se contaría a partir de la fecha de entrega formal de la posesión a los salesianos, los que de facto ya ocupaban la isla desde 1889.

Con la certidumbre del amparo legal y administrativo para la obra que debía emprender, Fagnano se ocupó de ella con la prioridad y dedicación que la misma requería atendidos sus objetivos humanitarios y cristianos, con la colaboración de sus hermanos sacerdotes y coadjutores que el Rector Mayor de la Congregación fue enviando paulatinamente desde Italia, así como de las religiosas de la entidad hermana el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, que asumirían la tarea de asistir misionalmente a las mujeres indígenas. Y, va de suyo, con los indispensables recursos financieros que buenamente pudiera obtener y que se procuró usando de la persuasión, la tenacidad y, otra vez, de inventiva.

Aunque tanto la solicitud original como el decreto de prescribían el establecimiento de un centro misional conformado por una Escuela, una Capilla, una Enfermería, un Deposito para víveres [solicitud] y las demás construcciones que se creyeren necesarias para la explotación de sus terrenos [decreto], lo edificado al cabo de varios años superó toda previsión por envergadura, superficie construida, cantidad y variedad de viviendas y de lugares de permanencia y trabajo, su equipamiento y las instalaciones complementarias y demás, al punto que al finalizar el siglo XIX, con más precisión al tiempo de la visita del Presidente de la República de Chile Federico Errázuriz en 1899, la sede principal de la Misión Salesiana en la Patagonia austral puesta bajo la advocación del arcángel San Rafael, era una población en forma, con traza urbana. En ella se agrupaban de modo ordenado en una suerte de núcleo central los edificios más importantes (Iglesia, Casa de los Salesianos, Casa de las Hermanas de María Auxiliadora, Escuela de niños, Talleres y Dormitorios de los niños indígenas; Escuela, Talleres y Dormitorios de las niñas indígenas, y Casa de las indias viudas) enfrentando un gran espacio o modo de plaza, y que se completaba por manzanas rectangulares separadas entre sí por calles rectas (trazado en damero), donde se ubicaban el Hospital, las viviendas unifamiliares para los indígenas casados y solteros; y las diferentes dependencias para los servicios comunes (Almacén General, Panadería, Matadero, Establo para las vacas lecheras y bodegas). En las inmediaciones se hallaban las grandes construcciones que requería la explotación económica destinada al mantenimiento de la comunidad residente (Aserradero, Galpón de Esquila, corrales, etc.), y lejos hacia el norte de la isla, en la punta San Valentín, las edificaciones correspondientes a la Misión del Buen Pastor, creada en 1898 y puesta a cargo de las Hermanas de María Auxiliadora para acoger a las niñas abandonadas de Punta Arenas.

Si la sola obra constructiva de la empresa misionera resulta sorprendente por su magnitud, que supuso recursos financieros cuantiosos y un trabajo sostenido de años, en un conjunto que sirvió para atender y alojar a los indígenas, más aumenta la admiración al advertirse que para que así ocurriera debió montarse una empresa económica paralela conformada por la explotación forestal industrial y por la crianza pecuaria (ovinos y bovinos), tanto para disponer de la madera, cuanto para abastecer a otras necesidades del género de la construcción que la Congregación tenía en Magallanes, del mismo modo que para proveer de alimentos (carne y leche) y de materia prima (lana y cueros) para satisfacer los requerimientos de vida, educación y trabajo de cuantos residieron en Dawson por años y que en algún momento de su historia pudieron acercarse al millar de almas simultáneamente.

Así entendida, la Misión de San Rafael fue una verdadera empresa de producción económica destinada a generar los medios y recursos necesarios para solventar siquiera en parte los crecidos gastos que demandó el solo funcionamiento del centro misional durante el período de su vigencia. Este aspecto puntual, otra vez, requirió de la genialidad creativa del P. Fagnano para organizar y mantener el sistema productivo por una parte, y para enfrentar las permanentes críticas que el mismo generó en el ambiente ideológicamente adverso a los Salesianos y a la Iglesia Católica y cuya argumentación se fundaba en medias verdades o derechamente en falsedades y que se remataba invariablemente con la cantinela de ser esa doble producción económica una forma de enriquecimiento para aquéllos…Este fue un fanco involuntariamente abierto por Fagnano a través del cual, se reitera, los opositores a la obra católica en general y a la acción de los misioneros en particular dirigieron sus ataques que, debe reconocerse, causaron grandísimas aficción en la Congregación y profundo dolor a Fagnano quien no obstante su entereza moral y su reciedumbre espiritual acabó con su resistencia minada y su salud comprometida, falleciendo en la sesentena de su vida en 1916.

En suma, con sus virtudes y defectos, la posteridad más que los contemporáneos concluirían reconociéndole a José Fagnano el gran mérito de su proyecto misional, que ideó y desarrolló con talento y que mantuvo con empuje pionero hasta el momento de su obligado término. Doblemente obligado en verdad, primero porque la población aborigen objeto de la Misión de San Rafael se había reducido al mínimo y ya no bastaba para justificar el esfuerzo económico del mantenimiento del establecimiento2; y, segundo, por el vencimiento del plazo de concesión de la isla Dawson, circunstancia que exigía su restitución al Fisco (más cuando ya había un fuerte interés privado en obtenerla para su explotación).

Así las cosas, el primer semestre de 1911 fue el tiempo de la finalización de una admirable y nobilísima obra humanitaria evangelizadora y civilizadora, y de la liquidación de su materialidad. A los salesianos sólo les quedaría la memoria entrañable de una gesta misionera y el sentimiento doloroso de no haber conseguido hacer más por los indígenas confados a su abnegado cuidado.

¡Finis Dawson!, frase elocuente en su sencillez y plena de contenido, resumiría finalmente tantísimos sentimientos personales e institucionales al asentarse tal circunstancia en la Crónica del antiguo Colegio "San José" de Punta Arenas.

SISTEMA DE MANEJO MISIONAL

Con los recaudos que imponen la objetividad y rigor académicos al apreciarse una materia de suyo trascendente y compleja, cabe apreciar el resultado de la labor misionera al tiempo de darse término a la misma, en lo tocante al centro de Dawson se entiende, con una refexión acerca del sistema utilizado por los Salesianos para el desarrollo de su proyecto misionero.

Y en ello el primer aspecto que cabe considerar es el de la ubicación de la misión en la isla Dawson que claramente fue un error de José Fag-nano. Entendida de primera como una exigencia de ubicación geográfica estratégicamente situada entre dos territorios étnicos (sélknam y kawéskar) parece una posición inmejorable. Pero, en la realidad de lo acontecido históricamente la parte referida a los kawéskar fue, excepción hecha del comienzo de la misión, progresiva y luego definitivamente secundaria. En cambio, respecto de los sélknam, si tuvo inicialmente esta última calidad, a contar de 1895 en especial fue absolutamente preponderante.

Ello no fue cosa sólo del número de indígenas asilados, como que del millar redondo que ingresó en el transcurso de poco más de dos décadas, cuatro quintos pertenecieron a la etnia sélknam, sino del riesgo que se quería precaver con la creación de la misión que no era otro que el de la amenaza de reducción numérica de la misma, al punto de comprometerse la supervivencia de su población, ante la evidencia de la ocupación por las sociedades pastoriles de buena parte de su territorio ancestral y con el ánimo de uso exclusivo, esto es las llanuras esteparias del norte y centro de la isla grande de Tierra del Fuego y los territorios boscosos y de parque del centro-sur de la misma. Por tanto, al elegirse a Dawson –un espacio extraño separado por mar de aquélla– y pensárselo como refugio para la etnia, no se previó que la sola extracción física y el consiguiente desarraigo de sus componentes los colocaría más a la corta que a la larga en un punto de no retorno, el de la irreversibilidad de la disminución numérica que acabaría en la extinción como en la realidad se dio. Ello, es claro, como consecuencia de la ruptura total de las condiciones y circunstancia tradicionales de existencia.

En este punto cabe preguntarse cuál habría sido el destino de la Misión de San Rafael si la misma se hubiera ubicado geográficamente dentro de la isla grande fueguina. Y la respuesta es que la misma habría prolongado su vigencia por varias décadas quizá alcanzando hasta el medio siglo XX y, tal vez, con un destino diferente para sus residentes aborígenes en lo referido a su supervivencia. La prueba de ello se tiene precisamente en la vigencia más prolongada del segundo establecimiento del género creado por los Salesianos, la Misión de La Candelaria en la parte argentina de la isla grande de Tierra del Fuego que se extendió hasta la cuarta década de esa centuria. Por eso no parece un exceso de severidad el juzgar la elección de la isla grande por el Padre Fagnano como un error táctico y de graves consecuencias ulteriores para la etnia sélknam, a la que se tuvo por sujeto preferente de la acción misionera, por cuanto significó en los hechos el traslado forzado de lo que quizá fue la mitad de su población a un territorio extraño circunstancia que comprometió irreversiblemente la supervivencia étnica.

Tal no se hubiera dado, así lo estimamos, a lo menos no de la manera que históricamente se dio si la Misión se hubiera radicado al sur del paralelo 54°, esto es, en el territorio fueguino chileno no comprendido en las concesiones pastoriles de 1889 y 1890 en favor de José Nogueira, y por tanto disponible para otro uso. ¿Por qué no consideró Fagnano tal posibilidad que ciertamente tuvo entre manos? ¿Qué lo movió a preferir a la isla Dawson en definitiva? Y, por último pero no menos importante si de conjeturar se trata ¿habría sido semejante el resultado históricamente conocido en esa aparentemente más propia y favorable ubicación?

Si la extracción étnica explica una parte de lo acontecido en la Misión de Dawson, esto es, la rápida disminución numérica de los indígenas, el resto de las causas que completan la comprensión de lo acontecido debe ser atribuido a la modalidad de trabajo misionero elegido por los Salesianos.

Ella supuso la imposición de normas y prácticas que resaltaron ser coercitivas y perjudiciales para gentes que no las conocían (ni llegarían a entenderlas) por su pertenencia a una cultura absolutamente distinta a la de quienes la determinaban. En resumen, el trabajo, la disciplina, los formas de vestir y de alimentarse; la sedentariedad obligada con restricción en la libertad de movimientos, el hacinamiento en recintos cerrados, que no fueron otra cosa que normas y hábitos que violentaron las formas ancestrales y tradicionales de la vida indígena y que en su aplicación forzada –no hubo alternativa– concurrieron en distinto grado en una sumatoria de causas a la acelerada mortandad de los aborígenes asilados y con ello al fracaso virtual del proyecto misionero en lo que a San Rafael se refiere.

Pero, otra vez, ¿tuvieron los Salesianos alguna otra opción en lo tocante al sistema de manejo misional?

No la tuvieron, ciertamente, por cuanto, y en ello concordamos con el historiador Simón Kuzmanich, en la realidad los misioneros salesianos de entonces no actuaron diversamente de los otros institutos religiosos que se dedicado también a las misiones entre los pueblos primitivos, tanto en América como en África y otras partes del mundo3.

Igualmente concordamos con este autor en que el aparente "fracaso" no estuvo en la acción misionera sino en algo más profundo e irrevocable, esto es, en el enfrentamiento absolutamente desigual entre dos culturas: una prístina y frágil, y la otra una suma madura de experiencias históricas, sólida y avasalladora. Desde el momento en el que tal proceso se inició, su resultado podía anticiparse con la victoria de la más fuerte.

Pero, aceptando el error supuesto de la ubicación geográfica de la Misión de San Rafael, así como que si las modalidades educativas empleadas allí fueron las más atinadas y convenientes en el entendimiento social propio de la época, convenimos también con la sabia conclusión de Martin Gusin-de en cuanto que en ningún lugar se ha podido efectuar satisfactoriamente la transición de una tribu nómade inferior a las condiciones europeas modernas4. Y menos todavía en la Tierra del Fuego por las circunstancias conocidas en que se dio la ocupación foránea del territorio indígena y que imponían obrar con urgencia. Así, otra vez, con palabras del eminente etnólogo ¡Qué otra cosa podían haber hecho sin pérdida de tiempo los misioneros, bajo esas circunstancias tan extraordinarias y en esos tiempos tan alborotados...!

CONCLUSIÓN

A un siglo cabal de la clausura de la Misión de San Rafael en la isla Dawson, cabe reiterar que los Salesianos pusieron en esa obra admirable todo cuanto buenamente pudieron hacer, con una entrega abnegada y total, con fervor espiritual motivador y con una determinación increíble en procura de la salvación y el bienestar de los pueblos aborígenes sélknam y kawéskar. Si las cosas no se dieron al fin según lo esperaron no fue su responsabilidad y la posteridad así lo ha entendido y lo entiende.

NOTAS

1 Una buena síntesis sobre la materia se contiene en la primera parte del libro del P. Simón Kuzmanich, Presencia Salesiana. 100 Años en Chile. La expansión: 1888-1920 (Editorial Salesiana, Santiago, 1990).

2 Para una mejor comprensión de la evolución poblacional de la Mision de San Rafael véase el cuadro incluido en el Apéndice al final de este artículo. Se sugiere también consultar el interesante trabajo elaborado por la antropóloga Clara García Moro, "Reconstrucción del proceso de extinción de los sélknam a través de los libros misionales" publicado en el volumen 21 de Anales del Instituto de la Patagonia, Serie Ciencias Humanas, 21:33-46, Punta Arenas, 1992.

3 Op. cit., pág. 171.

4 Los indios de Tierra del Fuego. Los Sélknam, Centro Argentino de Etnología Americana, Buenos Aires, 1982, tomo I, pág. 171.

FUENTES DE CONSULTA

ALIAGA ROJAS, FERNANDO 1984 La Misión en la isla Dawson (1889-1911). Universidad Católica de Chile, Santiago.         [ Links ]

GUSINDE, MARTIN 1982 Los indios de Tierra del Fuego. Centro Argentino de Etnología Americana. Buenos Aires.         [ Links ]

KUZMANICH B., SIMON 1990 Presencia Salesiana. 100 Años en Chile. La expansión: 1888-1920. Editorial Salesiana. Santiago.         [ Links ]

MARTINIC B., MATEO 1988 Magallanes al sur de América. El encuentro de dos culturas: relaciones entre aborígenes y colonizadores en suelo magallánico. Cape Horn Methanol Lda. Museo Chileno de Arte Precolombino. Santiago.         [ Links ]

APÉNDICE

 


Recibido: 23/08/2011 Aceptado: 08/11/2011 Versión final: 08/11/2011