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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania v.33 n.1 Punta Arenas ago. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442005000100015 

 

ARQUEOLOGÍA HISTÓRICA ANTÁRTICA: ABORÍGENES SUDAMERICANOS EN LOS MARES SUBANTÁRTICOS EN EL SIGLO XIX. Por Rubén Stehberg, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana. 15 x 23 cms. 210 págs. Ilustraciones y planos. Santiago, 2003.

El libro nos introduce en una serie de aspectos relacionados con la historia antártica, nos provee de nuevos datos obtenidos en el terreno y enmarca la historia de la investigación arqueológica en el contexto internacional.

En primer lugar, el estudio de los ciclos loberos a partir de 1819, es muy interesante desde muchos puntos de vista. Se puede observar cómo los mares hasta entonces virtualmente desconocidos entran al conocimiento a partir de la expansión económica inglesa y norteamericana. Se trata de la época de las grandes exploraciones geográficas y científicas, pero que han sido precedidas por la expansión económica. No es casual que el práctico o guía de la misión hidrográfica inglesa de Philip Parker King y Fitz Roy en las aguas de los canales occidentales fuera un lobero: William Low.

Y ello no deja de ser resaltado en el libro del Dr. Stehberg cuando enfatiza la necesidad de mano de obra local por parte de los loberos y de allí explicar la presencia de artefactos líticos y un cráneo atribuido a una mujer mestiza encontrados en la Antártica.

Otros arqueólogos han puesto énfasis precisamente en este punto de la expansión económica mundial y su expresión en los restos arqueológicos antárticos. El tema no es menor y el Dr. Stehberg avanzará una atrevida hipótesis al final de su obra.

Por otro lado, la mera presencia de los loberos desde comienzos del siglo XIX en los canales fuego patagónicos es un aspecto poco estudiado desde un punto de vista arqueológico, para lo cual este trabajo será inspirador. En efecto, era una práctica muy común abandonar grupos de tareas cercanas a las loberías con provisiones para semanas o meses, tal como se aprecia en la Antártica. De modo que estos sitios de campamentos efímeros deben encontrarse en las islas exteriores de los canales.

El correlato antropológico de la presencia lobera será la disminución y debilitamiento de la etnia yámana al reducirse notablemente las poblaciones de pinnípedos, su principal fuente de alimentación. En una comunicación del antropólogo Hyades de 1882 señala que en cinco días los loberos habían matado 300 lobos y que dos años antes habían hecho una cosecha de 500 en igual tiempo en las islas Diego Ramírez.

Este no fue tan sólo un fenómeno local, en el libro se señala que otro tanto estaba ocurriendo al sur de Australia, de Tasmania, etc.; se introducen igualmente poblaciones nativas en las expediciones loberas. Y se matan a destajo los pinnípedos.

El libro nos provee igualmente de información rigurosa sobre otras interpretaciones acerca de la presencia de materia indígena en la Antártica, desde los planteamientos iniciales de un poblamiento de América por esta vía hasta la presencia de talladores de silex para fusiles de chispa. Interpretaciones que va descartando rigurosamente, para llegar a una conclusión bastante sorprendente: la presencia de la mujer mestiza junto a los materiales indígenas sería evidencia de una expansión del grupo yámana a expensas o parasitariamente a los loberos y su nueva tecnología y organización náutica, tal como ocurrió en otras sociedades de la región (expansión diaguita a expensas de la inka, o la mapuche a partir de la adquisición del caballo español son sus ejemplos).

Estoy seguro que los planteamientos del Dr. Stehberg generarán la necesaria polémica que hace crecer poco a poco nuestro campo de estudio. Por otro lado, cabe felicitarlo por su labor pionera en la Antártica y agradecer su labor por cuanto ha contribuido con excelentes datos que podremos utilizar en el futuro de este lado del Mar de Drake.

Alfredo Prieto I.

 

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