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Ultima década

On-line version ISSN 0718-2236

Ultima décad. vol.25 no.46 Santiago July 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362017000100004 

Conceptos y experiencias juveniles

La gramática de la juventud: Un nuevo concepto en construcción

A gramática da juventude: um novo conceito em construção

The grammar of youth: a new in - progress concept

René Bendit2  4  , Ana Miranda3  2  4 

2 Dr. en Ciencias Sociales (Universidad de Kassel Alemania). Investigador Senior del Deutsches Jugend Institut /Instituto Alemán de la Juventud (DJI) (Retirado). Docente de la Universidad Ludwig Maximilian Munich, Alemania; Coordinador Académico del Programa de Investigaciones de Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Argentina. renebendit@aol.com

3 Dra. en Ciencias Sociales (FLACSO Argentina). Investigadora Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científico Tecnológicas (CONICET, Argentina), Docente de la Universidad de Buenos Aires y Coordinadora del Área Sociedad y Vida Contemporánea de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Argentina, amiranda@flacso.org.ar.

4 Dra. en Ciencias Sociales (FLACSO Argentina). Investigadora Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científico Tecnológicas (CONICET, Argentina), Docente de la Universidad de Buenos Aires y Coordinadora del Área Sociedad y Vida Contemporánea de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Argentina, amiranda@flacso.org.ar.

Resumen:

El artículo expone enfoques teóricos desarrollados dentro del campo de los estudios de juventud desde una perspectiva histórica. Las teorías en análisis fueron seleccionadas con el objetivo de aportar al debate desde la perspectiva sociológica, al tiempo que sentar bases para el desarrollo de la idea de “gramática de la juventud”. Una noción que expresa la preocupación de los autores por dar cuenta de la estructura de actividades y accesos que las sociedades contemporáneas ofrecen a los y las jóvenes, y de los marcos normativos que subyacen en el contorno de las expectativas que se depositan en su cumplimiento.

Palabras claves: Estudios de juventud; Sociología de la juventud; Gramática de la juventud

Resumo:

O artigo apresenta enfoques teóricos desenvolvidos dentro do campo dos estudos de juventude a partir de uma perspectiva histórica. As teorias em análise foram selecionadas com o objetivo de contribuir para o debate a partir da perspectiva sociológica, ao mesmo tempo que estabelecem as bases para o desenvolvimento da ideia de “gramática da juventude”. Uma noção que exprime a preocupação dos autores por mostrar a estrutura das atividades e acesos que as sociedades contemporâneas oferecem aos e às jovens, e dos marcos regulatórios que subjazem no contorno das expectativas depositadas em seu cumprimento.

Palavras-chave: Estudos de juventude; Sociologia da juventude; Gramática da juventude.

Abstract:

The article presents theoretical approaches developed within the field of youth studies from a historical perspective. The theories analyzed were selected in order to add a sociological perspective to the debate while laying the foundations of a notion of "grammar of youth". This concept shows the authors’ concern about the relationship between the structure of activities and approaches offered by contemporary societies to young men and women, and on the regulatory frameworks underlying the expectations placed on its compliance.

Keywords: Youth Studies; Sociology of youth; Youth grammar.

Introducción

El campo de los estudios sociológicos de juventud ha experimentado un gran crecimiento desde comienzos del siglo veinte, especialmente durante las últimas cuatro décadas en el mundo occidental, quizás también asiático y africano, pero con temáticas diferenciadas. Desde una perspectiva histórica se puede constatar que una gran parte de las primeras obras sociológicas tuvieron antecedentes en estudios de enfoque psicológico desarrollados fundamentalmente en centros de estudios alemanes, norteamericanos e ingleses y centrados en el concepto de “adolescencia”. Y que fue recién a partir de los años 50 que comenzaron a surgir paradigmas de análisis en los cuales la definición de la categoría de “juventud” dejó de asumir carácter individual para ser analizada en tanto fenómeno social.

Recorriendo la trayectoria de las producciones sobre juventud desarrolladas desde la perspectiva sociológica y antropológica durante la segunda parte del siglo veinte, se pueden distinguir distintas y variadas tradiciones de investigación, las cuales muchas veces corrieron por espacios sin referencias mutuas o puntos de contacto. Dichas tradiciones se desarrollaron en contextos culturales y lingüísticos diferentes, particularmente en centros de investigación social en el mundo anglo-sajón (Estados Unidos; Inglaterra; Canadá y Australia); en los países escandinavos; en Alemania y otros países de lengua germana, paralelamente en Francia y posteriormente en demás países del Sur de Europa. Asimismo, y a partir de los años ochenta, la producción latinoamericana experimentó un gran desarrollo en base a los enfoques de diferentes centros de producción teórica del denominado norte global, distinguiéndose el surgimiento de escuelas y perspectivas con visiones teóricas y metodológicas propias.

Como parte de un trabajo de reflexión y construcción conceptual desarrollado a modo de basamento para la interpretación de evidencia empírica relevada mediante estrategias de investigación de corte longitudinal, el artículo expone enfoques teóricos desarrollados dentro del campo de los estudios de juventud desde un recorrido histórico. Los enfoques fueron particularmente seleccionados durante el proceso de elaboración de un marco para el debate sobre la producción contemporánea desde la perspectiva sociológica, y su objetivo principal se relaciona con la posibilidad de sentar bases para la elaboración de la noción de “gramática de la juventud”, que se expone sobre el final del artículo.

La noción de gramática de la juventud expresa la preocupación por dar cuenta de la estructura de actividades y accesos que las sociedades contemporáneas ofrecen a los y las jóvenes, y de los marcos normativos que subyacen en el contorno de las expectativas que se depositan en su cumplimiento. Se trata de un conjunto de argumentos construidos en dialogo con las principales corrientes de interpretación de nuestros días, y que propone retomar las inquietudes centrales de obras clásicas, de gran actualidad y vigencia.

Adolescencia y juventud: el desarrollo conceptual temprano

Sobre principios de siglo veinte, los estudios sobre juventud estuvieron fuertemente influenciados por la escuela psicológica norteamericana y en particular por Stanley Hall (1903; 1908), considerado como el fundador de la psicología de la adolescencia. Este autor considera el fenómeno adolescente como un “segundo nacimiento” y como un período marcado por profundos cambios de personalidad, lo que la distingue tanto de la infancia como de la adultez como así también de la juventud propiamente tal. La obra de Hall constituyó un hito en la psicología evolutiva configurando una concepción en donde la adolescencia se asoció al comienzo de la capacidad de reproducción física y al desarrollo cognitivo en términos de estructuras formales de pensamiento (Dávila León, 2004), logrando un alto impacto tanto en Europa, como en Estado Unidos. Su desarrollo conceptual fue inspirador de una serie de teorías psicológicas de corte organicista en las cuales se entiende la “evolución” y el “desarrollo” como un proceso natural cuyas regularidades si bien son factibles de ser aprendidas (conocimiento), no pueden ser influenciadas en gran medida por lo social y lo cultural. De acuerdo a esta visión, la evolución psicológica se orientaría hacia un objetivo final, inmanente al organismo, lo que Spranger (1924) denomina “madurez”.

La perspectiva organicista influenció el pensamiento de otros autores provenientes de la pedagogía psicoanalítica como Bernfeld (1931; 1923) y del enfoque psicodinámico de la adolescencia desarrollado por Ana Freud (1937, 1958). Ambos exponentes de las teorías y corrientes psicoanalíticas abrieron el campo de la investigación psicoanalítica sobre la adolescencia, así como a la investigación sociológica. Bernfeld lo hizo al acentuar la diferenciación entre una “pubertad restringida”, entre los jóvenes de origen obrero, y una “pubertad y adolescencia prolongadas” en el caso de los jóvenes de origen burgués. Para el análisis de los rasgos diferenciales entre ambos tipos de adolescencia, Bernfeld se ve obligado a considerar aquellos factores condicionantes provenientes de lo sociocultural y de la clase social, los cuales determinarían dichos diferentes desarrollos.

El enfoque de Ana Freud centró su atención en la psicodinámica y en los conflictos de la adolescencia vinculados al despertar de la sexualidad en la pubertad. En este período surgen necesariamente tensiones y conflictos condicionados por la madurez sexual. El refuerzo del instinto sexual lleva a un aumento de la curiosidad, de la agresividad y del egocentrismo del joven, lo que hace que se mueva entre dos polos emocionales muy fuertes, como son las tendencias excesivas hacia la autonomía o hacia la extrema dependencia. Las relaciones entre el "ELLO” el “YO” y el “SUPERYO” pierden su equilibrio. Como resultado de las tensiones que ello genera el joven se ve expuesto a un aumento del miedo y de la angustia, estados que el adolescente puede regular de dos modos diferentes: (a) mediante el uso de mecanismos de defensa como los desarrollados en la infancia (“sublimación”, “transferencia” e “identificación”) y a los que se suman en el período adolescente la “intelectualización” y el “asqueticísmo”. Mediante la intelectualización, el joven utiliza el pensamiento abstracto y la argumentación lógica, aprendidos durante este período, para fundamentar sus representaciones, deseos y comportamientos, mientras que mediante el asqueticísmo el adolescente controla los impulsos sexuales emergentes a través de la negación de dichos instintos. (b) Una segunda manera de controlar tales impulsos y los miedos que ellos generan, se produce a través del desarrollo de un YO fuerte que le permitirá superar los conflictos generados por el aumento de las pulsiones sexuales y que le permita balancear las potentes energías instintivas surgidas durante la pubertad.

Otros aportes al concepto de adolescencia provienen de la psicología del desarrollo desde donde se introducen los conceptos de “tareas del desarrollo” (Havighurst, 1962; 1972) y de “coping”2, en sus versiones neo-analítica (Haan, 1977; 1981) y cognitiva (Lazarus 1966, 1980). Otros aportes a la categoría de adolescencia tienen su origen en la psicología social, como el análisis del proceso de búsqueda de la identidad personal en la adolescencia y las tesis sobre la “moratoria” de Erikson (1952), quien pone de manifiesto aquellas influencias de tipo social y cultural que condicionan dichos procesos. La teoría psicosocial del desarrollo de Erikson constituye una ampliación de las teorías de Ana Freud. En su enfoque Erikson combina la idea del desarrollo durante el ciclo vital con la construcción de identidad, de lo cual resulta que el joven, a través de su integración a un orden social dado, aprende a enfrentarse a las nuevas exigencias y desafíos que se le van presentando (1952; 1968). A esta visión del desarrollo psicosocial del adolescente debemos sumar la teoría del no ser “ni niño ni adulto”, como conflicto central de la adolescencia, de Kurt Lewin (1963) y, posteriormente, el enfoque del interaccionismo simbólico de Herbert Mead (1973) que ya se aproxima fuertemente a una visión sociológica del fenómeno adolescente.

Por aquellos años, y entre las primeras aproximaciones sociológicas al fenómeno de la juventud, es preciso citar las producciones de la denominada “Escuela de Chicago” desarrolladas a partir de las primeras décadas del siglo veinte, al interior de la cual se expresaron preocupaciones sobre los rápidos procesos de urbanización, la marginalidad y los grupos o bandas como espacio de socialización e identidad de la juventud. Se trata de obras de perspectiva sociológica centradas en una serie de preocupaciones sobre los grandes conglomerados y sus efectos sobre las conductas e identidades de los jóvenes, las cuales forman parte de un conjunto de estudios sobre los fenómenos de marginalidad y delincuencia en ámbitos urbanos. Al interior de esta tradición, sobresalen particularmente las producciones de F.M. Thrasher The Gang (1927) y de W.F. Whyte Street Corner Society (1943), los cuales forman parte del canon de las investigaciones y los análisis sobre pandillas juveniles (Pérez Islas, 2008). En una reflexión general sobre antecedentes teóricos del campo, Cerbino ha afirmado que el conjunto de obras que integran la Escuela de Chicago presentan un primer acercamiento a las organizaciones juveniles desde una perspectiva etnográfica, en donde se destaca particularmente el análisis sobre el esfuerzo que realizan “los muchachos por crear una sociedad para sí mismos” allí donde no encuentran respuestas (Cerbino, 2012). La vigencia de las obras referidas a los procesos de marginalidad y bandas es central sobre todo en investigaciones de corte etnográfico tanto de perspectiva sociológica, cómo de mirada antropológica en América Latina, en aquellas sociedades donde las pandillas, las maras y “otras naciones” se constituyen en espacios de centrales en la vida cotidiana de la juventud (Cervino y Barrios, 2008)

La aproximación estructural- funcionalista sobre la edad y el género.

Al interior de la tradición de la sociología las obras de Durkheim sobre la educación fueron centrales en al análisis del carácter eminentemente social de los vínculos entre las distintas generaciones (Durkheim, 1974). Como parte de este movimiento a comienzos de las décadas de 1950 surgieron enfoques que propusieron el análisis de la “juventud” como una categoría social, es decir como un fenómeno determinado por factores estructurales y funcionales de la sociedad. Fue Parsons quien sometió por primera vez a discusión las categorías de edad y de género, planteando con ello las premisas de una sociología de las edades (Parsons, 1942). Parsons contrastó los modelos “valorizados” de la cultura juvenil de las escuelas secundarias con los modelos normativos de roles femeninos y masculinos adultos dominantes en esa época, poniendo en evidencia la disfuncionalidad de un sistema de roles adultocéntricos sometidos a fuertes expectativas y presiones. En el contexto de la disfuncionalidad, lo joven estaba asociado a cuatro factores que contribuían en la sociedad norteamericana de mediados de siglo veinte a acrecentar la incertidumbre y la indeterminación del status de la Juventud: a) la prolongación de la duración media de los estudios secundarios y terciarios en un momento en que el joven debe asumir, mucho más que sus predecesores, mayores responsabilidades y desarrollar una mayor autonomía de acción; b) el aislamiento estructural de la familia nuclear, en relación a la disminución de su tamaño y a la desaparición de los ámbitos domésticos troncales o multigeneracionales; c) la mayor libertad en el campo de las representaciones y de las prácticas sexuales, las cuales generan dificultades de ajuste y adaptación; d) el sistema normativo, que se ve sometido a una perpetua reorganización lo que genera factores de indeterminación justamente en aquellas estructuras en que los jóvenes se encuentran a la espera de su paso a la vida adulta. Parsons agrega que en una situación de tal tipo el riesgo de anomia es especialmente grande para las generaciones jóvenes. Ante dicha situación, éstos reaccionan adoptando y contribuyendo a desarrollar junto al grupo de pares una cultura juvenil relativamente diferenciada que les permite enfrentarse o convivir con las contradicciones a que los somete la sociedad adulta. Con ello va apareciendo un sistema diferente de relaciones sociales y de comportamientos juveniles en el contexto de sociedades industriales complejas que desarrollan un sistema de organización de roles adultos altamente universalizados y que con el tiempo se tornan más o menos institucionalizados (Parsons, 1962).

El enfoque estructural- funcionalista de la juventud tuvo un gran desarrollo en la obra de Eisenstadt que vinculó conceptualmente la cuestión normativa al tema de la identidad y al concepto de generación. La definición cultural de las edades es un importante elemento constitutivo de la identidad de las personas, de la percepción que tienen de sí mismas, de sus necesidades, sus aspiraciones, su lugar en la sociedad y del sentido último de su vida. La edad no corresponde solo a un sub-sistema funcional de roles, sino que además está ligada a la tentativa de encontrar un significado a la transición temporal y personal que, según él “a menudo puede conducir a una identificación con los ritmos de la naturaleza o de la historia, con ciclos estacionarios, con el desarrollo de un plan cósmico o con el destino y el desarrollo de la sociedad” (Eisenstadt, 1956). Esta orientación asocia la cuestión de las edades a la cuestión del tiempo y propone ligar el tiempo personal con el tiempo histórico y cultural, lo cual permitió posteriormente a otros autores vincular el enfoque estructural-funcionalista con el generacional (Schelsky, 1957).

En Eisenstadt, la transición de la infancia a la edad adulta, el desarrollo de la identidad personal, de la autonomía y de la auto-regulación, así como el intento de ligar la transición a las imágenes culturales generales y de vincular la maduración a modelos definidos de roles, constituyen elementos que están en base de la imagen arquetípica de la juventud. No obstante, las maneras en que esos elementos cristalizan en configuraciones concretas difieren fuertemente de sociedad en sociedad y también al interior de diferentes sectores de una misma sociedad. Son cuatro las ideas centrales que este autor desarrolla sobre la Juventud: i) la idea de la transición: la juventud se define como un período de moratoria en el plano de la atribución de roles; como una etapa de cristalización de la identidad personal; ii) la estrecha relación entre procesos psicológicos, histórico-culturales y sociales en aquello que debería constituir la base de una sociología de la juventud, donde el concepto de “identidad” sería el que permite establecer los lazos entre estos diferentes campos; iii) la base funcionalista de la definición de “juventud” como una especie de aprendizaje de la conformidad a la asunción de un rol social (algo que critican fuertemente las escuelas sociológicas críticas que le sucedieron); iv) el relativismo cultural en la definición de las edades. Es a partir de estas ideas que Eisenstadt desarrolla sus hipótesis analíticas sobre el rol de los jóvenes en la sociedad. La edad es concebida aquí como un marco social que trasciende a los grupos biológicos representativos de tal o tal estrato de edad y que se impone como sistema normativo que es tanto más fuerte cuanto más simple sea una sociedad determinada, y que eventualmente este asociado a un sistema de valores mediante los cuales la sociedad puede asegurar su continuidad y su reproducción social.

La influencia de las obras de Parsons y Eisenstad fue significativa en tanto análisis de las transformaciones contemporáneas a la emergencia de la juventud como actor social. Sus argumentos sobre los cambios en los grupos familiares, la mayor expansión de la educación secundaria y superior, la autonomía emocional y la importancia de los grupos de pares, las modificaciones del marco valorativo, la mayor libertad en la elección de parejas, en el debate sobre la maternidad/paternidad representaron hitos en la vida de quienes transitaron sus años de juventud en el período de la segunda post-guerra, hoy denominados “babyboomers”. La influencia en el pensamiento contemporáneo es indiscutida y se expresa sobre todo en las producciones centradas en la idea de transición(es) juveniles en distintos países.

El paradigma culturalista: la escuela de Birmingham

En un enfoque teórico crítico y de gran repercusión e importancia en la construcción del campo de los estudios de juventud se posicionan los estudios de corte etnográfico- culturalista que surgen en Inglaterra a mediados de la década de 1960. En una tradición luego denominada “sub- culturalista” que data desde las primeras producciones del Centro de Estudios de la Cultura Contemporánea (CCCS- Birminghan), las investigaciones sobre las culturas juveniles emergentes tuvieron un gran desarrollo, en estudios sobre las subculturas mod, punk, hippie, entre otras (Clark, 1979) . Las bases conceptuales de la CCCS integraron distintas ideas de orientación crítica en base a una relectura de las obras de Gramsci en el campo de la cultura, así como también los análisis de la “superestructura ideológica” que caracterizaron un conjunto de trabajos de orientación neomarxista, en nuestros días obras clásicas, entre ellas Barthes, Lacan, Althusser (Pérez Islas, 2008). En este marco, realizaron un aporte de gran importancia en donde se destacan la noción de resistencia y particularmente la afirmación sobre la productividad de las sub-culturas que se encuentran subordinadas.

En el ámbito concreto de la sociología de la juventud, uno de los puntos centrales está asociado con la crítica sobre la noción de cultura juvenil planteada en la tradición estructural funcionalista. Los trabajos de la tradición sub-culturalista argumentan que la propuesta del estructural funcionalismo sobre la emergencia de culturas específicas de edad opaca, o más precisamente oculta, la dominación simbólica de la burguesía en las sociedades capitalistas. Así, desde este punto de vista, el análisis de la cultura adolescente que se expresa en las distintas corrientes funcionalistas esconde la hegemonía cultural burguesa que se expresa en el sistema educativo, y en las distintas instituciones que componen la superestructura ideológica del capital. Las distintas obras de la tradición culturalista proponen el análisis del papel de las instituciones -principalmente los medios- en la construcción de culturas juveniles y de los problemas sociales, particularmente la definición del “problema de la juventud”, en un conjunto de estudios en donde la noción de clase social tiene un lugar central. La juventud y las subculturas juveniles forman parte de culturas de clases en una relación de conflicto. Las subculturas juveniles se definen en campos de acción entre clases, que son políticos en relación a la disputa por la construcción de poder. Martín Criado ha planteado que la escuela sub-culturalista distingue tres niveles de análisis: la estructura, la cultura y la biografía. En el primer caso, la estructura hace referencia a la infraestructura económica y la preeminencia del control del capital económico. En el segundo caso, a nivel de la cultura se destaca la producción de sentido que realizan los distintos grupos sociales, las cuales solo pueden entenderse a partir del análisis de la hegemonía de la producción cultural de la burguesía. Por último, la biografía propone representar el recorrido que cada persona realiza frente opciones institucionales disponibles, tales como la escuela, el trabajo, la familia (Martin Criado, 1998). En este marco de interpretación, las subculturas juveniles representan formas de negociación y resistencias de los grupos subordinados, organizados mediante rituales, los cuales expresan su productividad en un campo de acción política.

Los aportes de la escuela de Birminghan en el estudio y conceptualización de las culturas (sub-culturas) juveniles, los conflictos de clase, y la construcción de identidades en resistencia fueron construyendo una tradición al interior de los estudios de juventud que se distingue en sus temáticas, metodologías de abordaje y temáticas centrales de investigación. Se trata de una tradición que en nuestros días tiene un desarrollo diverso, en donde se distinguen los estudios caracterizados por posturas post-subculturales, donde la idea de “escena” ocupa un lugar central, y se diluye la noción de clase que había sido predominante en las producciones de las primeras etapas de CCCS (Shildrick & McDonald, 2006). Y por otro lado destacan los estudios que partiendo de la descripción densa sobre las escenas de consumo y productividad cultural de las “juventudes” de sectores populares, configuran también un espacio para la intervención pública sobre situaciones de privación y exclusión social sobre todo en América Latina (Reguillo, 2000; Valenzuela, 2015; Saintout, 2009, entre otros).

La perspectiva generacional y el enfoque marxista

Si bien el interés por la cuestión de las generaciones y de la juventud se manifestó en casi toda Europa, fue fundamentalmente en Alemania que -de manera bastante anticipada- se desarrolló la discusión conceptual sobre este tema. A pesar de la fuerte influencia del paradigma estructural funcionalista después de la segunda Guerra Mundial, la sociología de la juventud alemana desarrolló en diferentes estudios el concepto de generación de Manheim, en sus aportes sobre la relación entre los miembros de una misma generación, los encuadres institucionales y la comunidad. Más particularmente, en la reflexión sobre si las generaciones constituyen una “clase social” y cuestionan el ciclo biológico de la existencia humana. A diferencia de los positivistas, Manheim no cree que los factores biológicos permitan explicar el fenómeno social e histórico que representa la generación. De modo de poner de manifiesto las implicaciones sociológicas del concepto, Manheim imagina una sociedad en que una sola generación vive eternamente, y se enfrenta a la ausencia absoluta de innovación cultural, lo que tampoco cambiaría con la muerte. En función de este razonamiento, inscribe la cuestión de la generación en la confrontación - no necesariamente conflictiva- entre generaciones al interior de una sociedad, una disputa que se da fundamentalmente en los años que corresponden biológicamente a la juventud. Destacando un punto relevante, a veces no suficientemente considerado, en la definición de las generaciones: el papel que tienen las coyunturas históricas críticas (por ejemplo, el movimiento universitario y la rebelión de los jóvenes de la generación del ´68; la guerra fría y la amenaza de una confrontación nuclear en las décadas de 1970/1980; Tschernobyl y la lucha contra la centrales nucleares; la “primavera árabe” de los años 2010 - 2014 o la actual crisis económica y el desempleo juvenil generalizado en el Sur de Europa y la aparición de la “Generación de Indignados” en España y otros países del sur europeo, etc.), los cuales tienen gran incidencia en la vida y la conciencia de las personas que los han experimentado y en particular en la de los jóvenes.

Volviendo un poco para atrás y focalizando en el período de post-guerra, se puede afirmar que una buena parte de los sociólogos de juventud alemanes retomaron las tesis de Manheim, las cuales dieron lugar a diferentes corrientes de investigación teórico- empíricas, siendo los trabajos más conocidos internacionalmente los de Schelsky sobre la “Generación Escéptica” (1957), de Allerbeck Rosenmayr (1979) y los estudios y encuestas regulares de diferentes autorías realizados en el marco de la Fundación SHELL (1981; 1985; 1997). Estos estudios de juventud de las primeras dos décadas de post-guerra en Alemania se hallan fuertemente influenciados por las teorías de Parsons y Eisenstadt, ahora adaptadas a la situación económica y social que fue conocida como la del “milagro alemán”. Sobre mediados de los 70, los sociólogos de la juventud tanto en Alemania como en Francia comenzaron a desarrollar nuevos enfoques críticos, en parte asumiendo las tesis de Jürgen Habermas sobre “Socialización e identidad del yo” (1968) así como su crítica al estructural- funcionalismo expresadas en sus reflexiones sobre la “competencia de acción”.

El interés de relacionar la juventud con la teoría del cambio social desde una perspectiva etnográfica e.g. más subjetiva, también tiene seguidores en Alemania, en particular en aquellos investigadores influenciados por la línea sub-culturalista del CCCS de Birmingham y en parte por la teoría neo- marxista de Pierre Bourdieu. En la discusión académica y en los estudios de juventud desarrollados en esta línea destaca aquí Jürgen Zinnecker, quien aplica la teoría del capital cultural y de del hábito cultural a la relación entre culturas juveniles y cambio social y, al igual que Bourdieu, considera a la Juventud no solo como expresión de una reproducción social de clase sino que además como portadora del cambio cultural y valórico en las sociedades del capitalismo tardío (Zinnecker, 1978; 1985).

La influencia de la sociología francesa

Una corriente muy relevante en cuanto a la producción de teoría sociológica de juventud la constituyen los investigadores franceses cuyos trabajos han tenido fuerte influencia en otros países del Sur europeo, como así también en América Latina. En ellos se ha desarrollado un sin número de estudios basados ya sea en la teoría estructural- funcionalista, en el enfoque biográfico de la juventud como “transición”, en la teoría de las diferentes formas del capital y del hábito cultural, así como en enfoques generacionales y culturalistas de distinto carácter. El desarrollo de la juvenología en Francia hasta comienzos de la década de 1990 ha sido excelentemente descrito y discutido por O. Galland en su libro “Sociologie de la Jeunesse. L´entree dans la vie” (1991) y complementado posteriormente por un amplio y detallado estado del arte de G. Mauger (1994).

Entre los trabajos que marcan el curso del desarrollo de la juvenología francesa cabe señalar a M. Debesse (1961) uno de los primeros especialistas en juventud en el período de post-guerra. Según este autor no es posible reducir a todos los adolescentes a un “adolescente tipo” situando su análisis básicamente en una perspectiva psicológica. Su formulación sobre la “crisis de originalidad de la juventud” marca el debate en esos años. La cuestión central a investigar, según Debesse es la de la evolución de las personalidades de los jóvenes, aunque al mismo tiempo comienza a preocuparse de una diferenciación social de los tipos de desarrollo observables. Debesse opone el tipo de “desarrollo revolucionario”, más frecuente entre los adolescentes en edad escolar y en los estudiantes universitarios al tipo de “desarrollo rectilíneo” entre adolescentes aprendices e.g. trabajadores.

Otro precursor de la sociología de juventud en Francia es Jean Claude Chamboredon (1966) quien se centra en desenmascarar las dos ilusiones que rondan en torno a lo juvenil y que contribuyen a alimentar el mito y las especulaciones sobre el auge de la juventud. En primer lugar, la ilusión de novedad, que nos quiere hacer creer que con la llegada de una nueva generación se produce el advenimiento de nuevos comportamientos. En segundo lugar, la ilusión culturalista que quiere hacer creer la existencia de un carácter extendido y homogéneo de la cultura juvenil. Chamboredon postula una hipótesis “difusionista” según la cual la escuela y el ascenso de las clases media serían el motor de dicha ilusión: para los jóvenes de las clases medias, la juventud no sería más que la prolongación escolar categorizada ahora como una nueva clase de edad. Chamboredon critica sobre todo la hipótesis de la homogeneidad cultural de la adolescencia, en reacción al discurso en boga en dicha época, y que ha encontrado una cierta consagración intelectual en los trabajos de Edgar Morin (1962) quien puso en evidencia la importancia creciente del fenómeno juvenil y de la cultura que se le asocia. En oposición a la propuesta de Chamboredon que la sociedad puede ofrecerle a la adolescencia socialmente prolongada esquemas de identificación fuerte, Morin propone la idea de que la cultura juvenil puede orientar la cultura de masas y sobretodo infiltrarla a través de una juvenilización de los modelos dominantes:

“De este modo la cultura de masas desagrega los valores gerontocráticos y acentúa la devaluación de la ancianidad dando paso y forma a la promoción de valores juveniles, la cultura de masas asimila una parte de las experiencias adolescentes. …. La promoción de la cultura juvenil corresponde también a la reorientación del sistema de valores hacia los temas asociados al cambio cultural y a la modernidad”. (Trad. de autores) (Morin 1962., cit. en Galland, O. 1991: 51)

Las investigaciones sobre la cultura y la sub-cultura juvenil fueron reactivadas y reorientadas en un sentido más radical y contestatario después del movimiento estudiantil del 68´, ya sea en una versión de contra-cultura, y como formas socialmente diferenciadas de la marginalidad (Mauger & Fosse- Poliak, 1977), ya sea como parte de movimientos de protesta y contestación juvenil. Algunos años después de 1968 el tema de la inserción socio-económica comenzó a reemplazar al de las culturas y sub-culturas juveniles hasta entonces dominante. Esta vuelta en favor de la cuestión de la inserción al mundo del trabajo - reforzada por la crisis de 1974- va acompañada de un cambio de perspectiva. No se estudian tanto las formas de socialización profesional, sino que más bien los mecanismos que organizan los modos de inserción de los jóvenes al mercado de trabajo. Esta perspectiva generalmente se encuentra dominada por el paradigma económico de las formas de ajuste o desajuste de la oferta y la demanda de trabajo, o, en una perspectiva neo-marxista, de las formas de movilización de la mano de obra juvenil por las empresas (Galland 1991). En este cuadro y con el impulso otorgado por financiamientos públicos, un cierto número de investigaciones fueron focalizadas en las consecuencias del sub- empleo y en la precariedad de las actitudes sociales, en particular sobre aquellas referidas a los jóvenes (Galland & Lous, 1981)

Por otra parte, la discusión teórica a comienzos de la década de 1980 se ve dominada por las tesis de Pierre Bourdieu que niega validez al análisis sociológico de las edades y limita esta cuestión a un estudio de dicha clasificación. Para Bourdieu “hablar de los jóvenes como de una unidad social, como de un grupo constituido, dotado de intereses comunes y referir dichos intereses a una edad definida biológicamente, constituye una manipulación evidente” (Bourdieu, 1990:165) por lo que sugiere la necesidad de analizar las diferencias entre los jóvenes, o más esquemáticamente, entre las dos juventudes, la estudiantil y la obrera. Como parte este análisis -que ha tenido mucha transcendencia en la investigación juvenológica en Europa y América Latina- el autor plantea la importancia de la educación, sobre todo de la expansión del nivel secundario de enseñanza en la construcción de la juventud y el conflicto generacional por las aspiraciones de las generaciones sucesivas siempre relacionado a la lógica de apropiación por parte de las distintas clases sociales (Bourdieu, 1990; Bourdieu y Passeron, 2003).

Estudios de Juventud en el Sur Europeo: España y Portugal

La investigación de juventud en los países del Sur europeo, en particular España y Portugal, adquiere un fuerte desarrollo a partir de los procesos de transición democrática iniciados a mediados de la década de 1970 fenómeno que se profundiza con la entrada de ambos países a la entonces Comunidad Europea. Siendo Italia un caso algo diferente, por su menor incidencia en la investigación de juventud Latinoamericana, no será incluido en este análisis.

Los estudios de juventud en España se remontan a 1960. Desde entonces han predominado los estudios sociológicos basados en metodologías cuantitativas. La casi totalidad de los trabajos han sido encargados y financiados por organismos institucionales. Dentro del corpus analítico de los estudios se pueden distinguir cuatro grandes etapas vinculadas al acontecer sociopolítico: i) La que transcurre en los últimos años del franquismo (1960 -1975); ii) La etapa de transición (1975 -1982); iii) La etapa de consolidación democrática (1983 - 2000) y iv) Las diferentes etapas de la crisis del mercado de trabajo y de la crisis política (2001 - 2016).

La primera y más importante fuente de datos e investigaciones sobre juventud y sus condiciones de vida, la encontramos en los “Informes de Juventud en España” y en las investigaciones que por encargo del Instituto de la Juventud (INJUVE) realizan universidades españolas. El INJUVE, fundado en 1961 ha patrocinado más de una docena de Encuestas Nacionales (conocidas como “Informes de Juventud”) que se realizan cada cuatro años. Además, impulsa la investigación juvenológica, a partir de encargar numerosos estudios temáticos específicos, también encargados a expertos de diferentes centros universitarios. La Fundación Santa María (FSM) realiza cada cinco años encuestas representativas a nivel nacional. Lo viene haciendo desde 1984. En sus encuestas, destaca la utilización de algunos de los indicadores utilizadas en Encuestas Mundiales de Valores y en la Encuestas Europeas de Valores.

Todos estos estudios ponen de manifiesto la estrecha relación existente entre: la producción de representaciones (sobre) la juventud; los modos de vida de los jóvenes y las dinámicas históricas que acaban reorganizando la sociedad en su conjunto. Desde la perspectiva de la producción de representaciones, los estudios observan una redefinición de la identidad juvenil cuyo nuevo contenido simbólico se trata de identificar. Se hace mostrando cuáles son los componentes prejuiciosos que incluye y la función que cumplen estos estereotipos. Los modos de vida de los jóvenes experimentan cambios drásticos que afectan sobre todo sus ocupaciones, sus relaciones, recursos y sus necesidades. Se observa además que todos estos reacomodos suponen una prolongación de esa etapa de la existencia denominada “Juventud”. Los estudios en cuestión y otros que aquí no alcanza el espacio para nombrarlos, ponen de manifiesto que tales cambios tienen que ver con dinámicas históricas que afectan al conjunto de la sociedad y no solo a los jóvenes. Concretamente, los cambios en la condición juvenil derivan de que se está llevando a cabo otro reparto entre las generaciones de los recursos sociales disponibles. Esta redistribución afecta a las asignaciones de los bienes materiales y culturales y sobre todo a la participación en el mercado de trabajo y en las rentas que produce. En este contexto, los mayores perjudicados han sido y siguen siendo los jóvenes. Entre los Informes de Juventud a destacar se encuentran: el “Informe de Juventud en España” (Ministerio de Cultura, 1985). Este informe general, el primero después del retorno a la democracia, está basado en el método de encuesta y viene acompañado de 5 tomos temáticos específicos. A estos informes les siguen los realizados en la década del 90´ ya en el Siglo XXI que por razones de espacio no se pueden presentar aquí. Como ejemplos de estudios regionales de juventud en España caben destacar los realizados en Navarra; el informe sobre “Juventud Vasca 2004”, los informes y estudios temáticos sobre juventud encargados por la Generalitat de Catalunya y desarrollados por el Observatori Catalá de la Joventut (2005; 2008). Paralelamente al trabajo de investigación, el INJUVE ha impulsado desde hace cerca de 40 años la publicación regular de la Revista “De Juventud” que durante todo este tiempo ha ido documentando el creciente trabajo de investigación sobre jóvenes y políticas de juventud que han surgido y surgen en España hasta la actualidad.

Con el correr del tiempo se han ido estableciendo diferentes centros Universitarios y extra- Universitarios especializados en los temas de juventud, entre los que destacan el Grupo de Estudios de Educación y Trabajo (GREET); el grupo de estudios culturalistas constituido en torno a C. Feixa en la Universidad de Lleida o los trabajos de Enrique Gil Calvo de la Universidad Complutense de Madrid. Una de las instituciones de investigación juvenológica extra-universitaria en el campo de la juventud es AREA, Valencia, dedicada fundamentalmente a investigaciones europeas comparativas en cuyo contexto se encarga de estudiar diferentes desarrollos y problemas de los jóvenes españoles en comparación con los de otros países de la Unión Europea. Obviamente que cabría aquí mencionar muchos otros trabajos de investigación desarrollados a nivel Nacional y en las diferentes Comunidades Autónomas, lo que por la falta de espacio no es posible. Sin embargo, sí es relevante el completar esta visión panorámica con los relativamente recientes estudios de juventud a nivel Iberoamericano desarrollados mediante el método de encuestas e implementados en España, Portugal y en la mayoría de los países latinoamericanos.

El caso de Portugal sigue un desarrollo en parte similar y en parte distinto al español. El estado de la investigación sobre las condiciones de la juventud en Portugal era muy incipiente hasta mediados de la década de 1980. Los datos de juventud estaban (y están) disponibles en el censo general nacional, que normalmente se renueva una vez cada década, y que proporciona un amplio rango de indicadores demográficos y socioeconómicos. La institución pública responsable del censo es el Instituto Nacional de Estadística. A partir de mediados de 1980 los estudios empíricos específicos sobre la juventud comienzan a ser cada vez más numerosos, especialmente en lo que se refiere al nivel nacional., si bien su realización periódica, no siempre ha sido la regla. Un gran impulso recibe la investigación juvenológica portuguesa al firmarse en 1989 el protocolo entre el Instituto de la Juventud de Portugal (parte de la Secretaría de Estado da Juventude) y el Instituto de Ciencias Sociais de la Universidad de Lisboa (ICS) que da origen al Observatorio Permanente da Juventude Portuguesa. Una segunda Fuente de datos son los ofrecidos en los Cuadernos do Instituto de Ciencias Sociais en donde se publican análisis secundarios de información estadística existente sobre diferentes aspectos de la condición joven. De gran relevancia es también el trabajo sobre Generaciones y Valores en la Sociedad Portuguesa Contemporánea, en que se comparan valores y actitudes frente a la vida, la moralidad y las éticas de vida; actitudes imperantes ante la sociedad; ante la escuela, el trabajo y el empleo; sobre la vida familiar, la vida amorosa y sexual y sobre la vida religiosa, entre la generación actual y generaciones anteriores. Otro estudio relevante, aunque más específico, fue el realizado por Machado Pais (1999) sobre la Conciencia Histórica y la Identidad de los Jóvenes Portugueses en un Contexto Europeo. Especialmente relevante es la sección relativa a valores, confianza en las instituciones y horizontes temporales.

Globalización, individualización y juventud modernizada: la consolidación del campo de estudios de juventud

Sobre finales de la década de 1980 las teorías de la individuación y el cambio social comenzaron a tener un fuerte impacto en las ciencias sociales, particularmente en los estudios de juventud. Como parte de ese movimiento, un conjunto de trabajos plantearon un análisis que abarcaba los vínculos entre el cambio tecnológico, las transformaciones sociales de la “post-modernidad” y el cambio estructural de la juventud. Autores como Münchmeier (1991) y Bendit (1992; 1993) focalizaron su atención en las diferentes “olas modernizadoras” observables en las sociedades industriales avanzadas y de servicios de Europa occidental. Estos trabajos se centraron en demostrar cómo estos procesos determinan nuevas formas de “societalización” de la juventud, que en su forma extendida tendió a abarcar un período más extenso delimitado entre los 15 y los 30 años de edad. En ese movimiento, la juventud dejó de ser vista como un proceso de transición relativamente corto y a la formación de una familia para pasar a constituirse en una fase autónoma del ciclo vital con características propias.

El análisis del cambio estructural de la juventud se desarrolló en estrecha vinculación con las discusiones impulsadas por las tesis de Giddens (1997) sobre la sociedad post-fordista y por los argumentos sobre la sociedad de riesgo de Beck (1998). Un marco conceptual que brindó la base para el desarrollo de conceptos como los de “pluralización”, “individualización” y “biografización” (“choice biographies”) de la juventud (Bendit 1998; Biggart, Furlong & Cartmel 2008). De acuerdo con este enfoque, los jóvenes muestran patrones muy diferentes de comportamiento en función de las condiciones plurales regionales de vida en el que crecen (pluralización de las condiciones de vida y de los patrones de comportamiento), lo cual también implica la búsqueda y la creación de la propia forma de vida, incluyendo la cohabitación con un compañero/a o en las comunidades) y el consumo individual de los bienes producidos por las industrias culturales globalizadas. El concepto de “juventud modernizada” abrevó en la incorporación de las mujeres, de la juventud popular urbana y de la juventud rural a la juventud en su conjunto. Y ponderó la expansión de formas y estilos de vida propios y manifestaciones culturales autónomas que comenzaron a requerir de la adquisición de competencias sociales y de acción (en el sentido Habermasiano) como pre-condición para el desarrollo de flexibilidad y capacidad de adaptación a los nuevos desafíos que plantea el desarrollo de biografías modernas y expuestas a patrones de vulnerabilidad.

El desarrollo de la noción de biografización tuvo su correlato, asimismo, en el debate sobre la diada estructura-agencia, como un punto medular de las propuestas analíticas de la reflexividad y la sociedad del riesgo. En el caso particular de los estudios de juventud europeos, sobre finales de los años noventa la idea de las “biografías de elección” (Biggart A., Furlong, A. & Cartmel, F. 2008) fue central en un marco general de investigaciones focalizadas en los procesos de individuación y su impacto en las transiciones a la adultez (du Bois-Reymond, 1998). La idea de que los jóvenes deberían convertirse en “expertos navegantes” de sus propias biografías fue adquiriendo centralidad, en un tiempo de transformación y riesgos crecientes, donde distintos fenómenos confluyeron en un marco para la reflexión sobre las nociones de agencia y reproducción de la estructura social (Furlong, 2013). En este punto, las discusiones sobre los márgenes de acción y los aspectos estructurales que condicionan las trayectorias adquirieron gran vigencia. Las investigaciones de Evans (2002) y el desarrollo del concepto de “bounded agency” (agencia restringida) tuvo fuerte influencia en los estudios latinoamericanos (Mora Salas y Oliveira, 2009).

La producción de Münchmeier y Bendit, Furlong, Biggart, Mørch, du Bois-Reymond, Casal, Machado Pais, Roberts, Wyn, entre otros investigadores dieron lugar a consolidación del campo de los Estudios de Juventud, sobre todo en Europa, con fuertes influencias en Asia, Australia y América Latina. La fundación de revistas científicas propias al campo marcó un hito central en este proceso. Sobre todo Young, de la Red Nórdica de Investigadores de Juventud (1993) y Journal of Youth Studies (1998) fundada por la Universidad de Glasgow tuvieron un impacto significativo en el crecimiento de la producción y el intercambio, sobre todo entre redes globalizadas de producción académica. Asimismo, la ya mencionada Revista de Juventud del Instituto Español de la Juventud (Injuve), Revista Jóvenes del Instituto Mexicano de la Juventud (1996) y la Revista Última Década (1993) desarrollada en base a un esfuerzo del CIDPA aportaron de forma significativa a la difusión de la producción en habla hispana, y a la consolidación del campo en América Latina.

Estudios de Juventud en América Latina

A partir de mediados de 1980 y debido a la confluencia de diferentes factores, como por ejemplo la crisis de los paradigmas teóricos aplicados a los problemas de las sociedades latinoamericanas, van surgiendo nuevas aproximaciones y teorías de “rango medio” que abren el campo a una investigación de juventud. A ello se suman los impulsos surgidos del “Año Internacional de la Juventud” de Naciones Unidas y acaso también la identificación de nuevas fuentes de financiamiento extra-continentales, con intereses muy específicos en la temática juvenil y en las políticas de juventud. En dicho contexto comienzan a plantearse con cierta fuerza cuestiones vinculadas a la participación de los jóvenes en la sociedad. Según Braslavsky, en América Latina los estudios de juventud de finales los 80´ responden en términos generales a esta nueva modalidad de pensamiento y trabajo, tratándose de intentos de descripción y análisis de aspectos particulares del desarrollo y la incorporación social y muy pocas veces de estudios más globales enmarcados en intentos teóricos más amplios (Braslavsky). Una excepción a esta postura la constituyen los trabajos de Sergio Zermeño (1987) y (Castillo Bertier, Zermeño y Ziccardi 1988) en México quienes, partiendo del paradigma de la acción social y del análisis de Alain Touraine sobre el "modelo de desarrollo latinoamericano", desarrollan una serie de aproximaciones y tesis de mucho interés para la comprensión del actor social joven en su lucha por la integración o por la supervivencia en el marco de la exclusión. También en el campo de la sociología educacional y de la sociología del trabajo surgen nuevos estudios vinculadas a la problemática juvenil como, por ejemplo, aquellos focalizados en la relación existente entre educación y trabajo y en particular en la problemática de la transición al mercado laboral de los grupos de jóvenes más vulnerables. El aumento geométrico del desempleo juvenil y de la exclusión de grandes grupos de jóvenes (algo similar a lo observado actualmente en el Sur de Europa), conduce al análisis de la diferenciación y polarización creciente de las condiciones de vida de los diferentes colectivos juveniles existentes (estudiantes; juventud popular urbana; jóvenes de medio rural; mujeres jóvenes, jóvenes obreros, etc.) (Jacinto, 1996; Filmus y Miranda, 1999).

La investigación juvenológica en América Latina recibe otro fuerte impulso a partir de la fundación de la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) en 1992. En conjunto con la cooperación canadiense se realizan 22 estudios nacionales, 5 subregionales, 3 temáticos y uno regional sobre juventud y políticas de juventud en América Latina. En el intertanto, casi la totalidad de los países de América Latina y del Caribe han desarrollado en los últimos 20 años encuestas o informes nacionales de juventud. Además de la realización de encuestas nacionales de juventud hay que destacar los estudios e investigaciones comparativas promovidos por la OIJ y realizadas generalmente por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) a partir de la primera década de este siglo (Hopenhayn, 2004).

Casi en paralelo a estos estudios e investigaciones impulsadas o desarrolladas a partir de instituciones de los Estados nacionales (Institutos de la Juventud; Ministerios de Juventud, etc.) o de instancias supra- nacionales (OIJ; CEPAL; Naciones Unidas) se observa a partir de mediados de la década de los 90´ en adelante un fuerte desarrollo de los estudios e investigaciones de juventud de corte académico. Luego de una década signada por la homologación de la persona joven a la condición de estudiante y la preponderancia de la noción de moratoria (Barlardini y Miranda; 2000) así como de una década centrada en la realización de encuestas “fotográficas” sobre “la juventud”, las propuestas sobre una “nueva condición juvenil” se expandieron significativamente, en un conjunto de trabajos que comenzaron a mostrar con una mayor profundidad teórica y analítica las particularidades de la región (Abad, 2002; Miranda, 2007; Krauskopf, 2010). La conceptualización sobre “estructuras de actividad” (Mørch, 1997) y la mirada particular sobre los formatos sociales que habilitan distintos recorridos a la adultez posibilitaron reflexiones en un marco caracterizado por procesos de cambio estructural y transformación. La teoría juvenológica impulsada por investigadores de los países del sur de Europa, particularmente en España, Italia y Portugal ofreció también las bases para los estudios de transición educación-trabajo (Casal, 1996; 2000); culturas juveniles (Feixa, 2001), juventud y tiempo (Leccardi, 2005), entre otros. La riqueza de la producción de esos años fue muy significativa y por lo cual se hace muy difícil hacer justicia en comentar la preponderancia de alguno de estos enfoques, que abarcaron también las nociones de trayectorias, transiciones y situaciones sociales de los y las jóvenes entre los elementos centrales de las investigaciones (Dávila León, 2004).

Principales líneas de debate contemporáneo

Al interior de un campo de estudios consolidado, las investigaciones de juventud se fueron desplegando sobre principios de siglo veintiuno en base a dos tradiciones: la perspectiva de la transición juvenil y los estudios culturales (sub-culturales), con orientaciones metodológicos y teóricas divergentes, muchas veces con poco contacto (Shildrick, 2006). El acceso a la producción que facilitan las redes virtuales dio lugar a un intercambio significativo tanto en términos teóricos, como metodológicos. En las corrientes asociadas a la perspectiva de la transición juvenil las investigaciones tendieron a profundizar el desarrollo de técnicas longitudinales, como una forma de incorporar la noción de tiempo histórico en los análisis sobre el cambio estructural de la juventud. Las particularidades que inciden en el contexto político, social y económico en el cual transcurren las transiciones a la vida adulta se convirtieron en aspectos significativos de estas corrientes de investigación, como parte central de un argumento que propone la incorporación de nociones asociadas a la temporalidad y una mayor especificidad de la coyuntura histórica, así como ya lo plantearan los teóricos del enfoque generacional (Miranda, 2016).

La expansión de estos trabajos, que re-plantearon las propuestas de las escuelas de demografía social, tuvieron como punto de inflexión el análisis de temporalidad con el objetivo de analizar grupos generacionales caracterizados por la vigencia de condiciones externas particulares y por ciertos “hechos críticos” con fuertes marcas en las condiciones particulares en donde transcurre la etapa de la juventud y efectos en el destino posterior a esos años (Elder, 1994). Por ejemplo, ser parte de una generación que atraviesa su inserción laboral durante años de crisis y estancamiento económico implica contar con un rango menor de oportunidades de acumular experiencias significativas durante la construcción de la trayectoria laboral, con importantes efectos en la posición ocupacional de largo plazo. Más aún, en los últimos años y frente al contexto social provocado por la crisis de 2008, los actuales estudios europeos comenzaron a plantear la emergencia de una generación marcada o una generación “precaria” (Roberts, 2012). Al interior de esta corriente y de forma análoga a los estudios de principios de los años 80, la investigación europea de juventud se ha centrado fuertemente el debate sobre una “generación perdida”, con la intensión de dar cuenta de los efectos de la desocupación y la precarización laboral, pero que avanza ahora sobre una generación que cuenta ahora con un nivel educativo más alto (Standing, 2013).

Entre estas nuevas propuestas que construyen un marco conceptual amplio y que buscan dar respuesta a los debates sobre curso de vida, identidad y tiempo histórico se destaca la noción de “generación social” (Wyn & Woodman, 2006). La noción de generación social, junto con el desarrollo del concepto de pertenencia (belonging) (Cuervo & Wyn, 2014), se proponen acercar las tradiciones del campo de los estudios de juventud, incorporando aspectos de la identidad generacional, el arraigo y la afectividad como nociones centrales para el análisis de los procesos de transición juvenil. No obstante, encuentran también sus críticas en posturas que sostienen que las trayectorias generacionales están centralmente atravesadas por las restricciones de clase (France & Roberts 2015). Cuál es el antecedente de mayor importancia: ¿la clase social o la generación? Es quizás uno de los temas de mayor debate en foros y seminarios, como parte de una discusión abierta y en construcción.

Un conjunto de trabajos desarrollados en la región latinoamericana emerge, asimismo, asociados a la idea de espacialidad y justicia social frente a la expansión de los procesos de segregación territorial, los cuales dejan fuertes marcas en la identidad de las nuevas generaciones. Estos trabajos sostienen que entre las particularidades de la región la desigualdad es quizás el rasgo protagónico y delimitador de las trayectorias juveniles, afianzado en los últimos años por formas de circulación segmentada de la ciudad y los espacios públicos (Saravi, 2014). Cómo se produce el vínculo entre personas jóvenes que pertenecen a una misma generación pero que han perdido la oportunidad de interactuar y conocerse, y cuál es el efecto de esta segmentación en la construcción de las trayectorias de largo plazo forman parte de preguntas centrales, donde la temporalidad en la toma de decisiones biográficas, los apoyos familiares y las idiosincrasias locales proponen configuraciones específicas, gramáticas particulares, para el desarrollo de la juventud (Mora Salas y De Oliveira, 2015).

Es necesario advertir que, a nivel regional la diversificación del campo de los estudios de juventud fue intensa. Una serie de temáticas emergentes marcaron nuevas agendas para la producción y el debate, donde se destacan ampliamente los estudios sobre participación política juvenil, movimientos sociales, género, identidad y conflicto (particularmente pandillas). En esta producción, las particularidades y coyuntura política social de los países marcaron las agendas y temáticas preponderantes. Por ejemplo, mientras en el cono sur la reflexión sobre violencias institucionales, participación política, espacio público y movimientos sociales juveniles tuvo gran desarrollo, en las naciones de la región andina y central las preocupaciones centrales fueron relativas a las dinámicas de resistencia e identidad de pandillas y productividad cultural juvenil (Duarte, 2006; Cerbino, 2012; Urzúa Martínez, 2015; Valenzuela Arze, 2015a y 2015b). Nuevamente, es difícil hacer justicia a la riqueza de la producción del campo de los estudios de juventud en América Latina, el cual durante la segunda década del siglo veintiuno tiene tantas aristas y expresiones que nos brinda la posibilidad de conocer y pensar nuevas premisas de forma cotidiana.

La gramática de la juventud

En base a la revisión de marcos conceptuales y con la vocación de aportar los estudios del campo, se presenta la noción de gramática de la juventud en tanto propuesta en construcción. La noción de “gramática de la juventud” es un enfoque teórico que se apoya metafóricamente en conceptos de la lingüística estructural desarrollados originalmente por Fedinand de Sausure (de Sausure et al., 1980)3. Como parte de una tradición de estudios de orientación estructuralista, la idea de gramática de la juventud está asociada a la preocupación por hacer evidentes las estructuras de actividades y accesos que las sociedades contemporáneas ofrecen a los y las jóvenes, incorporando además el análisis de los marcos normativos que subyacen en las expectativas por el cumplimiento de dichas pautas. Expectativas que se constituyen en un sistema valorativo y jerárquico que es poco transparente, que tiende a individualizarse y naturalizarse, generando la estigmatización de quienes no cumplen con los modelos normativos hegemónicos. La idea de gramática de la juventud intenta trabajar sobre las transformaciones sociales de principios de siglo veintiuno, poniendo el foco en la continuidad y el cambio de las estructuras de actividad a que tienen o no acceso los jóvenes y en los rituales y actividades socialmente regulados y validados en los distintos grupos sociales y culturales. Siguiendo con los argumentos de Eisentadt (1956), el desarrollo conceptual plantea que la edad -más allá de los ciclos biológicos- está asociada a un sistema normativo, que se ha vuelto más prescriptivo en el marco de las complejidades de la vida contemporánea.

La noción de “gramática de la juventud”, como concepto sociológico, aborda los contextos, normas y espacios institucionales que actúan de manera estructurante en los mundos de la vida en que crecen y se desarrollan los y las jóvenes en su experiencia cotidiana. Espacios como la familia, la escuela, el vecindario, el club, los afectos, las amistades, la religión, las tecnologías, las actividades de tiempo libre y las productividades culturales, conforman dichos mundos de la vida y las “estructuras de actividad” (Mørch, 1996) en donde se producen y reproducen las relaciones inter- e intra-generacionales y en donde los jóvenes toman contacto con las instituciones sociales, en relación a las cuales van construyendo sus biografías y sus modos de interacción y de inserción social. Es en el contexto de estas relaciones sociales y contactos institucionales, que pueden ser de cooperación o confrontación, que los jóvenes van construyendo su propio estilo de vida, su lenguaje y su cultura o sub-cultura juvenil y es en relación las experiencias en dichas instituciones que los jóvenes van creando sus representaciones e imaginarios individuales o colectivos respecto a su integración o exclusión.

Si bien las y los jóvenes, desde su nacimiento, en términos individuales y familiares, no están fuera de la sociedad, desde una perspectiva estructural sí lo están, lo que se manifiesta en diferentes marcos legislativos que regulan su acceso a posibilidades de acción y a las instituciones relevantes de una sociedad. En este contexto, los y las jóvenes recién acceden a ser parte activa de la sociedad durante un largo proceso de “apropiación” (socialización) de diferentes estructuras de actividad social (e.g. la escuela como espacio social; el empleo; la participación social y política; las actividades y productividades culturales que puedan desarrollar en espacios propios, así mismo como en el acceso a espacios institucionalizados o a instituciones que legalmente han quedado reservadas para los “adultos” de generaciones anteriores, por ejemplo, el derecho a voto (a elegir y ser elegido); la obtención de un registro de conducción de automóviles, motos; el acceso a ciertas actividades de tiempo libre nocturnas (discotecas) y finalmente, en el hecho de ser reconocidos como sujetos de derechos propios. Es justamente en dicho proceso de “apropiación” y de acceso a las instituciones que se produce la interacción entre estructura y agencia y es justamente esta dinámica la que constituye el motor del cambio valórico y social.

La idea de gramática de la juventud propone estudiar tanto los espacios que contextualizan y determinan las experiencias juveniles en diferentes campos, como además analizar las formas de acción (agencia) de los jóvenes sobre estas estructuras y determinaciones. El foco de atención de este análisis se centra en las transiciones de las y los jóvenes de diferente origen social, de la educación al empleo o al trabajo reproductivo, así como en las diferentes trayectorias conducentes a la vida adulta. Estos procesos que son clave en la comprensión de su integración o marginación a los diferentes espacios de la sociedad en que les toca vivir así como en la comprensión de sus representaciones al respecto. Se asocial además la idea de una “pragmática juvenil” o, en términos sociológicos, de “agencia” por parte de los jóvenes en los diferentes espacios de su vida cotidiana.

El enfoque no se limita entonces solo al análisis de los efectos producidos por cambios en las estructuras institucionales sino que abarca también el actuar de los y las jóvenes, como individuos y como grupo social sobre dichas estructuras e instituciones analizando las estrategias en que los jóvenes combinan formas de responder a los desafíos que les va presentando la sociedad en diferentes contextos históricos durante sus trayectorias y recorridos biográficos, procesos durante los cuales las y los jóvenes van reproduciendo, re-construyendo o cambiando los valores que la sociedad adulta les propone. Claros ejemplo de estos procesos se dan en la participación juvenil en diferentes movimientos sociales; en nuevas formas y prácticas culturales; en grupos de Blogueros y otras formas de activación social y política no tradicional. Estos y muchos otros ejemplos documentan las diferentes estrategias desarrolladas para acceder plenamente a la sociedad en épocas de globalización y acelerados cambios tecnológicos, económicos y sociales.

En relación a los aspectos estructurales, la noción de gramática plantea que las sociedades occidentales han construido un sistema de reglas que organizan curso de vida, en nuestros días muy sofisticado, que si bien es “finito” en espacios institucionales, permite construir infinitas formas individuales. Este sistema de reglas, con el que los y las jóvenes interactúan y negocian, tiene un anclaje territorial, y se desarrolla de forma social y culturalmente situada. Los distintos espacios sociales estructuran distintas gramáticas juveniles, mediante las cuales se van construyendo biografías. La construcción de estas biografías, sin embargo, está expuesta al juicio normativo en distintas instancias de la vida social, que abarcan los medios de comunicación, las instituciones educativas, de salud, entre otras.

Las gramáticas se constituyen en un sistema estructurado que admite infinitas oraciones (biografías). El afianzamiento de una gramática hegemónica (burguesa) promueve luego el señalamiento y la estigmatización de aquellos y aquellas con recorridos biográficos distintos, ya sea en su contenido o en su sincronización. En esta dirección, la idea de “éxito” vinculada a una nueva forma de meritocracia y consumo delimita un sistema que adjetiva los trayectos de las distintas esferas de la vida social, tales como el trabajo y la formación de nuevos grupos familiares, en un contexto de vulnerabilidad que afecta particularmente a los y las jóvenes de menores recursos económicos. Nombres tales como “jóvenes ni ni”, “madres solteras”, “mamonis”, “generaciones perdidas” resuenan en la valoración de un proceso de estructuración social que individualiza los riesgos y se desentiende de las restricciones generales que enfrentan las nuevas generaciones. Los ritmos de las gramáticas hacen evidentes los procesos de estructuración social en sociedades en donde la expansión de la “juvenilización”, tiene poco que ver con las personas jóvenes (juventudes) y expresan la precariedad de los procesos de transición a la adultez vigentes.

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1Los autores agradecen los comentarios de los evaluadores externos por su rigurosidad, sus consideraciones fueron las cuales fueron ampliamente significativas en el desarrollo del artículo

2 La noción de “coping” o de adaptación productiva, tal como la concibe Haan, hace referencia a todas aquellas formas racionales, lógicas, productivas cultas, lúdicas y/o tiernas de acciones del Yo, distintas de los clásicos mecanismos de defensa Freudianos. Mediante estos mecanismos los sujetos afrontan diferentes situaciones críticas inesperadas y desafíos que se les van presentando en el curso de su desarrollo biográfico. En otros términos, estos procesos de adaptación productiva contribuyen a que el individuo busque estrategias y soluciones superadoras de las nuevas exigencias a que se ve enfrentado.

3 La “Gramática“, según Saussure, la constituyen las reglas y máximas que estructuran el lenguaje del cual los individuos se van apropiando en el curso de su desarrollo. La pragmalingüística, a su vez, es un sub campo de la lingüística, que se interesa por el modo en que el contexto influye en la interpretación del significado. El concepto de contexto debe entenderse como situación, ya que puede incluir cualquier aspecto extralingüístico: situación comunicativa, conocimiento compartido por los hablantes, relaciones interpersonales, etc. La pragmática, por lo tanto, toma en consideración los factores extralingüísticos que condicionan el uso de las reglas del lenguaje, esto es, todos aquellos factores a los que no se hace referencia en un estudio puramente formal.

Recibido: Julio de 2016; Aprobado: Noviembre de 2016

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