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versão On-line ISSN 0718-2236
Ultima décad. v.15 n.27 Santiago dez. 2007
http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362007000200007
| Última Década, 27, 2007:119-139 VALORES SOCIALES Y ESTÉTICAS JUVENILES RESUMEN RESUMO Este artigo é um estudo parcial que se articula em torno das percepções e representações sociais do corpo feminino que têm as jovens estudantes de duas universidades, uma pública: a Universidade Autônoma da Cidade do México, e outra privada: a Universidade Intercontinental. Pretende-se, a partir do método qualitativo, decifrar como opera nas jovens a subjetividade feminina, a fim de descobrir, descrever e compreender as formas com as quais pensam, interpretam e utilizam cotidianamente seu corpo. Para concluir, o trabalho apresenta os resultados da primeira fase desta pesquisa, dividida em três fases, onde se situam as principais representações e âmbitos de relação com o corpo, que serão ponto de partida para fases subseqüentes. Palavras chave: Jovens, Corpo feminino, Universitárias ABSTRACT This article is a partial study which moves around the perceptions and social representations of the female body, in which these young students from two different universities have, one of a public scope: The Autonomous University of Mexico City, and the other from a private scope: The Intercontinental University. It is intended, from the qualitative method, to decipher how the feminine subjectivity operates in young people with the purpose of discovering, describing and understanding the ways in which they think, interpret and use their body daily. The work concludes with a presentation of the results of the first stage of this investigation, which is divided in three phases, where the main representations and scopes of relation with the body are located, which will be departure point for subsequent phases. Key words: Youth, Female body, Universities 1. Introducción El presente artículo titulado «Ámbitos sociales de la representación del cuerpo femenino. El caso de las jóvenes estudiantes universitarias de la Ciudad de México. Resultados preliminares», es un estudio parcial que se articula entorno al cuerpo femenino, a las preocupaciones y representaciones sociales que sobre él tienen las estudiantes de dos universidades de la Ciudad de México, una ubicada dentro del campo de la educación pública: la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (uacm), y otra en el privado: la Universidad Intercontinental (Uic). En este trabajo pretendemos descifrar las diferentes capas de significados, describir las acciones y expresiones que producen, perciben e interpretan, las jóvenes universitarias cotidianamente con relación a su cuerpo. De-construir y analizar las construcciones significativas de la subjetividad femenina que con respecto al uso del cuerpo femenino se imbrican en nuestro estudio, pues consideramos que cada vez más se intensifica la preocupación y exaltación del cuerpo, convirtiéndose en uno de los elementos centrales de la vida de las jóvenes. Tenemos como objetivos inquirir a partir de sujetos específicos cómo se conciben las jóvenes universitarias partiendo de la reflexión sobre su cuerpo, así como intentar de-construir la intersubjetividad de dichas experiencias o representaciones; es decir, analizaremos las formas de autopercepción de cada una de las estudiantes tomado en cuenta la complejidad del mundo biográfico, histórico, social, y cultural en el que interaccionan. O sea, las sujetas les han incorporado varios significados a esas experiencias y representaciones, han enriquecido cada emisión o recepción, y en ellos subyace la búsqueda de comprensión de sí mismas y del entorno. En este momento es fundamental observar las diferentes formas de construcción e interpretación simbólicas en los distintos contextos de la vida social. Esta reconstrucción constituye en sí un proceso interpretativo, es una interpretación de la forma de comprender la vida diaria por parte de los actores sociales que forman parte de esta investigación. También pretendemos indagar con respecto a los sentidos intersubjetivos, la posibilidad de que exista alguna diferenciación en las representaciones a partir de la edad y la clase social. Las jóvenes estudiantes que conforman nuestro universo de estudio oscilan entre 18 y 30 años, habitan en la Ciudad de México por esta razón nuestra investigación contemplará los ámbitos y prácticas urbanas, y están diferenciadas inicialmente por su condición o clase social. El concepto de clase social siguiendo a Pierre Bourdieu (Bourdieu, 2003:478) hace referencia a la identificación de condiciones de existencia material más o menos similares, o si se prefiere, a la posesión de capacidades, de poderes y propiedades sociales similares alrededor de las cuales es posible teóricamente reunir a grupos de personas, por lo que en esta investigación lo tomaremos como una categoría que podría dar pie a identidades grupales. Para la investigación partimos de cinco conceptos básicos: autopercepción, autorrepresentación, heteropercepción, cuerpo y erotismo. Dichos categorías conceptuales permiten evaluar las experiencias que las estudiantes han tenido con su cuerpo a partir de las relaciones que han establecido con él y con otros sujetos. La autopercepción la definimos «como el proceso por medio del cual la sujeto se constituye a sí misma como mujer, incluyendo una serie de factores que condicionan su comportamiento, como pueden ser el ámbito familiar, la relación social, las experiencias de vida individuales» (Pech y Romeo, 2006), y las condiciones históricas. La autorrepresentación es la manifestación concreta de una toma de posturas sobre la identidad y la forma en que la mujer se autopercibe. Implica, en gran medida, la praxis de la autopercepción. Y la heteropercepción la hemos definido como la forma en que la otredad percibe lo que está fuera de sí misma, la manera en que observa y siente al otro. Es importante señalar que la heteropercepción ejerce una influencia a veces nodal en la autopercepción, sobre todo en el caso de mujeres jóvenes que nos ocupa. Con respecto al cuerpo, nos basamos en los estudios abordados desde la perspectiva de género. Las investigaciones presentan resultados sobre la repercusión de la religión en los acercamientos subjetivos al cuerpo; la introspección y el desnudo como tendencias femeninas en el arte y la experiencia del cuerpo en bailarinas y su influencia en la subjetividad, respectivamente; temas abordados por diversos autoras como Reneé de la Torre y Patricia Fourtuny (1991); Lorena Zamora (2000) y Margarita Baz (1994). Desde el punto de vista teórico cabe destacar los trabajos de Marta Lamas (1994), y Juan Soto (2004), el primero, nos introduce a las categorías de género y diferencia sexual; y el segundo, aborda el papel del cuerpo en las interacciones humanas. Para este abordaje nos basamos en lo planteado por Gilles Lipovetsky (2000) donde nos muestra las diferentes representaciones y significaciones con respecto al cuerpo femenino o «bello sexo» a través de la historia, de los diferentes estadios de la humanidad. A partir de la observación de los individuos en ámbitos como el amor, la seducción, la belleza física y el cuerpo, la relación con el trabajo, la familia, y el poder, muestra que las sociedades posmodernas intentan reducir las oposiciones de género. Enuncia el hecho de que la mayoría de los estudios se dedican a la denuncia pero no preparan a los sujetos para la convergencia de los géneros. En las sociedades contemporáneas se ha establecido como práctica social, femenina mayoritariamente, el culto al cuerpo. Es una preocupación casi generalizada al menos en el contexto urbano, que atraviesa todos los sectores y clases sociales. Esta forma de «idolatría» del cuerpo es apoyada por un discurso que se basa en la cuestión estética de la delgadez, y en cierta preocupación por la salud a partir de recetas para adelgazar. «Es la época de la anti-edad y el anti-peso, el centro de gravedad se ha desplazado de las técnicas de camuflaje a las técnicas de prevención, a las prácticas de mantenimiento del cuerpo, a las exigencias nutricionales, [...] lejos de las sobrecargas barrocas para llegar a la regeneración de la piel» (Lipovetsky, 2000:122). Según Bourdieu el lenguaje corporal es señal de distinción social, ocupa una posición fundamental en su argumentación y construcción teórica; coloca al consumo de alimento cultural y a la forma de presentación (incluyendo el consumo del vestuario, artículos de belleza, higiene y de cuidados y manipulación del cuerpo en general) como las tres más importantes maneras de distinguirse, pues son reveladoras de las estructuras más profundas determinadas y determinantes del habitus. «El cuerpo es la más irrebatible objetivación del gusto de clase, que se manifiesta de diversas maneras. En primer lugar, en lo que en apariencia parece más natural, esto es, en las dimensiones (volumen, estatura, peso) y en las formas (redondas o cuadradas, rígidas y flexibles, rectas o curvas) de su conformación visible, pero se expresa de mil maneras toda una relación con el cuerpo, esto es, toda una manera de tratar al cuerpo, de cuidarlo, de nutrirlo, de mantenerlo, que es reveladora de las disposiciones más profundas del habitus» (Bourdieu, 2003:188). El último concepto con el que trabajaremos es erotismo. Proviene del griego Eros: amor enfermizo, calidad de erótico, afición desmedida y enfermiza a todo lo que concierne al amor. De erótico: Voluptuoso, libidinoso, lujurioso, obsceno, vicioso. Siguiendo a Georges Bataille (1988), el género humano es el único que puede hacer de su actividad sexual erotismo; la cualidad de erótico se atribuye a la relación sexual que no contempla como fin último y necesario, la reproducción. El erotismo se manifiesta en la experiencia corporal. Implica la pasión, los sentidos y por supuesto el cuerpo; su fin es provocar los placeres y displaceres, incitar a la aventura que traspasa los límites de la piel, del ser en su totalidad. Empero para las mujeres el erotismo se experimenta estrechamente vinculado con lo afectivo, éste no puede entenderse sin la sexualidad que va muy de la mano con la maternidad. «Así, el deseo, que es el campo de la realización ególatra del yo, no puede entenderse alejado del amor, que no es otra cosa más que el lugar ideológico donde se remiten los deseos de relaciones interpersonales sexuadas y sublimadas» (Pech y Romeo, 2006). Con respecto al cuerpo, a partir del recorrido histórico ofrecido por Gilles Lipovesky (2000) observamos que la representación del cuerpo femenino ha estado en función de los roles que han jugado las mujeres en las diversas estadios de las sociedades, y a los estándares de belleza de cada época a través de la historia. En el arte paleolítico superior se encuentran algunas figuras femeninas, en las que se subrayan partes del cuerpo implicadas en la perpetuación de la especie. Unos 6000 años antes de Cristo la imagen femenina se humaniza, aparecen los rostros con algunos rasgos y ojos de obsidiana. No sólo expresan el culto a la fecundidad, sino también un verdadero sistema jerarquizado, sagrado. Es en el Renacimiento en los siglos xv y xvi, cuando se hace un reconocimiento explícito y teorizado de la superioridad estética de la mujer y de la glorificación hiperbólica de sus atributos físicos y espirituales. Hasta el siglo xviii domina esta idea. Para la concepción pre-moderna, la belleza de las personas se concibe como una cualidad estrictamente física, desligada del aspecto moral, con valor sólo estético y sexual. En el siglo xx el culto a la mujer entra en la época de la cultura de masas. Desde entonces se ha ido incrementando la preocupación femenina por parecer cada vez más joven. «Primero los cuidados del físico estuvieron dominados por la obsesión del rostro, por una lógica decorativa. Hoy es el cuerpo y su mantenimiento lo que moviliza cada vez más las pasiones y la energía estética femeninas. La finalidad buscada no es tanto la sofisticación del aspecto físico, como antaño, como rejuvenecer, tonificar y reafirmar la piel» (2000:121), mantener el cuerpo firme para verse mejor desafiando los efectos del tiempo. Sin duda estas representaciones a lo largo de la historia y las significaciones a través de las épocas forman un sólido imaginario que influye en la autopercepción que las jóvenes universitarias poseen sobre su cuerpo, en la manera en que reflexionan sobre él y en la interacción con los demás, en su sentido intersubjetivo. 2. Fundamentación teórica La filiación teórica estará sustentada a través del modelo sociológico de Pierre Bourdieu (1990), específicamente sus nociones de habitus, capital, y prácticas, así como en el concepto de representaciones sociales trabajado por Moscovici (1988) y Jodelet (1988). Partimos del entendido de que la identidad femenina, como sugiere Nelly Richard (1993), debe partir necesariamente de un reajuste de su identidad social y sexual, consideramos que no puede ser soslayada la posición social y simbólica de las sujetos investigadas, pues ello incide en la manera en que perciben su cuerpo y viven su relación con él. En este sentido, la teoría sociológica de Bourdieu, al permitir dar cuenta de la génesis de la construcción de identidades de grupo, de comunidades de sentido y de clases de agentes inmersos siempre en un espacio campal determinado, pero entrecruzado en el orden social con otros, puede visibilizar las condiciones que hacen posible la emergencia de las constelaciones de sentido en general, de las funciones que juegan las prácticas de los agentes en la construcción de esos sentidos, así como de los obstáculos o reajustes que esta misma dinámica impone a los procesos de cambio de significados, generando con ello su propia lógica de conservación y/o transformación. De esta manera, la noción de individuo y grupo social quedan subsumidas en la noción de campo (estructura relacional) y la de habitus (esquemas incorporados) que se manifiestan a través de los modos de acción en que ambas nociones se conjugan (prácticas). Así, la noción de campo nos indica una dimensión espacio-tem-poral de las interacciones sociales, donde se legitiman las prácticas de los agentes. El campo, al ser concebido como un lugar definido por unas reglas, y por las prácticas simbólicas que se derivan de ellas, se constituyen para salvaguardar en principio las identidades e intereses de los agentes sociales; por ello se estructura alrededor de una creencia en común (illusio) y el compromiso entre sus miembros. La distinción, afirma Bourdieu, es la condición intrínseca de la delimitación de los campos. El campo entonces es la arena de lo social-cultural y el habitus lo social in-corporado, es decir, lo social inscrito en el cuerpo, de tal manera que actúa como una pre-condición que engendra un sistema disposicional, pero de forma tal que si bien anticipa implícitamente a la práctica, no tiene intenciones ni fines previos conscientemente planteados. Por ello, no es una regla, sino una disposición, constitutiva al menos en los orígenes que estructura u orienta la práctica a partir de un cuerpo de creencias que lo sostiene (la illusio campal). Sin embargo, esto no quiere decir que las condiciones de origen de un habitus determinen la práctica del sujeto. El habitus genera estrategias, orientaciones generales que estructuran a la práctica, y esto permite que ante situaciones imprevistas, adopte un despliegue mínimo, dando paso a la práctica misma, en tanto juego, y en tanto tal, al reajuste de las condiciones existentes. Pero el habitus, en tanto sistema de disposiciones, precisa de un fundamento representacional que Bourdieu denomina capitales, cuya posesión incide mas no determina la existencia o reajuste de dicho sistema y en consecuencia la práctica misma. Estos capitales pueden ser objetivados (bienes económicos), incorporados (habitus, disposiciones) e institucionalizados (simbólicos). Así, el capital pasa a ser un conjunto de recursos que se intercambian y valorizan en el espacio social entre los agentes, e incide en la legitimación de sus illusios, de su posición campal y en la manifestación de las prácticas. La práctica entonces la entendemos como la «actualización» en la acción de un proceso diferido de una incorporación de la exterioridad. Su sentido práctico es el hacer natural desplegado en el tiempo; su sentido simbólico estructura a la experiencia que, en tanto representación, se convierte en esquemas y automatismos corporales. La práctica es una estrategia de acción en la interacción social (Bourdieu le llama «juego»), de ahí que toda la estructura e historia del juego social estén presentes en las prácticas por medio de los habitus y su sentido del juego. Así, habitus y prácticas van estrechamente ligados. El habitus da el derecho de «hacer» porque se poseen las competencias para ello (destrezas y habilidades). Pero tener las destrezas y habilidades para hacer algo, implica un saber más allá de lo práctico, implica el saber de las reglas de juego, un saber que está interiorizado a manera de in-corporación y no necesariamente reflexionado. Como puede observarse, el modelo sociológico de Bourdieu nos marca la pauta para centrar el concepto de representación social dado por Moscovici (1988) y Jodelet (1988). Ellos entienden por representaciones las formas de pensar e interpretar la realidad cotidiana que se vincula con el conocimiento social, que de hecho lo es, lo que no impide la acción mental por parte de los individuos para fijar su posición ante situaciones, objetos y comunicaciones. Las representaciones sociales son cognitivas y tienen por propósito describir, clasificar y explicar informaciones o actitudes (Moscovici y Hewstone, 1988). Son modalidades del pensamiento práctico orientadas a la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal, organizados a partir de los contenidos y operaciones lógicas. Según Abric (citado en Alberoni, 2006), las representaciones sociales se organizan en dos núcleos: uno central y otro periférico. El núcleo central está directamente relacionado con las condiciones históricas, sociológicas e ideológicas en tanto aparece fuertemente marcado por la memoria colectiva y por el sistema normativo (esto se correspondería con lo que Bourdieu denomina habitus). El núcleo periférico, en cambio, es el encargado de contextualizar la representación vinculada a la norma y a lo colectivo para lograr la adaptación de dicha representación a una realidad concreta, situada. Esto último está estrechamente vinculado con la noción de práctica como juego y estrategia de Bourdieu. 3. Estrategia metodológica Para realizar la investigación se tiene como estrategia metodológica el uso de entrevistas a profundidad y grupos de enfoque. Hasta el momento tenemos algunos resultados a partir de las entrevistas. Como instrumento de investigación, la entrevista permite ampliar el campo de información y verificar el conocimiento, acercarse a las ideas, creencias, supuestos, y significaciones que se manejan con respecto al objeto de investigación. En un segundo y futuro momento se llevarán a cabo grupos de enfoque. Ambas estrategias con la idea de develar y registrar cómo se conciben las jóvenes universitarias a partir de la reflexión sobre su propio cuerpo, su capital simbólico. El trabajo se ha dividido en tres fases. En la primera fase concluida hasta el momento, realizamos una exploración preliminar de representaciones que acerca del cuerpo tienen las sujetas investigadas utilizando como técnica la entrevista a profundidad. En ésta se realizan preguntas a partir de los conceptos: autopercepción, autorrepresentación y heteropercepción. La segunda fase pretende localizar los ámbitos de relación entre dichas representaciones, analizando la información cualitativa obtenida de las entrevistas a profundidad. Hasta el momento se han encontrados tres ámbitos y una variable en cada uno de ellos. El primer ámbito se refiere a la estética, el segundo a la sexualidad, y el tercero a la interacción, estrechamente ligado con el segundo. En la tercera y última aún por iniciar y teniendo como técnica el grupo de enfoque, se realizará una descripción y explicación por ámbitos de relación de los factores económicos, culturales, sociales e históricos que se articulan con cada una de las representaciones localizadas. Por todo lo anterior los resultados que expondremos en el siguiente apartado estarán circunscritos a aquella información obtenida de la primera fase de investigación. 4. Resultados A partir de las entrevistas realizadas a las jóvenes universitarias de dos instituciones educativas, una pública (uacm) y otra privada (uic), es que presentamos los siguientes resultados sobre las representaciones corporales y los ámbitos de relación con el cuerpo. a) Representaciones sobre el cuerpo Las jóvenes de ambas instituciones expresan en un primer momento, un sentimiento de conformidad con su cuerpo y relevancia de lo interno (reflexiones, sentimientos, inteligencia) al relacionar la imagen corporal con la proyección de su interior. Sin embargo, el discurso se va matizando a lo largo de la entrevista y surgen diferentes aristas en torno a las representaciones presentadas en el siguiente cuadro. Cuadro 1 Representaciones sobre el cuerpo
Diagrama 1
b) Ámbitos de relación con el cuerpo Cuadro 2
Ser bella significa para ambos perfiles de estudiantes, lucir atractiva de acuerdo a los juicios y aceptación de ambos sexos, donde ser bellas significa ser: delgada, lucir joven, mantener un cuerpo firme y una apariencia saludable. Sin embargo ser bella parece una meta inalcanzable, hay una preocupación constante y sentimiento de insatisfacción, pues siempre se puede lucir mejor; es decir, a pesar de que los estereotipos de belleza pueden ser resignificados y adaptados a su realidad, representan una exigencia que las jóvenes no pueden cumplir.
En estas estudiantes la virginidad se percibe como una condición minoritaria en su grupo, aunque esto no signifique que expresen su sexualidad necesariamente a través de relaciones sexuales o que tengan una vida sexual constante.
Cuadro 4
Cuadro 5
Ciudad de México (México), abril 2007 |










