SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.17 número1EditorialÉtica en la Obra de Pioneros de la Psicología: ¿Metafísica o Política? índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe v.17 n.1 Santiago mayo 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282008000100002 

 

PSYKHE 2008, Vol.17, N°1, 5-16

ARTICULO

Clima Social Emocional, Confianza en las Instituciones y Percepción de Problemas Sociales. Un Estudio con Estudiantes Universitarios Urbanos Argentinos

Social-Emotional Climate, Institutional Confidence and Perception of Social Problems. A Study with Argentinean Urban College Students

Elena Mercedes Zubieta, Gisela Isabel Delfino y Omar Daniel Fernández
Universidad de Buenos Aires

Dirección para Correspondencia


RESUMEN


El concepto Clima Social Emocional desarrollado por de Rivera (1992) aborda a las emociones como un hecho social reflejado en la predominancia y saliencia relativa de un conjunto de escenarios emocionales. Se realizó un estudio empírico sobre la base de una muestra intencional de 254 estudiantes universitarios del cordón urbano de la ciudad de Buenos Aires. Los resultados muestran un alto clima negativo, una baja confianza en las instituciones y una alta percepción de problemas sociales como inseguridad y conseguir trabajo. Todas las instituciones obtienen una mala evaluación y son los partidos políticos los de media más baja. No se encontraron diferencias significativas por género, edad o carrera de estudio. La validez de criterio se corrobora entre dos mediciones de Clima Social así como también la validez convergente entre las medidas de clima emocional, la confianza en las instituciones y la percepción de problemas sociales.

Palabras Clave: Clima Social, Confianza, Problemas Sociales.


ABSTRACT

The Social Emotional Climate concept developed by de Rivera (1992) stresses emotions as a social fact reflected in the primacy and relative salience of a set of emotional scenes. An empirical study was conducted on an intentional sample of 254 college students from urban surroundings of Buenos Aires city. Results show the preeminence of a negative social climate, a low confidence on institutions and a high perception of social problems like insecurity and getting a job. All institutions are evaluated with low scores being the political parties the ones that obtained the lower mean. No significant differences were found when introducing gender, age and college major. Criteria validity was confirmed between two Social Climate scales and also convergent validity between social climate measures, institutional confidence and social problems perception.

Key Words: Social Climate, Trust, Social Problems.


 

La psicología social ha jugado un papel motor en la evolución considerable del estudio científico de las emociones en el curso de los últimos treinta años. Aún así, su tratamiento al nivel biológico e intraindividual ha prevalecido por sobre el de los gruposy las sociedades. Para Rimé (1993) resultaba paradojal el hecho de que la psicología social tratara a la mayor parte de sus objetos desde una perspectiva no emocional mientras que se interesaba por las emociones desde una perspectiva no social.

El hecho de que las emociones tengan siempre como punto de referencia a un individuo, y sólo puedan ser sentidas por un individuo, no significa que su naturaleza, su presencia o ausencia se desenvuelvan exclusivamente en el interior de un sujeto. Aún cuando se siente a las emociones como una realidad exclusivamente interior, el universo emocional y lo que uno puede llegar a sentir está en gran medida socialmente condicionado. Cada sociedad tiene un universo emocional propio que los individuos asimilan de modo inconsciente desde su más tierna infancia en procesos de aprendizaje emocional (Bericat Alastuey, 2002).

Un importante avance significaron los estudios orientados a indagar en el rol de la cognición en la emoción estableciendo, como señala Rusell (1991) que las representaciones que los individuos tienen de las emociones consisten en escenarios prototípicos de estados afectivos. Así, la interacción social cotidiana promueve la aparición de constructos cognitivos compartidos que proveen a los individuos de un marco de sentido común a partir del cual entender las experiencias en el mundo.

Lazaras (1991) define a las emociones como reacciones psicofisiológicas organizadas que se producen en el sujeto ante informaciones del ambiente que son relevantes para él. Scherer (1984) seríala como componentes a elementos conductuales, no-verbales, motivacionales, fisiológicos, experimentales y cognitivos. Otras investigaciones aportan datos de la pertinencia de incluir en su análisis eventos no observables tales como la experiencia subjetiva y los procesos de evitación y afrontamiento (Lazaras, 1991); las tendencias de acción que las acompañan (Frijda, 1986) y los componentes motores (Zajonc, 1984).

En la investigación sobre la psicología de las emociones, Rimé (1995), entre otros, ha puesto en evidencia cómo los eventos traumáticos (guerras, catástrofes, etc.) y eventos mayores negativos de la vida individual y colectiva (muerte de una persona querida, enfermedad, evento político o social convulsionante) producen en el individuo reminiscencias mentales conocidas con el nombre de rumiación. Rimé, Finkenauer, Luminet, Zech y Philippot (1998) han enfatizado, además del efecto intrapersonal de la experiencia traumática, el rol de sus consecuencias en el plano interpersonal. Así, sin tener que atravesar necesariamente una experiencia emotiva traumatizante, por el solo hecho de experimentar una emoción, el individuo necesariamente tenderá a discutir sus sensaciones con otra persona dando lugar al compartir social -social sharing-. Subyace a esta idea un abordaje teórico que considera a la emoción como la respuesta individual a una situación social (Rimé, 1997).

Mientras la rumiación puede ser vista como una consecuencia intrapersonal de la emoción, el compartir social es su consecuencia interpersonal y están relacionados con una dimensión cognitiva determinante y constitutiva de la experiencia emocional llamada appraisal o evaluación cognitiva. Para Frijda (1987) la dimensión cognitiva sirve a la producción de la experiencia emocional y contribuye a diferenciar los tipos de emociones.

La tradición de investigación sobre los esquemas de evaluación cognitiva o appraisal patterns puso el énfasis en el rol de la cognición en la emoción asumiendo la universalidad de la experiencia emocional (Smith & Ellsworth, 1985), impulsando a la vez los estudios tanto de las diferencias por tipos de emoción como de escenarios culturales. Los estudios desarrollados en el campo de los atributos de los estados afectivos, como el de Scherer y Wallbot (1994) muestran una clara evidencia sobre la similitud transcultural que existe entre dimensiones tales como antecedentes generales, expresiones faciales, cambios percibidos en el cuerpo y las tendencias a la acción. Sin embargo, las reacciones verbales y subjetivas y los procesos de regulación y afrontamiento emocional aparecen fuertemente relacionados con la variabilidad cultural (Mesquita & Frijda, 1992).

Investigaciones transculturales sobre cultura y emoción, arrojan interesantes diferencias entre los grupos a la hora de experimentar y expresar ciertas emociones (Fernández, Carrera, Sánchez & Páez, 2004; Fernández, Zubieta & Páez, 2000; Zubieta et al., 1998). La distinción entre experimentar una determinada emoción y expresarla es un aspecto importante en muchas culturas ya que el contexto puede llevar a las personas a: (a) expresar ciertas emociones cuando las experimentan, (b) no expresar ciertas emociones cuando éstas se experimentan, (c) expresar ciertas emociones cuando no se experimentan y, (d) no expresar emociones que no se experimentan (Markus & Kitayama, 1999). Asimismo, varias investigaciones muestran cómo la saliencia de emociones básicas y secundarias -tristeza, alegría, rabia, miedo o simpatía, resentimiento, amor, confianza, vergüenza o culpa-está asociada a determinados síndromes culturales. La vergüenza es una emoción fundamentalmente social, los sujetos más dependientes de sus grupos tienen a sentirla más ya que se pone enjuego "la imagen" frente al grupo mientras que los sujetos más independientes de sus grupos, más individualistas, se orientan más a la culpa (Scherer, 1984; Scherer, Rimé & Chipp, 1989).

Además de estas emociones sociales, en tanto guiones prototípicos fijados en la cultura y dependientes de ella, están las llamadas emociones colectivas que tienen que ver con las emociones comunes que sentimos con los otros, con los que compartimos un mismo contexto vital social. Mientras que en las emociones sociales, o de interacción, las personas implicadas en un mismo contexto suelen tener diferentes sentimientos, o el mismo sentimiento dirigido hacia un diferente objeto, en el caso de las emociones colectivas cada individuo es afectado de la misma forma por un mismo contexto, de ahí que exista en todos ellos una clara propensión a sentir de la misma manera y con respecto al mismo objeto, hecho o situación. La interacción social en un contexto en el que priman emociones positivas -alegría, entusiasmo- o negativas -pánico, tensión-, contribuye a crear una emotividad social (Bericat Alastuey, 2002).

Desde una perspectiva que no enfatiza tanto en el rol de la cognición social en la emoción sino que subraya los aspectos funcionales de las emociones para la comunicacióny la comprensión de los contextos sociales, de Rivera(1992) generaliza la idea de las funciones sociales globales de las emociones proponiendo el concepto de clima emocional. El autor va más allá de la idea de una mera percepción consensual sobre ciertas emociones sino que lo define como un hecho social, en la predominancia y saliencia relativa de un conjunto de escenarios emocionales, en un periodo prolongado.

El clima puede serviste tanto como producto de la interacción social de los individuos -a nivel organizacional o nacional- o como una variable que se superpone a las conductas individuales, condicionándolas (Sampedro, 1991; Silva, 1992; Tran, 1998). No consiste sólo en reacciones emocionales de la gente ante determinados eventos de tipo macro sino que ayuda a crear realidades subjetivas que gobiernan la conducta. Como señala Tran (1998), ante la marginación que las emociones han sufrido en los análisis organizacionales tradicionales, el clima emocional surge como unavailable relevante en la comprensión de los comportamientos de los miembros y de las organizaciones (Ruiz, 2007).

Para de Rivera y Grinkis (1986) entender a las emociones como relaciones y no sólo como sentimientos individuales permite verificar que existen tanto en formas colectivas como en formas personales. El conjunto de emociones básicas distribuido socialmente, unido a ciertas representaciones sociales sobre el mundo y el futuro social, cumple funciones de regulación social y constituyen el denominado indicador de clima emocional ya que las emociones que lo conforman no son únicamente las vivenciadas por el sujeto, sino aquellas que el sujeto percibe que predominan en su entorno, tanto en sus grupos de pertenencia como en otros grupos que son relevantes para él. Esta perspectiva integra los postulados que subyacen a los estudios del rol de la cognición en las emociones a la vez que enfatiza la percepción que los individuos tienen sobre la tonalidad afectiva de su entorno.

De Rivera (1992) distingue tres formas afectivas colectivas: atmósferas emocionales, culturas emocionales y climas emocionales. Una atmósfera emocional existe cuando los miembros de un grupo centran su atención en un evento común que afecta a las personas como miembros del grupo. Aparecen cuando aquellos que se identifican con un grupo celebran un éxito colectivo, lamentan una tragedia o sufren una amenaza común. La atmósfera refleja cohesión grupal y tiene una gran importancia en el proceso de constitución de los movimientos sociales. La cultura emocional hace referencia a la manera en la que un pueblo concibe y denomina las experiencias emocionales; a las normas que regulan las circunstancias en las que estas emociones deben ser sentidas; y, al modo en que la gente debe comportarse respecto a estas emociones. Éstas persisten hasta que suceden cambios culturales significativos. El clima emocional refiere a las emociones que son percibidas en una sociedad en relación con su situación sociopolítica relativamente estable. Páez et al. (1996) señalan que en los tiempos de represión política por ejemplo, la gente siente miedo a expresar sus ideas en público mientras que en momentos de tensión étnica hay odio hacia otros grupos, etc. Estos climas se caracterizan por aspectos como el miedo o la tranquilidad para hablar, la seguridad o la inseguridad, la confianza o el odio hacia otras personas, la confianza o el enfado con el gobierno, están condicionados por la situación social, económica y política, y por cómo los líderes políticos y los diversos agentes sociales estructuran esta situación.

A pesar de que el clima se construye socialmente, es objetivo en tanto se percibe como existiendo independientemente de los sentimientos personales del individuo y refleja lo que los individuos piensan que la mayor parte de la gente siente en esa situación. Los juicios de los individuos se basan, en parte, en las experiencias y observaciones personales, las cuales sugieren que una determinada situación objetiva justifica sentir miedo, odio, confianza, etc. Sin embargo, el clima es también influido cuando lo que hacen y dicen otros refleja los propios estados emocionales y la situación social. Cuando un clima se solidifica se desarrolla cierto consenso, por lo que puede existir una representación social sobre la situación de la sociedad y sobre las normas acerca de lo que uno debe sentir. Desde una perspectiva objetiva se puede entender el clima como un conjunto de emociones predominantes que reflejan la coyuntura de una sociedad. Desde una perspectiva más subjetiva, podemos hablar de un campo de sentimientos que es percibido por los individuos pero que existe aparte del individuo. Este campo -o este conjunto de emociones predominantes- existe en una sociedad en un determinado momento de su historia y se puede incluso considerar como un elemento que define un periodo histórico (Páez et al., 1997).

Las formas colectivas de las emociones, como la atmósfera y clima emocional, se conciben como procesos psicológicos específicos: (a) por su contenido sociotrópico, esto es, porque están compuestos de creencias, emociones y conductas referidas a grupos e instituciones sociales; (b) por su origen, ya que tienen causas sociales; (c) porque son compartidos y se distribuyen en colectivos sociales; y (d) por sus funciones, ya que sus efectos son adaptativos en el ámbito social y no sólo en el personal (Páez et al., 1996).

Páez et al. (1997) definen el clima emocional como un estado de ánimo colectivo relativamente estable que se caracteriza por el predominio de ciertas emociones, una representación social sobre el mundo social y el futuro, y ciertas tendencias de acción asociadas a las emociones que impregnan las interacciones sociales.

El punto clave es que los acontecimientos horrorosos, por ejemplo, pueden hacer que todos los miembros de una sociedad sintonicen su atención, ajusten sus valores y sincronicen sus emociones. En las emociones de la sociedad las personas sienten aquellas emociones necesarias, no para la satisfacción de sus propios intereses, sino para la constitución del orden social. Las sociedades sienten a través de los individuos que forman parte de la comunidad, pero sienten también en las propias comunicaciones que produce y mantiene la sociedad.

Diversos estudios han mostrado que la percepción de emociones en un grupo se asocia a conductas sociales. El predominio de un clima de afecto positivo se asocia a niveles bajos de absentismo laboral mientras que la mayor afectividad negativa se asocia a menores conductas altruistas y mayores niveles de absentismo. Por su parte, el contagio de afectividad positiva en grupos de trabajo parece conducir a una mayor cooperación, menor conflicto grupal y una percepción más favorable del rendimiento laboral (Tran, 1998). Climas sociales positivos se asocian a indicadores de calidad de vida. Aunque no afecten directamente a la persona, se considera que una determinada situación social problemática afecta negativamente al bienestar psicológico del sujeto.

Si, como señala Turner (1994), la pregunta que se hace la psicología social es ¿cómo funciona la mente en sociedad? podemos preguntarnos también ¿cómo funciona la emoción en sociedad?, ¿qué emociones prevalecen en una sociedad? o ¿qué siente una sociedad en determinado momento? Los estudios muestran que el Clima Social Emocional se asocia a la confianza institucional y la percepción de problemas sociales y como ejemplo de la importancia que cobra el análisis de esta variable tenemos las distintas investigaciones que buscan conocer cual es el nivel de confianza con el que cuenta el sistema político (Aberbach & Walter, 1970; Inglehart, 2004). Diversos estudios revelan que, a diferencia de lo que sucedía a mediados del siglo pasado, un porcentaje importante de la población mundial parece manifestar cierto distanciamiento y recelo hacia los líderes e instituciones políticas.

Las emociones sentidas en relación con los objetos sociales, como los grupos, relaciones entre grupos y ante las instituciones, se asociarán a conductas colectivas y de participación social: el miedo sentido a la inhibición y protección; la injusticia, privación y enojo a la movilización; las emociones positivas a conductas prosociales y de movilización social. Por ende, tanto o más importantes que las emociones sentidas personalmente son las que el sujeto percibe que dominan en su medio social, en relación con los objetos sociales. Este clima emocional tiene una relación con las conductas sociales similares a la afectividad personal (Conejero, de Rivera, Páez & Jiménez, 2004).

Retomando la perspectiva que estudia el fenómeno emocional desde una mirada psicosocial e integrando nuevas líneas de abordaje, el propósito de este estudio es el de indagar en la percepción sobre el tipo de emociones que prevalecen en un determinado contexto, otros factores contingentes y la probable incidencia de variables sociodemográficas en percepciones diferenciales.

Subyace como objetivo general ulterior, el propósito de aportar datos empíricos de la región latinoamericana al desarrollo teórico de las emociones desde sus dimensiones sociales y colectivas.

Método

Diseño

El estudio es de naturaleza descriptivo correlacional de diseño no experimental transversal.

Participantes

No probabilística intencional. Compuesta por 254 estudiantes universitarios1 del cordón urbano circundante de la ciudad de Buenos Aires (conurbano bonaerense), con una media de edad de 25.47 años (DT= 8.25 años).

El 39.4%son hombres y el 60.6%mujeres. Respecto del estado civil, 76%es soltero, 11%casados, el 9.1%posee pareja de hecho y el 3.9%está separado o divorciado. La mayoría no tiene hijos (84.6 %) y estudia en universidades de ámbito oficial (93.7%). En relación a la carrera de estudio, el 26.4% sigue una carrera técnico-económica -Derecho, Medicina, Contador Público, Administración de Empresas, Ingeniería, etc.- mientras que el 73.6% restante sigue una carrera humanística -como Psicología, Ciencias de la Educación, Trabajo Social, Publicidad, Relaciones Públicas, Psicopedagogía. El 37.4% está en el inicio de su carrera, el 45.3% en la mitad y el 17.3 % en la etapa final de sus estudios universitarios.

Procedimiento

Se diseñó un cuestionario auto-administrado integrado por:

1.    Escala de Clima Social Emocional (de Rivera, 1992). Describe situaciones socio-estructurales y de relaciones sociales que inducen emociones negativas y positivas en las personas en general. Busca medir las emociones dominantes durante un periodo en el clima social y está integrada por 24 ítems como: ¿La gente tiene confianza en la existencia de buenas oportunidades para mejorar su vida y la de su familia? El continuo de respuesta es de 1 (no) a 7 (completamente) y los ítems se agrupan en dos dimensiones subyacentes:

Clima Social Emocional Positivo: una puntuación superior a 37.5 indica un alto clima positivo. Asimismo, el análisis de la puntuación media del ítem C15: ¿La mayoría de la gente de este país respeta al otro lo suficiente como para no llegar a ser violentos en caso de conflicto? es un indicador del nivel de clima positivo -una puntuación por encima de tres reporta alto clima positivo-. El coeficiente de fiabilidad para esta subescala fue satisfactorio (alfa de Cronbach= 0.75). Clima Social Emocional Negativo: una puntuación superior a 30.6 indica un alto clima negativo. Asimismo, el análisis de las puntuaciones medias de los ítems C2: ¿Cree usted que las personas se sienten inseguras porque el grado de violencia existente no permite que la gente viva en paz? y C24 ¿Sienten rabia muchas personas debido al alto nivel de corrupción en el gobierno? son indicadores del nivel de clima negativo -puntuaciones por encima de 3 reportan alto clima negativo. El coeficiente de fiabilidad para esta subescala fue aceptable (alfa de Cronbach= 0.66).

2.    Escala de Clima Emocional (Páez et al., 1997). Esta escala, complementaria a la de de Rivera, está compuesta por 10 ítems como: El ambiente o clima es de enojo, hostilidad, agresividad entre las gentes, con un continuo de respuesta de 1 (Nada) a 5 (mucho). Los ítems se agrupan en dos dimensiones subyacentes:

Clima Positivo: evalúa la percepción de emociones positivas: alegría, esperanza, solidaridad; así como la percepción de procesos sociales que refuerzan las emociones positivas: confianza en las instituciones, tranquilidad para hablar. Puntuaciones por encima de 18 indican alto clima positivo. El coeficiente de fiabilidad para esta subescala integrada por 6 ítems fue satisfactorio (alfa de Cronbach= 0.70).

Clima Negativo: evalúa la percepción de emociones negativas dominantes en el clima social o en la interacción cotidiana: tristeza, miedo y enojo. Puntuaciones por encima de 9 indican alto clima negativo. El coeficiente de fiabilidad para esta subescala integrada por 3 ítems fue satisfactorio (alfa de Cronbach= 0.75). A la vez, uno de los ítems (AS 1): La situación económica es muy buena, es un buen estimador de la percepción de la situación económica actual del país. Una puntuación por encima de 3 indica una percepción positiva de la situación económica.

3.    Escala de Problemas Sociales Percibidos (Páez, Fernández, Ubillos & Zubieta, 2004). Evalúa los problemas socio-económicos percibidos en el entorno social y está compuesta por 6 ítems con un continuo de respuesta de 1 (nada) a 5 (mucho). A nivel general, puntuaciones por encima de 16 indican una

alta percepción de problemas sociales. Analizadas de forma separada, las áreas que arrojan puntuaciones por encima de tres son en las que se percibe mayor problemática social.

4.     Preguntas de la Encuesta Mundial de Valores 1999-2002 (WVS, Word Values Survey; Inglehart et al., 2004) sobre Confianza Institucional. Indican el nivel general de confianza que los individuos manifiestan respecto de nueve instituciones sociales. El continuo de respuesta es de 1 (no confía) a 4 (confía mucho). Valores medios por encima de 2.5 indican confianza institucional, tanto en el promedio de las nueve instituciones como en las puntuaciones específicas de cada una de ellas.

5.     Datos sociodemográficos: edad, sexo, carrera de estudio y ámbito de la universidad en la que estudia.

La aplicación del cuestionario se realizó de forma colectiva. Se contactó a profesores universitarios que cedieron una hora de sus clases y los estudiantes fueron invitados a participar voluntariamente y de forma anónima en estudio.

Resultados

Relación Entre Dimensiones

Corroborando los hallazgos de investigaciones previas (Páez & Asún, 1994; Páez, 2004), el análisis de correlaciones realizado (ver Tabla 1) arroja que el clima social negativo se asocia positivamente con la percepción de problema sociales y negativamente con el clima social positivo y la confianza institucional. Lo inverso sucede con el clima social positivo que se asocia a una mayor confianza institucional y a una menor percepción de problemas sociales. Asimismo, la percepción de problemas sociales correlaciona negativamente con la confianza institucional.

Se corrobora también la validez convergente entre las dos mediciones de clima emocional, las dimensiones negativas y positivas de ambas escalas mantienen asociaciones positivas entre sí respectivamente y la asociación es negativa al relacionar la dimensión negativa de una con la positiva de otra.

Tabla 1. Relación Entre Dimensiones

Clima Emocional

El análisis de los resultados indica un bajo clima positivo. En Clima Emocional (Páez et al., 1997) la puntuación media hallada para la dimensión positiva es de 16.15 (DT= 3.39) y el 75% de los estudiantes encuestados presenta puntuaciones menores a 18 -punto de corte para clima positivo-. Coherentemente, se encontró un alto clima negativo, la puntuación media hallada es de 10.53 (DT= 2.38) y sólo el 25% de los estudiantes encuestados presenta puntuaciones por debajo de 9 -punto de corte para clima negativo-.

En Clima Social Emocional (de Rivera, 1992) la media para los ítems que integran la dimensión negativa es de 57.53 mientras que los que refieren a la dimensión positiva arrojan una puntuación media de 34.4 indicando una alta percepción de emociones negativas por sobre las positivas.

Hay tres ítems de la escala que se reportan de manera individual como estimadores que sintetizan una determinada percepción. En la Figura 1 se puede observar las puntuaciones en estos ítems que ratifican la presencia de un alto clima negativo: en el ítem (CE15) ¿La mayoría de la gente de este país respeta al otro lo suficiente como para no llegar a ser violentos en caso de conflicto? se obtuvo una puntuación media de 2.48 y en los ítems: (CE2) ¿Cree usted que las personas se sienten inseguras porque el grado de violencia existente no permite que la gente viva en paz? y (CE24) ¿Sienten rabia muchas personas debido al alto nivel de corrupción en el gobierno? las puntuaciones medias están por encima de tres.

La percepción de la situación económica, evaluada por el ítem: La situación económica es muy buena de la escala de Clima Social (Páez et al., 1997), es como puede apreciarse en la Figura 2, regular, ya que la media es de 2.50 (DT= 0.814; mediana= 3). El 42.1% de los estudiantes la califica como poco o nada buena, el 51.6% como regular y sólo el 6.3% como bastante buena.

Figura 1. Puntuaciones medias en ítems de Clima Social (de Rivera, 1992) (n= 254) (1= no /7= completamente).

Figura 2. Puntuaciones medias en ítems de Clima Social (Paéz et al., 1997) (1 = Nada / 5 = Mucho).

Al nivel de las emociones sentidas, las puntuaciones más altas, las más frecuentes se registran en las negativas: miedo y ansiedad, tristeza y pasividad, hostilidad y agresión entre la gente. En lo que hace a las emociones y vivencias positivas, las puntuaciones están todas en 3 o por debajo, lo que indica que son las que los sujetos perciben como menos frecuentes en el entorno. Es dable recordar, según lo reportan Páez y Asún (1994), que el perfil emocional colectivo negativo se asocia en término de conductas sociales a un menor altruismo, menor cooperación y mayor conflicto grupal. Asimismo, los datos de Páez (2004) muestran que la percepción de un clima negativo en el entorno social se asocia a una mayor afectividad negativa vivenciada por los sujetos.

Una puntuación aún menor se registra en lo que refiere a la confianza en las instituciones que, como se observara previamente, es esperable dada la asociación negativa que mantiene con los climas o tonalidades emocionales negativos.

Percepción de Problemas Sociales

A la hora de responder a la pregunta: Durante este año, cree Ud. que la gente en general ha tenido problemas o dificultades para... (Tabla 2) se observa que las medias en general están entre "bastante" y "mucho" siendo los problemas percibidos de mayor dificultad el conseguir trabajo y la posibilidad de ser agredido o que le causen daño.

Tabla 2. Puntuaciones Medias en Percepción de Problemas Sociales (1= nada/ 5= mucho)

Esta elevada percepción de problemática social es coherente con la prevalencia del clima social emocional negativo descrito dada la asociación positiva que existe entre ambos.

Los resultados concuerdan con los arrojados por la encuesta de AC Nielsen realizada en noviembre de 2005 sobre 23500 personas de 42 países, en relación a la confianza y percepción de problemas durante los seis meses siguientes. En lo que hace a Latinoamérica, la seguridad laboral, el crimen y la inseguridad obtienen las mayores proporciones. En Argentina la inseguridad está por encima de la seguridad laboral, aunque ambos rubros se mantienen como los más preocupantes (Diario El Clarín, 14 de febrero de 2006).

Confianza en las Instituciones

De manera esperable con lo hasta aquí descrito, la media en confianza institucional de esta muestra es baja (Tabla 3). El gobierno nacional -y poder ejecutivo- es el mejor evaluado mientras que los partidos políticos, el poder legislativo y los sindicatos son quienes reciben la peor evaluación. Probablemente en la evaluación del gobierno nacional (y el poder ejecutivo) esté actuando en alguna medida cierto sesgo de positividad de juicio sobre los individuos en relación a los grupos e instituciones (Sears, 1983). Es decir, dada la tradición personalista de los presidentes en Argentina se puede pensar que la gente personifica al gobierno y el poder ejecutivo en la figura del presidente Kirchner y de esta manera actúa el mencionado sesgo en el que se evalúa más positivamente a las personas que a los grupos e instituciones. El actual presidente es quien por más tiempo ha mantenido una alta imagen positiva en la gente, aún cuando otras esferas del gobierno o funcionarios aumentan su imagen negativa.

El estudio de Benbenaste, Delfino y Zubieta (2005) muestra que las instituciones cívico-políticas argentinas presentan, en general, un bajo nivel de valoración. La clase política es la peor valorada mientras que el actual presidente -Néstor Kirchner-obtiene una buena valoración. Se estima que esta evaluación positiva podría deberse tanto al hecho que se lo considera responsable de la estabilización económica actual del país como a que su imagen aparece diferenciada de esa clase política juzgada corrupta. No obstante, Benbenaste et al. (2005) señalan que aquellos componentes positivos obran como racionalización reforzando la tendencia que presenta la población a depositar en un líder las posibilidades de la política. Asimismo, respecto a las instituciones, la valoración del Gobierno Nacional -figura del presidente Kirchner- está principalmente asociada a la posibilidad de una mejora de las instituciones en contraste con la muy baja valoración de la clase política, Congreso Nacional, la Justicia y la Policía.

Carballo (2005), que analiza los datos de la encuesta mundial de valores para Argentina en los años 1984-2002, muestra que en 1999 la idea de tener un líder fuerte "que no moleste con el Congreso o las elecciones" (p.71) era considerado como buena por el 36% de la muestra, marcando una tendencia en crecimiento en relación a 1995 que se profundiza para 2002 y que era más intensa en las personas de 25 a 34 años, con educación sólo primaria y pertenecientes a la clase media baja y baja.

Asimismo, los datos sobre confianza institucional relevados por el Instituto Gallup de Argentina (Inglehart et al., 2004) en 1999 sobre una muestra representativa de 1280 casos de población de 18 y más años -de donde también provienen los resultados aportados en el párrafo anterior-, muestran que la gente tenía más confianza en los movimientos ambientalistas y femeninos, en las grandes empresas, las Naciones Unidas, el MERCOSUR, la prensa y la televisión por sobre el resto de las instituciones que también fueron evaluadas en nuestro estudio. Así, en el año 1999 -excluyendo las ya mencionadas- la Iglesia y las FFAA aparecen con mayores niveles de confianza que el gobierno, el poder legislativo, la policía y los gremios. Siete años después, el gobierno y el poder ej ecutivo pasan a los primeros lugares, la Iglesia baj a pero sigue con fuerza y los partidos políticos siguen siendo los que peores evaluaciones reciben.

En cuanto a la desconfianza en el sistema político, las puntuaciones en confianza institucional son semejantes a las reportadas en estudios previos (Carballo, 2005; Inglehart, 2004) e indican un importante incremento en el distanciamiento y recelo respecto de los líderes e instituciones políticas que se da al nivel de la población mundial. Ratificación preocupante si pensamos que cuando los ciudadanos se vislumbran desconfiados y perciben al gobierno como sirviendo a los intereses sólo de unos pocos y no a la mayoría, se está en presencia de una fuerte barrera para la realización de los ideales democráticos (Aberbach & Walter, 1970).

Incidencia de Variables Sociodemográficas

No se han encontrado diferencias estadísticamente significativas en la variables analizadas en relación a aspectos sociodemográficos como el sexo, la edad, la carrera de estudio y el ámbito de la universidad, indicando probablemente en esta muestra universitaria urbana una percepción común general respecto del clima social circundante, los problemas sociales y la confianza en las instituciones.

Discusión

Se señaló en la introducción al estudio que el principal interés radicaba en realizar una primera aproximación empírica al estudio de las emociones desde una perspectiva colectiva. Al análisis de las emociones como escenarios prototípicos de estados afectivos desarrollado en estudios previos, se sumaba el interés por incorporar una nueva línea de abordaje que enfatiza en la dimensión colectiva en tanto percepción de los sujetos de la tonalidad afectiva predominante en el ambiente circundante. A su vez, se integraron en el análisis otros aspectos que aportan a la emotividad social tales como la confianza en las instituciones públicas y sociales y la percepción de problemas sociales. Los resultados obtenidos abren una interesante línea de análisis y profundización.

Al hablar de atmósfera o clima emocional social se afirmaba que las emociones que lo conforman no son sólo las vivenciadas por el sujeto sino aquellas que las personas perciben como predominantes en su entorno tanto en sus grupos de pertenencias como en otros que son relevantes para ellas (de Rivera, 1992). A partir de los resultados de estudios anteriores, se postulaba la asociación del clima o atmósfera social con variables tales como la confianza institucional y la percepción de problemas sociales (Páez & Asún, 1994). A partir de la información recogida se corroboró que el buen clima social emocional se asocia a una alta confianza institucional y a una baja percepción de problemas sociales.

El grupo de estudiantes universitarios analizados muestra una percepción de afectividad negativa en la emocionalidad social lo que puede traducirse, según lo indican estudios previos (Páez & Asún, 1994; Páez, 2004), en acciones poco altruistas, de baja cooperación y de mayor conflictividad social. En consonancia, esta percepción es contingente con una alta valoración de problemática social donde el trabajo y la seguridad aparecen como los hechos más difíciles de resolver y, con una mala evaluación de las instituciones siendo los partidos políticos, los legisladores y los sindicalistas los peores evaluados.

En el año 1999, y en comparación con el resto de los países del mundo, excepto en lo que concierne a los movimientos ecologistas, las iglesias y la prensa, Argentina se ubicaba -en el resto de las instituciones- en las posiciones inferiores, particularmente aquellas que tienen que ver con el funcionamiento y administración de la política y el Estado (Carballo, 2005, p. 95). La crisis que la sociedad expresa en la baja confianza institucional y que se traduce en crisis de representatividad está lejos de ser resuelta siete años después aunque se matiza con el aumento de confianza en el Gobierno Nacional, probablemente relacionado con lo que se mencionara sobre el reclamo de un líder fuerte en 1999 y 2002 y la recuperación económica.

Se sostenía también que la atmósfera emocional de una sociedad da cuenta también de la atención de sus miembros ante un evento común que los afecta como integrantes. Las atmósferas se recrean al celebrar un éxito colectivo o al lamentar tragedias o amenazas comunes. La sucesión de eventos de carga afectiva positiva favorece los climas positivos mientras que la sucesión de eventos de carga negativa favorece los climas negativos. Por sus propias características los datos que aquí se analizan son sólo parciales y no intentan ninguna generalización más allá de sus posibilidades, pero pueden servir como un termómetro preliminar de cierto sentimiento social. Quizás la cuota cotidiana de maltrato en tanto ciudadanos -sin trabajo, con instituciones disfuncionales y figuras de autoridad de dudosa moral- se expresa en los momentos de actuación colectiva, en los momentos de los rituales necesarios para provocar las emociones en sociedad. Así, experiencias recientes en el país de episodios colectivos de reunión social -que se suponían provocarían un sentimiento común de orgullo o de respeto en los que fundamentar la identidad social- terminaron en episodios de agresión intergrupal que provocaron emociones totalmente contrarias a las esperadas: horror e indignación. Los datos preliminares aquí analizados son probablemente el reflejo de una balanza inclinada hacia la suma de pequeñas atmósferas emocionales negativas que generan una percepción general del clima social circundante como altamente negativo, de alta conflictividad social.

En lo que hace a la crisis en la confianza institucional y en los partidos políticos y funcionarios públicos, si bien se marcaba como una tendencia mundial (Aberbach & Walter, 1970; Inglehart 2004), es importante remarcar las diferencias en cuanto a las causas del descontento. En su análisis, Carballo (2005) hace evidente que en Latinoamérica la corrupción es la mayor causante de la crisis de representatividad mientras que en Europa y EE.UU la burocracia del gobierno parece ser la mayor causa. En Argentina, la corrupción y mal desempeño del gobierno son las causas de la caída en la confianza en las instituciones. Ya estaban instaladas antes de entrar en la última década del siglo pasado y aún no se han disipado. Los resultados aquí reportados ratifican la tendencia, a la vez que abren la reflexión sobre sus efectos psicosociales en contextos con trasfondos culturales tolerantes a la transgresión como es el caso de la sociedad argentina.

En la Psicología Social Cultural, la manera en que las sociedades resuelven los conflictos y manejan sus emociones se denomina Tolerancia a la incertidumbre (Hofstede, 1999). Los países de Latinoamérica son sociedades de incertidumbre social, en las que la amenaza de la ambigüedad se intenta evitar por medio de una fuerte normatividad, que junto a la escasez de recursos y asimetrías promueven los dobles estándares o virtudes públicas con fuertes vicios privados (Páez & Campos, 2004). Las normas perversas recrean un contexto en el que las normas existen formalmente pero que crónicamente no se cumplen sino que es su vulneración lo que produce recompensas (Fernández-Dols, 1993; Fernández-Dols & Oceja,1994).

La mayor tolerancia a las transgresiones abona el terreno para emociones colectivas negativas intensas que tienen como correlato el uso de la fuerza y la agresión como forma de resolver los conflictos. El clima emocional, en tanto hecho social, habla del predominio y saliencia relativa de un conjunto de escenarios emocionales y las reacciones e interacciones sociales -cargadas afectivamente- que en un país predominan durante un cierto período impregnan inevitablemente las relaciones sociales.

Estos datos preliminares deben profundizarse tanto en comparación con otras muestras como en el análisis de diferencias inter sujetos en variables tales como sexo, edad, carrera de estudio y ámbito de la universidad, aunque las primeras exploraciones que se están realizando arrojan bajas diferencias intragrupales confirmando una probable percepción general de la atmósfera social circundante. También, como segunda etapa del estudio se están analizando actualmente los datos obtenidos de población general.

El trabajo realizado forma parte de una serie de estudios actualmente en curso (de Rivera Kanyangara, Rimé, Philippot & Yzerbyt, 2007; Páez, 2007; Páez, Basabe, Ubillos & González, 2007; Rimé, 2007; Ruiz, 2007) que, desde distintas aristas de la psicología social de las emociones -compartir social, evaluación cognitiva, afrontamiento- abordan distintos procesos grupales rescatando la dimensión colectiva a través del constructo de clima social emocional.

Los resultados aquí reportados permiten tener una primera descripción de la tonalidad emocional del contexto argentino a la vez que ratifican la validez convergente de dos medidas diferentes de clima emocional y dan fuerza a las asociaciones de éstas con otros indicadores de emotividad social tales como la confianza en las instituciones públicas y sociales, y la percepción de problemas sociales.

Notas

1 La elección de estudiantes universitarios para la muestra responde al criterio de equivalencia establecido para los fines comparativos del estudio transcultural internacional sobre Aspectos Psicosociales del Bienestar del que este trabajo forma parte.

 

Referencias

Aberbach, J. D. & Walker, J. L. (1970). Political trust and racial ideology. American Political Science Review, 64(A), 1199-1219.         [ Links ]

Benbenaste, N., Delfino, G. I., Vitale, N. B., Fiumara, A. P., Fernández, O. D. & Estévez, M. (2005). La expectativa sobre el Estado y la calidad de las instituciones en los estudiantes universitarios. Investigaciones en Psicología, 10(3), 7-20.        [ Links ]

Benbenaste, N., Delfino, G. I. & Zubieta, E. M. (2005). Desarrollo, calidad institucional y valores de la población: El problema de laño inclusión. Alternativas enPsicología, 12, 2-10.        [ Links ]

Bericat Alastuey, E. (2002). ¿Sienten las sociedades? Emociones individuales, sociales y colectivas. En P. Fernández Berrocal & N. Ramos Díaz (Eds.), Corazones inteligentes (pp. 121-144). Barcelona: Editorial Kairós.        [ Links ]

Carballo, M. (2005). Los argentinos y el mundo del trabajo. Buenos Aires: Nueva Mayoría.        [ Links ]

Collins, R. (2001). Social movements and the focus of emotional attention. En J. Goodwin, J. M. Jasper & F. Polletta (Eds.), Passionate politics (pp. 27-44). Chicago: University of Chicago Press.        [ Links ]

Conejero, S., de Rivera, J., Páez, D. & Jiménez, A. (2004). Alteración afectiva personal, atmósfera emocional y clima emocional tras los atentados del 11 de marzo. Ansiedad y Estrés, 10(2-3), 299-312.        [ Links ]

de Rivera, J. (1992). Emotional climate: Social structure and emotional dynamics. International Review of Studies on Emotion, 2, 197-218.        [ Links ]

de Rivera, J. & Grinkis, C. (1986). Emotions as social relationships. Motivation and Emotion, 10, 351-369.        [ Links ]

De Rivera, J. & Páez, D. (2007). Emotional climate, human security and cultures of peace. Journal of Social Issues, 63(2), 233-253.        [ Links ]

Durkheim, E. (1983). Las reglas del método sociológico. Barcelona: Los Libros de Plon.        [ Links ]

Fernández, I., Zubieta, E. & Páez, D. (2000). Expresión e inhibición emocional en diferentes culturas. En D. Páez & M. M. Casullo (Eds.), Cultura y alexitimia: ¿Cómo expresamos aquello que sentimos? (pp. 73-98). Buenos Aires: Paidós.        [ Links ]

Fernández, I., Carrera, F., Sánchez, F. & Páez, D. (2004). Interacción y comunicación emocional. En D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos & E. Zubieta (Coords.), Psicología social, cultura y educación (pp. 469-508). Madrid: Pearson-Prentice Hall.        [ Links ]

Fernández-Dols, J. M. (1993). Norma perversa: Hipótesis teórica. Psicothema, 9, 41-101.        [ Links ]

Fernández-Dols, J. M. & Oceja, L. V. (1994). Efectos cotidianos de la norma perversa en la tolerancia a la corrupción. Revista de Psicología Social, 9(1), 3-12.        [ Links ]

Frijda, N. H. (1986). The emotions. Cambridge, New England: Cambridge University Press.        [ Links ]

Frijda, N. H. (1987). Emotion, cognitive structure and action tendency. Cognition and Emotion, 1(2), 115-143.        [ Links ]

Hofstede, G. (1999). Cultura y organizaciones. El software mental. Madrid: Alianza Editorial.        [ Links ]

Inglehart, R., Basáñez, M., Díez-Medrano, J., Halman, L. & Luijkx, R. (2004). Human beliefs and values. A cross-cultural sourcebook based on the 1999-2002 values surveys. México: Siglo XXI.        [ Links ]

Kanyangara, P., Rimé, B., Philippot, P. & Yzerbyt, V. (2007). Collective rituals, emotional climate and intergroup perception: Participation and assimilation of the Rwandan genocide. Journal of Social Issues, 63(2), 387-403.        [ Links ]

Lazarus, R. (1991). Emotion and adaptation. Nueva York: Oxford University Press.        [ Links ]

Markus, H. R. & Kitayama, S. (1991). Cultural variations in the self-concept. En J. Strauss & G. R. Goethals (Eds.), The self: Interdisciplinary approaches. Nueva York: Springer Verlag.        [ Links ]

Mesquita, B. & Frijda, N. H. (1992). Cultural variations in emotions: A review. Psychological Bulletin, 112, 179-204.        [ Links ]

Páez, D. (2004). Violencia colectiva, clima emocional y procesos socioculturales (Documento técnico). San Sebastián: Universidad del País Vasco.        [ Links ]

Páez, D. & Asún, D. (1994) Emotional climate, mood and collective behaviour: Chile 1973-1990. En H. Riguelme (Ed.), Era in twilight. Friburg (pp. 56-80). Bilbao: Foundation for Children/Instituto Horizonte.        [ Links ]

Páez, D. & Campos, M. (2004). Cultura, evitación de la incertidumbre y confianza interpersonal. En D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos & E. Zubieta (Coords.), Psicología social, cultura y educación (pp. 537-551). Madrid: Pearson/Prentice-Hall.        [ Links ]

Páez, D., Fernández, I., Ubillos S. & Zubieta E. (Coords). (2004). Psicología social, cultura y educación. Madrid: Pearson-Prentice Hall.        [ Links ]

Páez, D., Ruiz, J. I., Gailly, O., Kornblit, A., Wiesenfeld, E. & Vidal, C. M. (1996). Trauma político y clima emocional: Una investigación transcultural. Psicología Política, 12, 47-69.        [ Links ]

Páez, D., Ruiz, J. I., Gailly, O., Kornblit, A. L., Wiesenfeld, E. & Vidal, C. M. (1997). Clima emocional: Su concepto y medición mediante una investigación transcultural. Revista de Psicología Social, 72(1), 79-98.        [ Links ]

Páez, D., Basabe, N., Ubillos, S. & Gonzalez Castro, J. L. (2007). Social sharing, participations in demostrations, emotional climate and coping with collective violence after march 11th Madrid bombings. Journal of Social Issues, 63(2) 323-337.        [ Links ]

Rimé, B. (1993). El reparto social de las emociones. En A. Echeverría & D. Páez (Eds.), Emociones: Perspectivas psicosociales (pp. 459-470). Madrid: Editorial Fundamentos.        [ Links ]

Rimé, B. (1995). Mental rumination, social sharing, and the recovery from emotional exposure. En J. Pennebaker (Ed.), Emotion, disclosure, and health (pp. 271-292). Washington, D.C.: American Psychological Association.        [ Links ]

Rimé, B. (1997). Emotion et cognition. En J. P. Leyens & J. L. Beauvois (Eds.J, L'ére de la cognition (pp. 107-125). Grenoble: Presses Universitaires.        [ Links ]

Rimé, B., Finkenauer, C, Luminet, O., Zech, E. & Philippot, P. (1998). Social sharing of emotion: New evidence and new questions. En W. Stroebe & M. Hewstone (Eds.), European Review of Social Psychology, 8 (pp. 145-189). Chichester: Wiley & Sons Ltd.        [ Links ]

Rimé, B. (2007). The social sharing of emotion as an interface between individual and collective porcesses in the construction of emotional climate. Journal of Social Issues, 63(2), 307-322.        [ Links ]

Ruiz, J. I. (2007). Emotional climate in organizations: Applications in Latin-American prisons. Journal of Social Issues, 63(2), 289-306.        [ Links ]

Russell, J. A. (1991). In defense of a prototype approach to emotion concepts. Journal of Personality and Social Psychology, 60, 37-47.        [ Links ]

Sampedro, R. (1991). Evaluación del clima social en centros residenciales de menores. Tesis doctoral no publicada, Facultad de Psicología, Universidad de Deusto, Bilbao, España.        [ Links ]

Scherer, K. R. (1984). Emotions as a multicomponent process: A model and some cross cultural data. Review of Personality and Social Psychology, 5, 37-63.        [ Links ]

Scherer, K. R., Rimé, B. & Chipp, P. (1989). L'experience emotionelle dans la culture europeenne. En B. Rimé & K. Sherer (Eds.), Les emotions. Neuchatel: Delachaux-Niestlé.        [ Links ]

Scherer, K. & Wallbott, H. G. (1994). Evidence for universality and cultural variation of differential emotion response patterning. Journal of Personality and Social Psychology, 66(2), 310-328.        [ Links ]

Sears, D. O. (1983). The person-positivity bias. Journal of Personality and Social Psychology, 44, 233-250.        [ Links ]

Silva, M. (1992). El clima en las organizaciones: Teoría, método e intervención. Barcelona: PPU.        [ Links ]

Smith, C. A. & Ellsworht, P. C. (1985). Pattern of cognitive appraisal: Testing theoretical predictions across cultures. Cognition and Emotion, 11(2), 813-150.        [ Links ]

Diario Clarín (2006, 14 de febrero). Trabajo y delito, lo que más preocupa en la región (p. 25).        [ Links ]

Tran, V (1998). The role of emotional climate in learning organizations. The Learning Organizations, 7, 99-103.        [ Links ]

Turner, J. C. (1994). El campo de la psicología social. En J. F. Morales (Coord.), Psicología Social (pp. 3-21). Madrid: Me Graw Hill.        [ Links ]

Zajonc, R. B. (1984). On the primacy of affect. American Psychologist, 39, 117-123.        [ Links ]

Zubieta, E., Fernández, I., Vergara, A., Páez, D., Martínez, M. & Candia, C. (1998). Cultura y emoción en América. Boletín de Psicología Social, 61, 65-89.        [ Links ]

Correspondencia a: La correspondencia relativa a este artículo debe ser enviada a Elena M. Zubieta, E-mail: ezubieta@psi.uba.ar

Fecha de recepción: Marzo de 2007.
Fecha de aceptación: Enero de 2008.

Elena Mercedes Zubieta, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Argentina. CONICET.

Gisela Isabel Delfino, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Omar Daniel Fernández, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Argentina. CONICET