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Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe v.13 n.2 Santiago nov. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282004000200002 

 

PSYKHE 2004, Vol. 13, Nº 2, 17-28

ARTICULO

Relaciones Entre Psicología Social Comunitaria, Psicología Crítica y Psicología de la Liberación: Una Respuesta Latinoamericana

Relations Between Community-Social Psychology, Critical-Social Psychology, and Social Psychology of Liberation: A Latin American Answer

Maritza Montero
Universidad Central de Venezuela

Dirección para Correspondencia


En este trabajo se plantea la idea de que la psicología social comunitaria, la psicología social crítica y la psicología social de la liberación configuraron una forma de respuesta neoparadigmática (las dos primeras surgen en América Latina en los años 70, la tercera es delineada en los ochenta), concebida en función de las necesidades de las sociedades latinoamericanas, expresada en mutuas influencias. Para ello se realizó una investigación analítica y comparativa en literatura latinoamericana concerniente a las tres áreas, buscando las características identificadoras principales de esos movimientos, las similitudes y las diferencias. Los resultados aquí presentados muestran la influencia que ha existido entre los tres ámbitos y cómo se complementan, comparten fuentes, objetivos y conceptos.


In this paper it is argued that Community-Social Psychology; Critical-Social Psychology and, Social Psychology of Liberation configured a neo-paradigmatic (the two former being born in the seventies, the latter in the eighties) response to the problems and needs suffered by societies in Latin America, expressed through mutual influences between the three movements. To reach this conclusion an analytical-comparative research was carried out in the Latin American literature concerning the three areas, looking for the main characteristics identifying each one, for their similarities and their differences. The results show the influence between them, as well as similarities in sources, some objectives and concepts.


Del Por Qué de Este Estudio

El último cuarto del siglo XX y lo que va del XXI han visto surgir y desarrollarse en el campo psicosocial latinoamericano tres expresiones del quehacer, del cómo hacer y del pensar psicológicos. Las tres forman parte de la corriente mundial de transformación de la ciencia y son expresión del paradigma que hizo eclosión a partir de fines de los años sesenta1. Las tres presentan rasgos específicos propios de nuestro Continente y buscan dar respuesta a los problemas de las sociedades latinoamericanas. Me refiero a la psicología social comunitaria como ha sido desarrollada en nuestro ámbito; a la psicología social de la liberación que si bien responde a un espíritu del tiempo presente en muchas latitudes, nace con nombre y apellido en Centroamérica y a la psicología social crítica como es elaborada en estas tierras.

Si se ha trabajado en los tres movimientos, si se los ha observado de cerca o si se prefiere uno solo de ellos, parece inevitable darse cuenta de que hay elementos comunes a los tres. La explicación puede estar en el hecho de que los tres surgen en nuestra parte del continente a raíz de la crisis de la psicología y en particular de la psicología social, habida a finales de los años sesenta e inicios de los años setenta o como un efecto a las reacciones a esa crisis. Este origen ha sido dicho, discutido y reflexionado muchas veces en el primer campo: la psicología social comunitaria latinoamericana (López & Rivera Medina, 1992; Montero, 1980, 1982; Serrano-García, 1984; entre otros) y también desde el de la psicología social, tanto en una de sus versiones radicadas en América Latina (López, 1992; López & Zúñiga, 1988; Montenegro, 2002; Montenegro, 2004; Piper, 2002), como en la europea (Henriques, Hollway, Irwin, Venn & Walkerdine, 1984; Parker, 1989, 2002; Ibáñez, 1989; Walkerdine, 2002; Wexler, 1983), y en la canadiense (Prilleltensky & Nelson, 1997). Sin embargo, el por qué estos tres movimientos de ruptura con modos de hacer y de pensar el mundo dentro de la psicología se relacionan no pareciera haber sido objeto de estudio detenido. Y pareciera aceptarse que existe algo así como una forma de yuxtaposición coincidente, que repite, a veces con casi las mismas expresiones, las declaraciones de valores, la definición de conceptos y la exhortación a la praxis orientada en la misma dirección.

La relación entre esos tres modos de abordar la producción de conocimiento y su efecto sobre el medio social configura un modo de hacer psicología que, si bien ha trascendido el ámbito latinoamericano, está marcado por su origen no sólo geográfico sino sociocultural. Sin embargo, los aspectos epistemológicos, teóricos, metodológicos, éticos y políticos que lo orientan están tan entretejidos que la relación entre psicología comunitaria, tal como se la ha desarrollado en América Latina (donde parece predominar su expresión psicosocial)2, psicología social crítica y psicología social de la liberación, puede parecerse a la tarea de desenredar una compleja trama en la cual los hilos forman un todo que va más allá de los diferentes dibujos que lo integran.

Este trabajo, de carácter descriptivo, busca mostrar las relaciones, semejanzas y diferencias, entre estas tres expresiones. Para ello realicé un análisis de contenido comparativo, de obras en las cuales se ha definido y analizado en América Latina a esas tres corrientes. Las categorías que me permitieron establecer las comparaciones y relaciones fueron las siguientes: definición del área de conocimiento; influencias recibidas; principales conceptos utilizados; principios de base; métodos predominantes en su aplicación y orientación y fines. Los resultados de esa indagación se presentan a continuación y se inician con la contextualización y definición de las tres áreas mencionadas.

De la Psicología Social Comunitaria a la Psicología Social de la Liberación a Través de la Corriente Crítica

La ola neoparadigmática que se hacía sentir en todos los ámbitos de la ciencia, y cuyas ideas ya despuntaban desde fines de los cincuenta en nuestra parte del continente, irrumpió con fuerza a fines de los años setenta e inicios de los ochenta del siglo pasado. Y lo hizo así, tanto en el campo de las ciencias sociales como en el de las naturales, con efectos en las ciencias sociales y en particular, en América Latina, en la rama social de la psicología. En efecto, la psicología social respondió dando lugar primero (mediados de los 70) a una nueva expresión, la psicología social comunitaria, pronto constituida genéricamente como psicología comunitaria, puesto que también repercutió en otras áreas de la psicología. Esa psicología se definió desde sus inicios como el estudio de los factores psicosociales que permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambios en esos ambientes y en la estructura social (Montero, 1982).

Resaltaré en ella tres elementos que se pueden encontrar juntos o separados en otras definiciones producidas más adelante en los campos latinoamericano y anglosajón: el elemento poder y las relaciones de desigualdad que el mismo determina; la acción transformadora sobre el entorno, sobre la sociedad y sobre sí mismos llevada a cabo por (y este es el tercer aspecto), las personas que constituyen una comunidad. Estos elementos dieron lugar a una diferencia con el modo de hacer psicología social predominante hasta el momento y su puesta en acción se hizo a través de cambios metodológicos tanto en el rol de psicólogos como de los sujetos que hasta ese momento habían sido sólo objetos de estudio, y por ende cambió también las relaciones entre ambos.

Esto ocurría casi simultáneamente al movimiento crítico (inicios de los ochenta) y apenas poco más de una década antes que surgiese, en 1986, la psicología social de la liberación, que venía gestándose desde el comienzo de la década. Ese "espíritu del tiempo" que venía unido a la ya insoslayable necesidad de responder a las carencias y desigualdades de las sociedades latinoamericanas, es el primer punto en común en estos tres movimientos.

De la Crítica en Psicología

Orígenes

La corriente crítica de la psicología tiene dos orígenes. Uno generado en la práctica, que subvierte los modos de hacer y de pensar pero que no se nombra a sí mismo, surgido en América Latina bajo la influencia de ciencias sociales tales como la sociología llamada "militante" o "crítica" (Fals Borda, 1978), la educación popular freiriana y su área de influencia que incluye a sociólogos, antropólogos y educadores tales como Vio Grossi, Le Boterf, May, de Witt, entre otros (Vio Grossi, Gianotten & de Witt, 1981); la etnometodología, y algunas formas de antropología. En la psicología esta corriente encuentra expresión en la naciente psicología social comunitaria y en el movimiento llamado de "alternativas a la psiquiatría". Tales movimientos tienen lugar en América Latina a partir de mediados de los años setenta y si bien el segundo de los nombrados no pareció continuar más allá de mediados de los ochenta, la psicología social comunitaria sí se desarrolló primero como parte de la aplicación de la psicología social y luego como rama específica de la psicología, aunque siempre con un marcado acento psicosocial.

Otro origen comenzó a ser planteado en el campo de la psicología anglosajona a mediados de los sesenta (Brown, 1973) bajo el nombre de psicología radical. Tal psicología era radical en su crítica y en sus perspectivas sobre cómo intervenir no sólo en la relación con los individuos, sino también en la sociedad en la que tanto ellos como los psicólogos viven (Brown, 1973). Las influencias y principios que moldearon y expresan los objetivos de ese movimiento pueden verse en la Tabla 1.

Tabla 1
Características de la psicología radical (1970)


A partir de esos planteamientos ese movimiento va a evolucionar y a inicios de los años ochenta adopta el adjetivo crítica en su nombre. Tal tendencia buscaba fundamentalmente dar cuenta de las transformaciones que estaban ocurriendo en el campo de la ciencia y que no parecían ser aceptadas por las teorías entonces al uso. Sus primeras publicaciones también asumían una posición antipositivista y política en el sentido de denunciar las condiciones socioeconómicas y su efecto sobre el campo de la ciencia y la consiguiente interpretación y tratamiento de los fenómenos sociales. La obra de Wexler (1983), primera en usar el adjetivo crítica en su título, al igual que ocurrió también en los movimientos críticos desarrollados por las ciencias sociales latinoamericanas muestra la influencia marxiana, que en su caso se manifiesta en las categorías que la orientan y en las preguntas que dan lugar a su análisis: clase social, ideología y modo de producción. Como dicen los autores de otra obra pionera en ese ámbito: Changing the subject (Henriques, Hollway, Urwin, Venn & Walkerdine, 1984), había que dar cuenta de: a) los cambios en la concepción que del individuo y la subjetividad se tenía en la psicología hasta ese momento; b) las estrategias seguidas para producir esos cambios; c) la crítica a las relaciones entre la dualidad individuo-sociedad; d) la crítica a las prácticas de regulación y administración social perpetuadoras del statu-quo y a las alternativas a ellas que podría haber. Estos autores introducían ya la idea del carácter político que tales relaciones tienen y de cómo sería posible generar una política liberadora Henriques, Hollway, Urwin, Venn & Walkerdine, 1984, p. 3) que se opusiera a las formas opresoras existentes en la psicología de la época como era producida en el mundo anglosajón.

Del Ser y Ámbito de la Crítica

Si algo parece fácil de hacer pero difícil de definir es la condición crítica. ¿Qué es lo crítico? ¿Por qué algo recibe el calificativo de crítico? Esta dificultad se plantea con tanta más urgencia cuando en las ciencias sociales y en particular en la psicología, como se ha dicho, desde la segunda mitad de la década del sesenta se venía planteando la existencia de una corriente crítica que hace sentir su influencia en todas las áreas de la disciplina. Y como ha ocurrido antes con los adjetivos "científico", "artístico", "verdadero", "auténtico", "revolucionario" y algunos otros más que concentran en sí la deseabilidad social de una época y que por ello han sido cargados de un peso semántico positivo, la palabra "crítica" aparece en los más variados contextos no sólo como calificativo legitimador de lo que se presenta bajo su denominación, sino también como justificación global o como condición teórica, metodológica o epistemológica, suficiente para obviar la necesaria demostración de lo que se quiere demostrar.

Y al mismo tiempo y a pesar de ese uso desenfadado del término, hay una corriente crítica en la psicología que haciéndose sentir en muchos campos psicológicos ha dado interesantes frutos. Un análisis de esa difícil condición de lo crítico permite resaltar los siguientes aspectos, que elaboro a partir de Montero y Fernández Christlieb (2003; 2004):

1. Crítica es un sustantivo que se origina del término crisis, el cual proviene del griego krisis/eos, que significa la acción o facultad de elegir, distinguiendo y para ello separando unas cosas de otras. Esto indica que desde su origen está presente la disyuntiva en la elección de cuál camino u objeto tomar; lo cual muestra que hay crítica cuando se reconoce que las cosas no son de una sola manera sino que pueden tener varias facetas o posibilidades. Es decir, cuando se parte del carácter complejo de los hechos.

2. En psicología la crítica significa someter a análisis las teorías, conceptos y perspectivas aceptadas como explicaciones últimas de los fenómenos psicológicos, develando sus contradicciones, sus lagunas, sus incoherencias y debilidades, así como también sus fortalezas. Y logra su objeto al mostrar los agujeros en la trama teórica o metodológica, la ausencia de fundamentos y la condición argumentativa que puede estar sosteniendo una posición (Lira, 2002). Y al hacerlo genera lo que ha sido llamado un "clima de perturbación" (Stainton Rogers & Stainton Rogers, 1997) que expone al objeto criticado. Razón esta que altera o molesta.

3. Lo cual a su vez revela otra condición de la crítica: reconocer y someter a juicio las formas más o menos obvias, más o menos sutiles, en las cuales se ejercen relaciones de poder que suelen excluir explicaciones alternativas o posiciones divergentes. O bien los modos en que teorías y prácticas mantienen un statu-quo injusto (Lira, 2002; Prilleltensky & Fox, 1997). Y al hacer esto la crítica debe ser también "crítica de sí misma" (Montero & Fernández Christlieb, 2003). Es decir, debe señalar de dónde parte y por qué lo hace así; mostrar sus sesgos y tendencias en lugar de presentar el aspecto defendido como si fuese el único o fuese la norma a seguir.

4. El carácter inevitable de la crítica. Siempre habrá crítica a pesar de lo mal que muchas veces pueda ser recibida. Eso le confiere el carácter de "fatalidad de la vida cotidiana" (Montero & Fernández Christlieb, 2004), condición que la une a la ciencia, donde como bien nos lo enseñaron en las aulas universitarias y lo muestra su historia, no existe el principio de autoridad. Las "verdades" de la ciencia lo son sólo hasta prueba en contrario. Y eso es la crítica: la prueba de que las cosas pueden ser de otra manera, que pueden ser de forma distinta a la reconocida o establecida. La crítica entonces es el haz de luz que enfoca lo que está a oscuras; la compuerta que se abre o se cierra; la señal que indica calle ciega o vía libre y tiene la fatalidad de lo molesto e inevitable que transforma el mundo y lo hace diferente.

5. Lo crítico es cambiante. El mundo que cambió deviene natural y habitual y será de nuevo objeto de crítica. La crítica entonces no tiene contenido ni forma predeterminados. Es inesperada y aunque se la intente reprimir, como el agua, encontrará siempre una vía para fluir y pasar.

6. La crítica no es en sí ni buena ni mala. Es necesaria para cambiar las cosas. Al igual que las teorías, los métodos y el conocimiento en general, puede ser usada con los más variados designios, pero siempre mostrará las debilidades y fortalezas de lo criticado y de quien critica.

7. El movimiento crítico expresa la tesis monista de que el conocimiento no es un reflejo objetivo de la realidad sino que está marcado por las condiciones históricas de su producción, de las cuales forma parte.

En definitiva, la crítica subvierte el modo de ver las cosas; desencaja los mecanismos de poder que sostienen posiciones establecidas y abre nuevas perspectivas al conocimiento. Ella es parte de la complejidad del mundo, usualmente tan difícil de aceptar. Y en tal sentido la crítica es liberadora. Libera de formas y modos establecidos como los únicos que permiten comprender el mundo, explicar nuestro entorno y que mantienen ciertas jerarquías y relaciones basadas en la desigualdad y en la sumisión. Por esa razón coincido con la advertencia que hace Spears (1997), respecto de no ver la crítica como algo unido a las escuelas o a movimientos de denuncia tales como el de las limitaciones del positivismo o del construccionismo social; o la defensa de la democracia y condena de la opresión; o el cualitativismo. No porque ellos no hayan sido críticos (y mucho), sino por la sencilla razón de que la crítica no pertenece a un continente sustantivo determinado, sino que puede estar en todas partes y porque sería cuando menos ingenuo creer que porque tales movimientos irrumpieron críticamente en las ciencias, cualquier manifestación que se declare construccionista, o antipositivista, o cualitativista, o democrática, es crítica per se. Allí se acabaría la crítica y empezaría la dominación sin fundamento.

La crítica es entonces parte inherente al carácter científico de una disciplina, pues ella ayuda a trazar la línea que separa el conocimiento de la ciencia, del saber revelado o de la fe ciega. Es ella la que impide que el conocimiento producido en un determinado momento se convierta en dogma. En tal sentido la crítica es una condición de la libertad.

Crítica, Ética, Psicología Social
Comunitaria y Liberación

¿Cómo determinar el carácter crítico de un campo, de una posición, de una teorización o de una investigación psicológicos? La praxis y los valores de la psicología social comunitaria y los postulados de la psicología social de la liberación, nos indican que el valor de la crítica reside en su capacidad de mostrar alternativas; de reconocer y traer a primer plano la diversidad de los actores sociales intervinientes en las situaciones sociales y de señalar la relación existente entre los fenómenos sociales y el contexto o situación en que se dan, algo que si bien a estas alturas puede sonar como un truismo por ser parte del conocimiento del sentido común, no es menos cierto que en tanto que tal, ha devenido al mismo tiempo en un concepto vacío. Insistir en esa relación muestra el carácter holista de los fenómenos sociales que tiende a ser dejado de lado al fragmentar los fenómenos sociales para su estudio.

Así como se ha hablado en la literatura de una "actitud" y también de una "conciencia" críticas, el examen de lo que ha sido definido como tal puede servirnos para si no precisar, al menos si reconocer la presencia de la crítica en la posición ético-política-científica asumida por quienes la formulan. Martín-Baró consideraba, coincidiendo con lo que plantea la psicología social comunitaria y que es un legado de Freire y de Fals Borda, que los psicólogos deben tener un compromiso crítico con las personas con las cuales trabajan. Como bien lo plantean Lane & Sawaia (1991), desde una perspectiva gramsciana, ser críticos significa ser capaces de ver lo que de ideológico puede haber en el sentido común de aquellos con quienes trabajamos. Y como es posible observar en el trabajo comunitario, el poder y la sumisión pueden manifestarse en el seno de las comunidades generando desigualdades y privilegios en función de intereses particulares y en desmedro de los colectivos (Montero, 1999, 2003).

Otros indicadores presentes en los investigadores o en los interventores sociales y psicosociales comunitarios son la reflexividad, es decir, la capacidad de examinar constantemente lo que hacen, de abrir procesos de reflexión sobre su quehacer, compartidos con todas las personas que como colaboradores, co-autores o cualquier otra forma de actoría social, han participado en el proceso. Así como la capacidad de responsabilizarse por lo que están haciendo, rechazando las formas tradicionales de escudarse detrás de la presentación impersonal de los datos, análisis, discusión y entrega de resultados de investigación o de informes técnicos (que sin embargo, no excluye la asunción de la autoría de los mismos, al menos en cuanto a sus beneficios académicos e intelectuales).

Y también la presencia de la duda metódica, que recomienda asumir las certezas dentro del límite de lo que Ibáñez (1989) ha llamado "verdades prácticas", que sirven como puntos de apoyo para formular hipótesis o construir interpretaciones, siempre presentadas como tales. La certeza considerada como una "verdad de corto plazo" (Montero, 1999), que dura tanto como lo permiten las pruebas habidas hasta el momento.

A esto se une la motivación hacia la transformación social definida por y desde las personas que la necesitan y dirigida a beneficiar a las comunidades o a otros grupos sociales, en la medida en que permite su acceso a los bienes sociales y a la generación de los mismos, disfrutando del nivel de beneficios considerado como deseable entre las sociedades humanas y teniendo la capacidad para elevarlo. En esta posición se incluye las acciones y reflexiones destinadas a combatir las formas desiguales del poder y a eliminar las expresiones de injusticia y de opresión, respecto de las cuales se busca liberar a los grupos e individuos sometidos a ellas. Esto a su vez, supone una posición ética en cuanto al respeto del otro aceptado en su diversidad; epistemológica, en el sentido de reconocer a ese otro como un productor de conocimientos, y política, por cuanto se deben reconocer los derechos individuales y colectivos de las personas con las cuales se trabaja y a quienes se estudia.

Al respecto es conveniente analizar las cinco preguntas dirigidas tanto a la psicología social comunitaria como a la psicología social crítica, que plantean Prilleltensky y Fox (1997), pues sus respuestas nos podrían permitir reconocer el carácter crítico (o su ausencia) en una situación psicológica. Esas preguntas son:

1. ¿Se está promoviendo el statu-quo de la sociedad en la cual se está realizando la investigación o intervención? La promoción del statu-quo en la medida que busca conservar un estado de cosas, tiende a eliminar las críticas. Y ahogar los aspectos críticos es una de las formas de expresión del autoritarismo y de sus abusos de poder, que comienzan por eliminar las disensiones en un campo específico y terminan suprimiendo todo aspecto crítico, inclusive con desaparición física de quienes los plantean. En el aplanamiento de la opinión pública y en el rechazo a la diversidad se reconocen el autoritarismo y el ejercicio abusivo del poder.

2. ¿Se promueve la justicia o la injusticia social en esa investigación o intervención? Esto puede definirse si nos hacemos otras preguntas complementarias que ya han sido hechas antes en la literatura de las ciencias sociales (Fals Borda, 1970/1981), tales como: ¿A quién o a quiénes beneficia lo que se está haciendo? ¿Se escucha a los supuestos beneficiarios de ese trabajo? ¿Se considera que también ellos tienen algo que decir, y hay el espacio y el tiempo para que lo hagan? ¿Se toma en cuenta y se discute seriamente lo que ellos dicen?

3. ¿Hay conciencia de las repercusiones sociales de las prácticas y teorías del campo, o se desentiende ese campo de sus efectos negativos potenciales? Esta es una pregunta que exige un examen crítico de lo que se está haciendo; de los conceptos y explicaciones a los cuales se acude para explicar o interpretar lo que se investiga; de los métodos empleados para hacerlo; así como de las reacciones, alcances y limitaciones que puede tener la tarea que se realiza.

4. ¿Hay declaración explícita de los valores que se asumen al realizar una investigación o una intervención, por parte tanto de teóricos y de practicantes, o asumen que lo que hacen está libre de valores? La respuesta en este caso nos debe indicar si las personas que llevan a cabo un estudio expresan sus sesgos, sus tendencias, sus creencias y su compromiso con determinadas posiciones no sólo teóricas, sino políticas, religiosas y en general aquellas que son fundamentales en la orientación de nuestra conducta.

5. Complementando la pregunta anterior, aparece esta: ¿Cuáles son los compromisos culturales, morales o de valores y cómo afectan ellos las críticas que se hacen? Este aspecto es muy importante por cuanto muchas veces los sesgos de nuestros estudios se deben a ese tipo de compromisos que pueden haber sido adquiridos muy temprano en nuestras vidas y pueden derivarse de pautas de socialización ligadas a la nacionalidad, a la religión, a la etnia, a una época o a la situación de clase. Su expresión puede explicar el por qué de ciertas ideas, tanto para mantenerlas como para condenarlas, e incluso la elección misma del tema de investigación puede depender de tales compromisos.

Como se puede ver, el valor de dichas preguntas no reside sólo en las posibles respuestas, las cuales van más allá del cómo hacer, indagando en el por qué hacer. Reside también en que abordan la dimensión ética y colocan al sujeto cognoscente, sea un agente externo de investigación o intervención comunitaria, o de intervención liberadora o crítica (o todo ello unido), ante la necesidad de elegir entre una posición ética o no ética, definiendo así su posición política (tanto en sentido amplio como en el partidario-restringido), pues allí se define cuál es y con quién es su compromiso.

De la Liberación en Psicología

Origen y Desarrollo de la Corriente Psicosocial de la Liberación

La idea de liberación unida a la de transformación social comienza a rondar el campo de la psicología en general, a inicios del último tercio del siglo XX. Está presente en los trabajos iniciales de Fals Borda, a fines de los años cincuenta y en los planteamientos que junto con otros sociólogos fueron hechos desde el grupo La Rosca, a inicios de los setenta (Jiménez, 1990). Es planteada explícitamente por Paulo Freire (1964, 1970), quien hace de ella la finalidad fundamental de su obra y crea modos y vías para alcanzarla que han marcado las ciencias sociales. Asimismo, es mencionada en el campo anglosajón en algunos de los trabajos que inician la corriente de la psicología crítica (ver supra). Pero quien genera la idea de una psicología social de la liberación, es Ignacio Martín-Baró quien desde El Salvador, en 1986, propone en un artículo del entonces Boletín de Psicología de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas", que la psicología latinoamericana debería tener como meta la liberación. En ese artículo, Martín-Baró analizaba el contexto sociopolítico y económico que planteaba su necesidad y formulaba tres aspectos que deberían caracterizarla:

1. Propiciar una forma de buscar la verdad desde las masas populares. Lo cual puede interpretarse como buscar a Dios, buscando al prójimo necesitado, ya que agregaba inmediatamente que en la voz de las masas populares es dónde se puede oír la voz de Dios.

2. Crear una praxis psicológica para la transformación de personas y sociedades a partir de sus potencialidades negadas.

3. Descentrar la atención del status científico de la psicología de sí misma, para dedicarse a resolver los problemas de las mayorías latinoamericanas oprimidas.

Estas tres ideas-impulso son ampliadas (sobre todo la primera) en conferencia dictada en 1987 en Costa Rica, repetida en 1989 en Guadalajara, México (Martín-Baró, 1990). Y después de un período de latencia de casi diez años, durante el cual se publicó poco pero se trabajó en la práctica, la psicología de la liberación, no ya como idea sino como corriente en acción hizo irrupción con fuerza en América Latina, desarrollando tanto ideas como modos de llevarlas a cabo. En la Tabla 2 se presentan las ideas liberacionistas planteadas por Martín-Baró, así como las influencias presentes en ellas cuyas raíces se remontan a las tendencias críticas de las ciencias sociales latinoamericanas (Educación popular freiriana y sociología crítica).

La psicología social de la liberación, complementa su carácter liberador con la perspectiva crítica de sí misma en tanto que modo de producción de conocimiento y fuente de impulso para el cambio social. El aspecto crítico se manifiesta en el carácter reflexivo (auto y heterorreflexivo), el cual incorpora un continuo escrutinio de su quehacer, de su cómo hacer y de sus efectos; así como también en el rechazo liberador de cualquier forma asimétrica del poder. Los objetivos más importantes por los cuales suele ser reconocida esa corriente son:

1. Cambios sociales surgidos desde la base de la sociedad: desde los oprimidos, excluidos y menesterosos.

2. Crear una psicología popular, recuperando el carácter histórico de nuestros pueblos y el saber popular de los mismos.

3. Carácter democrático y participativo de las relaciones inter e intra grupales. Búsqueda de democratización de la sociedad. Fortalecimiento de la democracia.

4. Concientización de la población.

5. Fortalecimiento de la sociedad civil. Participación y responsabilidad crecientes de las comunidades en las decisiones sobre su entorno, su bienestar y su calidad de vida.

6. Solidaridad social.

Sobre el Concepto de Liberación

El concepto de liberación como ha sido planteado en la psicología coloca su base de acción en las víctimas de opresión, en quienes sufren carencias, en quienes han sido excluidos de los bienes sociales y de los servicios originados en ellos, de las decisiones que les conciernen, del concierto de voces que son escuchadas en la sociedad. La liberación se plantea como el rescate del potencial de recursos que esas personas tienen para lograr transformaciones, muchas veces invisibles para ellas mismas debido a condiciones históricas, culturales y sociales. Y debe ser entendida como una corriente teórico-práxica en la psicología, como un proceso democratizador y fortalecedor de carácter ético-crítico y democrático. Por tal razón, trata con gente a la cual escucha y con la cual dialoga y cuyas condiciones sociales de vida y acción busca cambiar a través de la activa participación ciudadana de esas personas, consideradas como sujetos activos, dinámicos, constructores de su realidad y por lo tanto agentes fundamentales de su transformación. Esta definición del sujeto social venía siendo planteada por la psicología social comunitaria latinoamericana desde mediados del siglo XX y es una de las banderas de la psicología crítica. Recordemos en ese sentido el provocativo título del libro de Henriques, Hollway, Unwin, Venn y Walkerdine (1984) Changing the subject, que puede significar tanto "cambiar al sujeto", como "cambiar de tema", dos aspectos que los autores discuten en este mismo sentido.

Psicología Comunitaria, Psicología de la Liberación, Psicología Crítica: Tres Expresiones de un Movimiento Complejo

Psicología comunitaria, carácter crítico y orientación liberadora pueden considerarse como expresiones de una misma conciencia: la conciencia de la necesidad de responder efectiva y legítimamente a las necesidades de sociedades cuyo destino histórico debe trascender la pobreza, la sumisión y la ignorancia. Si se hace una comparación entre estas tres respuestas a los problemas de nuestras sociedades veremos que hay no sólo coincidencias, sino que entre los tres movimientos ha habido vasos comunicantes. En la Tabla 3 se presenta una comparación entre las ideas o propuestas principales de la psicología social latinoamericana, de la psicología social crítica y de la psicología social de la liberación, a partir de las categorías de análisis antes mencionadas, en el cual se pueden ver las coincidencias y zonas de influencia entre unas y otras.

Un Haz con Tres ramas: Tres Modos de Hacer Psicología Socialmente Sensible

Las tres expresiones de la psicología latinoamericana que fijan su ámbito de acción en los problemas sociales de esta parte del continente se caracterizan por generar una práctica transformadora, que va más allá del mero ejercicio intelectual, creando así una praxis. Esto es, práctica reflexionada que genera teoría, que al ser reflexionada induce e informa a la práctica en un movimiento no sólo dialéctico, sino como bien lo propone Dussel (1973, 1998), analéctico, puesto que incluye el saber y la acción de los que no conocemos, de lo que viene de otros lugares hasta entonces no vistos, no aceptados, o definidos y categorizados a imagen y semejanza del sistema de investigación dominante.

Esta perspectiva analéctica es colocada en situación por la psicología social comunitaria que la introduce en la acción social mediante el enfoque dialógico en el cual se expresa el carácter liberador introducido por la psicología social de la liberación. A su vez la analéctica, al permitir el acceso de esos otros que introducen la diversidad, lo inesperado, lo distinto de la otredad, impide la cristalización de las ideas y conceptos y la ritualización de las acciones. La psicología social de la liberación subraya el carácter político de la praxis psicosocial que se venía realizando y le fija tareas específicas a cumplir. La condición crítica es un requisito fundamental tanto en el trabajo psicosocial comunitario como en el enfoque liberacionista, pues tanto el uno como el otro en la medida en que son modos alternativos de acción política corren el mismo peligro del cual tratan de proteger a los grupos sociales con los cuales trabajan: la ideologización y la alienación. No por tener un título de psicólogos o de ser catedráticas de psicología se escapa a las presiones de las tendencias políticas presentes en las sociedades en las cuales vivimos. Y es fácil confundir los intereses de partidos políticos con los intereses políticos de los grupos que reclaman la transformación de su entorno y de sus vidas. Las viejas formas opresoras están también allí presentes, prestas a justificar, ocultar e imponer puntos de vista contrarios a la voluntad popular. La reflexión crítica abierta, libre y plural, que escucha muchas voces y respeta a esos otros de quienes parte, es un buen antídoto contra tales males.

¿Escapan estas corrientes de las influencias del ambiente sobre el cual pretenden influir? Ciertamente no. La institucionalización ha ido cerrando el paso a la espontaneidad (Krause, 2002; Piper, 2003); las ideas autoritarias también saben ponerse la capa de la liberación y la crítica puede ser un ejercicio inútil al adaptarse a las ideas dominantes condenando lo juzgado condenable. Pero esas son las condiciones en las cuales se ha desarrollado toda ciencia. Lo interesante es que bajo tres nombres distintos, en tres vertientes aparentemente separadas, encontramos no sólo vasos comunicantes sino francas similitudes, que muestran una corriente en acción.

La relación entre las tres tendencias descritas presenta vía para hacer una psicología autóctona, pero no encerrada, que a la vez dice al mundo y lo escucha. Una psicología que al responder a los problemas de las comunidades en las sociedades latinoamericanas afligidas por la desigualdad y la opresión, contribuye a desarrollar ciudadanos conscientes de sus deberes y de sus derechos, así como al reflexionar críticamente sobre sus actos y sobre los resultados de los mismos, sobre sus motivaciones y sobre sus compromisos podría estar contribuyendo también a la transformación de estas sociedades, fijando el rumbo hacia formas de desarrollo ecológicamente viables y humanamente deseables.

Notas

1 Hago referencia, como tantos otros autores contemporáneos (Martínez, 1993; Munné, 1994, 1995; Parker, 1989, para citar sólo psicólogos) a un cambio de paradigma pues hubo el reconocimiento de modos diferentes de conocer, de explicar y de interpretar al mundo y a las relaciones que los individuos tienen con él y en él.

2 En América Latina se habla tanto de una psicología social comunitaria como de psicología comunitaria a secas. La primera fue la pionera y ha tenido un importante desarrollo en esta parte del continente, incluyendo sub-ramas tales como la ambiental-comunitaria. La segunda incluye las formas tradicionales de aplicación y en los últimos años (1990 en adelante) ha comenzado a desarrollar creativas sub-ramas de interés tales como la clínica-comunitaria.

Referencias

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Correspondencia a: La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida a la autora, a Apdo. 80394. Prados del Este. Caracas, 1080-A. Venezuela. E-mail: mmontero@reacciun.ve

Maritza Montero, Facultad de Psicología.