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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.44 Osorno jul. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012017000100105 

ARTÍCULO

AMALFITANO O LA ROSA ILIMITADA DE LOS VIENTOS: LA NACIÓN IMAGINARIA EN LOS SINSABORES DEL VERDADERO POLICÍA , DE ROBERTO BOLAÑO

Amalfitano or The Unlimited Wind Rose: the imaginary nation in Los sinsabores del verdadero policía, of Roberto Bolaño

Samir Said Soto* 

*Universidad de Playa Ancha, Doctorado en Literatura Hispanoamericana Contemporánea, Av. Playa Ancha 850, Valparaíso, Chile. ssaidsoto@gmail.com

Resumen:

El presente estudio intenta demostrar que mediante la novela Los sinsabores del verdadero policía (2011), Roberto Bolaño construye una alegoría de las fisuras que se provocan en las tramas simbólicas de la geografía global mediante la figura de su protagonista Oscar Amalfitano. A partir de este personaje en constante tránsito por distintos territorios, el autor deja en evidencia la situación diaspórica de un sujeto que representa el conflicto de aquellos individuos que traspasan las fronteras establecidas en la lógica del mapa trazado por Occidente, constituyendo así una transgresión de la propia configuración identitaria nacional. Desde este enfoque, se propone la figura de Amalfitano como el sujeto que deconstruye la idea eurocéntrica de la “rosa de los vientos” y permite apropiarse de esta misma noción para generar un juego casi “archimboldiano”: el origen de una “rosa ilimitada de los vientos”.

Palabras clave: Nación; identidad; cartografía; territorio; líneas de fuga.

Abstract:

The present study attempts to show that through the novel Los sinsabores del verdadero policía (2011), Roberto Bolaño constructs an allegory of the cracks that are caused in the symbolic frame of global geography through the figure of its protagonist, Oscar Amalfitano. From this character in constant transit through other territories, the author shows clearly the diasporic situation of a subject that represents the conflict of individuals who cross borders established in the logic of the map drawn by the West, thus constituting a violation of the configuration of national identity itself. In this approach, the figure of Amalfitano as the subject that deconstructs the Eurocentric idea of wind rose and allows the appropriation of this notion to generate an almost "archimboldiano" game: the origin of the the unlimited wind rose.

Key words: Nation; identity; cartography; territory; vanishing points.

A caminar, entonces, latinoamericanos

A caminar a caminar

A buscar las pisadas extraviadas

De los poetas perdidos

En el fango inmóvil

A perdernos en la nada

O en la rosa de la nada

Roberto Bolaño, Los perros románticos

Existe un elemento en común que puede aunar las obras de Roberto Bolaño en cuanto a sus temáticas, este elemento es el del viaje. El viaje es evidenciado en este autor bajo distintas dinámicas de movimiento de los personajes, los que a su vez van construyendo el universo de su novelas como una especie de “mapa imaginario”.

Es así como en varias novelas del autor podemos constatar la presencia de protagonistas que, por una razón u otra, deciden emprender un viaje para subsanar sus circunstancias. Es el caso de Oscar Amalfitano, personaje que además de transitar por distintas latitudes territoriales, también ejecuta un desplazamiento intertextual desde una novela a otra del mismo autor (el personaje también figura en 2666).

Para el caso de esta propuesta, interesa la figura de Amalfitano como un personaje que demuestra la transgresión del concepto de Nación impuesto bajo la lógica eurocéntrica. Respecto de este concepto, Balibar y Wallerstein en Raza, nación y clase mencionan que:

[…] consiste en creer que las generaciones que se suceden durante siglos en un territorio más o menos estable, con una denominación más o menos unívoca, se transmiten una sustancia invariable. Consiste también en creer que esta evolución, cuyos aspectos seleccionamos retrospectiva de forma que nos percibamos a nosotros mismos como su desenlace, era la única posible, representaba un destino. Proyecto y destino son las dos figuras simétricas de la ilusión de la identidad nacional (136).

Me sirvo del último alcance hecho por los autores en su definición, ya que se contempla la noción de “identidad nacional”, idea que en este trabajo representa un punto de encuentro entre otros términos que más adelante trabajaré. Por otro lado, Benedict Anderson en Comunidades imaginadas define nación de la siguiente manera: “[…] una comunidad política imaginada como inherente limitada y soberana” (23); es interesante esta definición al considerar la impronta que Anderson le asigna a los cuatro términos que rigen su definición (comunidad, imaginada, limitada, soberana). Ahora bien, Ignacio Álvarez se apropia de la definición de Anderson y la complementa señalando que:

[…] la nación se construye como artefacto cultural y no como sentimiento, principio espiritual (en palabras de Renan) o fatalidad. El sentimiento, el principio espiritual o fatalidad son eventuales contenidos de lo nacional -imaginados a posteriori como eternos o naturales- y nunca su definición esencial (27-28).

De este modo, la idea de Álvarez es la que más se acomoda a la intención del trabajo que pretendo establecer para situar el concepto de Nación como una construcción cultural, y desde esta perspectiva hacer las consideraciones necesarias para el análisis mismo. Se concibe así, para los efectos de este análisis, el cuestionamiento de una cartografía que impone sus construcciones imaginarias mediante la idea de frontera.

Esta normativa cartográfica, paradójicamente, ejerce un vacío que permite la transgresión bajo sus propios cimientos políticos e ideológicos. Desde esta fisura se genera un movimiento diaspórico que anula las fronteras imaginarias y permite dilucidar también que el principio de identidad que nace de la construcción de una “comunidad imaginada”(1) está determinado por el movimiento constante y las dinámicas de quienes ejercen y transgreden su lógica.

Desde tal perspectiva, la novela Los sinsabores del verdadero policía nos presenta un Amalfitano que se mueve y transita por distintos territorios debido a circunstancias que lo determinan y que a su vez desencadenan un conflicto identitario: “[…] yo que vi a mi hija sonreír en Argentina y gatear en Colombia y dar sus primeros pasos en Costa Rica y luego en Canadá, de universidad en universidad, saliendo de los países por cuestiones políticas y entrando por imperativos docentes […]” (Bolaño, Los sinsabores, 43). De esta manera, en la novela se produce un efecto que nos demuestra que mediante las normas occidentales el personaje queda fuera de todo proyecto nacional: se produce una situación de “desterritorialización”. El término es acuñado por Deleuze y Guattari en su obra Mil mesetas para referir que:

[…] En un libro, como en cualquier otra cosa, hay líneas de articulación o de segmentaridad, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y de desestratificación. Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contario, de precipitación y de ruptura […] Las multiplicidades se definen por el afuera: por la línea abstracta, línea de fuga o de desterritorialización según la cual cambian de naturaleza al conectarse con otras (9-14).

Los autores elaboran la imagen de un rizoma con el que se articulan estas líneas de fuga o desterritorializaciones, estas además vendrían a ser absolutamente plausibles en el tejido “orgánico” de esta novela por medio de Amalfitano, quien se configura como una especie de trashumante sin rumbo fijo que provoca la fisura en las fronteras concebidas y ancladas en las ideas de “desarrollo y progreso” del hombre moderno.

Ahora bien, para situar la novela de Bolaño es preciso decir que es una obra poco estudiada desde la academia, sin embargo, aquello no dificulta encontrar ciertos referentes en la web mediante reseñas y comentarios que figuran en páginas especializadas de literatura. Entre ellas está Patricia Espinosa, quien considera sobre todo la apuesta estética del autor en el texto:

Una propuesta de novela que desarrolla la idea de mundos posibles o paralelos, con lo cual subvierte la causalidad, desplegando una narración múltiple e infinitizada; por tanto, ni un original y su reflejo, ni un antes ni un después: solo ficciones que se espejean y bifurcan incesante, convirtiendo todo en un devenir alucinante de variaciones, desviaciones y mutaciones, que ninguna muerte, dogma, racionalidad o definición conservadora de novela pueden detener (en línea).

Por otro lado también, en la página www.letrasenlinea.cl se encuentra una reseña titulada “El lector tras la pista: sobre ‘Los sinsabores del verdadero policía’”, de Roberto Bolaño, de Nicolás Lazo, quien hace mención al rol activo que debe jugar el lector en la novela. Asimismo, parece interesante la opinión de Ignacio Echevarría, quien en un diario local español afirma que Los sinsabores no sería una novela, sino un proyecto escritural(2).

Otros estudios que, aunque no han abordado esta misma novela de Bolaño, también guardan sintonía con la propuesta presente en torno a los tópicos de identidad, viaje y desarraigo, constituyendo un amplio repertorio de referentes que estudian su narrativa. En “Bolaño en el camino: Viaje como búsqueda de identidad en Los detectives salvajes”, por ejemplo, Gustavo Herrera López señala que la novela sería un cúmulo de periplos donde se busca una identidad negada. Del análisis de la misma novela, Jorge Sánchez Noguera propone en “En busca de una ética literaria y vital del desarraigo en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño”, que a partir de la condición de exiliados de los personajes es posible asumir desde las propuestas de Zygmunt Bauman(3), esto es, que Bolaño intenta plantear el quiebre de los discursos de las utopías revolucionarias latinoamericanas que han pretendido la consolidación de cambios en el colectivo social, demostrando por último que lo que queda de aquello es la fragmentación de los sujetos debido a los efectos de la posmodernidad. Por último, el mexicano Cristián Ochoa Ávila en el libro de ensayos Detectives distantes. Narrativa y exilio en la obra de Roberto Bolaño, somete a análisis a los textos bolañianos mediante tópicos como literatura y exilio, desde los que el crítico plantea como hipótesis que en la obra del chileno existe una estrategia palimpséstica de escritura.

Considerando estos referentes que no dejan de ser pertinentes para el presente artículo, quisiera detenerme ahora en las observaciones de Macarena Areco al interpretar el concepto de desterritorialización señalado antes, ya que desde este punto, la autora enmarca ciertos textos narrativos con los que genera una “cartografía” que permite entender su relación con el tópico del desarraigo, asunto que es fundamental para entender Los sinsabores y así situarla en un contexto. Según la estudiosa, en aquellas novelas se evidencian personajes que son desterritorializados en al menos tres sentidos: “uno realista, uno figurado y otro fantástico” (Areco, 90).

Siguiendo con este planteamiento, en el prólogo de la novela, Juan Masoliver Ródenas habla acerca del carácter itinerante de la escritura de Bolaño, una escritura que, marcada por lo fragmentario y la provisionalidad, “[…] resulta siempre enorme clara y sin embargo está escrita desde las zonas más oscuras (el sexo, la violencia, el amor, el desarraigo, la soledad, las rupturas) del ser humano […]” (Bolaño citado en Masoliver).

Según lo que plantea Masoliver, la novela de Bolaño se inscribiría en el primer sentido mencionado por Areco: el realista, ya que en Los sinsabores Amalfitano es un errante que está exigido a desplazarse por el globo, y su identidad entra en conflicto cada vez que atraviesa el mapa de la Nación.

Por otro lado, Areco señala en su texto, además, que: “Las identidades pueden variar al modo de una posta o de un aleph que las incluye” (91). Lo primero es lo que sucede a Amalfitano: el personaje está determinado a ser exiliado debido a su carácter disidente frente a la lógica dictatorial, pero se transforma en un exiliado que no tiene un lugar definido donde asentarse, ya que su disidencia va cambiando también en relación con otros sucesos que lo marcan, por tanto su situación de exilio es constante, se establece una especie de posta entre un desplazamiento y otro:

A veces Amalfitano se veía a sí mismo como el príncipe de Antioquía o el nostálgico caballero de Tiro, el rey de Tarso o el señor de Éfeso, ciudades y aventureros de la Edad Media que alguna vez leyera o mal leyera, con idéntico entusiasmo en todo caso, un señor cristiano y desdichado en medio de bataholas y exilios y confusiones sin cuento […] (142).

Los sinsabores puede ser leída, entonces, como una alegoría de las fisuras que se generan en la cartografía de la Nación mediante las líneas de fuga que provoca su personaje protagónico, Oscar Amalfitano. Estas líneas de fuga permiten replantear la idea de la construcción identitaria de un sujeto que no requiere de la normativa cartográfica que establece un territorio, sino más bien que se genera y complementa mediante un acervo transcultural.

Líneas de fuga o fugaces lineamientos

En la novela, la cartografía del mapa es invalidada por Amalfitano. Los desplazamientos por los recovecos del globo, que han sido una constante en su vida, generan entre él y su hija un espacio neutro en el que se produce de manera simultánea un in between hermético frente al imaginario elaborado por lo exógeno a este espacio mutuo: “A su manera, padre e hija parecían vivir en otro mundo, un mundo hechizado, provisional y feliz” (Bolaño, Los sinsabores, 155). Este rechazo a la normativa del territorio es una escapatoria cronotópica que se asume como consecuencia de los mismos desplazamientos del personaje.

En esta novela la vida en movimiento constante es la metáfora del desarraigo. Bolaño introduce una temática que requiere ser atendida considerando los pormenores del curso de aquella Historia que ha repercutido en la subjetividad de un sujeto alienado por la dictadura, situación que, en términos de Avtar Brah, nace mediante la búsqueda de otro lugar donde echar raíces:

Estos viajes deben tener en cuenta la Historia si el concepto de diáspora va a servir como un útil dispositivo heurístico. La cuestión no es simple ¿quién viaja? sino ¿cuándo, cómo y en qué circunstancias? ¿Qué condiciones socioeconómicas, políticas y culturales marcan las trayectorias de estos viajes? ¿Qué regímenes de poder inscriben la formación de una diáspora específica? En otras palabras, es necesario analizar qué hace a una formación diaspórica similar o diferente de otra […] (213).

Lo que señala Brah no deja de ser importante a la hora de pensar en el personaje de Bolaño, ya que si pensamos en las circunstancias que han originado el periplo de Amalfitano, podremos desentrañar la matriz de desplazamientos que lo han llevado a ser un sujeto diaspórico sin rumbo fijo.

Si atendemos a las preguntas que el crítico plantea en la cita, es ineludible rastrear el motivo que llevó al personaje a deambular por el mundo. En una gran reflexión que el protagonista elabora hace notar su desencanto hacia la conformación de su propio pasado, es así que recuerda su paso por partidos políticos, su situación como torturado en la dictadura militar de Pinochet, y su participación en la academia literaria chilena. Sin embargo, al inicio de esta reflexión hace notar algunos aspectos interesantes que, según este estudio, determinarán su deambular por distintas latitudes: “[…] yo que fui el más cobarde de los adolescentes y que durante las tardes de combates con onda me dediqué a leer y a soñar reclinado sobre los mapas de mi libro de geografía, yo que aprendí a bailar rock and roll y el twist, el bolero y el tango, pero no la cueca […]” (41).

En estas palabras, el personaje deja ver en los recuerdos de su pasado una completa disidencia con lo que proclama la Nación como molde a seguir para la incorporación a su lógica. Por un lado, Amalfitano no participa de los comportamientos que asimila su generación en la adolescencia. Por otro lado, hace una pequeña alusión a la idealización del logos eurocéntrico centrado en el estudio de la geografía por medio del imaginario cartográfico de los mapas.

Pero la clave está en aquella imagen de la cita donde el personaje se recuerda bailando otros ritmos menos la cueca, una idea metafórica de un sujeto disidente frente al imaginario republicano, patriótico y nacionalista. Es un personaje que no solo a partir de la dictadura militar está en oposición al proyecto nacional, sino que cultural ha elaborado una matriz subjetiva frente a lo que lo excluye.

Amalfitano es un sujeto en conflicto desde su construcción como ciudadano, ya que paradójicamente él no se siente parte de lo que la Nación ha elaborado en el imaginario social como idea de ciudadano, hecho principal que lo lleva a exiliarse luego del golpe militar. En este exilio va construyendo un devenir por los territorios del mapa logocéntrico. Este movimiento diaspórico nace en la disidencia hacia el imaginario de las fronteras impuestas por la cartografía, limitaciones que no solo se proyectan mediante el margen territorial, sino que además se inscriben en la construcción cultural del personaje como sujeto.

En esta historia lo estático es como lo marchito para el protagonista: “[…] si nos empezamos a marchitar y a envilecer en una provincia abandonada sin dinero para irnos y sin un lugar adonde irnos, si un tiempo lento, interminable, sin perspectivas ni ilusiones nos envuelve y anestesia […]” (Bolaño, Los sinsabores, 64); esa es la preocupación de Amalfitano, quedarse detenido en un tiempo y lugar fuera de su perspectiva en el que es anulado como sujeto para devenir solo en ciudadano.

Bolaño configura un protagonista que además de discutir la lógica cultural con que se construye la identidad de un sujeto, permite reflexionar en torno a esta misma figura como una “Rosa ilimitada de los vientos” que va generando líneas de fuga entre las fronteras de la Nación para poder vaciar de sentido los elementos simbólicos presentes en las cartografías imaginarias. Al vaciar estos elementos es que puede resignificarlos para disponer de ellos.

Si estas líneas de fuga son la dinámica de oposición de Amalfitano al orden topográfico, la diáspora, entonces, se proyecta en la novela como el eje que permite evidenciar la situación de un sujeto conflictuado tras la disidencia frente a lo que la identidad nacional proclama. El personaje reside en esta ambigüedad dicotómica del conflicto identitario, es a la vez, y en sí mismo, una línea de fuga de los márgenes que recrea el mapa trazado.

Mapa trazado: identidad trizada

En los postulados de la lógica capitalista se intenta poner hincapié en la noción de identidad como una construcción muy ligada al sentimiento de pertenencia a un territorio regulado por un Estado. En ese sentido cobra importancia la idea de Nación como un símbolo que permite adecuarse a la propia normativa capitalista que rige desde la modernidad. En relación con este tema Jorge Larraín en su ensayo La identidad Latinoamericana declara lo siguiente:

La idea de identidad nacional es normal construida sobre la base de los intereses y concepciones del mundo de algunas clases o grupos dominantes de la sociedad, a través de una variedad de instituciones culturales, tales como los medios de comunicación, instituciones educacionales, religiosas y militares, aparatos del Estado, etc. (60)

En su libro Globalización e identidades nacionales y postnacionales… ¿de qué estamos hablando?, Grínor Rojo intenta aclarar la existencia de dos tipos de identidades que gobiernan la concepción de sí mismo en un sujeto: una identidad personal, y una identidad colectiva. En sintonía con lo que señala Rojo, y si la idea de identidad nacional, tal como menciona Larraín, se origina mediante los intereses e ideologías de “algunos”, parece claro que esta identidad nacional de un sujeto se ve afectada en cuanto a las influencias simbólicas que este recibe desde la colectividad con la que comparte su entorno social y geográfico. De esta forma, existe en ciertas repercusiones que se van generando a medida que esta identidad nacional se va forjando:

La identidad también presupone la existencia de otros que tienen modos de vida, valores, costumbres e ideas diferentes. Para definirse a sí mismo se acentúan las diferencias con los otros […] Así surge la idea del “nosotros” en cuanto distinto a “ellos” o a los “otros” […] Si bien la diferencia es un proceso indispensable para la construcción de identidad, la oposición hostil al otro no lo es, y constituye un peligro de todo proceso identitario (Larraín, Identidad chilena, 32).

Siguiendo las ideas de Larraín, es posible dar cuenta que la identidad nacional se aliena en gran parte mediante la percepción territorial que han generado los elementos simbólicos de las capas dominantes de un propio territorio, es decir, elementos como la delimitación cartográfica forjarán el esquema de la Nación que cobijará o marginará a los sujetos que conviven y transitan dentro de sus límites impuestos de acuerdo con cómo estos se ajusten al proyecto de este mismo territorio. El narrador de Los sinsabores nos permite dilucidar en una de sus escenas la construcción identitaria de Amalfitano en base a sus circunstancias geográficas:

Los chilenos, se decía, no sabemos envejecer y por lo común caemos en el ridículo más espantoso; no obstante, ridículos y todo, en nuestra vejez hay algo de valentía, como si al arrugarnos y enfermarnos recobráramos el valor de nuestra infancia templada en el país de los terremotos y maremotos (por lo demás, lo que Amalfitano sabía de los chilenos solo eran suposiciones, hacía tanto que no los veía) (129).

El personaje se ha desprendido de sus raíces territoriales y, por esta razón, ha dejado de poseer una identidad ligada a la lógica del espacio territorial. Sin embargo, ya que esta normativa jurídica del territorio responde a un fundamento epistémico, es lógico pensar que para que esta perpetúe en el tiempo se requiere de una estrategia subyacente que mantenga la dinámica de adecuación a las reglas sociales. Así, la frontera se transforma en un elemento cartográfico trascendental para el dominio que intentan imponer quienes trazan la Nación sobre los sujetos fragmentados, problemática que en variadas ocasiones lleva al protagonista al conflicto interior cuando recuerda su vida pasada en Chile: “[…] un país imaginario llamado Chile que a Amalfitano le atacaba los nervios aunque de tanto en tanto procuraba enterarse de lo que sucedía allí […]” (63).

Por otra parte, si se considera que la construcción de la identidad de un sujeto puede estar influenciada por el imaginario que configura su territorio, esta dependerá sobre todo de la valoración y aceptación que tenga de lo que se ha elaborado bajo las normas cartográficas, y en ese sentido, para un individuo que se desplaza de manera constante, traspasando las fronteras de diversos territorios, el mapa viene a constituir una imagen y referente simbólico espacial, que podrá considerar o no considerar. Ante la función y carácter que adquiere el mapa como representación, Valeria de los Ríos menciona lo siguiente:

El carácter político en la elaboración de mapas (tanto materiales como cognitivos) se relaciona con el concepto mismo del mapa como representación abstracta del espacio. El mapa intenta capturar el territorio en una superficie plana y permiten ver algo que de otra manera permanecería invisible. Al mismo tiempo, traslucen las estructuras de conocimiento de quienes los elaboran. A pesar de que el territorio es un referente concreto de los mapas, estos suelen ser construcciones simbólicas e ideológicas, capaces de reflejar, por ejemplo, la estructura colonial o de dependencia, sirviendo a intereses políticos o económicos. En pocas palabras, los mapas son instrumentos materiales que permiten visualizar relaciones espaciales y de poder. Generalmente, son trazados por quienes detentan una posición privilegiada en una relación de poder (una característica de esta posición es precisa poseer la prerrogativa de representar) y un ejemplo de esto es la proliferación de los mapas imperiales (241).

El trazado del mapa, como bien señala De los Ríos, busca representar la resignificación que Amalfitano le otorga al mapa, me permite sospechar en la posibilidad de la desintegración de los límites de la cartografía. Consecuencia de lo anterior se generan dos instancias para el personaje en cuestión: primero, quedar fuera de los márgenes del mapa, y por tanto, no ser parte de un proyecto nacional, ni mucho menos compartir un sentimiento de identidad nacional. Pero en segundo lugar, esta misma circunstancia le otorgaría la posibilidad de construir desde la marginación una identidad cimentada en su propia subjetividad, y no sometida a las normas cartográficas.

Estas sospechas me permiten creer que para Bolaño no existe una lógica de representación que se rija por los parámetros topográficos del Estado-Nación, ya que tal como va evidenciando Amalfitano mediante sus desplazamientos, el territorio no tiene fronteras, estas no son más que imaginadas y puestas al servicio del dominio como una trama simbólica que intenta establecer un imaginario impositivo. Desde una perspectiva optimista, esta conformación de una identidad fragmentaria del personaje, bien podría oponerse a la imagen de una identidad trizada, ya que es el resultado de una experiencia transcultural que sus propias intervenciones por el mapa han generado. Las intervenciones y movimientos de Amalfitano permiten la apropiación de estos fragmentos vivenciales que dan forma a su subjetividad.

La frontera imaginaria

Bolaño en su discurso “El exilio y la literatura” al hablar acerca de su amigo Mario Santiago como una forma de introducir la temática del texto, menciona lo siguiente:

Austria y México y Estados Unidos y la feliz extinta Unión Soviética y Chile y China le traían sin cuidado, entre otras cosas porque no creía en países y las Únicas fronteras que respetaba eran las fronteras de los sueños, las fronteras temblorosas del amor y del desamor, las fronteras del valor y el miedo, las fronteras doradas de la ética. Y con esto tengo la impresión de que he dicho todo lo que tenía que decir sobre literatura y exilio o sobre literatura y destierro.

Me quedo con estas palabras del chileno referidas a la situación de su amigo Santiago, las que, curiosamente, permiten comprender de qué manera piensa Bolaño la idea de frontera y, además, son más que aplicables también a las circunstancias de su personaje Amalfitano.

Pero al situarnos en la lectura de Los sinsabores, y pensando en la figura de Amalfitano, ¿qué sentido adquiere la noción de “frontera” en la construcción de la identidad nacional de un sujeto? Si entendemos según Ignacio Álvarez el concepto de Nación como un artefacto cultural que, aunque se postula como una construcción de identidad, este cambia de manera constante en el tiempo, la idea de frontera se permea en el imaginario social que alimenta a la cultura de un territorio, de esta manera los sujetos que comparten una identidad nacional construida gracias al imaginario de esa cultura, manejan los mismos códigos simbólicos de espacio y tránsito. Por tanto, la frontera pasa a ser un sistema simbólico de control no solamente espacial, sino también identitario. Esta situación es la que precisamente se transgrede en la historia de Amalfitano, quien al desplazarse de manera continua desde un territorio a otro polemiza con el mapa trazado por Occidente.

La idea de frontera que plantea Tatiana Calderón puede orientar de mejor forma cuál es el sentido que adquiere el concepto en la construcción de identidad:

La aporía de la frontera radica en su hermetismo y permeabilidad. En su holgura semántica abarca el límite, el margen, el confín, la línea, la franja, el borde. Concepto polisémico, la frontera […] atañe primero al territorio y sus problemáticas históricas, sociales y políticas, para luego alcanzar un nivel simbólico ligado a la reconfiguración de las identidades culturales (21).

De esta forma, la frontera constituye esa “zona de contacto” de la que habla Mary Louise Pratt en Ojos Imperiales, zona que permitiría un desplazamiento que provoca líneas de fuga en el mapa inscrito desde el logos occidental. Para el caso de aquellos que transgreden estas fronteras, el concepto de identidad se reconfigura.

Los desplazamientos de Amalfitano se convierten en una alegoría clave que permite desdibujar el mapa establecido por la Nación globalizada, y es aquí donde es posible preguntar también cuál es el lugar de aquellos sujetos que no responden a la lógica que impone el territorio mediante el sometimiento a los límites cartográficos.

El lugar es el “aquí” y el “allá” en paralelo, como un cronotopo que permite generar un peregrinaje libre por los recovecos territoriales. La desadaptación a las normas espaciales que dicta el Estado es en primer término un conflicto identitario, pero a su vez, se transforma en una estrategia que revierte la situación de dominio epistémico y le permite a los sujetos escapar de la dinámica impositiva de las fuerzas que ejercen las “fronteras imaginarias”. Un claro ejemplo de esto, es la propia hija del protagonista, Rosa Amalfitano quien, en cierto modo, ha tenido que sortear conflictos de desarraigo similares a los de su padre:

Acostumbrada a las calles de Barcelona, abigarradas, perfectamente delimitadas o en el caso del Casco Antiguo perfectamente historiadas, calles de una civilización, es decir, calles reales, las de Santa Teresa, por el contrario, le parecieron calles como recién nacidas, calles con una lógica y una estética secretas, calles con el pelo suelto en donde ella podía caminar y sentirse viva y caminando y una y no parte de (157).

Las fronteras no existen para los sujetos que no se han adaptado a la lógica del concepto de Nación, y en el caso de los Amalfitano, el protagonista solo transita por los espacios como mero trashumante que no tiene un rumbo fijo; gracias a esto le otorga nada más que un sentido funcional a los territorios por donde pasa. Aquello le permite concebir el tránsito como una posibilidad infinita de subvertir a la nostalgia de la finitud, es una posibilidad de rebasar los límites que orientan los puntos cardinales para intentar revertir la desdicha de su vida:

En esa impostura Amalfitano descubría zonas de su carácter desconocidas. En el rey griego que huía con su hija de monasterio en monasterio, de isla desierta en isla desierta, como si viajaran hacia atrás, del año 1300 al año 500 y del año 500 al año 20 antes de Cristo y así, cada vez más al fondo, veía la futilidad de sus esfuerzos, la esencial ingenuidad de su lucha, personaje empurio de monje escriba (143).

De lo anterior resulta curiosa la imagen de Amalfitano pensando en el retorno del tiempo por medio del movimiento en el mapa, estructura mental que adquiere la forma en que se nos ha enseñado a concebir el mundo: mediante la visión eurocéntrica. Por eso, si pensamos en la idea de esta imagen, lo que podemos notar es una construcción simbólica que representa la demarcación territorial con que se nos ha permitido comprender el mundo por la historia de los conquistadores y colonizadores.

La rosa ilimitada de los vientos

Los sinsabores configura el simulacro del escape, de la fuga sin cesar. Es una vertiente que muestra en todos sus relatos las aguas de un esquema narrativo polifónico, que desde del transitar de Amalfitano desde Latinoamérica a Europa o viceversa, deconstruye la geografía global concebida simbólica mediante el discurso de la Nación: “El exilio, a su lado, parecía una aventura sin fin. La cabeza le bullía de proyectos […] La rosa ilimitada y Arcimboldi fueron, lo supo entonces aunque luego lo olvidó, un regalo” (151).

Así, por esta intervención del personaje principal en la lógica de la cartografía occidental y siguiendo los lineamientos de Deleuze y Guattari, se produce como efecto residual una “extraterritorialización”, idea que vendría a representar la situación del individuo que ya no cabe en la normativa espacial hegemónica porque su desplazamiento por las fisuras limítrofes que imponen las fronteras globales permean en él una suerte de transculturalidad en la que se nutre una identidad indefinible.

En el texto “Bolaño extraterritorial” Ignacio Echevarría intenta hacer una relación del concepto arriba mencionado con el proyecto escritural de Bolaño. Así, y siguiendo las ideas postuladas por George Steiner, quien da origen al concepto de “extraterritorialidad”, Echevarría despliega varios argumentos en torno a la obra del chileno, entre ellos menciona lo siguiente: “Es en este sentido en el que esta categoría de extraterritorialidad conviene muy bien a la literatura de Bolaño, que refunda a través de ella una nueva forma de comprenderse a sí mismo y de comprender en general al escritor latinoamericano” (Extraterritorial, 439). Echevarría sitúa a Bolaño como un representante de cierto tipo de escritor latinoamericano, más bien un nuevo tipo de escritor latinoamericano, uno orientado ya no a lo local, sino aquel que elabora “la paradójica condición de ser y no querer ser escritor latinoamericano” (440). Pero una consideración que me parece trascendental rescatar aquí para efectos de cierre y conclusión de este estudio, es aquella imagen en la que Echevarría cree encontrar el motivo recurrente de los textos de Bolaño: “la visión alucinada de una interminable procesión de jóvenes latinoamericanos precipitándose en el abismo” (441). Hago mía en esta ocasión la imagen rescatada por Echevarría para coincidir con él en la idea de estos sujetos que se precipitan al abismo, sin embargo, acá en Los sinsabores la juventud se vive en el arrojo del protagonista. El arrojo es lo que le permite hacer una revolución a su manera, un arrojo que en la novela deviene en constantes desplazamientos. “Precipitarse en el abismo” en Amalfitano es la transgresión a las fronteras imaginarias.

Países, ciudades, lugares, espacios, no son el sustento que el protagonista requiere para construir su habitar en el mundo; más allá de los territorios físicos el personaje va construyendo su vivir en el territorio de la memoria: “Si el avión caía envuelto en llamas sobre el Atlántico, si el avión explotaba, si el avión desaparecía en aquel espacio ilimitado de los Amalfitano, no quedaría memoria alguna en el mundo, pensaba Amalfitano con tristeza” (63). Este territorio no es el del mapa, es un espacio abierto e ilimitado que le permite desplazarse siguiendo sus propios intereses y no lo que le impone el mapa trazado, esto lo lleva a pensar en su situación y la de su hija: “[…] somos dos gitanos sin clan, aborrecidos, usados, explotados, sin amigos verdaderos [...]” (63). Amalfitano se reconoce como un marginado, y en ese reconocimiento surge su disidencia.

Bolaño ha diseñado un personaje que pudiera contraponerse al discurso de la hegemonía eurocéntrica en sus modelos históricos, pero también espaciales; el personaje principal de esta novela es un sujeto que remite a los diversos quiebres históricos en Latinoamérica desde donde se fraguan las normas que dan forma a los límites del bastión de la Nación.

Si bien la lectura de esta novela pudiera parecer una especie de juego paródico o broma que de soslayo plasma ciertas temáticas como el SIDA, como apunta Pere Gimferrer en el prólogo a Los perros románticos (1993)(4), la escritura de Bolaño va más allá:

Buena parte de los textos de Bolaño, en prosa o en verso, parecen -y son- una broma, pero una broma refinada y compleja, de significación polivalente, que puede desvelar el envés de los hechos y dejarnos súbitamente sobrecogidos al mostrar, tras lo absurdo hodierno, el fracaso y la inmolación de una generación de jóvenes que quisieron hacer la revolución, o el latir insurrecto de las pulsiones atávicas tras la rutina sórdida del vivir acorralado en las esquinas desde las que, día a día, el orden o el desorden íntimos impugnan el orden o el desorden exterior (Gimferrer citado en Echevarría, Extraterritorial, 444).

Los sinsabores es una alegoría espacial que plasma este “desorden íntimo” en las condiciones del sujeto en conflicto con su deambular por los distintos territorios que han sido determinados por el entramado de la “aldea global” que lo ha ido marginando por medio de sus límites geográficos. Amalfitano es quien personifica esta imagen alegórica en la novela. Y tal como se defiende en este estudio, la idea de Bolaño mediante el diseño y desarrollo de este personaje es poner entre las coordenadas del mapa del lector, un sujeto capaz de desdibujar la estructura de la geografía mapeada por sus propios márgenes.

Entendida de este modo, la novela Los sinsabores del verdadero policía viene a dar cuenta de las problemáticas no solamente de aquellos individuos en una circunstancia de diáspora, sino que, además, es la posibilidad de comprender que el sentido que busca la Nación mediante sus imaginarios territoriales y topográficos, son la norma con que pretende perpetuar la representación simbólica de la identidad nacional. El imaginario que Amalfitano transgrede mediante estas líneas de fuga fronteriza, permite al lector entender que este personaje es el referente de un sujeto marginado por la cartografía del proyecto nacional, pero que no resiste la clausura de su historia, ya que “Su identidad es el misterio./ Y en este misterio/ se halla la puerta de toda maravilla” (113). Es este el misterio que subyace en la novela y debe ser revelado por el lector para llegar a abrir la “puerta de toda maravilla”, aquel que está en la suma de todos los desplazamientos del protagonista: una identidad híbrida y desarraigada que gira y gira como una “Rosa ilimitada de los vientos”.

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1 En una nota anterior se mencionó la idea de nación según Benedict Anderson. Pues esta noción se desprende del concepto de “comunidades imaginadas”, el que elabora el mismo autor para referir que una nación es una comunidad construida social, e imaginada por las personas que se conciben como parte del grupo de esta comunidad.

2 El crítico se afirma de la construcción de esta obra como un amalgama textual que da vida al entramado narrativo, el que es armado mediante retazos de diferentes escritos que Bolaño habría elaborado muchos años antes de su muerte. Si bien para el español esta obra no calza con los criterios de novela según la orientación original que Bolaño habría dado a estos escritos, en su condición de edición póstuma ella se ha recepcionado como novela. Ahora bien, no es propósito de este estudio ahondar en la afirmación que elabora Echevarría, pero estimo conveniente abrir la posibilidad a la crítica académica para discutir esta situación.

3 Por medio de su obra Modernidad líquida Bauman hace un gran aporte al estudio de la modernidad desde una mirada crítica que profundiza sobre todo en el tópico de la identidad.

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