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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.44 Osorno jul. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012017000100067 

ARTÍCULO

RELACIONES INTERCULTURALES EN DOS NOVELAS CONTEMPORÁNEAS

Intercultural relations in two contemporary novels

Constantino Contreras Oyarzún* 

*Universidad de La Frontera, Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación, Casilla 78, Castro, Chiloé, Chile. ccontcuraco@hotmail.com

Resumen:

El propósito de este artículo es describir -con fundamento en teorías de la comunicación y en estudios de semiótica- las relaciones interculturales que generan los protagonistas de la novela de Patricio Manns El corazón a contraluz: un colono rumano y su joven cautiva selk’nam; y los protagonistas de la novela de Isabelle Autissier El amante de la Patagonia: una joven criada de procedencia escocesa enamorada de un pescador yámana. Esas relaciones, y en primer lugar las lingüísticas, son favorecidas, o frenadas, por factores personales, y también por factores influyentes del contexto histórico -desde fines del siglo XIX hasta comienzos del XX-, caracterizado por la situación de conflicto entre colonos europeos y pueblos nativos de Tierra del Fuego.

Palabras clave: Novela; relaciones interculturales; colono; pueblo nativo; contexto histórico.

Abstract:

The purpose of this paper is to describe -with basis in communication theories and semiotic studies- the intercultural relations that are generated by the protagonists of the Patricio Manns’s novel El corazón a contraluz: a rumano colonist and their young selk´nam captive; and by the protagonists of the Isabelle Autissier’s novel El amante de la Patagonia: a young servant coming from Scotland in love of a yámana fisher. Those relations, the linguistics in the first place, are favoured or obstructed by personal factors, as well as by influential factors of the historical context -from the end of the 19th century to the beginning of the 20th century-, distinguished by the conflict’s situation between the European colonists and native peoples of Tierra del Fuego.

Key words: Novel; intercultural relations; colonist; native people; historical context.

I. Trama de ambas novelas y claves narrativas básicas

1) En la novela El corazón a contraluz, las acciones están centradas en la figura de Julio Popper, indiscutido referente de la historia fueguina, inmigrante procedente de Rumanía, hijo de judíos llegados a dicho país desde Polonia. En Francia se forma como zapador (ingeniero militar) y sus primeras prácticas las desarrolla en China. Con estos antecedentes, se traslada a Tierra del Fuego para explorar y explotar las arenas auríferas de la isla y para obtener cada vez más amplias concesiones de praderas para la crianza de ganado. Por defender estos bienes, que considera esenciales para el desarrollo, no trepida en atacar a la población nativa, que no conocía el concepto de propiedad privada. Toma como cautiva a Drimys Winteri, un nombre tomado de la nomenclatura científica de la flora, según norma de los misioneros anglicanos, en este caso del nombre de la “magnolia silvestre” o “canelo fueguino” (Mösbach, 78-79), hermosa joven de la etnia selk’nam, que ha escapado de dos cautiverios anteriores y que ha retornado de Europa (Alemania, Francia, España), adonde fue llevada por un matrimonio de alemanes cuando tenía trece años de edad. Drimys ayuda a Popper en el servicio doméstico y en funciones de secretaria, especialmente en tareas de traducción, dado su dominio de varios idiomas (ya había aprendido inglés y algo de castellano en la escuela de la misión anglicana de Ushuaia). Por más que haya tenido contacto con otras lenguas y culturas, ella nunca ha olvidado el saber legado por sus antepasados. En este sentido, transmite a Popper, por ejemplo, su conocimiento acerca de ciertas prácticas de algunos chamanes de su etnia y declara que ella misma es capaz de ver qué sucede en el corazón de su captor, si lo observa a contraluz. Y por leer los indicios de una inminente venganza de los enemigos del rumano, más los derivados de la adicción de este al opio y los signos de su debilidad cardíaca, la indígena se siente con saberes y sentires que le permiten predecir con bastante exactitud la fecha en que ha de morir su captor. Y esa muerte sucede cuando Popper cumple 36 años de edad.

2) En la novela El amante de la Patagonia, una joven llamada Emily, que ha quedado huérfana de madre a partir de su nacimiento, al cumplir dieciséis años llega desde Escocia a Ouchouaia (Ushuaia), en la ribera sur de Tierra del Fuego, junto al canal Beagle, para ayudar a cuidar a los cinco hijos del pastor anglicano Georges Bentley y su esposa Dorothy.

Al comienzo, a la joven escocesa le parece natural la opinión negativa que los misioneros manifiestan acerca de los indígenas fueguinos a quienes deben evangelizar; pero, a medida que va conociendo directamente a personas de la etnia yámana, este punto de vista va cambiando. Contribuye a ello el segundo hijo de los Bentley, Joachim, y se acrecienta con la amistad de Aneki, joven nativo dedicado básicamente a la pesca y que ocasionalmente ayuda al pastor en tareas domésticas y también en funciones de catequesis, pues aprendió bastante inglés en las Falkland, adonde fue enviado antes de que se creara la misión de Ushuaia y puede entender los textos y traducirlos al yámana.

Emily y Aneki se enamoran y lo que ella llega a admirar y valorar de los yámanas es la libertad en que tradicionalmente han vivido, valor que contrasta con las normas tan restrictivas y rígidas que regulan la vida de los misioneros y le parecen exagerados, también los cánones religiosos que estos tratan de imponer a quienes consideran “ignorantes” y “salvajes”. Ambos jóvenes se ponen de acuerdo para abandonar toda clase de ataduras y secretamente se embarcan en una canoa que los conduce a distintos parajes de pesca, siguiendo las rutas que surcaron otros canoeros. Luego son buscados intensamente. En los intentos de captura muere Aneki; pero le sobrevive Emily, quien espera un hijo, fruto de esa relación amorosa. Emily es acogida nuevamente en la misión, pero es obligada por el reverendo Bentley a desposarse con el catequista John Doodle, a acatar las normas de su iglesia, a evitar todo contacto con los indígenas y a dedicarse a tareas rurales. De esta insatisfactoria unión matrimonial nacen dos hijos, William y Elie, que crecen junto a Lukka, el niño mestizo. Cuando este último llega a la adolescencia, conoce sus antecedentes familiares y aflora su rebeldía, se suma a la defensa de los nativos que son víctimas de varios atropellos y otros males. En un enfrentamiento de un grupo yámana con vecinos de la etnia selk´nam (u ona), muere John Doodle; en cambio, Lukka solo queda herido y más adelante insiste en vivir libremente, a la manera indígena y repudia el modo de vida que han impuesto los europeos.

Han pasado los años, los hijos de Emily han crecido. Ella decide dedicarse solo a trabajar las tierras y bosques que le han sido entregados en concesión por el gobierno argentino y piensa que ya no tendría sentido ni porvenir el pretender volver a Escocia.

En ambos textos, las principales acciones hacen referencia al espacio de la Tierra del Fuego (y sus vínculos con otros espacios) y a un período crucial de las etnias fueguinas (selk’nam y yámanas), identificable como un período de deterioro de estas etnias y, por consiguiente, de debilitamiento de su cultura y sus lenguas, frente al predominio y carácter impositivo de las culturas de colonización en el extremo austral de dos países: Argentina y Chile. Tal período comprende las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX.

Respecto del punto de vista narrativo, la historia de El corazón a contraluz está contada en tercera persona, contiene algunos quiebres temporales en forma de flash back, y es asumida por un narrador básico que despliega gran sabiduría en muchos temas de contactos humanos y del entorno natural. Estudios especializados han destacado los méritos de Manns en lo que respecta a la sensibilidad y sabiduría para el tratamiento de temas de base histórica (Epple; Pumarino y Cella). También la crítica periodística ha destacado sobre todo la amplitud y densidad de los temas narrados; el estilo poético de su discurso y la relevancia del narrador básico (http://manns.cl/web). Acerca de este último aspecto, es ilustrativa, por ejemplo, la observación de Eddie Morales Piña, de la Universidad de Playa Ancha, cuando percibe que el narrador de El corazón a contraluz asume la función de un tercer protagonista (http://manns.cl/web). Lo que sucede es que Manns ha creado un narrador que en gran parte del texto aparece con los rasgos de un narrador omnisciente, pero que en algunas ocasiones aparece asumiendo una sapiencia relativa. Esto sucede, por ejemplo, cuando acude a la información oral que entrega Drimys Winteri acerca del pasado selk’nam; o cuando inserta información escrita extraída de alguna conferencia leída por el ingeniero Popper en Buenos Aires.

En la novela El amante de la Patagonia la historia está contada en primera persona, esto es, Emily narra los sucesos de su infancia en Escocia, su viaje a Ushuaia (en el sur del sector argentino de la Tierra del Fuego) y los de su adolescencia, juventud y madurez, vividos en contacto con la etnia yámana, pero bajo el control de la Misión Anglicana, primero en la misma Ushuaia y algo más tarde en la localidad de Itulia. La narración se despliega aquí con mayor linealidad, como un relato autobiográfico. Pero desde el comienzo aparece una segunda voz narrativa (diferenciada de la primera en el texto mediante letra cursiva), que funciona como una voz en off, o como una resonancia interior que aflora en la conciencia de la protagonista narradora. Esa voz resonante es emitida, en la ficción, por la anciana Cushi, que desde la distancia, en determinados momentos, trae al aquí y al ahora de la narración el saber acerca de la cultura espiritual de los yámanas, sobre todo sus creencias en espíritus superiores y las prácticas rituales. Al final, ya no es Cushi la que transmite ese saber; sino Emily, pues esta ha heredado la sabiduría y el poder de una yekamush (especie de médium entre los humanos y los espíritus superiores); luego imagina su propia muerte y desde ese imaginario futuro de ultratumba emite sus mensajes a desconocidos destinatarios.

II. Relaciones interculturales. Comunicación verbal y no verbal (actitudes)

El concepto de cultura, como lo entiende la antropología cultural, se emplea para designar el estilo de vida o modo de vida de los grupos humanos:

[…] Los términos “estilo de vida” y “modo de vida” hacen por igual referencia a las costumbres (normas sociales) típicas de cada uno de los grupos humanos que comparten determinados conceptos acerca del universo físico y de la sociedad (creencias), y a determinados criterios acerca de la conducta social adecuada (valores). Los antropólogos distinguen entre cultura material -productos materiales y artefactos- y lo que algunos de ellos llaman cultura mental -creencias sociales, valores y normas- (Rossi y O’Higgins, 13-14).

El concepto de relaciones interculturales corresponde a la posibilidad de que individuos o grupos humanos de culturas diferentes puedan intercambiar mensajes o bienes generados en su respectivo ámbito vital. Ahora bien, los estudiosos de esta problemática han sostenido que mientras más heterogéneas sean las culturas en contacto, las relaciones interculturales serán más complejas; y mientras más similitudes presenten, las relaciones serán más fluyentes. En la base de estos contactos está la comunicación verbal, o sea, el uso de sistemas lingüísticos (o lenguas determinadas) por medio del habla. Pero también suelen intervenir elementos no verbales que contribuyen a facilitar la comunicación. Algunos teóricos definen la comunicación intercultural en los siguientes términos:

[…] la comunicación intercultural es el proceso de intercambio de información entre grupos que poseen diferencias culturales reconocidas en las percepciones y formas de conducta que pueden afectar significativamente la forma y el resultado del encuentro (Fernández Collado, 168).

Si se pone atención a los principales personajes de las historias novelescas referidas, es factible preguntarse: ¿Cómo están representadas en los textos estas relaciones? ¿Qué recursos se utilizan para avanzar en los objetivos del acercamiento? ¿Qué comunicación puede haber entre un rumano y una selk’nam? ¿Qué comunicación puede haber entre una escocesa y un yámana?

Julio Popper, protagonista de El corazón a contraluz, colono ávido de poder y riqueza, no trepida en atacar a sus rivales buscadores de oro y en atacar también a los nativos fueguinos que cazan ovejas en las grandes estancias ganaderas, como antes cazaban guanacos. Utiliza a su cautiva de la etnia ona solamente para el servicio doméstico y para secretaria e intérprete, pues es multilingüe, gracias a su formación en la escuela de la Misión Anglicana y debido a la experiencia de sus viajes por varios países europeos como criada al servicio de un matrimonio alemán.

La relación intercultural que se establece entre el colono europeo y la nativa fueguina es una relación asimétrica. Popper es multilingüe, pues habla tres lenguas románicas: rumano, francés y castellano; y dos germánicas: inglés y alemán. Drimys también es multilingüe: habla selk’nam y ha aprendido dos lenguas románicas: castellano y francés; y dos germánicas: inglés y alemán. La pareja utiliza para comunicarse preferentemente el inglés o el castellano. Hasta aquí parece que en la comunicación verbal no hubiera mayores problemas. Pero están las actitudes de ambos, que son bastante diferentes. Más allá del plano lingüístico, ella ha asimilado objetos y formas de comportamiento de raíz europea, que utiliza principalmente cuando acompaña a Popper a la ciudad de Buenos Aires. Él, en cambio, así como no siente atracción por la belleza de su cautiva (es misógino que hereda un trauma desde su infancia, cuando fue forzado por su padre a someterse al rito de la circuncisión), tampoco manifiesta ni un mínimo interés por conocer algo de la cultura o de la lengua selk’nam. Piensa que los “salvajes” entorpecen las relaciones humanas y que nada pueden aportar al progreso regional, aunque en algunas de sus conferencias ofrecidas en Buenos Aires les reconociera algunas bondades.

Es evidente que Popper se orienta en el mundo guiado por un notorio eurocentrismo. Por ejemplo, en una ocasión pide a Drimys que le lea un capítulo de un libro que habla de los escitas, pueblo milenario que habitó en la antigua Europa Central y parte del Este y que se caracterizaba por su extrema crueldad o ensañamiento con el enemigo, incluso cuando este ya estaba muerto; por su habilidad para recorrer largas distancias a caballo; y por su amor al oro y a la orfebrería (Popper, 90-93). Justamente, Popper parece ver proyectados en su propia vida los atributos de ese pueblo; en cambio y por contraste, según lo que revela su cautiva, a los onas les han bastado sus pies para correr a gran velocidad, arco en manos, tras su presa de caza (ya fuera un guanaco o bien un ñandú), no se han interesado por el oro y siempre han respetado al enemigo, especialmente cuando ha estado desarmado.

Los selk’nam -dice- no matan jamás a un enemigo desarmado, así sea aquel el exterminador de su raza. El deber de un selk’nam es respetar las leyes de Kuanip [héroe mítico] y proteger al enemigo cuando no existe igualdad de condiciones para un combate. Es una ley antigua, de la época del mito de la cabeza ambulante (124).

Otro ejemplo del eurocentrismo de Popper se advierte cuando el narrador inserta en el texto novelesco un fragmento de una conferencia dada por el rumano en Buenos Aires. Ahí manifiesta haber visitado en la isla una extensa playa arcillosa y seca donde ha visto curiosos espejismos, fantasmagóricas transformaciones de objetos conocidos, fragmentos de realismo mágico, que le llevan a evocar algunas vivencias europeas:

[…] Un grupo de perros indios asumía al correr la forma de inmensas ranas, que parecían lanzarse en las aguas de aquel océano apócrifo. Al volver la vista para observar las cabalgaduras, se presentó a mis ojos algo así como un bosque de robles avanzando doblegado por el viento en un ángulo de cuarenta y cinco grados. El barro, calentado por el sol, y la atmósfera, enfriada por el viento del oeste, producen estas visiones, análogas a la ´Fata Morgana´ de Sicilia, y a lo que los franceses llaman ‘Mirage’ (87).

En el capítulo XII de El corazón a contraluz, el narrador da a conocer la sabiduría que conserva Drimys Winteri acerca de la historia de su pueblo, sabiduría legada oralmente por las personas mayores. Según ella, los selk’nam (y en parte también los yámanas y kawésqar) han pasado, históricamente, por nueve períodos o épocas: 1) Época del mito de las montañas reencarnadas /2) Época del mito del gobierno de las mujeres /3) Época del mito de los héroes fornicadores /4) Época del mito de la subida al cielo del Sol /5) Época del mito de los que trepaban hasta Kuanip /6) Época del mito de la cotorra que predijo un mal milenio /7) Época del mito de los coleccionistas de prepucios /8) Época del mito de la cabeza ambulante /9) Época de los ríos de sangre y de los racimos de orejas.

Vamos a detenernos brevemente en el contenido de la primera época y en el de la última. El mito de la primera época es un mito de orígenes. Cuenta que los primeros selk’nam surgieron de la transformación de las montañas patagónicas. De ahí, cuatro mujeres y dos varones se habrían desplazado más al sur tras una manada de guanacos que huía del fuego de los volcanes. Luego estas personas habrían quedado aisladas al mediar otra catástrofe que formó un abismo que, al llenarse de agua, dio origen al gran brazo de mar que hoy se conoce como Estrecho de Magallanes y a la isla Tierra del Fuego.

La novena época está marcada por la instauración de la violencia. Comenzó con la llegada de la expedición de Hernando de Magallanes, ya que los nativos presenciaron la crueldad del Capitán General para ajusticiar con el descuartizamiento -por faltas a la disciplina marinera- a dos de sus capitanes de naves, y con el abandono en una isla al capitán de un tercer navío y a su capellán. La misma época continuó con otras intervenciones foráneas que obligaron a los selk’nam a combatir por la defensa de sus vidas y de sus tierras.

Nada de esto conmueve a Popper, porque le parecen muertes justificadas. Más adelante, en el capítulo XVII, el narrador se refiere a la actitud emotiva y amable con que Drimys Winteri traduce y entona algunas canciones antiguas referentes a ciertos momentos importantes de su pueblo. Cuando canta la canción de las piedras flotantes y del antiguo puente de piedra que conducía hacia un sur más remoto, tampoco se conmueve el espíritu del rumano. Es tanta su insensibilidad y su desinterés que se queda dormido, circunstancia que el narrador expresa en los siguientes términos:

[…] Una revelación jamás oída, […] una espléndida conseja de tal magnitud que ninguna biblioteca podría contenerla entera, […] acababa de cruzar junto a su cuerpo, y él no la escuchó, él no la vio, había bajado los brazos, había reblandecido el acecho, porque, contra su costumbre, dejó que sus ojos se cerraran en descampado, y que el más antiguo de los cantos terrestres pasara junto a su oído y se perdiera para siempre, recóndito e irrecuperable, porque se lo había tragado la oscuridad del sueño (155).

Otro ejemplo: en cierta ocasión la joven Drimys da a conocer otro aspecto que considera relevante de su cultura, cual es la creencia en que un chamán tiene poderes superiores para controlar lo que parece incontrolable. A propósito de este tema, cuenta que un Kon, como lo era su padre, podía juntar las dos orillas de un río cuando este era un obstáculo para huir de un peligro. Ante esta información, el poderoso dominador de la Tierra del Fuego reacciona con una actitud francamente desdeñosa:

-Muy bien: un “Kon”. ¿Y qué hago yo ahora con esa palabreja? Levantando la mirada hasta que la aceitosa luz de la lámpara que colgaba de una viga del techo le anaranjó la piel, Drimys Winteri dijo: -Un wizard. Un chamán. El hechicero -traduciendo (37).

En definitiva, Popper necesita expresar su sentimiento de superioridad frente al mundo indígena. No en vano, se ha ganado el apelativo “Rey de Tierra del Fuego”. Mira a los nativos, en particular a los selk’nam, desde patrones de la civilización europea: en lo material, concede lugar únicamente al progreso mediante el capital y la industria de su tiempo y, en lo espiritual, solo a las creencias religiosas cristianas (catolicismo, anglicanismo), sin el mínimo interés o esfuerzo por comprender las creencias de quienes considera inferiores, bárbaros o salvajes.

[…] Para él -dice el narrador-, fueron salvajes que necesariamente debían desaparecer, en aras del progreso, o ser asimilados y controlados por las misiones salesianas y anglicanas de Tierra del Fuego (153).

Tanta soberbia y espíritu de dominio parecían infundir carácter heroico a Popper; sin embargo, su figura se derrumba al caer derrotado por sus propios errores y debilidades.

Frente al afán de poder y al espíritu impositivo de este “Rey”, está el espíritu amable, sensible, solidario y respetuoso de la joven selk’nam, quien ha extraído lecciones sabias incluso de las situaciones más adversas, como las de su cautiverio. Una vez lograda su libertad, resulta admirable, sale enaltecida por su sabiduría y su espíritu tolerante; en cambio, el civilizado captor ha demostrado ser más bárbaro que cualquiera de los despreciados nativos.

En la novela El amante de la Patagonia los vínculos interculturales son gradualmente diferentes. Cuando Emily llega a Tierra del Fuego es monolingüe: solo habla inglés y en esa lengua se comunica con los misioneros de su iglesia. Y trae incorporados en su mente ciertos estereotipos acerca de los indígenas, fundados en observaciones de otros viajeros, muchas veces impresionistas y prejuiciosas. Al comienzo vienen a su mente el paisaje y la gente de su Escocia y establece un contraste entre las imágenes mentales que trae de sus compatriotas y las que está captando de la etnia yámana, mediante la observación directa en este confín del mundo.

Su actitud cambia cuando -más allá de los Bentley- entra en contacto con otras familias; por ejemplo, Elisa y su esposo, el herrero Samuel Pierce. Ella es quien cuida en una sala de su casa a una veintena de niños nativos. A estos niños les imparte clases de inglés Joachim, segundo hijo de los Bentley. Luego Emily asume la tarea de colaborar en este proceso de enseñanza y espera que, recíprocamente, pueda aprender muchas palabras y expresiones de la lengua yámana. Crece aún más ese interés cuando se despierta su amor por Aneki y con él avanza también en las relaciones interculturales mediante el bilingüismo.

Emily se interesa cada vez más por la cultura indígena local: observa cómo hombres y mujeres se distribuyen los roles en las tareas de sobrevivencia; por ejemplo: la mujer rema en la canoa y el varón se encarga de preparar y sostener el arpón para la pesca; o cómo la mujer es capaz de zambullirse en las aguas heladas para extraer mariscos o para desatar la canoa que ha quedado atada a las largas y firmes algas adheridas al fondo marino. Intenta la imitación y, al menos Aneki la invita a pescar a la manera yámana: con distribución de las tareas. Aprende los nombres de las especies del mar y de la tierra. Y con Joachim y sus escolares hace acopio de palabras y expresiones de la lengua nativa:

Me he dejado atrapar por ese juego del diccionario de Joachim. Yo le indico las palabras que no ha inscrito todavía y discutimos infinitamente sobre el modo como debieran escribirse. De vez en cuando, en casa, las empleamos entre nosotros: akar, choza; kipa, mujer. Es como si hubiéramos formado una pequeña cofradía, con su lenguaje secreto (59).

Aneki y un amigo llamado Okolo, aunque son adultos, se incorporan también a las clases para niños en que se practica el camino hacia el bilingüismo. La joven escocesa despierta el cariño de sus discípulos, tanto que la bautizan Yecadahbi, que equivale a “madrecita”. La clase se torna más amena cuando todos entonan canciones. Indudablemente, de esta experiencia la joven escocesa también sale fortalecida. Muestras de ello son algunas observaciones que expresa referentes al plano lingüístico:

[…] A menudo tienes la impresión de que gritan o riñen más que hablar, y eso refuerza la sensación de su animalidad. Pero les gusta cantar y, entonces, su timbre se dulcifica […] Tienen mil y un matices de las mismas sílabas para facilitar una información, cuya precisión puede ser esencial para la navegación o la pesca. Así, hay varias palabras para decir playa, dependiendo de su orientación o según haya una tierra o un brazo de mar entre esta y el interlocutor. Por lo que se refiere a los grados de parentesco, al parecer existen por lo menos cincuenta palabras para describirlos con precisión (65).

Se puede advertir que la actitud de Emily es totalmente opuesta a la del protagonista de la otra novela y muy distinta también de su propia actitud inicial frente a los nativos. Ahora es manifiesto su interés por conocer la lengua y la cultura yámana. Le ayudan también en este propósito sus conversaciones con Cushi, la abuela de Aneki, que añora una época remota de la sociedad yámana en que regía el matriarcado. Esta anciana ostenta la condición de yekamush, es decir, de una persona favorecida por Watoineiwa (“una especie de espíritu supremo custodio de las vidas”), lo que le permite hablar con otros espíritus, por ejemplo: con Yetaite, el maligno espíritu de la Tierra, o con Lachuwaikippa, el espíritu protector del hogar. Transmite de manera sabia distintos sucesos mítico-legendarios y ceremonias de su pueblo, como las de Ciexos, que corresponden a los ritos de iniciación que marcan el paso de los jóvenes (varones y mujeres) a la vida adulta y también le revela el conocimiento de las hierbas y los ritos de sanación.

Todo ese afán de conocimiento lingüístico y etnográfico llega a encontrar serios obstáculos más adelante por circunstancias bastante definidas: a) la imposición de acatar las normas de la iglesia anglicana, basadas en el Antiguo Testamento y en los Evangelios; b) la prohibición de acercarse a los indígenas, incluso para las funciones asistenciales (de procurarles vestimenta y alimentos) que realizaba antes de su fuga. E interviene un factor aún más decisivo de carácter contextual: la población nativa ha disminuido considerablemente. Al llegar a la edad de abuela, tiene la impresión de que “El tiempo de estos pueblos ha terminado para siempre” (224). Los yámanas han sido diezmados por epidemias y por sus luchas con sus enemigos onas; les han afectado también algunos males introducidos por los colonos, como, por ejemplo, el alcoholismo. Los pocos que quedan han olvidado sus costumbres, sus creencias, su identidad. No obstante, ella piensa que, a pesar de haber vuelto a vivir según los parámetros impuestos por los colonos europeos, mantiene como compensación la sabiduría lograda en su contacto con la cultura indígena local. En un pasaje de su relato, declara: “Varios etnólogos nos han visitado. Tengo la reputación de ser una de los que mejor conocen la cultura autóctona” (244).

Además del estudio de la problemática de la comunicación verbal entre hablantes de distintas lenguas y culturas, como se proyecta en los personajes protagónicos de las referidas novelas, habría que hacer algunas observaciones respecto de cómo están abordados los recursos de la comunicación no verbal. En efecto, este concepto comprende no solo los gestos o actitudes frente al destinatario o a otros referentes, sino también determinados movimientos corporales destinados a comunicar un contenido mental. Lo habitual es que estos medios no verbales se utilicen para complementar la comunicación lingüística o verbal. Mark Knapp, teórico de esta materia, distingue siete áreas de contenido: “1) movimiento corporal o cinésica (emblemas, ilustradores, expresiones de afecto, reguladores y adaptadores), 2) características físicas, 3) comportamientos táctiles, 4) paralenguaje (cualidades vocales y vocalizaciones), 5) proxémica, 6) artefactos, 7) entorno o medio” (Knapp, 41-42).

El mismo teórico sostiene que la comunicación no verbal a menudo funciona no como una unidad aislada, sino como una parte inseparable del sistema total de comunicación. Y señala las siguientes funciones: “repetir, contradecir, sustituir, complementar, acentuar, o regular la comunicación verbal” (Knapp, 42).

Situaciones de comunicación verbal acompañadas de recursos no verbales, especialmente con función reguladora o acentuadora, se pueden encontrar en varias partes del texto de Manns; en cambio, en el texto de Autissier la referencia a elementos no verbales es bastante escasa. Atendiendo ahora a los límites de extensión de este artículo, solo transcribiremos un fragmento de la primera novela y dos de la segunda.

En primer término, observemos el siguiente pasaje de El corazón a contraluz, donde el “Rey de Tierra del Fuego” expresa su opinión, racionalista y negativa, frente al chamanismo contado y defendido por su cautiva selk’nam; y acentúa su opinión discordante con un ademán autoritario de función reguladora (levanta el brazo para interrumpir a su interlocutora e imponer su punto de vista); lo que contrasta con la respuesta de la nativa, que la expresa también con decisión (al ponerse de pie y recurrir a la proxémica), pero con sensible dulzura:

Julio Popper levantó la mano derecha deteniendo el lento discurso, rendido inquietante a causa de la luz y de la hora, y afirmó: Los chamanes no existen. Los chamanes son un invento del medioevo, yo soy un zapador, un hombre cartesiano, y a la vez, racionalista, y me considero para siempre a cubierto de esa clase de taumaturgias. Por primera vez desde que había comenzado el interrogatorio -desde que Popper despertó, varias horas atrás, y la divisó en cuclillas, en un rincón oscuro, lejos de la luz, mirándolo-, Drymis Winteri se puso de pie y se acercó al capitán. Cada vez que vienes hasta la ventana yo puedo ver latir tu corazón a contraluz -dijo dulcemente (41).

En segundo término, se pueden observar los dos fragmentos anunciados de El amante de la Patagonia:

Salvo por esos momentos que me producen una insidiosa angustia, la vida es bella. Hemos llegado con Aneki a un acuerdo hecho de pocas palabras pero de mil miradas, de carencias evocadas o intercambiadas. Día tras día, caminamos en armonía (138). […] A mi entender, se han refugiado aquí, entre las islas para estar fuera de su alcance [la referencia es a los yámanas que se han alejado de sus vecinos onas]. -Bien razonado, hijo mío; nosotros debemos civilizarlos lo bastante para devolverles la confianza y conducirlos a una vida decente. Se hace un silencio, como para que nos impregnemos todos de la enormidad de la tarea. El reverendo y el catequista se sumen de nuevo en sus planos [esto lo dice la narradora participante] (57).

El fragmento a) es ilustrativo de la relación amorosa entre la narradora participante y su enamorado Aneki. Aquí las miradas, que son gestos, pueden llegar a remplazar el contenido de las palabras. El fragmento b), que se enmarca en el contexto de un coloquio familiar de los Bentley, donde el pastor anglicano es quien tiene mayor autoridad, permite entender que hasta el silencio, en determinadas ocasiones, puede complementar el sentido de la comunicación verbal.

3. Textos y contexto histórico-social

Por más que algunos autores hayan insistido en el carácter ficticio de los mundos configurados literariamente, no es menos cierto que toda obra de ficción guarda algún vínculo con la realidad extratextual, como lo ponen de relieve algunas obras de semiótica (Halliday; Van Dijk; Verón) y algunos estudios de estética de la recepción. Un autor de esta última tendencia es bien claro al exponer el siguiente planteamiento:

La autorreflexividad de la ficción no implica su autonomía en relación con el mundo real. El mundo de la ficción y el mundo real están relacionados de manera que el uno es horizonte del otro: el mundo aparece como horizonte de la ficción y la ficción como horizonte del mundo. Solo al comprender esta doble perspectiva queda perfilado el escenario de la recepción de los textos de ficción (Stierle, 131).

En concordancia con estas líneas teóricas, se puede advertir que los sucesos o acontecimientos que constituyen la trama de ambas novelas leídas hacen referencia a un contexto histórico-social que se extiende desde las últimas décadas del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, período caracterizado por el progresivo deterioro de las etnias fueguinas y su consiguiente debilitamiento lingüístico y cultural (camino hacia la extinción), en contraste con el carácter dominante e impositivo de lenguas y culturas traídas por colonos europeos. Precisamente al asentarse los primeros grupos de inmigrantes europeos en la Patagonia y Tierra del Fuego se produce un choque cultural con los pueblos nativos: aonikenk (o tehuelches) en el área continental; selk´nam (u onas) en la Tierra del Fuego; y yámanas (o yaganes) y kawésqar (o alakalufes) en los canales australes (Emperaire), hecho que va a tener impactantes efectos en el destino de esos grupos humanos, muchas veces con la anuencia o la omisión de los gobernantes (argentinos y chilenos). Para indagar en dicho contexto, necesariamente hay que recurrir a otros textos, seguramente de distintos géneros, y descubrir en las relaciones intertextuales los elementos referenciales más significativos. Así, al recurrir, por ejemplo, a una historia regional escrita por Mateo Martinic, es posible saber que la llegada de los primeros colonos europeos a la Patagonia argentina y chilena sucedió a partir de 1874 y la conformaban grupos de franceses, ingleses, alemanes, españoles y suizos, quienes dieron un notable impulso al desarrollo de la ganadería ovina, base fundamental de la economía austral. En esta actividad destacaron sobre todo el asturiano José Menéndez y su yerno Mauricio Braun (de ascendencia judeo-alemana), quienes después, a partir de 1892, dieron impulso también a una flota mercante que activó el intercambio comercial con otros países, particularmente europeos. Más tarde, además, llegaron eslavos, italianos, escoceses, etc. Colonos de diversa procedencia ampliaron la actividad ganadera hacia Tierra del Fuego. En ese proceso hubo también participación de gauchos argentinos y chilotes. Y en Tierra del Fuego hubo otro polo de atracción: lo que se ha llamado “la fiebre áurea”, a partir del descubrimiento de arenas auríferas en varios sitios de la isla. Las descubiertas en 1885 por el ingeniero rumano Julio Popper en el Páramo de la bahía de San Sebastián ayudaron a alimentar esa fiebre. Cuando murió José Menéndez (en 1918), la realidad patagónica y la fueguina tenían indudablemente el signo del progreso. La actividad ganadera y la aurífera incidieron especialmente en la vida de Punta Arenas, que de humilde villorrio se transformó en una floreciente ciudad.

Pero Martinic no olvida la otra cara del desarrollo. Por eso hace la siguiente afirmación:

La colonización ganadera de Tierra del Fuego, tanto en la parte chilena como en el territorio argentino, fue causa principal de la extinción de los onas. Viéndose en estos indígenas a enemigos naturales de la explotación se les persiguió cruelmente, expulsándolos de los campos en los que cazaban y vivían como dueños y señores, hasta acorralar los restos de las tribus en las regiones boscosas del sur de la isla (Martinic, 113).

La antropóloga francesa Anne Chapman, autora del libro Los selk´nam. La vida de los onas, al comentar la acelerada disminución de la población de dicha etnia a fines del siglo XIX y comienzos del XX, escribe:

[…] Durante las dos últimas décadas del siglo pasado [el XIX], los indígenas (hombres, mujeres y niños) fueron atacados por buscadores de oro y por asesinos profesionales a sueldo de algunos propietarios y administradores de estancias. Y a comienzos de este siglo [el XX] también fueron perseguidos y muertos por partidas militares. Los propietarios de estancias justificaban el genocidio que perpetraban alegando la legítima defensa de sus bienes, las ovejas. Es cierto que los indígenas robaban ovejas, pero lo hacían porque se sentían con derecho a tomarlas, ya que los blancos les habían robado sus territorios y matado a los guanacos porque comían el pasto de las ovejas (Chapman, 27).

Hay también otros textos -esta vez literarios- que se refieren al tema de la extinción de los onas. Por ejemplo, obras de Francisco Coloane, como Tierra del Fuego (1956) y Rastros del guanaco blanco (1980). Pero aquí es posible hacer notar particularmente un pasaje testimonial de Los pasos del hombre. Memorias (2000). En esta obra, el autor dice que en 1929, cuando llegó a Tierra del Fuego para trabajar en la estancia de Sara Braun, aún se comentaban los procedimientos empleados por Julio Popper, el ingeniero que hizo fortuna con la explotación del oro, y por algunos dueños de estancias para atacar a los onas, considerados enemigos, pues estos atentaban contra la propiedad privada al cazarles sus ovejas (los “guanacos blancos”):

Popper y luego los estancieros que introdujeron la ganadería ovina, pagaban una libra esterlina por un par de orejas de indio muerto. Como alguno observara que andaban por ahí indios desorejados, el sistema se cambió: el pago se hacía contra la presentación de la cabeza completa (Coloane, 211-212).

En torno a la problemática indígena fueguina en el período señalado, es posible hacer referencia también a la labor misionera de anglicanos y salesianos. La primera presencia de una Misión Anglicana para evangelizar y civilizar a los indígenas canoeros de la etnia yámana fue la dirigida por el pastor Allen Gardiner, quien eligió para ello la isla Picton, en 1850, pero se encontró con serias dificultades que le obligaron a desistir. La siguiente Misión Anglicana llegó a Tierra del Fuego en 1856 y se instaló junto al canal Beagle. Bajo la dirección del pastor Thomas Bridges, después de mudarse de sitio varias veces, se radicó dos años más tarde en Ushuaia. Desde sus comienzos esta Misión concentró sus esfuerzos en atraer hacia su sede a los yámanas para proporcionarles vestuario y alimentos, enseñarles algunos oficios y enseñarles también inglés para evangelizarlos y, según los conceptos en boga entonces, con el propósito de sacarlos de la “barbarie” y asimilarlos a la “civilización”. Diezmados los yámanas por una peste de rubeola, poco a poco los sobrevivientes se fueron alejando de la Misión, temerosos de contraer enfermedades. En 1888, por presión del gobierno argentino, los anglicanos tuvieron que mudarse a la bahía Tekenika, en la isla Hoste, hacia el SO de Navarino.

Bridges, que permaneció a la cabeza de esta Misión durante unos treinta años, recopiló una impresionante cantidad de léxico de la lengua yámana, que luego ordenó y amplió su hijo Lucas. El resultado es la obra que se publicó más tarde con el título de Yamana - English. A dictionary of the Speech of Tierra del Fuego. De esta obra se conoce una edición hecha en Austria en 1933 (Clairis, 437).

Por su parte, los misioneros salesianos (o sacerdotes de la orden de Don Bosco) llegaron en 1887 a Punta Arenas, donde -liderados por monseñor José Fagnano- fundaron la Casa Salesiana y al año siguiente la primera Residencia de Indios en la isla Dawson, que acogió particularmente a canoeros de la etnia alakaluf (hablantes de kawésqar). Ahí los salesianos tuvieron que enfrentar algunos conatos de rebelión. La Misión de Dawson funcionó hasta 1912, fecha de término de la concesión fijada por el gobierno chileno y fecha también del traspaso de dicha isla a una empresa explotadora de recursos naturales (Emperaire, 75-76). Pero antes de esa fecha, en 1893, ya monseñor Fagnano y el padre José María Beauvoir habían fundado otra sede en el sector sur de la isla Tierra del Fuego, territorio de la ya diezmada población selk’nam. Esta fue la Misión de Río Grande, que después de unos años tuvo que trasladarse a Río Chico, donde funcionó durante unos dieciséis años. Fue el padre Beauvoir, quien en el curso de esos años, con la colaboración del padre Juan Zenone, se dedicó a observar algunos aspectos de la gramática de la lengua selk’nam (que llama Gramatiquilla Shelknam) y sobre todo a reunir bastante léxico hasta conformar un Diccionario Shelknam-Castellano y Castellano-Shelknam, además de hacer anotaciones de lingüística comparada y apuntes etnográficos (Beauvoir, 1915) Aquí se encuentra una de las primeras valoraciones de la cultura y la lengua de los onas, tan incomprendidas o francamente despreciadas por quienes detentaban el poder de las haciendas y del oro, e incluso por uno de los misioneros anglicanos de gran prestigio, como lo fue Thomas Bridges. El padre Beauvoir en una de sus notas actualiza un pasaje de una conferencia expuesta por Bridges en Buenos Aires, donde emitía desacertados juicios acerca de los onas:

[…] Salvajes sin conocimiento de su propio ser, de su procedencia, de su fin, de su alma […], cuyo lenguaje, dice, es tan duro y difícil, que al que lo oye, le da la idea de uno que se esfuerce en echar fuera sonidos extraños, para excitar la atención y el aturdimiento de los oyentes (Beauvoir, 214).

Desde mediados del siglo XIX arraigó también, sobre todo en círculos intelectuales argentinos, la oposición “civilización” vs. “barbarie”, cuya formulación explícita está en la obra Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento, publicada en 1845. En dicho texto, su autor utiliza tal dicotomía en dos sentidos: 1) “civilización”, como comportamiento cultivado y emprendedor del hombre de la urbe; frente a “barbarie”, como comportamiento rudo, violento y pendenciero del hombre rural. 2) La “civilización” viene con los colonos europeos; la “barbarie” está en la población nativa. El mismo Sarmiento ha sido criticado por haber ponderado el aporte de las colonias extranjeras, como la escocesa o la alemana, y subestimado el aporte hispano-criollo y mucho más el aporte de negros e indígenas a la vida social y cultural de su país (61 y ss.). Esta segunda acepción es la que se puede encontrar también en el fundamento de las oleadas de inmigrantes traídos a otras partes de Chile por varios gobiernos del siglo XIX. Por ejemplo, a raíz de los primeros inmigrantes alemanes traídos a Valdivia por iniciativa del presidente Bulnes y su ministro Montt, en 1845, Pérez Rosales (474) hace varias afirmaciones similares a las de Sarmiento.

En estas ideas está el fundamento de la tradición eurocentrista, cuya raíz más profunda se puede rastrear ya en la visión de los conquistadores y primeros colonizadores de América. En el siglo XIX esa visión reaparece en las observaciones hechas por el explorador y naturalista Darwin. Por ejemplo, en sus anotaciones de su primera visita a Tierra del Fuego, ocurrida entre diciembre de 1832 y marzo de 1833, se encuentran juicios que contribuyeron a generalizar la imagen negativa de los fueguinos. Sus juicios parecen estar impregnados de eurocentrismo y del progresismo inglés de ese tiempo, alimentado por la revolución industrial, que será reforzado por la llamada “época victoriana” (1837-1901). Esos juicios dejan entrever un desprecio por el territorio “salvaje” y por sus habitantes “salvajes”. Dice en un párrafo de esos escritos, con referencia a los primeros nativos observados en la isla (seguramente onas, por el contexto):

[…] En nuestro concepto, el lenguaje de este pueblo apenas merece el nombre de lenguaje articulado. El capitán Cook lo ha comparado al ruido que haría un hombre limpiándose la garganta; pero, con seguridad, no ha producido nunca ningún europeo ruidos tan duros, notas tan guturales lavándose las fauces (Darwin, 66).

Sus juicios son aún más discriminatorios al referirse al grupo yámana como una “miserable y desmedrada raza” de “innobles y asquerosos salvajes”. En un pasaje más compacto se encuentra la siguiente descripción:

[…] Estos desgraciados salvajes tienen el cuerpo achaparrado, el rostro deforme, cubierto de pintura blanca, la piel sucia y grasienta, los cabellos apelmazados, la voz discordante y los gestos violentos. Cuando se los ve cuesta trabajo creer que son seres humanos, habitantes del mismo mundo que nosotros (Darwin, 75).

Se puede apreciar que en el período que sirve de marco histórico a las dos obras literarias que son el objeto del presente artículo, ni las etnias fueguinas, ni sus lenguas, ni su cultura gozaban de prestigio; todo lo contrario: eran objeto de menosprecio. Por eso resulta excepcional que el lingüista francés Lucien Adam haya hecho a fines del siglo XIX una descripción de la lengua yagán, trabajo publicado en su país en dos números de una revista especializada (1884, 1885) (Clairis, 436). Igualmente, la recopilación del léxico yámana llevada adelante por el misionero anglicano Thomas Bridges en ese mismo período es algo excepcional, a pesar de sus prejuicios acerca de los vecinos onas. Estos, en cambio, fueron observados y descritos en su dimensión cultural y en su dimensión lingüística por el padre Beauvoir, de la orden salesiana, y fruto de ese interés es su publicación, ya citada, de 1915. Solo más adelante, en la década de 1930 aparecerán en Viena las obras escritas en alemán por el sacerdote Martín Gusinde, que pondrán atención a los aspectos etnográficos y lingüísticos de la etnia selk’nam (1931) y de la yámana (1937). Y solo a partir de mediados del siglo XX se llevarán adelante estudios más especializados y sistemáticos de lingüística fueguina, aunque la proporción de hablantes de tales lenguas se haya debilitado hasta situaciones extremas (Clairis).

En cuanto al esfuerzo de los religiosos mencionados aquí por describir con base científica las lenguas y culturas fueguinas, lo hicieron, por lo general, no en castellano, sino en italiano, francés o alemán, y sus resultados fueron publicados también lejos del mundo hispanohablante. Por su parte, las autoridades de la educación y la cultura de Argentina y Chile, al parecer, tampoco se preocuparon, entonces, de acercar ese conocimiento al sistema educacional. En cuanto a las investigaciones llevadas adelante por antropólogos, etnógrafos y lingüistas de nuestros países, como esfuerzos universitarios más cercanos a la actualidad, seguramente tampoco habrán llegado a remecer las conciencias de quienes rigen los destinos del sistema educacional.

4. Conclusiones

  1. El mundo novelesco de ambas obras, El corazón a contraluz y El amante de la Patagonia, donde cobra sentido el proyecto vital de cada personaje protagónico, se estructura tomando como referente la sociedad fueguina en un período en que se agudiza su conflicto entre inmigrantes europeos y etnias nativas.

  2. En la novela El corazón a contraluz, la relación intercultural que se establece entre el colono europeo (Julio Popper) y su cautiva fueguina (Drimys Winteri) es una relación asimétrica. Desde el punto de vista laboral, es una relación entre un jefe con formación militar y su subalterna (de servicio doméstico y secretaria). Desde el punto de vista de la comunicación verbal, ambos son multilingües, por su educación y viajes dominan varios idiomas europeos, pero no utilizan su respectiva lengua materna (rumano/selk’nam). Para comunicarse recurren al inglés o al castellano. Ella ha asimilado también objetos y formas de comportamiento de raíz europea, que utiliza principalmente en la vida pública; en la vida privada se acerca a los hábitos de los demás miembros de su etnia. Popper se atiene a los patrones culturales impuestos por los colonos europeos y desprecia la lengua y la cultura de los nativos. Piensa que los “salvajes” son un obstáculo para el desarrollo de la sociedad civilizada y progresista. Pero sus acciones de hombre civilizado resultan ser más bárbaras que las cometidas por los despreciados nativos.

  3. En la novela El amante de la Patagonia, la relación intercultural que se establece entre Emily, criada escocesa, y Aneki, joven pescador yámana, es una relación diferente, una relación de índole amorosa y recíproca. Al comienzo, ella domina solo el inglés; pero él es prácticamente bilingüe, porque habla yámana, su lengua materna, y ha aprendido inglés con los anglicanos de las Falkland (Malvinas). Este es el idioma que inicialmente utiliza la pareja para comunicarse y, complementariamente, usan también la gesticulación; pero muy pronto la joven europea se interesa por aprender la lengua indígena y él por perfeccionar su inglés. Es importante el interés de ella por hacer acopio de palabras yámanas para formar un diccionario y por aprender de la anciana Cushi aspectos relevantes del conocimiento ancestral de su etnia, particularmente de sus relatos míticos y de las prácticas rituales iniciáticas y sanatorias. Más aún, aspira a llevar una vida sencilla, como la mujer nativa, en contacto con la naturaleza, con lo mínimo para subsistir y, sobre todo, en libertad. Admira a la abuela Cushi, porque esta pondera los tiempos remotos en que las mujeres tenían más poder que los varones. Finalmente, estas aspiraciones se frustran por factores contextuales. Vuelve a vivir según los patrones de la cultura impuesta por los inmigrantes europeos (en lo material, trabajos productivos de la crianza ovina y la explotación forestal; en lo espiritual, cánones religiosos anglicanos). Con todo, la vida interior de Emily se ha enriquecido, pues expresa que la experiencia más importante que ha vivido en Tierra del Fuego es el conocimiento que ha obtenido de la lengua y la cultura de un pueblo nativo del fin del mundo, lamentablemente en una fase de su historia que percibe como final.

  4. La trama de ambas novelas está claramente relacionada con factores influyentes del contexto histórico-social de la Tierra del Fuego de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Este contexto nos presenta una sociedad compuesta por grupos humanos de culturas y lenguas muy diferentes: 1) por una parte están las etnias nativas fueguinas (principalmente selk’nam y yámanas); 2) por otra, están los inmigrantes de procedencia europea (diferenciados internamente por nacionalidad, lenguas, culturas). En este segundo grupo es posible distinguir dos subgrupos: a) los colonos, quienes, considerando sus bienes materiales, imponen a los nativos el concepto de propiedad privada y obtienen en concesión extensas praderas para impulsar la ganadería lanar y los sitios estratégicos para extraer el oro que esconde la naturaleza; tratan de generar capital como fuente de progreso; b) los misioneros (anglicanos y católicos salesianos) que, en lo espiritual, tratan de imponer a los nativos las creencias y prácticas del cristianismo sin conocer bien el sistema de creencias de cada etnia fueguina. Por lo general, los nativos son considerados “salvajes” o “bárbaros” frente a las formas de vida y aspiraciones de los hombres “civilizados”.

  5. Muchas fuentes dan fe del marcado deterioro, camino a la extinción, que sufren en tal período las etnias fueguinas con lamentables resultados para sus lenguas y culturas. Los principales factores que se mencionan son: muerte violenta, enfermedades, imposición de formas de vida extrañas para los nativos (como el sedentarismo, la concentración de viviendas, vestuario más elaborado, alimentación más variada, etcétera), imposición de un sistema de creencias que desplaza los credos locales, extensión del alcoholismo, etcétera. Por todos estos elementos contextuales que, de una u otra forma asoman en la trama de ambas novelas analizadas, se puede sostener que estas obras narrativas constituyen universos simbólicos con referencia a un período conflictivo de la historia humana del extremo austral de América, período en que los pueblos indígenas, lejos de haber obtenido beneficios y comprensión por medio de sus contactos con los inmigrantes europeos, han sufrido un despiadado aniquilamiento.

  6. Como lectores de las dos obras aquí analizadas, podemos decir que las referencias al mundo selk’nam y al yámana y su triste historia de desprecio, maltrato, despojo y muerte nos resultan conmovedoras. En cuanto al enfoque de las relaciones interculturales, se observa que éstas presentan varios escollos en las comunicaciones verbales y no verbales, por el enfrentamiento de sistemas de signos distintos, pero también porque afloran actitudes de grupos étnica y culturalmente diferentes que se aferran a sus signos de identidad. Aunque haya voluntad para superar estos escollos, no faltan las conductas agresivas y autoritarias, los prejuicios y las descalificaciones que frenan el libre flujo de estas relaciones.

  7. Todo esto y mucho más abarca el mensaje que nos queda después de la lectura de estas dos novelas. Ellas mismas son también objetos interculturales, si se considera que fueron primero escritas y publicadas en francés (Cavalier seul; L’amant de Patagonie) y después traducidas y publicadas en castellano. Y ambas han surgido en contextos vivenciales interculturales de sus autores: el exilio de Manns por varios años en Francia; los viajes en velero de la francesa Autissier por los mares y costas de la Patagonia.

Obras citadas

Autissier, Isabelle. El amante de la Patagonia. Trad. de Manuel Serrat Crespo [del original L’amant de Patagonie. Paris: Éditions Grasset & Fasquelle, 2012]. Barcelona: Ediciones B.S.A., 2013. [ Links ]

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